MIS FAVORES TERRORITOS

Celuloide diabólico (non finito)

  

  

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Celuloide diabólico

  

   

“La principal argucia del diablo es hacernos creer que no existe”

Charles BAUDELAIRE

 

“El diablo no existe; es la creación de un puñado de hombres malvados que así consiguen desviar nuestra atención de sus propias bellaquerías”

Pedro BOTERO

  

“Creo en Dios, y creo en el diablo. El demonio existe realmente, y  sabe cómo me llamo

Daniel Johnstonn  (*)

 

 

 

(Posiblemente, una de los retratos cinematográficos más terroríficos y oscuros del diablo: El Exorcista, de William Friedkin)

 

Fruto de una abundosa literatura y una vastísima iconografía, la figura proteica del diablo se metamorfosea desde la Edad Media y su estatus cambia contínuamente, en especial a partir de la época de las Luces  y la Razón (…?). Es entonces cuando su imagen se vuelve a alzar poderosa y se convierte en tremendo elemento propagandístico y en desafiante símbolo de rebelión y de inconformismo en la literatura romántica europea, que reacciona vivamente contra las monarquías próximas a la Iglesia. Esta visión del diablo será la que   posteriormente influya en la publicidad y la cinematografía, rastreándose esta influencia hasta nuestros días.

 

(El demonio de Mélies)

Desde sus inicios, el séptimo arte se rinde a los encantos de Satán y “se presta sin dudarlo a la representación de los fenómenos ligados al diablo. Los trucos y efectos visuales, por supuesto, la magia inherente a la propia mecánica cinematográfica, una suerte de siniestra linterna mágica, que fue tomada al principio por un invento demoníaco; la posibilidad de crear engendros y maravillas, de hacer aparecer o desparecer personas y objetos a voluntad (…) y de introducir un elemento novedoso: la dimensión sonora, cuya indispensable potencia evocadora revoluciona la historia del terror. En definitiva, el cine parece haber nacido para dar cátedra y credibilidad a lo fantástico” y por ende, a lo fantasmagórico, oscuro y demoníaco. (1)

He aquí nuestra filmografía imprescindible sobre cine oscuro y diabólico, necesariamente incompleta –non finita, como gusta decir a los artistas–, de esas joyas del celuloide que cuentan con la presencia más o menos fugaz de Luzbel o sus acólitos, tal y como la hemos compilado tras una breve consulta –aunque eficaz y bien documentada– de nuestras fuentes, que citamos puntualmente y a las que les remitimos para una revisión más detallada  del tema tratado.

(Georges Mélies nos presenta un infierno bastante movidito.)

 

 

1896, LE MANOIR DU DIABLE (La morada del Diablo) de Georges Mélies

 

1913, El estudiante de Praga,de Stellan Rye

 

 

1914, Der Golem  (El golem)  de Paul Wegener

 

1916, Der Vampires (Los vampiros) de Louis FEUILLADE

 

1920  Doctor Jekyll y Mr.Hyde, de John S. Robertson

 

 (Un demonio dantesco en el filme Inferno, de 1911)

 

1920 La carreta fantasma (Körkarlen) de Victor Sjöström

 

 

 

 1921 Páginas del diario de Satán (Blad af Satans Dagbod) de C.Theodor Dreyer

 

1921 HÄXAN (la brujería a través de los tiempos) de Benjamin Christensen

 

 

1922 Doctor Mabuse, de Fritz Lang

 

1922 Nosferatu, de F. W. Murnau

 

 

1924 El Museo de Cera (Das Waschfigurenkabinnet) de Paul Leni

 

1924 Las Manos de Orlac, de Robert Wiene

 

1926 Fausto, de F.W. Murnau

 

 

1927 London after Midnight, de Tod Browning

 

1927 Mandrágora (Alraune) de Henrik Galeen

 

1928 Metrópolis, de Fritz Lang; Babilonia la Grande, la Bestia Escarlata y el Falso profeta, aliados del diablo, campan a sus anchas en este prodigio del celuloide

 

1928 La Pasión de Juana de Arco, de C.Theodor Dreyer

 

 

1928 The four devils (los cuatro diablos) de F.W. Murnau

 

 

 1929 La caja de Pandora (Loulou. Die Büchse der Pandora) de Georg Wilhelm Christensen

 

 

1930 La Fin du monde (el fin del mundo) de Abel Gance

 

