
Juan Cabana, Envidia
La combinación o yuxtaposición extravagante de diferentes esqueletos y restos animales para la fabricación de una criatura de pesadilla, bestia mítica o ejemplar bizarro, más propio de los delirios del Bosco, Füseli o Giger que de un tratado de zoología, ha sido un truco clásico de la taxidermia usado durante siglos. El artista Juan Cabana es un virtuoso en este aspecto; su singular obra da forma a fabulosos especímenes de justa fama en el pasado, como la sirena de Fidji, híbrido de pez, mono y ser humano. En tono claramente lovecraftiano, Cabana afirma “Siempre me atrajeron las criaturas extrañas. Más tarde me obsesioné con los relatos que informaban sobre sirenas y monstruos marinos, tal como los describen los marineros de todo el mundo. Creo que los seres humanos evolucionaron de un antepasado, aún por descubrir, que vivió en el mar. Hemos sido creados en un ambiente acuoso y nuestra sangre es como el agua salada” (n) . Mención aparte merece su serie de monstruos inspirados en los siete pecados capitales. Pueden verla aquí.

Juan Cabana, Gula

Juan Cabana, Ira

La famosa sirena de Fidji, una fuente de inspiración segura para los trabajos de Juan Cabana
-Fuentes y vínculos-
(1) Juan Cabana y sus curiosos bichos disecados, en Life After Death
(2) La serie completa sobre los pecados capitales de Juan Cabana, aquí
(3) La taxidermia gana protagonismo en el arte contemporáneo tras las contribuciones de Damien Hirst. Véase.

John Hartley, Rubber Race Car, óleo/lienzo
En cualquier parte encuentra la pintura sus motivos. John Hartley se aproxima con ojo certero a los viejos juguetes y muñecos de hojalata y plástico que en lugar de su tradicional carga poética, tierna y evocadora de la infancia presentan, en los óleos del artista, un nuevo discurso más sugerente y de mayor rotundidad plástica. Los desenfoques, brillos y texturas, un uso inteligente del ruido visual justo, así como los encuadres abruptos, contribuyen poderosamente al realismo de algunas de sus mejores pinturas, que combinan, en palabras del propio Hartley, sus “dos pasiones: el arte y el coleccionismo, vinculando el pasado, presente y futuro mediante objetos inanimados, recuerdos y relaciones. Las figuras están iluminadas de un modo dramático, o deformadas intencionandamente para oscurecer una identificación segura, aunque continúen resultado vagamente familiares.” Con su bendición –esperamos– les mostramos algunas de sus singulares obras. Encontrarán otros muchos ejemplos de su trabajo en su página personal.

Soldaditos de plomo en una pintura de John Hartley

Sidecar, óleo de John Hartley
Jag, de John Hartley
(1) John Harltey,pinturas
El loco, paradigma y cara más luminosa del vagabundo y el viajero errante
Las leyendas urbanas son persistentes. Una de las más antiguas que conocemos y que en su momento dimos por cierta –como sucede en numerosos casos con las leyendas urbanas– es la del código secreto de los ladrones, una historia bien antigua que contínuamente se adapta a los nuevos tiempos. Curiosamente, este rumor sobre un lenguaje de signos crípticos entre maleantes y vagabundos circulaba ya hace más de un siglo y parece contener ciertos visos de verosimilitud. Se decía que trotamundos y “hobos” (1) tenían su propio sistema de comunicación mediante grafismos especiales cuyo origen se remonta a décadas, si no siglos atrás. Se desarrolla de modo más notable en Estados Unidos, aunque no está claro cuando estos personajes aparecieron en la geografía norteamericana, vinculados estrechamente a las líneas de ferrocarril, que seguían en sus movimientos por todo el país. Con el final de la Guerra Civil norteamericana a mediados del siglo XIX, numerosos soldados que buscaban volver a casa o encontrar un trabajo comenzaron a deambular a lo largo de las vías de tren. Con el advenimiento de la Gran Depresión, hacia 1930, el número de estos mendigos itinerantes (hobos) aumentaría exponencialmente.
Para vencer algunas de las dificultades inherentes a su vida errabunda y azarosa, estos personajes desarrollarían un sistema de signos, o un código. Escribían entonces estos caracteres con tiza o carbón en diversos lugares hábilmente escogidos para intercambiar información, o para servir de advertencia a otros compañeros. Algunos de estas señales incluían mensajes cortos, del tipo “gira a la derecha aquí”, “cuidado con la patrulla de carreteras”, el usual “perro peligroso”, el más útil “aquí te darán comida”, entre otros. (2)

Las imágenes que mostramos pertenecen a un conjunto de signos usados por mendigos y vagabundos (gypsies and hobos) Aparecían diseminados en paredes de las casas, las esquinas, cruces de carreteras, etc. para mandar avisos y ayudarse unos a otros.

