17 noviembre
2014
escrito por Flegetanis

 

 

Nihil est in rebus inane
No hay nada sin sentido en las cosas.

Cuando llegaron al lugar llamado `”La Calavera“,

crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

LC. XXIII:33 *

 

 

El culto de la calavera (II)

Un esmerado corta y pega de los artífices de Viajes con mi tía

 

Decíamos hace ya más de un año, en un primer acercamiento a este complicado asunto sobre un hipotético culto universal de la calavera, que habían sido hallados en muchos pueblos primitivos y en la antigüedad numerosos indicios que apuntan hacia la existencia de un culto semejante. Con frecuencia nos hemos cuestionado por qué tantos grupos, sectas, conciliábulos y fraternidades secretas como la denominada Skull and Bones, han elegido como signo distintivo precisamente el cráneo. O incluso si piratas y templarios tenían en común, como algunos aseguran, la veneración por este mismo símbolo. Para intentar buscar una respuesta a estas difíciles preguntas nos hemos remontado a los orígenes de este emblema, indagando sobre su significado esotérico, tratando de llegar a las fuentes mismas de un antiquísimo misterio. Ni qué decir tiene que tras nuestra búsqueda volvemos con más preguntas que al comenzar, habiendo rasgado apenas el espeso velo de este oscuro arcano. Pero en este viaje hemos encontrado un buen puñado de curiosidades y anécdotas bien interesantes que creemos merece la pena compartir con ustedes.

 

Los Dayak, cazadores de cabezas en Borneo, practican una forma ancestral del culto de la calavera

 

Tradicionalmente el cráneo se ha asociado, paradójicamente,  con la inmortalidad  - al ser de los pocos elementos del cuerpo humano que resisten a la corrupción y la desintegración de la fosa-  y se le ha considerado residencia de la vitalidad y del alma, por lo cual no es sorprendente que se le rindiera culto desde la prehistoria, hallándose pruebas paleontológicas y arqueológicas abundantes que justifican esta teoría,  en Pekín, Java, la costa tirrénica y otros enclaves de Oriente.  Diferentes vestigios arqueológicos demuestran que en Jericó existió un culto a la calavera humana, desde el 7000 antes de Cristo, culto que debió consistir en conservar la calaveras como reliquias de los muertos en la extendida creencia de que la cabeza es residencia o fuente de poder espiritual.

 


Las famosas calaveras de cristal quizá puedan sumarse a la lista de cráneos numinosos que conforman este singular culto de la calavera extendido por todo el mundo

 

Se sabe también, por diversos hallazgos bien documentados, que en la prehistoria el cerebro pudo haber sido comido sacramentalmente.  Hay asímismo pruebas que apuntan hacia la realización de trepanaciones rituales post-mortem entre los hombres primitivos, no sabemos si por una razón práctica (para colgar los cráneos, como hacen los Dayak de Borneo) o con alguna intención ceremonial.


( Obsesión mediática contemporánea con la calavera: * ¿casualidad o asistimos, una vez más, al desarrollo de un nuevo tipo de maniobra de ingeniería social o magia ritual masiva?)

 

 

Nos preguntamos si en nuestros días el valor simbólico del cráneo humano es idéntico al que la tradición le ortorga o si se ha devaluado a pesar de su ubicuidad en la sociedad contemporánea, ubicuidad que, para algunos, resulta altamente sospechosa *. Desde la antigua iconografía hasta convertirse en emblema y seña de identidad de la alienada juventud moderna, de reliquia a objeto de consumo, sufriendo una tortuosa transformación de símbolo tradicional, cargado de significación, a blando, plasticoso y  vacuo “logo” contemporáneo,  el cráneo continúa, por algún motivo que no alcanzamos a comprender, emanando su numinosa carga icónica.

 

Pintura de Victor Rodríguez

 

Esta práctica del culto del cráneo animal y humano bien extendida en la prehistoria y fundamentada, según distintas tesis antropológicas, en el llamado “culto a los antepasados” podría explicar en parte la persistencia del icono de la calavera y su fascinación a lo largo de los siglos. El cráneo fue adorado y reverenciado y aún se guarda y se venera en muchas culturas, incluso hoy día  en el seno de la iglesia católica (al parecer la que más insiste en el culto de las reliquias en general y del cráneo en particular, como veremos más adelante). En otros tantos pueblos la adoración del cráneo aparece en una asombrosa, colorida  -o siniestra-  variedad de modismos, algunos de los cuales no responden exactamente a esta perspectiva general del culto a los antepasados y quizá requieren de otra explicación que intentaremos apuntar en los párrafos que siguen.

 

 


 

El motivo de la fascinación de los pueblos precolombinos, particularmente los antiguos mexicanos (abajo) por la imagen de la muerte y las calaveras, respondería en parte al culto a los antepasados, presente en numerosísimas culturas y bien documentado antropológicamente.

 

 

Entre los antiguos aztecas, por ejemplo, la creencia de esta fuerza vital contenida en el cráneo lo convertía instantáneamente en objeto de santificación. Los antiguos mexicanos reconocían dos fuerzas primarias  en el cuerpo humano que denominaban tonalli y teyolia; la primera se refiere al vigor, el calor del sol, el verano, y el alma.  Pensaban que tonalli residía en la cabeza (el cráneo): por eso, en la guerra, los guerreros decapitaban o cortaban el pelo al enemigo, pensando que podrían aumentar su propio “tonalli”.  En los sacrificios públicos, por otro lado, los enemigos eran decapitados para liberar esta energía (tonalli) y de este modo incrementar la del propio pueblo, como conjunto, en un efecto catártico.

 


Ya hemos mencionado que el cráneo humano era considerado en muchas culturas el trono de la fuerza vital del cuerpo y del espíritu, y como tal  ha sido objeto de fervor;  en parte por este motivo algunos pueblos  solían ”conservar para sí los cráneos de los muertos, en la creencia de que este acto les brindará el poder espiritual que sus poseedores tuvieron en vida.”

 

 

La asociación del cráneo con esta fuerza vital nos remite al simbolismo general de la sangre, con la que tiene algunos paralelismos, especialmente en el ámbito del rito del holocausto, llevado a cabo en distintos pueblos con más o menos virulencia a lo largo de la historia. Esta vertiente sacrificial del culto a la calavera justifica su identificación simbólica con el vaso, copa o el receptáculo sagrado que recoge la sangre derramada (como veremos en el caso del kapala, o cuenco de calavera tántrico  (4) , que participa del simbolismo del corazón y el Grial) y también enlaza con el tema de la decapitación ritual y el culto de la cabeza cortada, extendido entre los celtas y los pueblos precolombinos, como veremos, y cuyas ramificaciones también se mezclan con algunos de los elementos de la leyenda del grial. Este aspecto sacrificial del que hablamos, además, consituye seguramente uno de los más enigmáticos y esenciales del culto de la calavera; en los párrafos que siguen volveremos sobre este asunto de la cabeza cortada y su estrecha relación con el mito griálico y el cráneo como objeto votivo.

 

 

Arriba, kapala o vaso tántrico, remiscente del Graal occidental. Abajo, relicario con cráneo (Santa Baume); hay calaveras y cabezas cortadas relevantes en la mitología griálica.  Algunos piensan que la misteriosa “cabeza” Caput L Virgo* que supuestamente veneraban los templarios pudo ser un relicario de este tipo, que conservaba el cráneo del mismísimo Juan el Bautista u otras cabezas cortadas conspicuas, como la de Goliath -según otras versiones- ; el símbolo del Bafometo (Mahomet o Bafomet) pudiera haberse relacionado también con esta enigmática cabeza templaria.

 

 

En la América precolombina el fervor en torno a la calavera ha sido de especial relevancia. Es notable la fascinación del pueblo mexicano por ella desde la época de los mexicas  Por ejemplo, entre los mixtecos el cráneo era un elemento  importante en la labor temática del oro. Se sabe que este culto del cráneo trofeo vinculado con hábitos guerreros estaba muy extendido sobre todo en el norte de Chile . En la quebrada de Humahuaca se registra su práctica con prisioneros españoles. Con tradiciones muy diferentes a las de otros pueblos,  acostumbraban a cortar la cabeza a sus enemigos y suspenderlas en picas.

 

Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.  En los textos coloniales yucatecos esta deidad se denomina Ah Puch, “El Descarnado” , Kisin, o “El Apestoso” rey de Xibalbá, que representa el inframundo y tiene por cabeza, a menudo, una calavera.

 

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Antiguamente incluso la muerte tuvo también una divinidad rectora, que se representaba tanto en los códices como en las obras plásticas, como una calavera, un esqueleto o un cadáver en descomposición (Mictlantecuhtli) .  Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.

 

 

Los mayas, los tarascos o los antiguos totonacos fueron devotos de la muerte. Todo parece indicar que hubo asímismo entre los aztecas un culto a la muerte muy arraigado. Entre los mochicas las numerosas representaciones de demonios con las caracerísticas cabezas-trofeo, así como otras figuraciones de cabezas empotradas en los muros (tzompantli) parecen indicar que el culto de la calavera, o la cabeza cortada, tenía gran importancia para los antiguos pobladores de Mexico. Las colecciones de cráneos podrían ser apilados por los vencedores en los lugares públicos, como una declaración obvia de la victoria y triste recordatorio de las pérdidas de los vencidos.

Señalamos también que el centro del mal llamado calendario azteca presenta un rostro con cara de calavera del dios Xolotl; quizá podríamos ver aquí una relación con las máscaras hindúes del Glotón o devorador del tiempo (makara) o aún con el rostro clásico de la Medusa, pero estas disquisiciones nos llevarían ahora  demasiado lejos de nuestro tema principal.

