FACILIS DESCENSUS AVERNI

The end, the beginning.

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(A rey muerto, rey puesto. Por cortesía de extracine).

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Vamos a hablarles de una serie de influencias concatenadas, de cómo unos autores inspiran a otros hasta que el ciclo se cierra. Virgilio, Turner, Frazer, Weston, Eliot, Coppola… en un bucle que acaba conteniéndose a sí mismo, al más puro estilo Hofstadter en GEB. Nos referiremos a tres fuentes que acaban confluyendo en un final común.

A. Primera fuente. Virgilio nos cuenta en la Eneida cómo Eneas y la Sibila presentan una rama dorada al barquero del Hades para obtener su ingreso en él -facilis descensus averni- :

“Se encontró allí con su sacerdotisa, Sibila. En la caverna donde esta habitaba, le rogó que le acompañase al Infierno con estas palabras:”Añoro a mi padre y deseo hablar con él frente a frente”. Ella le respondió:”Entrar es fácil, pero muy pocos han podido regresar. Lo lograrás si encuentras un árbol dedicado a Proserpina, diosa de este lugar, con una rama de oro. Arráncala y vuelve aquí y te acompañaré”. Así lo hizo, no sin antes enterrar a un viejo compañero encontrado en la playa, Miseno. Dos palomas, aves dedicadas a la diosa Venus, le guiaron al lugar donde se encontraba la preciada rama. La cortó sin ninguna dificultad y automáticamente brotó otra del mismo material” (Fuente).

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(Eneas y la sibila, lago Averno, Joseph Mallord William Turner, óleo sobre lienzo, 1798).

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(Lake Avernus, The Fates and the Golden Bough (2), William Turner, óleo sobre lienzo, 1834).

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Este episodio mitológico inspiró a William Turner, maestro de atmósferas, para pintar la tela que les exponemos arriba. Y ésta, a su vez, – cómo él mismo nos explica- sirvió de iluminación para el título del libro de sir James G. Frazer, “La Rama Dorada: un estudio sobre magia y religión”, magno recopilatorio antropológico en doce volúmenes que después resumió en uno.

Como nos explica la insomne Wikipedia: “La rama dorada intenta definir los elementos comunes de las creencias religiosas, que van desde los antiguos sistemas de creencias a religiones relativamente modernas como el cristianismo. Su tesis de trabajo es que las viejas religiones eran cultos de fertilidad que ocurrían alrededor del culto y sacrificio periódico de un rey sagrado. Este rey era la reencarnación de un dios que moría y revivía, una deidad solar que llevaba a cabo un matrimonio místico con la diosa de la tierra, la cual moría en la cosecha y era reencarnada en la primavera. Frazer afirmaba que esta leyenda es predominante en casi todas las mitologías mundiales. El germen de la tesis de Frazer era el rey-sacerdote prerromano en el festival de Nemi, el cual era ritualmente asesinado por su sucesor”.

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(Frazer y su obra).

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Léanlo del propio Frazer, en el comienzo del libro:

“¿Quién no conoce La rama dorada, el cuadro de Turner? La escena (…) es una visión de ensueño del pequeño lago del bosque de Nemi, llamado por los antiguos “el espejo de Diana” (…).
En la Antigüedad este paisaje selvático fue el escenario de una tragedia extraña y repetida. En la orilla norteña del lago (…) estaba situado el bosquecillo sagrado y el santuario de Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Lago y bosque fueron denominados, en ocasiones, lago y bosque de Aricia (…) Alrededor de cierto árbol de este bosque sagrado rondaba una figura siniestra todo el día y probablemente hasta altas horas de la noche: en la mano blandía una espada desnuda y vigilaba cautelosamente en torno, cual si esperase a cada instante ser atacado por un enemigo. El vigilante era sacerdote y homicida a la vez; tarde o temprano habría de llegar quien le matara, para reemplazarle en el puesto sacerdotal. Tal era la regla del santuario: el puesto sólo podía ocuparse matando al sacerdote y substituyéndole en su lugar hasta ser a su vez muerto por otro más fuerte o más hábil.
El oficio mantenido de este modo tan precario le confería el título de rey, pero seguramente ningún monarca descansó peor que éste, ni fue visitado por pesadillas más atroces. Año tras año, en verano o en invierno, con buen o mal tiempo, había de mantener su guardia solitaria, y siempre que se rindiera con inquietud al sueño, lo haría con riesgo de su vida. La menor relajación de su vigilancia, el más pequeño abatimiento de sus fuerzas o de su destreza le ponían en peligro; las primeras canas sellarían su sentencia de muerte (…).
(…) En Nemi, dentro del santuario, arraigaba cierto árbol del que no se podía romper ninguna rama; tan sólo le era permitido hacerlo, si podía, a un esclavo fugitivo. El éxito de su intento le daba derecho a luchar en singular combate con el sacerdote, y, si le mataba, reinaba en su lugar con el título del Rey del Bosque (Rex Nemorensis). Según la opinión general de los antiguos, la rama fatal era aquella rama dorada que Eneas, aconsejado por la Sibila, arrancó antes de intentar la peligrosa jornada a la Mansión de los Muertos”. (3)

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(Lago de Nemi, John Robert Cozens, 1777).

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B. Segunda fuente. En 1890 el marino y escritor británico -de origen polaco-ucraniano- Joseph Conrad realiza un viaje por el Congo, colonizado y devastado por los belgas, que lo marca emocionalmente para el resto de sus días por las dificultades padecidas y atrocidades observadas. El corazón de las tinieblas” (Heart of darkness) es un cuento extenso o novela corta de Conrad, publicado originalmente en entregas y posteriormente como libro, con tintes autobiográficos y que narra parte de estas experiencias.

La omnisciente Wiki vuelve a ilustrarnos: “La novela se centra en un marinero llamado Charlie Marlow, el cual narra una travesía que realizó años atrás por el río Congo, en busca del señor Kurtz, el jefe de una explotación de marfil en el Congo, y que a lo largo de la novela adquiere un carácter simbólico y ambiguo. Los dos primeros tercios de la novela narran el viaje de Marlow desde Londres a África, y remontando el río Congo, hasta alcanzar la base de recolección de marfil en la que se encuentra Kurtz, con el fin de enviarlo de vuelta a Europa. En el camino, Marlow será testigo de la situación extrema en que viven los colonos europeos, su brutalidad hacia los nativos africanos, y deberá superar todo tipo de obstáculos (retrasos, enfermedades, ataques de indígenas…) hasta alcanzar su destino. Cuando finalmente se encuentra con Kurtz, cuya imagen ha ido agrandándose y mitificándose durante el proceso, descubre que se trata de un personaje misterioso, al que los nativos idolatran como si fuera un dios. Marlow y sus compañeros de viaje logran cargar a Kurtz, ya gravemente enfermo, en el pequeño barco de vapor que debe sacarlo de la selva, pero éste muere en el trayecto, pronunciando ante Marlow sus últimas y enigmáticas palabras: “¡El horror! ¡El horror!”. El viaje de Marlow al corazón del continente africano se transforma así en un descenso a los infiernos, pero también en una crítica al imperialismo occidental y una investigación acerca de la locura”. (4)

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(Conrad y su obra).

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C. Tercera fuente. T. S. Eliot, poeta, dramaturgo y crítico anglo-estadounidense, cita como prinicipales fuentes de inspiración de su poema “La tierra baldía” (5) -uno de los más influyentes del siglo XX- a “La Rama Dorada” de Frazer y From Ritual to Romance de Jessie Weston. (6)

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Abril es el mes más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.

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Y para cerrar más el círculo, en 1926 T.S Elliot escribía “The Hollow Men” (“Los hombres huecos” (7)) inspirándose en “El corazón de las Tinieblas”…

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“Somos los hombres huecos (…)
Figuras sin forma, sombras sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
los que han cruzado
con los ojos derechos, al otro Reino de la Muerte
nos recuerdan -si es que nos recuerdan-
no como perdidas almas violentas,
sino como los hombres huecos
los hombres rellenados”

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(T. S. Eliot y su obra).

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Por fin, estas tres ramas de las que les hemos hablado confluyen en un tronco común, Apocalypse now, de Francis Ford Coppola.

El capitán Willard (Martin Sheen) es enviado a la jungla de Vietnam a matar al Coronel Kurtz (Marlon Brando), un misterioso personaje semidivino, adorado por los nativos, que ha organizado su propio ejército . En su camino río arriba Willard va conociendo más datos sobre su víctima a la vez que se opera en él un cambio, producto de sus temores y del poder de la naturaleza en su viaje, que lo va convirtiendo en un hombre parecido al que tiene que liquidar. Noten que la fuente más obvia es “El corazón de las tinieblas“, mas es curioso observar como Coppola mantiene el nombre de la víctima -respecto del personaje de Conrad- pero no el del viajero, anticipando sus propios cambios.

