EL SIMBOLISMO DEL JUEGO DE LA OCA

A�Una versiA?n del presente artA�culo, recientemente actualizado por su autor, fue publicada en la revista de humanidades sevillana Tempestas (1)en el otoA�o del aA�o 2000. Con pequeA�as variaciones y ajustes les ofrecemos esta nueva revisiA?n, a la que se aA�aden diferentes ilustraciones que no pudieron ser contempladas en la publicaciA?n original.

(1)A� PA?ez, Antonio: EL SIMBOLISMO DEL JUEGO DE LA OCA, publicado en TEMPESTAS,A�Revista de HumanidadesA�NA? 3 – SEGUNDA EPOCA – AA�o XI. PA?gs. 56-62.

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EL SIMBOLISMO DEL JUEGO DE LA OCA

Antonio PA?ez

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Seguramente nunca acabarA? la discusiA?n que sugiere un simbolismo concreto en los juegos populares y, particularmente, en el Juego de la Oca.

De la OcaA�se ha venido a decir queA�simboliza el acceso del alma humana al ParaA�so, que es un trasunto del Camino de Santiago, queA�simula “el itinerario del espA�ritu que, tras las aventuras y desventuras de su viaje vital, vuelve desencarnA?ndose al seno de la Magna Mater, o tambiA�n, que representa el viaje post-mortem del alma humana hasta el EmpA�reo. Se han seA�alado, asA�mismo, aspectos alquA�micos, masA?nicos, astrolA?gicos, e incluso tA?ntricos.A� Y si bien estas interpretaciones, unidas a otras, convienen a la significaciA?n del Juego de la Oca, ninguna podrA�a por sA� sola definirla ni agotarla completamente. Todas ellas no son sino expresiones particulares del simbolismo de un juego que, en su condiciA?n de sA�mbolo, al estar fundamentado en lo inefable, nunca podrA�a ser enteramente expresado en los tA�rminos del lenguaje ordinario.

A�En la mayor parte de las obras en las que se habla del simbolismo del Juego de la Oca, junto a consideraciones de incuestionable interA�s, hemos observado graves errores que afectan tanto al planteamiento general del tema como a los mA�todos escogidos para resolver el problema que presenta el estudio de los sA�mbolos. Por un lado, se ha convenido a menudo en enfocar aquA�l como si se tratara de un “asunto” mitolA?gico o alegA?rico cualquiera, que tuviera principio y fin en sA� mismo, y cuyo contenido, necesariamente finito, pudiera ser objeto de una descripciA?n literaria mA?s o menos detallada y finalmente agotado, sin tener en cuenta la menor de las vinculaciones que pudiera ofrecer con otras expresiones anA?logas.

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LA “COINCIDENTIA OPPOSITORUM”

Merece destacarse que de manera general, el juego, como el sA�mbolo, a�?entraA�a las dos ideas de separaciA?n y reuniA?n; esto confirma la relaciA?n del juego con lo sagrado, en cuanto esta idea de a�?reuniA?na�? es la misma que se halla en tA�rminos como religiA?n (religare, reunir), yoga (vA�nculo, uniA?n), tantra (urdimbre, trama) o, segA?n apuntA?bamos antes, sA�mbolo.

A�Paralelamente, esta dualidad se manifiesta en el diseA�o del tablero, y un buen ejemplo de ello se halla en los escaques blancos y negros del tablero de ajedrez, que se refieren exactamente al simbolismo del que tratamosA�. En el Juego de la Oca, la oposiciA?n se establece entre la forma generalmente cuadrada del tablero, y la forma circular en la que puede inscribirse la espiral, que no es sino una secuencia numA�rica que concluye en el denario finalA� (la casilla central, cuya cifra es 64, donde 6+4=10), sA�mbolo de la Unidad Principal que a�?engendraa�? todos los seres (el mundo manifestado) como la unidad matemA?tica a�?producea�? todos los nA?meros.A�Esta a�?quadratura circulia�? es quizA? mA?s evidente en el ParchA�s, donde adopta los de la doctrina de los cuatro elementos, representados por los cA�rculos de colores figurados en cada una de las cuatro esquinas del tablero, desde los que parten las fichas de los jugadores, trazando asA�mismo una espiral numerada,A� hacia el elemento central unificador o a�?quintaesenciaa�?. En la teorA�a de los elementos, el centro corresponderA? al quinto elemento, es decir, al A�ter, el primero de todos ellos segA?n el orden de producciA?n. En definitiva, la uniA?n del cuadrado con el cA�rculo, la estrella, el loto, los cA�rculos concA�ntricos, el cA�rculo con punto central, etc. a�?simbolizan el final del proceso de “salvaciA?n” en las doctrinas tradicionales, es decir, la etapa de la vida espiritual en que se han eliminado las imperfecciones representadas por las figuras irregulares, y tambiA�n los intereses vitales (monstruos, animales salvajes, pruebas a��pozo, posada, laberinto, muerte, en el Juego de la Oca– para concentrarse en la unidada�? (el espacio central del tablero, la meta del juego).

(El primer tablero conocido con su cinta de 63 celdillas, nA?mero que a partir de entonces se fijA? canA?nicamente. El tablero de madera se conserva en buen estado en el Monastero de Valldemossa, en Mallorca.)

PodrA�an adivinarse todavA�a otras relaciones mA?s profundas entre los mandalas y los tableros de juego que insisten en la idea fundamental de la oposiciA?n aparente de dos principios complementarios; asA� se ha dicho queA� el mandala es a�?una imagen sintA�tica y dinamA?gena a la veza�? a��esto es, reA?ne y separa, como todo sA�mboloa��a�?que representa y tiende a hacer superar las oposiciones de lo mA?ltiple y. lo uno, de lo exterior y. lo interior, de lo difuso y. lo concentrado, de lo espaciotemporal y lo extraespacial e intemporala�?,A� en todo lo cual se halla una correspondencia exacta con el programa simbA?licoa�? fundamental del Juego de la Oca.A�

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LA PARTIDA COMO “RITO DE PASO” O VIAJE RITUAL

Durante la partida, los jugadores parten de la multiplicidad para llegar a la Unidad –es decir, pasan de la secuencia numerada de la espiral a una casilla central sin numeraciA?n–; van de lo exterior a lo interior –desde una posiciA?n perifA�rica alcanzan la zona interna del tablero de juego–; proceden de lo difuso a lo concentrado –el recorrido en el juego equivale en todos los sentidos a una a�?concentraciA?na�?–; en definitiva, los participantes trascienden la esfera espacio-temporal (representada por la espiral, que simboliza aquA� el a�?curso de las formasa�? del mundo manifestado,esto es, el dominio de los estados cambiantes y de la sucesiA?n temporal a��emblemas, nA?meros de la espiral– para acceder finalmente a lo extraespacial y lo intemporal, simbolizados por el punto central del tablero, que segA?n su propia definiciA?n geomA�trica, carece deA� a�?magnitudesa�? o lo que es lo mismo,A�se halla fuera de lo espacial A�y no estA? numerado (lo que significa que se dispone fuera de la dimensiA?n temporal o cA�clica representada por la secuencia numA�rica de la espiral).