Aquí vive una señora agradable
El propietario no está
Una conversación sobre temas religiosos puede propiciarte comida aquí

IV. Mujer que vive sola

V. Aquí vive un hombre armado
Lo que algunos internautas ( *) han encontrado más intrigante en este alfabeto de pictogramas mostrados más arriba, es que tras su significación más aparente parece haber sustratos más profundos, solapados; por ejemplo, en el signo que representa “mujer que vive sola” se advierten connotaciones más oscuras. Incluso la forma del símbolo parece sugerir algo de índole sexual. O la vulnerabilidad de la mujer, como si la entrada en la casa –nueva metáfora sexual– fuera fácilmente accesible. Un simple signo como éste podría evocar historias sobre violación, robo o abuso. En relación con este aspecto brutal de la vida de los hobos y maleantes, se ha señalado el asunto de la recientemente censurada Rottenneigbor. com (“vecino apestoso” –de rotten, podrido, en traducción aproximada) , una web iniciada en 2007 por Brant Walker ( ). Permitía a sus usuarios marcar de modo anónimo las casas de sus vecinos en Google maps.
Los últimos capítulos de esta supuesta leyenda urbana sobrel “código de los ladrones” nos ubican en el pantanoso y desagradable ámbito de las pandillas urbanas –gangs– (*) o grupos de criminales callejeros que algunos asocian, con razón o sin ella, con diversas formas de la mafia. A estos delincuentes se atribuye últimamente, en algunos foros, la utilización de este mismo o parecido repertorio de símbolos. Como decíamos al comienzo del post, los rumores sobre este alfabeto secreto del crimen, fundados o no, desafían el paso del tiempo.

-Fuentes y vínculos-
(1) . El código de los ladrones, ¿una estupidez?
(1b) El código de los vagabundos en Tagbbanger
(2) Hobo, vagabundo, en wikipedia
(3) Fragmentos de texto inspirados en este sesudo estudio de aquí
(4) El rumor sobre los dibujos para indicar dónde robar, en Tinta a diario
(5) Los grafitti de los crípticos,vagos y maleantes, comparados con otros signos gráficos que enfatizan su categoría como expresión artística de pleno derecho, en Insubordinate Automata, página bien interesante sobre el dibujo y sus múltiples vertientes y aspectos estéticos, plásticos e intelectuales.
(6) Fragmentos del texto procedentes de ”El Lenguaje secreto de vagabundos y hobbes viajeros”
(7) Más cosillas sobre el supuesto código de los ladrones, aquí.

Ningún siglo ha representado la mujer como vampiro o ente demoníaco y explorado a fondo su dimensión más oscura con tanta insistencia y de forma tan reiterada, programática y cruda como el siglo XIX. Bien lo saben los autores del fantástico Idols of Perversity, un libro excelente y bien documentado donde se estudia a fondo esta fijación de la corriente simbolista –especialmente– y de intelectuales y artistas de fin de siécle, en general, con el lado más siniestro de lo femenino. Hacia 1900, la visión generalizada entre los hombres de ciencia, médicos y pintores, representantes de una cultura decadente y crepuscular, parecía entender que la dama que rechazaba el papel de la mujer hogareña – impuesto socialmente– pasivo y dócil, descendía inevitablemente hacia lo bestial o lo diabólico. El arte de esa época pasaba a representar a este tipo de mujer como un auténtico “ídolo de perversidad” ( ), enroscada como una serpiente, como belleza felina, monstruo, criatura enigmática o como una rara flor de maligna belleza.

