EL GABINETE DE CURIOSIDADES DEL DR. VENTURI

El culto de la calavera, II

 

 

Nihil est in rebus inane
No hay nada sin sentido en las cosas.

Cuando llegaron al lugar llamado `”La Calavera“,

crucificaron allA� a JesA?s y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

LC. XXIII:33 *

 

 

El culto de la calavera (II)

Un esmerado corta y pega de los artA�fices de Viajes con mi tA�a

 

DecA�amos hace ya mA?s de un aA�o, en un primer acercamiento a este complicado asunto sobre un hipotA�tico culto universal de la calavera, que habA�an sido hallados en muchos pueblos primitivos y en la antigA?edad numerosos indicios que apuntan hacia la existencia de un culto semejante.A�Con frecuencia nos hemos cuestionado por quA� tantos grupos, sectas, conciliA?bulos y fraternidades secretas como la denominada Skull and Bones, han elegido como signo distintivo precisamente el crA?neo. O incluso si piratas yA�templarios tenA�an en comA?n, como algunos aseguran, la veneraciA?n por este mismo sA�mbolo. Para intentar buscar una respuesta a estas difA�ciles preguntas nos hemos remontado a los orA�genes de este emblema, indagando sobre su significado esotA�rico, tratando de llegar a las fuentes mismas de un antiquA�simo misterio. Ni quA� decir tiene que tras nuestra bA?squeda volvemos con mA?s preguntas que al comenzar, habiendo rasgado apenas el espeso velo de este oscuro arcano. Pero en este viaje hemos encontrado un buen puA�ado de curiosidades y anA�cdotas bien interesantes que creemos merece la pena compartir con ustedes.

 

Los Dayak, cazadores de cabezas en Borneo, practican una forma ancestral del culto de la calavera

 

Tradicionalmente el crA?neo se ha asociado, paradA?jicamente, A�con la inmortalidad A�- al ser de los pocos elementos del cuerpo humano que resisten a la corrupciA?n y la desintegraciA?n de la fosa- A�y se le ha considerado residencia de la vitalidad y del alma, por lo cual no es sorprendente que se le rindiera culto desde la prehistoria, hallA?ndose pruebas paleontolA?gicas y arqueolA?gicas abundantes que justifican esta teorA�a, A�en PekA�n, Java, la costa tirrA�nica y otros enclaves de Oriente. A�Diferentes vestigios arqueolA?gicos demuestran que en JericA? existiA? un culto a la calavera humana, desde el 7000 antes de Cristo, culto que debiA? consistir en conservar la calaveras como reliquias de los muertos en la extendida creencia de que la cabeza es residencia o fuente de poder espiritual.

 


Las famosas calaveras de cristal quizA? puedan sumarse a la lista de crA?neos numinosos que conforman este singular culto de la calavera extendido por todo el mundo

 

Se sabe tambiA�n, por diversos hallazgos bien documentados, que en la prehistoria el cerebro pudo haber sido comido sacramentalmente. A�Hay asA�mismo pruebas que apuntan hacia la realizaciA?n de trepanaciones rituales post-mortem entre los hombres primitivos, no sabemos si por una razA?n prA?ctica (para colgar los crA?neos, como hacen los Dayak de Borneo) o con alguna intenciA?n ceremonial.


( ObsesiA?n mediA?tica contemporA?nea con la calavera: * A?casualidad o asistimos, una vez mA?s, al desarrollo de un nuevo tipo de maniobra de ingenierA�a social o magia ritual masiva?)

 

 

Nos preguntamos si en nuestros dA�as el valor simbA?lico del crA?neo humano es idA�ntico al que la tradiciA?n le ortorga o si se ha devaluado a pesar de su ubicuidad en la sociedad contemporA?nea, ubicuidad que, para algunos, resulta altamente sospechosa *. Desde la antigua iconografA�a hasta convertirse en emblema y seA�a de identidad de la alienada juventud moderna, de reliquia a objeto de consumo, sufriendo una tortuosa transformaciA?n de sA�mbolo tradicional, cargado de significaciA?n, a blando, plasticoso y A�vacuo “logo” contemporA?neo, A�el crA?neo continA?a, por algA?n motivo que no alcanzamos a comprender, emanando su numinosa carga icA?nica.

 

Pintura de Victor RodrA�guez

 

Esta prA?ctica del culto del crA?neo animal y humano bien extendida en la prehistoria y fundamentada, segA?n distintas tesis antropolA?gicas, en el llamado “culto a los antepasados” podrA�a explicar en parte la persistencia del icono de la calavera y su fascinaciA?n a lo largo de los siglos. El crA?neo fue adorado y reverenciado y aA?n se guarda y se venera en muchas culturas, incluso hoy dA�a A�en el seno de la iglesia catA?lica (al parecer la que mA?s insiste en el culto de las reliquias en general y del crA?neo en particular, como veremos mA?s adelante). En otros tantos pueblos la adoraciA?n del crA?neo aparece en una asombrosa, colorida A�-o siniestra- A�variedad de modismos, algunos de los cuales no responden exactamente a esta perspectiva general del culto a los antepasados y quizA? requieren de otra explicaciA?n que intentaremos apuntar en los pA?rrafos que siguen.

 

 


 

El motivo de la fascinaciA?n de los pueblos precolombinos, particularmente los antiguos mexicanos (abajo) por la imagen de la muerte y las calaveras, responderA�a en parte al culto a los antepasados, presente en numerosA�simas culturas y bien documentado antropolA?gicamente.

 

 

Entre los antiguos aztecas, por ejemplo, la creencia de esta fuerza vital contenida en el crA?neo lo convertA�a instantA?neamente en objeto de santificaciA?n. Los antiguos mexicanos reconocA�an dos fuerzas primarias A�en el cuerpo humano que denominaban tonalli y teyolia; la primera se refiere al vigor, el calor del sol, el verano, y el alma. A�Pensaban que tonalli residA�a en la cabeza (el crA?neo): por eso, en la guerra, los guerreros decapitaban o cortaban el pelo al enemigo, pensando que podrA�an aumentar su propio “tonalli”. A�En los sacrificios pA?blicos, por otro lado, los enemigos eran decapitados para liberar esta energA�a (tonalli) y de este modo incrementar la del propio pueblo, como conjunto, en un efecto catA?rtico.

 


Ya hemos mencionado que el crA?neo humano era considerado en muchas culturas el trono de la fuerza vital del cuerpo y del espA�ritu, y como tal A�ha sido objeto de fervor; A�en parte por este motivo algunos pueblos A�solA�anA�”conservar para sA� los crA?neos de los muertos, en la creencia de que este acto les brindarA? el poder espiritual que sus poseedores tuvieron en vida.”

 

 

La asociaciA?n del crA?neo con esta fuerza vital nos remite al simbolismo general de la sangre, con la que tiene algunos paralelismos, especialmente en el A?mbito del rito del holocausto, llevado a cabo en distintos pueblos con mA?s o menos virulencia a lo largo de la historia. Esta vertiente sacrificial del culto a la calavera justifica su identificaciA?n simbA?lica con el vaso, copa o el receptA?culo sagrado que recoge la sangre derramada (como veremos en el caso del kapala, o cuenco de calavera tA?ntrico A�(4) , que participa del simbolismo del corazA?n y el Grial) y tambiA�n enlaza con el tema de la decapitaciA?n ritual y el culto de la cabeza cortada, extendido entre los celtas y los pueblos precolombinos, como veremos, y cuyas ramificaciones tambiA�n se mezclan con algunos de los elementos de la leyenda del grial. Este aspecto sacrificial del que hablamos, ademA?s, consituye seguramente uno de los mA?s enigmA?ticos y esenciales del culto de la calavera; en los pA?rrafos que siguen volveremos sobre este asunto de la cabeza cortada y su estrecha relaciA?n con el mito griA?lico y el crA?neo como objeto votivo.

 

 

Arriba, kapala o vaso tA?ntrico, remiscente del Graal occidental. Abajo, relicario con crA?neo (Santa Baume); hay calaveras y cabezas cortadas relevantes en la mitologA�a griA?lica. A�Algunos piensan que la misteriosaA�“cabeza” Caput L Virgo* que supuestamente veneraban los templarios pudo ser un relicario de este tipo, que conservaba el crA?neo del mismA�simo Juan el Bautista u otras cabezas cortadas conspicuas, como la de Goliath -segA?n otras versiones- ; el sA�mbolo del Bafometo (Mahomet o Bafomet) pudiera haberse relacionado tambiA�n con esta enigmA?tica cabeza templaria.

 

 

En la AmA�rica precolombina el fervor en torno a la calavera ha sido de especial relevancia. Es notable la fascinaciA?n del pueblo mexicano por ella desde la A�poca de los mexicas A�Por ejemplo, entre los mixtecos el crA?neo era un elemento A�importante en la labor temA?tica del oro. Se sabe que este culto del crA?neo trofeo vinculado con hA?bitos guerreros estaba muy extendido sobre todo en el norte de Chile . En la quebrada de Humahuaca se registra su prA?ctica con prisioneros espaA�oles. Con tradiciones muy diferentes a las de otros pueblos, A�acostumbraban a cortar la cabeza a sus enemigos y suspenderlas en picas.

 

Son tambiA�n numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispA?nicas las divinidades que participan de algA?n aspecto ctA?nico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegraciA?n. A�En los textos coloniales yucatecos esta deidad se denomina Ah Puch, “El Descarnado” , Kisin, o “El Apestoso” rey deA�XibalbA?, que representa el inframundo y tiene por cabeza, a menudo, una calavera.

 

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Antiguamente incluso la muerte tuvo tambiA�n una divinidad rectora, que se representaba tanto en los cA?dices como en las obras plA?sticas, como una calavera, un esqueleto o un cadA?ver en descomposiciA?n (Mictlantecuhtli) . A�Son tambiA�n numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispA?nicas las divinidades que participan de algA?n aspecto ctA?nico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegraciA?n.