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(El rostro de piedra y el rostro de carne de los reyes-sacerdotes de Aricia, víctimas-verdugos sin fin).

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Esta fenomenal película contiene algunas escenas realmente memorables que, acto seguido, procedemos a mostrarles.

Sobre un fondo de palemeras, supuestamente idílico, comenzamos a oir el ruído de lo que parece ser un helicóptero entrando de izquierda a derecha -las ventajas de la moderna tecnología home cinema-. A continuación, la hipotética tranquilidad del lugar se ve perturbada por la aparición de un amarillento humo sulfuroso que no presagia nada bueno, para , sin solución de continuidad, comenzar con los acordes de “The End, de The Doors. Es el fin. Otro helicóptero -elemento recurrente como veremos- y una fulgurante explosión sincronizada con la voz de Morrison: “This is the end”, más humo amarillo, fuego, destrucción, es el infierno. Se abre el plano dejando ver el dantesco escenario y, de repente, la cara invertida de alguien (Martin Sheen) que parece contemplar las aspas de un ventilador suspendido del techo, claro paralelismo con el helicóptero. Se funden las imágenes y vemos al tranquilo fumador sobre el macabro fondo, ¿qué contraste es este? Maravilloso. Más tarde, en el lado opuesto, aparece otro rostro, éste pétreo y derecho; un nuevo antagonismo. Esta película ya no puede ser mala. La foto de una mujer, tabaco, alcohol, una pistola… y el sempiterno ruido del helicóptero en las aspas del ventilador. ¿Se podrían contar mejor más cosas en menos tiempo?

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(Coppola y su bandada, ¿escuchan ya a Wagner?).

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Como en el salvaje oeste, al toque de corneta, los helicópteros del Noveno batallón de la Primera División de Caballería (Aerotransportada) parten para bombardear un poblado vietnamita al son de “La Cabalgata de las Walkirias” -Wagner-, tal cual hacían los audiovisuales de la Luftwaffe, para instrucción de los cadetes.

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(Hemos tenido que recurrir a un segundo tutubo para mostrarles la secuencia de la corneta).

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“Me encanta el olor del napalm por la mañana” exclama Kilgore como una chota, prefigurando la locura general. Personaje secundario dotado de una tremenda potencia que le valió la nominación al Oscar a Robert Duvall. Este individuo pretende hacer surf en las “tranquilas” aguas de la guerra, como si tal cosa; la mente se ha ido.

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Les dejamos con el trailer de la versión ampliada y un par de apuntes más sobre las relaciones antes mencionadas. Antes de su muerte el coronel Kurtz recita gran parte de “Los hombres huecos“, de Eliot. Además, en cierto momento, pueden verse encima de su escritorio un par de libros, ¿adivinan? Eso es, “Del Ritual al Romance” y “La Rama Dorada” (fuentes de “La tierra baldía”), cerrado el círculo de obras incluídas en obras. Fantástico bucle ¿no les parece?

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(Obseven los libros en el instante 0:25).

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– Notas, fuentes y vínculos-

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(1) “La Rama Dorada” online y en pdf.

(2) ¿Encontrada en Italia? Ahora en español.

(3) La Rama Dorada, J.G. Frazer, Fondo de Cultura Económica, traducción de Elizabeth y Tadeo I. Campuzano.

(4) Excelente página, en la que podrán encontrar la obra completa y algunos interesantes comentarios.

(5) Aquí el poema completo traducido por Agustí Bartra.

(6) En Liceus nos explican más sobre esta artúrica influencia.

(7) La obra completa traducida.

(8) Apocalypse now en letraceluloide.

(9) La película en Imdb para que buceen.

(10) Curiosidades sobre Apocalype now.

(11) Wikiquote.

(12) Como no hay nada nuevo bajo el sol, aquí un muy buen artículo que les cuenta algo muy parecido a lo nuestro.

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This is the end,
beautiful friend.
This is the end,
my only friend.
The en of our elaborate plans,
the end of everything that stands, the end.
No safety or surprise, the end.
I’ll never look into your eyes…again.
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El Reino del Preste Juan

 

(El mítico Preste Juan, como emperador de Etiopía) 

 

 ”Y además de esas islas y tierras, y de los desiertos del reino del Preste Juan, yendo directo para el este, los hombres no encuentran nada sino montañas y grandes rocas; y allá queda la región de las tinieblas, donde nadie consigue entrever, ni de día ni de noche… Y ese desierto y ese lugar de oscuridad van de la costa hasta el paraíso terrestre donde Adán, nuestro primer padre, y Eva fueron colocados”.

Juan de Mandávila, Libro de las Maravillas (*)

 

 

Las leyendas sobre el fabuloso reino de un monarca cristiano descendiente de los tres Reyes Magos, cuyo egregio trono se emplazaba en Oriente, en una tierra de imprecisa ubicación perdida en medio de musulmanes y paganos, se hicieron tremendamente populares en Europa entre los siglos XII y XVII. Las ramificaciones de este poderoso mito,  ampliamente extendido durante  la Edad Media, alcanzarían  el siglo XIX,  conociendo en el milieu del ocultismo y las sociedades secretas francesas un importante resurgimiento.  En pleno siglo XIX, los opúsculos de Saint Yves d´Alveydre Mission dans l´Inde y a principios del XX  la obra de Ossendovski Bestias, hombres  y dioses, volvieron a resucitar en cierto modo la leyenda del Preste Juan, en este caso bajo la forma del no menos misterioso gobernante de Agharta: el Rey del Mundo.

Las discusiones sobre los orígenes históricos de las leyendas en torno al Preste Juan y los múltiples elementos que han contribuido a su configuracón y difusión son interminables. Sus raíces  quizá habría que buscarlas en los paralelismos que mantienen con la literatura griálica, los mitos similares de Aghartha y Shamballah, o los relatos sobre la Fuente de Juventa , la búsqueda del Paraíso  y del centro o de la Montaña primordial. Su conexión con el simbolismo del Polo y la cuestión de la realeza sagrada convierten la leyenda del Preste Juan  en un auténtico depósito de doctrinas tradicionales de la mayor complejidad y calado imaginables. Posiblemente haya sido René Guénon, en su libro homónimo (1)  quien mejor ha contemplado los aspectos más importantes del simbolismo que rodean esta enigmática historia.

Para Guénon  el Preste Juan “era el «Rey del Mundo», o mejor, el«Brahâtmâ» o el «Dueño de los Tres Mundos» de la tradición hindú. Esto cuadra con el título que el Preste ostenta de «Señor de las Tres Indias». Estos poderes estarían también presentes en los Magos del Evangelio (aunque en san Mateo no se habla de reyes, sólo de «magos», sin especificar cuántos eran) que Guénon considera como los «tres jefes de Agartha», el misterioso reino perdido que tantos, como Nicholas Roërich, han buscado y siguen buscando en algún lugar remoto de Asia. (…)” (2)

 

(Nicholas Roërich nos trae resonancias de la mítica Agartha, cercana simbólicamente al Reino del Preste Juan)

En las tempranas descripciones del Reino del Preste Juan aparecen perfectamente definidas algunos de los rasgos más característicos: El monarca es un descendiente directo de los tres Reyes Magos –aspecto que redunda en el simbolismo del rey-sacerdote– ; se le presenta como un gobernante generoso y un hombre íntegro y virtuoso, que rige sabiamente una tierra llena de riquezas, plena de tesoros y exóticas criaturas, que cuenta con maravillas como las Puertas de Alejandro o la Fuente de la Juventud. Pronto el Reino del Preste Juan se identifica con el Paraíso, pues se dice que sus tierras bordean las murallas del Edén. 

Todas las historias coinciden en la mención de un reino misterioso, situado hacia el Este, donde resplandecían la paz y la justicia y donde el vicio o la pobreza eran desconocidos. En suma, se trataba de un país maravilloso, como lo describía uno de estos viajeros del medievo: “En esa región no crecen hierbas venenosas, ni se oye el quejumbroso croar de la rana; tampoco hay escorpiones, ni la serpiente se desliza sobre la hierba”. Era también un lugar de difícil acceso, lo que subraya su carácter segregado o sagrado: en el desierto vivían salvajes de horrible aspecto y criaturas monstruosas (guardianas habituales del recinto sagrado o acceso al lugar paradisíaco) que hacían riesgoso acercarse a los dominios del monarca.

El perfil del Preste Juan también ofrece desde el principio un inconfundible contorno simbólico que aparece incluso en los pequeños detalles; así, por ejemplo, se afirmaba que entre sus innúmeros tesoros se contaba un espejo en el que se podían ver todas las provincias de su reino, relato en el que podemos entrever reminiscencias del Mar de Bronce de Salomón, y que seguramente inspiró el motivo del speculum de los escritos medievales y del primer Renacimiento.