1931 Vampyr, la bruja vampiro, de Dreyer

 

1933 La isla de las almas perdidas, de Erle Kenton

 

1936 The Devil Doll (muñecos infernales)de Tod Browning

 

1939 Le jour se léve (Amanece) de Marcel Carné

 

 (Satán en Fantasía,de Disney, 1940)

1940 Fantasía, de Walt Disney

 

1941 El extraño caso del doctor Jekyll, de Victor Fleming

 

1941 El demonio y Daniel Webster de William Dieterle

 

1942 Los visitantes de la noche, de Marcel Carné

 

1942 La mano del diablo, de Maurice Tourneur

 

 

1943 Heaven can wait (El diablo dijo no) de Ernst Lubich, con Gene Tierney

 

1943 La séptima víctima, de Mark Robson

 

 

 

1945 Al morir la noche, de Guido Cavalcanti

 

1945 La isla de los muertos, de Mark Robson

 

1945 El ladrón de cadáveres, de Robert Wise

 

1947 Nacido para matar, de Rober Wise

 

1949 La belleza del diablo, de René Clair

 

1952 Marte, el planeta rojo, de Harry Horne

 

 

1955 El  beso mortal, de Robert Aldrich

 

1955 Les Diaboliques (las diabólicas) de Henri-Georges Clouzot 

 

1956 El séptimo sello, de Ingmar Bergman

 

1958 La noche del demonio, de Jacques Tourneur

 

1959 El mundo, la carne y el demonio, de Ranald Mac Dougall

1964 La cripta del íncubo, de Thomas Miller

1964 Gertrud, de Dreyer

 

1966 Un ángel para Satanás, de Camillo Mastroncique

 

1967 El baile de los vampiros, de Roman Polanski

 

 

1968 La semilla del Diablo, de Roman Polanski

 

1969 La caída de los dioses, de Luchino Visconti

1970 El carnicero, de Claude Chabrol

 

1971 The Devils, de Ken Russell

 

 

1973 El exorcista, de William Friedkin

 

1975, The Devils Rain

 

1976 La Profecía (The Omen) de Richard Donner

 

1976 The redeemer…son of satan (el redentor…hijo de Satanás) de Constantine Cochis

1976 La monja poseída (To the devil… a daughter) de Peter Sykes

1977 El círculo de la muerte, de Richard Loncraine

1977 Le Diable, probablement (el diablo, probablemente) de Robert Bresson

1977 El Asesino invisible (The car), de Elliot Silverstein, un particular cover del Diablo sobre Ruedas de Spielberg

 

 

1978 Inferno, de Dario Argento

1978 Satan´s Blood

 

1981 Mephisto, de István Szabó

 

1982 Cristal oscuro, de Jim Henson y Frank Oz

1982 Demonios, de Lamberto Bava

1983 El ascensor, de Dick Maas

1983 Posesión infernal, de Sam Raimi

 

1985 Legend, de Ridley Scott

 

1986.  El Corazón del Ángel,de Alan PARKER

 

1986 Demons II, de Lamberto Bava

 

 

1990. Mr. Frost, de Philippe Setbon (reseña y artículo)

 

1987 Las Brujas de Eastwick, de George Miller

1988 976 Evil, de Robert Englund

1989 She DEvil, vida y amores de una diablesa, de Susan Seidelman

1990 Lecturas diabólicas, de Tibor Tabacs

 

199- La novena puerta, de Roman Polanski

 

 

 1991 La mitad oscura, de George A. Romero

 

 

1991 Warlock, el brujo, de Steve Miner

 

 

1995 Los ángeles custodios (les anges gardiens) de Jean Marie Poiré

 

 

1997 El abogado del Diablo, de Taylor Hackford

 

1997 La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese

 

1998 A Simple Plan, de Sam Raimi

 

2004, La Pasión de Cristo, de Mel Gibson

 

 

2006 Constantine, de Francis Lawrence

 

2009 El exorcismo de Emily Rose, de Scott Derrickson

 

 

2010 Devil, (La trampa del Mal) de Drew Erick Dowdle

2011, The Rite, de Mikael Hafstroem

 

-Fuentes y vínculos-

(*) Tomado del intro de The devil and Daniel Johnston, un alucinante documental sobre la vida y milagros del singular compositor y cantante norteamericano.

(1) El nacimiento del diablo en el cine, (la naissance du diable au cinema) en Diable et cinema, estupenda página sobre la presencia del diablo en el cine, con jugosos artículos muy bien presentados. El primer sitio pedagógico sobre el diablo en el cine.