 

 

Los mayas, los tarascos o los antiguos totonacos fueron devotos de la muerte. Todo parece indicar que hubo asA�mismo entre los aztecas un culto a la muerte muy arraigado. Entre losA�mochicas las numerosas representaciones de demonios con las caracerA�sticas cabezas-trofeo, asA� como otras figuraciones de cabezas empotradas en los murosA�(tzompantli) parecen indicar que el culto de la calavera, o la cabeza cortada, tenA�a gran importancia para los antiguos pobladores de Mexico.A�Las colecciones de crA?neos podrA�an ser apilados por los vencedores en los lugares pA?blicos, como una declaraciA?n obvia de la victoria y triste recordatorio de las pA�rdidas de los vencidos.

SeA�alamos tambiA�n que el centro del mal llamadoA�calendario azteca presenta un rostro con cara de calavera del diosA�Xolotl; quizA? podrA�amos ver aquA� una relaciA?n con las mA?scaras hindA?es del GlotA?n o devorador del tiempo (makara) o aA?n con el rostro clA?sico de laA�Medusa, pero estas disquisiciones nos llevarA�an ahora A�demasiado lejos de nuestro tema principal.

 

 

 

 

El legado de este sangriento culto de la calavera entre los pueblos antiguos de Mexico evoluciona y parece mantenerse hasta nuestros dA�as, donde lo encontramos, en una vertiente mA?s festiva y colorista, en el moderno festival del DA�a de Muertos -aunque se seA�alan para A�ste unos orA�genes mA?s cercanos a nuestros tiempos y mA?s prosaicos que los que sugerimos-- . Entre los actuales pobladores de MA�xico todavA�a el crA?neo es constantemente utilizado como un elemento ornamental en cerA?mica, relieves y esculturas, tradicionalmente. Su presencia es ubicua en la artesanA�a popular. A�Comieza con una calavera en Janitzio, en PA?zcuaro, MichoacA?n, la cual estA? hecha en tela; prosigue con las tA�picas de Celaya, Guanajuato, elaboradas con cartA?n con base de madera. EstA?n las calaveras de Ocumicho, las de Aguascalientes, hechas en barro policromado y papel, las de dulce (sugar skulls), las calaveritas de azA?car, profusamente decoradas. A�Se utiliza incluso en la fabricaciA?n de juguetes: estas “calaveritas” constituyen hoy uno de los signos de identidad de lo mexicano, desde hace mucho tiempo.

 

Antiguo crA?neo votivo precolombino con incrustaciones de jade

 

Actualmente son conocidas en hispanoamA�rica las llamadasA�calaveras de San JosA�, “A�atitas” y “aimeritas”; A�el culto de estos crA?neos que procesionan entre cA?nticos por las calles de la ciudad, constituye una tradicion que viene desde hace mA?s de siglo. La fiesta se remonta al parecer hasta las costumbres de pueblos precolombinos, que solA�an desenterrar a sus muertos para honrarlos una vez al aA�o. Este A?ltimo hecho sugiere que quizA? el culto de A�la calavera no es sino una forma particular de culto a los antepasados, extendido en muchas culturas de todo el mundo.

No abandonaremos MA�xico sin seA�alar una de las dimensiones mA?s siniestras y oscuras de este sA�mbolo, cual es el de la veneraciA?n de la Santa Muerte, que participa remotamente de algunos aspectos A�simbA?licos del culto de la calavera, pero creemos tiene un origen sincrA�tico muy distinto del alcance y el simbolismo de este ritual del crA?neo que hemos visto se A�remonta a los tiempos prehistA?ricos.

 

 

Prosiguiendo con nuestra bA?squeda histA?rica de este extendido culto de la calavera viajamos desde la AmA�rica precolombina hasta A?frica, para encontrarnos en el antiguo Egipto con un cierto tratamiento ceremonial del crA?neo, ya documentado en los tiempos prehistA?ricos, donde se sabe que la cabeza del difunto se separaba del cuerpo y se quemaba aparte. Estas macabras costumbres ancestrales, sin embargo, A�desaparecieron con la prA?ctica de la momificaciA?n. A�La cabeza del muerto se cubrA�a con estuco, y la cara se modelaba cuidadosamente, recibiendo un tratamiento A�especial y reverencial, heredero en cierto modo de las mA?s antiguas prA?cticas cultuales en torno al crA?neo.A�En el Africa que rodea a Egipto, por otra parte, A�tambiA�n se conservaba el crA?neo, particularmente en el caso de jefes y curanderos, cuya sabidurA�a y poderes divinos se A�suponA�a que residA�an en la cabeza.

 

 

Vemos que hay definitivamente una gravedad inherente a la imagen del crA?neo humano que, casi por sA� solo, justificarA�a el valor reverencial y sagrado que se le ha otorgado desde siempre. La calavera ha sido tradicionalmente el sA�mbolo de la mortalidad y en muchos casos se ha convertido en signo o marca distintiva de grupos y sociedades secretas, sustancias tA?xicas y advertencias de peligro; incluso en la bandera que hicieron cA�lebres los piratas servA�a con frecuencia como aviso de un funesto encuentro.

 

 

La imagen o sA�mbolo de la calavera y las tibias cruzadas en forma de aspa (a?�)A�es una forma emblemA?tica usada con frecuencia en rituales iniciA?ticos como sA�mbolo de resurrecciA?n o renacimiento. Algunas fuentes seA�alan que podrA�a relacionarse, desde un punto de vista cabalA�stico, con la “sephirah daath” en el A?rbol de la vida, concebido en A?mbitos ocultistas como vehA�culo para alcanzar estados superiores el ser o, expresado en otros tA�rminos, la “iluminaciA?n” del neA?fito. QuizA? en este sentido vemos aparecer tambiA�n el curioso simbolo en la casilla 58 A�del popular Juego de la Oca A�(5 + 8 = 13, el arcano sin nombre del Tarot, la Muerte), representando aquA� las fauces de la muerte que bloquean, en el tablero de juego, A�el acceso al espacio central -la liberacion, la iniciaciA?n, el acceso al paraA�so- como hemos indicado en otras ocasiones.

 

 

 

Arriba, mandil ritual masA?nico con la efigie de la calavera y las tibias cruzadas

 

La calavera ha sido investida, decA�amos, de tremendas connotaciones religiosas y espirituales en muchA�simas culturas.A�Este omnipresente sA�mbolo de la mortalidad humana expresa, de modo impactante y potentA�simo, el triunfo de la muerte sobre la existencia. Aunque tambiA�n, en virtud de esa flexibilidad que los sA�mbolos tradicionales presentan a menudo, el crA?neo es emblema de resurreciA?n o inmortalidad, A�expresiA?n radiante de la creencia en una parte espiritual del ser humano -incorruptible, diamantina, dura como A�el hueso- A�que, como el crA?neo, perdura y sobrevive a la desintegraciA?n de la tumba, hecho que comA?nmente ha sido observado en osarios y fosas de todo el mundo.

 

 

El culto de la calavera se halla en cierto sentido relacionado con el culto genA�rico y mA?s amplio de las reliquias sagradas. Se dice con razA?n que el Vaticano es el mayor coleccionista de calaveras del planeta, pero… A?les rinden culto? Parece ser que es asA�, ya que son consideradas reliquias, que en el A?mbito del catolicismo son los restos de los santos despuA�s de su muerte o martirio (una muerte violenta, en la mayorA�a de los casos). A�En un sentido mA?s amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido aquA�l (expresion que nos evoca, caprichosamente, el episodio de la fragmentaciA?n ritual del cuerpo de Osiris, asunto que creemos ligado al que nos ocupa) .

 

 

La calavera, sA�mbolo de la vanidad y la fugacidad en el Barroco

 

 

La reliquia se considera necesaria para santificar un altar (ara), haciA�ndolo apto para el sacrificio (sacrum facere, hacer sagrado). En cierto sentido simbA?lico, la reliquia en sA� misma es una expresiA?n mA�nima y nuclear de este acto del sacrificio; la sangre derramada A�contribuye a santificar un enclave, un objeto. La reliquia A�en definitiva sacraliza el lugar.

 

 

En este sentido, conviene recordar la significaciA?n del tA�rminoA�Calvario oA�GA?lgota,A�A�nombre dado al monte o colina “a las afueras deA�JerusalA�n donde tuvo lugar laA�crucifixiA?n de JesA?s. Su nombre proviene de la forma deA�calavera que tenA�an las rocas de una de sus laderas. (sic) A�Su nombre enA�latA�n esA�Calvariae Locus, enA�griego IsI?I�I?I?I?I� I�I?I�I?I� (Kraniou Topos) y enA�arameo GA?lgota oA�Golgotha; en todos estos idiomas significa “lugar de la calavera”.” A�AdemA?s, segA?n la tradiciA?n judA�a, serA�a el lugar en el que se enterrA? el crA?neo deA�AdA?n. De nuevo, A�los elementos de las antiguas formas mistA�ricas, la sangre derramada en sacrificio y el crA?neo, asociados de modo simbA?lico en el pasaje bA�blico: A�la sangre del Cordero cae sobre el crA?neo del viejo hombre, AdA?n, A�operando su resurrecciA?n.

 

Tzompantli en el Templo Mayor de MA�xico

 

Esta proliferaciA?n de reliquias, sin embargo, A�tiene una explicaciA?n sencilla, pues hubo una A�poca en la que para poder crear una iglesia era preciso poseer una reliquia o acreditar un milagro (A�sto fue asA� tambiA�n, curiosamente, en la Grecia clA?sica, con el asunto delA�heroon donde se hallaban los restos -reliquias- de supuestos hA�roes o semidioses de la antigA?edad). Esto significaba que aquellos pueblos o ciudades que desearan tener su lugar de culto debA�an hacerse con alguna reliquia, lo que ocasionaba mA?s de un enconado litigio entre buenos vecinos.

 

 

Por otro lado, cerca del A?mbito de las reliquias, estaban las mirabilia: las maravillas A�mA?s veneradas de los tesoros medievales eran precisamente las reliquias, aunque este culto de las reliquias no es solamente cristiano. Plinio el Viejo nos habla ya de reliquias preciosas en el mundo grecorromano; la lira de Orfeo, A�el sA?ndalo de Elena o los huesos del monstruo que atacA? a AndrA?meda **A�Sin embargo, la colecciA?n de reliquias que ha producido el cristianismo supera todo lo imaginable: un ejemplo extremo y singular de este culto lo constituyen las calaveras (dos) de San Juan Bautista, pues se conservan dos ejemplares: aquella de cuando era niA�o y el crA?neo en la edad adulta (!).