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(Fanes o Aion Mitraico)

A�Existen aA?n otras vinculaciones de los mandalas y los juegos, que nos interesa especialmente recoger en cuanto ponen de manifiesto el carA?cter realmente iniciA?tico del Juego de la Oca. En la prA?ctica ritual del juego, el tablero sirve de soporte para un viaje ritual orientado a travA�s de la espiral hacia la meta central, del mismo modo que en el la meditaciA?n, el mandala es a�?el apoyo del viaje mental hacia el centro del diagrama, hacia la iluminaciA?na�?.

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EL TABLERO DE JUEGO COMO IMAGO MUNDI

De manera anA?loga a los yantras y los mandalas, los tableros de juego constituyen una imago mundi, una imagen del mundo, presentado en su dualidad fundamental: Cielo (cA�rculo) y Tierra (cuadrado), con sus lados orientados hacia los cuatro puntos cardinales o a�?extremos del mundoa�?, en tanto que el punto medio representa el Centro Puro de todas las tradiciones. Hecho a imagen y semejanza del mundo inteligible, el tablero o terreno de juego supone una recreaciA?n de la hierofanA�a original, una reproducciA?n simbA?lica de la obra ejemplar de la CreaciA?n (“En el principio creA? Dios los cielos y la tierra” Gn.I,I ), tendiendo a sustituir la anarquA�a de las relaciones naturales (“la Tierra desordenada y vacA�a”, Gn.I,II) por un orden y unas reglas que son, a su vez, reflejo de las del mundo divino.

El tablero de juego, como el mandala , es la exposiciA?n grA?fica del conflicto entre el Orden y el Caos, y la acciA?n de jugar expresa el a�?anhelo final de Unidad y retorno a la condensaciA?n original de lo inespacial y lo intemporala�?. Si el tablero de juego es un a�?esquemaa�? de la CreaciA?n, entonces el centro representa el Fiat Lux original (lo que conviene a la idea del Centro como punto que a�?irradiandoa�? en las cuatro direcciones principales del espacio da lugar todo lo manifestado, simbolismo que puede ser encarado desde dos puntos de vista, segA?n hagamos una lectura descendente o a�?macrocA?smicaa�? (en la que el Fiat Lux determina el momento en que Dios crea el mundo, haciendo del Caos un Cosmos) o una lectura ascendente o a�?microcA?smicaa�? (en la que el jugador, emulando al Supremo ArtA�fice, consigue superar el conflicto, haciendo igualmente un Cosmos del Caos, lo que constituye el instante del Fiat Lux iniciA?tico, que algunos denominan a�?iluminaciA?na�?).Por eso se dice en la tradiciA?n hindA? que, el individuo, en su proceso de liberaciA?n de las cadenas de la vida, sigue una trayectoria inversa a la que siguiA? en el proceso de su entrada en la manifestaciA?n.

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TODO ESTA? DISPUESTO SEGAsN EL NAsMERO

A�Hay efectivamente en el Juego de la Oca un aspecto a�?aritmolA?gicoa�? de gran relevancia que complementa su parcela iconogrA?fica; de esta configuraciA?n numA�rica devienen ademA?s las aplicaciones a�?tA�cnicasa�? del juego como instrumento adivinatorio y astrolA?gico que algunos autores han observado muy justamente.A� En primer lugar, la divisiA?n de la espiral en 64 casillas (incluA�da la viA�eta central a la que corresponde virtualmente esta cifra) coincide con la del tablero de ajedrez y con la del antecedente del parchA�s,el caupur, todos ellos basados en el esquema del asthA?pada hindA?, un diagrama de 8 x 8 cuadrados, del que aquA�llas son variantes mA?s o menos complejas;A� este nA?mero 64 es tambiA�n el de los hexagramas del I ChingA� cuyas combinaciones, que surgen del a�?machihembradoa�? de los dos trigramas bA?sicos, constituyen la totalidad del mundo manifestado.

Del mismo modo se dice que la cifra 63, la totalidad de las a�?figurasa�? de la espiral del Juego de la Oca, a�?es el A?ltimo nA?mero del universo creado, expresa el fin de un ciclo, el cierre de un anillo, el tA�rmino de una carreraa�?, y completa el conjunto de la manifestaciA?n junto al nA?mero 64, que ocupa en el juego la posiciA?n central representando la Unidad metafA�sica (64, por reducciA?n de sus cifras componentes, equivale a 1; 6+4=10;1+0=1). Se podrA�an aA?n seA�alar otras muchas correspondencias, como las 64 puertas del ParaA�so de Vaikuntha, morada celestial de VishnA? y equivalente al sA�mbolo cristiano de la JerusalA�n Celeste,A� pero nos limitaremos finalmente a comentar que la cifra que nos ocupa, 64, es submA?ltiplo del nA?mero cA�clico fundamental 25920 (el Gran AA�o pitagA?rico), que mide la precesiA?n de los equinoccios, lo cual conviene al simbolismo cA�clico de la espiral en elA� juego como representaciA?n del mundo manifestado en su doble dimensiA?n de espacio y tiempo.