(El mapa del Preste Juan, con la descripción de su mítico Reino, identificado con Etiopía, la tierra de los “cabezas negras” y patria del Rasta Fari)

Las historias sobre el Preste Juan (término derivado del francés Prêtre,  indicaban que el personaje era rey y sacerdote, cuestión que resulta de la máxima importancia para entender la dimensión simbólica del asunto) y  han llegado hasta nuestros días a través de casi un centenar de testimonios escritos, especialmente manuscritos medievales, escritos en diversos idiomas, desde el latín al hebreo. La primera mención del monarca data de 1145, y se halla en la Crónica de Otto, Obispo de Freisin: el relato comienza con las supuestas visitas, en calidad de embajadores, de un arzobispo y un patriarca de la India a Constantinopla y Roma, respectivamente, en la época de Calixto II (1119-1124).

Este episodio no ha podido ser verificado históricamente, y las evidencias proceden de fuentes secundarias. De cualquier modo, parece que la más temprana referencia decía del Preste Juan que éste era “un cristiano nestoriano que era a la vez presbítero y rey de un territorio más allá de Armenia y Persia, había recuperado la ciudad de Ecbatana de manos de los reyes persas en una gran batalla no hacía demasiados años. Tras esta primera victoria Preste Juan, decidido a recuperar Tierra Santa, había puesto rumbo hacia Jerusalén, aunque finalmente las aguas del Tigris le habían obligado a desistir y volver a su reino. Preste Juan era un rey rico, como muestra de ello, la gran esmeralda de su cetro, y santo, descendiente de uno de los Reyes Magos.” (fuente) (3)

 

La leyenda reaparecerá años más tarde, en 1165, cuando empiezan a circular por Europa copias de una supuesta Carta del Preste Juan,  misiva que se decía escrita por el propio monarca, “el más grande monarca bajo el cielo y un cristiano devoto” e iba dirigida al emperador bizantino Enmanuel I Comneno y  a otros principes. En realidad, la carta parece más bien un cuento lleno de maravillas con muchísimas similitudes con el “Román de Alexandre” (4)  , una colección de leyendas sobre las hazañas de Alejando Magno” (3)  entre otras su búsqueda de la Fuente de Juventa y la de una piedra negra que recuerda en muchos momentos al Grial de los ciclos medievales, y que también se asocia misteriosamente con el Preste Juan y la no menos enigmática figura del Rey del Mundo. 

En la carta se hablaba “de Preste Juan, un monarca que reinaba sobre 72 reinos y que cuando iba a la guerra era seguido por 10.000 caballeros y 100.000 soldados. Su tierra era rica en plata y oro, y muchas criaturas maravillosas vivían en ella, desde bestias desconocidas a hombres con cuernos y tres ojos, también había mujeres que luchaban montadas a caballo u hombres que vivían más de 200 años, tampoco faltaban unicornios, caníbales o elefantes “(3)

 

 

De esta carta , al parecer una falsificación, se conservan varios ejemplares, uno de ellos hoy en el Museo Británico. En respuesta a la epístola el papa Alejandro III escribiría en 1177 una respuesta que dirigió a “Juan, ilustre y magnífico soberano de las Indias”, concediendo permiso al Preste Juan para construir un santuario en Roma con el fin de unificar la iglesia cristiana en todos los continentes.  Este pontífice no fue el único que trataría de entablar contacto con el enigmático Preste Juan, sino que los papas intentaban comunicarse regularmente “con éste  al que llamaban  ”el ilustre y magnífico rey de las Indias e hijo amado de Cristo“. En 1.245, el papa Inocencio IV envió a fray Giovanni de la Pian del Carpini, a través de Rusia meridional, con instrucciones de entrar en contacto con el Khan mongol, en la creencia de que los mongoles eran nestorianos, una rama de la iglesia ortodoxa,  y también con instrucciones para contactar con el propio Preste Juan.” (5)

Fue tan poderosa la influencia de esta leyenda sobre la imaginación y el espíritu de muchos que encendería la curiosidad de viajeros como Giovanni di Monte Corvino y Marco Polo por conocer in situ los misteriosos dominios del mítico gobernante, que partieron en una búsqueda que finalmente se revelaría infructuosa.


(Una imagen del Preste Juan en un mapa medieval)

A partir de estas primeras referencias escritas, la leyenda del Reino del Preste Juan se vigoriza y comienza a propagarse por toda Europa (de un modo curiosamente similar a la propagación de la literatura griálica, con la que mantiene interesantes paralelismos) , por medio de obras como  el Libro de las Maravillas de Juan de Mandávila, o  el volumen homónimo de Marco Polo; la fama del mito crece y llega a inspirar a aventureros portugueses y de otras partes del Viejo Mundo a lanzarse a la exploración del Lejano Oriente.

Así,por ejemplo,” en  1486  el Rey Juan II de Portugal solicitó a Dias para que recorriera África por el sur y encontrar el país del mítico rey cristiano Preste Juan,  del cual se tenían noticias muy recientes de Juan Alfonso de Aveiro y el rey deseaba entablar relaciones amistosas con dicho reino.” (3) Asímismo, parece que la exploración de la costa africana “ por parte de los portugueses se ve influida por esta leyenda, considerándolo un posible aliado y colaborador. Los portugueses, allá donde van, esperan una y otra vez encontrar a Preste Juan (…)” (3) 

Es precisamente en la segunda mitad del siglo XIV cuando algunos misioneros portugueses establecidos en Etiopía manifestaron que habían encontrado antiguas banderas y espadas cristianas transmitidas de generación en generación, justamente con la leyenda de haber pertenecido a un rey cristiano de apariencia divina (una imagen del rey sacerdote prefigurado, en la tradición mesiánica, por Melquisedec) ¿Era este rey  etíope de las descripciones mencionadas el legendario Preste Juan?  El título real “zan” en Etiopía recuerda ligeramente a “Juan”, y pudo ser motivo de confusión; por otro lado, el país es cristiano desde el siglo IV, y la dinastía actual, fundada en el siglo XIII, pretende remontar su linaje hasta el mismísimo rey Salomón, con el que el Preste Juan podría compartir -según hemos apuntado- ciertos rasgos. Por último, señalaremos que entre los rastas, la imagen del león conquistador que según cuentan los salmos representa a JAH, el Dios rastafariano,  se relaciona con Selassie,  Jesús –león de Judá, Rey de Reyes–  y la figura de Melquisedek  (en la que Guénon señalaba igualmente los rasgos del Rey del Mundo).

 

 (El León de Judá, coronado, en la bandera de Etiopía)

En el pasado, la actividad de las misiones franciscanas y dominicas en Asia Central y China también se vería reforzada tangencialmente por los rumores sobre la existencia de un rey cristiano y sus dominios en los confines de la tierra. Estas expediciones y aventuras perseguían varios propósitos, entre ellos el descubrimiento de algunas de las maravillas descritas en los relatos que proliferaban sobre el fabuloso Reino del Preste Juan: monstruos y criaturas extraordinarias como grifos y cíclopes, océanos donde los peces saltaban a la orilla para dejarse capturar fácilmente, y piedras de propiedades taumatúrgicas que devolvían la vista a los ciegos.

Algunos de estos últimos puntos recuerdan algunos aspectos interesantes del simbolismo del Grial. El episodio de los peces que acuden a la orilla sugiere la dimensión griálica del Cuerno de la Abundancia (de él se decía que hacía germinar las plantas, devolver el vigor a la tierra y –en tanto caldero mágico, cesto o Cornucopia– saciar inmediatamente a quien comía de su contenido o acomodar éste mágicamente al deseo de los comensales). Por otro lado,  el Grial asume la forma de una piedra  que, en ocasiones, también presenta virtudes y cualidades curativas y regeneradoras. Devolver la vista al ciego también podría ser aquí una metáfora de  de la visión instantánea, la revelación o la iniciación que propicia el contacto con el Grial, tal y como se refiere en algunas versiones de esta leyenda.

