EL GABINETE DE CURIOSIDADES DEL DR. VENTURI

El culto de la calavera, II

 

 

Nihil est in rebus inane
No hay nada sin sentido en las cosas.

Cuando llegaron al lugar llamado `”La Calavera“,

crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

LC. XXIII:33 *

 

 

El culto de la calavera (II)

Un esmerado corta y pega de los artífices de Viajes con mi tía

 

Decíamos hace ya más de un año, en un primer acercamiento a este complicado asunto sobre un hipotético culto universal de la calavera, que habían sido hallados en muchos pueblos primitivos y en la antigüedad numerosos indicios que apuntan hacia la existencia de un culto semejante. Con frecuencia nos hemos cuestionado por qué tantos grupos, sectas, conciliábulos y fraternidades secretas como la denominada Skull and Bones, han elegido como signo distintivo precisamente el cráneo. O incluso si piratas y templarios tenían en común, como algunos aseguran, la veneración por este mismo símbolo. Para intentar buscar una respuesta a estas difíciles preguntas nos hemos remontado a los orígenes de este emblema, indagando sobre su significado esotérico, tratando de llegar a las fuentes mismas de un antiquísimo misterio. Ni qué decir tiene que tras nuestra búsqueda volvemos con más preguntas que al comenzar, habiendo rasgado apenas el espeso velo de este oscuro arcano. Pero en este viaje hemos encontrado un buen puñado de curiosidades y anécdotas bien interesantes que creemos merece la pena compartir con ustedes.

 

Los Dayak, cazadores de cabezas en Borneo, practican una forma ancestral del culto de la calavera

 

Tradicionalmente el cráneo se ha asociado, paradójicamente,  con la inmortalidad  -- al ser de los pocos elementos del cuerpo humano que resisten a la corrupción y la desintegración de la fosa-  y se le ha considerado residencia de la vitalidad y del alma, por lo cual no es sorprendente que se le rindiera culto desde la prehistoria, hallándose pruebas paleontológicas y arqueológicas abundantes que justifican esta teoría,  en Pekín, Java, la costa tirrénica y otros enclaves de Oriente.  Diferentes vestigios arqueológicos demuestran que en Jericó existió un culto a la calavera humana, desde el 7000 antes de Cristo, culto que debió consistir en conservar la calaveras como reliquias de los muertos en la extendida creencia de que la cabeza es residencia o fuente de poder espiritual.

 


Las famosas calaveras de cristal quizá puedan sumarse a la lista de cráneos numinosos que conforman este singular culto de la calavera extendido por todo el mundo

 

Se sabe también, por diversos hallazgos bien documentados, que en la prehistoria el cerebro pudo haber sido comido sacramentalmente.  Hay asímismo pruebas que apuntan hacia la realización de trepanaciones rituales post-mortem entre los hombres primitivos, no sabemos si por una razón práctica (para colgar los cráneos, como hacen los Dayak de Borneo) o con alguna intención ceremonial.


( Obsesión mediática contemporánea con la calavera: * ¿casualidad o asistimos, una vez más, al desarrollo de un nuevo tipo de maniobra de ingeniería social o magia ritual masiva?)

 

 

Nos preguntamos si en nuestros días el valor simbólico del cráneo humano es idéntico al que la tradición le ortorga o si se ha devaluado a pesar de su ubicuidad en la sociedad contemporánea, ubicuidad que, para algunos, resulta altamente sospechosa *. Desde la antigua iconografía hasta convertirse en emblema y seña de identidad de la alienada juventud moderna, de reliquia a objeto de consumo, sufriendo una tortuosa transformación de símbolo tradicional, cargado de significación, a blando, plasticoso y  vacuo “logo” contemporáneo,  el cráneo continúa, por algún motivo que no alcanzamos a comprender, emanando su numinosa carga icónica.

 

Pintura de Victor Rodríguez

 

Esta práctica del culto del cráneo animal y humano bien extendida en la prehistoria y fundamentada, según distintas tesis antropológicas, en el llamado “culto a los antepasados” podría explicar en parte la persistencia del icono de la calavera y su fascinación a lo largo de los siglos. El cráneo fue adorado y reverenciado y aún se guarda y se venera en muchas culturas, incluso hoy día  en el seno de la iglesia católica (al parecer la que más insiste en el culto de las reliquias en general y del cráneo en particular, como veremos más adelante). En otros tantos pueblos la adoración del cráneo aparece en una asombrosa, colorida  -o siniestra-  variedad de modismos, algunos de los cuales no responden exactamente a esta perspectiva general del culto a los antepasados y quizá requieren de otra explicación que intentaremos apuntar en los párrafos que siguen.

 

 


 

El motivo de la fascinación de los pueblos precolombinos, particularmente los antiguos mexicanos (abajo) por la imagen de la muerte y las calaveras, respondería en parte al culto a los antepasados, presente en numerosísimas culturas y bien documentado antropológicamente.

 

 

Entre los antiguos aztecas, por ejemplo, la creencia de esta fuerza vital contenida en el cráneo lo convertía instantáneamente en objeto de santificación. Los antiguos mexicanos reconocían dos fuerzas primarias  en el cuerpo humano que denominaban tonalli y teyolia; la primera se refiere al vigor, el calor del sol, el verano, y el alma.  Pensaban que tonalli residía en la cabeza (el cráneo): por eso, en la guerra, los guerreros decapitaban o cortaban el pelo al enemigo, pensando que podrían aumentar su propio “tonalli”.  En los sacrificios públicos, por otro lado, los enemigos eran decapitados para liberar esta energía (tonalli) y de este modo incrementar la del propio pueblo, como conjunto, en un efecto catártico.

 


Ya hemos mencionado que el cráneo humano era considerado en muchas culturas el trono de la fuerza vital del cuerpo y del espíritu, y como tal  ha sido objeto de fervor;  en parte por este motivo algunos pueblos  solían “conservar para sí los cráneos de los muertos, en la creencia de que este acto les brindará el poder espiritual que sus poseedores tuvieron en vida.”

 

 

La asociación del cráneo con esta fuerza vital nos remite al simbolismo general de la sangre, con la que tiene algunos paralelismos, especialmente en el ámbito del rito del holocausto, llevado a cabo en distintos pueblos con más o menos virulencia a lo largo de la historia. Esta vertiente sacrificial del culto a la calavera justifica su identificación simbólica con el vaso, copa o el receptáculo sagrado que recoge la sangre derramada (como veremos en el caso del kapala, o cuenco de calavera tántrico  (4) , que participa del simbolismo del corazón y el Grial) y también enlaza con el tema de la decapitación ritual y el culto de la cabeza cortada, extendido entre los celtas y los pueblos precolombinos, como veremos, y cuyas ramificaciones también se mezclan con algunos de los elementos de la leyenda del grial. Este aspecto sacrificial del que hablamos, además, consituye seguramente uno de los más enigmáticos y esenciales del culto de la calavera; en los párrafos que siguen volveremos sobre este asunto de la cabeza cortada y su estrecha relación con el mito griálico y el cráneo como objeto votivo.

 

 

Arriba, kapala o vaso tántrico, remiscente del Graal occidental. Abajo, relicario con cráneo (Santa Baume); hay calaveras y cabezas cortadas relevantes en la mitología griálica.  Algunos piensan que la misteriosa “cabeza” Caput L Virgo* que supuestamente veneraban los templarios pudo ser un relicario de este tipo, que conservaba el cráneo del mismísimo Juan el Bautista u otras cabezas cortadas conspicuas, como la de Goliath -según otras versiones- ; el símbolo del Bafometo (Mahomet o Bafomet) pudiera haberse relacionado también con esta enigmática cabeza templaria.

 

 

En la América precolombina el fervor en torno a la calavera ha sido de especial relevancia. Es notable la fascinación del pueblo mexicano por ella desde la época de los mexicas  Por ejemplo, entre los mixtecos el cráneo era un elemento  importante en la labor temática del oro. Se sabe que este culto del cráneo trofeo vinculado con hábitos guerreros estaba muy extendido sobre todo en el norte de Chile . En la quebrada de Humahuaca se registra su práctica con prisioneros españoles. Con tradiciones muy diferentes a las de otros pueblos,  acostumbraban a cortar la cabeza a sus enemigos y suspenderlas en picas.

 

Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.  En los textos coloniales yucatecos esta deidad se denomina Ah Puch, “El Descarnado” , Kisin, o “El Apestoso” rey de Xibalbá, que representa el inframundo y tiene por cabeza, a menudo, una calavera.

 

.

Antiguamente incluso la muerte tuvo también una divinidad rectora, que se representaba tanto en los códices como en las obras plásticas, como una calavera, un esqueleto o un cadáver en descomposición (Mictlantecuhtli) .  Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.

