27 agosto
2014
escrito por Flegetanis

 

 

 

La fiesta no es para feos.

Peret

 

 

Obituarios, milagros, música ratonera y magia póstuma. No podíamos resistirnos a entrar a este trapo. Hoy ha muerto Peret, el hombre, ínclito de la melodía popular española de ayer y de hoy. Entre sus méritos, disputar con otros la paternidad de la rumba española, dar testimonio de poder de Cristo (qué menos) y llorar lágrimas caídas en la arena (¿dónde si no, pobres mortales?).

Esta paranoia nuestra de Peret ha sido la última -por ser la más reciente- en la que nos hemos visto, sin querer, involucrados. Nosotros, tristes de polichinela y débiles pecadores, no nos reímos de nadie,  pero como decía nuestro abuelo -muy sabio, aunque Alá es más grande-   a la feria no se va sin un poco de cachondeo.   Hoy ha muerto Peret, señores, un hombre al que no salvaron ni Jesucristo, ni Matupipa, siendo ambos poderosísimos. Y no contento con alabar a uno y a otro, Peret se reencarnó en guacamayo -qué habil-  para revelarnos el oráculo de la pipa poderosa -- y de Jesucristo- , un críptico mensaje  que aún no logramos entender del todo. Descanse en paz el hermano Peret.  Qué arte.   Qué poder.  Hala,  a menear la penca.

 

 

 

 

Encomiéndense a Matupipa, y recen lo que sepan

 

¿Quién es más poderoso, Jesucristo, o Matupipa…? Oigamos el festivo testimonio de Peret

 

 

El clásico, Una lágrima cayó en la arena (nuevas lecturas para un clásico de la rumba en el obituario del hombre)

¡Con palmeros estratosféricos!

 

Canta y sé feliz, el espíritu de Peret en estado puro

 

 

 

 

 

Notas, vínculos y enlaces

 

PERET , caballero y muerto vivo, nos sorprendió  en vida y también en su tránsito.

” La fiesta no es para feos”, dice. El resto de las letras de este disco es directamente oracular y profético. Se entienden mejor con un vino.

 

(1) Vida y milagros de Peret, por aquí (véase Google, no todo va a ser free y effortless)

(2) El oráculo del guacamayo disfrazado de Peret: otro día

 

 

 






23 agosto
2014
escrito por Flegetanis

No, no se trata de un espejismo, ni del producto de la indigestión monumental producida por un postre de efectos cataclísmicos. No es,  formalmente, una paranoia.  Se trata,  pura y simplemente, de  una resurrección inesperada, del regreso al primer amor.  La música, para soñar,  es de Franco Batiatto (mundos remotísimos); la imagen, un eco innecesario de la melodía, la encontramos en Magic Transistor. Hasta luego, ninivitas. Hola de nuevo, sobrinos.  (Can you hear me, major Tom?)…

 

 

Mondi lontanissimi, collage febril en Magic Transistor

 

 

 

Fuentes, addendas, notas y  sabias consejas:

 

http://magictransistor.tumblr.com/archive/2014/4






1 marzo
2013
escrito por R. Daneel O.

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A estas alturas no vamos a negar que, como a algún otro morador de por aquí, nos encanta comer. Sí señor, nos encanta, y lo decimos a boca llena, con perdón. También debemos reconocer cierta corrosión por envidia, sí. Nos confesamos esporádicos seguidores de un programa televisivo cuya idea nos ha sido “robada”, pues forma parte de más de un proyecto quimérico fraguado entre los vapores  etílicos de un tinto o de algún licor sorbido tras una opípara comida, al calor de una buena sobremesa, con quien disfruta del comer, del beber, de entusiasmarse; niños cuarentones, amigos.

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Pero ya es sabido que no hay nada nuevo bajo el Sol o, como diría aquel, no hay nada bajo el Sol. Se nos han adelantado: Un país para comérselo. Nos hubiese encantado ser protagonistas de semejantes aventuras; aventuras gastronómicas. Bien es verdad que no somos muy de postres -sí de chocolate, negro, valga la redundancia (1)- aunque de vez en cuando hemos contestado afirmativamente a la pregunta del título. Sin embargo, nos llamó poderosamente la atención lo que a continuación les traemos en nuestro afán de compartir lo excelente. El programa giraba en torno a Alicante…

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Paco Torreblanca, Villena, Alicante, 1951. Su padre luchó en la guerra civil española junto a Jean Millet, uno de los mejores reposteros franceses de la época, con quien lo manda a París para que aprenda el oficio de pastelero. A los doce años pasa de estar jugando con los críos de su calle a conocer un mundo de lujo, cenar en Maxim’s y aprender con los mejores de la cocina francesa. Ahora es uno de los más prestigiosos reposteros del mundo, unos treinta galardones lo atestiguan, como el de mejor repostero europeo del 90, aunque la prueba fehaciente está en su empresa Totel (2), en Elda. De aquella época mantiene amigos que ahora son maestros de la hostelería y forman parte de Relais Desserts, asociación internacional de reposteros.