Con motivo de la relación entre la leyenda del Preste Juan y el Grial, afirma Guénon que “el simbolismo de la desaparición definitiva del Grial, arrebatado al Cielo, o transportado al Reino del Preste Juan, significa lo mismo”, lo que da una idea cabal de la aproximación o ensamble natural de estas dos leyendas cristianas en su desarrollo, aunque debiéndose reconocer que sus raíces son más antiguas, como toda tradición”.(fuente)

En la versión de Wolfram Von Essenbach, los lazos entre la figura del Preste Juan y el Graal se hacen patentes, pues el enigmático tesoro  ” se guarda en un castillo de la Orden de los Templarios –ahora custodios del Graal– dentro de una iglesia de planta octogonal, como su iglesia madre del Templo de Salomón, bajo la autoridad de un GRan Maestre que depende de la dinastía del mismísimo Preste Juan (…) a cuyo reino se retirará la Oden junto con el Grial (…) En la versión de Von Essenbach, además, el Graal ya no es el cáliz conteniendo la sangre de Cristo, sino una piedra de virtudes maravillosas, traída o caída del cielo –lapis exillis, lapsit erilis, o ex caelis– como aquellas piedras negras, o betilos, de la antigüedad pagana, custodiadas en los santuarios de las grandes diosas; piedras que recuerdan poderosamente a la piedra de chitamani de la tradición aghártica, y que supuestamente, según refiere Ferdinand Ossendowski en su obra ya citada Betes, Hommes et Dieux, de 1924, “habría sido envidada en tiempos antiguos por el “Rey del Mundo” –cabeza espiritual de Shambhala– al Daläi lama, transportada después a Ourga, en Mongolia, para luego desaparcer súbitamente por cerca de cien años”

(Un cáliz húngaro del medievo, prefiguración del Santo Graal, sea  lo que quiera que éste representase)

 

El reino de Preste Juan acabó desapareciendo de los mapas, cuando un orientalista alemán del siglo XVII, Leutholf, demostró que no había ninguna prueba que permitiera mantener la conexión entre el mítico monarca y los reyes etíopes. Pero para entonces la leyenda llevaba varios cientos de años influyendo el devenir de la historia de Europa y del resto del mundo (…)” (3) lo que no deja de guardar una curiosa relación con el modo en que misteriosamente aparecen y desaparecen las leyendas griálicas que circularon en el medievo, que también desempeñaron una función específica para quienes se ocuparon celosamente de su propagación en determinados entornos, como la corte de René d´Anjou.  Al margen de la dimensión simbólica de esta historia, aún hoy estamos tentados de creer que una tierra semejante y su fabuloso monarca podrían existir realmente en algún lugar del mundo.

 

 

 

 

 

-Fuentes, notas y vínculos-

(1)   Abd Al-Wahid Yahia (Guénon, René): El Rey del Mundo (texto completo on line),es, entre otras cosas, el estudio más completo hasta la fecha sobre la vertiente simbólica de la leyenda del Preste Juan.

(2 ) El fantástico reino del Preste Juan, Pablo Villarubia Mauso.

( 3) “El “Romance de Alejandro” también contaba que Alejandro y sus hombres habían encontrado la Fuente de la Eterna Juventud  y afirmaba que 56 compañeros ancianos del rey “recuperaron un cutis de 30 años  después de que bebieran de la Fuente de la Juventud“. Pero, ¿como llegar a la fuente, si la ruta hacia la India estaba bloqueada por los musulmanes?” Los paralelismos entre la leyenda del Preste Juan y el Romance de Alejandro, aquí.

 (4) (fuente: Cavobolo: el mítico Reino del Preste Juan)

(5 ) Fantástico artículo sobre  La búsqueda de la Fuente de la Juventud, un mito emparentado con el Reino del Preste Juan, en Old Civilization Blog.

(*) Vázquez Hoys, Ana : En Busca del Preste Juan; la influencia de la leyenda en las exploraciones africanas de los portugueses.

(* )Alarcón Herrera, Rafael, un pequeño texto sobre los Caballeros custodios del Grial y el Preste Juan.

(*) Wilson, Pip:  Prester John, legendary imperator of the East (Excelente sitio, con abundosa bibliografía, sobre el Preste Juan y su Reino del Este)

(*) El Reino del Preste Juan, en la wikipedia (como de costumbre, un buen punto de partida para iniciar este apasionante viaje)

(*) El libro de las Maravillas de Juan de Mandávila

Quo vadis?

 
 
        

      

Quo vadis?…*    

Este asunto del  viaje celeste de las almas después de la muerte ha sido ya tratado sumariamente en algunas de nuestra entradas pretéritas, pero aún nos proponemos añadir a cuanto dijimos entonces algunos conceptos interesantes que desarrollaremos en esta ocasión con mayor detalle.                      

El arranque de una larga tradición literaria sobre el asunto del viaje sidéreo post mortem encuentra en Platón y en su herencia pitagórica, uno de sus más directos responsables. La creencia en la inmortalidad del alma humana y su relación estrecha con los astros permea la literatura babilonia e indo-irania, donde habría que buscar el origen último de esta tradición, así como la fuente de la idea de la categoría divina de los planetas y del zodiaco, y su influencia en los asuntos del hombre. (1)                        

             

La rueda del Zodíaco en un manuscrito islámico

El zodíaco o el Cielo, con el agujero o clave de la bóveda central,según la cultura china.

En esta escatología del zodíaco, el papel de la luna es fundamental, puesto que este astro representa el lugar de acceso y ascensión definitiva hacia la liberación o el regreso a la manifestación, hacia la tierra; de ahí su denominación de “Puerta del Cielo”.                        

El creciente lunar asociado a la Puerta del Cielo como advocación de la figura de la Virgen madre

Una de las advocaciones de la Virgen es la de Puerta del Cielo, Ianua Coeli

 (Una de las advocaciones de la Virgen es la de Puerta del Cielo)                  

Algo similar hallaremos en el mazdeísmo, cuyo discurso escatológico  establece que en su viaje hacia la liberación, las almas puras han de atravesar un puente llamado Cinvat –aquí el puente es una expresión simbólica similar al “acceso” o “puerta” representada anteriormente por la luna–  que se eleva sobre el abismo infernal; desde este lugar las almas suben a la región de las estrellas fijas para entrar desde aquí al círculo de la luna (que determina el regreso a la manifestación, la vuelta a la existencia terrena del individuo) o bien, según su grado de santidad, acceder al reino del Sol, morada de Ahura-Mazda, la luz infinita.                        

La más importante aportación de los babilonios a este sistema de creencias en torno al viaje sidéreo es la introducción del mito de las dos puertas celestes por las que ascienden y descienden las almas, así como la idea de la influencia de los planetas en el destino humano, que llegará a ser uno de los elementos clave en la doctrina de las religiones orientales, especialmente en los misterios de Mitra, donde el tema de las puertas celestes y su relación los solsticios será especialmente desarrollada.                          

Relieve con la escena de Mitra tauróctono. En los misterios de Mitra la rueda del Zodiaco tiene especial relevancia.

En los misterios de Mitra, los dadóforos Cautes y Cautopates representan las Puertas de acceso y salida de la caverna cósmica y los dos solsticios

Desde el inicio de esta tradición sobre el viaje de las almas se pone de manifiesto su carácter literario; ya el mismo Platón se ocupa de presentarnos en forma mitificada el asunto del viaje sidéreo. Más adelante, en Roma, Virgilio retoma parte de la escatología esbozada por Platón en algunos versos de su Eneida, donde describe el encuentro del héroe con Anquises, su padre. (3) Posteriormente, en el siglo V, encontramos de la mano de Macrobio una síntesis de las ideas fundamentales aportadas por los neoplatónicos, pitagóricos, gnósticos y primeros cristianos. En el cristianismo se amalgaman muchos de estos conceptos que van a formar parte de la doctrina cristiana de ultratumba.                       

              

La Comedia de Dante se hace eco de la tradición pitágorica del viaje celeste del alma

Este compendio de creencias tuvo su pervivencia en ambientes cultos hasta bien entrada la Edad Media, donde empiezan a mezlcarse con otros planteamientos del viaje del alma debidos a influencias diversas, desde la escatología musulmana a la tradición bíblica, como el episodio de la Escala de Jacob o la Escala de Mahoma, según la visión islámica del Infierno. Esta última tradición pudo tener un efecto notable en el diseño de la Divina Comedia de Dante, obra cumbre en el final del Medievo que recoge y cristaliza todas estas corrientes a propósito del viaje celeste del alma a través de las esferas planetarias.                        

              

La escala planetaria alcanza la primera de las esferas planetarias, la Luna, que marca el primer peldaño en el viaje celeste del alma

            

En el sueño o visión de Jacob, aparece una escala por la cual suben y bajan los ángeles: el lugar de la visión es llamado Puerta del Cielo 

              

En la larga tradición sobre el viaje sidéreo  se han descrito básicamente dos formas del mismo, uno que define un itinerario de cuatro etapas, y otro que describe un recorrido a través de las esferas planetarias.  En esta segunda forma  del viaje planetario, el alma se desprende –o se carga, según el sentido de ascenso o descenso hacia el mundo manifestado—de impurezas materiales, densas o “metálicas” (en el sentido que los alquimistas daban a los metales asociándolos a los planetas) a su paso por las diversas esferas;  finalmente, la unión con la divinidad o liberación tiene lugar en la Puerta del Paraíso celeste, que muchas tradiciones vinculan con la Vía Láctea ( n).                   