 

SalomA� con la cabeza griA?lica del Bautista: abajo, crA?neo de San Dagoberto, el A?ltimo de los reyes merovingios y objeto de veneraciA?n entre los fanA?ticos de los misterios de Rennes le Chateau.

 

 

Chanzas aparte, la veneraciA?n del crA?neo (o de la cabeza cortada, simbA?licamente emparentadas) de San Juan Bautista, de ecos griA?licos y templarios, A�nos remite de nuevo y con la mayor gravedad a lo mA?s profundo del asunto que discutimos. A� Es posible encontrar A�en la antigua mitologA�a cA�ltica un curiosA�simo y enigmA?tico eco de este poderoso sA�mbolo de la cabeza cortada en la vasija o Graal (plato, fuente o bandeja en su acepciA?n etimolA?gica original) o el caldero o copa rebosante de sangre : nos referimos al caldero de Bran --en el cual se operaba de modo mA?gico la resurrecciA?n de los guerreros muertos durante la batalla-- A�y a la propia cabeza de este mismo hA�roe mA�tico, a la que se adjudicaban propiedades taumatA?rgicas y profA�ticas -segA?n se relata en diversos episodios de los Maginogi, textos del antiguo folckore galA�s-- . En un pasaje famoso del Peredur (antecedente del Parzival del ciclo del grial artA?rico) el personaje principal asiste a una misteriosa procesiA?n de una lanza sangrante y una ominosa cabeza seccionada depositada en un cuenco o plato grande (grasale, graduale, grial) y portadas por una doncella virgen. Todos estos sA�mbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquA� parece ligado a algA?n enigmA?tico rito de magia A�sexual o tA?ntrico) son los mismos elementos en torno a los que se articula lo esencial del misterio griA?lico.

 

 

Arriba, grabado antiguo que ilustra el cortejo misterioso deA�Peredur (Perceval): son patentes la enorme lanza sangrante y la cabeza cortada en el plato (graal), sA�mbolos fundamentales de la leyenda del Grial

Todos estos sA�mbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquA� parece ligado a algA?n enigmA?tico rito de magia A�sexual o tA?ntrico) son los mismos elementos principales en las leyendas del Grial.

 

Arriba, modernoA�kapala tA?ntrico, decorado; antecedente del Grial y evidencia de un extendido culto a la calavera de profunda significaciA?n esotA�rica. Hasta hace poco, estas piezas autA�nticas podA�an ser fA?cilmente adquiridas.

 

Cabezas esculpidas halladas en un oppidum cA�ltico. Imagen de www.delcampe.net

 

Entre A�los indicios que sostienen la existencia de un culto de la cabeza cortada, se cita con frecuencia a los antiguos celtas. Se mencionan en este sentido las numerosas representaciones escultA?ricas de cabezas decapitadas en la llamada cultura de La TA�ne (tambiA�n en otros yacimientos en EspaA�a y diversos lugares europeos) y las referencias del folckore cA�ltico, donde hay mA?ltiples menciones de las cabezas cortadas de los hA�roes y de santos que llevan su propia cabeza seccionada; a menudo estas cabezas cortadas son portadores de poderes mA?gicos A�(Bendigeit Bran) o son capaces de extraA�os vaticinios que las emparentan con los bustos parlantes de la antigA?edad y otras cabezas insignes y profA�ticas, como la de Orfeo. En el seno del catolicismo no faltan tampoco los mA?rtires descabezados, como A�San juan Bautista o Saint Denis (abajo).

 

 

 

Abundan las referencias sobre el tema en los autores clA?sicos. Diodoro de Sicilia (V, 29,5) refiere que los galos “cortan la cabeza a los enemigos caA�dos y la sujetan al cuello de sus caballos” a modo de trofeos, suponemos. A�Silo ItA?lico (PA?nicas, XIII, 481-2) A�dice que estos mismos galos consagraban en los templos la cabeza cortada del jefe enemigo. EstrabA?n, por su parte habla de este rito utilizado por los druA�das.A�Para otros muchos autores , sin embargo, nunca hubo un verdadero culto de la cabeza cortada, sino que mA?s bien los indicios sugieren la existencia entre los celtas de una forma vestigial de algA?n sA�mbolo solar procedente de la Edad del Bronce.

 

 

Ya en tiempos mA?s cercanos a nosotros, las calaveras han sido y aA?n siguen siendo utilizadas en diversos juramentos A�(oaths) y rituales poco conocidos en otras tantas sociedades secretas y grupA?sculos afines al ocultismo.A�Cabezas cortadas y asesinatos rituales ilustrados en un antiguo texto sobre la masonerA�a: A?rituales mistA�ricos, sainetes o algo mA?s siniestro? A�Abajo, la fuente mA?s antigua para la explicaciA?n simbA?lica del culto de la cabeza cortada: Saturno, dios de la Edad de Oro, A�decapitado por JA?piter * en un antiguo manuscrito. Algunos de los poderosos sA�mbolos del Grial pueden remontarse tambiA�n a este episodio mitolA?gico.

 

En una A�poca en que se desconoce cA?mo empezA? la costumbre de realizar un juramento sobre las reliquias (oath) de la misma manera que se jura sobre la Biblia en determinados casos; los ejemplos documentados son del siglo VI en adelante. Se dice que los jesuA�tas practican un ritual semejante en el que se precisa un crA?neo humano sobre el que se realiza un juramento especial a la orden. Este supuesto juramento aparece en el libro a�?La Roma subterrA?neaa�? de Charles Didier, traducido del francA�s y publicado en Nueva York en 1843. El Dr. Alberto Rivera escapA? de la Orden de los Jesuitas en 1967, y describe su juramento jesuita en la misma forma como aparece en este libro. Semper Idem: siempre Igual.

 

Arriba, Jupiter con laA�cabeza cortada de Saturno; este episodio nos da ciertas claves sobre uno de los probables orA�genes del culto del crA?neo en el milieu esotA�rico occidental

 

La identidad de valor de la “cabeza cortada” y de la Gorgona procede de un culto del crA?neo, transformado por el mundo helA�nico, que parte del mA?s viejo fondo de las religiones indo-europeas A�de las que la cabeza de Medusa parece ser el A?ltimo avatar. Un A�valor mA?gico religioso que aventaja al rito estA? indistintamente ligado al crA?neo del enemigo de los antepasasdos, segA?n la leyenda de Bran, vinculada a la muerte y la resurreciA?n. En el ciclo de Peredur, vinculado al misterio griA?lico, y en otros relatos galeses (los Mabinogi) aparecen con mucha frecuencia el motivo de la cabeza cortada y sumergida en vasijas, pozos o calderos (imA?genes del graal). El caldero de la resurrecciA?n es ademA?s uno de los motivos recurrentes de la mitologA�a cA�ltica y de sus mA?s importantes elementos dentro de su sistema de creencias. Muchos autores creen que estos calderos mA?gicos de la resurreciA?n fueron los que inspiraron la apariciA?n de las leyendas artA?ricas y griA?licas posteriores.

El origen de este enigmA?tico culto que vincula el crA?neo y la copa se ha encontrado no sA?lo en mesoamA?rica, sino en las culturas egipcia, cA�ltica, hindA?, oriental y escandinava. Se dice que los vikingos despuA�s del combate cortaban la cabeza de sus enemigos vencidos y en los cuencos de sus crA?neos bebA�an y brindaban por el triunfo: aA?n hoy lo escandinavos gritan “skol” que significa salud, mientras chocan sus copas, aunque el signficado del tA�rmino es el de fuente, taza, escudilla o copa; acepciones que tambiA�n se encuentran en el antiguo graal, grasale, que muchos autores han identificado con el cuenco de la calavera tA?ntrico (kapala). La raA�z del tA�rmino skol, skalle, (fonA�ticamente prA?ximo a skull, crA?neo ) significa precisamente calavera.

 

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los mA?s diversos pueblos, como los nA?madas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, segA?n HerA?doto, A�(siglo quinto AC) y EstrabA?n (63 DC) tambiA�n solA�an llevar a cabo esta prA?ctica. A�Las viejas crA?nicas rusas indican que el crA?neo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cA?liz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C. A�Uno de los mA?s antiguos anales chinos recoge una tradiciA?n sobre crA?neos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

Arriba, la curiosa analogA�a del CrismA?nA�a?� Cruz Chi Rho con el emblema de la calavera y las tibiasA�a?� A�ha sido seA�alada por algunos autores de filiaciA?n masA?nica, como Manly P. Hall, A�que pretenden ver aquA� uno de las claves del enigma del culto al crA?neo en occidente

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los mA?s diversos pueblos, como los nA?madas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, segA?n HerA?doto, A�(siglo quinto AC) y EstrabA?n (63 DC) tambiA�n solA�an llevar a cabo esta prA?ctica. A�Las viejas crA?nicas rusas indican que el crA?neo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cA?liz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C. A�Uno de los mA?s antiguos anales chinos recoge una tradiciA?n sobre crA?neos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

 

Edouard Chavannes cita a Tito Livio para ilustrar el uso ceremonial de estos crA?neos entre los Boii, una tribu cA�ltica que medraba en la Europa del siglo III despues de Cristo.A�MA?s prA?ximo a nuestros dA�as, y quizA? de forma anecdA?tica, se recoge en diversas fuentes el uso que Lord Byron dio a un crA?neo gigantesco hallado por su jardinero en los terrenos de Newstead Abbey. El poeta convirtiA? en copa ceremonial la descomunal calavera, en perfecto estado de conservaciA?n, de modo que recordaba el caparazA?n ricamente ornamentado de una tortuga. Byron llegarA�a a fundar una Orden de la Calavera en Newstead, en la que la libaciA?n ritual en el crA?neoA?”en imitaciA?n de los dioses de antaA�o” constituA�a uno de los momentos estelares de sus cenA?culos.

 

 

El cuenco de calavera tA?ntrico. A�Arriba, recreaciA?n truculenta y siniestra del Vaso de Kali para una de las pelA�culas de Indiana Jones.