 

 

Los mayas, los tarascos o los antiguos totonacos fueron devotos de la muerte. Todo parece indicar que hubo asímismo entre los aztecas un culto a la muerte muy arraigado. Entre los mochicas las numerosas representaciones de demonios con las caracerísticas cabezas-trofeo, así como otras figuraciones de cabezas empotradas en los muros (tzompantli) parecen indicar que el culto de la calavera, o la cabeza cortada, tenía gran importancia para los antiguos pobladores de Mexico. Las colecciones de cráneos podrían ser apilados por los vencedores en los lugares públicos, como una declaración obvia de la victoria y triste recordatorio de las pérdidas de los vencidos.

Señalamos también que el centro del mal llamado calendario azteca presenta un rostro con cara de calavera del dios Xolotl; quizá podríamos ver aquí una relación con las máscaras hindúes del Glotón o devorador del tiempo (makara) o aún con el rostro clásico de la Medusa, pero estas disquisiciones nos llevarían ahora  demasiado lejos de nuestro tema principal.

 

 

 

 

El legado de este sangriento culto de la calavera entre los pueblos antiguos de Mexico evoluciona y parece mantenerse hasta nuestros días, donde lo encontramos, en una vertiente más festiva y colorista, en el moderno festival del Día de Muertos -aunque se señalan para éste unos orígenes más cercanos a nuestros tiempos y más prosaicos que los que sugerimos-- . Entre los actuales pobladores de México todavía el cráneo es constantemente utilizado como un elemento ornamental en cerámica, relieves y esculturas, tradicionalmente. Su presencia es ubicua en la artesanía popular.  Comieza con una calavera en Janitzio, en Pázcuaro, Michoacán, la cual está hecha en tela; prosigue con las típicas de Celaya, Guanajuato, elaboradas con cartón con base de madera. Están las calaveras de Ocumicho, las de Aguascalientes, hechas en barro policromado y papel, las de dulce (sugar skulls), las calaveritas de azúcar, profusamente decoradas.  Se utiliza incluso en la fabricación de juguetes: estas “calaveritas” constituyen hoy uno de los signos de identidad de lo mexicano, desde hace mucho tiempo.

 

Antiguo cráneo votivo precolombino con incrustaciones de jade

 

Actualmente son conocidas en hispanoamérica las llamadas calaveras de San José, “ñatitas” y “aimeritas”;  el culto de estos cráneos que procesionan entre cánticos por las calles de la ciudad, constituye una tradicion que viene desde hace más de siglo. La fiesta se remonta al parecer hasta las costumbres de pueblos precolombinos, que solían desenterrar a sus muertos para honrarlos una vez al año. Este último hecho sugiere que quizá el culto de  la calavera no es sino una forma particular de culto a los antepasados, extendido en muchas culturas de todo el mundo.

No abandonaremos México sin señalar una de las dimensiones más siniestras y oscuras de este símbolo, cual es el de la veneración de la Santa Muerte, que participa remotamente de algunos aspectos  simbólicos del culto de la calavera, pero creemos tiene un origen sincrético muy distinto del alcance y el simbolismo de este ritual del cráneo que hemos visto se  remonta a los tiempos prehistóricos.

 

 

Prosiguiendo con nuestra búsqueda histórica de este extendido culto de la calavera viajamos desde la América precolombina hasta África, para encontrarnos en el antiguo Egipto con un cierto tratamiento ceremonial del cráneo, ya documentado en los tiempos prehistóricos, donde se sabe que la cabeza del difunto se separaba del cuerpo y se quemaba aparte. Estas macabras costumbres ancestrales, sin embargo,  desaparecieron con la práctica de la momificación.  La cabeza del muerto se cubría con estuco, y la cara se modelaba cuidadosamente, recibiendo un tratamiento  especial y reverencial, heredero en cierto modo de las más antiguas prácticas cultuales en torno al cráneo. En el Africa que rodea a Egipto, por otra parte,  también se conservaba el cráneo, particularmente en el caso de jefes y curanderos, cuya sabiduría y poderes divinos se  suponía que residían en la cabeza.

 

 

Vemos que hay definitivamente una gravedad inherente a la imagen del cráneo humano que, casi por sí solo, justificaría el valor reverencial y sagrado que se le ha otorgado desde siempre. La calavera ha sido tradicionalmente el símbolo de la mortalidad y en muchos casos se ha convertido en signo o marca distintiva de grupos y sociedades secretas, sustancias tóxicas y advertencias de peligro; incluso en la bandera que hicieron célebres los piratas servía con frecuencia como aviso de un funesto encuentro.

 

 

La imagen o símbolo de la calavera y las tibias cruzadas en forma de aspa (☠) es una forma emblemática usada con frecuencia en rituales iniciáticos como símbolo de resurrección o renacimiento. Algunas fuentes señalan que podría relacionarse, desde un punto de vista cabalístico, con la “sephirah daath” en el árbol de la vida, concebido en ámbitos ocultistas como vehículo para alcanzar estados superiores el ser o, expresado en otros términos, la “iluminación” del neófito. Quizá en este sentido vemos aparecer también el curioso simbolo en la casilla 58  del popular Juego de la Oca  (5 + 8 = 13, el arcano sin nombre del Tarot, la Muerte), representando aquí las fauces de la muerte que bloquean, en el tablero de juego,  el acceso al espacio central -la liberacion, la iniciación, el acceso al paraíso- como hemos indicado en otras ocasiones.

 

 

 

Arriba, mandil ritual masónico con la efigie de la calavera y las tibias cruzadas

 

La calavera ha sido investida, decíamos, de tremendas connotaciones religiosas y espirituales en muchísimas culturas. Este omnipresente símbolo de la mortalidad humana expresa, de modo impactante y potentísimo, el triunfo de la muerte sobre la existencia. Aunque también, en virtud de esa flexibilidad que los símbolos tradicionales presentan a menudo, el cráneo es emblema de resurreción o inmortalidad,  expresión radiante de la creencia en una parte espiritual del ser humano -incorruptible, diamantina, dura como  el hueso-  que, como el cráneo, perdura y sobrevive a la desintegración de la tumba, hecho que comúnmente ha sido observado en osarios y fosas de todo el mundo.

 

 

El culto de la calavera se halla en cierto sentido relacionado con el culto genérico y más amplio de las reliquias sagradas. Se dice con razón que el Vaticano es el mayor coleccionista de calaveras del planeta, pero… ¿les rinden culto? Parece ser que es así, ya que son consideradas reliquias, que en el ámbito del catolicismo son los restos de los santos después de su muerte o martirio (una muerte violenta, en la mayoría de los casos).  En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido aquél (expresion que nos evoca, caprichosamente, el episodio de la fragmentación ritual del cuerpo de Osiris, asunto que creemos ligado al que nos ocupa) .

 

 

La calavera, símbolo de la vanidad y la fugacidad en el Barroco

 

 

La reliquia se considera necesaria para santificar un altar (ara), haciéndolo apto para el sacrificio (sacrum facere, hacer sagrado). En cierto sentido simbólico, la reliquia en sí misma es una expresión mínima y nuclear de este acto del sacrificio; la sangre derramada  contribuye a santificar un enclave, un objeto. La reliquia  en definitiva sacraliza el lugar.

 

 

En este sentido, conviene recordar la significación del término Calvario o Gólgota,  nombre dado al monte o colina “a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. Su nombre proviene de la forma de calavera que tenían las rocas de una de sus laderas. (sic)  Su nombre en latín es Calvariae Locus, en griego Κρανιου Τοπος (Kraniou Topos) y en arameo Gólgota o Golgotha; en todos estos idiomas significa “lugar de la calavera”.”  Además, según la tradición judía, sería el lugar en el que se enterró el cráneo de Adán. De nuevo,  los elementos de las antiguas formas mistéricas, la sangre derramada en sacrificio y el cráneo, asociados de modo simbólico en el pasaje bíblico:  la sangre del Cordero cae sobre el cráneo del viejo hombre, Adán,  operando su resurrección.

 

Tzompantli en el Templo Mayor de México

 

Esta proliferación de reliquias, sin embargo,  tiene una explicación sencilla, pues hubo una época en la que para poder crear una iglesia era preciso poseer una reliquia o acreditar un milagro (ésto fue así también, curiosamente, en la Grecia clásica, con el asunto del heroon donde se hallaban los restos -reliquias- de supuestos héroes o semidioses de la antigüedad). Esto significaba que aquellos pueblos o ciudades que desearan tener su lugar de culto debían hacerse con alguna reliquia, lo que ocasionaba más de un enconado litigio entre buenos vecinos.

 

 

Por otro lado, cerca del ámbito de las reliquias, estaban las mirabilia: las maravillas  más veneradas de los tesoros medievales eran precisamente las reliquias, aunque este culto de las reliquias no es solamente cristiano. Plinio el Viejo nos habla ya de reliquias preciosas en el mundo grecorromano; la lira de Orfeo,  el sándalo de Elena o los huesos del monstruo que atacó a Andrómeda ** Sin embargo, la colección de reliquias que ha producido el cristianismo supera todo lo imaginable: un ejemplo extremo y singular de este culto lo constituyen las calaveras (dos) de San Juan Bautista, pues se conservan dos ejemplares: aquella de cuando era niño y el cráneo en la edad adulta (!).