            

            

(El mundo en el nivel más interno, denso e inferior del sistema de esferas planetarias, según la visión gnóstica del verdadero infierno)           

                  

(El Camino de Santiago, también llamado Camino de las Estrellas, identificado con la Vía Láctea, participa del simbolismo del viaje sidéreo del alma. El papel de la Vía láctea en la escatología grecorromana y especialmente en los misterios de Mitra es especialmente relevante, identificándose casi siempre con la morada del reposo de los Justos. )            

La Vía Láctea, también llamada Camino de Santiago, es en esta tradición la meta del viaje sidéreo

La Vía láctea se hace coincidir con el mundo divino o no manifestado del que las almas de los hombres inician su viaje de descenso hacia el mundo terreno, según el relato que Macrobio realiza de este viaje de de las almas a través de los círculos planetarios y del Zodíaco. Las almas descenderán al Zodíaco por medio de uno de los puntos de contacto — o Puertas– entre ambos círculos siderales, fijado en Cáncer, para pasar luego a las siete esferas planetarias, que atraviesan hasta quedar encerradas en el cuerpo físico –la esfera de mayor densidad–. El viaje de ascenso participa del mismo itinerario, pero a la inversa, y la entrada en la Vía Láctea, empíreo o Paraiso, se efectúa a través de la Puerta de Capricornio.                        

                 

(El Pórtico de la Gloria, jalón del Camino de Santiago o Vía Láctea,  puede ser interpretado en parte a la luz de la doctrina de las Puertas del Solsticio)                 

                         

(En algunos lugares, como es arriba es abajo, algunos bienaventurados pueden comprobar en determinadas épocas del año la operatividad de las Puertas Solsticiales )

              

Por una de esas puertas, la de Cáncer,  explicita Macrobio, bajan las almas desde lo indivisible, experimentando simbólicamente lo que se ha dado en llamar “la caída del hombre” –al menos tal y como la interpretaban los gnósticos—cubriéndose de estas impurezas metálicas y entrando, por fin, en los que Pitágoras llamó el Reino  de Plutón, refiriéndose al sistema planetario, pero también al mundo manifestado, y por ende nuestro mundo; de ahí la doctrina gnóstica que piensa el mundo como una suerte de “infierno” o creación invertida o especular de de un mal demiurgo, una “prisión” para el alma que recuerda su naturaleza divina y ansía su regreso al empíreo, su lugar de origen y verdadera patria; éste también quizá es el sentido último de la idea del “peregrino” en su acepción de “extranjero” o “extraño”, en cuanto espíritu ajeno al mundo sensible.                        

               

               

   (  La estructura del infierno de Dante se adecua al itinerario de las esferas planetarias fijado para el viaje sidéreo )            

                           

              

  (En la escatología gnóstica, cada esfera planetaria –la primera de las cuales es la luna– está regida y custodiada por un arconte, que impide la salida del alma de la prisión en la que se halla confinada, el mundo sensible)     

Esta identificación de las Puertas del Cielo con los signos de Cáncer y Capricornio, y su vinculación con los soslticios de verano e invierno, respectivamente, se encuentra en diversos textos herméticos y principalmente en el Antro de las Ninfas, de Porfirio, que parte de la tradición de la gruta homérica de Itaca (n) para llegar a establecer definitivamente los elementos característicos y fundamentales de esta creencia. Sin embargo, las primeras noticias sobre la doctrina de la existencia de unas Puertas de paso de las almas a la Vía láctea son mucho más antiguas, y al menos habría que remontarlas a los pitagóricos, y existen además numerosos paralelismos más allá de la mera coincidencia con la tradición védica de las Puertas de los Hombres y las Puertas de los Dioses, Ptri Yana y Deva- Yana.( )                       

             

               

                 

Según Guénon, este Antro de las Nifas es el equivalente de la caverna “cósmica” , la cual podrá tener dos puertas “zodiacales”, opuestas (…) y por lo tanto correspondientes, respectivamente, a los dos puntos solsticiales, una de las cuales servirá de entrada y la otra de salida; en efecto, la noción de estas dos “puertas solsticiales” se encuentra explícita en la mayoría de las tradiciones, y se le atribuye por lo general una importancia simbólica considerable. La puerta de entrada se designa a veces como la “puerta de los hombres”, quienes entonces pueden ser iniciados en los “pequeños misterios” como simples profanos, puesto que no han sobrepasado aún el estado humano; y la puerta de salida se designa entonces, por oposición, como la “puerta de los dioses”, es decir, aquella por la cual pasan solamente los seres que tienen acceso a los estados supraindividuales. No queda ya sino determinar a cuál de los dos solsticios corresponde cada una de las dos puertas (…)                        

               

              

Yana es una palabra sánscrita con una gama de significados que incluye sustantivos como ‘vehículo’, ‘viaje’ o ‘camino’, y verbos como ‘ir, moverse, montar o marchar’; además de la correspondencia simbólica, fonéticamente se acerca a Ianua, latín para puerta y a Ianus, el dios de las puertas. (n) Efectivamente, estas dos puertas solsticiales están vinculadas al simbolismo de Jano, como hemos apuntado en otras ocasiones.  Jano es el ianitor (portero) que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos, la llave como simbolismo axial que lo conecta a Jano con la parte Suprema.                

                         

Estas dos puertas, de Cáncer y Capricornio, son identificadas por Platón con dos aberturas, por las que descienden (Cáncer) o ascienden (Capricornio) las almas en su viaje, según refiere Porfirio en el citado Antro de las Ninfas. También menciona Porfirio que existen otras opiniones que aseguran que el Sol y la Luna son las puertas que las almas atraviesan en su viaje; la polaridad de los astros equivale aquí a la dualidad que ofrecen igualmente las dos caras de Jano, el dios de los misterios y las iniciaciones, en cuya imagen hay que ver otra manifestación de esta tradición oculta sobre las Puertas Solsticiales. ( )                         

                         

          

 (n) La gruta o caverna cósmica, es aquí un símbolo del cosmos considerado como el mundo manifestado, “físico” o inteligible 

        

         (La salida del Cosmos) 

En cuanto a la primera versión del viaje del alma, considerado como un periplo en tres o cuatro fases, merece la pena destacar el papel clave del Sol y la Luna, que ya los pitagóricos identificaban con las Islas de los Bienaventurados.  En este modelo, del que los mitos platónicos fijaban los fundamentos para el Occidente grecorromano, el destino celeste de las almas está ligado a un lugar intermedio en el que hay dos simas por las que suben y bajan las almas, y otras dos más arriba en el cielo, simas perfectamente identificables con las Puertas solsticiales.                        

Con Plutarco, la geografía del más allá participa de la influencia platónica y se enriquece con la adaptación del Hades de los griegos, con sus agujeros , simas o Puertas al cielo y la tierra, y con la gruta o antro donde las almas esperan su destino.                        

A lo largo de los siglos esta corriente literaria del viaje sidéreo, que hemos visto remontarse a la antigüedad clásica y más allá, si tenemos en cuenta los paralelismos con las doctrinas védicas,  irá añadiendo paulatinamente elementos diversos a la geografía imaginaria de su recorrido ultraterreno, así como un sinfin de nuevos conceptos escatológicos tomados de otras tantas formas religiosas y tradicionales, de los cuales nos merece la pena destacar especialmente la figura del guía que, bajo la forma de un dios, daemon, ángel –en la versión cristiana ya vimos a San Miguel desempeñar tal función– , astro rey, Hermes, Mitra, el propio Cristo, o en la Comedia de Dante, Virgilio y Beatriz, ayuda al alma a superar las dificultades que habrá de encontrar en tan peligroso y difícil ascenso a traves de las esferas, hasta el noveno cielo, el Empíreo, meta de nuestro viaje.                        

 

       

Beatriz guía a Dante a través de las esferas en este dibujo de Boticelli

                        

                         

        

(Truman –True man– efectúa su particular salida de la caverna cósmica, bajo la atenta mirada del celoso arconte y guardián de la puerta,  Christoff –Christ OFF–)        

     -Fuentes, notas y vínculos-      

* Quo Vadis?     

Quo vadis?  es una frase en latín que significa ¿Dónde vas? o también, en nuestro caso, el pequeño matiz (¿dónde crees que vas?)  Su uso más frecuente se refiere a un episodio de la tradición cristiana recogido en los apócrifos Actas de Pedro (V.A.XXXV) en el cual San Pedro encuentra a Cristo cuando el primero escapa de una segura crucifixión en Roma. Pedro formula a Jesús la pregunta; a lo que el Salvador responde: “voy a Roma para ser crucificado de nuevo” (Eo Roman iterum crucifigi), lo cual espolea el valor de Pedro quien a raíz de este encuentro continuará con su ministerio y llegará a ser un mártir.    

La frase, por otro lado, aparece en otras ocasiones en la Vulgata, especialmente en el pasaje de Juan XIII:36  (Simón Pedro le dijo: Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: Adonde yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después)   

(1) Fragmentos tomados de  Pérez Jiménez, Aurelio.  Pérez Jiménez, Aurelio, El Viaje Sidéreo de las Almas: origen y fortuna de un tema clásico en Occidente. Universidad de Málaga.         

