MEMENTO MORI

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AphroditesChild_2

Demis Roussos, cantante, bajista y frontman de los Aphrodite´s Childs

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ARTEMIS VENTOURIS ROUSSOS (Demis Roussos)

(1946 -2015)

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Bye bye, my friend, goodbye
With a lie
you forget and break it

You make it
You make it
You make it
You make it

Cry in my empty room
and we try
to forget and break it

Fly
high
and then
you make it [interlude]
Bye bye, my friend, goodbye
With a lie
you forget and break it

You make it
You make it
You make it
You make it

666-demis-christ

 

Notas y vínculos

1. Espanto y armonía http://www.viajesconmitia.com/2010/09/07/espanto-y-armonia/

El culto de la calavera, II

 

 

Nihil est in rebus inane
No hay nada sin sentido en las cosas.

Cuando llegaron al lugar llamado `”La Calavera“,

crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

LC. XXIII:33 *

 

 

El culto de la calavera (II)

Un esmerado corta y pega de los artífices de Viajes con mi tía

 

Decíamos hace ya más de un año, en un primer acercamiento a este complicado asunto sobre un hipotético culto universal de la calavera, que habían sido hallados en muchos pueblos primitivos y en la antigüedad numerosos indicios que apuntan hacia la existencia de un culto semejante. Con frecuencia nos hemos cuestionado por qué tantos grupos, sectas, conciliábulos y fraternidades secretas como la denominada Skull and Bones, han elegido como signo distintivo precisamente el cráneo. O incluso si piratas y templarios tenían en común, como algunos aseguran, la veneración por este mismo símbolo. Para intentar buscar una respuesta a estas difíciles preguntas nos hemos remontado a los orígenes de este emblema, indagando sobre su significado esotérico, tratando de llegar a las fuentes mismas de un antiquísimo misterio. Ni qué decir tiene que tras nuestra búsqueda volvemos con más preguntas que al comenzar, habiendo rasgado apenas el espeso velo de este oscuro arcano. Pero en este viaje hemos encontrado un buen puñado de curiosidades y anécdotas bien interesantes que creemos merece la pena compartir con ustedes.

 

Los Dayak, cazadores de cabezas en Borneo, practican una forma ancestral del culto de la calavera

 

Tradicionalmente el cráneo se ha asociado, paradójicamente,  con la inmortalidad  -- al ser de los pocos elementos del cuerpo humano que resisten a la corrupción y la desintegración de la fosa-  y se le ha considerado residencia de la vitalidad y del alma, por lo cual no es sorprendente que se le rindiera culto desde la prehistoria, hallándose pruebas paleontológicas y arqueológicas abundantes que justifican esta teoría,  en Pekín, Java, la costa tirrénica y otros enclaves de Oriente.  Diferentes vestigios arqueológicos demuestran que en Jericó existió un culto a la calavera humana, desde el 7000 antes de Cristo, culto que debió consistir en conservar la calaveras como reliquias de los muertos en la extendida creencia de que la cabeza es residencia o fuente de poder espiritual.

 


Las famosas calaveras de cristal quizá puedan sumarse a la lista de cráneos numinosos que conforman este singular culto de la calavera extendido por todo el mundo

 

Se sabe también, por diversos hallazgos bien documentados, que en la prehistoria el cerebro pudo haber sido comido sacramentalmente.  Hay asímismo pruebas que apuntan hacia la realización de trepanaciones rituales post-mortem entre los hombres primitivos, no sabemos si por una razón práctica (para colgar los cráneos, como hacen los Dayak de Borneo) o con alguna intención ceremonial.


( Obsesión mediática contemporánea con la calavera: * ¿casualidad o asistimos, una vez más, al desarrollo de un nuevo tipo de maniobra de ingeniería social o magia ritual masiva?)

 

 

Nos preguntamos si en nuestros días el valor simbólico del cráneo humano es idéntico al que la tradición le ortorga o si se ha devaluado a pesar de su ubicuidad en la sociedad contemporánea, ubicuidad que, para algunos, resulta altamente sospechosa *. Desde la antigua iconografía hasta convertirse en emblema y seña de identidad de la alienada juventud moderna, de reliquia a objeto de consumo, sufriendo una tortuosa transformación de símbolo tradicional, cargado de significación, a blando, plasticoso y  vacuo “logo” contemporáneo,  el cráneo continúa, por algún motivo que no alcanzamos a comprender, emanando su numinosa carga icónica.

 

Pintura de Victor Rodríguez

 

Esta práctica del culto del cráneo animal y humano bien extendida en la prehistoria y fundamentada, según distintas tesis antropológicas, en el llamado “culto a los antepasados” podría explicar en parte la persistencia del icono de la calavera y su fascinación a lo largo de los siglos. El cráneo fue adorado y reverenciado y aún se guarda y se venera en muchas culturas, incluso hoy día  en el seno de la iglesia católica (al parecer la que más insiste en el culto de las reliquias en general y del cráneo en particular, como veremos más adelante). En otros tantos pueblos la adoración del cráneo aparece en una asombrosa, colorida  -o siniestra-  variedad de modismos, algunos de los cuales no responden exactamente a esta perspectiva general del culto a los antepasados y quizá requieren de otra explicación que intentaremos apuntar en los párrafos que siguen.

 

 


 

El motivo de la fascinación de los pueblos precolombinos, particularmente los antiguos mexicanos (abajo) por la imagen de la muerte y las calaveras, respondería en parte al culto a los antepasados, presente en numerosísimas culturas y bien documentado antropológicamente.

 

 

Entre los antiguos aztecas, por ejemplo, la creencia de esta fuerza vital contenida en el cráneo lo convertía instantáneamente en objeto de santificación. Los antiguos mexicanos reconocían dos fuerzas primarias  en el cuerpo humano que denominaban tonalli y teyolia; la primera se refiere al vigor, el calor del sol, el verano, y el alma.  Pensaban que tonalli residía en la cabeza (el cráneo): por eso, en la guerra, los guerreros decapitaban o cortaban el pelo al enemigo, pensando que podrían aumentar su propio “tonalli”.  En los sacrificios públicos, por otro lado, los enemigos eran decapitados para liberar esta energía (tonalli) y de este modo incrementar la del propio pueblo, como conjunto, en un efecto catártico.

 


Ya hemos mencionado que el cráneo humano era considerado en muchas culturas el trono de la fuerza vital del cuerpo y del espíritu, y como tal  ha sido objeto de fervor;  en parte por este motivo algunos pueblos  solían “conservar para sí los cráneos de los muertos, en la creencia de que este acto les brindará el poder espiritual que sus poseedores tuvieron en vida.”