La espiral numerada constituye entonces, en este sentido, una representaciA?n del Cosmos donde se sitA?an los a�?diez mil seresa�?, conjunto de la manifestaciA?n universal, en la cual las diversas cifras corresponderA�an a los a�?nombresa�? de todo lo creado, estos es, las propias criaturas son nA?meros, en tanto surgen del Principio que es la Unidad;A� idea que por otra parte expresan diversas tradiciones en que el Universo es creado a partir del Logos, que admite esa doble significaciA?n de nA?mero y nombre; por lo demA?s, la relaciA?n estrecha, incluso vale decir la identificaciA?n, de la a�?ciencia de los nA?merosa�? y la a�?ciencia de las letrasa�?, en razA?n de las correspondencias numA�ricas de estas A?ltimas, es evidente en expresiones como la KA?bala judA�a o las doctrinas del Pitagorismo. En cuanto a la divisiA?n numA�rica como representaciA?n del tiempo, es una idea que se encuentraA� por ejemplo en PlatA?n, cuando describe la creaciA?n del mundo a partir del Paradigma: a�?AsA�, cuando hubo ordenado todo el Cielo, (Zeus) hizo de esta Eternidad que siempre permanece en su unidad una imagen sempiterna que se mueve de acuerdo con el nA?mero: esto mismo que hemos llamado tiempoa�?.

Il Dilettevole Gioco del' Oca (The Delightful Game of the Goose) (1700s)

(Tablero anA?nimo del siglo -XVIII impreso en Boloia con dibujos en las esquinas de (lo que parece ser) personajes de la Comedia dellA?Arte y una pareja central mirando la oca con avidez. Como la mayor parte de los tableros de la oca, este ejemplar tiene 63 casillas jugables numeradas)

LA ESCALA PLANETARIA EN EL JUEGO DE LA OCA

Se dan en la configuraciA?n numA�rica de la espiral otras cifras muy significativas, especialmente 7 y 9, que fragmentan la totalidad inicial (63) en siete sectores de nueve casillas, divisiA?n que ofrece un notable parecido con las representaciones tradicionales de la escala planetaria o las figuraciones de los a�?cielosa�? o a�?paraA�sosa�? medievales, en los que cada esfera estaba bajo la a�?influenciaa�? de un astro, y cuya vinculaciA?n con el proceso iniciA?tico nos parece evidente. Recordemos en los misterios mitraicos, por ejemplo, el papel de la escala de siete peldaA�os asimilados a los siete metales astrolA?gicos, o en el ritual masA?nico, los siete escalones de la escalera de caracol que simbolizan a�?las siete fases del proceso de iniciaciA?n, los siete niveles de consciencia y las siete artes liberalesa�?.

En el juego de la Oca, catorce casillas estA?n ocupadas por una oca; estas 14 ocas se hallan dispuestas al modo de la cosmogonA�a rosicruciana; siete segmentos consecutivos y centrA�petos, integrado cada uno de ellos por nueve celdas rematadas por un ave solar (el fA�nix, el A?guila imperial); las ocas se situA?n aparentemente espaciadas cada 5 casillas de la anterior y cada 4 de la siguiente, pero en realidad estA?n divididas en dos grupos, en los que estas aves aparecen de 9 en 9 casillas, segA?n se detalla seguidamente:

grupo I: 5-14-23-32-41-50-59

grupo II: 9-18-27-36-45-54-63

De manera que el conjunto se presenta como dos espirales gemelas de siete ocas, asociadas respectivamente a los nA?meros 5 y 9 (a los que pueden ser reducidas mediante suma de sus dos componentes todas las cifras reproducidas arriba). PodrA�an tener relaciA?nA� estas dos ocas gemelas conA�los “dos pA?jaros, inseparables amigos, que se posan en el mismo A?rbol; uno de ellos come el fruto dulce, mientras el otro mira sin probar bocado.”(Mundaka Upanishad III,1), queA�A�simbolizanA�el jivA?tma y el A�tmA?, es decir, los dos grados del SA�-mismo.

Del mismo modo, los nA?meros 5 y 9 que designan a las ocas gemelas participan del simbolismo de la Dualidad CA?smica y representan, en una de sus acepciones, las dos vA�as principales (mA?rgas) de realizaciA?n metafA�sica del ser humano.A� En tanto el cinco es, segA?n la doctrina pitagA?rica, el nA?mero nupcial, emblema de la Hierogamia, conjunciA?n del principio celeste (3) y terrestre (2), representando los cinco sentidos y las cinco formas sensibles de la naturaleza (ciencias cosmolA?gicas), dicho nA?mero se vincula a la VA�a de los PequeA�os Misterios (Bhakti Yoga) o IniciaciA?n Real, que culmina con la realizaciA?n del a�?AndrA?gino primordiala�?. El nA?mero nueve, imagen completa de los tres mundos, de la Gran TrA�ada (Cielo-Hombre-Tierra), lA�mite de la serie numA�rica antes de su retorno e integraciA?n en la Unidad, se asocia a la VA�a de los Grandes Misterios (JnA?na Yoga) o IniciaciA?n Sacerdotal, que cristaliza en la realizaciA?n de la a�?Identidad Supremaa�?.

Estas dos cifras, 5 y 9, aparecen en estado puro en las dos primeras ocas del juego, separadas por el Puente, sA�mbolo en este caso del paso desde la realizaciA?n de la individualidad integral o a�?estado primordiala�? o a�?EdA�nicoa�?, meta de los PequeA�os Misterios, a la realizaciA?n de la a�?Identidad Supremaa�? u obtenciA?n de los a�?estados supraindividualesa�?, meta de los Grandes Misterios. En otras palabras, 5 y 9 respresentan al a�?Hombre Verdaderoa�? y al a�?Hombre Trascendentea�?, siendo aquA� la significaciA?n particular del Puente la del trA?nsito a�?de la muerte a la inmortalidada�?, el paso de los estados individuales a los supraindividuales. Sobre este punto es necesario aclarar una cuestiA?n de importancia extrema, y es que la dualidad entre las dos vA�as se presenta en sendos planos de realizaciA?n horizontal y vertical donde la primera sirve de base o punto de partida a la segunda, lo que en el Juego de la Oca se traduce en el recorrido de la espiral plana hasta el centro del tablero (el JardA�n de la Oca, sA�mbolo del ParaA�so Terrenal), y la trayectoria del eje vertical que arranca desde ese centro, eje que lleva hasta la obtenciA?n de la a�?Identidad Supremaa�?, que queda fuera del a�?programaa�? del juego como soporte iniciA?tico, al menos en lo que se refiere a su dimensiA?n ritual o activa.