 

Salomé con la cabeza griálica del Bautista: abajo, cráneo de San Dagoberto, el último de los reyes merovingios y objeto de veneración entre los fanáticos de los misterios de Rennes le Chateau.

 

 

Chanzas aparte, la veneración del cráneo (o de la cabeza cortada, simbólicamente emparentadas) de San Juan Bautista, de ecos griálicos y templarios,  nos remite de nuevo y con la mayor gravedad a lo más profundo del asunto que discutimos.   Es posible encontrar  en la antigua mitología céltica un curiosísimo y enigmático eco de este poderoso símbolo de la cabeza cortada en la vasija o Graal (plato, fuente o bandeja en su acepción etimológica original) o el caldero o copa rebosante de sangre : nos referimos al caldero de Bran --en el cual se operaba de modo mágico la resurrección de los guerreros muertos durante la batalla--  y a la propia cabeza de este mismo héroe mítico, a la que se adjudicaban propiedades taumatúrgicas y proféticas -según se relata en diversos episodios de los Maginogi, textos del antiguo folckore galés-- . En un pasaje famoso del Peredur (antecedente del Parzival del ciclo del grial artúrico) el personaje principal asiste a una misteriosa procesión de una lanza sangrante y una ominosa cabeza seccionada depositada en un cuenco o plato grande (grasale, graduale, grial) y portadas por una doncella virgen. Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos en torno a los que se articula lo esencial del misterio griálico.

 

 

Arriba, grabado antiguo que ilustra el cortejo misterioso de Peredur (Perceval): son patentes la enorme lanza sangrante y la cabeza cortada en el plato (graal), símbolos fundamentales de la leyenda del Grial

Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos principales en las leyendas del Grial.

 

Arriba, moderno kapala tántrico, decorado; antecedente del Grial y evidencia de un extendido culto a la calavera de profunda significación esotérica. Hasta hace poco, estas piezas auténticas podían ser fácilmente adquiridas.

 

Cabezas esculpidas halladas en un oppidum céltico. Imagen de www.delcampe.net

 

Entre  los indicios que sostienen la existencia de un culto de la cabeza cortada, se cita con frecuencia a los antiguos celtas. Se mencionan en este sentido las numerosas representaciones escultóricas de cabezas decapitadas en la llamada cultura de La Téne (también en otros yacimientos en España y diversos lugares europeos) y las referencias del folckore céltico, donde hay múltiples menciones de las cabezas cortadas de los héroes y de santos que llevan su propia cabeza seccionada; a menudo estas cabezas cortadas son portadores de poderes mágicos  (Bendigeit Bran) o son capaces de extraños vaticinios que las emparentan con los bustos parlantes de la antigüedad y otras cabezas insignes y proféticas, como la de Orfeo. En el seno del catolicismo no faltan tampoco los mártires descabezados, como  San juan Bautista o Saint Denis (abajo).

 

 

 

Abundan las referencias sobre el tema en los autores clásicos. Diodoro de Sicilia (V, 29,5) refiere que los galos “cortan la cabeza a los enemigos caídos y la sujetan al cuello de sus caballos” a modo de trofeos, suponemos.  Silo Itálico (Púnicas, XIII, 481-2)  dice que estos mismos galos consagraban en los templos la cabeza cortada del jefe enemigo. Estrabón, por su parte habla de este rito utilizado por los druídas. Para otros muchos autores , sin embargo, nunca hubo un verdadero culto de la cabeza cortada, sino que más bien los indicios sugieren la existencia entre los celtas de una forma vestigial de algún símbolo solar procedente de la Edad del Bronce.

 

 

Ya en tiempos más cercanos a nosotros, las calaveras han sido y aún siguen siendo utilizadas en diversos juramentos  (oaths) y rituales poco conocidos en otras tantas sociedades secretas y grupúsculos afines al ocultismo. Cabezas cortadas y asesinatos rituales ilustrados en un antiguo texto sobre la masonería: ¿rituales mistéricos, sainetes o algo más siniestro?  Abajo, la fuente más antigua para la explicación simbólica del culto de la cabeza cortada: Saturno, dios de la Edad de Oro,  decapitado por Júpiter * en un antiguo manuscrito. Algunos de los poderosos símbolos del Grial pueden remontarse también a este episodio mitológico.

 

En una época en que se desconoce cómo empezó la costumbre de realizar un juramento sobre las reliquias (oath) de la misma manera que se jura sobre la Biblia en determinados casos; los ejemplos documentados son del siglo VI en adelante. Se dice que los jesuítas practican un ritual semejante en el que se precisa un cráneo humano sobre el que se realiza un juramento especial a la orden. Este supuesto juramento aparece en el libro “La Roma subterránea” de Charles Didier, traducido del francés y publicado en Nueva York en 1843. El Dr. Alberto Rivera escapó de la Orden de los Jesuitas en 1967, y describe su juramento jesuita en la misma forma como aparece en este libro. Semper Idem: siempre Igual.

 

Arriba, Jupiter con la cabeza cortada de Saturno; este episodio nos da ciertas claves sobre uno de los probables orígenes del culto del cráneo en el milieu esotérico occidental

 

La identidad de valor de la “cabeza cortada” y de la Gorgona procede de un culto del cráneo, transformado por el mundo helénico, que parte del más viejo fondo de las religiones indo-europeas  de las que la cabeza de Medusa parece ser el último avatar. Un  valor mágico religioso que aventaja al rito está indistintamente ligado al cráneo del enemigo de los antepasasdos, según la leyenda de Bran, vinculada a la muerte y la resurreción. En el ciclo de Peredur, vinculado al misterio griálico, y en otros relatos galeses (los Mabinogi) aparecen con mucha frecuencia el motivo de la cabeza cortada y sumergida en vasijas, pozos o calderos (imágenes del graal). El caldero de la resurrección es además uno de los motivos recurrentes de la mitología céltica y de sus más importantes elementos dentro de su sistema de creencias. Muchos autores creen que estos calderos mágicos de la resurreción fueron los que inspiraron la aparición de las leyendas artúricas y griálicas posteriores.

El origen de este enigmático culto que vincula el cráneo y la copa se ha encontrado no sólo en mesoamèrica, sino en las culturas egipcia, céltica, hindú, oriental y escandinava. Se dice que los vikingos después del combate cortaban la cabeza de sus enemigos vencidos y en los cuencos de sus cráneos bebían y brindaban por el triunfo: aún hoy lo escandinavos gritan “skol” que significa salud, mientras chocan sus copas, aunque el signficado del término es el de fuente, taza, escudilla o copa; acepciones que también se encuentran en el antiguo graal, grasale, que muchos autores han identificado con el cuenco de la calavera tántrico (kapala). La raíz del término skol, skalle, (fonéticamente próximo a skull, cráneo ) significa precisamente calavera.

 

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

Arriba, la curiosa analogía del Crismón ☧ Cruz Chi Rho con el emblema de la calavera y las tibias ☠  ha sido señalada por algunos autores de filiación masónica, como Manly P. Hall,  que pretenden ver aquí uno de las claves del enigma del culto al cráneo en occidente

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

 

Edouard Chavannes cita a Tito Livio para ilustrar el uso ceremonial de estos cráneos entre los Boii, una tribu céltica que medraba en la Europa del siglo III despues de Cristo. Más próximo a nuestros días, y quizá de forma anecdótica, se recoge en diversas fuentes el uso que Lord Byron dio a un cráneo gigantesco hallado por su jardinero en los terrenos de Newstead Abbey. El poeta convirtió en copa ceremonial la descomunal calavera, en perfecto estado de conservación, de modo que recordaba el caparazón ricamente ornamentado de una tortuga. Byron llegaría a fundar una Orden de la Calavera en Newstead, en la que la libación ritual en el cráneo´”en imitación de los dioses de antaño” constituía uno de los momentos estelares de sus cenáculos.

 

 

El cuenco de calavera tántrico.  Arriba, recreación truculenta y siniestra del Vaso de Kali para una de las películas de Indiana Jones.

Abajo, kapala o cuenco de calvera tántrico real. Muchos ven aquí uno de las prefiguraciones del Grial o graal de las leyendas medievales o el caldero de la resurección céltico.

 

 

 

 

Salomé, Isis, Kali: Cabezas cortadas, sangre y un oscuro ritual en torno al cadáver o la cabeza del muerto, la calavera . Asombrosas  aunque improbables conexiones griálicas.

 

 

El sacrificio ritual y el lado oscuro de la muerte están presentes en el siniestro culto de Kali .

Abajo, la diosa Kali porta dos de los atributos inconfundibles de Saturno (la hoz y  el ramillete de calaveras) Saturno es el origen de la iconografía contemporánea de la Muerte con la Guadaña, o “Grim Reaper”.

Se han apuntado distintas conexiones, que van desde la magia tántrica hasta la mitología egipcia, entre la sangre menstrual y la copa en forma de calavera.La diosa Kali guarda en este sentido ciertas concomitancias con el lado más oscuro y destructor de Isis, que en el antiguo Egipto, por ejemplo,  vinculada a la diosa  Sekhmet era la diosa de la menstruación. Su asociación  con la sangre le hizo merecedora del título de Mujer Escarlata o Señora de la Carnicería (epíteto éste último que bien podría haber sido adjudicado a la propia diosa Kali).