 

 

La asociación del cráneo con esta fuerza vital nos remite al simbolismo general de la sangre, con la que tiene algunos paralelismos, especialmente en el ámbito del rito del holocausto, llevado a cabo en distintos pueblos con más o menos virulencia a lo largo de la historia. Esta vertiente sacrificial del culto a la calavera justifica su identificación simbólica con el vaso, copa o el receptáculo sagrado que recoge la sangre derramada (como veremos en el caso del kapala, o cuenco de calavera tántrico  (4) , que participa del simbolismo del corazón y el Grial) y también enlaza con el tema de la decapitación ritual y el culto de la cabeza cortada, extendido entre los celtas y los pueblos precolombinos, como veremos, y cuyas ramificaciones también se mezclan con algunos de los elementos de la leyenda del grial. Este aspecto sacrificial del que hablamos, además, consituye seguramente uno de los más enigmáticos y esenciales del culto de la calavera; en los párrafos que siguen volveremos sobre este asunto de la cabeza cortada y su estrecha relación con el mito griálico y el cráneo como objeto votivo.

 

 

Arriba, kapala o vaso tántrico, remiscente del Graal occidental. Abajo, relicario con cráneo (Santa Baume); hay calaveras y cabezas cortadas relevantes en la mitología griálica.  Algunos piensan que la misteriosa “cabeza” Caput L Virgo* que supuestamente veneraban los templarios pudo ser un relicario de este tipo, que conservaba el cráneo del mismísimo Juan el Bautista u otras cabezas cortadas conspicuas, como la de Goliath -según otras versiones- ; el símbolo del Bafometo (Mahomet o Bafomet) pudiera haberse relacionado también con esta enigmática cabeza templaria.

 

 

En la América precolombina el fervor en torno a la calavera ha sido de especial relevancia. Es notable la fascinación del pueblo mexicano por ella desde la época de los mexicas  Por ejemplo, entre los mixtecos el cráneo era un elemento  importante en la labor temática del oro. Se sabe que este culto del cráneo trofeo vinculado con hábitos guerreros estaba muy extendido sobre todo en el norte de Chile . En la quebrada de Humahuaca se registra su práctica con prisioneros españoles. Con tradiciones muy diferentes a las de otros pueblos,  acostumbraban a cortar la cabeza a sus enemigos y suspenderlas en picas.

 

Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.  En los textos coloniales yucatecos esta deidad se denomina Ah Puch, “El Descarnado” , Kisin, o “El Apestoso” rey de Xibalbá, que representa el inframundo y tiene por cabeza, a menudo, una calavera.

 

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Antiguamente incluso la muerte tuvo también una divinidad rectora, que se representaba tanto en los códices como en las obras plásticas, como una calavera, un esqueleto o un cadáver en descomposición (Mictlantecuhtli) .  Son también numerosos y diversos en otras tantas culturas prehispánicas las divinidades que participan de algún aspecto ctónico o infernal emparentado con el tema de la muerte y la desintegración.

 

 

Los mayas, los tarascos o los antiguos totonacos fueron devotos de la muerte. Todo parece indicar que hubo asímismo entre los aztecas un culto a la muerte muy arraigado. Entre los mochicas las numerosas representaciones de demonios con las caracerísticas cabezas-trofeo, así como otras figuraciones de cabezas empotradas en los muros (tzompantli) parecen indicar que el culto de la calavera, o la cabeza cortada, tenía gran importancia para los antiguos pobladores de Mexico. Las colecciones de cráneos podrían ser apilados por los vencedores en los lugares públicos, como una declaración obvia de la victoria y triste recordatorio de las pérdidas de los vencidos.

Señalamos también que el centro del mal llamado calendario azteca presenta un rostro con cara de calavera del dios Xolotl; quizá podríamos ver aquí una relación con las máscaras hindúes del Glotón o devorador del tiempo (makara) o aún con el rostro clásico de la Medusa, pero estas disquisiciones nos llevarían ahora  demasiado lejos de nuestro tema principal.

 

 

 

 

El legado de este sangriento culto de la calavera entre los pueblos antiguos de Mexico evoluciona y parece mantenerse hasta nuestros días, donde lo encontramos, en una vertiente más festiva y colorista, en el moderno festival del Día de Muertos -aunque se señalan para éste unos orígenes más cercanos a nuestros tiempos y más prosaicos que los que sugerimos-- . Entre los actuales pobladores de México todavía el cráneo es constantemente utilizado como un elemento ornamental en cerámica, relieves y esculturas, tradicionalmente. Su presencia es ubicua en la artesanía popular.  Comieza con una calavera en Janitzio, en Pázcuaro, Michoacán, la cual está hecha en tela; prosigue con las típicas de Celaya, Guanajuato, elaboradas con cartón con base de madera. Están las calaveras de Ocumicho, las de Aguascalientes, hechas en barro policromado y papel, las de dulce (sugar skulls), las calaveritas de azúcar, profusamente decoradas.  Se utiliza incluso en la fabricación de juguetes: estas “calaveritas” constituyen hoy uno de los signos de identidad de lo mexicano, desde hace mucho tiempo.

 

Antiguo cráneo votivo precolombino con incrustaciones de jade

 

Actualmente son conocidas en hispanoamérica las llamadas calaveras de San José, “ñatitas” y “aimeritas”;  el culto de estos cráneos que procesionan entre cánticos por las calles de la ciudad, constituye una tradicion que viene desde hace más de siglo. La fiesta se remonta al parecer hasta las costumbres de pueblos precolombinos, que solían desenterrar a sus muertos para honrarlos una vez al año. Este último hecho sugiere que quizá el culto de  la calavera no es sino una forma particular de culto a los antepasados, extendido en muchas culturas de todo el mundo.

No abandonaremos México sin señalar una de las dimensiones más siniestras y oscuras de este símbolo, cual es el de la veneración de la Santa Muerte, que participa remotamente de algunos aspectos  simbólicos del culto de la calavera, pero creemos tiene un origen sincrético muy distinto del alcance y el simbolismo de este ritual del cráneo que hemos visto se  remonta a los tiempos prehistóricos.

 

 

Prosiguiendo con nuestra búsqueda histórica de este extendido culto de la calavera viajamos desde la América precolombina hasta África, para encontrarnos en el antiguo Egipto con un cierto tratamiento ceremonial del cráneo, ya documentado en los tiempos prehistóricos, donde se sabe que la cabeza del difunto se separaba del cuerpo y se quemaba aparte. Estas macabras costumbres ancestrales, sin embargo,  desaparecieron con la práctica de la momificación.  La cabeza del muerto se cubría con estuco, y la cara se modelaba cuidadosamente, recibiendo un tratamiento  especial y reverencial, heredero en cierto modo de las más antiguas prácticas cultuales en torno al cráneo. En el Africa que rodea a Egipto, por otra parte,  también se conservaba el cráneo, particularmente en el caso de jefes y curanderos, cuya sabiduría y poderes divinos se  suponía que residían en la cabeza.