Franz von Stuck, el Beso de la Esfinge. Óleo/lienzo
Una de las formas más clásicas de la encarnación decadentista de este aspecto o vertiente sombría de la mujer es la Esfinge, que ha sido figurada a lo largo de los siglos como una figura agazapada o en reposo, con cabeza de león, aunque su aspecto sufriría variaciones según qué épocas. Monstruo liminar, custodio de las puertas de la ciudad de Tebas, sometía a los viajeros a complejos acertijos y devoraba a los que no superaban la prueba , que jamás podrían pasar a través de las puertas de la ciudad. En este episodio comprobamos claramente el parentesco simbólico de la esfinge con el monstruo andrófago, guardián del acceso al lugar sagrado; la asociación de la mujer, en ocasiones, con la detentora de secretos o poderes sobrenaturales, –Pandora, Eva– sobre todo en culturas primitivas o en la literatura griálica, pudiera constituir quizá un indicio de la vertiente más luminosa del simbolismo de la mujer como esfinge. Como suma de fuerzas contradictorias, la esfinge se erige como una figura misteriosa y fascinante cuya curiosidad atrae y paraliza al mismo tiempo, ejerciendo ese poderoso infljujo hipnótico que a menudo se atribuye a las serpientes. Se dice que los griegos llamaban a la esfinge la estranguladora; la explicación pudiera estar en el simbolismo de su función de abrir y cerrar puertas, umbrales o pasos liminares, verdaderas fauces de la muerte para aquellos que no superan la prueba; como las Simplégades, constituyen un emblema del paso angosto o peligroso, en cierto modo una estrechura que conduce sólo a los iniciados al recinto sagrado.

Františec Bilek
Entre los artistas del simbolismo, la esfinge llegaría a ser un motivo recurrente, y la expresión más sublime, quizá, de la idea de la mujer como ídolo de perversidad, misterio, fuerza animal y caótica al mismo tiempo. En muchas de sus obras la esfinge se presenta ya como hembra lasciva, insaciable y vampirica, ya como madre devoradora; mostrando sus senos aparentemente dadores de vida tras las mortíferas garras. La imagen de la esfinge también fue objeto de creaciones literarias de la época; los decadentistas encontraron en este monstruo un símbolo que encajaba perfectamente en su ideario, en todos sus aspectos: el exotismo de países lejanos y la antigüedad, el aroma de un misticismo evocado por los ritos de civilizaciones perdidas, el erotismo salvaje de una hembra monstruosa y hambrienta; el misterio de la existencia, la vida y la muerte.
Abajo, František Drtikol , Cleopatra (esfinge)
Fernand Khnopff, la Esfinge. visto en Archivesphinx


-Fuentes y vínculos-
(1) Idolos de perversidad , BRAM DIJKSTRA, DEBATE, 1993
(2) La dama de Corinto, en Viajes con mi tía
(3) Monster Brains, Boleslas Biesgas
(4) La esfinge de los decadentes, en Victorian Web
(5) La mujer como encarnación del mal y …
(6) Constructing the decadent sphinx, en -Victorian Web
(8) La SPhinx decadente; topos et poetique de la transgression Lise Revo-Marzouk
(9) La esfinge como tema literario y poético en Victorian Web
(10) Esfinges y mujeres vampiro en Empusas, Lamias y Éstriges
Un rostro asoma desde el pasado. Via
Internautas aficionados a la arqueología y la historia antigua han puesto de manifiesto la utilidad para el estudio de Google Earth y la aplicación on line Google maps, dos fenomenales herramientas sobre las que aún no se ha dicho la última palabra. En esta página de aquí nos señalan más de 2300 yacimientos arqueológicos compilados hasta la fecha. La versión online del programa podrán encontarla en este otro sitio, con enlaces directos a diversos destinos relacionados con la historia antigua en otras tantas partes del mundo. Como muestra un botón, abajo, una toma desde el aire de las ruinas romanas de Baelo Claudia, –aquí, vía satélite –, en Bolonia (Cádiz), un lugar que merece una reposada visita.
Baelo Claudia, un destino fantástico para viajeros permanentes, románticos o alpargateros
http://www.gearthhacks.com/dlfile3846/Archeological-Site-Baelo-Claudia.htm
-Fuentes y vínculos-
1. Google Earth, yacimientos arqueológicos via satélite, en Livius
2. Más viajes probables: Baelo Claudia en las rutas del legado andalusí
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“De hoy para mañana, el milenarismo va a llegar” , Fernando Arrabal |
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