 

 

Prosiguiendo con esta misteriosa relación del cráneo y la copa es necesario reseñar que en el budismo tibetano hay una forma particular de este vaso sagrado asociado al sacrificio ritual.  Se trata de  un objeto destacable: el kapala o cuenco de calavera tántrico. Esta peculiar vasija encuentra su forma gemela en la mucho más antigua vasija de barro védica que recogía la sangre de los sacrificios. Algunos han señalado justamente el kapala como un antecedente simbólico seguro para el graal de la tradición céltica y medieval.  El kapala usualmente es sostenido por fieras deidades, de aspecto demoníaco, que lo elevan al nivel de su corazón (en occidente, esta asociación del corazón humano con un vaso, graal o grasale fueron magníficamente señaladas por Guénon en algunos de sus artículos sobre el simbolismo del grial) y aparece representado en la iconografía tradicional lleno de sangre humana y vísceras, carne humana y en ocasiones los pulmones y otros órganos del enemigo abatido. De aquí que la vinculación del vaso tántrico (kapala) con la sangre (y por ende, el sacrificio ritual) resulta más que evidente y sugiere una relación efectiva del ancestral culto del cráneo con alguna forma extrema de sacrificio ritual que incluiría el derramamiento de sangre.

 

 

La selección de un cráneo adecuado resultaba en estas prácticas de extrema importancia para el funcionamiento del ritual, y explica algunos aspectos de la naturaleza del culto sacrificial del que hablamos. Se cree que la calavera de un asesino o la víctima de una ejecución posee la mayor potencia tántrica; el cráneo de aquel que ha muerto de manera violenta o accidental, o una enfermedad virulenta, sería poseedor de un nivel medio de esta energía. La calavera de un niño que hubiera muerto durante la aparición de la pubertad se considera también un receptáculo de máximo poder tántrico (creencia que evoca el sacrificio de jóvenes vírgenes en otras culturas)  así como las cabezas de púberes de paternidad desconocida (** huérfanos) o nacidos de la unión prohibida de castas o prácticas sexuales incestuosas o consideradas inmundas en el sistema de creencias tradicional.  El cráneo de un niño de siete u ocho años nacido de una relación incestuosa se considera, en este oscuro sistema de creencias, como catalizador de la mayor energía en determinados rituales tántricos.

 

 

El kapala  es un auténtico cráneo humano ornamentado según la tradición tántrica tibetana. Es un adminículo ritual tibetano que sirve como vasija de ofrendas en la religión budista del tantrismo. A menudo se fabrican a partir de la cabeza decapitada del cadáver de un monje budista.  Para usarlo, el cuenco de calavera se llena de vino y una mezcla sanguinolenta que representa la “inmortalidad”. Entonces, en una ofrenda que los fieles presentan a las divinidades tántricas hindúes y del budismo tibetano, el líquido es consumido por los monjes. Este tipo de cráneos se pueden adquirir pero son difíciles de encontrar y actualmente las autoridades de Nepal mantienen una escrupulosa politica contra la exportación de estas reliquias sagradas.

 

Cráneos y cabezas decapitadas en sendos mandiles rituales masónicos


Los propios cráneos tántricos, kapalas, tiene fama de ser los de los propios monjes cuyos cuerpos, una vez muertos, continúan sirviendo a la divinidad a la que siguieron en vida.  Se usan como receptáculos de ofrendas rituales de comida y bebida sagrada, y como instrumentos de adivinación.

 

 

Por otro lado, en la India, es destacable la figura del “ahori”, devoto de un culto extremo a Shiva, que de acuerdo con las creencias de esta secta se considera como un “cadáver” y a menudo así se les ve caminando por las calles con un cráneo a modo de taza en las manos (kapala). Estos santones son capaces de comer cualquier cosa, incluso alimentos podridos: en algunos momentos de sus singulares rituales se prescribe el consumo ritual de carne humana putrefacta, y parte de sus ritos inlcuyen una meditación ante un cadáver en descomposición.

 

 

Ya en nuestros tiempos, el motivo de la calavera y las tibias cruzadas en aspa ☠ no ha perdido su carga simbólica y  ha sido usado como emblema en muchas fraternidades americanas, grupos militares, así como en sociedades secretas, y asi los han vinculado también al templarismo y la masonería. El ejemplo más célebre actualmente es el de la Skull and Bones,  una sociedad secreta americana de la Universidad de Yale  que incluso toma su nombre de aquel símbolo.

 

Bolívar con el emblema de la calavera en su uniforme, proclamando su adhesión a la “Orden” . Bolívar se inició en la masonería en Cádiz y fue ferviente defensor de los principios masónicos durante toda su vida.

 

X es el simbolo del cruce o la muerte.  (☠ ); la T o  (cruz) representa la letra griega Tau, el simbolo de la primer cruz, un simbolo de sacrificio.

 

 

Osiris es a menudo representado esquemáticamente con la grafía X. Las asociaciones con el Crismón Chi Ro, X P) y el símbolo del culto del cráneo son inevitables y apuntan muy lejos.

Lc- 23: 33; SS 3; 322 El uso de la calavera con las tibias cruzadas (X) en la francmasonería ha sido documentado ampliamente (abajo, emblemas de Skull and Bones y las SS)

 

 

La sociedad  Skull and Bones ha sido acusada de los más variados crímenes, uno de los cuales incluye la posesión ilegítima del cráneo del jefe indio Jerónimo o el de Pancho Villa, que usarían supuestamente para realizar sus juramentos, rituales y demás sainetes, lo cual no ha sido probado nunca. Sí es cierto que algunos de estos grupos, así como sectas satánicas, emplean uno o varios cráneos reales como parte de algunos de sus  rituales internos; así ocurre con los Caballeros de Colón o en los ritos del grado masónico de los Caballeros Templarios. La significación de estos emblemas varía según la sociedad o grupo que los usa.

 

El famoso “Juramento de la calavera” de El hombre enmascarado (The Phantom) , con reminiscencias de templarios, piratas y francmasones y la sombra de una sangrienta “vendetta”

 

El uso del emblema de la calavera con las tibias cruzadas en la francmasonería se ha documentado en muchísimas ocasiones; así proliferan en las lápidas de miembros de la hermandad, en documentos y en paneles masónicos. También aparece un cráneo entre los enseres o adminículos de la “cámara de reflexión” masónica, donde se opera alguno de los rituales de iniciación practicados por los miembros de la masonería. La calavera es, entre los emblemas y signos masónicos, de los más frecuentes, junto con el compás y la escuadra, la colmena o el Ojo de la Providencia (All Seeing Eye): así figura en bastones y espadas rituales, anillos o sellos, o también en mandiles.  La iconografía del cráneo se emplea ampliamente en el ritual del tercer grado, donde se inicia el maestro masón -- tras los primeros grados de aprendiz y compañero- ; la iniciación de este tercer grado se concibe como la “resurrección” de entre los muertos del candidato, siguiendo el ejemplo del mítico  primer masón Hirám Abiff, asesinado ritualmente por los traidores Jubela, Jubelo y Jubelum, llamados los Tres “juvíos”.

 

 

 

 

Algunas fuentes sugieren que uno de los posibles significados sea el de advertencia para los adeptos que se atrevan a romper los juramentos secretos de dichas sociedades, asunto complejo y de múltiples ramificaciones, en el que nos gustaría profundizar, con el permiso de ustedes, en una tercera parte de este scherzo sobre un hipotético Culto de la Calavera  III para el que les emplazamos en un futuro no muy lejano. Entretanto, procuren no perder su cabeza en absurdas elucubraciones.