(3) Truman y la doctora Arroway, protagonistas de El Show de Truman y Contact, también buscan desesperadamente a sus padres, pero sólo logran encontrarse con una buena réplica       

- Desvelando (o casi) el gnosticismo galopante del Show de Truman, en este vídeo                                

(2) Homero, el Hades y la gruta de Itaca en Paradise Found                

Quo Vadis?… La doctrina del viaje celeste del alma en el paganismo en Astral Ascent        

Escatología musulmana y visión islámica del infierno en la Escala de Mahoma(           

(10) Para abundar en esta asociación con el simbolismo de Jano,  véase  Guénon, René, y también       http://www.euskalnet.net/graal/rgsajua.htm                  

Véase  sobre el tema del antro de las Ninfas, René Guénon, la salida de la Caverna               

                       

        

Un descenso espiritual al Maelström

 

The Rime of the Ancient Mariner por Gustave Doré (Jonnard, grabador)

HIELO POR TODAS PARTES

 

Tiempo ha que se han reconocido y señalado  paralelismos entre las obras de Edgar Allan Poe y Samuel Taylor Coleridge, si bien las asombrosas concomitancias tanto en la temática como en numerosos aspectos puntuales de “Un Descenso al Maëlstrom” (A descent into the Maleström) de Poe, y La Balada del viejo marinero(Rime of the Ancient Mariner) de Coleridge, no han sido aún debidamente subrayadas.  Tal vez estas similitudes han sido obviadas porque el relato de Edgar Poe ha sido rápidamente catalogado como una sencilla ilustración de su doctrina del “efecto único”  o como un ejemplo elaborado de su proverbial habilidad para incorporar la temática científica a una historia de aventura y misterio. Como quiera que sea, el reconocimiento de los valores morales y espirituales del relato en cuestión no han sido justamente comprendidos. “Un descenso en el Maelström”, así como participa de idéntica atmósfera y argumento que “La balada del Viejo marinero”, así también coincide en la cuestión de la trascendencia espiritual. (1)

En el nivel más evidente, ambas composiciones, el Descenso y The Rime…, son historias sobre el mar y sobre el viaje; sobre un viaje en particular en el cual el horror y la fascinación exceden el de cualquier otra narración existente. Ambas son, de hecho, narraciones de un viaje arquetípico, cuyo significado para los participantes del mismo entronca con el sentido mismo de la existencia. Habiendo sobrevivido a tan catastrófica navegación, los marineros adquieren una extraordinaria habilidad para penetrar los misterios de la vida en cuanto ellos mismos han sufrido tan de cerca la experiencia de la muerte, llegando hasta la zona limítrofe de la disolución y el caos, y habiendo sobrevivido; llegando así a convertirse en profetas o videntes cuya misión será siempre llevar a los otros las verdades que les han sido reveladas por tan increíbles vivencias.

Ambas creaciones presentan también similitudes en su estilo narrativo, pues el relato de esas aventuras es contado de primera mano por el único superviviente de tan terrible viaje. Al igual que el viejo marino de Coleridge, el lobo de mar de Poe en el “Descenso en el Maelström” parece también obligado a contar su historia, como catársis individual y como intento –de afán evangelizador– de legar a otros la verdad que han descubierto.

Asímismo, en el cuento de Poe y el poema de Coleridge, los medios a través de los cuales los marinos logran la salvación final incluyen devolver a su curso natural las fuerzas que previamente habían sido invertidas. Los protagonistas alcanzarán la redención muy cerca de un estado límbico entre la vida y la muerte, donde percibirán la belleza en medio delambiente de degradación y  corrupción que los rodea.

Los seguidores de la doctrina de la Tierra Hueca encontrarán quizá en estos relatos ecos lejanos de la teoría del mundo interior, cuya entrada se fijaba en la proximidad de los Polos; en el caso del Descenso al Maelström, la imagen evocadora es la de un vórtice gigantesco que recuerda la entrada al mundo subterráneo, metáfora aquí del Abismo o quizá de algo peor; en el poema de Coleridge, el recuerdo de la dotrina del inframundo viene de la mano del viaje del navío a la  Antártida, donde comienzan las calamidades y los horrores para los tripulantes que se acercan a la ominosa frontera marcada por los hielos. Una vez más, el sempiterno símbolo del Polo como antesala de este tártaro, infierno glacial o mundo subterráneo.

Dadas estas y otras similitudes, no es descabellado pensar que diversos pasajes del poema de Coleridge sirvieron de germen para que el torturado genio de  Edgar Poe posteriormente pudiera concebir uno de sus más oscuros y complejos relatos.   

 

 (Ilustración de Harry Clarke para un Descenso al Maelström, de Poe)

 

(Bernie Wrigthson ilustra de este modo el relato de Poe)

The Rime of the Ancient Mariner es el poema más largo en lengua inglesa, escrito por  Samuel Taylor Coleridge en 1797-1799 .  Gustave Dore, uno de los mejores ilustradores de todos los tiempos, se ocuparía de traducir en imágenes la obra de Coleridge  con la serie de estampas a la que pertenecen las pocas que reproducimos bajo estas líneas.  

 

 

 (Grabados de Gustave Doré para The Rime of the Ancient Mariner, de S.T.Coleridge)

 

 

(Así nos cuentan los Iron Maiden la historia de Samuel Taylor Coleridge)

 

(1)  Traducción libérrima a partir de  J. YONCE, Margaret, The Spiritual Descent into the Maelström: a debt to the “Rime of the Ancient Mariner“, Univiersity of South Carolina

(2) Todas las ilustraciones de Gustave Dore para The Rime of the Ancient Mariner, de Coleridge

(3) Bernie Wrightson ilustra un Descenso al Maelström y otras grandes historias de Poe, en este blog del Cine de Terror  Clásico

 

 

Viaje al centro de la Tierra

  

Tened por bien que dé noticias al mundo de lo que el Centro de la Tierra esconde  

Virgilio, ENEIDA, l. VI  

   

  Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la tierra, como he llegado yo. Arne Saknussemm.  

Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra  

Declaro que la tierra está hueca y que es habitable en su interior; que está formada por un cierto número de esferas concéntricas, cada una dentro de las otras, y que está abierta en los polos doce o quince grados; emplearé mi vida si es necesario en defender esta verdad, y estoy dispuesto a explorar el interior del globo, si el mundo quiere apoyarme y  brindarme ayuda en el intento.  

 John C. Symmes (1780-1829) La Teoría de la Tierra Hueca   

    

El capitán Symmes, autor de las líneas precedentes, fue un hombre de gran sencillez ; de espíritu elevado, honorable y honesto. Un hombre ejemplar en cada aspecto de su vida, venerado y respetado por todos cuantos le conocían. Tan firmemente grabada en su mente estaba  la creencia en esta teoría que durante diez años, a pesar de trabajar en condiciones  económicas difíciles y verse sometido a la burla y el ridículo de todo un mundo en su contra, perseveró en sus pesquisas hasta el punto de interesar a otros en el asunto, que buscaron comprobar la verdad de sus afirmaciones llevando a cabo una expedición al polo, que no alcanzaría sin embargo la ansiada meta.  

  

   

FACILIS DESCENSUS AVERNI
  

El asunto del descenso al interior de la Tierra les ha sido puntualmente señalado  en algunas notas sobre las expediciones al Artico, y en una breve semblanza sobre la vida y milagros del aventurero singular Nicolas Roërich. Abundamos sobre este affaire tan misterioso ahora que hemos conocido un sitio, llamado acertadamente Mundus Subterraneus , en el cual se nos presenta una bibliografía comentada muy completa de la literatura fundamental en torno al fascinante tema de la Tierra Hueca, los mundos subterráneos, las regiones más allá de los polos, Agartha y Samballah y otros misterios del  mundo secreto intraterreno.   

Un aspecto del supuesto agujero en el polo, acceso al inframundo

 

De todos los títulos recogidos, ninguno tan seminal y conocido como la obra de Jules Verne, Viaje al Centro de la Tierra (1828 – 1905); no se entiende una bibliografía sobre la Tierra Hueca sin citar esta popular novela, publicada por vez primera en 1864. El volumen ha conocido cientos de traduciones a otros idiomas y numerosísimas reediciones. La historia, recordémosla una vez más, narra las peripecias de un profesor y su discípulo, un sobrino del mismo (1) Axel, que recibe una verdadera iniciación, repitiendo el modelo de Dante y Virgilio en los Infiernos, que con la ayuda de un guía experto descienden al interior de la Tierra a través de un volcán en Islandia , lindando con las regiones polares. Allá se desarrollarán múltiples aventuras, incluyendo encuentros con animales prehistóricos, hasta que consiguen eventualmente acceder a la superficie de nuevo en el sur de Italia.  