Abajo, kapala o cuenco de calvera tA?ntrico real. Muchos ven aquA� uno de las prefiguraciones del Grial o graal de las leyendas medievales o el caldero de la resurecciA?n cA�ltico.

 

 

 

 

SalomA�, Isis, Kali: Cabezas cortadas, sangre y un oscuro ritual en torno al cadA?ver o la cabeza del muerto, la calavera . Asombrosas A�aunque improbables conexiones griA?licas.

 

 

El sacrificio ritual y el lado oscuro de la muerte estA?n presentes en el siniestro culto de Kali .

Abajo, la diosa Kali porta dos de los atributos inconfundibles de Saturno (la hoz y A�el ramillete de calaveras) Saturno es el origen de la iconografA�a contemporA?nea de la Muerte con la GuadaA�a, o “Grim Reaper”.

Se han apuntado distintas conexiones, que van desde la magia tA?ntrica hasta la mitologA�a egipcia, entre la sangre menstrual y la copa en forma de calavera.La diosa Kali guarda en este sentido ciertas concomitancias con el lado mA?s oscuro y destructor de Isis, que en el antiguo Egipto, por ejemplo, A�vinculada a la diosa A�Sekhmet era la diosa de la menstruaciA?n. Su asociaciA?n A�con la sangre le hizo merecedora del tA�tulo de Mujer Escarlata o SeA�ora de la CarnicerA�a (epA�teto A�ste A?ltimo que bien podrA�a haber sido adjudicado a la propia diosa Kali).

 

 

Prosiguiendo con esta misteriosa relaciA?n del crA?neo y la copa es necesario reseA�ar que en el budismo tibetano hay una forma particular de este vaso sagrado asociado al sacrificio ritual. A�Se trata de A�un objeto destacable: el kapala o cuenco de calavera tA?ntrico. Esta peculiar vasija encuentra su forma gemela en la mucho mA?s antigua vasija de barro vA�dica que recogA�a la sangre de los sacrificios. Algunos han seA�alado justamente el kapala como un antecedente simbA?lico seguro para el graal de la tradiciA?n cA�ltica y medieval. A�El kapala usualmente es sostenido por fieras deidades, de aspecto demonA�aco, que lo elevan al nivel de su corazA?n (en occidente, esta asociaciA?n del corazA?n humano con un vaso, graal o grasale fueron magnA�ficamente seA�aladas por GuA�non en algunos de sus artA�culos sobre el simbolismo del grial) y aparece representado en la iconografA�a tradicional lleno de sangre humana y vA�sceras, carne humana y en ocasiones los pulmones y otros A?rganos del enemigo abatido. De aquA� que la vinculaciA?n del vaso tA?ntrico (kapala) con la sangre (y por ende, el sacrificio ritual) resulta mA?s que evidente y sugiere una relaciA?n efectiva del ancestral culto del crA?neo con alguna forma extrema de sacrificio ritual que incluirA�a el derramamiento de sangre.

 

 

La selecciA?n de un crA?neo adecuado resultaba en estas prA?cticas de extrema importancia para el funcionamiento del ritual, y explica algunos aspectos de la naturaleza del culto sacrificial del que hablamos. Se cree que la calavera de un asesino o la vA�ctima de una ejecuciA?n posee la mayor potencia tA?ntrica; el crA?neo de aquel que ha muerto de manera violenta o accidental, o una enfermedad virulenta, serA�a poseedor de un nivel medio de esta energA�a. La calavera de un niA�o que hubiera muerto durante la apariciA?n de la pubertad se considera tambiA�n un receptA?culo de mA?ximo poder tA?ntrico (creencia que evoca el sacrificio de jA?venes vA�rgenes en otras culturas) A�asA� como las cabezas de pA?beres de paternidad desconocida (** huA�rfanos) o nacidos de la uniA?n prohibida de castas o prA?cticas sexuales incestuosas o consideradas inmundas en el sistema de creencias tradicional. A�El crA?neo de un niA�o de siete u ocho aA�os nacido de una relaciA?n incestuosa se considera, en este oscuro sistema de creencias, como catalizador de la mayor energA�a en determinados rituales tA?ntricos.

 

 

El kapala A�es un autA�ntico crA?neo humano ornamentado segA?n la tradiciA?n tA?ntrica tibetana. Es un adminA�culo ritual tibetano que sirve como vasija de ofrendas en la religiA?n budista del tantrismo. A menudo se fabrican a partir de la cabeza decapitada del cadA?ver de un monje budista. A�Para usarlo, el cuenco de calavera se llena de vino y una mezcla sanguinolenta que representa la “inmortalidad”. Entonces, en una ofrenda que los fieles presentan a las divinidades tA?ntricas hindA?es y del budismo tibetano, el lA�quido es consumido por los monjes. Este tipo de crA?neos se pueden adquirir pero son difA�ciles de encontrar y actualmente las autoridades de Nepal mantienen una escrupulosa politica contra la exportaciA?n de estas reliquias sagradas.

 

CrA?neos y cabezas decapitadas en sendos mandiles rituales masA?nicos


Los propios crA?neos tA?ntricos, kapalas, tiene fama de ser los de los propios monjes cuyos cuerpos, una vez muertos, continA?an sirviendo a la divinidad a la que siguieron en vida. A�Se usan como receptA?culos de ofrendas rituales de comida y bebida sagrada, y como instrumentos de adivinaciA?n.

 

 

Por otro lado, en la India, es destacable la figura del “ahori”, devoto de un culto extremo a Shiva, que de acuerdo con las creencias de esta secta se considera como un “cadA?ver” y a menudo asA� se les ve caminando por las calles con un crA?neo a modo de taza en las manos (kapala). Estos santones son capaces de comer cualquier cosa, incluso alimentos podridos: en algunos momentos de sus singulares rituales se prescribe el consumo ritual de carne humana putrefacta, y parte de sus ritos inlcuyen una meditaciA?n ante un cadA?ver en descomposiciA?n.

 

 

Ya en nuestros tiempos, el motivo de la calavera y las tibias cruzadas en aspa a?� no ha perdido su carga simbA?lica y A�ha sido usado como emblema en muchas fraternidades americanas, grupos militares, asA� como en sociedades secretas, y asi los han vinculado tambiA�n al templarismo y la masonerA�a. El ejemplo mA?s cA�lebre actualmente es el de la Skull and Bones, A�una sociedad secreta americana de la Universidad de Yale A�que incluso toma su nombre de aquel sA�mbolo.

 

BolA�var con el emblema de la calavera en su uniforme, proclamando su adhesiA?n a la “Orden” . BolA�var se iniciA? en la masonerA�a en CA?diz y fue ferviente defensor de los principios masA?nicos durante toda su vida.

 

X es el simbolo del cruce o la muerte. A�(a?� ); la T o A�(cruz) representa la letra griega Tau, el simbolo de la primer cruz, un simbolo de sacrificio.

 

 

Osiris es a menudo representado esquemA?ticamente con la grafA�a X. Las asociaciones con el CrismA?n Chi Ro, X P) y el sA�mbolo del culto del crA?neo son inevitables y apuntan muy lejos.

Lc- 23: 33; SS 3; 322A�El uso de la calavera con las tibias cruzadas (X) en la francmasonerA�a ha sido documentado ampliamente (abajo, emblemas de Skull and Bones y las SS)

 

 

La sociedad A�Skull and Bones ha sido acusada de los mA?s variados crA�menes, uno de los cuales incluye la posesiA?n ilegA�tima del crA?neo del jefe indio JerA?nimo o el de Pancho Villa, que usarA�an supuestamente para realizar sus juramentos, rituales y demA?s sainetes, lo cual no ha sido probado nunca. SA� es cierto que algunos de estos grupos, asA� como sectas satA?nicas, emplean uno o varios crA?neos reales como parte de algunos de sus A�rituales internos; asA� ocurre con los Caballeros de ColA?n o en los ritos del grado masA?nico de los Caballeros Templarios. La significaciA?n de estos emblemas varA�a segA?n la sociedad o grupo que los usa.

 

El famoso “Juramento de la calavera” de El hombre enmascarado (The Phantom) , con reminiscencias de templarios, piratas y francmasones y la sombra de una sangrienta “vendetta”

 

El uso del emblema de la calavera con las tibias cruzadas en la francmasonerA�a se ha documentado en muchA�simas ocasiones; asA� proliferan en las lA?pidas de miembros de la hermandad, en documentos y en paneles masA?nicos. TambiA�n aparece un crA?neo entre los enseres o adminA�culos de la “cA?mara de reflexiA?n” masA?nica, donde se opera alguno de los rituales de iniciaciA?n practicados por los miembros de la masonerA�a. La calavera es, entre los emblemas y signos masA?nicos, de los mA?s frecuentes, junto con el compA?s y la escuadra, la colmena o el Ojo de la Providencia (All Seeing Eye): asA� figura en bastones y espadas rituales, anillos o sellos, o tambiA�n en mandiles. A�La iconografA�a del crA?neo se emplea ampliamente en el ritual del tercer grado, donde se inicia el maestro masA?n -- tras los primeros grados de aprendiz y compaA�ero- ; la iniciaciA?n de este tercer grado se concibe como la “resurrecciA?n” de entre los muertos del candidato, siguiendo el ejemplo del mA�tico A�primer masA?n HirA?m Abiff, asesinado ritualmente por los traidores Jubela, Jubelo y Jubelum, llamados los Tres “juvA�os”.

 

 

 

 

Algunas fuentes sugieren que uno de los posibles significados sea el de advertencia para los adeptos que se atrevan a romper los juramentos secretos de dichas sociedades, asunto complejo y de mA?ltiples ramificaciones, enA�el que nos gustarA�a profundizar, con el permiso de ustedes, en una tercera parte de este scherzo sobre un hipotA�tico Culto de la CalaveraA� III para el que les emplazamos en un futuro no muy lejano. Entretanto, procuren no perder su cabeza en absurdas elucubraciones.