 

 

 

 

El legado de este sangriento culto de la calavera entre los pueblos antiguos de Mexico evoluciona y parece mantenerse hasta nuestros días, donde lo encontramos, en una vertiente más festiva y colorista, en el moderno festival del Día de Muertos -aunque se señalan para éste unos orígenes más cercanos a nuestros tiempos y más prosaicos que los que sugerimos-- . Entre los actuales pobladores de México todavía el cráneo es constantemente utilizado como un elemento ornamental en cerámica, relieves y esculturas, tradicionalmente. Su presencia es ubicua en la artesanía popular.  Comieza con una calavera en Janitzio, en Pázcuaro, Michoacán, la cual está hecha en tela; prosigue con las típicas de Celaya, Guanajuato, elaboradas con cartón con base de madera. Están las calaveras de Ocumicho, las de Aguascalientes, hechas en barro policromado y papel, las de dulce (sugar skulls), las calaveritas de azúcar, profusamente decoradas.  Se utiliza incluso en la fabricación de juguetes: estas “calaveritas” constituyen hoy uno de los signos de identidad de lo mexicano, desde hace mucho tiempo.

 

Antiguo cráneo votivo precolombino con incrustaciones de jade

 

Actualmente son conocidas en hispanoamérica las llamadas calaveras de San José, “ñatitas” y “aimeritas”;  el culto de estos cráneos que procesionan entre cánticos por las calles de la ciudad, constituye una tradicion que viene desde hace más de siglo. La fiesta se remonta al parecer hasta las costumbres de pueblos precolombinos, que solían desenterrar a sus muertos para honrarlos una vez al año. Este último hecho sugiere que quizá el culto de  la calavera no es sino una forma particular de culto a los antepasados, extendido en muchas culturas de todo el mundo.

No abandonaremos México sin señalar una de las dimensiones más siniestras y oscuras de este símbolo, cual es el de la veneración de la Santa Muerte, que participa remotamente de algunos aspectos  simbólicos del culto de la calavera, pero creemos tiene un origen sincrético muy distinto del alcance y el simbolismo de este ritual del cráneo que hemos visto se  remonta a los tiempos prehistóricos.

 

 

Prosiguiendo con nuestra búsqueda histórica de este extendido culto de la calavera viajamos desde la América precolombina hasta África, para encontrarnos en el antiguo Egipto con un cierto tratamiento ceremonial del cráneo, ya documentado en los tiempos prehistóricos, donde se sabe que la cabeza del difunto se separaba del cuerpo y se quemaba aparte. Estas macabras costumbres ancestrales, sin embargo,  desaparecieron con la práctica de la momificación.  La cabeza del muerto se cubría con estuco, y la cara se modelaba cuidadosamente, recibiendo un tratamiento  especial y reverencial, heredero en cierto modo de las más antiguas prácticas cultuales en torno al cráneo. En el Africa que rodea a Egipto, por otra parte,  también se conservaba el cráneo, particularmente en el caso de jefes y curanderos, cuya sabiduría y poderes divinos se  suponía que residían en la cabeza.

 

 

Vemos que hay definitivamente una gravedad inherente a la imagen del cráneo humano que, casi por sí solo, justificaría el valor reverencial y sagrado que se le ha otorgado desde siempre. La calavera ha sido tradicionalmente el símbolo de la mortalidad y en muchos casos se ha convertido en signo o marca distintiva de grupos y sociedades secretas, sustancias tóxicas y advertencias de peligro; incluso en la bandera que hicieron célebres los piratas servía con frecuencia como aviso de un funesto encuentro.

 

 

La imagen o símbolo de la calavera y las tibias cruzadas en forma de aspa (☠) es una forma emblemática usada con frecuencia en rituales iniciáticos como símbolo de resurrección o renacimiento. Algunas fuentes señalan que podría relacionarse, desde un punto de vista cabalístico, con la “sephirah daath” en el árbol de la vida, concebido en ámbitos ocultistas como vehículo para alcanzar estados superiores el ser o, expresado en otros términos, la “iluminación” del neófito. Quizá en este sentido vemos aparecer también el curioso simbolo en la casilla 58  del popular Juego de la Oca  (5 + 8 = 13, el arcano sin nombre del Tarot, la Muerte), representando aquí las fauces de la muerte que bloquean, en el tablero de juego,  el acceso al espacio central -la liberacion, la iniciación, el acceso al paraíso- como hemos indicado en otras ocasiones.

 

 

 

Arriba, mandil ritual masónico con la efigie de la calavera y las tibias cruzadas

 

La calavera ha sido investida, decíamos, de tremendas connotaciones religiosas y espirituales en muchísimas culturas. Este omnipresente símbolo de la mortalidad humana expresa, de modo impactante y potentísimo, el triunfo de la muerte sobre la existencia. Aunque también, en virtud de esa flexibilidad que los símbolos tradicionales presentan a menudo, el cráneo es emblema de resurreción o inmortalidad,  expresión radiante de la creencia en una parte espiritual del ser humano -incorruptible, diamantina, dura como  el hueso-  que, como el cráneo, perdura y sobrevive a la desintegración de la tumba, hecho que comúnmente ha sido observado en osarios y fosas de todo el mundo.

 

 

El culto de la calavera se halla en cierto sentido relacionado con el culto genérico y más amplio de las reliquias sagradas. Se dice con razón que el Vaticano es el mayor coleccionista de calaveras del planeta, pero… ¿les rinden culto? Parece ser que es así, ya que son consideradas reliquias, que en el ámbito del catolicismo son los restos de los santos después de su muerte o martirio (una muerte violenta, en la mayoría de los casos).  En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido aquél (expresion que nos evoca, caprichosamente, el episodio de la fragmentación ritual del cuerpo de Osiris, asunto que creemos ligado al que nos ocupa) .

 

 

La calavera, símbolo de la vanidad y la fugacidad en el Barroco

 

 

La reliquia se considera necesaria para santificar un altar (ara), haciéndolo apto para el sacrificio (sacrum facere, hacer sagrado). En cierto sentido simbólico, la reliquia en sí misma es una expresión mínima y nuclear de este acto del sacrificio; la sangre derramada  contribuye a santificar un enclave, un objeto. La reliquia  en definitiva sacraliza el lugar.

 

 

En este sentido, conviene recordar la significación del término Calvario o Gólgota,  nombre dado al monte o colina “a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. Su nombre proviene de la forma de calavera que tenían las rocas de una de sus laderas. (sic)  Su nombre en latín es Calvariae Locus, en griego Κρανιου Τοπος (Kraniou Topos) y en arameo Gólgota o Golgotha; en todos estos idiomas significa “lugar de la calavera”.”  Además, según la tradición judía, sería el lugar en el que se enterró el cráneo de Adán. De nuevo,  los elementos de las antiguas formas mistéricas, la sangre derramada en sacrificio y el cráneo, asociados de modo simbólico en el pasaje bíblico:  la sangre del Cordero cae sobre el cráneo del viejo hombre, Adán,  operando su resurrección.

 

Tzompantli en el Templo Mayor de México

 

Esta proliferación de reliquias, sin embargo,  tiene una explicación sencilla, pues hubo una época en la que para poder crear una iglesia era preciso poseer una reliquia o acreditar un milagro (ésto fue así también, curiosamente, en la Grecia clásica, con el asunto del heroon donde se hallaban los restos -reliquias- de supuestos héroes o semidioses de la antigüedad). Esto significaba que aquellos pueblos o ciudades que desearan tener su lugar de culto debían hacerse con alguna reliquia, lo que ocasionaba más de un enconado litigio entre buenos vecinos.

 

 

Por otro lado, cerca del ámbito de las reliquias, estaban las mirabilia: las maravillas  más veneradas de los tesoros medievales eran precisamente las reliquias, aunque este culto de las reliquias no es solamente cristiano. Plinio el Viejo nos habla ya de reliquias preciosas en el mundo grecorromano; la lira de Orfeo,  el sándalo de Elena o los huesos del monstruo que atacó a Andrómeda ** Sin embargo, la colección de reliquias que ha producido el cristianismo supera todo lo imaginable: un ejemplo extremo y singular de este culto lo constituyen las calaveras (dos) de San Juan Bautista, pues se conservan dos ejemplares: aquella de cuando era niño y el cráneo en la edad adulta (!).

 

Salomé con la cabeza griálica del Bautista: abajo, cráneo de San Dagoberto, el último de los reyes merovingios y objeto de veneración entre los fanáticos de los misterios de Rennes le Chateau.

 

 

Chanzas aparte, la veneración del cráneo (o de la cabeza cortada, simbólicamente emparentadas) de San Juan Bautista, de ecos griálicos y templarios,  nos remite de nuevo y con la mayor gravedad a lo más profundo del asunto que discutimos.   Es posible encontrar  en la antigua mitología céltica un curiosísimo y enigmático eco de este poderoso símbolo de la cabeza cortada en la vasija o Graal (plato, fuente o bandeja en su acepción etimológica original) o el caldero o copa rebosante de sangre : nos referimos al caldero de Bran --en el cual se operaba de modo mágico la resurrección de los guerreros muertos durante la batalla--  y a la propia cabeza de este mismo héroe mítico, a la que se adjudicaban propiedades taumatúrgicas y proféticas -según se relata en diversos episodios de los Maginogi, textos del antiguo folckore galés-- . En un pasaje famoso del Peredur (antecedente del Parzival del ciclo del grial artúrico) el personaje principal asiste a una misteriosa procesión de una lanza sangrante y una ominosa cabeza seccionada depositada en un cuenco o plato grande (grasale, graduale, grial) y portadas por una doncella virgen. Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos en torno a los que se articula lo esencial del misterio griálico.

 

 

Arriba, grabado antiguo que ilustra el cortejo misterioso de Peredur (Perceval): son patentes la enorme lanza sangrante y la cabeza cortada en el plato (graal), símbolos fundamentales de la leyenda del Grial

Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos principales en las leyendas del Grial.