El mito de un inframundo habitado ha sido objeto de varias interpretaciones en el celuloide rancio. Fotograma de The Mole People

 

 En realidad, el motivo del Viaje al Centro de la Tierra verniano es una prolongación, como ya apuntamos en alguno de nuestros breves artículos sobre la conquista del Polo, de su novela Las Aventuras del Capitán Hatteras, donde hallamos la misma historia con una combinación diferente de sus argumentos principales.  Este gran poema subterráneo es la obra más fantástica de la saga de Julio Verne, y el más extremo de sus Viajes Extraordinarios, el único que puede sustraerse a la ecuación que toda la serie postula: imaginario igual a real, explicada por Verne de modo cauteloso al declarar que “todo lo que un hombre puede imaginar, otros hombres serán capaces de realizarlo”. Y así ha sucedido, con excepción de este Viaje al Centro de la Tierra. Hasta la fecha, nadie ha podido llevar a cabo tal viaje, aunque han sido numerosos los intentos de acometer semejante tarea, y hoy no se sabe mucho más del interior del globo que en la época de Verne. Al menos, fuera del terreno de las hipótesis.  

            

Recordemos que el profesor Lidenbrock, principal protagonista de la novela de Verne, sigue las huellas de un alquimista, Arne Saknussem, remontando en su camino el pasado de la naturaleza, en un verdadero regreso a las fuentes. En esto también Viaje al Centro a la Tierra entronca con la tradición del descensus ad inferos, el descenso a los infiernos, en su vertiente de regresus ad uterum, la vuelta al seno de la Gran Madre Ctónica, paradigma de los ritos de paso; y es que la obra de Julio Verne reviste todos los elementos de un viaje iniciático, porque el pretexto de la aventura no ensombrece el núcleo verdadero de la historia, la  del viaje de descubrimiento o la búsqueda individual en pos de la sabiduría, de la gnosis y, en el caso de Axel, otro de los protagonistas de la novela, de la conquista de la madurez intelectual y espiritual.  

De este modo, mediante su conexión con la alquimia, se revela la verdadera naturaleza del relato de Verne como un auténtico descenso a los infiernos; un viaje de iniciación ritual. Según Simone Vierne, que ha consagrado un monumental estudio al carácter iniciático de la obra verniana (2), ésta tiene su raíz en la corriente de tradiciones esotéricas más arcaicas, como los misterios eleusinos, la queste griálica, el hermetismo y la masonería, por no hablar del ciclo de Gilgamesh y la eterna busca de la inmortalidad, así como el mito tibetano de Agartha y otras ciudades subterráneas. La constante presencia de los grandes temas míticos en la obra de Jules Verne incitan a algunos autores a ver en ella  una mitología bien estructurada, una planificada y consciente revisión de ritos esotéricos, o bien una recreación en filigrana de los mitos escogidos por las grandes obras literarias (3)  

En el interior de la Tierra suelen habitar criaturas antediluvianas; no en vano se considera el mito como un trasunto del Paraíso Perdido

 

Si puede ponerse en tela de juicio que todas las obras de Jules Verne participen de este carácter iniciático, no cabe dudarlo en lo que se refiere particularmente al Viaja al Centro de la Tierra, de simbolismo tan evidente y tan turbador el cortejo de elementos rituales y esotéricos que aparecen en esta obra. En este sentido, merece la pena recordar que el ritual de toda ceremonia de iniciación comporta tres secuencias fundamentales: la preparación del candidato –que tiene lugar a menudo en el antro, caverna o recinto sagrado– , el viaje, símbolo de muerte, tránsito o metamorfosis, y el renacimiento, resurreción o salida del antro iniciático.  En la novela de Verne, el comienzo del viaje está marcado por la aparición de un documento secreto, en forma de criptograma, escrito en carácteres rúnicos, esto es, sagrados –se atribuyen al mismísmo Odín– y transrito en latín por un alquimista, Arne Saknussem, cuyas obras habían sido destruídas al considerarlas heréticas. Este manuscrito investido de propiedades misteriosas y esotéricas equivale a una revelación que definitivamente marca el camino y señala el comienzo de la empresa iniciática. El hecho de que la ciencia de Lidenbrock, el científico, se revele impotente para descifrar el criptograma, y que sea el cándido Axel quien lo haga por azar o intuición, manifiestan que éste ha sido elegido por su inocencia (como en el célebre caso de Galaad en la queste griálica) para conquistar la cima.  

   

(El manuscrito en caracteres rúnicos que contiene la clave del acceso al Inframundo en la novela de Verne)  

Prosiguiendo con la lectura en clave simbólica de la obra de Verne, podría añadirse que el destino del viaje es el centro de la tierra, el punto supremo, imagen del Centro primordial, lugar sagrado por excelencia, inaccesible al profano. Y del mismo modo, el umbral o paso de entrada se halla en un volcán, puerta del infierno, en algún remoto lugar de Islandia,  región que participa del simbolismo polar, una vez más asociado a la imagen del Paraíso o Axis mundi. En la novela, este acceso al inframundo debe cumplirse en una fecha determinada, la del solsticio de verano, cuya significación en determinados rituales de la masonería y en el contexto de los misterios de la antigüedad hemos puesto de manifiesto en diversas ocasiones. Finalmente, el juramento del silencio es impuesto al neófito, como establecen los cánones de la inciación, especialmente en el caso de algunas religiones mistéricas y en la francmasonería.  Basten las pequeñas notas aquí apuntadas para poner de relieve el componente esotérico del Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, cuya vertiente simbólica admite una lectura de mayor profundidad a nivel iniciático que quizá podramos retomar en otra ocasión.  

       

(Cubiertas de The Hollow Earth y La Diosa de Atvatabar, dos obras clásicas en torno al motivo de la Tierra Hueca)  

Aunque la inmortal novela de Verne es la más popular de las ficciones en torno al motivo de la Tierra Hueca, existen  antecedentes a esta teoría y a su uso en la ficción, como la obra El viaje al inframundo de Niels Klim, de 1741,  Nicolai Klimii iter subterraneum (Niels Klim’s Journey Underground), dek escritor danés Ludwig Holberg (1684 – 1754) quien aprovechó  con fines fantásticos por vez primera la teoría del astrónomo Edmond Halley (quien dió su nombre al célebre cometa)  de la estructura de la Tierra y otros planetas como una serie de esferas concéntricas, en torno a un pequeño sol central,  con aberturas en sus polos, tesis que el científico presentó en el curso de una lectura sobre magnetismo y publicada por la Royal Society en 1692. (4)  

La estela de la novela de Verne fue seguida por una serie de obras que abundarían en detalles sobre el asunto de la Tierra Hueca. Entre ellas, destaca por su carácter seminal un exitoso libro titulado Etidorpha, de John Uri Lloyd, que aún puede ser hallado en la red, que conocería también varias reediciones. Esta edición concreta  que mostramos destaca poderosamene por los símbolos de apariencia egipcia de su cubierta, y difiere de las anteriores en que comprende capítulos adicionales que no fueron incluídos entonces.  (4)  

Ilustración de la novela Etidorpha

 

  

 Etidorpha, publicada por primera vez en 1895, es una de las más famosas y enigmáticas obritas sobre la Tierra Hueca; incluso Howard Philips Lovecraft  la leyó,  y notaría que el título es un anagrama de Aphrodita (5). Magníficamente ilustrada por J. Augustus Knapp, este libro fue tan bien acogido que rápidamente se tradujo a varios idiomas, entre ellos el sueco y el alemán, y aún hoy está en imprenta. Su autor, John Uri Lloyd, un farmaceútico, escribió también otras novelas. A propósito de esta oscura  Etidorpha se han sugerido igualmente conexiones con el mormonismo y la masonería; su propio autor diría sobre su creación que “Etidorpha no es una simple ficción; la misión de este libro está oculta para la mayoría de sus lectores (…)”  

 La doctrina concerniente a un globo terráqueo hueco en cuyo interior vivirían los humanos permeó en ciertos sectores de la sociedad alemana a través del piloto de guerra Peter Bender, quien, según se dice, mientras convalecía como prisionero en un hospital de sangre durante la Primera Guerra Mundial, cayó en sus manos un ejemplar de The Flaming Sword, la revista de Koresh, padre de la teoría de la Tierra Hueca. Bender encontraría a Johannes Lang, también interesado en el tema, y ambos visitaron a Karl Neupert entre 1925 y 1928. Mientras este último daba a la imprenta su Geokosmos, Lang publicaría varios opúsculos con su versión de la doctrina del Mundo intraterreno, ayudando a su difusión en Alemania, comenzando en 1935 con The New World View, que volvería a ser editado en varias ocasiones hasta los años sesenta. Johannes Lang, que moriría en 1967, conoció a su vez a U.G. Morrow, un estrecho colaborador de Koresh. Lang también fundaría la Sociedad para la Búsqueda del Mundo Terreno (Gesellschaft für Erd-Weltforschung) que mantuvo su actividad hasta 1975.  