 

 

-Fuentes y vA�nculos-

 

(1) El culto de la calavera, I en Viajes con mi tA�a

(2) Skull cult exhibition, una colecciA?n de artA�culos sobre la significaciA?n de la calavera en la historia de la cultura the exhibition “skull cult”

(3) Reliquias y osarios en el A� Cementerio de las Fontanelas, en Morbid Anatomy

(4) Black cult of Saturn

(4) La calavera tA?ntrica, en Viajes con mi tA�a

(5) Celtic-and-Other-Stone-Heads-by-Sidney-Jackson-40-pages-Booklet-on-the-fascinating-Stone-Heads-in-Yorkshire

(7) The celtic cult of the severed head /

(8) The nazi cult of Saturn (un tubo sobre el asunto del culto saturnino entre los nazis)

(9) Calaveras de cristal en MesoamA�rica

(10)A�(..Representaciones de cabezas cortadas y cabezas trofeo en el Levante EspaA�ol, A. Baul Congreso internacional de Ciencias prehistA?ricas Madrid, 1954)

 

Muerte, autorretrato final

 

Una talla en marfil japonesa, de la excelente colecciA?n de Richard Harris

 

A�sta es una exposiciA?n que nos hubiese gustado visitar sin duda alguna: la que recoge una amplia panorA?mica de la colecciA?n de RichardA�Harris,A�centrada exclusivamente en imA?genes yA�objetos en torno a la idea de la muerte. Lamentablemente, el circuito de esta excepcional muestraA�nos queda un poco a desmano, ya que recorre diversas localidades de los Estados Unidos,A� comenzando desde Chicago, el verano pasado. Tuvimos noticia de laA�exposiciA?nA�travA�s del blog Morbid Anatomy, que desarrollaba un estupendo apunteA�sobre el evento en el momento de su inauguraciA?n. Recoge alrededor de trescientas obras de una colecciA?n A?nica en el mundoA�consagrada a la iconografA�a de la muerte,A�reflejando nuestras complejas y a menudo contradictorias actitudes hacia la misma. Compilada porA�Richard Harris, un prA?spero anticuario de Chicago, la colecciA?n es muy heterogA�nea, contemplando obras de arte de diversa especie, grabados y pinturas, especA�menes cientA�ficos, piezas arqueolA?gicas, artesanA�a popular y objetos curiosos de medio mundo. Incluye tambiA�n estampas singulares de Durero, Rembrand o Goya (especialmente su serie sobre los Desastres de la Guerra, con una fuerte presencia de la Parca), que se exhiben junto a lA?minas anatA?micas oA�lasA�Vanitas renacentistas. TambiA�n hay cabida para el arte popular mexicano con su tradiciA?nA�del DA�a de los Muertos. Macabra, inquietante yA�cautivadora, A�esta exhibiciA?n es una de las mA?s apasionantes y completas que se hayan realizado hasta la fecha sobre la imaginerA�a del memento mori. Con el tA�tulo “Dancing towards Death” (en clara alusiA?n a las danzas de la muerte) tuvo lugar en el Figge Art Museum en Davenport (Iowa, USA) entre el 18 de septiembre de 2010A� y enero del 2011. ConfA�emos en que quizA? algA?n dA�aA�la muestra se acerque a nuestros pagos.

 

 

MA?scara tibetana de madera (siglo XIX) de la colecciA?n Harris

 

Richard Harris, el propietario de la asombrosa colecciA?n en torno al Memento mori, posa junto a algunas de sus piezas

 

 

 

 

 

Un tuboA�que muestra un aspecto de la sobrecogedora colecciA?n de Richard Harris en torno a la muerte

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) ImA?genes de la galerA�a de la colecciA?n Harris

(2) La colecciA?n Harris, en um A?lbum de Flickr

(3) Un artA�culo sobre la colecciA?n de Richard Harris

Plastilina, un juego de niA�os I

TA�dlein,A�cadA?verA�taA�endo un laA?d. 2012. Super sculpey, madera, pintura acrA�lica.A� 19 cm.

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Junto al dibujo de historietas, las lecturas y miles de juegosA�maravillososA�(*) cuyo recuerdo serA�a ahora prolijo glosar, el modelado de figuritas en plastilina fue una de las aficiones que ocupA? buena parte de nuestro tiempo libre en los calurosos -e inagotables -- veranos de nuestra infancia.A�En estos dA�asA�mucho mA?s cortos de nuestra madurez hemos rescatado del olvido esta actividad que tenA�amos abandonada prA?cticamente, salvo escasas e infructuosas incursiones duranteA�la A�poca de estudios universitarios.A� Ha sido precisamenteA�esta falta de luz natural de los cortA�simos dA�as invernales --que empiezan a mermar como cada aA�o A�desde la pasada noche de San Juan, como nos recuerda tan pertinaz y ritualmente la paciente mecA?nica de los ciclos cA?smicos--A� la que nos ha llevado en parte a resucitar esta vieja pasiA?n por el modelado: pensamos que las escasas horas de luz aprovechables para la pintura y el dibujoA�a partir del otoA�o las podrA�amos dedicar a estos menesteres con aceptables resultados.

DespuA�s de un aA�o de prA?ctica intermitente, nos atrevemos a compartir con ustedesA�algunos aspectos delA�procesoA�de aprendizaje que hemos seguido --y en el que aA?n nos hallamosA�inmersos-- A�ilustrA?ndolo conA�muestras de nuestro trabajo como principiantes y nuestros caracterA�sticos e hiperbA?licos preA?mbulos, giros y notas al pie.A�El propA?sito de este post, quizA? pretencioso, es queA�nuestros tropiezos y aciertos sirvan de guA�a o de inspiraciA?n a otros que quieran animarse a hacer sus pinitos en este apasionante ejercicio.A�AA?n poniendo freno a nuestra tendencia al enciclopedismo y la hipA�rbole, hemos querido incluirA� en el apartado fuentes y vA�nculosA�A�algunas direcciones y enlaces de interA�s, que esperamos ampliar y mejorar en el futuro, donde los mA?s interesados en el tema podrA?n encontrar ventajosasA�recomendaciones y consejos.

En todos los casos, las figuras y diseA�os que se muestran son meros ejercicios de aprendizaje, donde explicamos algunos de los entresijos de la creaciA?n de aquA�llas, asA� como los problemas mA?s frecuentes que hemos encontrado durante la realizaciA?n de cada pieza, caracterA�sticas del material empleado y otras cuestiones mA?s o menos relevantes. En la actualidad seguimos en esta lA�nea de iniciaciA?n de tA�cnicas bA?sicas, consultando aquA� y allA? el material que podemos recabar, intentando mejorar los resultados y ensayar poco a poco con nuevos retos tA�cnicos bien planificados, sin desmoralizarnos demasiado ante el buen hacer de los maestros consumados del gA�nero y desarrollando la paciencia y la perseverancia, dos cualidades que nunca han brillado en nuestra exigua panoplia de virtudes.

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Caja de barritas de plastilina, aA�os 70 (3) .

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Puestos a buscar un arranque para esta historia,A� aunque corramos el riesgo de convertirlo en un Tratado sobre la plastilina, podrA�amos remontarnos a los aA�os 70 (tambiA�n podrA�amos remontarnos al carbonA�fero, pero esto nos llevarA�a demasiado lejos) dondeA�una singular caja de barritas de plastilina como A�sta de arribaA�fue uno de los mA?s queridos y entraA�ables juguetes de nuestra mocedad: “ContenA�a 20 barritas de plastilina de distintos colores, el envase era de plA?stico con tapa transparente. Se vendA�a en papelerA�as, quioscos y tiendas de juguetes. Todo un clA?sico de la A�poca. LaA�plastilina eraA�uno de los mayores entretenimientos de los niA�os y niA�as de los 70. Se podA�a hacer casiA�de todo con ella -dependiendo de las habilidades de quien la manejara--, dA?ndoles color a todas nuestras creaciones.” (3) AA?n recordamos, con cinco o seis aA�os, el momento en que nuestros padres nos regalaron una como A�sta, con un montA?n de troqueles y moldes de animales de colores. Desde entonces quedamos enganchados al invento.A� Con el tiempo adquirimos cierta destreza en el modelado de figuritas, dinosaurios yA�otrasA�inspiradas sobre todo en personajes de los tebeos, pero ya entonces nos disgustaba la fragilidad de la plastilina --aunque es un material con inmensas posibilidades, incluso a nivel profesional-- A�y echA?bamos de menos algA?n material mA?s perdurable, que permitiese unaA�mayor resistencia al tiempo deA�nuestras creaciones. A�En la actualidad existen al alcance de cualquier bolsillo verdaderas maravillas en este sentido, pero en aquella A�poca no eran muy asequibles. Nuestros experimentos con la escayola, primero, y con la arcilla, mA?s tarde, fueronA�insatisfactorios y exasperantes, terminandoA�por alejarnos del modelado,A�incluso comoA�aficiA?n.

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Un montaje para uno de nuestros A?ltimos dibujos:A�un libro de Gutierrez Solana sostiene una sonriente calaverita mexicana fabricada con pasta Das; junto a ella, una soberbiaA�figura de papel machA� del estilo de la familia Linares de nuestra pequeA�a colecciA?n de arte popular mejicano. Preparar modelettos para nuestros bodegones ha sido la excusa perfecta para volver a resucitar nuestra pasiA?n por el A�modelado.

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Hoy, felizmente, al cabo de casi treinta aA�os, hemos recuperado nuestro primer entusiasmo; llevados en parte por nuestra aficiA?n paralela porA�el dibujoA�y nuestro incipiente -y preocupante- afA?n por el coleccionismo. La necesidad de fabricar algunos modelettos con los que surtir algA?n que otro bodegA?n nos hizo plantearnos una vuelta a esta vieja prA?ctica. LosA�estipendios imposiblesA� para el bolsillo humano que exigen porA�las piezas originales --especialmente joyasA�de arte popular mexicano (de precios impopulares) y antigA?edades-- A�que nos entusiasman hicieron el resto: A?por quA� no hacer alguna rA�plica mA?s asequibleA�de estos y otros tesoros con nuestras propias manos?A� Y en ello estamos. De momento, hemos conseguido renovar nuestro interA�s, sensiblidad y A�aprecioA�porA�el arte de laA�escultura --que no es poco--; ademA?s nuestro pequeA�o wunderkammer crece exponencialmente, asA� como las joyas de nuestro futurible ajuar funerario.A�Todo un logro para un diletante, A?no les parece?A�AA?n hay mA?s: desde queA�la emprendimosA�con el modelado de muA�equitos, no gastamos un duro en la decoraciA?n -un tanto friqui- de casa.A�A�? No es pasiA?n de padre, pero preferimosA�A�contemplar nuestras deformes criaturas a una horrA�sona y carA�simaA�figurita --sin acritud-- de LadrA?. A�Como soA�ar es gratis, quizA? prA?ximamente, si logramos superar ciertas dificultades tA�cnicas y aprender algo sobre moldes, podamos incluso vender alguno. Pero no hablA?bamos del cuento de la lechera, sino de modelado.