 

Arriba, moderno kapala tántrico, decorado; antecedente del Grial y evidencia de un extendido culto a la calavera de profunda significación esotérica. Hasta hace poco, estas piezas auténticas podían ser fácilmente adquiridas.

 

Cabezas esculpidas halladas en un oppidum céltico. Imagen de www.delcampe.net

 

Entre  los indicios que sostienen la existencia de un culto de la cabeza cortada, se cita con frecuencia a los antiguos celtas. Se mencionan en este sentido las numerosas representaciones escultóricas de cabezas decapitadas en la llamada cultura de La Téne (también en otros yacimientos en España y diversos lugares europeos) y las referencias del folckore céltico, donde hay múltiples menciones de las cabezas cortadas de los héroes y de santos que llevan su propia cabeza seccionada; a menudo estas cabezas cortadas son portadores de poderes mágicos  (Bendigeit Bran) o son capaces de extraños vaticinios que las emparentan con los bustos parlantes de la antigüedad y otras cabezas insignes y proféticas, como la de Orfeo. En el seno del catolicismo no faltan tampoco los mártires descabezados, como  San juan Bautista o Saint Denis (abajo).

 

 

 

Abundan las referencias sobre el tema en los autores clásicos. Diodoro de Sicilia (V, 29,5) refiere que los galos “cortan la cabeza a los enemigos caídos y la sujetan al cuello de sus caballos” a modo de trofeos, suponemos.  Silo Itálico (Púnicas, XIII, 481-2)  dice que estos mismos galos consagraban en los templos la cabeza cortada del jefe enemigo. Estrabón, por su parte habla de este rito utilizado por los druídas. Para otros muchos autores , sin embargo, nunca hubo un verdadero culto de la cabeza cortada, sino que más bien los indicios sugieren la existencia entre los celtas de una forma vestigial de algún símbolo solar procedente de la Edad del Bronce.

 

 

Ya en tiempos más cercanos a nosotros, las calaveras han sido y aún siguen siendo utilizadas en diversos juramentos  (oaths) y rituales poco conocidos en otras tantas sociedades secretas y grupúsculos afines al ocultismo. Cabezas cortadas y asesinatos rituales ilustrados en un antiguo texto sobre la masonería: ¿rituales mistéricos, sainetes o algo más siniestro?  Abajo, la fuente más antigua para la explicación simbólica del culto de la cabeza cortada: Saturno, dios de la Edad de Oro,  decapitado por Júpiter * en un antiguo manuscrito. Algunos de los poderosos símbolos del Grial pueden remontarse también a este episodio mitológico.

 

En una época en que se desconoce cómo empezó la costumbre de realizar un juramento sobre las reliquias (oath) de la misma manera que se jura sobre la Biblia en determinados casos; los ejemplos documentados son del siglo VI en adelante. Se dice que los jesuítas practican un ritual semejante en el que se precisa un cráneo humano sobre el que se realiza un juramento especial a la orden. Este supuesto juramento aparece en el libro “La Roma subterránea” de Charles Didier, traducido del francés y publicado en Nueva York en 1843. El Dr. Alberto Rivera escapó de la Orden de los Jesuitas en 1967, y describe su juramento jesuita en la misma forma como aparece en este libro. Semper Idem: siempre Igual.

 

Arriba, Jupiter con la cabeza cortada de Saturno; este episodio nos da ciertas claves sobre uno de los probables orígenes del culto del cráneo en el milieu esotérico occidental

 

La identidad de valor de la “cabeza cortada” y de la Gorgona procede de un culto del cráneo, transformado por el mundo helénico, que parte del más viejo fondo de las religiones indo-europeas  de las que la cabeza de Medusa parece ser el último avatar. Un  valor mágico religioso que aventaja al rito está indistintamente ligado al cráneo del enemigo de los antepasasdos, según la leyenda de Bran, vinculada a la muerte y la resurreción. En el ciclo de Peredur, vinculado al misterio griálico, y en otros relatos galeses (los Mabinogi) aparecen con mucha frecuencia el motivo de la cabeza cortada y sumergida en vasijas, pozos o calderos (imágenes del graal). El caldero de la resurrección es además uno de los motivos recurrentes de la mitología céltica y de sus más importantes elementos dentro de su sistema de creencias. Muchos autores creen que estos calderos mágicos de la resurreción fueron los que inspiraron la aparición de las leyendas artúricas y griálicas posteriores.

El origen de este enigmático culto que vincula el cráneo y la copa se ha encontrado no sólo en mesoamèrica, sino en las culturas egipcia, céltica, hindú, oriental y escandinava. Se dice que los vikingos después del combate cortaban la cabeza de sus enemigos vencidos y en los cuencos de sus cráneos bebían y brindaban por el triunfo: aún hoy lo escandinavos gritan “skol” que significa salud, mientras chocan sus copas, aunque el signficado del término es el de fuente, taza, escudilla o copa; acepciones que también se encuentran en el antiguo graal, grasale, que muchos autores han identificado con el cuenco de la calavera tántrico (kapala). La raíz del término skol, skalle, (fonéticamente próximo a skull, cráneo ) significa precisamente calavera.

 

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

Arriba, la curiosa analogía del Crismón ☧ Cruz Chi Rho con el emblema de la calavera y las tibias ☠  ha sido señalada por algunos autores de filiación masónica, como Manly P. Hall,  que pretenden ver aquí uno de las claves del enigma del culto al cráneo en occidente

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

 

Edouard Chavannes cita a Tito Livio para ilustrar el uso ceremonial de estos cráneos entre los Boii, una tribu céltica que medraba en la Europa del siglo III despues de Cristo. Más próximo a nuestros días, y quizá de forma anecdótica, se recoge en diversas fuentes el uso que Lord Byron dio a un cráneo gigantesco hallado por su jardinero en los terrenos de Newstead Abbey. El poeta convirtió en copa ceremonial la descomunal calavera, en perfecto estado de conservación, de modo que recordaba el caparazón ricamente ornamentado de una tortuga. Byron llegaría a fundar una Orden de la Calavera en Newstead, en la que la libación ritual en el cráneo´”en imitación de los dioses de antaño” constituía uno de los momentos estelares de sus cenáculos.

 

 

El cuenco de calavera tántrico.  Arriba, recreación truculenta y siniestra del Vaso de Kali para una de las películas de Indiana Jones.

Abajo, kapala o cuenco de calvera tántrico real. Muchos ven aquí uno de las prefiguraciones del Grial o graal de las leyendas medievales o el caldero de la resurección céltico.

 

 

 

 

Salomé, Isis, Kali: Cabezas cortadas, sangre y un oscuro ritual en torno al cadáver o la cabeza del muerto, la calavera . Asombrosas  aunque improbables conexiones griálicas.

 

 

El sacrificio ritual y el lado oscuro de la muerte están presentes en el siniestro culto de Kali .

Abajo, la diosa Kali porta dos de los atributos inconfundibles de Saturno (la hoz y  el ramillete de calaveras) Saturno es el origen de la iconografía contemporánea de la Muerte con la Guadaña, o “Grim Reaper”.

Se han apuntado distintas conexiones, que van desde la magia tántrica hasta la mitología egipcia, entre la sangre menstrual y la copa en forma de calavera.La diosa Kali guarda en este sentido ciertas concomitancias con el lado más oscuro y destructor de Isis, que en el antiguo Egipto, por ejemplo,  vinculada a la diosa  Sekhmet era la diosa de la menstruación. Su asociación  con la sangre le hizo merecedora del título de Mujer Escarlata o Señora de la Carnicería (epíteto éste último que bien podría haber sido adjudicado a la propia diosa Kali).

 

 

Prosiguiendo con esta misteriosa relación del cráneo y la copa es necesario reseñar que en el budismo tibetano hay una forma particular de este vaso sagrado asociado al sacrificio ritual.  Se trata de  un objeto destacable: el kapala o cuenco de calavera tántrico. Esta peculiar vasija encuentra su forma gemela en la mucho más antigua vasija de barro védica que recogía la sangre de los sacrificios. Algunos han señalado justamente el kapala como un antecedente simbólico seguro para el graal de la tradición céltica y medieval.  El kapala usualmente es sostenido por fieras deidades, de aspecto demoníaco, que lo elevan al nivel de su corazón (en occidente, esta asociación del corazón humano con un vaso, graal o grasale fueron magníficamente señaladas por Guénon en algunos de sus artículos sobre el simbolismo del grial) y aparece representado en la iconografía tradicional lleno de sangre humana y vísceras, carne humana y en ocasiones los pulmones y otros órganos del enemigo abatido. De aquí que la vinculación del vaso tántrico (kapala) con la sangre (y por ende, el sacrificio ritual) resulta más que evidente y sugiere una relación efectiva del ancestral culto del cráneo con alguna forma extrema de sacrificio ritual que incluiría el derramamiento de sangre.

 

 

La selección de un cráneo adecuado resultaba en estas prácticas de extrema importancia para el funcionamiento del ritual, y explica algunos aspectos de la naturaleza del culto sacrificial del que hablamos. Se cree que la calavera de un asesino o la víctima de una ejecución posee la mayor potencia tántrica; el cráneo de aquel que ha muerto de manera violenta o accidental, o una enfermedad virulenta, sería poseedor de un nivel medio de esta energía. La calavera de un niño que hubiera muerto durante la aparición de la pubertad se considera también un receptáculo de máximo poder tántrico (creencia que evoca el sacrificio de jóvenes vírgenes en otras culturas)  así como las cabezas de púberes de paternidad desconocida (** huérfanos) o nacidos de la unión prohibida de castas o prácticas sexuales incestuosas o consideradas inmundas en el sistema de creencias tradicional.  El cráneo de un niño de siete u ocho años nacido de una relación incestuosa se considera, en este oscuro sistema de creencias, como catalizador de la mayor energía en determinados rituales tántricos.