 

 

-Fuentes y vínculos-

 

(1) El culto de la calavera, I en Viajes con mi tía

(2) Skull cult exhibition, una colección de artículos sobre la significación de la calavera en la historia de la cultura the exhibition “skull cult”

(3) Reliquias y osarios en el   Cementerio de las Fontanelas, en Morbid Anatomy

(4) Black cult of Saturn

(4) La calavera tántrica, en Viajes con mi tía

(5) Celtic-and-Other-Stone-Heads-by-Sidney-Jackson-40-pages-Booklet-on-the-fascinating-Stone-Heads-in-Yorkshire

(7) The celtic cult of the severed head /

(8) The nazi cult of Saturn (un tubo sobre el asunto del culto saturnino entre los nazis)

(9) Calaveras de cristal en Mesoamérica

(10) (..Representaciones de cabezas cortadas y cabezas trofeo en el Levante Español, A. Baul Congreso internacional de Ciencias prehistóricas Madrid, 1954)

 

Muerte, autorretrato final

 

Una talla en marfil japonesa, de la excelente colección de Richard Harris

 

Ésta es una exposición que nos hubiese gustado visitar sin duda alguna: la que recoge una amplia panorámica de la colección de Richard Harris, centrada exclusivamente en imágenes y objetos en torno a la idea de la muerte. Lamentablemente, el circuito de esta excepcional muestra nos queda un poco a desmano, ya que recorre diversas localidades de los Estados Unidos,  comenzando desde Chicago, el verano pasado. Tuvimos noticia de la exposición través del blog Morbid Anatomy, que desarrollaba un estupendo apunte sobre el evento en el momento de su inauguración. Recoge alrededor de trescientas obras de una colección única en el mundo consagrada a la iconografía de la muerte, reflejando nuestras complejas y a menudo contradictorias actitudes hacia la misma. Compilada por Richard Harris, un próspero anticuario de Chicago, la colección es muy heterogénea, contemplando obras de arte de diversa especie, grabados y pinturas, especímenes científicos, piezas arqueológicas, artesanía popular y objetos curiosos de medio mundo. Incluye también estampas singulares de Durero, Rembrand o Goya (especialmente su serie sobre los Desastres de la Guerra, con una fuerte presencia de la Parca), que se exhiben junto a láminas anatómicas o las Vanitas renacentistas. También hay cabida para el arte popular mexicano con su tradición del Día de los Muertos. Macabra, inquietante y cautivadora,  esta exhibición es una de las más apasionantes y completas que se hayan realizado hasta la fecha sobre la imaginería del memento mori. Con el título “Dancing towards Death” (en clara alusión a las danzas de la muerte) tuvo lugar en el Figge Art Museum en Davenport (Iowa, USA) entre el 18 de septiembre de 2010  y enero del 2011. Confíemos en que quizá algún día la muestra se acerque a nuestros pagos.

 

 

Máscara tibetana de madera (siglo XIX) de la colección Harris

 

Richard Harris, el propietario de la asombrosa colección en torno al Memento mori, posa junto a algunas de sus piezas

 

 

 

 

 

Un tubo que muestra un aspecto de la sobrecogedora colección de Richard Harris en torno a la muerte

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Imágenes de la galería de la colección Harris

(2) La colección Harris, en um álbum de Flickr

(3) Un artículo sobre la colección de Richard Harris

Plastilina, un juego de niños I

Tödlein, cadáver tañendo un laúd. 2012. Super sculpey, madera, pintura acrílica.  19 cm.

 

Junto al dibujo de historietas, las lecturas y miles de juegos maravillosos (*) cuyo recuerdo sería ahora prolijo glosar, el modelado de figuritas en plastilina fue una de las aficiones que ocupó buena parte de nuestro tiempo libre en los calurosos -e inagotables -- veranos de nuestra infancia. En estos días mucho más cortos de nuestra madurez hemos rescatado del olvido esta actividad que teníamos abandonada prácticamente, salvo escasas e infructuosas incursiones durante la época de estudios universitarios.  Ha sido precisamente esta falta de luz natural de los cortísimos días invernales --que empiezan a mermar como cada año  desde la pasada noche de San Juan, como nos recuerda tan pertinaz y ritualmente la paciente mecánica de los ciclos cósmicos--  la que nos ha llevado en parte a resucitar esta vieja pasión por el modelado: pensamos que las escasas horas de luz aprovechables para la pintura y el dibujo a partir del otoño las podríamos dedicar a estos menesteres con aceptables resultados.

Después de un año de práctica intermitente, nos atrevemos a compartir con ustedes algunos aspectos del proceso de aprendizaje que hemos seguido --y en el que aún nos hallamos inmersos--  ilustrándolo con muestras de nuestro trabajo como principiantes y nuestros característicos e hiperbólicos preámbulos, giros y notas al pie. El propósito de este post, quizá pretencioso, es que nuestros tropiezos y aciertos sirvan de guía o de inspiración a otros que quieran animarse a hacer sus pinitos en este apasionante ejercicio. Aún poniendo freno a nuestra tendencia al enciclopedismo y la hipérbole, hemos querido incluir  en el apartado fuentes y vínculos  algunas direcciones y enlaces de interés, que esperamos ampliar y mejorar en el futuro, donde los más interesados en el tema podrán encontrar ventajosas recomendaciones y consejos.

En todos los casos, las figuras y diseños que se muestran son meros ejercicios de aprendizaje, donde explicamos algunos de los entresijos de la creación de aquéllas, así como los problemas más frecuentes que hemos encontrado durante la realización de cada pieza, características del material empleado y otras cuestiones más o menos relevantes. En la actualidad seguimos en esta línea de iniciación de técnicas básicas, consultando aquí y allá el material que podemos recabar, intentando mejorar los resultados y ensayar poco a poco con nuevos retos técnicos bien planificados, sin desmoralizarnos demasiado ante el buen hacer de los maestros consumados del género y desarrollando la paciencia y la perseverancia, dos cualidades que nunca han brillado en nuestra exigua panoplia de virtudes.

 

 

Caja de barritas de plastilina, años 70 (3) .

 

Puestos a buscar un arranque para esta historia,  aunque corramos el riesgo de convertirlo en un Tratado sobre la plastilina, podríamos remontarnos a los años 70 (también podríamos remontarnos al carbonífero, pero esto nos llevaría demasiado lejos) donde una singular caja de barritas de plastilina como ésta de arriba fue uno de los más queridos y entrañables juguetes de nuestra mocedad: “Contenía 20 barritas de plastilina de distintos colores, el envase era de plástico con tapa transparente. Se vendía en papelerías, quioscos y tiendas de juguetes. Todo un clásico de la época. La plastilina era uno de los mayores entretenimientos de los niños y niñas de los 70. Se podía hacer casi de todo con ella -dependiendo de las habilidades de quien la manejara--, dándoles color a todas nuestras creaciones.” (3) Aún recordamos, con cinco o seis años, el momento en que nuestros padres nos regalaron una como ésta, con un montón de troqueles y moldes de animales de colores. Desde entonces quedamos enganchados al invento.  Con el tiempo adquirimos cierta destreza en el modelado de figuritas, dinosaurios y otras inspiradas sobre todo en personajes de los tebeos, pero ya entonces nos disgustaba la fragilidad de la plastilina --aunque es un material con inmensas posibilidades, incluso a nivel profesional--  y echábamos de menos algún material más perdurable, que permitiese una mayor resistencia al tiempo de nuestras creaciones.  En la actualidad existen al alcance de cualquier bolsillo verdaderas maravillas en este sentido, pero en aquella época no eran muy asequibles. Nuestros experimentos con la escayola, primero, y con la arcilla, más tarde, fueron insatisfactorios y exasperantes, terminando por alejarnos del modelado, incluso como afición.

 

 

Un montaje para uno de nuestros últimos dibujos: un libro de Gutierrez Solana sostiene una sonriente calaverita mexicana fabricada con pasta Das; junto a ella, una soberbia figura de papel maché del estilo de la familia Linares de nuestra pequeña colección de arte popular mejicano. Preparar modelettos para nuestros bodegones ha sido la excusa perfecta para volver a resucitar nuestra pasión por el  modelado.

 

Hoy, felizmente, al cabo de casi treinta años, hemos recuperado nuestro primer entusiasmo; llevados en parte por nuestra afición paralela por el dibujo y nuestro incipiente -y preocupante- afán por el coleccionismo. La necesidad de fabricar algunos modelettos con los que surtir algún que otro bodegón nos hizo plantearnos una vuelta a esta vieja práctica. Los estipendios imposibles  para el bolsillo humano que exigen por las piezas originales --especialmente joyas de arte popular mexicano (de precios impopulares) y antigüedades--  que nos entusiasman hicieron el resto: ¿por qué no hacer alguna réplica más asequible de estos y otros tesoros con nuestras propias manos?  Y en ello estamos. De momento, hemos conseguido renovar nuestro interés, sensiblidad y  aprecio por el arte de la escultura --que no es poco--; además nuestro pequeño wunderkammer crece exponencialmente, así como las joyas de nuestro futurible ajuar funerario. Todo un logro para un diletante, ¿no les parece? Aún hay más: desde que la emprendimos con el modelado de muñequitos, no gastamos un duro en la decoración -un tanto friqui- de casa.  ? No es pasión de padre, pero preferimos  contemplar nuestras deformes criaturas a una horrísona y carísima figurita --sin acritud-- de Ladró.  Como soñar es gratis, quizá próximamente, si logramos superar ciertas dificultades técnicas y aprender algo sobre moldes, podamos incluso vender alguno. Pero no hablábamos del cuento de la lechera, sino de modelado.

Arriba, varias tomas de nuestra última y más lograda pieza, colofón tras varias tentativas más o menos frustradas y pruebas con diversos materiales y técnicas. La figura está inspirada en un fragmento de las  Danzas Macabras de Berna ( ) y trata de imitar el estilo y las formas de un tipo de escultura tradicional llamada Tödlein -“cadáver”- una variante de la fórmula del memento mori propia del Renacimiento, desarrollada especialmente en Alemania (*), con ejemplos verdaderamente pasmosos en madera y marfil.   Justo es reconocer que las fotos no hacen justicia a la figurita, que es más delicada de lo que puede apreciarse en estas instantáneas. Sin embargo, no menos justo es evidenciar que hay multitud de torpezas y desaciertos en esta nuestra mejor --hasta el momento-- creación; las fotos, tomadas desde los ángulos más interesantes, tratan de escamotear algunos de estos defectos que les señalamos ahora honestamente y que hemos cometido -de manera obstinada y casi programática- en casi todos los proyectos emprendidos.