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Gran amante de su profesión, lo hemos oído decir que debería pagar por trabajar en lo que hace. Su empresa sirve repostería a los restaurantes y comercios más exclusivos del mundo. La consagración le llegó en 2004 con el encargo recibido de la Casa Real para el enlace del príncipe Felipe con Letizia Ortiz. Según cuentan, el postre elaborado, la Gianduja Real, recibió la ovación unánime de todos los invitados, puestos en pie, encabezados por el propio Carlos de Inglaterra.

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Ahora recibe más de cuatrocientas solicitudes anuales de gente que quiere aprender de él. Todas no pueden ser atendidas, mas algunas no son cobradas. También le hemos oído contar que una de estas últimas recibió como recompensa un secreto centenario: la receta original del panettone, que él mismo perfeccionó y que es uno de sus artículos estrella. No sólo imparte cursos en España, también en Estados Unidos, Japón, Sudamérica, Francia, Italia, Alemania. Algunas de las materias -para ir abriendo boca-: técnicas esenciales del arte de la pastelería, fundamentos creativos de repostería, fundamentos artísticos de la cocina de Torreblanca, tartas y pastelería, bollería tradicional, escultura con chocolate, esculturas con hielo, tartas y pasteles de boda, decoración con chocolate…

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Su pasión oculta, o no, es la escultura. Cuando termina la jornada se encierra en su buhardilla y esculpe formas, es una fuente de inspiración; de hecho está preparando otro libro sobre esculturas en azúcar (3) en homenaje a la obra de Pablo Gargallo. Su ingrediente favorito, el que más le sigue sorprendiendo, el chocolate, siempre el chocolate. La repostería, un arte efímero.

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Y hablando de arte, y dado que -aunque traído por los pelos- pretendemos dar impulso a nuestra categoría “Garbanzos en la tercera fase”, vamos a recomendarles una película al hilo de lo expuesto. No es necesario ser Holmes para deducir que será “Chocolat“. Por lo evidente -pueden degustar el arte efímero de Torreblanca mientras la contemplan- y por lo oculto. Decimos esto por un pequeño sincro vivido con un comentario a la anterior entrada de nuestra querida V., que no espera demasiado de la “raza humana”. Aquellos que vean el filme y recuerden el fantástico momento sabrán a qué nos referimos. Era ineludible.

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-Notas, fuentes y vínculos-.

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(1) Tampoco le vamos a hacer ascos a un buen flan, natilla,  coulant, profiterol bañado en chocolate caliente, cuajada con miel…
(2) Luz del amanecer que pasa entre las ramas, en japonés. También comienzo de algo.
(3) Otros libros suyos: “La Seducción del Azúcar”, “Eurodelices”, “La obra de Francisco Torreblanca”, “Paco Torreblanca”, “La Cocina Dulce”, “Colección (Piezas de Azúcar)”, “Siete”.
(4) Página oficial.
(5) Abundosa información sobre el repostero, aquí.
(6) Noticias sobre nuestro personaje.

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13 febrero
2013
escrito por R. Daneel O.

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Este amigo que les observa no es tan diferente de nosotros; su decrépita anatomía está compuesta por lo mismo que la caduca nuestra, átomos. Bien es verdad que ese conjunto de átomos que mostramos aquí arriba ha perdido la maravillosa capacidad autopoyética con que cuenta el nuestro y, esperemos, el suyo. Pero, aunque apasionante, no es este el tema que nos ocupa; ya ha sido tratado en anteriores -lejanísimas parecen ya- entradas.

Más bien nos interesa hoy reflexionar sobre la procedencia de uno u otro conjunto de átomos. Es más, sobre la procedencia de cualquier átomo que exista en el Universo Mundo. Dejando aparte la materia y la energía oscura que, como sus nombres indican, son cuestiones un tanto herméticas y misteriosas aún, centrémonos en la materia ordinaria; ordinaria de nombre porque por lo demás ha conformado alguna de las maravillas que les hemos mostrado alguna vez en esta humilde morada, que no es poco. Y conformará cualquier objeto material del Cosmos que se les ocurra.