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LA DOBLE ESPIRAL

A�Las dos series septenarias de ocas son una representaciA?n del sA�mbolo de la doble espiral, en cuanto emblema de la Dualidad CA?smica, y constituyen probablemente el mA?s relevante de los que se asocian al repertorio simbA?lico del Juego de la Oca; habida cuenta de su complejidad, nos limitaremos con reseA�arA� algunas cuestiones fundamentales, entre ellas que la espiral del Juego de la Oca es en realidad una doble espiral, que admite dos lecturas, definidas respectivamente por un sentido centrA�peto y otro centrA�fugo, que se asocian a la iniciaciA?n a�?ascendentea�? y a�?descendentea�?, aun cuando sA?lo el primero de ellos sea el que desarrolle el juego, siendo este movimiento de retorno al origen (centrA�peto) el que indica a�?la vA�a seguida por el sabio para alcanzar la uniA?n con el Principioa�?.

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Observaremos tambiA�n que el sentido ascendente y descendente de la doble espiral se relaciona con las dos fases complementarias e inversas de la manifestaciA?n universal, denominadas en la doctrina hindA? Kalpa y Pralaya, y consideradas como los a�?dA�as y las noches de Brahmaa�?; concepciA?n de la formaciA?n de todas las cosas a partir del Principio Supremo, al cual deben volver en la disoluciA?n final al concluir el ciclo completo; son dos a�?ritmosa�? que se corresponden en suA� a�?desplieguea�?A� y a�?replieguea�?, con las dos fases de la respiraciA?n (aspir y expir), o del Soplo divino.

Estas dos secuencias de la doble espiral responden a la estructura rA�tmica del movimiento que tiene lugar en el interior del laberinto, a�?que procede no de forma rectilA�nea, sino en un cierto sentido de una alternacia de sA�stole y diA?stolea�?, cuya relaciA?n con el nacimiento y la muerte han sido ampliamente discutidas en otras ocasiones para volver a insistir en ellas. Las dos fases de las que acabamos de hablar se encuentran igualmente en la alquimia, donde son llamadas Solve et Coagula,A� a�?disoluciA?na�? y a�?coagulaciA?na�?, y ello porqueA� el a�?Opus Alchimicuma�? sintetiza simbA?licamente el conjunto del ciclo cA?smico.

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LA DOBLE ESPIRAL Y EL HUEVO DEL MUNDO

A propA?sito de la doble espiral, RenA� GuA�non asegura queA�A�sta a�?se refiere al simbolismo de los dos hemisferios, uno luminoso y el otro oscuro, (yang, en su sentido original, es el lado de la luz, y yin el de la sombra), que son las dos mitades del “Huevo del Mundo”, asimiladas respectivamente al Cielo y la Tierra.a�? –y prosigue diciendo–a�?son tambiA�n, para cada ser las dos mitades del AndrA?gino primordiala�?.A� Estos dos hemisferios estaban figurados entre los griegos por los tocados redondos de los DiA?scuros, que son a�?las dos mitades del huevo de Leda, es decir, del Huevo del cisne, que, como tambiA�n el huevo de serpiente, representa el “Huevo del Mundo” de la tradiciA?n hindA?.a�? El nacimiento del mundo a partir de un huevo es un mito comA?n a celtas, griegos, egipcios, fenicios, cananeos tibetanos, hindA?es, vietnamitas, chinos, japoneses, poblaciones siberianas e indonesias y aA?n otros. AsA�, en el Ritual egipcio se da al universo la denominaciA?n de a�?huevo concebido en la hora del Gran Uno de la fuerza doble (…)a�?.

En la tradiciA?n religiosa de la India, el Huevo del Mundo es incubado por Hamsa, una oca sagrada, encarnaciA?n del bodhisattva SiddhA?rta en los jatA?ka y montura del dios Brahma, que como tal aparece con frecuencia en la iconografA�a y la escultura ornamental. Las hamsa son tambiA�n sA�mbolo de las almas que ascienden a las divinas mansiones. En el mito hindA?, el huevo cA?smico, incubado por la oca Hamsa, se separa en dos mitades para dar nacimiento al cielo y la tierra (la polarizaciA?n del andrA?gino, las dos series septenarias de ocas) AsA� el BrahmA?nda hindA? se separa a�?en dos semiesferas de oro y de plataa�?,A� el huevo de Leda da nacimiento a dos DiA?scuros, CA?stor y PA?lux, dos gemelos, uno mortal (jivatma) y otro inmortal (Atma). El huevo primordial del shinto se divide en dos mitades, una ligera y una densa (cielo y teirra);etc. La palabra Hamsa, en sA?nscrito, designa ademA?s al HA?lito divino (que tambiA�n se asocia a la CreaciA?n y la DisoluciA?n del Mundo) yA� a la casta A?nica anterior a las cuatro castas diferenciadas de la sociedad tradicional hindA?.

Estableciendo una correspondencia del mito del a�?Huevo CA?smicoa�? incubado por Hamsa con el simbolismo del Juego de la Oca, encontramos que si la lectura centrA�fuga o descendente de la espiral designa el nacimiento del mundo por la escisiA?nA� o fragmentaciA?n en dos mitades del Ser original, proceso que en muchas tradiciones se asimila a un sacrificio, la lectura centrA�peta o ascendente implica la reuniA?n de las dos mitades diferenciadas del ser humano en el androginismo del Ser total central, lo que implica en este orden de cosas, que el itinerario centrA�peto seguido por el jugador concierne al sentido general de la reintegraciA?n de lo manifestado en la unidad principial.

Il nuovo et piacevole gioco dell ocha (1598)A�

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LAS PRUEBAS INICIA?TICAS

Volviendo a los nA?meros, observamos que tambiA�n se cuentan entre las casillas que consituyen las a�?venturasa�? y a�?desventurasa�? del juego hasta un total de siete (el Puente, la Posada, los Dados, el Pozo, el Laberinto, la CA?rcel y la Muerte), o nueve segA?n otros autores, que incluyen la duplicidad de los Dados (casillas 26 y 53) y aA�aden la casilla 63 (la puerta del JardA�n de la Oca).