(2)  Pensar en cine: Filmografía sobre el Diablo, el infierno y el satanismo http://pensarencine.blogspot.com/2010/07/filmografia-sobre-el-diablo-el-infierno.html

(3) Muchembled, Robert.  Historia del Diablo. Filmografía del diablo: cine negro y de terror .

(4) El diablo en el cine, en Cinema Universe

(5) El diablo en el cine, con algunas joyas del celuloide rancio, en Quinta Dimensión

(6) The film connoisseur: God and Satan in filmsFAU

(7) Devil in movies, en oddfilms

(8) El extraño de Oz: veinte actores que han interpretado al Diablo (incluídos Mélies y  Jeff Goldblum en su inquietante papel de Mr. Frost)

(*) Engineering the Antichrist I, by Flegetanis (próximamente en sus pantallas, DM)

Fantasmagorías del cine

(La Dama de Hierro, presagio de una futura aparición. Foto Obscure Hollow)

(Una cartela muy apropiado para una página de viajes)

Una forma diferente de acercarse al cine; en The obscure hollow, a través de una magnífica selección de fotogramas de grandes títulos del terror, el suspense y el misterio, nos ofrecen una espectacular panorámica del arte del cine enfatizando pequeños detalles de iluminación, diseño de decorados o composición de los planos, que ponen de manifiesto la brillantez, la audacia y el ingenio de sus creadores y dejan patente, una vez más, la belleza incuestionable del blanco y negro del mejor celuloide rancio.

(Fotogramas de Les Diaboliques.Foto Obscure Hollow)

 

(Conrad Veidt en The Man who Laughs)

(Un retrato de Edgar Poe asoma en un fotograma de The Raven, de 1915)

Witchtcraft…

Häxan, la brujería a través de los tiempos, 1926

Fotograma de The Scarlett Empress

 

(Fotograma de The Innocents, una soberbia adaptación de Otra vuelta de tuerca, de Henry James)

(Los muertos más frescos, en  El Jovencito Frankenstein,de Mel Brooks)

(Los fantasmagóricos de Murders in the Rue Morgue, de 1932)

-Fuentes y vínculos-

Todas las fotografías © The Obscure Hollow

 

 

 

Los muertos recalcitrantes

  

(Niños en Halloween, 1940 . Imagen Season of Shadows)

Estamos en Halloween, y prosperan las historias sobre muertos que regresan de su tumba. Los relatos antiguos que han dado lugar a esta moderna y frívola superstición, están relacionados con ritos y costumbres funerarias arcaicas que han sobrevivido a lo largo de los siglos hasta nuestra época. Los cuentos sobre fantasmas y aparecidos de días pretéritos adoptan ahora la forma trivial de cinematográficos vampiros, zombies y hombres lobo que campan a sus anchas por las calles.

Contamos con relatos sobre aparecidos y muertos recalcitrantes desde los más remotos tiempos históricos. De hecho, etnólogos actuales y viajeros de los siglos XVI, XVII y XVIII, han podido recopilar cientos de cuentos, leyendas y rumores populares que tienen por protagonistas a sujetos que, después de muertos, siguen manteniendo usuales relaciones con el mundo de los vivos(*)

Entre los romanos, la fiesta de la Lemuria daba rienda suelta a las andanzas de los aparecidos. Tras tomar todas las precauciones y medidas necesarias,  los antiguos romanos aún tenían que resignarse a recibir la visita de los fallecidos “ durante los días nefastos de los Lemuria  (9, 11 y 13 de mayo). Durante esas fechas los dioses tutelares de las puertas, umbrales y goznes perdían todo su poder de protección, los espíritus tenían paso libre al interior de la casa.”