¿De dónde proceden esos juguetones átomos que forman su cuerpo? ¿De dónde procede cualquier átomo que mora sobre la faz de la Tierra? ¿De dónde, cualquiera de los que existen en este inabarcable, inabordable, Universo? ¿De dónde, en definitiva, cualquiera de los que puebla esa maravilla de la inteligencia que solemos llamar tabla periódica? Pues todos del mismo lugar, de esos millones de millones de imponentes crisoles que abarrotan el espacio-tiempo, las estrellas. Pero hagamos un poco de historia.

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En un principio todos los átomos creados tras el Big Bang eran de hidrógeno. Muy triste sería nuestra existencia -no existencia, diríamos más bien- de seguir esto así. La fuerza gravitatoria fue amontonándolos en tremebundas calderas termonucleares: estrellas de primera generación, es decir, las primeras que vieron o dieron, por mejor decir, la luz a nuestro primigéneo Universo. La temperatura, y por tanto la velocidad de las partículas en el interior de las estrellas, es sencillamente descomunal y esto permite actuar al segundo personaje que necesitamos, la fuerza nuclear fuerte. Nuclear porque su rango de actuación es muy pequeño, del orden del tamaño de un núcleo, una cienbillonésima de metro. Fuerte porque lo es más que las otras tres interacciones fundamentales de la Naturaleza. Tanto es así, que supera con mucho la repulsión electromagnética -tercera interacción fundamental en escena- que experimentan los protones por tener la misma carga. La fuerza nuclear fuerte actúa como un gancho que mantiene unidos, siempre que estén lo suficientemente cerca, a esos esquivos protones que tenderían a alejarse por mor de su carga. Y cuando en un núcleo atómico se une más de un protón ya no tenemos hidrógeno, pasamos a tener helio.

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Sí, lo que durante siglos habían buscado los alquimistas, la transmutación de unas sustancias en otras, lo llevaban haciendo los astros desde la noche de los tiempos. La condición necesaria para conseguir enganchar los protones entre ellos, venciendo su repulsión a distancia, es la elevadísima temperatura que se da en el interior de las estrellas y que les confiere velocidades de vértigo. Mediante este proceso, la fusión nuclear, los átomos de hidrógeno se van transmutando en los distintos tipos de átomos que forman toda la materia que existe. Además se desprende energía, una gran cantidad de energía, inmensa (1), dadas las toneladas por segundo que se fusionan.

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Sin embargo, este procedimiento es estable hasta producir el hierro (elemento que cuenta con 26 protones y 30 neutrones en el núcleo del isótopo más común), lo cual nos explica el porqué de su abundancia, por ejemplo en el interior de los planetas rocosos. De modo que, ¿cómo se ha producido el resto de elementos más pesados que el hierro, con más protones en su núcleo? Mediante una de las mayores catástrofes que se pueden contemplar en el Universo; mayor aún que la pérdida de Cuba o la actuación de Remedios Amaya, a cuyo lado el Krakatoa no es más que un petardo de dos pesetas, la explosión de una supernova (2).

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Una estrella es, en esencia, una bola de gas, o plasma por mejor decir. Tal geometría es posible gracias al concurso de dos tendencias o fuerzas antagónicas. Por un lado la presión y la radiación (la cantidad de energía emitida por segundo y metro cuadrado es tremebunda) que tiende a arrastrar toda la materia hacia afuera. Por otro lado la sempiterna gravedad, que tiende a colapsarla hacia adentro. Durante la vida normal de una estrella ambas fuerzas están equilibradas y mantienen la estabilidad del monstruo. Pero al final de la vida de éste, cuando el combustible nuclear se ha agotado y las reacciones termonucleares de fusión dejan de ser viables, la gravedad toma el control de asunto, y esto es un asunto grave. La estrella comienza a contraerse sobre sí misma; llega un momento de apretura -jamás visto en el metro de Tokio o esquina de la madrugá- en el que la materia se va haciendo cada vez más densa para implotar y acabar explotando en un auténtico reventón que ya querría para sí cualquier mascletá.

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Esta enorme constricción crea las condiciones necesarias para producir el resto de elementos químicos y, de paso, la explosión de la supernova los disemina por doquier, haciendo posible la formación de nuevas estrellas en lejanos emplazamientos y futuras épocas gracias a los escombros del astro sacrificial. Estrellas de posterior generación, con más riqueza y diversidad de elementos, que dejarán migajas de sus ladrillos para la construcción de planetas que orbiten a su alrededor rindiéndoles pleitesía. Tengan presente, pues, que cualquiera de los átomos que forman su, a buen seguro, apreciado cuerpo, por mucha cárcel del alma que algunos lo quieran considerar, estuvo anteriormente, en un tiempo muy, muy lejano, el el interior de algún extinto crisol, de alguna estrella muy, muy lejana.

