Hoy no me puedo levantar
El fin de semana nos sentó fatal. Aunque peor --mucho peor-- nos ha sentado el arranque de la semana y lo que sigue de ella, con sus convenciones y -¡ay!- los ridículos compromisos con el mundo facundo y sus interminables desmanes, amén de los sinsentidos y despropósitos de la vida diaria. Definitivamente, hay días en que no se encuentran motivos suficientes para despegarse las sábanas; es entonces cuando, saboreando el agridulce tedium vitae, podemos entonar un lastimero y convincente Pour quoi me reveiller ? … Sin embargo, nuestros pesares siguen siendo pasajeros y están lejos de las penas del joven Werther, el único que podía cantar con verdadero aplomo y sentimiento estas amargas estrofas, antes de rubricar su vida con el tiro de gracia:
“Pourquoi me réveiller? ô souffle du printemps
Pourquoi me réveiller?
Sur mon front je sens tes caresses,
Et pourtant bien proche est le temps
Des orages et des tristesses!
Pourquoi me réveiller?
ô souffle du printemps
Demain dans le vallon viendra le voyageur
Se souvenant de ma gloire première
et ses yeux vainement chercheront ma splendeur
Ils ne trouveront plus que deuil et que misère!
Hélas! Pourquoi me réveiller? ô souffle du printemps”
En román paladino, una traducción esmeradísima de este jovial y entusiasta canto, versión lirica de Hoy no me puedo levantar. Et voila:
¿Por qué me despiertas?
En mi frente siento tus caricias
Y así muy pronto llegará el tiempo
de tormentas y tristezas!
¿Por qué me despiertas?
oh viento de primavera
Mañana en el valle vendrá el viajero,
recordando mi gloria anterior
Y sus ojos en vano buscarán mi esplendor
¡no encontraran sino luto y miseria!
Hélas! ¿Por qué me despiertas? oh viento de primavera”

Maquinilla de afeitar “Werther”; un apurado que les sacará de más de un apuro
Vean aquí, en nuestra “tradicional” porra de los tres tenores -que son cuatro, contando al doppelganger-- varias versiones de este aria fabulosa.
Nicolai Gedda, el mejor Werther, según los entendidos del belcanto (el sonido de baja calidad no permite apreciar la calidad de la interpretación)
Luciano Pavarotti, que aporta un soberbio enfoque emocional a la pieza
Alfredo Kraus, potente y lozano, en excelentes condiciones, en uno de sus mejores papeles reconocidos, como el joven Werther
Especialmente emotiva esta última versión del gran Alfredo Kraus, ya enfermo, un año antes de morir; en ella, las frases del texto “mañana en el valle vendrá el viajero/ recordando mi gloria anterior
/Y sus ojos en vano buscarán mi esplendor/ no encontraran sino luto y miseria” adquieren matices de verdad dolorosa y constituyen un poderoso memento mori.
Quitapenas marca Werther. ¿Hace un sorbito?… Ande hombre, sólo para aliviar las penas moras.
-Fuentes y vínculos-
1. Para el texto y la traducción, véase La Arbonaida Pour quoi me reveiller
2. Para una mejor comprensión de la obra de Goethe en la que se inspira el texto lírico, vean este otro sitio o aquél de más allá
3. Más cosas sobre Nicolai Gedda y su excepcional carrera como cantante
8 comentarios to Hoy no me puedo levantar
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“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.” , Chesterton |
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Pues con esa presentación ¿quién no “le entra” a probar los productos Werther?
Gracias a la Tía por su difusión y saludos!
Es un libro que nunca me he decidido a leer, tal vez lo haga, pero qué estupidez matarse cuando podía pasarse toda la vida contemplando a su amada, aunque no fuera suya ¿no le parece?
Un servidor se queda con el láudano, que es muy literario (junto al éter y los opiáceos); a veces hasta hay suerte y sólo le deja a uno turulato.
Saludos, sobrina Teresa; nos alegramos de volver a tener noticias suyas.
Tiene usted razón, Sonjia, en que matarse uno es una estupidez. Le recomiendo ¡Mátese usted y vivirá feliz!… de Jardiel Poncela, para convencerse totalmente. Pero tampoco la contemplación en la línea “la verás, pero no la catarás” es ninguna bicoca. Fueron los placeres de la carne, (escasos, algún fin de semana que otro) los que definitivamente nos alejaron del monacato, que era realmente nuestra vocación. Hasta los estilitas (véase Simón del Desierto) tenían sus tentaciones.
Resumiendo,que si no hay suicidio, no hay romanticismo que valga. O eso pensaba el que escribió el libreto. Pero para apologías del suicidio, el Biathanatos, que glosó Borges.
A vivir, que son tres días, y que la tierra os sea leve.
Sobre las primeras líneas de su post:
¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio, el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar un ave la alborada!
¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
reposar una hora, y otra hora!
Comer, holgar…, ¡Qué vida encantadora,
sin ser de nadie y sin pensar en nada!
¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo
me arrastra bostezando; y, de tal modo
tu estúpida modorra a entrarme empieza,
que no acabo el soneto… de per…
Manuel Bretón de los Herreros
Sí claro, el camino del justo medio que ya lo decía Santo Tomás y Confucio es lo mejor. Y sin embargo alguna relación parece haber entre la abstención (o cierta ceterminada y dolorosa abstención por lo menos) y la gran búsqueda alquímica, de hecho dudo que si no se da la primera circunstancia se consiga dar ni el primer paso, de no ser así sería absurda toda la historia de Dante, o quizás son cosas mias.
¿Me hablan ahora del sexo “tétrico” y dus dos vías, húmeda y seca,como en la alquimia? …
Hermoso poema -o canción- la que nos propone V; recoge admirablemente el lado más amable del Wu Wei de Lao Tsé y los taoístas chinos (también alquimistas, según algunos); el “no hacer” que no es exactamente lo mismo que el “dolce far niente” aunque comparta superficialmente más de un aspecto.
Decididamente, en la cama o fuera de ella, nos sumamos a esta forma de vida “contemplativa” o dulce y ociosa holganza, para la que, de hecho, creo que estamos preparados. No para trabajar en los enredos del mundo.
Gracias a todos por sus maravillosas aportaciones.
Pues hablando de lo puramente musical un servidor, obviando el orgullo patrio por esta vez, se queda con mister Gedda, que le da un no se qué que qué se yo al temita de marras.
Esto no es óbice para que en realidad, mi versión preferida, sea la que canta un buen amigo por las calles, aun de El Cairo si hace falta.
Bien que me iba ahora mismito a escucharla a bordo en el milenario Nilo.
A un servidor también le parece la interpretación de Gedda, musicalmente hablando, la más impecable; la técnica del tenor es más natural y brillante. Pero la que más me emociona es la del Kraus viejito, por las razones que esgrimimos en el post.