Aprovecharemos los pies de foto para destacar algunos de estos errores de principiante , comenzando por el más flagrante a nuestro parecer. Es un axioma en escultura de bulto redondo que, además de no moverse (lo mínimo que debe pedirse a una escultura, según Salvador Dalí) ésta debe presentar varios puntos de vista plásticamente interesantes, si no todos, en torno a su eje central. En nuestro caso concreto y en la mayoría de las piezas presentadas en este artículo, inspiradas por dibujos planos, las vistas estéticamente válidas de la pieza están muy limitadas, teniendo en muchos casos un único punto de vista, a lo sumo dos o tres, en los que la visión es óptima. La mejor forma de subsanar este error garrafal es partir de varios bocetos o apuntes de la figura (posterior, anterior, laterales, tres cuartos) que garanticen una perspectiva armoniosa y equilibrada de la pose y las formas de la figura. De igual modo, conviene durante el trabajo girar repetidamente la pieza para (con este propósito se utrilizan los tornos de modelado) ir dando un acabado global a la misma, sin enfatizar especialmente en ninguna perspectiva. Esto es aplicable sobre todo a los ejercicios de figura completa en poses más o menos dinámicas, según nos parece; los bustos o figuras hieráticas merecen otra consideración. Desde un punto de vista del aprendizaje, quizá sea conveniente comenzar con prácticas menos exigentes, como el relieve, donde al menos no hay que preocuparse en principio de estas cuestiones.

Otro problema, subsanado en este caso con una pequeña argucia. Durante la cocción de la figura, la dilatación del material hizo cambiar el centro de gravedad de la pieza que, finalmente, fue perdiendo su verticalidad con riesgo de romperse. El bloque marmoleado -hecho con pasta Das y pintado al acríclico- sirve de punto de apoyo a la figura y asegura su anclaje  a la peana y su verticalidad. Hay que aceptar las limitaciones: construir una figura sobre un solo pie era demasiado reto para nuestras actuales posibilidades y experiencia técnica. Son patentes también la falta de finura de detalle en pies y manos, debidos principalmente a nuestra poca paciencia --imprescindible en esta actividad-- y a un estilo un tanto “marrullero” propio de la casa. Intentamos compensar esta tendencia mejorando cada día la técnica y buscando entre nuestros modelos referencias más cercanas a la rusticidad del arte anónimo, naif y folclórico que a los acabados pulidos de los más virtuosos. Al margen de nuestra falta de pericia y pulcritud en la ejecución de los detalles, observamos que la falta de estabilidad de la estructura durante todo el proceso ha dificultado notablemente este aspecto de la realización (lo cual nos ha pasado también en otras figuras como veremos).

En esta toma más detallada de la pieza se pueden apreciar algunos otros fallos en el acabado que estimamos poco deseables: el aspecto rugoso y excesivamente texturado en algunas zonas no es del todo voluntario, antes bien un defecto de una técnica poco cuidadosa y de las prisas por ver terminada la figura . Como solución hemos optado por darle un aspecto de vieja talla en madera--el color no es apreciable del todo en la foto-- con ayuda del acrílico, trabajando en varias capas con procedimientos de color roto y  pincel seco, entre otras. El supersculpey permite un acabado liso como una peladilla o texturado, a voluntad, durante el período previo a la cocción del mismo.

Algunos de los errores que señalamos eran evidentes desde los primeros estadios de diseño de la figura y no por eso pudimos corregirlos, en principio por falta de destreza. En el último caso que señalamos, las manos no parecen sujetar realmente el arco y el pequeño laúd  (tampoco éste aparece muy bien construído y documentado en referentes reales, según es costumbre de los buenos aficionados al modelismo), habiéndose solucionado este problema con pegamento de contacto en varios puntos, cuando lo ideal habría sido diseñar los puntos de agarre para que anatómicamente fueran exactos, algo que aún está fuera de nuestro alcance, según parece. Para la cuerda del arco usamos, a falta de otra cosa, un trocito de alambre de florista; pocos días después descubrimos un tutorial fantástico para fabricar este tipo de adminículos con hilo de algodón. (7)

Con todo, y a pesar de las dificultades y problemas no resueltos, estamos bastante satisfechos del efecto final de la pieza, bastante digna a nuestro modo de ver, sobre todo trantádose de una de nuestras primers tentativas con un material que desconocíamos por completo, el supersculpey, pero que nos ha proporcionado unos excelentes resultados.

El principio de nuestro proceso de experimentación con diversos materiales para modelismo partía de dos premisas básicas: debía asegurar la durabilidad y firmeza de la figura y ser cómodo y relativamente fácil de trabajar. Descartamos rápidamente las plastilinas o la cera -incluso las mejores del mercado- por el primer motivo; la arcilla y otros materiales no los contemplamos por las dificultades que entraña --bajo nuestro punto de vista-- trabajar en un ambiente doméstico, se ocupa mucho espacio y es bastante sucio, con necesidad de un horno de cerámica para cocer las piezas y un lugar disponible para almacenaje.  También teníamos claro que aún no íbamos a entrar en fabricar moldes, sino en hacer piezas únicas. Nos decidimos finalmente por algunos de los materiales que vemos arriba: pastas de modelar de secado al aire, resinas epóxicas y resinas poliméricas que pueden endurecer en el horno de la cocina.

Hay mucha gente que trabaja habitualmente con masilla epoxi, que  seca al aire  (Milliput, Magic Sculp, Green Stuff y otras) aunque se hace necesario trabajar en un tiempo récord, “contrarreloj”, en lo que algunos ven un serio inconveniente. Los hay que prefieren las arcillas poliméricas (que fraguan en el horno de casa), hay gente que usa plastilina escolar y luego añade una piel de masilla epoxy; los procedimientos y técnicas son casi tan numerosos como la gente que se dedica a cultivarlos.  Otros materiales como la porcelana china, pasta de papel DAS o arcillas no las recomendamos  para hacer figuras: son complicadas e incómodas de manipular, suelen dar acabados muy malos, son  quebradizas y para más inri,  encogen al secarse y se suelen fracturar.

La intención: probar diferentes materiales para ver cuál de ellos se adaptaba mejor a nuestra forma de trabajar, empezando por los que pensábamos más sencillos.  En la foto, los materiales que hemos probado, hasta ahora, de izquierda a derecha: paquete de Supersculpey firm (nuestro favorito, por el momento), resinas epóxicas de dos componentes Milliput y Magic Sculp -muy usadas en miniaturas y modelismo-, pastas de modelar escolar Das, Plus y Creative Paperclay; en el centro abajo, pastas poliméricas Fimo Soft y ClayColor; a la derecha, bolsa de papel maché.  Hay muchos lugares en internet donde se dan direcciones de las tiendas donde venden estos y otros materiales similares, y foros y sitios haciendo comparativas a fondo sobre las características de unos y otros. Algunas las facilitaremos en nuestros enlaces.

Los primeros tanteos los llevamos a cabo con varias pastas de modelar de tipo escolar. Éstos de arriba son réplicas de  calaveras mejicanas, para pintar posteriormente.  Están realizadas con una sencilla pasta de modelar de secado al aire que podemos encontrar en cualquier  papelería.  En los más grandes empezamos a usar una estructura de papel de periódico arrugado, para gastar menos material y darle consistencia a la pieza. Estos tempranos ejercicios los hicimos bien sencillos para evitar desde el principio entrar en grandes dificultades técnicas: se trataba de probar el material y ver cómo se comportaba. Las complicaciones se planterarían solas, más adelante.  La mayor parte del trabajo no debe hacerse con los dedos, pues se deforma el volumen general; es conveniente ayudarse de palillos de modelar e ir trabajando desde lo general a lo particular, insistiendo mucho en los planos o facetas para establecer dichos volúmenes. Este material, no obstante, es ideal para trabajos de poco detalle y formas sencillas y compactas. Con un poco de imaginación se le puede sacer partido. Aunque para motivos con mayor detalle no lo consideramos el más aconsejable. Como en todo, hay gente que es capaz de hacer maravillas con el papel maché. Nosotros no hemos sido capaces de momento.

Un segundo  o tercer intento con la pasta de modelar Das (con la que creemos no volver a repetir en un tiempo). La calaquita mejicana, inspirada en un diseño de Felipe Linares; la pasta tarda de cuatro a seis horas en comenzar a endurecer. Es más dúctil y maleable si disponemos de un pulverizador con el que ir humedeciendo de cuando en cuando la pasta, un poco pegajosa,  y las manos.   Importante no desesperar y, repetimos, no usar demasiado los dedos y  atenerse a formas y volúmenes sencillos y compactos (esferas, cilindros, sólidos simples). Acepta muy bien los acrílicos.