 

 

Vemos que hay definitivamente una gravedad inherente a la imagen del cráneo humano que, casi por sí solo, justificaría el valor reverencial y sagrado que se le ha otorgado desde siempre. La calavera ha sido tradicionalmente el símbolo de la mortalidad y en muchos casos se ha convertido en signo o marca distintiva de grupos y sociedades secretas, sustancias tóxicas y advertencias de peligro; incluso en la bandera que hicieron célebres los piratas servía con frecuencia como aviso de un funesto encuentro.

 

 

La imagen o símbolo de la calavera y las tibias cruzadas en forma de aspa (☠) es una forma emblemática usada con frecuencia en rituales iniciáticos como símbolo de resurrección o renacimiento. Algunas fuentes señalan que podría relacionarse, desde un punto de vista cabalístico, con la “sephirah daath” en el árbol de la vida, concebido en ámbitos ocultistas como vehículo para alcanzar estados superiores el ser o, expresado en otros términos, la “iluminación” del neófito. Quizá en este sentido vemos aparecer también el curioso simbolo en la casilla 58  del popular Juego de la Oca  (5 + 8 = 13, el arcano sin nombre del Tarot, la Muerte), representando aquí las fauces de la muerte que bloquean, en el tablero de juego,  el acceso al espacio central -la liberacion, la iniciación, el acceso al paraíso- como hemos indicado en otras ocasiones.

 

 

 

Arriba, mandil ritual masónico con la efigie de la calavera y las tibias cruzadas

 

La calavera ha sido investida, decíamos, de tremendas connotaciones religiosas y espirituales en muchísimas culturas. Este omnipresente símbolo de la mortalidad humana expresa, de modo impactante y potentísimo, el triunfo de la muerte sobre la existencia. Aunque también, en virtud de esa flexibilidad que los símbolos tradicionales presentan a menudo, el cráneo es emblema de resurreción o inmortalidad,  expresión radiante de la creencia en una parte espiritual del ser humano -incorruptible, diamantina, dura como  el hueso-  que, como el cráneo, perdura y sobrevive a la desintegración de la tumba, hecho que comúnmente ha sido observado en osarios y fosas de todo el mundo.

 

 

El culto de la calavera se halla en cierto sentido relacionado con el culto genérico y más amplio de las reliquias sagradas. Se dice con razón que el Vaticano es el mayor coleccionista de calaveras del planeta, pero… ¿les rinden culto? Parece ser que es así, ya que son consideradas reliquias, que en el ámbito del catolicismo son los restos de los santos después de su muerte o martirio (una muerte violenta, en la mayoría de los casos).  En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido aquél (expresion que nos evoca, caprichosamente, el episodio de la fragmentación ritual del cuerpo de Osiris, asunto que creemos ligado al que nos ocupa) .

 

 

La calavera, símbolo de la vanidad y la fugacidad en el Barroco

 

 

La reliquia se considera necesaria para santificar un altar (ara), haciéndolo apto para el sacrificio (sacrum facere, hacer sagrado). En cierto sentido simbólico, la reliquia en sí misma es una expresión mínima y nuclear de este acto del sacrificio; la sangre derramada  contribuye a santificar un enclave, un objeto. La reliquia  en definitiva sacraliza el lugar.

 

 

En este sentido, conviene recordar la significación del término Calvario o Gólgota,  nombre dado al monte o colina “a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. Su nombre proviene de la forma de calavera que tenían las rocas de una de sus laderas. (sic)  Su nombre en latín es Calvariae Locus, en griego Κρανιου Τοπος (Kraniou Topos) y en arameo Gólgota o Golgotha; en todos estos idiomas significa “lugar de la calavera”.”  Además, según la tradición judía, sería el lugar en el que se enterró el cráneo de Adán. De nuevo,  los elementos de las antiguas formas mistéricas, la sangre derramada en sacrificio y el cráneo, asociados de modo simbólico en el pasaje bíblico:  la sangre del Cordero cae sobre el cráneo del viejo hombre, Adán,  operando su resurrección.

 

Tzompantli en el Templo Mayor de México

 

Esta proliferación de reliquias, sin embargo,  tiene una explicación sencilla, pues hubo una época en la que para poder crear una iglesia era preciso poseer una reliquia o acreditar un milagro (ésto fue así también, curiosamente, en la Grecia clásica, con el asunto del heroon donde se hallaban los restos -reliquias- de supuestos héroes o semidioses de la antigüedad). Esto significaba que aquellos pueblos o ciudades que desearan tener su lugar de culto debían hacerse con alguna reliquia, lo que ocasionaba más de un enconado litigio entre buenos vecinos.

 

 

Por otro lado, cerca del ámbito de las reliquias, estaban las mirabilia: las maravillas  más veneradas de los tesoros medievales eran precisamente las reliquias, aunque este culto de las reliquias no es solamente cristiano. Plinio el Viejo nos habla ya de reliquias preciosas en el mundo grecorromano; la lira de Orfeo,  el sándalo de Elena o los huesos del monstruo que atacó a Andrómeda ** Sin embargo, la colección de reliquias que ha producido el cristianismo supera todo lo imaginable: un ejemplo extremo y singular de este culto lo constituyen las calaveras (dos) de San Juan Bautista, pues se conservan dos ejemplares: aquella de cuando era niño y el cráneo en la edad adulta (!).

 

Salomé con la cabeza griálica del Bautista: abajo, cráneo de San Dagoberto, el último de los reyes merovingios y objeto de veneración entre los fanáticos de los misterios de Rennes le Chateau.

 

 

Chanzas aparte, la veneración del cráneo (o de la cabeza cortada, simbólicamente emparentadas) de San Juan Bautista, de ecos griálicos y templarios,  nos remite de nuevo y con la mayor gravedad a lo más profundo del asunto que discutimos.   Es posible encontrar  en la antigua mitología céltica un curiosísimo y enigmático eco de este poderoso símbolo de la cabeza cortada en la vasija o Graal (plato, fuente o bandeja en su acepción etimológica original) o el caldero o copa rebosante de sangre : nos referimos al caldero de Bran --en el cual se operaba de modo mágico la resurrección de los guerreros muertos durante la batalla--  y a la propia cabeza de este mismo héroe mítico, a la que se adjudicaban propiedades taumatúrgicas y proféticas -según se relata en diversos episodios de los Maginogi, textos del antiguo folckore galés-- . En un pasaje famoso del Peredur (antecedente del Parzival del ciclo del grial artúrico) el personaje principal asiste a una misteriosa procesión de una lanza sangrante y una ominosa cabeza seccionada depositada en un cuenco o plato grande (grasale, graduale, grial) y portadas por una doncella virgen. Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos en torno a los que se articula lo esencial del misterio griálico.