 

 

El kapala  es un auténtico cráneo humano ornamentado según la tradición tántrica tibetana. Es un adminículo ritual tibetano que sirve como vasija de ofrendas en la religión budista del tantrismo. A menudo se fabrican a partir de la cabeza decapitada del cadáver de un monje budista.  Para usarlo, el cuenco de calavera se llena de vino y una mezcla sanguinolenta que representa la “inmortalidad”. Entonces, en una ofrenda que los fieles presentan a las divinidades tántricas hindúes y del budismo tibetano, el líquido es consumido por los monjes. Este tipo de cráneos se pueden adquirir pero son difíciles de encontrar y actualmente las autoridades de Nepal mantienen una escrupulosa politica contra la exportación de estas reliquias sagradas.

 

Cráneos y cabezas decapitadas en sendos mandiles rituales masónicos


Los propios cráneos tántricos, kapalas, tiene fama de ser los de los propios monjes cuyos cuerpos, una vez muertos, continúan sirviendo a la divinidad a la que siguieron en vida.  Se usan como receptáculos de ofrendas rituales de comida y bebida sagrada, y como instrumentos de adivinación.

 

 

Por otro lado, en la India, es destacable la figura del “ahori”, devoto de un culto extremo a Shiva, que de acuerdo con las creencias de esta secta se considera como un “cadáver” y a menudo así se les ve caminando por las calles con un cráneo a modo de taza en las manos (kapala). Estos santones son capaces de comer cualquier cosa, incluso alimentos podridos: en algunos momentos de sus singulares rituales se prescribe el consumo ritual de carne humana putrefacta, y parte de sus ritos inlcuyen una meditación ante un cadáver en descomposición.

 

 

Ya en nuestros tiempos, el motivo de la calavera y las tibias cruzadas en aspa ☠ no ha perdido su carga simbólica y  ha sido usado como emblema en muchas fraternidades americanas, grupos militares, así como en sociedades secretas, y asi los han vinculado también al templarismo y la masonería. El ejemplo más célebre actualmente es el de la Skull and Bones,  una sociedad secreta americana de la Universidad de Yale  que incluso toma su nombre de aquel símbolo.

 

Bolívar con el emblema de la calavera en su uniforme, proclamando su adhesión a la “Orden” . Bolívar se inició en la masonería en Cádiz y fue ferviente defensor de los principios masónicos durante toda su vida.

 

X es el simbolo del cruce o la muerte.  (☠ ); la T o  (cruz) representa la letra griega Tau, el simbolo de la primer cruz, un simbolo de sacrificio.

 

 

Osiris es a menudo representado esquemáticamente con la grafía X. Las asociaciones con el Crismón Chi Ro, X P) y el símbolo del culto del cráneo son inevitables y apuntan muy lejos.

Lc- 23: 33; SS 3; 322 El uso de la calavera con las tibias cruzadas (X) en la francmasonería ha sido documentado ampliamente (abajo, emblemas de Skull and Bones y las SS)

 

 

La sociedad  Skull and Bones ha sido acusada de los más variados crímenes, uno de los cuales incluye la posesión ilegítima del cráneo del jefe indio Jerónimo o el de Pancho Villa, que usarían supuestamente para realizar sus juramentos, rituales y demás sainetes, lo cual no ha sido probado nunca. Sí es cierto que algunos de estos grupos, así como sectas satánicas, emplean uno o varios cráneos reales como parte de algunos de sus  rituales internos; así ocurre con los Caballeros de Colón o en los ritos del grado masónico de los Caballeros Templarios. La significación de estos emblemas varía según la sociedad o grupo que los usa.

 

El famoso “Juramento de la calavera” de El hombre enmascarado (The Phantom) , con reminiscencias de templarios, piratas y francmasones y la sombra de una sangrienta “vendetta”

 

El uso del emblema de la calavera con las tibias cruzadas en la francmasonería se ha documentado en muchísimas ocasiones; así proliferan en las lápidas de miembros de la hermandad, en documentos y en paneles masónicos. También aparece un cráneo entre los enseres o adminículos de la “cámara de reflexión” masónica, donde se opera alguno de los rituales de iniciación practicados por los miembros de la masonería. La calavera es, entre los emblemas y signos masónicos, de los más frecuentes, junto con el compás y la escuadra, la colmena o el Ojo de la Providencia (All Seeing Eye): así figura en bastones y espadas rituales, anillos o sellos, o también en mandiles.  La iconografía del cráneo se emplea ampliamente en el ritual del tercer grado, donde se inicia el maestro masón -- tras los primeros grados de aprendiz y compañero- ; la iniciación de este tercer grado se concibe como la “resurrección” de entre los muertos del candidato, siguiendo el ejemplo del mítico  primer masón Hirám Abiff, asesinado ritualmente por los traidores Jubela, Jubelo y Jubelum, llamados los Tres “juvíos”.

 

 

 

 

Algunas fuentes sugieren que uno de los posibles significados sea el de advertencia para los adeptos que se atrevan a romper los juramentos secretos de dichas sociedades, asunto complejo y de múltiples ramificaciones, en el que nos gustaría profundizar, con el permiso de ustedes, en una tercera parte de este scherzo sobre un hipotético Culto de la Calavera  III para el que les emplazamos en un futuro no muy lejano. Entretanto, procuren no perder su cabeza en absurdas elucubraciones.

 

 

-Fuentes y vínculos-

 

(1) El culto de la calavera, I en Viajes con mi tía

(2) Skull cult exhibition, una colección de artículos sobre la significación de la calavera en la historia de la cultura the exhibition “skull cult”

(3) Reliquias y osarios en el   Cementerio de las Fontanelas, en Morbid Anatomy

(4) Black cult of Saturn

(4) La calavera tántrica, en Viajes con mi tía

(5) Celtic-and-Other-Stone-Heads-by-Sidney-Jackson-40-pages-Booklet-on-the-fascinating-Stone-Heads-in-Yorkshire

(7) The celtic cult of the severed head /

(8) The nazi cult of Saturn (un tubo sobre el asunto del culto saturnino entre los nazis)

(9) Calaveras de cristal en Mesoamérica

(10) (..Representaciones de cabezas cortadas y cabezas trofeo en el Levante Español, A. Baul Congreso internacional de Ciencias prehistóricas Madrid, 1954)

 






13 noviembre
2014
escrito por Sr.Kaplan

“Imagen de  Eusebio Planas, una de sus “academias de mujer”, el autor que mejor representó gráficamente a la mujer como sujeto erótico durante el siglo XIX.

Como habrá advertido el habitual lector de “Viajes con mi Tía”  he iniciado la entrada con esta imagen como  humilde homenaje a FLEGETANIS”

 

 

Con el término sicalíptico se definía aquella publicación de temática preferentemente erótica. La palabra es un curioso cultismo fin de siècle que etimológicamente proviene de dos raíces, sykon —o psykon— que significa “higo”, en su acepción sexual de vulva, y aleiptikós, que viene a significar algo como “estimulación” o “excitación”. Según Joan Corormines, ésta fue una creación comercial arbitraria y apareció por vez primera en el 1902, en el diario El Liberal, publicado en Madrid, para anunciar una obra pornográfica. El ilustre filólogo indicaba que, en el momento de crearla, es posible que esta palabra estuviera vagamente inspirada en términos como sibarítico o apocalíptico. Del éxito del nuevo concepto es suficientemente evidente el hecho que, hacia 1904, saliera al mercado una publicación galante que llevaba un título inequívoco para el público de la época: Sicalíptico.

Estas primeras revistas sicalípticas combinaron la ilustración (hecha por dibujantes que firmaban con seudónimos) con fotografías que hasta podían componer una historieta en la que laprotagonista acababa más o menos desvestida. Estas revistas pioneras fueron La Saeta (1890), Barcelona Alegre (1890), Vida Galante (1898), Sicalíptico (1904), Papitu (1908), KDT (1912), El Fandango, Chicharito, Rojo y Verde… El doble y triple juego de palabras, artículos y textos de escritores naturalistas como Felipe Trigo, Eduardo Zamacois o Juan Pérez Zúñiga fueron los protagonistas junto a unas ilustraciones más o menos subidas de tono de este primer erotismo legal publicado sin justificaciones del guión y con una distribución normalizada en los quioscos. Todo ello provocó un gran escándalo en su época e incluso sirvió de base para el nacimiento de sociedades contra la pornografía, la blasfemia  y todo aquello que lacerase el orden público y la moral, sin duda vinculadas a la Iglesia.

 

Estas revistas tenían su espacio dentro del mundo editorial., y no tenemos que pensar que fueran, en el sentido más puro de la palabra, clandestinas, sino que tenían una distribución relativamente normalizada. Y  “relativamente” porque todas, a causa de esta dimensión pública, tenían que pasar por los filtros de la censura oficial y ello implicaba un tira y afloja constante con las autoridades. A pesar de todo, el lector no se acercaba a ellas con impunidad, como aquél que compra un TBO , sino que lo hacía para degustar lo que estaba prohibido. La venta era pública, pero la compra era clandestina. Así era que una palabra tan fría aparentemente, sicalíptico —que podría parecer más propia del mundo de la medicina o de los tratados de moral—, se cargaba de dimensiones casi mágicas, que evocaba todo un mundo de mujeres licenciosas, de medias y ligueros, de nalgas intuidas, de lechos cálidos y arrugados…

 

 

El mundo del erotismo adquiría importancia en las manifestaciones culturales de la época, tanto en las de alto prestigio  como en las más populares. En este sentido es preciso recordar que existían docenas de colecciones de novela erótica, galante y frívola, que eran creación de verdaderos especialistas del género: Zamacois, Hoyos y Vinent, Álvaro Retana o Diez de Tejada. El mundo del cuplé, provocativo y tan tremendamente popular que hasta nuestros días ha llegado el eco de su éxito, es suficientemente representativo de esta vitalidad del erotismo.