Arriba, varias tomas de nuestra A?ltima y mA?s lograda pieza, colofA?n tras varias tentativas mA?s o menos frustradas y pruebas con diversos materiales y tA�cnicas. La figura estA? inspirada en un fragmento de lasA� Danzas Macabras de Berna ( )A�y trata de imitarA�el estiloA�y las formas deA�un tipo de escultura tradicional llamada TA�dlein -“cadA?ver”- una variante de la fA?rmula del memento mori propia del Renacimiento, desarrollada especialmente en AlemaniaA�(*), con ejemplos verdaderamente pasmosos en madera y marfil.A�A�A�Justo es reconocer que las fotos no hacen justicia a la figurita, que es mA?s delicada de lo que puede apreciarse en estas instantA?neas. Sin embargo, no menos justo es evidenciar que hay multitud de torpezas y desaciertos en esta nuestra mejor --hasta el momento-- creaciA?n; las fotos, tomadas desde los A?ngulos mA?s interesantes, tratan de escamotear algunos deA�estos defectos que les seA�alamos ahora honestamente y que hemos cometido -de manera obstinada y casi programA?tica- en casi todos los proyectosA�emprendidos.

Aprovecharemos los pies de foto para destacar algunos de estos errores de principiante , comenzando por el mA?s flagrante a nuestro parecer. Es un axioma en esculturaA�de bulto redondo que, ademA?s de no moverse (lo mA�nimo que debe pedirse a una escultura, segA?n Salvador DalA�) A�sta debe presentar varios puntos de vista plA?sticamente interesantes, si no todos, en torno a su eje central. En nuestro caso concreto y en la mayorA�a de las piezas presentadas en este artA�culo, inspiradas por dibujos planos, las vistas estA�ticamente vA?lidas de la pieza estA?n muy limitadas, teniendo en muchos casos un A?nico punto de vista, a lo sumo dos o tres, en los que la visiA?n es A?ptima. La mejor forma de subsanar este error garrafal es partir de varios bocetos o apuntes de la figura (posterior, anterior, laterales, tres cuartos) que garanticen una perspectiva armoniosa y equilibrada de la pose y las formas de la figura. De igual modo, conviene durante el trabajo girar repetidamente la pieza para (con este propA?sito se utrilizan los tornos de modelado) ir dando un acabado global a la misma, sin enfatizar especialmente en ninguna perspectiva. Esto es aplicable sobre todo a los ejercicios de figura completa en poses mA?s o menos dinA?micas, segA?n nos parece; los bustos o figuras hierA?ticas merecen otra consideraciA?n. Desde un punto de vista del aprendizaje, quizA? sea convenienteA�comenzar con prA?cticas menos exigentes, como el relieve, donde al menos no hayA�que preocuparse en principio de estas cuestiones.

Otro problema, subsanado en este caso con una pequeA�a argucia. Durante la cocciA?n de la figura, la dilataciA?n del material hizo cambiar el centro de gravedad de la pieza que, finalmente, fue perdiendo su verticalidad con riesgo de romperse. El bloque marmoleado -hecho con pasta Das y pintado al acrA�clico- sirve de punto de apoyo a la figura y asegura su anclajeA� a la peana y su verticalidad. Hay que aceptar las limitaciones: construir una figura sobre un solo pie era demasiado reto para nuestras actuales posibilidades y experiencia tA�cnica. Son patentes tambiA�n la falta de finura de detalleA�en pies y manos, debidos principalmente a nuestra poca paciencia --imprescindible en esta actividad--A�y a un estilo un tanto “marrullero” propio de la casa. Intentamos compensar esta tendencia mejorando cada dA�a la tA�cnica y buscando entre nuestros modelos referencias mA?s cercanas a la rusticidad del arte anA?nimo, naif y folclA?rico que a los acabadosA�pulidos de los mA?s virtuosos. Al margen de nuestra falta de pericia y pulcritud enA�la ejecuciA?n deA�los detalles, observamos que la falta de estabilidad de la estructuraA�durante todo el proceso ha dificultado notablemente este aspecto de la realizaciA?n (lo cual nos ha pasado tambiA�n en otras figuras como veremos).

En esta toma mA?s detallada de la pieza se pueden apreciar algunos otros fallos en el acabado que estimamos poco deseables: el aspecto rugoso y excesivamente texturado en algunas zonas no es del todoA�voluntario, antes bien un defecto de una tA�cnica poco cuidadosa y de las prisas por ver terminada la figuraA�. Como soluciA?n hemos optado por darle un aspecto de vieja talla en madera--el color no es apreciable del todo en la foto-- con ayuda del acrA�lico, trabajando en varias capas con procedimientos de color roto yA� pincel seco, entre otras. El supersculpey permite un acabado liso como una peladilla o texturado, a voluntad, durante elA�perA�odoA�previo a la cocciA?n del mismo.

Algunos de los errores que seA�alamos eran evidentes desde los primeros estadios de diseA�o de la figura y no por eso pudimos corregirlos, en principio por falta de destreza. En el A?ltimo caso que seA�alamos, las manos no parecen sujetar realmente el arco y el pequeA�o laA?dA�A�(tampoco A�ste aparece muy bien construA�do y documentado en referentes reales, segA?n es costumbre de los buenosA�aficionados al modelismo), habiA�ndose solucionado este problema con pegamento de contacto en varios puntos, cuando lo ideal habrA�a sido diseA�ar los puntos de agarre para que anatA?micamente fueran exactos, algo que aA?n estA? fuera de nuestro alcance, segA?n parece. Para la cuerda del arco usamos, a falta de otra cosa, un trocito de alambre de florista; pocos dA�as despuA�s descubrimos un tutorial fantA?stico para fabricar este tipo de adminA�culos con hilo de algodA?n. (7)

Con todo, y a pesar de las dificultades y problemas no resueltos, estamos bastante satisfechos del efecto final de la pieza, bastante dignaA�a nuestro modo de ver, sobre todo trantA?dose de una de nuestras primers tentativas con un material que desconocA�amos por completo, el supersculpey, pero que nos haA�proporcionado unos excelentes resultados.

El principio de nuestro proceso de experimentaciA?n con diversos materiales para modelismo partA�a de dos premisas bA?sicas: debA�a asegurar la durabilidad yA�firmeza de la figura y ser cA?modo y relativamente fA?cil de trabajar. Descartamos rA?pidamente las plastilinas o la cera -incluso las mejores del mercado- por el primer motivo; la arcilla y otros materiales no los contemplamos por las dificultades que entraA�a --bajo nuestro punto de vista-- trabajar en un ambiente domA�stico, se ocupa mucho espacio y es bastante sucio, con necesidad de un horno de cerA?mica paraA�cocer las piezas yA�un lugar disponible para almacenaje. A�TambiA�n tenA�amos claro que aA?n no A�bamos a entrar en fabricar moldes, sino en hacer piezas A?nicas. Nos decidimos finalmente por algunos de los materiales que vemos arriba: pastas de modelar de secado al aire, resinas epA?xicas y resinas polimA�ricas que pueden endurecer en el horno de la cocina.

Hay mucha gente que trabaja habitualmente con masilla epoxi, queA� seca al aireA� (Milliput, Magic Sculp, Green Stuff y otras) aunque se hace necesario trabajar en un tiempo rA�cord, “contrarreloj”, en lo que algunos ven un serio inconveniente. Los hay que prefieren las arcillas polimA�ricas (que fraguan en el horno de casa), hay gente que usa plastilina escolar y luego aA�ade una piel de masilla epoxy; los procedimientos y tA�cnicas son casi tan numerosos como la gente que se dedica a cultivarlos.A� Otros materiales como la porcelana china, pasta de papel DAS o arcillas no las recomendamosA� para hacer figuras: son complicadas e incA?modas de manipular, suelen dar acabados muy malos, sonA� quebradizas y para mA?s inri,A� encogen al secarse y se suelen fracturar.

La intenciA?n: probar diferentes materiales para ver cuA?l de ellos se adaptaba mejor a nuestra forma de trabajar, empezando por losA�que pensA?bamos mA?s sencillos. A�En la foto, los materiales que hemos probado, hasta ahora, de izquierda a derecha: paquete de Supersculpey firm (nuestro favorito, por el momento), resinas epA?xicas de dos componentesA�Milliput y Magic Sculp -muy usadas en miniaturas y modelismo-, pastas de modelar escolarA�Das, Plus y CreativeA�Paperclay; en el centro abajo, pastas polimA�ricas Fimo Soft y ClayColor; a la derecha, bolsa de papel machA�.A� Hay muchosA�lugares en internet donde se dan direcciones de las tiendas donde venden estos y otros materiales similares, yA�foros y sitiosA�haciendo comparativas a fondo sobre las caracterA�sticas de unos y otros. Algunas las facilitaremos en nuestros enlaces.