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(Entrada al mitreo de Ostia)

Nosostros nos inclinamos por la primera enumeraciA?n, en tanto las siete casillas a�?fastasa�? y a�?nefastasa�? simbolizan el proceso deA� a�?purificaciA?na�? (el a�?martirio de los metalesa�? alquA�mico) a la que ha de someterse el neA?fito que pretende, tras superar una serie de pruebas, alcanzar el antro iniciA?tico ( el centro del tablero) para obtener efectivamente la iniciaciA?n. a�?Todo transcurre en las siete salas laterales del templo: el Sancta Sanctorum en el centro sA?lo es accesible “cuando de dos se haga uno” y se franquee la puerta de la muerte y de la putrefacciA?na�?(J.Browring, Panel de trabajo para el 2A? grado masA?nico , 1819.) En el Juego de la Oca, como se explicita en la fA?rmula masA?nica precedente, el acceso al Sancta Sanctorum central (la meta) sA?lo es posible una vez superada la Muerte (casilla 58), cuando a�?de dos se haga unoa�?; situada tras la muerte, en la casilla 59, aparecen efectivamente juntosA� los dos principios complementarios (5 y 9) del andrA?gino primordial, siendo ademA?s el A?nico caso en todo el juego en que ambos dA�gitos aparecen a�?reunidosa�?.

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Estas siete pruebas, por otro lado, podrA�an relacionarse con los siete centros sutiles del ser humano, segA?n la doctrina tA?ntrica (asA� se dice que a�?los santos y sabios tienen “siete agujeros” en el corazA?na�?. En el KundalA�ni yoga, los siete centros sutiles (chakras) son abiertos por las dos serpientes Ida y Pingala, que ascendiendo desde el MA�lA?dhA?ra (centro sutil localizado en la regiA?n genital) en torno a un eje alcanzan la cima en el Brahma-randra (la coronilla) donde se sitA?a el Shakra supremo, el “Loto de mil petalosa�?. El simbolismo de estas dos serpientes equivaldrA�a al de las dos espirales gemelas del Juego de la Oca, en la que las siete ocas que las constituyen son representaciones de los estados superiores del ser: a�?viniendo del norte o volviendo a A�l, estas aves simbolizan los estados superiores o angA�licos del ser en curso de liberaciA?n y volviendo hacia el Principio supremoa�?A� (idA�ntico significado tienen las alas en las que culmina el caduceo hermA�tico, bastA?n de Mercurio, el dios hermafrodita, sA�mbolo del andrA?gino primordial de naturaleza blanca y negra, cuya relaciA?n con el esquema kundalA�nico es evidente).

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TambiA�n las diversas “penalidades” formuladas en los juramentos de los diferentes grados masA?nicos, a�?asA� como los signos que a elas corresponden, se refieren en realidad a los diversos centros sutiles del ser humanoa�?. En alquimia, asA�mismo, son siete las fases que conducen a la roca central del lapis (la piedra filosofal), las siete fases alternantes del Solve et Coagula (tintura, coagulaciA?n, destilaciA?n, putrefacciA?n, soluciA?n, sublimaciA?n, calcinaciA?n), compendio de la Gran Obra alquA�mica. Estas etapas del a�?Opus Alchimicuma�?, en tanto proceso circulatorio ascendente y descendente, se representan tambiA�n como pA?jaros volando hacia el cielo o descendiendo hacia la tierra.

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LA DOBLE ESPIRAL COMO IMAGEN DE LOS CICLOS CA�SMICOS

A�No nos detendremos mucho tiempo en este aspecto aritmolA?gico o numA�rico del Juego de la Oca, que bastarA�a sin embargo para exponer la prA?ctica totalidad de sA�mbolos presentes en el mismo; concluiremos por tanto esta cuestiA?n diciendo que, en un plano macrocA?smico, las dos espirales gemelas compuestas por siete ocas equivalen en la doctrina hindA? de los ciclos a las dos series septenarias que componen un Manvantara, eras de los sucesivos Manus, legisladores primordiales o a�?polosa�? de la manifestaciA?n, hasta un nA?mero total de 14;A� y que corresponden tambiA�n a los siete Dwipas o “regiones” en las que estA? dividido nuestro mundo, segA?n la misma tradiciA?n, o a las “siete tierras” del esoterismo islA?mico y la KA?bala judA�a; de las que se afirma que a�?cada una de ellas regida por un “Polo” (Qutb)a�? hasta un total de siete, todos ellos subordinados al a�?Poloa�? supremo. AA�adiremos que lo siete a�?polosa�? terrestres estA?n considerados como reflejos de los siete a�?polosa�? celestes, que presiden respectivamente los siete cielos planetariosa�?. Del mismo modo, todo este simbolismo cA�clico se halla presente en la espiral del juego (que hemos considerado una representaciA?n del mundo) igualmente dividida en dos series septenarias, cada una a�?regidaa�? por dos ocas, una terrestre y otra celeste, que se vinculan a las cifras 5 y 9 que a�?regulana�? el juego, y que dependen del Polo Supremo, siendo A�ste uno de los significados de la Gran Oca que aparece en el centro de algunos tableros,A� la cual se constituye , como Brahma, en a�?el A?nico pA?jaro en medio del mundoa�? (Svetasvara Upanishad, Sexto Adhaya, 15)

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EL SIMBOLISMO DEL COMBATE Y LA RESOLUCIA�N DE LOS CONFLICTOS

A�La Dualidad CA?smica se expresa con frecuencia como un combate entre dos principios antagA?nicos; en ese caso, conviene recordar que en los juegos interesa no el conflicto en sA� mismo sino como medio para la soluciA?n de una oposiciA?n; siendo el objetivo mismo de la guerra es el restablecimiento de la paz. Por lo demA?s, esta componente conflictiva o competitiva de los juegos es incontestable: sin disputa, sin drama, difA�cilmente hay juego.

El tablero de juego, conceptuado como escenario de un conflicto (especialmente en el caso de ajedrez), tiene la significaciA?n general de la existencia concebida como “campo de acciA?n” (kshetra) de las fuerzas divinas: a�?en su significado mA?s universal, el combate figurado por el juego del ajedrez representa a��segA?n Titus Burkhardt–A� el de los devas con los asA�ras, los “dioses” con los “titanes”, o los “A?ngeles” con los “demonios”, derivA?ndose de este todos los demA?s significados del juegoa�?.