Esta expansión, sin embargo, chocaba frontalmente con la moralidad oficial, profundamente arraigada en los más rígidos principios católicos y que obligaba a las manifestaciones eróticas a vivir en el territorio de una cierta marginalidad. Cuando a partir del año 1923 se instala en el poder la dictadura de Primo de Rivera, la persecución de las manifestaciones culturales eróticas se vuelve tan explícita que muchas revistas son clausuradas y algunos de los novelistas más destacados incluso son condenados a prisión. Además, para acabar de arreglarlo, no solo la Iglesia y la sociedad conservadora veían con malos ojos estas manifestaciones, sino que desde la ortodoxia revolucionaria de orientación proletaria el mundo del erotismo tenía también —por decadente y burgués— una clara valoración negativa. Condenado, pues, a vivir en esta dimensión extraña, donde todo el mundo las conocía y leía, pero donde nadie hablaba de ellas, las revistas sicalípticas vivían en una especie de mundo mágico en el cual existían…, pero no existían.

La Guerra Civil y el nuevo orden nacional católico barrieron todo este universo de sutilezas y sobreentendidos. Un sistema político represor basado en la delación y la persecución ideológica no se puede permitir matices, silencios, realidades que, tal como decíamos anteriormente, están ahí pero no están. En un régimen totalitario la ambigüedad no tiene cabida: o se está a favor o se está en contra. Las revistas sicalípticas desaparecieron de los puntos de venta; ello es harto evidente. Pero es que además también lo hicieron de las colecciones privadas. Si ya en su momento de gloria estaban escondidas en el fondo del armario porque la moralidad de la época no las aprobaba, en los nuevos tiempos de oscuridad, lo más inteligente era deshacerse de ellas sin contemplaciones, eliminar cualquier rastro que pudiera comprometer a su antiguo poseedor o coleccionista. Si además pensarnos que estas revistas nunca podían llegar a las bibliotecas públicas porque los gestores culturales jamás las consideraban un producto cultural digno de estudio, entenderemos que este tipo de patrimonio sea mayoritariamente desconocido por las generaciones posteriores. Un último elemento ha acabado por condenar al olvido esta realidad: una tradición critica que ha considerado todo lo que se vinculaba con el erotismo algo sin apenas interés, tal vez curioso, pero indigno de justificar la atención de los estudiosos, verdadera subcultura que no merecía más que una referencia tangencial

Primero la moral, después la política y luego el tiempo han llevado a la marginalidad la palabra sicalíptico. El olvido es tan cruel que incluso la palabra casi ha desaparecido por lo que respecta al uso cotidiano, y solo es posible hallarla, escondida, entre las páginas de los diccionarios, considerada ya como un arcaísmo en desuso. Y es triste, porque no solo notabilísimos artistas participaron en ella y nos perdemos así la posibilidad de entender la complejidad y riqueza de sus creaciones —en Barcelona  Escobar (posteriormente creador de los famosos ZIPI y ZAPE o CARPANTA), Muntañola o Méndez Álvarez (ilustrador de TBO); pero en el mundo editorial madrileño recordamos figuras como Demetrio o Rafael de Penagos…—, sino porque el mundo subterráneo, las realidades sumergidas, son a menudo las que muestran con más intensidad las contradicciones de una época, sus miserias y sus grandezas. 

 

 

Ilustraciones de ESCOBAR

Ilustración de MÉNDEZ ALVAREZ

 

Enlaces:

(1) Tebeosfera : Sicalípticos

(2) Tebeosfera; erotismo y transgresión en las  revistas ilustradas de principios de siglo XX

 

 

VISITEN NUESTRO JAZZBAR

 

Hoy, por lógica, nos visitan dos mujeres, las dos rubias y las dos brillantes pianistas y cantantes:

DIANA KRALL (Fly me to the moon)

ELIANE ELIAS (Samba triste)






1 noviembre
2014
escrito por Sr.Kaplan

Estamos en fechas donde al parecer se fomenta todo lo que tenga que ver con terrores estereotipados venidos de paises angloparlantes y que se materializan en las calabazas huecas y en la dicotomía entre el truco y el trato. Por ello, el viaje que le propongo hoy a la Tía es especial. Es un viaje introspectivo a la niñez,  trufado con todo un alarde de fantasmas y miedos.  Y, por supuesto, lleno de simbolismo . Para ello,  voy a utilizar la figura del “Lobo Feroz”, habitual de los cuentos que nos contaron y no nos explicaron, reflejada en  una excelente obra cinematográfica: “La Noche del Cazador” (1955) único largometraje como director del actor inglés Charles Laughton.

 

 

“Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con pieles de cordero pero que en su interior son fieros como lobos. Por sus frutos los conoceréis”.

 

Charles Laughton tenía 55 años cuando decidió ponerse tras las cámaras y dirigir su primer largometraje. Para ello eligió la novela del escritor Davis Grubb que contaba la historia, basada remotamente en hechos reales, de un falso predicador interpretado por Robert Mitchum  que vaga por los caminos asesinando a mujeres para quedarse después con su dinero.

 

 

Charles Laughton dotó al largometraje de una ambientación muy peculiar, jugando con las luces y las sombras de una manera magistral, obra del director de fotografía Stanley Cortez, que ya había trabajado con Orson Welles en El cuarto mandamiento. La película tiene un aire expresionista, como si el bien y el mal, la luz y la oscuridad, estuvieran siempre en conflicto, entrelazándose la una con la otra. Las influencias expresionistas son poderosos catalizadores de la fuerza y el talento que derrocha cada plano del film. Laughton buscó una luz que nos conectara con nuestros miedos más infantiles, con los terrores nocturnos de siluetas recortadas y sombras indefinidas. El mayor miedo para un niño es una silla en una oscura habitación, capaz de transformarse en una amenaza al acecho para las imaginaciones más desatadas. Cortez entendió perfectamente este principio, y lo plasmó en pantalla como nunca se había hecho antes.

 

La adaptación a la gran pantalla viene firmada por el novelista James Agee, responsable también del guión de La reina de África (1951). Sin embargo, Robert Micthum afirma en sus memorias que Laughton rechazó el guión y lo rescribió de arriba abajo. Pues bien, Mitchum faltó a la verdad. En 2004 se encontró una versión del guión original de Agee, que prueba hasta qué punto la película se mostró fiel a su trabajo. Lo que sí parece probado es que Laughton exigió recortes sobre la propuesta de guión, demostrando de paso que era un auténtico genio a la hora de pulir y agilizar las historias ajenas.

 

Además de Robert Mitchum, en la película aparecen Shelley Winters y Lillian Gish, la famosa estrella del cine mudo, la actriz favorita de Griffith, con la que este director trabajó en títulos míticos como El nacimiento de una nación o Intolerancia. En La noche del cazador Gish interpreta a una mujer, la señorita Cooper,  que acoge en su casa a niños perdidos o huérfanos, o sea, el polo opuesto a lo que representa el personaje interpretado por Mitchum.

 

 

Harry Powell, el asesino que interpreta Robert Mitchum, está basado en Herman Drenth, un granjero de origen holandés. Drenth se valió de sus poderes de seducción para conocer a dos viudas en la sección de contactos del periódico. Cuando ambas mujeres desaparecieron, la policía encontró un auténtico camposanto en el garaje del amante encantador: Drenth las había asesinado, así como a los tres hijos pequeños de una de ellas. Como el personaje de Powell, su única motivación era el dinero de las víctimas, y la crueldad de sus actos ponía los pelos de punta. Herman Drenth fue colgado en 1932.

 

El relato que adaptan Laughton y Agee presenta una galería de personajes que se apoyan sobre los arquetipos más conocidos del cuento infantil. Harry Powell hace las funciones de ogro incansable, que persigue a los niños para devorarlos.  John y Pearl son los protagonistas infantiles, que deben valerse de su propio instinto ante la incapacidad de los adultos para protegerlos. La señorita Cooper, por otra parte, encarna a la hada buena, la única adulta capaz de enfrentarse al monstruo. Y todo ello en el entorno de la Gran Depresión, tan parecido a las épocas de penurias medievales en que se enmarcan tantos cuentos clásicos.

 

 

A la Tía le he recomendado encarecidamente el visionado completo de este largometraje, a veces sórdido a veces lírico y siempre inquietante,  dejando que le atrape todo el simbolismo que rezuman sus fotogramas…pero mientras lo hace, como aperitivo, le he traído un elaborado resumen de Juan Antonio Vela donde se desgranan algunos de esos  símbolos:

 

 

VISITEN NUESTRO “JAZZBAR”

Hoy nos acompaña un magnífico violinista : Stephane Grappelli. Y nos visita junto a otro gran instrumentista David Grisman que toca la mandolina.

 

 

 






29 octubre
2014
escrito por Flegetanis

 

 

A cualquier devoto del viaje y la aventura, aunque sean virtuales e imaginarias, le fascinará casi todo lo relacionado con la atmósfera romántica y nebulosa de los “Viajes Extraordinarios” de Julio Verne. Sucede además que el lector del genial autor francés suele ser adepto del sabor inconfundible de las  ilustraciones clásicas del universo verniano, tan cercanas al estilo “steampunk contemporáneo  como deudoras de la visión fertil de Gustave Doré o la iconografía del grabado vetusto y añejo.

 

Este aroma maravilloso del mundo de Verne lo encontrarán en una curiosa muestra del mejor celuloide rancio que les traemos hoy, llamada Le Dirigeable Volé (El dirigible robado), que apasiona y decepciona por partida doble, en opinión de algunos internautas a los que debemos este afortunado hallazgo (1) . La película es una adaptación libérrima de la novela Dos años de vacaciones (¡quién pudiera!…) de Julio Verne, aunque en realidad el guión es un pretexto para brindarnos un auténtico festín visual inspirado precisamente en el fabuloso imaginario que los mejores ilustradores de las novelas vernianas crearon durante décadas.