El “primo de Papúa” inspirado en un ejemplar exótico de madera,  fue el tercer intento --los dos anteriores no llegaron a buen puerto-- de hacer una figura completa de pie con pasta de modelar. Ésta concretamente Sio 2 Plus, nos dio mejor resultado que la pasta Jovi DAS y nos resultó más agradable y cómoda de manipular, en cierto sentido parecida a la arcilla. Empleamos una estructura de almabre y de papel de aluminio para sostener el conjunto, pero a medida que se acumula el material la gravedad se hace notar y comienzan las dificultades. Se puede prolongar el proceso de secado al aire humedeciendo la pieza y guardándola con un paño húmedo en el frigorífico. Fue necesario apuntalarla para ir añadiendo detalles, en un proceso cada vez más accidentado. Finalmente, hubimos de esperar a que secara para proceder a lijar y ensamblar las partes con pegamento de contacto (son visibles las juntas en la cadera, tronco y cuello.  El aspecto hierático de la figura --que parece haber hecho la mili en Toledo-- respondía al original que tratábamos de reproducir y además evitaba meternos en berenjenales con poses complejas en una etapa tan temprana.  El “primo de Papúa” es una réplica a partir de una fotografía de una escultura antigua que compramos por internet y que nunca llegó a su destino (cosa que casi agradecemos porque tenía aspecto de dar yuyu y mal fario).

Tras nuestra aventura polinesia decidimos embarcarnos en la experiencia de las resinas poliméricas: con la pasta Fimo Soft hicimos éste busto que, una vez terminado, nos dio más confianza y entusiasmo y nos reveló que en esto, como en otras cuestiones, los materiales y herramientas empleados suelen ser importantes, así como una buena adecuación de cada proyecto a su medio específico. La resina polimérica tiene muchas ventajas:  no se endurece mientras no la metamos en el horno, por lo que permanece inalterable durante semanas, pudiendo modelarla hasta conseguir el resultado que buscamos. Entre sus inconvenientes está el que se fije mal  a cualquier material, incluso a otras piezas fabricadas con el mismo material y que hay que manipular muy bien los tiempos de horneado. Ofrece cierta resistencia a los acrílicos, pero con varias capas se puede solucionar.

El fimo, una vez horneado, es como plástico duro, muy fuerte, y se puede volver a hornear en varias capas, controlando los tiempos, a menos que haya sido barnizado o pintado. Una vez seco --tarda al menos un día en fraguar totalmente y adquirir una consistencia dura-- puede lijarse, cortarse o pintarse, como hemos visto. Aunque se puede dejar tal cual, porque lo comercializan en una gran variedad de colores. Es una solución ideal para esculturas pequeñas o para lograr un efecto muy concreto.

Para todos estos proyectos vimos claro que debíamos utilizar algún tipo de estructura, para lo cual usamos alambre -fácilmente maleable con las manos y unos alicates-- y papel de aluminio bien apelmazado, con el que se puede establecer fácilmente casi todos los volúmenes, con lo cual se aligera la pieza y se ahorra en pasta de modelar. Bien importante, aunque se trate de una pieza pequeña, asegurar la estabilidad y solidez del armazón, para evitar más tarde complicaciones que impiden desarrollar un buen trabajo --en esta etapa aún no hemos conseguido superar nuestras limitaciones--.

Uuna vez modelada la figura, o parte de ella (porque se puede planificar el trabajo por capas, ensamblando en el horno las distintas partes) se introduce al horno.a 150º durante 15 minutos, aproximadamente. La pieza se cuece y en cuanto se enfrie adquiere la solidez deseada.  Conviene no sacar de golpe la figura porque puede quebrarse por el cambio de temperatura, sino dejarla enfriar un rato dentro del horno ya apagado.

Este esqueleto tocando un violín, basado en una escultura típica del Día de los Muertos de Oaxaca, fue nuestro primer ensayo de modelar una figura de medio tamaño (aproximadamente treinta cm. de alto) con arcilla polimérica Fimo Soft  y Claycolor, y la experiencia resultó un fiasco.  El tamaño y el peso de la cabeza comprometió el equilibrio de la pieza que terminó por caerse en varias ocasiones hasta romperse; tuvimos que someterla a varias intervenciones de restauración --casi como al monstruo de Frankenstein-- para finalmente abandonarla.  El principal problema surgió en el horno y en una mala gestión del tiempo de fraguado; el material, aún blando, comenzó a desinflarse y la figura cambió varias veces su centro de gravedad, terminando por caerse definitivamente. De donde concluimos que es muy importante dejar enfríar la pieza en el horno, tumbada y “calzada” convenientemente, para que al dilatar y encogerse no cambie radicalmente su postura.  A pesar de los desastrosos resultados del experimento, no descartamos volver a usar este material para intentar alguna otra figura de tamaño mediano.

Tras el batacazo previo decicimos continuar trabajando en la posición sedente, más fácil de manejar y que aseguraba una mayor estabilidad a la figura.  Volvimos a la carga con la resina Claycolor, que hasta ese momento fue la que nos dió mejores resultados. La encontramos más dúctil y agradable a la manipulación que el Fimo, siendo similares el resto de sus prestaciones.  Seguimos para definir  la figura la técnica del empastillado, usando pequeñas cantidades del material con forma de huso o “pastilla” y tratando de distribuirlo para configurar los volúmenes principales del motivo. Tras hornear, intentamos, sin mucho éxito, mejorar las irregularidades del volumen lijando con una lima y papel de lija. Los resultados nos animaron a continuar trabajando un poco más. El modelo está inspirado remotamente en varias figurillas de divinidades aztecas de la muerte de nombre impronunciable; como ven, cambiamos una y otra vez de materiales, pero somos fieles a nuestros asunto del memento mori.

Con ánimo renovado retomamos el ejercicio de figura de cuerpo entero con ésta interpretación de un personaje de un cuadro de Otto DIX, que decidimos realizar íntegramente con Claycolor, con puntuales intervenciones en masilla epoxi en los  zapatos y los dedos. Nos aseguramos de que en ningún modo la estructura de alambre de base se tambaleara ni se despegara de la peana, lo cual facilitó enormemente el trabajo, aún cuando había que presionar en algunas ocasiones el material para poder trabajar los detalles (cuanto más compacto y firme la resina, más adecuado para un trabajo de detalle).

Entre las masillas epoxi disponibles en el mercado optamos por  MilliputMagic Sculpt; se trabajan muy bien y se pueden suavizar con un poco de agua. Luego en frío --empiezan a fraguar en cuanto se unen los dos componentes que la consituyen  y que hay mezclar a partes iguales-- se pueden lijar y cortar con herramientas especiales, aunque son muy duras.  Como son materiales caros los hemos reservado para aplicaciones puntuales y detalles,  y para soldar algunos puntos de nuestras estructuras o armazones de alambre. No las recomendamos para figuras completas, a menos que se trate de miniaturas.

En la ejecución de esta figura volvimos a cometer varios errores de bulto. El primero de los cuales ya lo mencionamos, con respecto a los puntos de vista múltiples de la escultura; aquí, al partir nuevamente de una imagen plana, no teníeamos referencias suficientes para acometer la tarea, y el resultado es que los perfiles de la pieza apenas tienen interés visual alguno. Otro tema son las desproporciones, hasta cierto punto respetuosas con el original de la pintura de Otto Dix, casi caricaturesca, pero en otros casos -manos- debidas a un tamaño excesivo de los volúmenes de la estructura de alambre, y nuestra evidente dificultad con los detalles pequeños.  La parte del pintado de la figura, con la recreación de un buen puñado de tatuajes en el cuerpo de la rolliza muchacha, fue todo un placer que no nos importaría repetir.  Ésta es una pieza que nos gustaría abordar de nuevo intentando solucionar algunos de los errores mencionados.

En vista de los resultados obtenidos, volvimos a retomar el Claycolor para usarlo en otra figura, en este caso un Tödlein con reloj de arena,  basado en un ejemplar de madera tallada visto en un sitio de antigüedades de la red que nos cautivó inmediatamente y del que quisimos hacer una interpretación.  La pieza, de tamaño medio -unos dieciseis cm. de alzada-- apoyada sobre ambos pies, la empezamos insistiendo en la solidez del armazón y su fijación a la peana antes de comenzar a aplicar el material. Nos aseguramos también (aunque partíamos sólo de tres fotografías de mala calidad para realizar la figurilla) de que todos los puntos de vista de la figura fueran interesantes. El mejor momento de hacer esto es sobre el armazón de alambre y aluminio, antes de aplicar la pasta; aunque gracias precisamente a este armazón podemos corregir ligeramente la pose de la figura durante la ejecución (nunca una vez horneada, obviamente).  Tras rematar la obrita, nos percatamos una vez más de nuestra escasa pulcritud en los detalles, especialmente en las manos; en cualquier caso, aprendimos bastante durante su realización.