 

 

Arriba, grabado antiguo que ilustra el cortejo misterioso de Peredur (Perceval): son patentes la enorme lanza sangrante y la cabeza cortada en el plato (graal), símbolos fundamentales de la leyenda del Grial

Todos estos símbolos, cualesquiera que sea su profundo significado (que aquí parece ligado a algún enigmático rito de magia  sexual o tántrico) son los mismos elementos principales en las leyendas del Grial.

 

Arriba, moderno kapala tántrico, decorado; antecedente del Grial y evidencia de un extendido culto a la calavera de profunda significación esotérica. Hasta hace poco, estas piezas auténticas podían ser fácilmente adquiridas.

 

Cabezas esculpidas halladas en un oppidum céltico. Imagen de www.delcampe.net

 

Entre  los indicios que sostienen la existencia de un culto de la cabeza cortada, se cita con frecuencia a los antiguos celtas. Se mencionan en este sentido las numerosas representaciones escultóricas de cabezas decapitadas en la llamada cultura de La Téne (también en otros yacimientos en España y diversos lugares europeos) y las referencias del folckore céltico, donde hay múltiples menciones de las cabezas cortadas de los héroes y de santos que llevan su propia cabeza seccionada; a menudo estas cabezas cortadas son portadores de poderes mágicos  (Bendigeit Bran) o son capaces de extraños vaticinios que las emparentan con los bustos parlantes de la antigüedad y otras cabezas insignes y proféticas, como la de Orfeo. En el seno del catolicismo no faltan tampoco los mártires descabezados, como  San juan Bautista o Saint Denis (abajo).

 

 

 

Abundan las referencias sobre el tema en los autores clásicos. Diodoro de Sicilia (V, 29,5) refiere que los galos “cortan la cabeza a los enemigos caídos y la sujetan al cuello de sus caballos” a modo de trofeos, suponemos.  Silo Itálico (Púnicas, XIII, 481-2)  dice que estos mismos galos consagraban en los templos la cabeza cortada del jefe enemigo. Estrabón, por su parte habla de este rito utilizado por los druídas. Para otros muchos autores , sin embargo, nunca hubo un verdadero culto de la cabeza cortada, sino que más bien los indicios sugieren la existencia entre los celtas de una forma vestigial de algún símbolo solar procedente de la Edad del Bronce.

 

 

Ya en tiempos más cercanos a nosotros, las calaveras han sido y aún siguen siendo utilizadas en diversos juramentos  (oaths) y rituales poco conocidos en otras tantas sociedades secretas y grupúsculos afines al ocultismo. Cabezas cortadas y asesinatos rituales ilustrados en un antiguo texto sobre la masonería: ¿rituales mistéricos, sainetes o algo más siniestro?  Abajo, la fuente más antigua para la explicación simbólica del culto de la cabeza cortada: Saturno, dios de la Edad de Oro,  decapitado por Júpiter * en un antiguo manuscrito. Algunos de los poderosos símbolos del Grial pueden remontarse también a este episodio mitológico.

 

En una época en que se desconoce cómo empezó la costumbre de realizar un juramento sobre las reliquias (oath) de la misma manera que se jura sobre la Biblia en determinados casos; los ejemplos documentados son del siglo VI en adelante. Se dice que los jesuítas practican un ritual semejante en el que se precisa un cráneo humano sobre el que se realiza un juramento especial a la orden. Este supuesto juramento aparece en el libro “La Roma subterránea” de Charles Didier, traducido del francés y publicado en Nueva York en 1843. El Dr. Alberto Rivera escapó de la Orden de los Jesuitas en 1967, y describe su juramento jesuita en la misma forma como aparece en este libro. Semper Idem: siempre Igual.

 

Arriba, Jupiter con la cabeza cortada de Saturno; este episodio nos da ciertas claves sobre uno de los probables orígenes del culto del cráneo en el milieu esotérico occidental

 

La identidad de valor de la “cabeza cortada” y de la Gorgona procede de un culto del cráneo, transformado por el mundo helénico, que parte del más viejo fondo de las religiones indo-europeas  de las que la cabeza de Medusa parece ser el último avatar. Un  valor mágico religioso que aventaja al rito está indistintamente ligado al cráneo del enemigo de los antepasasdos, según la leyenda de Bran, vinculada a la muerte y la resurreción. En el ciclo de Peredur, vinculado al misterio griálico, y en otros relatos galeses (los Mabinogi) aparecen con mucha frecuencia el motivo de la cabeza cortada y sumergida en vasijas, pozos o calderos (imágenes del graal). El caldero de la resurrección es además uno de los motivos recurrentes de la mitología céltica y de sus más importantes elementos dentro de su sistema de creencias. Muchos autores creen que estos calderos mágicos de la resurreción fueron los que inspiraron la aparición de las leyendas artúricas y griálicas posteriores.

El origen de este enigmático culto que vincula el cráneo y la copa se ha encontrado no sólo en mesoamèrica, sino en las culturas egipcia, céltica, hindú, oriental y escandinava. Se dice que los vikingos después del combate cortaban la cabeza de sus enemigos vencidos y en los cuencos de sus cráneos bebían y brindaban por el triunfo: aún hoy lo escandinavos gritan “skol” que significa salud, mientras chocan sus copas, aunque el signficado del término es el de fuente, taza, escudilla o copa; acepciones que también se encuentran en el antiguo graal, grasale, que muchos autores han identificado con el cuenco de la calavera tántrico (kapala). La raíz del término skol, skalle, (fonéticamente próximo a skull, cráneo ) significa precisamente calavera.

 

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

Arriba, la curiosa analogía del Crismón ☧ Cruz Chi Rho con el emblema de la calavera y las tibias ☠  ha sido señalada por algunos autores de filiación masónica, como Manly P. Hall,  que pretenden ver aquí uno de las claves del enigma del culto al cráneo en occidente

 

El uso de la calavera de un enemigo derrotado en batalla como copa ha sido referido por numerosos autores a lo largo de la historia entre los más diversos pueblos, como los nómadas de las estepas de Eruasia, los vikingos o los celtas, por ejemplo. Los escitas, según Heródoto,  (siglo quinto AC) y Estrabón (63 DC) también solían llevar a cabo esta práctica.  Las viejas crónicas rusas indican que el cráneo de Suyatoslav I de Kiev fue convertido en un cáliz por Khan Kunya, alrededor del 972 D.C.  Uno de los más antiguos anales chinos recoge una tradición sobre cráneos que sirven de vasija ritual entre los Xiongnu.