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Estrellas medianitas como nuestro Sol, que no tienen la masa necesaria para convertirse en uno de estos artefactos pirotécnicos, acabaran sus días -hecho un poco más lejano de lo que los mayas previeron, por suerte para la mayoría de los presentes- de un modo algo más apacible. Lo que el futuro nos depara, dentro de unos cinco mil millones de años de nada, es un desagradable cosquilleo producido por la excesiva cercanía de nuestro Astro Rey. Al agotar su combustible -hidrogenado y supervitaminado- el Sol irá aumentando su tamaño hasta convertirse en una suerte de gigante roja, para acabar engulléndonos, no sin antes haber carbonizado hasta al más gélido de los suecos, reduciéndolo a vil ceniza.

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Polvo de estrellas somos, y en polvo de estrellas nos hemos de convertir (3).

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Este miércoles de ceniza (4) es un día tan apropiado como otro cualquiera, o quizá más, para reflexionar sobre la transitoriedad de su existencia. Gimnasia de verdad recomendable, que les invitamos a practicar y de la que cada cual podrá sacar las más beneficiosas, reparadoras y reconstituyentes conclusiones. Memento Mori.

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- Notas -.

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(1) La energía de fusión nuclear se postula como la energía del futuro. Su rendimiento es sencillamente increíble y el combustible es realmente barato, pues el hidrógeno se puede extraer con facilidad del agua de mar, sustancia de cierta abundancia. Un simple vaso podría abastecer a toda una ciudad. El problema es controlar en condiciones de laboratorio las enormes presiones y temperaturas necesarias para hacer viable el proceso. Hasta ahora no se ha conseguido. ¿Creen vds. que se logrará en un futuro cercano, o habrá que esperar a que se agoten los combustibles fósiles, ciertamente lucrativos para según qué rico personajete? Tiramos la piedra y escondemos la mano para dar cabida a las mentes conspiranoicas que, a buen seguro, nos acompañan.

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(2) En 1054 los astrónomos chinos dejaron constancia de la observación de una muy brillante, las noches fueron por un tiempo ciertamente luminosas. Esta supernova dejó como rastro la Nebulosa del Cangrejo. Para más supernovas vean el enlace.

(3) Hay otra manera, algo más optimista o luminosa tal vez, de entender este hecho incontrovertible; es pensar que somos el Universo que se contempla a sí mismo, una auténtica maravilla de autopoyesis y disminución de la entropía en contra de todo lo esperable.

(4) Aprovechamos la ocasión para saludar y mandar ánimos a Joseph, que se jubila porque está viejecito, y muy bien que hace, que no va a ser todo trabajar en esta vida. Total, para acabar como el que encabeza la entrada, mordiendo el polvo.

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12 febrero
2013
escrito por Flegetanis

Robert Lawson, Cityship

 

Robert Lawson, nacido 1892 en un pueblito de New Jersey, llegó a ser un ilustrador de gran prestigio,  coetáneo de otros grandes del dibujo como Andrew Loomis, George Petty, Dean Cornwell, Raeburn Van Buren o el mismísimo Norman Rockwell.  De niño, contrariamente a lo que marcan los tópicos, Lawson no dio ninguna muestra precoz de su temperamento artístico.  Su interés por el dibujo comenzó durante sus estudios superiores, que le condujeron hasta la New York School of Fine and Applied Arts, donde fraguaría su estilo. Su trayectoria profesional comenzó en 1914.

Sus primeras obras datan de este mismo año, cuando tuvo su primer estudio en Greenwich Village y consagró su tiempo a la realización de ilutraciones para revistas, trabajos comerciales y diseños escenográficos. Hay poco o casi nada en la red sobre esta época temprana de su producción. Después de su experiencia como soldado en la primera guerra mundial, comenzaría su verdadera carrera como ilustrador, con algunas publicaciones en el The Century magazine, con un grafismo -entonces- deudor de autores como Sidney Sime (*).

Rápidamente se determinaría su predilección por el pincel y la tinta como el medio favorito para sus fabulosas creaciones; con un empleo sutil y perfectamente calibrado de la línea, produjo imágenes barrocas, sugerentes como pocas, de gran potencia visual y un lirismo poco frecuente. El viaje y la aventura son a menudo los protagonistas de las historias que Lawson ilustró de modo soberbio.

 

Robert Lawson, mar de los Sargazos

 

-Fuentes y vínculos-

(1) El arte de Robert Lawson

(2) Supimos del arte de Lawson gracias a los artífices de Feuilleton

(3) El fabuloso vuelo de Peter y Gus, un cuento ilustrado por Robert Lawson

(4) El alma de Robert Lawson, un interesante estudio sobre los detalles técnicos y compositivos de la obra de Lawson

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