 

Karel Zeman, brillante realizador del Dirigible Robado, opta en lo argumental por una libertad y desparpajo absolutos, y por el contrario se ajusta de un modo prodigioso a la estética de los grabadores de la Maison Hetzel (responsables de las ediciones originales de los Voyages Extraordinaires de Verne) creando una serie encadenada de estampas animadas gracias a las técnicas de superposición de dibujos, animaciones y tomas cinematográficas directas: “No otra es la intención de Zeman, pues esos auténticos tableaux vivant que pueblan su película, calcados de esas mismas novelas que saqueaba Ernst, se transforman rápidamente en un alegato de rebeldía y libertad, contra un sociedad eminentemente conservadora y de orden, donde todo tenía que estar en su sitio y nada debía moverse más allá de lo tolerado.(…)” (1)

 


 

 

Uno de los referentes y ancestros más dignos de este Dirigible robado es este otro Dirigible fantástico

 

El relato de un viaje admirable, de esos a los que Verne nos suele invitar, tiene como protagonistas a cinco héroes imberbes que vivirán toda clase de peripecias y aventuras trepidantes, dignas de la épica del  mejor cine mudo. Recuerda en ocasiones a aquellas prodigiosas viñetas de Little Nemo (…) con esa dimensión casi onirica que nos empuja a bucear en el imaginario de la infancia, con un tono lúdico y poético -como el del cine de Meliés, a veces- avanzando a saltos a través de universos paralelos, cabalgando entre el cuento de hadas y el documental o el testimonio gráfico de la revolución tecnológica del  siglo diecinueve.

 

Imágenes del Dirigible Robado


En resumen, un cine atípico, curioso y singular, digno del mejor Chomón o los Lumiére, evocador de la poesía del viaje y esos mundos remotísimos que tanto nos gusta glosar en esta página. Una tournée que no podemos dejar de emprender,  y a la que están ustedes invitados.

 

 

Avance de la película El Dirigible Robado, para ver online

 

 

Fuentes, notas y vínculos

1. En círculos, con una crítica muy bien traída de esta película

2.Más en El gabinete del Doctor Mabuse

3. Una ficha técnica de la película en Sensacine

4. Un puñado de fotogramas de El Dirigible robado, aquí

5. Más sobre dirigibles singulares y vernianos, próximamente, en Viajes con mi tía

 






20 octubre
2014
escrito por Flegetanis

 

(Foto de Gregory Colbert) No dejen de observar la pose osiríaca de la pequeña bacante junto al felino moteado)

 

“Y se abrieron los ojos de ambos y se dieron cuenta de que estaban desnudos.  Cosieron, pues, hojas de higuera y se hicieron delantales” Gen., I, 1

Genesis 3:21

 

Y Dios hizo para Adán y su esposa vestiduras de pieles, y los vistió con ellas

Bereishit(Genesis 1:1-6:8)

 

“En gran manera me gloriaré en el SEÑOR, mi alma se regocijará en mi Dios; porque El me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia (…)”

(Isaiah 61:10)

“¿Puede el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?”

Jeremiah 13:23

“Los iniciados de la doctrina secreta reconocen en la expresión “el vestido de Adán” un profundo y oculto misterio, la explicación del cual no puede ser divulgada o impartida excepto a los más inspirados estudiosos del conocimiento secreto”

Rabino Simeon

 

“Una épica del taparrabo” es el título que hemos escogido para este capricho de proporciones épicas -como anticipa el propio epígrafe- que nos sugirieron diversas lecturas, la última película sobre un asunto bíblico que hemos podido disfrutar recientemente (Noah, 2014, de Darren Aronovsky) y la visión de una pintura antigua –que mostramos más abajo–  en la que se ve a Eva y Adán lamentando la muerte de Abel , vestidos con aquella prenda milagrosa que, según reza el Génesis (Bereishit, Gen. I:I, 6,8) , Dios hizo para nuestros primeros padres en el Jardín del Edén, una vez descubierta su desnudez y que algunas fuentes ajenas a la Biblia asocian con el leopardo.

En las líneas que siguen trataremos de dar respuesta a intrincadas y sesudas cuestiones:  ¿Qué tienen en común Adan y Eva,  Tarzán y Jane, la mona Chita, las pin-up de los cincuenta -nuestra adorable Bettie Page, Sheena, reina de la jungla- , los viejos roqueros inmortales de los setenta , las supermodelos de los noventa y las victimas mk ultra de la chusma satanizante ?…  Al parecer, su predilección por una prenda, la inconfundible y hermosa piel del leopardo.  La única vestimenta que, junto al taparrabos de cuero,  nunca ha dejado de estar de rabiosa actualidad. () Pero, ¿obedece esta persistencia del taparrabo felino a alguna oscura , secreta o arcana motivación?

 

 

El inicio de esta curiosísima y misteriosa historia sobre el enigmático ropaje de los primeros comedores del fruto prohibido aparece en un pasaje bien conocido del Génesis bíblico  (3:21) donde se dice que el Creador hizo para Adán y su compañera unas vestiduras de piel con las que pudieron cubrir su desnudez, que presentan una gran diferencia con las que, tras el pecado original, la pareja edénica  habría fabricado de modo precario para tapar sus genitales, a partir de unas hojas de higuera: “Y los ojos de ambos se abrieron, y fueron conocedores de que estaban desnudos” . Entonces, en un intento pueril de cubrir su desnudez los primeros hombres tomaron hojas de una higuera y se hicieron unos primitivos taparrabos, según se refiere en Génesis III, 7; la elección de las hojas de higuera ha llevado a discernir  a los rabinos  la naturaleza del Árbol del Conocimiento, ya que la lógica invita a pensar que nuestros primeros padres escogerían, en su urgencia por cubrir sus partes pudendas, aquel material que tuvieran más a mano.  De modo que la higuera se ha sumado a la lista de candidatos posibles a la identidad de la célebre planta que se erigía en mitad del Paraíso y cuyos frutos hicieron patente la desnudez (o lo que quiera que sea que denote este término) y la corruptibilidad del primer hombre.

 

Al comer de la fruta prohibida, Adán y Eva sucumbieron a sus instintos animales, actuando sin preocuparse de su identidad espiritual y buscando únicamente su gratificación inmediata. Las consecuencias de tal acto se sucedieron inmediatamente: Dios los enfunda en pieles de animal o cuero. Una metamorfosis tuvo lugar: sus nuevas pieles, sus ropas, reflejan su nuevo y disminuído estátus, más lejos de la gloria divina, más cerca de lo infrahumano.  ¿Fue entonces la percepción de su desnudez un resultado de un cambio espiritual, de una metamorfosis provocada por el pecado original? Y lo más importante, ¿cuál es la verdadera naturaleza de esta desnudez? ¿Se trata de algo físico o espiritual?  Es también el momento de preguntarse con qué sustancia -material o espiritual- fueron confeccionadas estas prendas.

 

Los antiguos sacerdotes de Antinoo en el Gran Templo de ANTINOOPOLIS , en Egipto, estaban familiarizados con las vestimentas sagradas de piel de leopardo

Precisamente en la pelicula que hemos mencionado,  Noah (2014) se muestra de modo velado y ligeramente distorsionado este asunto de las ropas que Adán y Eva lucían en el Jardín del Edén y que, una vez expulsados del Paraíso, llevaron con ellos y heredaron, de algún modo, sus hijos. Evidentemente, las fuentes de Aronofsky para su singular versión de la historia de Noé no son solamente bíblicas ni aún cristianas, sino que a los texos hebreos le siguen otros documentos y tradiciones cabalísticas, gnósticas y ocultistas.  En esta visión cinematográfica, es la piel de una serpiente lo que custodia Noé y con la que parece tansmitir su bendición (barakah) al primogénito.

 

 

En varios momentos de la historia de Noé contada por Darren Aronofsky tropezamos con la descripción de esta curiosa y maravillosa vestimenta luminosa, que se nos asegura perteneció a los primeros pobladores del Jardín del Edén y que de algún modo llegó  -en forma vestigial y ajada- hasta las manos del propio Noé.  Se explicita igualmente en la película que el atuendo del hombre primordial era una suerte de segunda piel “mágica” y  que quien posea esta prenda podría usarla para conferir una bendición o transmitir lo que los musulmanes denominan “barakah”; condición que tradicionalmente se asocia a determinadas reliquias sagradas o a una iniciación efectiva .  A lo largo de la película, además, se nos advierte que la reliquia en cuestión procede de la piel de la Serpiente del Jardín del Edén,  a la que se otorga un poder mágico que claramente contraviene la perspectiva bíblica del relato, pues en modo alguno se concibe en el ámbito cristiano que la piel de la Serpiente antigua (Satán)  -que induce a Eva a comer el fruto prohibido y revela su desnudez — pueda propiciar bendición alguna. De hecho, en Génesis 3:14 se refiere claramente cómo Dios mismo maldice a la Serpiente, y aunque puede resultar extraño que en esta nueva versión hollywoodiense se atribuya un papel salvífico o benéfico al Maligno -o incluso que los ángeles caídos puedan ser redimidos–, finalmente no nos sorprende tanto cuando se conocen las fuentes cabalísticas y neognósticas en las que, insistimos, se inspiran sus creadores.  En cualquier caso, para complicar aún más las cosas, habremos de añadir que incluso en la Biblia aparece,  en una ocasión al menos, la serpiente asociada a una fuente de curación o transmisión de energía benéfica, en el  complicado y hermético episodio de Moisés y el Nahash o Serpiente de Bronce, que quizá podamos abordar en otra ocasión.