 

 

 

Edouard Chavannes cita a Tito Livio para ilustrar el uso ceremonial de estos cráneos entre los Boii, una tribu céltica que medraba en la Europa del siglo III despues de Cristo. Más próximo a nuestros días, y quizá de forma anecdótica, se recoge en diversas fuentes el uso que Lord Byron dio a un cráneo gigantesco hallado por su jardinero en los terrenos de Newstead Abbey. El poeta convirtió en copa ceremonial la descomunal calavera, en perfecto estado de conservación, de modo que recordaba el caparazón ricamente ornamentado de una tortuga. Byron llegaría a fundar una Orden de la Calavera en Newstead, en la que la libación ritual en el cráneo´”en imitación de los dioses de antaño” constituía uno de los momentos estelares de sus cenáculos.

 

 

El cuenco de calavera tántrico.  Arriba, recreación truculenta y siniestra del Vaso de Kali para una de las películas de Indiana Jones.

Abajo, kapala o cuenco de calvera tántrico real. Muchos ven aquí uno de las prefiguraciones del Grial o graal de las leyendas medievales o el caldero de la resurección céltico.

 

 

 

 

Salomé, Isis, Kali: Cabezas cortadas, sangre y un oscuro ritual en torno al cadáver o la cabeza del muerto, la calavera . Asombrosas  aunque improbables conexiones griálicas.

 

 

El sacrificio ritual y el lado oscuro de la muerte están presentes en el siniestro culto de Kali .

Abajo, la diosa Kali porta dos de los atributos inconfundibles de Saturno (la hoz y  el ramillete de calaveras) Saturno es el origen de la iconografía contemporánea de la Muerte con la Guadaña, o “Grim Reaper”.

Se han apuntado distintas conexiones, que van desde la magia tántrica hasta la mitología egipcia, entre la sangre menstrual y la copa en forma de calavera.La diosa Kali guarda en este sentido ciertas concomitancias con el lado más oscuro y destructor de Isis, que en el antiguo Egipto, por ejemplo,  vinculada a la diosa  Sekhmet era la diosa de la menstruación. Su asociación  con la sangre le hizo merecedora del título de Mujer Escarlata o Señora de la Carnicería (epíteto éste último que bien podría haber sido adjudicado a la propia diosa Kali).

 

 

Prosiguiendo con esta misteriosa relación del cráneo y la copa es necesario reseñar que en el budismo tibetano hay una forma particular de este vaso sagrado asociado al sacrificio ritual.  Se trata de  un objeto destacable: el kapala o cuenco de calavera tántrico. Esta peculiar vasija encuentra su forma gemela en la mucho más antigua vasija de barro védica que recogía la sangre de los sacrificios. Algunos han señalado justamente el kapala como un antecedente simbólico seguro para el graal de la tradición céltica y medieval.  El kapala usualmente es sostenido por fieras deidades, de aspecto demoníaco, que lo elevan al nivel de su corazón (en occidente, esta asociación del corazón humano con un vaso, graal o grasale fueron magníficamente señaladas por Guénon en algunos de sus artículos sobre el simbolismo del grial) y aparece representado en la iconografía tradicional lleno de sangre humana y vísceras, carne humana y en ocasiones los pulmones y otros órganos del enemigo abatido. De aquí que la vinculación del vaso tántrico (kapala) con la sangre (y por ende, el sacrificio ritual) resulta más que evidente y sugiere una relación efectiva del ancestral culto del cráneo con alguna forma extrema de sacrificio ritual que incluiría el derramamiento de sangre.

 

 

La selección de un cráneo adecuado resultaba en estas prácticas de extrema importancia para el funcionamiento del ritual, y explica algunos aspectos de la naturaleza del culto sacrificial del que hablamos. Se cree que la calavera de un asesino o la víctima de una ejecución posee la mayor potencia tántrica; el cráneo de aquel que ha muerto de manera violenta o accidental, o una enfermedad virulenta, sería poseedor de un nivel medio de esta energía. La calavera de un niño que hubiera muerto durante la aparición de la pubertad se considera también un receptáculo de máximo poder tántrico (creencia que evoca el sacrificio de jóvenes vírgenes en otras culturas)  así como las cabezas de púberes de paternidad desconocida (** huérfanos) o nacidos de la unión prohibida de castas o prácticas sexuales incestuosas o consideradas inmundas en el sistema de creencias tradicional.  El cráneo de un niño de siete u ocho años nacido de una relación incestuosa se considera, en este oscuro sistema de creencias, como catalizador de la mayor energía en determinados rituales tántricos.

 

 

El kapala  es un auténtico cráneo humano ornamentado según la tradición tántrica tibetana. Es un adminículo ritual tibetano que sirve como vasija de ofrendas en la religión budista del tantrismo. A menudo se fabrican a partir de la cabeza decapitada del cadáver de un monje budista.  Para usarlo, el cuenco de calavera se llena de vino y una mezcla sanguinolenta que representa la “inmortalidad”. Entonces, en una ofrenda que los fieles presentan a las divinidades tántricas hindúes y del budismo tibetano, el líquido es consumido por los monjes. Este tipo de cráneos se pueden adquirir pero son difíciles de encontrar y actualmente las autoridades de Nepal mantienen una escrupulosa politica contra la exportación de estas reliquias sagradas.

 

Cráneos y cabezas decapitadas en sendos mandiles rituales masónicos


Los propios cráneos tántricos, kapalas, tiene fama de ser los de los propios monjes cuyos cuerpos, una vez muertos, continúan sirviendo a la divinidad a la que siguieron en vida.  Se usan como receptáculos de ofrendas rituales de comida y bebida sagrada, y como instrumentos de adivinación.

 

 

Por otro lado, en la India, es destacable la figura del “ahori”, devoto de un culto extremo a Shiva, que de acuerdo con las creencias de esta secta se considera como un “cadáver” y a menudo así se les ve caminando por las calles con un cráneo a modo de taza en las manos (kapala). Estos santones son capaces de comer cualquier cosa, incluso alimentos podridos: en algunos momentos de sus singulares rituales se prescribe el consumo ritual de carne humana putrefacta, y parte de sus ritos inlcuyen una meditación ante un cadáver en descomposición.

 

 

Ya en nuestros tiempos, el motivo de la calavera y las tibias cruzadas en aspa ☠ no ha perdido su carga simbólica y  ha sido usado como emblema en muchas fraternidades americanas, grupos militares, así como en sociedades secretas, y asi los han vinculado también al templarismo y la masonería. El ejemplo más célebre actualmente es el de la Skull and Bones,  una sociedad secreta americana de la Universidad de Yale  que incluso toma su nombre de aquel símbolo.