En el Juego de la Oca, este aspecto agonA�stico se presenta de varias maneras, entre ellas, la rivalidad entre cada jugador y sus oponentes, que aparece como una “carrera” hacia la meta; en la lucha individual de cada jugador con las diversos obstA?culos que se presentan en el recorrido del tablero; en el conflicto entre la voluntad del jugador contra el “azar” o representado por la tirada de dados (voluntad y destino); pero sobre todo, el conflicto fundamental se da entre lo exterior y lo interior, esto es, las respectivas posiciones del jugador en el inicio y el final del juego.

tablero oca

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UN EPISODIO EN LA GUERRA DE TROYA

A�Por otro lado, la existencia en el juego de esta vertiente agonA�stica tan acusada no debe extraA�ar teniendo en cuenta que, tradicionalmente, los juegos, como las ciencias cosmolA?gicas y la poesA�a A�pica, son creaciones concebidas por los Brahmanes (casta sacerdotal) de un modo apropiado a la naturaleza y a la funciA?n de los Kshatriyas (casta guerrera) que es a quiA�nes se dirige especialmente, en cuanto su A?mbito de realizaciA?n espiritual es el dominio de la acciA?n. En una leyenda que atribuye un origen griego al Juego de la Oca, se encuentran elementos que indican la naturaleza herA?ica o a�?caballerescaa�? del mismo; segA?nA�apuntan diversos autores,A�se cree que durante el asedio a la ciudad de Troya, un genial estratega llamado Palamedes, nieto de PoseidA?n y al que se atribuyen numerosos ingenios y tambiA�n juegos, como los dados o el alquerque, a�?creA?, con el propA?sito de ayudar a los soldados a soportar el prolongado asedio, un entretenimiento consistente en un recorrido circular, procedente directamente de una formaciA?n de combate, en el que el destino y los dioses regulaban la progresiA?n de los jugadoresa�?.

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EL DISCO DE PHAISTOSA� Y EL ESCUDO DE AQUILES

Al hilo de este espisodioA� se ha querido ver en el llamado disco de Phaistos, un disco de arcilla cocida impreso por ambas caras con una lA�nea en espiral a lo largo de la cual discurren 61 casillas historiadas con diversas represntanciones, descubierto en 1908 en la isla de Creta y datado como del aA�o 2000 A.C., el antecedente mA?s antiguo del Juego de la Oca. Otros autores, sin embargo, siguiendo tambiA�n la huella troyana, han seA�alado el escudo de Aquiles, descrito asA�mismo por Homero a��IlA�ada, XVIII,478-479– como el autA�ntico modelo para el juego; en el escudo, que a menudo usaba el hA�roe como tablero de juego, figuraban, dispuestos a la manera de una danza ritual laberA�ntica,A� la tierra y el cielo y todos los astros,A� y dos ciudades; a�?en una se celebraban bodas y festines (a��) la otra aparecA�a cercada por dos ejA�rcitosa�? (se hallan en esta A?ltima descripciA?n referencias claras a la dualidad cA?smica, por un lado, y al conflicto primordial –una ciudad asediada por dos ejA�rcitos– resuelto finalmente mediante la Hierogamia (son las a�?bodas y festinesa�? que menciona el texto).

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(imA?genes del escudo de Aquiles)

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A�Obviando el discutible valor histA?rico de esta leyenda, decA�amos, se hallan en ella cuestiones muy interesantes desde el momento en que ponen de manifiesto la importancia del factor agonA�stico y herA?ico en el Juego de la Oca; en primer lugar, porque se dice que A�ste fue concebido para los soldados, para los guerreros, de ahA� la expresiA?n a�?juego noblea�? que se daba al Juego de la Oca en la Edad Media. En segundo lugar, porque se afirma queA� la estructura del juego procedA�a de una a�?formaciA?n de combatea�?, que no puede ser muy diferente de la del Chakra-vyA�ha, el a�?orden de batalla impenetrablea�? de forma laberA�ntica descrito en el MahA?bhA?rata, de la Danza de Teseo o el Troiae Lusus, o de las formaciones militares (circunvalaciones) que se empleaban igualmente como medio de ataque o como lA�nea defensiva de una plaza o fortaleza (este mismo sentido se encuentra en el laberinto entendido como “nudo con funciones protectoras” apotropaicas, o como vA�a hacia el interior,A� y se halla tambiA�n las aplicaciones rituales, y mA?gicas de nudos y lazos a los queA� corresponden un uso “benA�fico” o “malA�fico” de aquA�llos).

(Chakra Vyhua)

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El disco de Phaistos

BasA?ndose en estas concomitancias, se ha afirmado que a�?el juego de la Oca asocia la progresiA?n heroica en un itinerario de forma laberA�ntica y la lucha por conquistar una ciudad inexpugnable. En los dos casos el jugador (…) debe alcanzar lo inaccesible, lo que le convierte en hA�roe.” Lo que merece destacarse aquA�, por encima de las posibles semejanzas delA� laberinto y la espiral del Juego de la Oca y sus correspondencias simbA?licas, es la existencia de un simbolismo a�?caballerescoa�? fundamentalA� en dicho juego, que hace de su prA?ctica una disciplina a�?noblea�?, un a�?Arte Reala�?, donde a�?la razA?n de ser esencial de la guerra es la de acabar con un desorden y resablecer el orden (…) la unificaciA?n de la multiplicidad; la guerra –no limitada a un sentido exclusivamente humano– representa el proceso cA?smico de reintegraciA?n de lo manifestado a la unidad principiala�? (GuA�non). a�?Esta es la enseA�anza del juego; el kshatriya que se entrega a A�l no encuentra sA?lo un pasatiempo, un medio de sublimar su pasiA?n guerrera y su necesidad de aventura, sino tambiA�n, en la medida de su capacidad intelectual, un soporte especulativo, una vA�a que conduce de la acciA?n a la contemplaciA?na�? (Burckhardt). El paso de la acciA?n a la contemplaciA?n viene dado por el acceso al punto central del tablero, instante en que cesa el movimiento del jugador. El acceso al centro del tablero determina asA� la resoluciA?n de los conflictos y la obtenciA?n de la “Gran Paz”.