Todas los ejercicios anteriores, independientemente de la validez de los resultados, los entendimos como meras pruebas realizadas para “hacer mano” y superar los obstáculos más inmediatos antes de empezar con nuestra primera pieza realizada íntegramente en Supersculpey Firm, basándonos en un personaje de lienzo del artista tarifeño Guillermo Pérez Villatahombre bailando una danza macabra” que nos hubiese gustado rubricar.  Definitivamente, la espera había merecido la pena: este matrerial es sencillamente magnífico, especialmente para los detalles; la diferencia es abismal. En todos los sentidos, una auténtica experiencia. Hasta el momento, el mejor de los medios con el que hemos trabajado. Con una buena planificación y paciencia, al margen de la destreza de cada uno, se puede hacer casi cualquier cosa.

El material tiene numerosas ventajas: no seca con el aire, con lo cual podemos demorarnos en el trabajo cuanto queramos, sin prisas ni presiones por el secado. Usando aceite de bebé para humedecer ligeramente la superficie, se pueden conseguir acabados lisos como una peladilla (éste es uno de los pequeños retos técnicos que nos propusimos para esta figura en particular, que parece llevar un traje de malla ajustado). Ilusionados con las posibilidades del nuevo y mirífico material, nos detuvimos más de lo habitual en los detalles anatómicos y arriesgamos con la pose más dinámica de la figura, manteniendo un equilibrio inestable sobre un solo pie, firmemente atornillado a la peana.

La marca Sculpey cuenta con diversos medios como  Super Sculpey, Super Sculpey Firm, Super Sculpey Doll, y algunos más; se pueden mezclar entre ellos perfectametne para alterar su consistencia y hacerlos más adecuados a nuestra forma de trabajar.  La masilla Sculpey Firm no es la más cómoda y dúctil, por lo dura que es, pero permite un trabajo muchísimo más detallado, precisamente por eso. En las últimas figuras hemos mezlcado a partes iguales el Super sculpey normal con el Firm, logrando una pasta un poco más maleable.

Las instrucciones del Super Sculpey  recomiendan cocerlo en el horno a 130 grados centígrados sobre 15 minutos por centímetro de grosor (normalmente una figura con armazón lleva una película más fina) , y no hornearlo jamás en el microondas. A veces conviene jugar con el tiempo de horneado cociendo piezas pequeñas y haciendo diferentes testeos para probar. En nuestro caso, últimamente probamos a hacer varias cocciones de la misma pieza, intentando trabajarla por partes  (de dentro a afuera, por ejemplo, según su complejidad) y horneando en varias sesiones. El material suelda perfectamente en diversas capas. A veces puede ocurrir que se fracture en los puntos más fragiles, pero ese tipo de problemas tienen fácil solución.

El Supersculpey admite bastante bien los acrílicos y se pueden conseguir desde efectos esmaltados a la apariencia de diversos materiales, desde la madera al mármol. Habíamos leído mucho en diversos foros antes de atrevernos a probar este material, pero reconocemos que es de lo mejor que podemos conseguir en el mercado para este tipo de trabajos.

Arriba, en esta otra pieza podemos apreciar el aspecto una vez horneado del Super Sculpey Firm, con su característico gris medio que hace resaltar a propósito todas las imperfecciones de la pieza.  Una vez cocido,, el material se puede lijar sin problemas. En esta figura, que quedó inconclusa por problemas de planificación, pretendemos probar un sistema de trabajo por capas para probar a realizaer un drapeado con telas hechas con láminas de sculpey o similar.  Aún hay muchas cosas por aprender y experimentar.

Los grados del oficio: vean a un consumado maestro manejarse con uno de los clásicos de la escultura, el ecorché -desollado- (figura anatómica), fabricado en Super sculpey Firm.

 

En una próxima entrada nos extenderemos un poco más sobre algunos de los materiales y herramientas específicos para el modelado, basándonos en nuestra propia experiencia como aprendices y aprovecharemos para brindarles algunos consejos y trucos que hemos encontrado aquí y allá y nos han servido para avanzar ligeramente en esta difícil pero maravillosa empresa. De momento, para ir abriendo boca a los más impacientes y curiosos, les señalamos arriba el equipo mínimo del principiante, que aún puede ser reducido a un nivel mínimo: nuestras manos, un poco de pasta de modelar, entusiasmo e imaginación.

Memento Mori. Figura de  bronce. Nuestra referencia y próxima meta (como artífices, quiero decir).

 

-Fuentes y vínculos-

Para abrir boca:

(1) Ejemplos de figuras con Supersculpey firm y otras resinas

(2) Modelando con Supersculpey, un tutorial básico muy sencillo pero eficaz.

(3) La “plastiquina” y otros juegos de la infancia, acá

(4) http://casemodgod.com/ModGuides/SculptCompounds/sculpting_compunds.htm

(5) http://www.conceptart.org/forums/showthread.php?t=188373 Ecorché Male Super Sculpey

(6) Spanish Team, foro de modelismo y escultura

(7) Modelado paso a paso, Peter Pan Miles de trucos muy útiles de modelismo y pintura de dioramas

(8) Master Blaster, foro  especializado en modelado de figuras (es necesario registrarse para acceder al contenido)

(9) Tutorial paso a paso para novatos en el manejo del Super Sculpey (inglés)

(10) Statueforum, con trucos y muchos ejemplos

(11) Modelado virtual con Zbrush y otros paquetes de software, para los que no quieren mancharse las manos

(12) Modelado en pasta goma, tutorial en youtube, para principantes (voz de la locutora con efectos terapeúticos y somníferos)

La boutique de la tita

Tocado pro y antitaurino, fabricado en polipiel, de tacto sedoso y aterciopelado.  También apto para sortear con torería y valor las dificultades de un desengaño o trance amoroso. Para cualquier época del año. No entendemos  por qué la gente no usa más sombrero, tocado o apéndice craneal, siendo un accesorio tan hermoso, útil, como éste que presentamos, que además da un toque viril y aguerrido, al par que elegante y sobrio, a su portador -o portadora-.
Por si fuera poco, abriga que da gusto.

 A un precio ridículo, como la propia pieza merece.  También se oferta con decodificador de banda ancha  incorporado y puro  Montecristo con vitola,   para la temporada de toros. 

Consulte nuestro catálogo.

 

 

Otra vez será.

 

 

 

 

El pabellón del naturalista

Del Gabinete de curiosidades naturales de ALBERTUS SEBA. Via Bibliodissey

 

 

Las estampas proceden del primer volumen de “Locupletissimi Rerum Naturalium Thesauri” del naturalista Albertus Seba, 1734.  Están disponibles en la web del Jardín Botánico de Missouri , en una colección donde hay más de cien láminas que pueden ser descargadas individualmente, con una calidad pasmosa (y un peso también respetable) y que han sido previamente reproducidas y glosadas en un par de ocasiones en la fantástica Bibliodissey.

Hace unos años, la editorial Taschen publicó una obra de gran formato con una compilación de las estampas del Wunderkammer de Albertus Seba, donde podíamos leer que “el Gabinete de Curiosidades de Seba es uno de los logros de la Historia Natural del siglo XVIII y contínua siendo una de las obras de su género más preciadas. Aunque era usual entre los naturalistas y botánicos el coleccionismo de especies con vistas a la investigación,  el farmacéutico Albertus Seba (1665-1736) desarrolló su tarea con un entusiasmo poco común.  Su increíble colección de animales, plantas e insectos de todo el mundo gozaría incluso durante su vida de una fama sin precedentes. ” En 1731, tras largos años de experiencia como coleccionista, Seba encargaría una serie de ilustraciones de cada especimen y preparó la edicición de un catálogo completo en cuatro volúmenes de su colección.  (1) Pueden aprender algo más sobre las estampas del fabuloso gabinete de Albertus Seba en la siempre recomendable Bibliodissey.

 

 

 

 

 

 

Éste nos recuerda la fabulosa litografía Reptiles, de MCE

 

 

Un  aspecto de la edición de Taschen de la obra d e A. Seba

 

 

 

-Fuentes y vínculos-

 

(1) Bibliodissey, A Cabinet of Natural Curiosities

(2) Taschen, Albertus SEBA wunderkammer

 

Related Posts with Thumbnails
Buscar
 
 
“El filósofo viaja a pie” , Pitágoras
 
 

Encuestas de la tita.

Archivo

Calendario

julio 2017
L M X J V S D
« feb    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Álbum Fotográfico

El archivo XML no existe
Intermission Demasiado azul PLATILLOS VOLANTES Mundos en blanco y negro De mujeres y libros El horizonte de Nemo Navideño, níveo, ciclostático Interior del estudio Hitos hebdomadarios, II Una épica del taparrabo, II Resurrección MAC Balcón pompeyano Break Níveo y natalicio Hitos hebdomadarios,1 Voitekhovitch, más ligero que el aire La octava maravilla del mundo (II) El culto de la calavera, II Sicalípticas El Lobo Feroz El dirigible robado Una épica del taparrabo, I El cementerio de los elefantes Vecinos CHOMÓN El lápiz arqueológico Balada triste de trompeta...o de cómo vivir destruyéndose El hábito del arte Cuestión de poder