 

Bolívar con el emblema de la calavera en su uniforme, proclamando su adhesión a la “Orden” . Bolívar se inició en la masonería en Cádiz y fue ferviente defensor de los principios masónicos durante toda su vida.

 

X es el simbolo del cruce o la muerte.  (☠ ); la T o  (cruz) representa la letra griega Tau, el simbolo de la primer cruz, un simbolo de sacrificio.

 

 

Osiris es a menudo representado esquemáticamente con la grafía X. Las asociaciones con el Crismón Chi Ro, X P) y el símbolo del culto del cráneo son inevitables y apuntan muy lejos.

Lc- 23: 33; SS 3; 322 El uso de la calavera con las tibias cruzadas (X) en la francmasonería ha sido documentado ampliamente (abajo, emblemas de Skull and Bones y las SS)

 

 

La sociedad  Skull and Bones ha sido acusada de los más variados crímenes, uno de los cuales incluye la posesión ilegítima del cráneo del jefe indio Jerónimo o el de Pancho Villa, que usarían supuestamente para realizar sus juramentos, rituales y demás sainetes, lo cual no ha sido probado nunca. Sí es cierto que algunos de estos grupos, así como sectas satánicas, emplean uno o varios cráneos reales como parte de algunos de sus  rituales internos; así ocurre con los Caballeros de Colón o en los ritos del grado masónico de los Caballeros Templarios. La significación de estos emblemas varía según la sociedad o grupo que los usa.

 

El famoso “Juramento de la calavera” de El hombre enmascarado (The Phantom) , con reminiscencias de templarios, piratas y francmasones y la sombra de una sangrienta “vendetta”

 

El uso del emblema de la calavera con las tibias cruzadas en la francmasonería se ha documentado en muchísimas ocasiones; así proliferan en las lápidas de miembros de la hermandad, en documentos y en paneles masónicos. También aparece un cráneo entre los enseres o adminículos de la “cámara de reflexión” masónica, donde se opera alguno de los rituales de iniciación practicados por los miembros de la masonería. La calavera es, entre los emblemas y signos masónicos, de los más frecuentes, junto con el compás y la escuadra, la colmena o el Ojo de la Providencia (All Seeing Eye): así figura en bastones y espadas rituales, anillos o sellos, o también en mandiles.  La iconografía del cráneo se emplea ampliamente en el ritual del tercer grado, donde se inicia el maestro masón -- tras los primeros grados de aprendiz y compañero- ; la iniciación de este tercer grado se concibe como la “resurrección” de entre los muertos del candidato, siguiendo el ejemplo del mítico  primer masón Hirám Abiff, asesinado ritualmente por los traidores Jubela, Jubelo y Jubelum, llamados los Tres “juvíos”.

 

 

 

 

Algunas fuentes sugieren que uno de los posibles significados sea el de advertencia para los adeptos que se atrevan a romper los juramentos secretos de dichas sociedades, asunto complejo y de múltiples ramificaciones, en el que nos gustaría profundizar, con el permiso de ustedes, en una tercera parte de este scherzo sobre un hipotético Culto de la Calavera  III para el que les emplazamos en un futuro no muy lejano. Entretanto, procuren no perder su cabeza en absurdas elucubraciones.

 

 

-Fuentes y vínculos-

 

(1) El culto de la calavera, I en Viajes con mi tía

(2) Skull cult exhibition, una colección de artículos sobre la significación de la calavera en la historia de la cultura the exhibition “skull cult”

(3) Reliquias y osarios en el   Cementerio de las Fontanelas, en Morbid Anatomy

(4) Black cult of Saturn

(4) La calavera tántrica, en Viajes con mi tía

(5) Celtic-and-Other-Stone-Heads-by-Sidney-Jackson-40-pages-Booklet-on-the-fascinating-Stone-Heads-in-Yorkshire

(7) The celtic cult of the severed head /

(8) The nazi cult of Saturn (un tubo sobre el asunto del culto saturnino entre los nazis)

(9) Calaveras de cristal en Mesoamérica

(10) (..Representaciones de cabezas cortadas y cabezas trofeo en el Levante Español, A. Baul Congreso internacional de Ciencias prehistóricas Madrid, 1954)

 

Polvo eres…

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Este amigo que les observa no es tan diferente de nosotros; su decrépita anatomía está compuesta por lo mismo que la caduca nuestra, átomos. Bien es verdad que ese conjunto de átomos que mostramos aquí arriba ha perdido la maravillosa capacidad autopoyética con que cuenta el nuestro y, esperemos, el suyo. Pero, aunque apasionante, no es este el tema que nos ocupa; ya ha sido tratado en anteriores -lejanísimas parecen ya- entradas.

Más bien nos interesa hoy reflexionar sobre la procedencia de uno u otro conjunto de átomos. Es más, sobre la procedencia de cualquier átomo que exista en el Universo Mundo. Dejando aparte la materia y la energía oscura que, como sus nombres indican, son cuestiones un tanto herméticas y misteriosas aún, centrémonos en la materia ordinaria; ordinaria de nombre porque por lo demás ha conformado alguna de las maravillas que les hemos mostrado alguna vez en esta humilde morada, que no es poco. Y conformará cualquier objeto material del Cosmos que se les ocurra.

¿De dónde proceden esos juguetones átomos que forman su cuerpo? ¿De dónde procede cualquier átomo que mora sobre la faz de la Tierra? ¿De dónde, cualquiera de los que existen en este inabarcable, inabordable, Universo? ¿De dónde, en definitiva, cualquiera de los que puebla esa maravilla de la inteligencia que solemos llamar tabla periódica? Pues todos del mismo lugar, de esos millones de millones de imponentes crisoles que abarrotan el espacio-tiempo, las estrellas. Pero hagamos un poco de historia.

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En un principio todos los átomos creados tras el Big Bang eran de hidrógeno. Muy triste sería nuestra existencia -no existencia, diríamos más bien- de seguir esto así. La fuerza gravitatoria fue amontonándolos en tremebundas calderas termonucleares: estrellas de primera generación, es decir, las primeras que vieron o dieron, por mejor decir, la luz a nuestro primigéneo Universo. La temperatura, y por tanto la velocidad de las partículas en el interior de las estrellas, es sencillamente descomunal y esto permite actuar al segundo personaje que necesitamos, la fuerza nuclear fuerte. Nuclear porque su rango de actuación es muy pequeño, del orden del tamaño de un núcleo, una cienbillonésima de metro. Fuerte porque lo es más que las otras tres interacciones fundamentales de la Naturaleza. Tanto es así, que supera con mucho la repulsión electromagnética -tercera interacción fundamental en escena- que experimentan los protones por tener la misma carga. La fuerza nuclear fuerte actúa como un gancho que mantiene unidos, siempre que estén lo suficientemente cerca, a esos esquivos protones que tenderían a alejarse por mor de su carga. Y cuando en un núcleo atómico se une más de un protón ya no tenemos hidrógeno, pasamos a tener helio.