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EL JUEGO DE LA OCA COMO JARDA?N DE AMOR

En en este contexto A�pico, ademA?s, la coincidencia opositorum de los principios masculino (Yang) y femenino (Yin), que en el SA?nkhya hindA? es la pareja Purusha -Prakriti, aparece como un matrimonioA� o connubio entre el hA�roe y la noble dama, que se produce al final de un viaje, que incluye una serie de pruebas o a�?trabajosa�? que aquA�l ha de llevar a buen tA�rmino, y que responden en general al simbolismo de las a�?pruebas iniciA?ticasa�?. El significado de tal evento, tA�pico en las sagas heroicas y en la mayorA�a de las novelas de caballerA�as, donde presenta los rasgos del a�?amor cortA�sa�?, es el de la repeticiA?n ritual de la hierogamia cA?smica, la unificaciA?n del padre Cielo y la madre Tierra, y se podrA�aA� interpretar acertadamente este simbolismo en tA�rminos tA?ntricos. El Juego de la Oca admite igualmente un estudio segA?n este modelo herA?ico; sin que nos sea posible insistir en esto ahora, nos contentaremos con seA�alar algunas claves, entre las que destacamos la idea principal del itinerario del jugador a travA�s de una vA�a surcada de pruebas como figuraciA?n de la a�?gestaa�? o a�?demandaa�?, con el sentido que aparece en la a�?QuA?ste du Sanct Graala�?, una bA?squeda que culmina con el reencuentro con la amada, llA?mese a esta Ariadna, PenA�lope, Beatriz, o la a�?Dama del JardA�n de la Ocaa�?, que espera pacientemente a que el hA�roe supere la prueba del laberinto, desenredado la tela de araA�a que ella misma, la manifestaciA?n universal (MA?ya) teje y desteje afanosamente.

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Il novo et piacevol gioco del giardin d'amore (1590s)

A�AsA� como los esponsales entre Zeus y Hera se desarrollaron en el JardA�n de las HespA�rides, hemos visto que en el Juego de la Oca el encuentro de los amantes se produce igualmente en un JardA�n. Esta idea, que se vuelve a encontrar en los “laberintos de amor” tan extendidos entre 1550 y 1650, es de un lado la deA� la propiciaciA?n de la fecundidad y de otro lado la delA� jardA�n laberA�ntico como lugar de intrigas erA?ticas, y corresponde al concepto del Centro como lugar de los a�?opuestos coincidentesa�? que, como vimos con anterioridad, es uno de lo sA�mbolos fundamentales del Juego de la Oca. En A�ste, el centro se representa como un JardA�n, y como tal se identifica con el con el ParaA�so Terrenal, del que se dice que era a�?un JardA�n cultivado por AdA?na�?. TambiA�n aquA� se mantiene cuanto dijimos a propA?sito del Huevo del Mundo y las dos espirales descendente y ascendente, de modo que la expulsiA?n de la pareja AdA?n-Eva del JardA�n del EdA�n da lugar al origen del mundo y el regreso al estado edA�nico original, a travA�s de la reuniA?n de las dos mitades del andrA?gino, determina el regreso al PardA�s, a la Unidad Primordial indiferenciada.

A�Este viaje de regreso al JardA�n EdA�nico es el paradigma de los sA�mbolos de pasaje a los que hicimos alusiA?n al comienzo de este artA�culo, calificA?ndolos entonces como fundamentales dentro del repertorio simbA?lico del Juego de la Oca; obviando las mA?ltiples modalidades en que puede presentarse, que podrA�an asociarse en su mayor parte al sentido general del juego, sA?lo subrayaremos que, tradicionalmente, el viaje no es la simple traslaciA?n en el espacio, sino que esencialmente, implica la idea de cambio, de transformaciA?n, de trA?nsito, y en este orden de cosas es donde cabe ver una identificaciA?n con la muerte, entendida en su dimensiA?n mA?s amplia.

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A�LA MUERTE INICIA?TICA

La presencia de la muerte entre uno de los emblemas del Juego de la Oca ha suscitado toda clase de interpretaciones fantasiosas, que no dudan en situar su significado en la base de todo el a�?discursoa�? simbA?lico del juego; se ha llegado a decir que el propA?sito del juego a�?no es competir o ganar, sino llegar; o sea, morira�?, reduciendo toda la riqueza simbA?lica del juego a un simple a�?programa existenciala�?,A� e incluso se han propuesto no menos absurdas tesis a�?reencarnacionistasa�? carentes de todo fundamento, debidas a una observaciA?n superficial y al desconocimiento de las mA?s elementales nociones de simbolismo tradicional.

A�Hemos de aclarar que, si bien el sA�mbolo de la muerte es uno de los mA?s relevantes en el Juego de la Oca, como justamente ha sido observado, ello no implica que haya de ser contemplado como el objetivo final del mismo, y su posiciA?n en el tablero asA� lo indica expresamente; el a�?arcano sin nombrea�?, como reza la lA?mina XIII del Tarot, se halla enA� la casilla 58, y no en la viA�eta final, situaciA?n que le corresponderA�a de ser efectivamente la a�?metaa�? del juego, de lo que se desprende que cualquier interpretaciA?n del itinerario de los jugadores como un trasunto de la existencia humana es del todo errA?neo, o cuando menos, incompleto. Debe haber aquA� por tanto otra cosa.

A�El significado general, en el Juego de la Oca, de la Muerte, es anA?logo al del laberinto o la espiral, y ello por dos razones simbA?licas, la primera de las cuales se refiere al valor a�?apotropaicoa�? o de defensa que hemos observado en los trazados laberA�nticos, en los encuadres, las espirales y los nudos, que con este propA?sito de protecciA?n mA?gica se representaban en los muros de las casas. Como la casilla de la muerte, el laberinto y la espiral a�?permiten o vedan, segA?n los casos, el acceso a determinado lugar donde no todos pueden penetrar indistintamentea�?, logrA?ndolo A?nicamente los que estA?n “cualificados” ; esta idea de “selecciA?n” conviene ademA?s al sentido de las a�?pruebas iniciA?ticasa�?, de las que la espiral misma no son sino una representaciA?n, y no la iniciaciA?n en sA� misma, que sA?lo puede tener lugar en el CorazA?n del Antro IniciA?tico, en el Centro del laberinto, en la meta final, que se presenta asA� como un lugar resevado a los “escogidos”.