Mantener lejos al aparecido del espacio de los vivos ha sido también el objetivo de una serie de gestos, puestos en práctica en la vida cotidiana de Europa occidental: Tapar los espejos, para no demorar la partida del difunto,  abrir todas las persianas y correr las cortinas de la casa, para no obstaculizar la salida del alma.; colocar la cama del agonizante paralela a las vigas del techo, para facilitar el acceso al cielo, depositar una moneda en la boca o en el ataúd, para comprarle, simbólicamente, al muerto los bienes que deja, evitando futuros reclamos de ultratumba.” (*)

Contra la proliferación de estas supersticiones, desde la Edad Media, y durante siglos, la iglesia libraría un duro combate para acabar con estas creencias de raigambre pagana sobre difuntos que regresan para traer muerte y desgracia, en unos casos, o prosperidad y buenos augurios en otros: “Enfrentada al culto a los muertos, capital en el paganismo, la iglesia se ve obligada a reaccionar y a imponer sus propias respuestas a las cuestiones referentes a los estados post-mortem. Los dos teólogos que han desempeñado el papel más importante en la historia de los fantasmas y los aparecidos han sido Tertuliano y San Agustín”, plantea Claude Lecouteux en su indispensable “Fantasmas y aparecidos en la Edad Media”.(1)

 Finalmente, aquellas larvas y almas en pena de antaño han desaparecido, pero no su poder de fascinación, heredado por las criaturas grotescas y las máscaras del siniestro carnaval de Halloween.

(Las leyendas sobre muertos recalcitrantes y aparecidos eran comunes desde la Edad Media. Aquí, una imagen de los tres vivos y los tres muertos)

(Los aparecidos forman parte de la imaginería medieval. Frescos de la Danza de la Muerte, Iglesia de San Nicolás, Tallinn, Estonia. Imagen MedievalWall.com)

 Nuestro pasado artículo  Brujas pretendía ser un  guiño hacia estas peculiares costumbres desarrolladas durante los primeros días de noviembre en los que nos encontramos. Aunque nos atraen poderosamente las historias de fantasmas, los monstruos del cine y las leyendas góticas de muertos y aparecidos, no profesamos excesivo entusiasmo por la mascarada de la noche de Halloween, entendiendo que es una falsa tradición –impuesta mediante diversos mecanismos de burda mercadotecnia, aunque algunos podrían ver aquí otras razones de esta difusión exponencial de estas prácticas– que en nuestros lares no ha tenido ni tiene una representación histórica de importancia, en tanto en cuanto las costumbres funerarias de nuestro pueblo durante estos primeros días de noviembre distan de la parafernalia actual de Halloween y entroncan con un culto respetuoso a los difuntos en el seno de la familia. (2) Sin embargo, algunos autores admiten que existían prácticas ancestrales en Galicia y otras zonas de españa que están emparentadas con el Samhain céltico,(3)

 

 A estas alturas todo el mundo conoce el origen pagano de esta festividad, que muchos vinculan con el Samhain céltico, el ritual más importante del periodo precristiano que dominó Europa  hasta su conversión. En el Samhain  ”se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el “Año Nuevo Celta”, que comenzaba con la estación oscura.” (4) (…) “Las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 de noviembre y el siete de noviembre –en la mitad del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno– con una serie de celebraciones que duraban una semana, finalizando con la fiesta de “los espíritus” y con ello se iniciaba el año nuevo celta. (…) La tradición del Jack-o-lantern, la célebre calabaza iluminada típica de Halloween también tiene su origen en el Samhain céltico.

(Jack o Lantern, la típica calabaza iluminada de Halloween, parece tener su origen en una oscura práctica céltica. Imagen The Grimm Reaper)

 Este ritual de las calabazas tiene para nosotros especial interés, por cuanto enlaza con el culto de las cabezas cortadas, y por ende, de la calavera, al que pretendemos dedicar algunas líneas en el futuro. Entretanto mencionaremos que entre los antiguos celtas paganos estaba extendido este extraño culto a la cabeza decapitada, del que al parecer procede esta singular costumbre de vaciar la calabaza en Halloween: “Acostumbraban a llevarse consigo la cabeza de sus enemigos para percibir con ellas alguna forma de poder y por referencia mitológicas, sabemos que entre sus propiedades estaría la de proteger el lugar donde fueran emplazadas. (…)   (5)

(Altar para la festividad pagana del Samhain)

 

Parece que el empalar las cabezas  tenía para los celtas un valor apotropaico, al margen de su función “ornamental”, en la creencia de que las cabezas de los guerreros muertos protegerían del algún modo la fortaleza o el castro: ” en la noche de Samhain se encendían antorchas sobre estas o bien se alumbraban de alguna forma los cráneos situados alrededor de la muralla para mantener protegidos a los habitantes del lugar de visitas perturbadoras.” Al parecer esta misma práctica se dio en tierras gallegas, aunque paulatinamente se abandonaría, pero no así la celebración ritual de esta fecha ” manteniendo como sucedáneo algún fruto como melones o calabazas para continuar, en cierta manera, este elemento de la celebración aún vigente en muchos lugares de Galicia. En las comarcas del Condado, O Morrazo y Pontevedra se le conoce como “Calacús”, nombre que recuerda aquel irlandés de “Cailleach” y del que no sé aún si guardará alguna relación. En el caso concreto de Quiroga, se seca la calabaza tallada en “Difuntos” para usarla a modo de máscara en carnaval.” (5)