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Sí, lo que durante siglos habían buscado los alquimistas, la transmutación de unas sustancias en otras, lo llevaban haciendo los astros desde la noche de los tiempos. La condición necesaria para conseguir enganchar los protones entre ellos, venciendo su repulsión a distancia, es la elevadísima temperatura que se da en el interior de las estrellas y que les confiere velocidades de vértigo. Mediante este proceso, la fusión nuclear, los átomos de hidrógeno se van transmutando en los distintos tipos de átomos que forman toda la materia que existe. Además se desprende energía, una gran cantidad de energía, inmensa (1), dadas las toneladas por segundo que se fusionan.

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Sin embargo, este procedimiento es estable hasta producir el hierro (elemento que cuenta con 26 protones y 30 neutrones en el núcleo del isótopo más común), lo cual nos explica el porqué de su abundancia, por ejemplo en el interior de los planetas rocosos. De modo que, ¿cómo se ha producido el resto de elementos más pesados que el hierro, con más protones en su núcleo? Mediante una de las mayores catástrofes que se pueden contemplar en el Universo; mayor aún que la pérdida de Cuba o la actuación de Remedios Amaya, a cuyo lado el Krakatoa no es más que un petardo de dos pesetas, la explosión de una supernova (2).

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Una estrella es, en esencia, una bola de gas, o plasma por mejor decir. Tal geometría es posible gracias al concurso de dos tendencias o fuerzas antagónicas. Por un lado la presión y la radiación (la cantidad de energía emitida por segundo y metro cuadrado es tremebunda) que tiende a arrastrar toda la materia hacia afuera. Por otro lado la sempiterna gravedad, que tiende a colapsarla hacia adentro. Durante la vida normal de una estrella ambas fuerzas están equilibradas y mantienen la estabilidad del monstruo. Pero al final de la vida de éste, cuando el combustible nuclear se ha agotado y las reacciones termonucleares de fusión dejan de ser viables, la gravedad toma el control de asunto, y esto es un asunto grave. La estrella comienza a contraerse sobre sí misma; llega un momento de apretura -jamás visto en el metro de Tokio o esquina de la madrugá- en el que la materia se va haciendo cada vez más densa para implotar y acabar explotando en un auténtico reventón que ya querría para sí cualquier mascletá.

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Esta enorme constricción crea las condiciones necesarias para producir el resto de elementos químicos y, de paso, la explosión de la supernova los disemina por doquier, haciendo posible la formación de nuevas estrellas en lejanos emplazamientos y futuras épocas gracias a los escombros del astro sacrificial. Estrellas de posterior generación, con más riqueza y diversidad de elementos, que dejarán migajas de sus ladrillos para la construcción de planetas que orbiten a su alrededor rindiéndoles pleitesía. Tengan presente, pues, que cualquiera de los átomos que forman su, a buen seguro, apreciado cuerpo, por mucha cárcel del alma que algunos lo quieran considerar, estuvo anteriormente, en un tiempo muy, muy lejano, el el interior de algún extinto crisol, de alguna estrella muy, muy lejana.

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Estrellas medianitas como nuestro Sol, que no tienen la masa necesaria para convertirse en uno de estos artefactos pirotécnicos, acabaran sus días -hecho un poco más lejano de lo que los mayas previeron, por suerte para la mayoría de los presentes- de un modo algo más apacible. Lo que el futuro nos depara, dentro de unos cinco mil millones de años de nada, es un desagradable cosquilleo producido por la excesiva cercanía de nuestro Astro Rey. Al agotar su combustible -hidrogenado y supervitaminado- el Sol irá aumentando su tamaño hasta convertirse en una suerte de gigante roja, para acabar engulléndonos, no sin antes haber carbonizado hasta al más gélido de los suecos, reduciéndolo a vil ceniza.

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Polvo de estrellas somos, y en polvo de estrellas nos hemos de convertir (3).

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Este miércoles de ceniza (4) es un día tan apropiado como otro cualquiera, o quizá más, para reflexionar sobre la transitoriedad de su existencia. Gimnasia de verdad recomendable, que les invitamos a practicar y de la que cada cual podrá sacar las más beneficiosas, reparadoras y reconstituyentes conclusiones. Memento Mori.

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- Notas -.

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(1) La energía de fusión nuclear se postula como la energía del futuro. Su rendimiento es sencillamente increíble y el combustible es realmente barato, pues el hidrógeno se puede extraer con facilidad del agua de mar, sustancia de cierta abundancia. Un simple vaso podría abastecer a toda una ciudad. El problema es controlar en condiciones de laboratorio las enormes presiones y temperaturas necesarias para hacer viable el proceso. Hasta ahora no se ha conseguido. ¿Creen vds. que se logrará en un futuro cercano, o habrá que esperar a que se agoten los combustibles fósiles, ciertamente lucrativos para según qué rico personajete? Tiramos la piedra y escondemos la mano para dar cabida a las mentes conspiranoicas que, a buen seguro, nos acompañan.

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(2) En 1054 los astrónomos chinos dejaron constancia de la observación de una muy brillante, las noches fueron por un tiempo ciertamente luminosas. Esta supernova dejó como rastro la Nebulosa del Cangrejo. Para más supernovas vean el enlace.

(3) Hay otra manera, algo más optimista o luminosa tal vez, de entender este hecho incontrovertible; es pensar que somos el Universo que se contempla a sí mismo, una auténtica maravilla de autopoyesis y disminución de la entropía en contra de todo lo esperable.

(4) Aprovechamos la ocasión para saludar y mandar ánimos a Joseph, que se jubila porque está viejecito, y muy bien que hace, que no va a ser todo trabajar en esta vida. Total, para acabar como el que encabeza la entrada, mordiendo el polvo.