LosA�primerosA�tanteos los llevamos a cabo con varias pastas de modelar de tipo escolar. A�stos de arribaA�sonA�rA�plicas de A�calaverasA�mejicanas, para pintar posteriormente.A� EstA?n realizadas con una sencilla pasta de modelar de secado al aire que podemos encontrar en cualquierA� papelerA�a.A� En los mA?s grandes empezamos a usar una estructura de papel de periA?dico arrugado, para gastar menos material y darle consistencia a la pieza. Estos tempranos ejercicios los hicimos bien sencillos para evitar desde el principio entrar en grandes dificultades tA�cnicas: se trataba de probar el material y ver cA?mo se comportaba. Las complicaciones se planterarA�an solas, mA?s adelante.A� La mayor parte del trabajo no debe hacerse con los dedos, pues se deforma el volumen general; es conveniente ayudarse de palillos de modelar e ir trabajando desde lo general a lo particular, insistiendo mucho en los planos o facetasA�para establecer dichos volA?menes.A�Este material, no obstante, es ideal para trabajos de poco detalle y formas sencillas y compactas. Con un poco de imaginaciA?n se le puede sacer partido. Aunque para motivos con mayor detalle no lo consideramos el mA?s aconsejable. Como en todo, hay gente que es capaz de hacer maravillas con el papel machA�. Nosotros no hemos sido capaces de momento.

UnA�segundoA� o tercer intento con la pasta de modelar Das (con la que creemos no volver a repetir en un tiempo). La calaquita mejicana, inspirada en un diseA�o de FelipeA�Linares; la pasta tarda de cuatro a seis horas en comenzar a endurecer. Es mA?s dA?ctil y maleable si disponemos de un pulverizador con el que ir humedeciendo de cuando en cuando la pasta, un poco pegajosa, A�y las manos.A� A�Importante no desesperar y, repetimos, no usar demasiado los dedos yA�A�atenerse a formas y volA?menes sencillos y compactos (esferas, cilindros, sA?lidos simples). Acepta muy bien los acrA�licos.

El “primo de PapA?a” inspirado enA�un ejemplar exA?tico de madera, A�fueA�el tercerA�intento --los dos anteriores no llegaron a buen puerto-- de hacer una figura completa de pie con pasta de modelar. A�sta concretamente Sio 2 Plus, nos dio mejor resultado que la pasta Jovi DAS y nos resultA? mA?s agradable y cA?moda de manipular, en cierto sentido parecida a la arcilla. Empleamos una estructura de almabre y de papel de aluminio para sostener el conjunto, pero a medida que se acumula el material la gravedad se hace notar y comienzan las dificultades. Se puede prolongar el proceso de secado al aire humedeciendo la pieza y guardA?ndola con un paA�o hA?medo en el frigorA�fico. Fue necesario apuntalarla para ir aA�adiendo detalles, en un proceso cada vez mA?s accidentado. Finalmente, hubimos de esperar a que secara para proceder a lijar y ensamblar las partes con pegamento de contacto (son visibles las juntas en la cadera, tronco y cuello.A� El aspecto hierA?tico de la figura --que parece haber hechoA�la mili en Toledo-- respondA�a al original que tratA?bamos de reproducir y ademA?s evitaba meternos en berenjenales con poses complejas en una etapa tan temprana.A� El “primo de PapA?a” es una rA�plica a partir de una fotografA�a de una escultura antigua que compramos por internet y que nunca llegA? a su destino (cosa que casi agradecemos porque tenA�a aspecto de darA�yuyu yA�mal fario).

Tras nuestra aventura polinesia decidimos embarcarnos en la experiencia de las resinas polimA�ricas: con la pasta Fimo Soft hicimos A�ste busto que, una vez terminado, nos dio mA?s confianza y entusiasmo y nos revelA? que en esto, como en otras cuestiones, los materiales yA�herramientas empleadosA�suelen ser importantes, asA� como una buena adecuaciA?n de cada proyecto a su medio especA�fico. La resina polimA�rica tiene muchasA�ventajas: A�no se endurece mientras no la metamosA�en elA�horno, por lo que permanece inalterable durante semanas, pudiendo modelarlaA�hasta conseguir el resultado que buscamos. Entre sus inconvenientesA�estA? el que se fije malA�A�a cualquier material, incluso a otras piezas fabricadas con el mismo material y que hay que manipular muy bien los tiempos de horneado.A�Ofrece cierta resistencia a los acrA�licos, pero con varias capas se puede solucionar.

El fimo, una vez horneado, es como plA?stico duro, muy fuerte, y se puede volver a hornear en varias capas, controlando los tiempos, a menos que haya sido barnizado o pintado. Una vez seco --tarda al menos un dA�a en fraguar totalmente y adquirir una consistencia dura-- puede lijarse, cortarse o pintarse, como hemos visto. Aunque se puede dejar tal cual, porque lo comercializan en una gran variedad de colores. Es una soluciA?n ideal para esculturas pequeA�as o para lograr un efectoA�muy concreto.

Para todos estos proyectos vimos claro que debA�amos utilizar algA?n tipo de estructura, para lo cual usamos alambre -fA?cilmente maleable con las manos y unos alicates-- y papel de aluminio bien apelmazado, con el que se puede establecer fA?cilmente casi todos los volA?menes, con lo cual se aligera la pieza y se ahorra en pasta de modelar. Bien importante, aunque se trate de una pieza pequeA�a, asegurar la estabilidad y solidez del armazA?n, para evitar mA?s tarde complicaciones que impiden desarrollar un buen trabajo --en esta etapa aA?n no hemos conseguido superar nuestras limitaciones--.

Uuna vez modelada la figura, o parte de ella (porque se puede planificar el trabajo por capas, ensamblando en el horno las distintas partes) se introduce al horno.a 150A? durante 15 minutos, aproximadamente.A�La pieza se cuece y en cuanto se enfrie adquiere la solidez deseada.A� Conviene no sacar de golpe la figura porque puede quebrarse por el cambio de temperatura, sino dejarla enfriar un rato dentro del horno ya apagado.

Este esqueleto tocando un violA�n, basado en una escultura tA�pica del DA�a de los MuertosA�de Oaxaca, fue nuestro primer ensayo de modelar una figura de medio tamaA�o (aproximadamente treinta cm. de alto) con arcilla polimA�rica FimoA�Soft A�y Claycolor, y la experiencia resultA? un fiasco.A� El tamaA�o y el peso de la cabeza comprometiA? el equilibrio de la pieza que terminA? por caerse en varias ocasiones hasta romperse; tuvimos que someterla a varias intervenciones de restauraciA?n --casi como al monstruo de Frankenstein-- para finalmente abandonarla.A� El principal problema surgiA? en el horno y en una mala gestiA?n del tiempo de fraguado; el material, aA?n blando, comenzA? a desinflarse y la figura cambiA? varias veces su centro de gravedad, terminando por caerse definitivamente. De donde concluimos que es muy importante dejar enfrA�ar la pieza en el horno, tumbada y “calzada” convenientemente, para que al dilatar y encogerse no cambie radicalmente su postura.A� A pesar de los desastrosos resultados del experimento, no descartamos volver a usar este material para intentar alguna otra figura de tamaA�o mediano.

Tras el batacazo previo decicimos continuar trabajando en la posiciA?n sedente, mA?s fA?cil de manejar y que aseguraba una mayor estabilidad a la figura.A� Volvimos a la carga con la resina Claycolor, que hasta ese momento fue la que nos diA? mejores resultados. La encontramos mA?s dA?ctil y agradable a la manipulaciA?n que el Fimo, siendo similares el resto de sus prestaciones.A� Seguimos para definirA� la figura la tA�cnica del empastillado, usando pequeA�as cantidades del material con forma de huso o “pastilla” y tratando de distribuirlo para configurar los volA?menes principales del motivo. Tras hornear, intentamos, sin mucho A�xito, mejorar las irregularidades del volumen lijando con una lima y papel de lija. Los resultados nos animaron a continuar trabajando un poco mA?s. El modelo estA? inspirado remotamente en varias figurillas de divinidades aztecas de la muerte de nombre impronunciable; como ven, cambiamos una y otra vez de materiales, pero somos fieles a nuestros asunto del memento mori.

Con A?nimo renovado retomamos el ejercicio de figura de cuerpo entero con A�sta interpretaciA?n deA�un personajeA�de un cuadro de Otto DIX, que decidimos realizar A�ntegramente con Claycolor, con puntuales intervenciones en masilla epoxi en losA� zapatos y los dedos. Nos aseguramos de que en ningA?n modo la estructura de alambre de base se tambaleara ni se despegara de la peana, lo cual facilitA? enormemente el trabajo, aA?n cuando habA�a que presionar en algunas ocasiones el material para poder trabajar los detalles (cuanto mA?s compacto y firme la resina, mA?s adecuado para un trabajo de detalle).

Entre las masillas epoxiA�disponibles en el mercadoA�optamos porA�A�Milliput yA� Magic Sculpt; se trabajan muy bien y se pueden suavizar con un poco de agua. Luego en frA�o --empiezan a fraguar en cuanto se unen los dos componentes que la consituyenA� y que hay mezclar a partes iguales-- se pueden lijar y cortar con herramientas especiales, aunqueA�son muy duras.A� Como son materiales caros los hemos reservado para aplicaciones puntuales y detalles, A�y para soldar algunos puntos de nuestras estructuras o armazones de alambre. No las recomendamos para figuras completas, a menos que se trate de miniaturas.

En la ejecuciA?n de esta figura volvimos a cometer varios errores de bulto. El primero de los cuales ya lo mencionamos, con respecto a los puntos de vista mA?ltiples de la escultura; aquA�, al partir nuevamente de una imagen plana, no tenA�eamos referencias suficientes para acometer la tarea, y el resultado es que los perfiles de la pieza apenas tienen interA�s visual alguno. Otro tema son las desproporciones, hasta cierto punto respetuosas con el original de la pintura de Otto Dix, casi caricaturesca, pero en otros casos -manos- debidas a un tamaA�o excesivo de los volA?menes de la estructura de alambre, y nuestra evidente dificultad con los detalles pequeA�os.A� La parte del pintado de la figura, con la recreaciA?n de un buen puA�ado de tatuajes en el cuerpo de la rolliza muchacha, fue todo un placer que no nos importarA�a repetir.A� A�sta es una pieza que nos gustarA�a abordar de nuevo intentando solucionar algunos de los errores mencionados.