 

(Entre los antiguos celtas estaba extendido el culto de las cabezas cortadas, un remoto origen de la calabaza de Halloween. Via)

 

-Fuentes, notas y vínculos-

(*) Soto Roland, Fernando  Aproximación al devenir histórico de los fantasmas en el imaginario de la cultura occidental.

(1) Lecouteux, Claude. Fantasmas y aparecidos en la Edad Media. Olañeta Editor, 1998. Una reseña del libro en cuestión, aquí.

(3) (…) El autor del libro Caliveras de Melón, Rafael López Loureiro, ha comprobado que  existía por toda  Galicia hasta hace menos de treinta años una tradición similar a la de las famosas calabazas del Samhain céltico y el acual Halloween. “Además, también comprobó su pervivencia en el norte de Cáceres alrededor de la zona en la que están situadas las aldeas de habla gallega, y en zonas de Zamora y de León cercanas a Galicia (…) También estudió la relación de la costumbre de las calabazas con el culto a la muerte y a semejanza con las tradiciones hermanas de las islas británicas. Hasta llegó a detectar peculiaridades como la de Quiroga (Lugo) donde la calabaza tallada se seca y se conserva para usarla como máscara en el Entroido.”(fuente wiki)

 (5) Texto tomado de Galicia espallada: El Ciclo Anual festivo en el mundo celta. Sobre el Samhain céltico y la tradición de las “calaveras de melón” en Galicia,aquí.

(6) Una modesta reflexión sobre el contenido supuestamente anticristiano de la fiesta de Halloween, según una perspectiva católica, en Halloween y el cristianismo.

(7) El culto céltico de la cabeza (en inglés) tema que posiblemente será objeto de una futura entrada.

(8) Para fanáticos de Halloween, Countdown to Halloween., con cientos de enlaces a otras páginas similares.

(9) Los mil y un fantasmas, en Sobreleyendas.com

(10) Impresionante y nutrida colección de postales antiguas de Halloween en este album de Flickr.

Domingo, octubre 31st, 2010 MEMENTO MORI, MIS FAVORES TERRORITOS 4 comentarios

Brujas

  

 

John British Dixon según John Hamilton Mortimer
Un hechizo 20 July 1773
Mediatinta 610 x 486 mm
© Copyright the Trustees – The British Museum
 
 
(…) Mientras  que están en el aquelarre no pueden nombrar el santo nombre de Jesús, ni de la Virgen santa María, su madre, sino es para renegar, ni pueden persignarse ni santiguarse; y de ello los advierten luego que son admitidos a la seta de los brujos. Y si algunas veces se descuidan y los nombran, les suceden muy grandes daños, y al punto se deshacen los aquelarres, y castigan gravemente a las personas que los nombraron.”
 
Fragmento del Auto de Fe de Logroño (11)
  
  

Desde tiempo inmemorial ya se tiene constancia de individuos, hombres y mujeres, que practicaban las artes de la nigromancia y eran consumados maestros en las artes de la hechicería, el uso de filtros mágicos, pócimas y hechizos. Dice Umberto Eco que se les menciona ya en el Código de Hammurabi, en segundo milenio A.C, así como en la cultura egipcia –donde no han de ser confundidos con los sacerdotes, así como no conviene confundir la magia con la taumaturgia– y, por supuesto, en la Biblia, donde se les considera un amenaza y suelen ser condenados por sus abominables prácticas, entre las que se contaba la adivinación. 

 

Henry Fuseli
The Mandrake: A Charm - 1785
Óleo, 635 x 765 mm
Lent by the Paul Mellon Collection, Yale Center for British Art, New Haven
 
 
Henry Fuseli
Las tres Brujas (Die drei Hexen) 1783
Óleo/Lienzo, 650 x 915 mm
Lent by the Kunsthaus, Zürich (gift of the city of Zürich)
 

Entre los griegos, además de las sibilas, las hechiceras o magas eran bien conocidas –bastennos los ejemplos de Medea o Circe, que convierte en cerdos a los compañeros de Ulises en la Odisea– y la cultura romana también tuvo conocimiento de las brujas, a las que asímismo condenaba por sus abyectas actividades. 