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(Este ejemplar contiene el mayor nA?merode casillas: 142)

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El dios egipcio Geb, tocado con una oca sagrada

El connubio sagrado

A�Geb y Nut

(El mehen, o juego egipcio con un tablero en forma de serpiente enrollada sobre sA� misma; su simbolismo participa del propio del Juego de la oca)

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LA MUERTE COMO MONSTRUO ANDRA�FAGO

A�En segundo lugar, el papel de la muerte en el juego corresponde al del a�?monstruo devoradora�?, que impide al hA�roe llegar a la dama, custodia el tesoro o defiende el acceso al antro iniciA?tico, otros tantos sA�mbolos del Centro espiritual; monstruo al que hay que combatir y vencer; y este aspecto se halla igualmente en la leyenda de Teseo y el Minotaruo, que acecha en el centro del laberinto, y asA�mismo se encuentra en el sA�mbolo de la serpiente enroscada en el A?rbol, cuyo esquema repite en el tablero la espiral enrollada alrededor del eje central, donde responde al papel de la serpiente como guardiana de determinados sA�mbolos de la inmortalidad, entre ellos el acceso al ParaA�so. En algunas tradiciones, el recorrido de los direrentes estados de la manifestaciA?n estA? representado por la migraciA?n del ser por el cuerpo de una serpiente; lo que nos remite al simbolismo del samsara bA?dico, la rueda de la vida, de la que el ser debe libearse para alcanzar el Nirvana.

A�Pero la significaciA?n mA?s profunda de la Muerte es la que se vincula al simbolismo del a�?GuardiA?n de la Puertaa�?, el a�?GlotA?na�? o a�?Monstruo AndrA?fagoa�?, un sA�mbolo de variadas formas que se encuentra representado a menudo en las puertas de los templos de las culturas mA?s diferentes, incluido el arte romA?nico europeo, donde con frecuencia adopta los rasgos de una cabeza de leA?n, o usualmente, como dos leones que flanquean la entrada al espacio sagrado, y cuya versiA?n mA?s primitiva constituA�a una estilizaciA?n de un crA?neo humano.

A�Vinculado con la idea de la puerta, cuya funciA?n ademA?s detenta, Coomaraswamy dice que ese rostro, a�?es verdaderamente la “Faz de Dios” que a la vez mata y vivifica (no es exactamente una “calavera”, es decir, la “cabeza de un muerto”, sino que es “la cabeza de la Muerte”, o sea la de Mrtyu, otro de cuyos nombres tambiA�n es KA?la.a�?, que es tambiA�n el “Tiempo devorador” (y aquA� hay una indicaciA?n que explica la relaciA?n de Saturno con la muerte), la Muerte representa a�?la vA�a A?nica por la que todo ser ha de pasar necesariamente, presentA?ndose asA� como el “Guardian de la Puerta”, que debe franquear para liberarse de las condiciones limitativas de la existencia contingente y manifestada.

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LA DOBLE VA?A DE LA LIBERACIA�N

A�En el Juego de la Oca, la casilla de la Muerte actA?a separando a los jugadores, que hasta entonces han seguido el mismo itinerario, en dos caminos distintos; uno que conduce definitivamente hacia la meta, y el otro que reconduce al inicio del recorrido, de modo que el jugador que cae en la casilla 58, vuelve a empezar el juego. De manera anA?loga, el sA�mbolo del a�?GuardiA?n del Umbrala�? se presenta como una Puerta Doble, en el sentido que se dice de la Muerte que a�?segA?n el estado al cual ha llegado el ser que se presenta ante ella, su boca es para A�ste “Puerta de la LiberaciA?n” o las “Fauces de la Muerte”.

A�Estos dos itinerarios simbA?licos son los que puede seguir el ser humano en su proceso de liberaciA?n gradual, y son descritos de esta forma en un pasaje de la Bhagavad-Gita: a�?Voy a enseA�arte en quA� momento (a��) los que tienden a la uniA?n dejan la existencia manifestada, sea sin retorno, sea para volver a ella. (a��) Estas son las dos vA�as permanentes, una clara, la otra oscura, del mundo manifestado;A� a travA�s de una no hay retorno (la que conduce al centro, a la a�?salvaciA?na�?); a travA�s de la otra se vuelve hacia atrA?s (al mundo manifestado, al inicio de la espiral)a�? (Bhagavad-Gita, VIII, 23.26).Los mitA?logos griegos nos dicen que los dioses tomaban esta vA�a para dirigirse al palacio de Zeus, y que los hA�roes la seguA�an igualmente para entrar en el Olimpo.

A�Estas dos vA�as, llamadas en el Vedanta Pitri Yana y Deva Yana, o a�?Puerta de los Hombresa�? y a�?Puerta de los Diosesa�? en la traducciA?n que Homero hace en su IlA�ada al describir el a�?Antro de las Ninfasa�?, corresponden igualmente a las de las Puertas de los templos del romA?nico occidental, en las que el Cristo CronocrA?tor separa a los Condenados de los Elegidos, cuyo significado, vinculado al del Jano bifronte y las Puertas solsticiales, y por lo demA?s uno de los mA?s complejos del simbolismo tradicional, redunda en los conceptos de la Dualidad CA?smica y la doctrina de los ciclos que ya hemos seA�alado en diversas ocasiones sobre el significado general del Juego de la Oca. (1)A�

A�Todas estas observaciones sobre el simbolismo del Juego de la Oca, aunque incompletas, bastan para poner de manifiesto el grado de complejidad que presentan estas cosas, y cuA?ntas consideraciones es posible seA�alar en lo que se presenta exteriomente como un mero entretenimiento, cuyo alcance sin embargo es incomparablemente superior, una vez mA?s, a lo que dictan las apariencias.

Nuovo et Piaccevole Gioco detto il Barone (1550-1600)

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A�(En este detalle de un tablero es interesante destacar el “hortus conclusus” que corona el final del viaje: un simbA?lico JardA�n del Eden esperando con las puertas abiertas al ganador. Una imagen que compendiaA�el complejo simbolismo del Juego de la Oca.)

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BibliografA�a :

A�J. MartA�nez VA?zquez de Pargaa��s Juego, figuraciA?n y sA�mbolo. El tablero de la oca, Madrid: 451 Editores, 2008, and Miquela Fortezaa��s La xilografA�a en Mallorca a travA�s de sus colecciones. La imprenta Guasp (1576-1958), Palma: OlaA�eta, 2007.

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