En vista de los resultados obtenidos, volvimos a retomarA�elA�Claycolor para usarlo en otra figura, en este casoA�un TA�dlein con reloj de arena, A�basado en un ejemplar de madera tallada visto en un sitio de antigA?edades de la redA�que nos cautivA? inmediatamente y del que quisimos hacer una interpretaciA?n.A� La pieza, de tamaA�o medio -unos dieciseis cm. de alzada-- apoyada sobre ambos pies, la empezamos insistiendo en la solidez del armazA?n y su fijaciA?n a la peana antes de comenzar a aplicar el material. Nos aseguramos tambiA�n (aunque partA�amos sA?lo de tres fotografA�as de mala calidad para realizar la figurilla) de que todos los puntos de vista de la figura fueran interesantes. El mejorA�momento de hacer esto es sobre el armazA?n de alambre y aluminio, antes de aplicar la pasta; aunque gracias precisamente a este armazA?n podemos corregirA�ligeramente la pose de la figura durante la ejecuciA?n (nunca una vez horneada, obviamente).A� Tras rematar la obrita, nos percatamos una vez mA?s de nuestra escasa pulcritud en los detalles, especialmente en las manos; en cualquier caso, aprendimos bastante durante su realizaciA?n.

Todas los ejercicios anteriores, independientemente de la validez de los resultados, los entendimos como meras pruebas realizadas para “hacer mano” y superar los obstA?culos mA?s inmediatos antes de empezar con nuestra primera pieza realizada A�ntegramente en Supersculpey Firm, basA?ndonos en un personaje deA�lienzo del artista tarifeA�oA�Guillermo PA�rez Villatahombre bailando una danza macabra” que nos hubiese gustado rubricar.A� Definitivamente, la espera habA�a merecido la pena: este matrerial es sencillamente magnA�fico, especialmente para los detalles; la diferencia es abismal. En todos los sentidos, una autA�ntica experiencia. Hasta el momento, el mejor de los medios con el que hemos trabajado. Con una buena planificaciA?n y paciencia, al margen de la destreza de cada uno, se puede hacer casi cualquier cosa.

El material tiene numerosas ventajas: no seca con el aire, con lo cual podemos demorarnos en el trabajo cuanto queramos, sin prisas ni presiones por el secado. Usando aceite de bebA� para humedecer ligeramente la superficie, se pueden conseguir acabados lisos como una peladilla (A�ste es uno de los pequeA�os retos tA�cnicos que nos propusimos para esta figura en particular, que parece llevar un traje de malla ajustado).A�Ilusionados con las posibilidades del nuevo y mirA�fico material, nos detuvimos mA?s de lo habitual en los detalles anatA?micos y arriesgamos con la pose mA?s dinA?mica de la figura, manteniendo un equilibrio inestable sobre un solo pie, firmemente atornillado a la peana.

La marca Sculpey cuenta conA�diversos medios comoA� Super Sculpey, Super Sculpey Firm, Super Sculpey Doll, y algunos mA?s; se pueden mezclar entre ellos perfectametne para alterar su consistencia y hacerlos mA?s adecuados a nuestra forma de trabajar.A�A�La masillaA�Sculpey Firm no es la mA?s cA?moda y dA?ctil, por lo dura que es, pero permite un trabajo muchA�simo mA?s detallado, precisamente por eso. En las A?ltimas figuras hemos mezlcado a partes iguales el Super sculpey normal con el Firm, logrando una pasta un poco mA?s maleable.

Las instrucciones del Super SculpeyA� recomiendan cocerlo en el horno a 130A�grados centA�grados sobreA�15 minutos por centA�metro de grosor (normalmente una figura con armazA?n lleva una pelA�cula mA?s fina)A�, y no hornearlo jamA?s en el microondas.A�A veces conviene jugar con el tiempo deA�horneado cociendo piezas pequeA�as y haciendo diferentes testeos para probar. En nuestro caso, A?ltimamente probamos a hacer varias cocciones de la misma pieza, intentando trabajarla por partesA� (de dentro a afuera, por ejemplo, segA?n su complejidad) yA�horneando en varias sesiones.A�El material suelda perfectamente en diversas capas. A veces puede ocurrir que se fracture en los puntos mA?s fragiles, pero ese tipo de problemas tienen fA?cil soluciA?n.

El Supersculpey admite bastante bien los acrA�licos y se pueden conseguir desde efectos esmaltados a la apariencia de diversos materiales, desde la madera al mA?rmol. HabA�amos leA�do mucho en diversos foros antes de atrevernos a probar este material, pero reconocemos que es de lo mejor que podemos conseguir en el mercado para este tipo de trabajos.

Arriba, en esta otra pieza podemos apreciar el aspecto una vez horneado del Super Sculpey Firm, con su caracterA�stico gris medio que hace resaltar a propA?sito todas las imperfecciones de la pieza. A�Una vezA�cocido,, el material se puede lijar sin problemas. En esta figura, que quedA? inconclusa por problemas de planificaciA?n, pretendemos probar un sistema de trabajo por capas para probarA�a realizaer un drapeado conA�telas hechas con lA?minas de sculpey o similar.A�A�AA?n hay muchas cosas por aprender y experimentar.

Los grados del oficio: vean a un consumado maestro manejarse con uno de los clA?sicos de la escultura, el ecorchA� -desollado- (figura anatA?mica), fabricado en Super sculpey Firm.

A�

En una prA?xima entrada nos extenderemos un poco mA?s sobre algunos de los materiales y herramientas especA�ficos para el modelado, basA?ndonos en nuestra propia experiencia como aprendices y aprovecharemos paraA�brindarles algunos consejos y trucos que hemos encontrado aquA� y allA? y nos han servido para avanzar ligeramente en esta difA�cil pero maravillosa empresa. De momento, para ir abriendo boca a los mA?s impacientes y curiosos, les seA�alamos arribaA�el equipo mA�nimo del principiante, que aA?n puede ser reducido a un nivel mA�nimo: nuestras manos, un poco de pasta de modelar, entusiasmo e imaginaciA?n.

Memento Mori. Figura deA� bronce. Nuestra referencia yA�prA?xima meta (como artA�fices, quiero decir).

A�

-Fuentes y vA�nculos-

Para abrir boca:

(1) Ejemplos de figuras con Supersculpey firm y otras resinas

(2) Modelando con Supersculpey, un tutorial bA?sico muy sencillo pero eficaz.

(3) LaA�”plastiquina” y otros juegos de la infancia, acA?

(4) http://casemodgod.com/ModGuides/SculptCompounds/sculpting_compunds.htm

(5) http://www.conceptart.org/forums/showthread.php?t=188373 EcorchA� Male Super Sculpey

(6) Spanish Team, foro de modelismo y escultura

(7) Modelado paso a paso, Peter Pan Miles de trucos muy A?tiles de modelismo y pintura de dioramas

(8) Master Blaster, foroA� especializado en modelado de figuras (es necesario registrarse para acceder al contenido)

(9) Tutorial paso a paso para novatos en el manejoA�del Super Sculpey (inglA�s)

(10) Statueforum, con trucos y muchos ejemplos

(11) Modelado virtual con Zbrush y otros paquetes de software, para los que no quieren mancharse las manos

(12) Modelado en pasta goma, tutorial en youtube, para principantes (voz de la locutora con efectos terapeA?ticos y somnA�feros)

La boutique de la tita

Tocado pro y antitaurino, fabricado en polipiel, de tacto sedoso y aterciopelado.A� TambiA�n apto para sortear con torerA�a y valor las dificultades de un desengaA�oA�o tranceA�amoroso. Para cualquier A�poca del aA�o. No entendemosA� por quA� la gente no usa mA?s sombrero, tocado o apA�ndice craneal, siendo un accesorio tan hermoso, A?til, como A�ste que presentamos, queA�ademA?sA�da un toque viril y aguerrido, al par que elegante y sobrio, a su portador -o portadora-.
Por si fuera poco,A�abriga que da gusto.

A�A un precio ridA�culo, como la propia pieza merece.A� TambiA�n se oferta con decodificador de banda anchaA� incorporadoA�yA�puroA� Montecristo con vitola,A�A�A�para la temporada de toros.A�

Consulte nuestro catA?logo.

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Otra vez serA?.

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El pabellA?n del naturalista

Del Gabinete de curiosidades naturales de ALBERTUS SEBA. Via Bibliodissey

 

 

Las estampas proceden del primer volumen de “Locupletissimi Rerum Naturalium Thesauri” del naturalista Albertus Seba, 1734.A� EstA?n disponibles en la web del JardA�n BotA?nico de Missouri , en una colecciA?n donde hay mA?s de cien lA?minas que pueden ser descargadas individualmente, con una calidad pasmosa (y un peso tambiA�n respetable) y que han sido previamente reproducidas y glosadas en un par de ocasiones en la fantA?stica Bibliodissey.

Hace unos aA�os, la editorial Taschen publicA? una obra de gran formato con una compilaciA?n de las estampas del Wunderkammer de Albertus Seba, donde podA�amos leer que “el Gabinete de Curiosidades de Seba es uno de los logros de la Historia NaturalA�del siglo XVIII y contA�nua siendo una de las obras de su gA�neroA�mA?s preciadas. Aunque era usual entreA�los naturalistas y botA?nicosA�el coleccionismo de especiesA�con vistas a la investigaciA?n,A� el farmacA�utico Albertus Seba (1665-1736) desarrollA? su tarea con un entusiasmo poco comA?n.A� Su increA�ble colecciA?n de animales, plantas e insectos de todo el mundoA�gozarA�a inclusoA�durante su vida deA�una fama sin precedentes. ” EnA�1731, tras largos aA�osA�de experiencia como coleccionista, Seba encargarA�a una serie de ilustraciones de cada especimen y preparA?A�la ediciciA?n de un catA?logo completo en cuatro volA?menes de su colecciA?n.A� (1) PuedenA�aprender algo mA?s sobre las estampas del fabuloso gabinete de Albertus Seba en la siempreA�recomendable Bibliodissey.

 

 

 

 

 

 

A�ste nos recuerda la fabulosa litografA�a Reptiles, de MCE

 

 

UnA� aspecto de la ediciA?n de Taschen de la obra d e A. Seba

 

 

 

-Fuentes y vA�nculos-

 

(1) Bibliodissey, A Cabinet of Natural Curiosities

(2) Taschen, Albertus SEBA wunderkammer

 

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