 

 

Hay entonces un buen número de tradiciones rabínicas que pretenden que antes del pecado, Adan y Eva,  en su condición de seres  espirituales, poseían cuerpos luminosos, resplandecientes, o cubiertos de luz, y que como resultado de su pecado, perdieron esta preciosa vestimenta.  Adan y Eva eran seres inmortales y de condición similar, si no superior, a la angélica. El episodio del fruto prohibido les hace caer de esta condición gloriosa original y perder, con ello, esta cualidad semidivina y la luz asociada a ella. Esta idea de un ser humano primigenio poseedor de un cuerpo energético, radiante o vestido de luz no es ajena al judaísmo, como se puede apreciar de la lectura de algunos pasajes del Midrash Rabbah y del Zohar -libro del esplendor-; poco o nada e esto aparece de modo tan explícito, no obstante, en la biblia, aunque se sugiere en numerosas ocasiones. “Y Jehová -Elohim (el Creador) dijo:

«He ahí al hombre (Adán)  hecho como uno de

nosotros ( -con sus vestiduras de Gloria-)

conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender

su mano al árbol de la vida, y comiendo de él viva para siempre»

 

 

Vemos de qué modo, tras el pecado original, Adán y Eva pierden su primera vestidura “celeste” y Dios les da una segunda vestimenta,  hecha -se dice- con pieles de animales, atuendo que en cierto modo participa de los beneficios o características de la primera. “ Y Jehová Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de pieles, y los vistió. a. El Señor Dios hizo túnicas de pieles y los vistió: (Génesis 3:7).  Es curioso, y así lo han notado algunos autores, que para proporcionar estas  túnicas de piel con las que Adán y Eva son revestidos, fue necesario un sacrificio. Un animal tenía que morir. ( En la perspectiva bíblica, sin derramamiento de sangre no hay remisión. (Hebreos 9:22)  Desde otro punto de vista, la muerte de Abel, más tarde, a manos de Caín (Tubal-Caín), parece redundar en este mismo fenómeno del asesinato y la sangre derramada como forma de iniciacion ritual.) Es la primera vez que observamos que nuestro milagroso taparrabos de piel animal, aparece asociado al sacrificio o la idea de la muerte y la regeneración.

 

 

Por otro lado, algunas tradiciones rabínicas establecen que la luz primordial perdida por Adán y Eva fue transferida a Enoch y Elías (profetas arrebatados al cielo, incorruptibles, de los que se dice que no sufrieron la muerte). Tras el pecado, la luz de Adán se transformó en piel, y su aspecto interior, luminoso y radiante, fue tomado por Enoch y Elías,  a quienes se atribuye una apariencia “resplandeciente” (veáse el episodio de la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor) similar a la que se asocia también a Moisés – tras el episodio de la Zarza ardiente- o a Nimrod, que es descrito de igual modo según diversas fuentes, lo cual se revelará de la máxima importancia como veremos.

Rbabenu Bachayeh indica que estas admirables vestiduras eran parecidas a las que cubrían a Moisés al bajar del monte Horeb;  de acuerdo con el erudito, el diseño del atuendo de Adán tuvo que reflejar la gloria de su creador de algún modo, por lo que debieron tener algo de divino o sobrenatural. El rabino insiste en la condición gloriosa o sobrenatural de la prenda que Dios otorga a los primeros padres.  Antes de la caída, el hombre era inmortal, como los ángeles; comer del árbol prohibido causó la pérdida de la inmortalidad, como hemos visto. Pero las nuevas ropas concedidas por el Creador volverían, en opinión de este maestro, a regenerar algo de aquella condición perdida.

Vemos que sobre la naturaleza de este mítico taparrabo o segunda piel adánica se ha discutido mucho.  La midrash (Bereishti Rabba 20:12) describe la ropa con la que Dios viste a Adán y Eva tras la Caída como vestimentas de luz, no como pieles.  Así también  piensa el rabino Meir, que sugiere que las vestiduras que Dios da al primer hombre estaban hechas con la misma luz primordial de la que éste fue creado.  En el Zohar (B. 22.4a) estas vestiduras se mencionan, pero no son de origen divino, sino de confección humana. Varias tradiciones sugieren otros tantos materiales. Rashi cita una fuente según la cual eran de pelo de conejo, suave y cálido . El pseudo Yonatan (Targum) dice que las ropas adánicas procedían de algo mucho más cercano a la “escena del crimen” y cita precisamente la piel de serpiente como el material con el que Dios las fabrica (justo como se nos muestra en la película de Aronofsky).  En esta útima visión del mito, el Creador parece decir: como habéis sido seducidos por la serpiente, compartiréis con ella su desnudez, y ahora seréis investidos en su piel como símbolo de su traición.

 

 

Arriba, Caín (Tubal-Caín) aparece ataviado con pieles de leopardo mientras ofrece un holocausto. A la derecha, ménade (ataviada con las mismas prendas) y sátiro, en una cerámica griega

Otras tradiciones rabínicas asumen que las primeras vestiduras de Adán fueron fabricadas en un material completamente diferente: En la Torah del rabino Meir éste anota que “las vestiduras de luz de Adán (ohr), eran literalmente como una antorcha (radiante o luminoso) más estrecho en el extremo y ancho en su base. Este comentario es curioso: “la palabra OHR, en hebreo (fonéticametne muy semejante a Or, piel)  equivale a luz”.  Pero, ¿por qué Dios habría de fabricar para Adan y Eva ropas de luz?  Este rabino quizá sugiera que las ropas que Dios da al hombre tras su caída están hechas de la misma luz primordial con la que fue creado en su origen. Desde un punto simbólico, el mito nos ilustra acerca del esplendor y la gloria del primer Adán, perfecto en su generación. Desde una perspectiva más naturalista, por el contrario, otras tradiciones y leyendas parecen sugerir la existencia de una vestimenta real, de propiedades mágicas o sobrenaturales, que otorgan una especie de protección o poder semidivino a su portador o portadores, legítimos o no.

 

 

En la mitología gnóstica – y asimismo en la película de Noé que comentamos– la serpiente no es un ser maligno, sino bueno y reverenciado (existía incluso la secta de los gnósticos ofitas, adoradores de la serpiente), en tanto trae la sabiduría y el conocimiento a los seres humanos, del mismo modo que Lucifer -el portador de luz, phosphoros- trae el fuego prometeico de la iluminación -según diversas escuelas ocultistas, mistéricas y esotéricas- Y por supuesto, no podemos olvidar la referencia a la piel de serpiente usada como “talismán” mágico por Noé y su familia, en un ritual que ha pasado -nos aseguran los artífices de esta versión cinematográfica del mito– de generación en generación, como se suele decir de los misterios en las doctrinas esotéricas.  . (…)  Hay otros muchos  momentos igualmente heterodoxos, desde la perspectiva bíblica, de la película, aquí http://www.mtv.com/news/1717553/noah-epic-gifs/.

 

Izquierda, Gilgamesh (o Nimrod, el “poderoso cazador” según otras fuentes) sosteniendo un león entre sus brazos -lo que da idea de su talla gigantesca- ; derecha, Hércules ataviado con la piel del león de Nemea. Muchos autores identifican a Nimrod con Heracles, Gilgamesh  y aún otros personajes míticos de la antigüedad, proponiendo para todos ellos un mismo origen. Vean también el efecto moteado de la indumentaria de Hércules.

 

Según los mitos griegos, Nereo (Noé) confia a Herakles (Nimrod, Gilgamesh) dónde puede encontrar la iluminación -inmortalidad, condición edénica- prometida por la serpiente y que el héroe busca enconadamente. Este lugar o “instante” de iluminación es el que representa, supuestamente, el vaso representado arriba, reminiscente del árbol de la vida, del caduceo hermético y la kundalini, símbolos asociados tradicionalmente a la iluminación.  La escena, de origen sumerio, evoca también el acceso al Paraíso o Edén del Génesis o las Hespérides de la mitología griega. Curiosamente, aparecen en la misma representación la piel del leopardo (el animal moteado) y la doble serpiente, conectados en un mismo contexto alusivo a la inmortalidad y el acceso a la condición semidivina del hombre primordial.

 

Añadamos ahora más leña a nuestra folletinesca épica del taparrabo. Ciertas leyendas y rumores, desde el Libro de Jasher a nuestros más recientes bulos conspirativos,   aseguran que la prenda que Dios confecciona para cubrir la desnudez de  Adán y Eva  resulta ser la misma que lucían NImrod (el constructor de la torre de Babel y prefiguración del Anticristo) , los sacerdotes egipcios (emblema de Seth-Tifón) y, en la era actual, las vedettes del Star System  y esclavas mk ultra, y los mismos comentarios señalan también con detalle la naturaleza de la mítica indumentaria: la piel moteada de un leopardo.

 

El uso simbólico y ritual del épico taparrabo de piel de leopardo se extiende, misteriosamente, hasta nuestros días. A la izquierda, el animal más bello del mundo. A la derecha, ¿tú también Rod (nim-ROD?, mostrando sus flamantes mano de Jabulón, gestos masónicos e indumentaria osiríaca.

 

Precisamente la primera mención de este animal en la biblia es en el propio nombre de Nimrod, el constructor de la Torre de Babel,  (nimre, namer (leopardo), nimrah, nmriyan). Y curiosamente, uno de los atributos en la iconografia de Nimrod, que la tradición retrata como un “gran cazador”, es la piel moteada del leopardo. Incluso su nombre NImr- Rod, parece contener alguna referencia, precisamente, al propio leopardo. De él se dice igualmente que robó las prendas de Adán y Eva cuando éstos fueron expulsados del Paraíso. De modo que Nimrod es, necesariamente, el segundo hito fundamental en nuestra búsqueda del mítico taparrabo, y una de las claves de su importancia.

“..Y Cus engengró a NImrod, que llegó a ser el primer poderoso * en la tierra”.