Dice Eco en su Historia de la Fealdad (1) que aunque la brujería fue siempre asunto tanto de hombres como de mujeres, por “una especie de misoginia arraigada se identificaba preferentemente al ser maléfico con una mujer –esto quizás enlace también con el relato del Génesis, donde la serpiente se asocia de un modo particular con Eva, la primera mujer, y en otras versiones del mito del Edén donde el primer ser demoníaco —Lilith, una especie de lamia–  tiene rasgos inequívocamente femeninos– ; esta condenación se hizo aún más evidente en el mundo cristiano, donde se pensaba “que la unión con el diablo solo podía materializarse por medio de una mujer (…) De hecho, en la Edad Media se habla del aquelarre como una reunión diabólica en la que las brujas no sólo se dedican a los sortilegios y encantamientos sino que se entregaban a auténticas orgías” en las que algunos autores  (8) han querido ver en  la brujería practicada en la Edad Media los vestigios de antiguos cultos dionisíacos,  en tanto en cuanto los rasgos del dios Pan o los sátiros son idénticos a la representación convencional del demonio en Occidente.  El componente sexual está con frecuencia indisolublemente ligado a los relatos sobre las andanzas de las brujas, desde sus relaciones con el macho cabrío, “símbolo de la concupiscencia (…) hasta su imagen a lomos de una escoba, que representa –según Eco– una clara alusión fálica” (1) 

  

 (Los rasgos de Pan se confunden con los de la visión occidental del demonio. En la pintura un terrorífico fauno según Carlos Schwabe

Las brujas no consituyeron normalmente ninguna obsesión en el ámbito eclesiástico, siendo más comunes los procesos contra las brujas en la Edad Moderna, y no en la Edad Media, “como se cree comúnmente (…)hallamos una prueba de esto en la iconografía de la bruja, mucho más rica a partir de esta época, con los grabados alemanes de Baldung Grien o Durero, por ejemplo. 

En el siglo XIII surgiría el Santo Oficio, la Inquisición, cuya primera ocupación fueron –sin embargo– los herejes. Posteriormente, a partir de la bula Summis desiderantibus affectibus, contra la brujería, y la aparición del libro Malleus Maleficarum (el martillo de las brujas), de Kramer y Jacob Sprenger, comenzaría la triste caza sin tregua hacia las brujas, dando lugar a los terribles episodios de interminables interrogatorios y torturas sin fin que la historia ha constatado: 

“Durante los siglos XVI, XVII y XVIII en muchos lugares de Europa y Norteamérica se produjeron las “cazas de brujas” que acabaron con miles de mujeres (los brujos fueron minoría) en la hoguera o degolladas, siendo especialmente diligentes en este aspecto los calvinistas y los luteranos [Lutero llegó a afirmar que los diablos habitaban en "los loros y en las cotorras, en los monos y macacos, para que ellos puedan así imitar a los hombres"]. En España, en ninguno de los territorios que conformaban la monarquía hispánica, se dio este fenómeno con la virulencia que tuvo en estos lugares, donde algunos autores hablan de centenares de miles de condenados a muerte (11)” Una mención aparte merece el Auto de Fe de Logroño, donde varias personas fueron acusadas de brujería: pueden consultar aquí el texto completo del proceso a las brujas de Zagarramundi.  

   

 

(Witches Sabbath, 1977, el aquelarre en una pintura del genial Johfra . Más cosas suyas en Visionary Revue) 

 

(La adoración de Pan, de Johfra, tríptico  inspirado en la Caída de los Ángeles Rebeldes, de Pieter Paul Rubens) 

   

” El estereotipo de brujería aparecido por primera vez en los juicios de las décadas de 1420 y 1430 duró más de dos siglos, aunque con versiones diferentes, por ejemplo la marca que el diablo grababa en la bruja no surgió con claridad hasta el siglo XVI, y fue desarrollada sobre todo por los demonologos protestantes; y el aquelarre tomó diversos detalles y descripciones según el país en que se juzgaba a la bruja. Pero aunque los cargos específicos diferían de un lugar a otro, seguían compartiendo varios rasgos comunes, esto hace “pensar seriamente en que las nociones eruditas sobre brujería se transmitieron de región en región y de una generación a la siguiente” . (f) 

Con el Romanticismo, en pleno auge de la razón y el primer espíritu científico, la imagen de la bruja se vuelve a resucitar, inflamando la imaginación de los artistas (Blake, Fusëli, Goya) que quizá buscaban un retorno -voluntario  o inconsciente -  a los motivos y atmósferas de la imaginería tardomedieval. 