     

(Otras dos obras vetustas y fundamentales en la bibliografía de la Tierra Hueca: El Sello Divino y el Dios Humeante)  

Lo que quiera que sea que los alemanes de la época pensaron de todo aquello, se ha perdido desafortunadamente en las brumas del tiempo, así como la motivación del autor Walter Brenner-Kuckenberg para escribir y publicar su panfleto Leben Wir Auf Oder In Der Erde? Die Hohlwelt-theorie (¿Vivimos en el interior de la tierra? La Teoría de la Tierra Hueca) en 1949. Después de todo, esto sucedería apenas cuatro años tras la desvastadora guerra que destruyó a la Alemania Nazi y a medio mundo, transformándolo en una gigantesca escombrera, reduciendo ciudades enteras a cenizas y limitando la vida humana a la meras supervivencia diaria tras cinco años de amargura. Podríamos pensar que había muchas cosas de las que preocuparse, aunque  quizá este género de temas cercano a la ficción servía de evasión a una desesperada población que vivía en tan calamitosas circunstancias; la cuestión es que, como muestran diversos estudios, la publicación de este tipo de publicaciónes esotéricas raramente se han visto detenidas por asuntos tan mundanos como una guerra mundial. Especialmente en Alemania, donde la doctrina de la Tierra Hueca formulada por Koresh fue recogida durante la Primera Guerra y perpetuó su influencia hasta 1960.  

  

 Entre los más inusuales libros del mito de la Tierra Hueca destaca The Smoky God, o Un viaje al inframundo, escrito por Willis George Emerson (1856-18918), donde unos pescadores noruegos, encabezados por Olaf Jansen, son conducidos accidentalmente más allá de las regiones boreales por una tormenta. Entonces entran en un desconocido mundo interior cuya estructura recuerda la teoría de las esferas concéntricas del Capitán Symmes. Allí los expedicionarios encontrarán una avanzada raza de giagantes que han desarrollado una poderosa civilización que usa la energía del núcleo solar, al que llaman El Dios Humeante. Al final del relato, Jansen, el pescador, regresa a la superficie terrestre y, años más tarde, en su lecho de muerte, entrega el manuscrito de su historia a Emerson, quien lo publica, procurando así el marchamo de autenticidad a tan increíble experiencia.  

Algo más tarde, hacia 1820 verá la luz otra peculiar obra sobre el Mundo subterráneo, llamada Symzonia, o Un Viaje de Descubrimiento (Symzonia, A Voyage of Discovery ) (6)  cuya autoría y fecha de publicación exacta no están muy claras. El autor se oculta bajo el nomme de plume  Capitán Adam SeabornSymzonia describe un viaje al interior de la tierra hueca, basándose largamente en ideas de John Cleves Symmes, para descubir no sólo tierras fértiles, sino también a sus pobladores humanoides. Algunos mantienen que el autor de este libro es el mismo Symmes, pero hay quienes sostienen lo contrario aduciendo que la calidad literaria del Symzonia sobrepasa la capacidad de Symmes.  

Frederick Culmer (1822 – 1892) fue un autor mormón que publicaría El Mundo Interior: Una nueva teoría, en  1886. Sus  ideas a propósito de una tierra hueca habitada tienen varias fuentes de inspiración, que van desde sus propias ideas sobre la estructura de las esferas huecas, hasta los argumentos de John C. Symmes sobre la estructura interna de la tierra. En el argumento de la obra se relaciona, por  influencia del Libro de Mormón, la raza que habita el interior de la tierra con la tribu perdida de Israel.  

Internet y Google Earth han despertado el mito de la Tierra Hueca de su viejo letargo: aquí, una de las supuestas entradas polares al inframundo

 

   

     

(Cubiertas de Etidorpha y Die Hohlwelt-theorie)  

En 1892 el mito de la Tierra Hueca vuelve a enriquecerse con la aparición de La Diosa de Atvatabar, o la historia del descubrimiento del mundo interior(The Goddess of Atvatabar; being the history of the discovery of the interior world, and conquest of Atvatabar), de William Richard Bradshaw (1875-1927), quien concibe una ambiciosa novela alrededor de una raza perdida inspirada en la teoría de Symmes de las esferas concéntricas. En el libro, un grupo de exploradores navega a través del agujero del polo Sur, hasta encontar un vórtice en el mundo subterráneo –un recuerdo lejano de un Descenso al Maelstrom, del genial Edgar Poe– que les permite acceder al continente de Atvatabar, donde vive una civilización tecnológicamente superior a la humana. Esta novela es especialmente notable también por sus singulares y numerosas ilustraciones.  

  

Los nativos pobladores del inframundo de Phosphor: an Ischian Mystery, escrita por  Sherry J. Filmore, y publicada en Australia en  1888, son imaginados como criaturas antropoides prehistóricas que hablan en latín y tienen un brillo fosforescente. Esta novela ha sido considerada como la “historia australiana más grotesca jamás escrita“. En ella, un empobrecido joven, enterrado vivo tras ingerir veneno de serpiente para probar un antídoto de su propia invención, escapa a un reino subterráneo habitado por los extraños primates.  

Otro autor, en este caso una mujer, Enma Louise Orcutt, perpetra el siguiente episodio en la nutrida lista de obras que fundamentan el mito de la Tierra Hueca, publicando un no menos extraño El Sello Divino (The Divine Seal ) en  1909. La historia es una mezcla de ocultismo con una fantasía sobre la raza perdida, ambientada en un futuro lejano donde son recuperados los antiguos vestigios de la Atlántida (presumiblemente una parte de un antiguo continente) que conducen a una expedición al Ártico en busca de Zallallah –fonéticamente cercaco a Shamballah– un pueblo aún más antiguo qu los primera raza aria.  

   

En Thyra, una novela en el abismo polar  Thyra, A Romance of the Polar Pit de Robert Ames Bennet, publicada en  1901, cuatro exploradores que viajan en globo se estrellan en una región inexplorada del Ártico. Allí para su sorpresa se encontrarán con una tierra cálida colonizada por criaturas fantásticas, desde dinosaurios a mamíferos prehistóricos, una raza de monos antropoides y un pueblo descendiente de los antiguos navegantes y guerreros vikingos que descubrieron este mundo en una época pretérita.  

 Ya en 1906 se publica El Fantasma de los Polos (The Phantom of the Poles) de  William Reed , que presenta una colección de testimonios de exploradores polares sobre fenómenos extraños o inexplicados, desde vientos cálidos, depósitos de arena o polvo, rocas dentro de icebergs, vastas extensiones de tierra libres de hielo, zonas de agua dulce en pleno oceáno polar, y bizarras auroras boreales. Todo este material sustenta la imagen de  las áreas polares como una antecámara de la Tierra Hueca.   

La Tierra Hueca (Hollow Earth) es el contundente título que Franklin Titus Ives da a su obra sobre el tema publicada en  1904, que retoma una vez más la teoría de Symmes, por el que declara su admiración. El mismo año el mundo asiste a la presentación de otra obra relacionada, titulada El último descubirmiento del Señor Oseba (Mr. Oseba´s Last Discovery), y publicada en Nueva Zelanda en 1904 por Geroge W. Bell, que rubricaría este estraño libro que cuenta las experiencias de un habitante de un mundo subterráneo con entrada bajo el Polo Sur, deudor evidente de la teoría del capitán Symmes.  

En Mundus Subterraneus podrán continuar, si lo desean, su particular viaje de descubrimiento a través de la fascinante, abundosa y desconcertante literatura en torno al mito –hasta hoy– de la Tierra Hueca y sus complejos entresijos, que bien merecen una reflexiva y atenta revisión por parte del lector inquieto.  

   

-Fuentes y vínculos-  

(1) De modo que los Viajes al centro de la tierra constituyen una forma particular de los “Viajes con mi tía”, esto es, el “viaje con mi tío” –en realidad, una forma menor y menos avanzada de esta genial disciplina aventurera.  

(2) Vierne Simone, Jules Verne et le roman initiatique, Editions du Sirac, Paris, 1973  

(3) Lamy, Michel, Jules Verne, initié et initiateur, Paris, VVEE.  

(4) Textos traducidos libremente a partir der Theo Paijmans, Mundus Subterraneus  

(5) O también Venus, cuya significación está más próxima al simbolismo de la vertiente más oscura del mito de la Tierra Hueca, como dominio del Phosphoros, Lucifer o Rex Mundi.  

(6) Pueden acceder a Symzonia, la obra  completa en esta dirección http://olivercowdery.com/texts/1818symm.htm#item2  

(7) El texto completo de Etidorpha, en su versión original con ilustraciones.  

(8) Más sobre la tierra hueca, aquí.

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