Éste fue vigoroso ** cazador delante de Jehová, por lo cual se dice; así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová” Gen. X, 8

 

Según una leyenda judía, y también los textos bíblicos, este Nimrod fue un rey muy poderoso de una tierra llamada Shinar (*) que construyó una especie de torre enorme  (Babel) para desafiar la autoridad divina.  La única mención explícita de Nimrod en la Biglia lo define como un “poderoso cazador ante Dios”. Supuestamente gozaba de una inmensa fuerza -otras tradiciones lo hacen descender de los mismísimos gigantes o nephilim antediluvianos-  que otros atribuyen casualmente a las prendas que solía llevar, las mismas pieles de animales que Adán y Eva habrían recibido del Altísimo. Estas pieles conferían a Nimrod un poder extraordinario –como los modernos trajes de los superhéroes del cine– y especialmente le daban autoridad y dominio sobre las bestias, haciéndole además invecible en el combate. Así podemos leer en el Libro de Jasher que Nimrod llevaba estas “ropas mágicas”  que le hacían invulnerable y que habían pertenecido al mismo Adán. En el mismo relato se nos cuenta que, tras la expulsión del Paraíso, pasaron de Adán a su hijo Seth, y de éste a las siguientes generaciones, hasta llegar a Noé.  Algunos piensan que Enoch y Matusalén también custodiaron estas prendas.Tras la muerte de Noé llegaron a las manos de Nimrod.

 

Se dice que cuando Adán llevaba estas ropas, todos los animales se postraban ante él y le obedecían. Nimrod descubrió que cuando él se ponía el prodigioso atuendo, los animales le obedecían. Esta pudiera ser la razón por la que fue conocido como un “gran cazador”, pudiendo ejercer su dominio y autoridad sobre las bestias. Valiéndose de las vestiduras divinas de Adán, Nimrod adquirió poder y fama incluso sobre los humanos, ya que tal vez tendrían el mismo efecto en estos que en los animales, lo que facilitaría sobremanera la expansión de su mítico reinado. Nimrod fue considerado una prefiguración del Anticristo y resulta curioso que, según  la descripción de la Bestia apocalíptica sobre la que cabalga la terrible Prostituta Escarlata (Babilonia la Grande), ésta comparta con el tirano su característica piel de leopardo.

El leopardo no es el emblema de ninguna nación conocida; sin embargo, esta Bestia apocalítpica, montura de la Ramera de Babilonia,  es descrita, en parte, con los rasgos de un leopardo.

 

Nimrod , iconográficamente, fue también representado con cuernos y esta piel de leopardo objeto que llegó a ser, en cierto modo, una forma ancestral de las “vestiduras reales” de las culturas antiguas, y así han sobrevivido en algunos pueblos -como los zulúes- hasta nuestros días.  No en vano fue este atuendo el que Nimrod usó como signo de su autoridad espiritual y su poder. Hay una tradición que sostiene que Esaú obtendría esta misma piel de leopardo de Nimrod, en una lucha que resultó en la muerte del segundo.  Luego la pista se pierde, aunque parece figurar entre las posesiones de José  (hijo Jacob, hermano de Esaú) , cuya túnica colorida y resplandeciente recuerda más la vestimenta de gloria de Adán que la mágica piel de leopardo.  De cualquier modo, a través de esta leyenda de Esaú se puede establecer un siguiente escalón en el periplo del enigmático taparrabo, que nos lleva ahora hasta Egipto. En la biblia, no habrá ya mas menciones del leopardo hasta la descripción del Anticristo y la Bestia, en Apocalipsis XIII: 22.

 

 

Tras la desaparición -misteriosa- del poderoso Nimrod,  porque oscuras son las referencias sobre su muerte en los textos antiguos, la pista del taparrabo prodigioso parece diluirse. En el Libro de Jasher, sin embargo, volvemos a encontrar algún indicio de lo que pudo ocurrir con esas prendas más tarde: tras ser heredadas por los descendientes de Adán, llegan hasta Noé, cuyo hijo Ham las roba; de su mano pasan a Cush, su heredero, y de éste a Nimrod.  Más adelante (27:7-10) Esau adquiere las vestimentas sagradas asesinando a Nimrod  -o uno de sus sucesores– en una de sus cacerías.   Esaú entonces usa la prenda mítica del mismo modo que su precedesor, convirtiéndose a su vez en un gran cazador (así es con frecuencia descrito en la biblia y representado en diversas escenas).  La misma fuente no especifica cómo llegan las pieles mágicas hasta Jacob, o si lo hacen de algún modo.  Sabemos de otros autores que afirman que el mismo Jesucristo llegó a poseerlas, pero no hay nada sino rumorología vana que justifique este punto.

Otra tradición propone que las ropas fueron enterradas por el propio Esaú y que, eventualmente, miembros de su familia pudieron haberlas custodiado y conservado, confiándolas en secreto a otras personas reverenciadas como signo de autoridad. Algunos han fantaseado  aquí con la razón oculta de la eminencia y rápida expansión de algunos grupos o culturas a partir de esta época, e incluso explicar como el Imperio Romano llegó a ser un sistema colosal de dominación mundial.

 

Es curioso constatar que los mormones tienen dos tipos de vestimenta que simbólicamente parecen vincularse con nuestro mítico taparrabo. Por un lado, usan para sus rituales un delantalito similar al mandil masónico (arriba) ; por otro, tienen otra prenda que representa hojas de higuera, una alusión a la rectitud personal, pero también una clara alusión al pasaje bíblico de la desnudez de Adán y Eva (abajo). Supuestamente representan también aquellas prendas de las que hablamos y con las que Dios vistió al propio Adán in illo tempore, que dicen los eruditos.  El alcance simbólico de estas cosas, no ya su mensaje, no debiera ser ignorado.  Curiosamente, tambien, la leyenda de Nimrod como fundador de la masonería se encuentra en muchas tradiciones tempranas de los francmasones, entre los que circuló la leyenda de que la fraternidad tiene su origen preciamente en la construcción de la Torre de Babel.

 

Si continuamos con nuestro seguimiento de la historia de estas misteriosas prendas sagradas, podremos intuir su reaparición, disimulada, en el episodio bíblico en que Jacob recibe la bendición de su padre Isaac, ciego, haciéndose pasar por su hermano Esaú, disfrazado con aquéllas. El rabino Rashi, entre otros, parece dar crédito a esta singular interpretación de este célebre pasaje bíblico en el que, mediante una impostura, Jacob recibe la bendición de Isaac ocultando hábilmente su identidad.

 

 

El siguiente hito en nuestro accidentado periplo tras el glorioso taparrabo será Egipto, aunque seguir el moteado rastro no resulte en esta ocasión nada fácil, por que las referencias documentales son más bien nulas y hay que echar mano de abundosos indicios, especialmente etimológicos, pero también históricos. Podríamos aducir que  nuestra prenda mítica, una vez en manos de Jacob (el único patriarca bíblico que fue momificado de acuerdo con los rituales egipcios) o de algún miembro de su familia exiliada a la tierra de los faraones alcanzó su destino y llegó de algún modo a formar parte de la indumentaria de la casta sacerdota. Podríamos establecer fácilmente nuestra conexión egipcia, pues no nos faltan pruebas que sostengan tal hipótesis, como veremos.

Nuestro viaje tras el misterioso taparrabo será larga y con escalas. Desde el Jardín del Edén, a Babilonia, y de aquí hasta Egipto. Allí volveremos a encontrarnos con nuestra piel de leopardo, vestimenta familiar para los antiguos sacerdotes egipcios. Y desde la tierra de los faraones, donde abundaremos en detalles sobre el significado de la piel mágica moteada, su relación con el dios Seth, su singular conexión con el Cielo y su uso en el ritual funerario de la Apertura de la Boca. Proseguiremos la ruta y nuestras pesquisas nos llevarán a la intrigante asociación de Nimrod y Osiris y Baco, por lo que volaremos hasta  Grecia, y de allí a Tierra Santa, desde donde regresaremos, de la mano de Tarzán de los monos, a lo más profundo del África Negra,  a las madrigueras de los terribles hombres leopardo,  y de aquí de vuelta a los no menos nefandos antros iniciáticos del mundo moderno, en cuyos laberintos deambularemos en pos del misterioso y épico taparrabo. Pero todo eso es será otra historia, que les contaremos gustosamente en una segunda parte de este artículo, para cuya próxima lectura les emplazamos.

 

El mítico taparrabo de origen celeste, asociado a la piel de leopardo, formaba parte de la vestimenta ritual de los sacerdotes egipcios, especialmente durante la celebración de los rituales funerarios más importantes

 

Una épica del taparrabos, con cuentagotas: A little NImrod (el pequeño NImrod) de Jacques Tissot,  un cuadro que ilustra alguna de las curiosidades sobre el origen de la vestimenta de leopardo, algo más que “fashion”.

 

 

 

Fuentes, notas y vínculos

*  NemrodNimrod, un monarca mítico de Mesopotamia, mencionado en el capítulo 10 del libro de Génesis, que además figura en numerosas leyendas y cuentos. Varias ruinas preservan el nombre de Nemrod, y también aparece en la midrash judía. La tradición lo presenta como un tirano impío que construyó la Torre de Babel. El término “poderoso” equivale a gibborim*, con todas las connotaciones que pueden desprendersde del término y que terminarían por perfilar la verdadera identidad de esta figura anticrística, del que se dice que fue el primer monarca de la historia.

1 Osiris, Nimrod y el leopardo

2. El leopardo en el antiguo Egipto https://cowofgold.wikispaces.com/Leopard

3- El lado más fashion del “leopard print”

2.  Documental un poco chungo sobre los terroríficos hombres leopardo africanos.

El hombre leopardo, un tubo curioso que ilustra este inquietante asunto

3 The real Leopard Men of the Congo, por David A. Adams

4. Leopardenmenschen http://frankzumbach.wordpress.com/2011/02/page/122/

5. Tarzán contra los hombres leopardo, en papel impreso y en el celuloide bien rancio (Tarzán y las mujeres leopardo, 1946)

6. Hombres leopardo en un interesante y bien documentado viejo artículo

7. Sex kitten beta programming and animal print mk ultra simbolism, en Exponsing the matrix

 

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