  

  

 William Blake
Hecate , 1795
Aguafuerte a color iluminado con tinta y acuarela, sobre papel 439 x 581 mm
 W. Graham Robertson 1939 

 

Henry Fuseli
La mandrágora: 1812
Lápiz y sanguina sobre papel , 426 x 545 mm
Lent by the Ashmolean Museum, Oxford, Bequeathed by Francis Douce, 1834. 

  

Las brujas, en opinión de Eco (1) no fueron quizá sino simples ancianas hechiceras que decían conocer hierbas medicinales y otros filtros –como algunos curanderos actuales– y probablemente así lo hicieran; en Europa hay abundantes testimonios, bien documentados, de la existencia de una magia campesina muy antigua; en otros casos no eran más que desgraciadas intrigantes o incluso celestinas que “vivían a costa de la credulidad popular“(…) en todo caso, no representaban más que una forma de subcultura popular. Sin embargo, un estudio  profundo de las  historia de la hechicería en las culturas primitivas y en las formas  sincréticas de nuestros días demuestra que estamos ante un fenómeno de rasgos bien definidos y de cierta importancia: 

Julio Caro Baroja, “influenciado por las explicaciones psicosociales de Jules Michelet, pensaba que las brujas eran mujeres viejas que vivían al margen de la sociedad,  en un entorno rural, despreciadas por sus vecinos, vivían aisladas y tenían unos conocimientos de curanderismo que ejercían mediante el empleo de plantas medicinales. Estas viejas  no gozaban de compañía masculina, ni del amor de unos hijos, es decir, carecían de una familia, por lo que buscaban consuelo a su soledad en los paraísos artificiales que la flora europea les podía suministrar, como las solanáceas, entre las cuales destaca la belladona, el beleño y el estramonio, sin olvidar la mandrágora en la parte mediterránea”. (7) 

   

   

(Vuelo de brujas, de Goya) 

 

  

 

(El Aquelarre, de Goya; abajo, un fragmento) 

 

(Los Viejos comiendo sopa de nuestra entrada sobre la Inmortalidad nos trajeron a la memoria estas brujas de Goya) 

Goya, como miembro de la Sociedad de alcalófilos, amantes de lo feo, como su amigo Fernández de Moratín, se interesó profundamente por la figura de la bruja, a la que consagró no pocas de sus más fantásticas obras; en su época fue célebre un estudio sobre el llamado Proceso de Logroño, que despertó entre algunos intelectuales la pasión por el tema de la caza de brujas (10) 

En nuestros días, con el imparable desarrollo de las formas más siniestras de la llamada Nueva Era, son muchos los que pretenden una burda resurrección del druidismo y la brujería –la denominada wicca en su modo más extremo– que no son sino modos delirantes de esa caricaturesca espiritualidad al revés que René Guénon denunciaría en muchos de sus preclaros textos y que Mircea Elíade también anunció de modo brillante en su Brujería, ocultismo y modas culturales, de obligada lectura para quienes pretendan un acercamiento serio al asunto del resurgir del interés por el ocultismo y  la hechicería en nuestro tiempo. 

   

  Un aquelarre visto por Hans Baldung Griën 

 

  

  

 (Brujas en ambiguas prácticas de índole sexual, vistas por Baldung Grien) 

   

(El enigmático grabado de Las Cuatro Brujas, enfrascadas en una oscura ceremonia, de Albretch Dürer) 

  

 

(Las brujas entregan niños al Diablo en esta xilografía de 1720. La vimos en Mostrer Brains

 

(Xilografía de 1720 que muestra a un grupo de brujas danzando en el Sabbath con los demonios. Imagen de Monster Brains

  

 

(Los indicios que permiten descubrir a una bruja o practicante de la magia negra, en el panfleto  Discovery of Witches de Matthew Hopkins,  1647) 

 

 (Un fragmento de Häxan, la brujería a través de los tiempos, un clásico del celuloide rancio de género fantástico, de 1922) 

 

(¿Qué tal un poco de música para terminar?…Ozzy Osbourne, al frente de Black Sabbath interpreta, precisamente, el tema que da nombre a la mítica banda.) 

 

  

  

 -Fuentes y vínculos- 

  

(1) Eco, Umberto, Historia de la Fealdad.Capítulo VIII. Brujería, satanismo y sadismo. Lumen, 2007. 

(2) Buena parte de las imágenes mostradas aquí pertenecen a la exposición sobre Blake y Fuseli en la Tate Gallery

(2) (3) Un tema sobre el que volveremos —probablemente, Dm— en alguna otra ocasión. 

(4) El libro de las Brujas, de Julio Caro Baroja, una fantástica publicación reseñada en esta blog de un entusiasta de la Wicca. 

(5) Una apasionante lectura del grabado Las Cuatro Brujas, de Durero, aquí en Sexy Witch

(6) Miles de brujas y criaturas grotescas y pesadillescas en la inigualable  Monster Brains 

(7) Una completa historia de la brujería, con algunas recomendaciones bibliográficas, en La Velleta Verda 

(8) Murray, Margaret, The Witch Cult in Western Europe, en Sacred Texts 

(9) Häxan, la brujería a través de los tiempos, una película sobre el tema que no pueden dejar de ver, y un clásico absoluto del cine fantástico. 

(10) “Como ejemplo de la influencia de las ideas francesas en España durante los años 1790 es la formación de un grupo llamado los Alcalófilos o amigos de la fealdad. Esos escritores y críticos, entre los cuales se hallaba el amigo de Goya, Leandro Fernández de Moratín (quien efectuó un estudio de las caricaturas inglesas, afectaba interés por lo horroroso con el fin de criticar un orden político basado en la armonía. Presumiblemente los Caprichos Caprichos fueron consecuencia de ese grupo (fuente)”  

(11) Las Brujas de Zagarramundi y el Proceso de Logroño: una breve historia de la Brujería en España.

Frenesí Gótico

 

(Un memento mori protagonizado por Vampira, la musa de Ed Wood, cortesía de Monster Man)

Las primeras lluvias de Septiembre y, sobre todo, el rojo de sus crepúsculos de tonos otoñales, nos han devuelto  nuestro antiguo frenesí gótico; esa incontenible pasión visceral por las atmósferas opresivas y terroríficas, por las cadencias lentas de la marcha fúnebre y la palidez opalescente y verdosa del cadáver. Pasión aletargada por el verano y sus quehaceres, y ahora felizmente retomada con brío gracias a la  funesta influencia de nuestros iconos de la Hammer y la Universal, que tantas tardes de invierno ocuparon -en el siempre pretérito perfecto de la infancia-  con su inquietante, amenazadora y magnífica presencia.

(Christopher Lee, Vincent Price, J. Carradine y Peter Cushing, soberbia  galería de monstruos del cine)

 

Boris Karloff en su extraordinaria caracterización del monstruo de Frankenstein

(Bela Lugosi, en el papel que le hiciera famoso, en el Drácula, de Tod Browning)

Peter Cushing, el rostro de Sherlock Holmes y Van Helsing para los clásicos inolvidables de la Hammer

(Lugosi,  Lorre y  Karloff: cóctel Molotov)

(Oliver Reed en Curse of the Werewolf, de 1961)

(Un hombre lobo muy mal encarado.  Una mala tarde la tiene cualquiera)

(El hombre lobo se entrega a una feroz y apasionada saeta)

(Lon Chaney Junior, antes y después de los dolores)

(Mr. Hyde, a punto de degustar su pócima milagrosa)

 

 

(El cine gótico de la Hammer, entre los cincuenta y los tempranos 70, en este tutubo de la serie Monster Madness)

 

Más instantáneas terroríficas,  ilustraciones bizarras y horripilantes carteles de cine, en los siguientes enlaces:

 

 Peter Cushing y Christopher Lee, una pareja terrorífica, en MonsterWorld

Monster Man, con abundoso material visual de cine de terror y bizarrerías

Mondo Grottesco, ilustración y advertising del cine más zafio, cochino y casposo

Negative Pleasure, para los más refinados amantes de la basura visual

Los carteles del mejor celuloide rancio de horror en Wrong Side of Art

Fantaterror, la visión del horror en el cine patrio

 

Bon Apetit

 

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Domingo, septiembre 19th, 2010 CELULOIDE RANCIO, MIS FAVORES TERRORITOS 5 comentarios
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