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Miércoles, febrero 13th, 2013 MEMENTO MORI, TRANTOR 19 comentarios

Muerte, autorretrato final

 

Una talla en marfil japonesa, de la excelente colección de Richard Harris

 

Ésta es una exposición que nos hubiese gustado visitar sin duda alguna: la que recoge una amplia panorámica de la colección de Richard Harris, centrada exclusivamente en imágenes y objetos en torno a la idea de la muerte. Lamentablemente, el circuito de esta excepcional muestra nos queda un poco a desmano, ya que recorre diversas localidades de los Estados Unidos,  comenzando desde Chicago, el verano pasado. Tuvimos noticia de la exposición través del blog Morbid Anatomy, que desarrollaba un estupendo apunte sobre el evento en el momento de su inauguración. Recoge alrededor de trescientas obras de una colección única en el mundo consagrada a la iconografía de la muerte, reflejando nuestras complejas y a menudo contradictorias actitudes hacia la misma. Compilada por Richard Harris, un próspero anticuario de Chicago, la colección es muy heterogénea, contemplando obras de arte de diversa especie, grabados y pinturas, especímenes científicos, piezas arqueológicas, artesanía popular y objetos curiosos de medio mundo. Incluye también estampas singulares de Durero, Rembrand o Goya (especialmente su serie sobre los Desastres de la Guerra, con una fuerte presencia de la Parca), que se exhiben junto a láminas anatómicas o las Vanitas renacentistas. También hay cabida para el arte popular mexicano con su tradición del Día de los Muertos. Macabra, inquietante y cautivadora,  esta exhibición es una de las más apasionantes y completas que se hayan realizado hasta la fecha sobre la imaginería del memento mori. Con el título “Dancing towards Death” (en clara alusión a las danzas de la muerte) tuvo lugar en el Figge Art Museum en Davenport (Iowa, USA) entre el 18 de septiembre de 2010  y enero del 2011. Confíemos en que quizá algún día la muestra se acerque a nuestros pagos.

 

 

Máscara tibetana de madera (siglo XIX) de la colección Harris

 

Richard Harris, el propietario de la asombrosa colección en torno al Memento mori, posa junto a algunas de sus piezas

 

 

 

 

 

Un tubo que muestra un aspecto de la sobrecogedora colección de Richard Harris en torno a la muerte

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Imágenes de la galería de la colección Harris

(2) La colección Harris, en um álbum de Flickr

(3) Un artículo sobre la colección de Richard Harris

Santa María a Nova

La romántica entrada al recinto sagrado del cementerio de Santa María a Nova, en Noia (Galicia)

Es evidente que las tradiciones de arribadas marineras postdiluvianas

son demasiado numerosas para no encubrir un fondo de verdad, por alterada que esté esa verdad.

Louis Charpentier, el Misterio de Compostela

 

 

Noia, la antigua Noela, en pleno Finis Terrae, rematando el Camino de Santiago

 

 

La lectura juvenil y apasionada  -en su momento- de un intrigante  librito  de Louis Charpentier ( ), El Misterio de Compostela (Plaza y Janés, 1979) nos empujó hasta las puertas del cementerio de Santa María a Nova, en Noia. Charpentier nos  cautivó con su visión misteriosa y profundamente romántica del Finis Terrae y la idea de una peregrinación iniciática hasta el Occidente como Tierra de los Muertos.  En aquel libro encontramos, como tantos otros buscadores, la primera referencia al asombroso cementerio gremial de Santa María a Nova, en la enigmática -en palabras del mencionado autor-  y pinturera población marinera de Noya, en Galicia. Aquellas líneas heterodoxas pero inspiradas de Charpentier --a quien algunos tildaron de cascadeur del esoterismo-- nos llevarían algunos años más tarde, en nuestra madurez,  por  los caminos del viejo Arco Iris de Lug (*) hasta el enclave citado,  propiciando un viaje que jamás habremos de olvidar.

 

Cubierta de El misterio de Compostela, de L. Charpentier (foto todocolección.net)

Advierte la banderola: “Significado y trascendencia del Camino de Santiago, con un análisis, serio y documentado --no tanto, según los eruditos-- de la toponimia de la ruata”

En un magnífico volumen de Álvaro de las Casas, O Cemiterio de Sta. María a Nova,  que adquirimos durante nuestra visita a Noya  (1),  describían el lugar en estos términos elogiosos, con los que coincidimos:   “Al fondo de la ría de Muros, inmediata a la desembocadura del Tambre, al pie de la agreste serranía del Barbanza, se asienta y se goza la ancestral villa de Noya, imprescindible en todo itinerario por Galicia. El viajero puede llegar a ella con sólo recorrer noventa kilómetros desde la Coruña, treinta y siete desde Santiago o veintiocho desde Padrón (…) Los encantos de la villa son realmente extraordinarios --por no hablar de sus delicias gastronómicas-- ;  disfruta de paisajes que no vacilamos en situar entre los más hermosos y cautivadores de España. (…) Una bella leyenda atribuye a Noé, despues del diluvio, su fundación. Por eso en su escudo aparece el arca salvadora, con el patriarca asomado y la bíblica paloma en vuelo (…) ” (1)

 

El escudo de Noia, fundada según el mito Por Noé, donde figura el arca y la paloma diluvianos.

 

Noia es una de las más hermosas localidades gallegas, junto con Muros, el mejor ejemplo de asentamiento marinero de Galicia. Su historia pretende comenzar con el Diluvio Universal, como figura en el escudo de la villa, que representa el arca de Noé. Una tradición observa que este pueblo fue fundado por una hija del patriarca bíblico, Noela: “Actualmente, y desde los últimos cambios  aprobados en 1991, las armas de Noia son: de plata el Arca de Noé sobre ondas de  azul y plata, con la cabeza del Patiarca asomada a su ventana, un cuervo posado  en su techo y una paloma volando, con un ramo de olivo en el pico, en el cantón diestro del jefe, todo en sus colores naturales. Va timbrado el escudo con la corona real española.”  (2)

 

Interior del museo de laudas gremiales de Santa María a Nova, en Noia

 

Nuestra excursión a Noya, nacida como decimos del ansia de misterio espoleada por la lectura de la obra de Charpentier,  tuvo el sabor inconfundible del viaje romántico, amplificado por  la belleza y la atmósfera especial del pueblecito en invierno. El párroco, a quien nos presentamos, nos ofreció  la llave del cementerio de Santa María a Nova --una vieja llave imponente,  de hierro, como la que ponen los artistas en manos de San Pedro--, y se ofreció gentilmente a guiarnos en nuestra visita al lugar. Allí nos dejó el cura y pudimos deambular a nuestro antojo durante horas, recorriendo cada piedra y escrutando cada uno de los enigmáticos y singulares rincones del camposanto --el baldaquino, las múltiples tumbas, inscripciones y relieves --  y del templo -hermosísimo-- ; concluído nuestro recorrido ritual y parsimonioso, devolvimos agradecidos  la llave a quien tan amablemente nos la brindara.

 

 

 

Tibi dabo claves…. etc. etc.

 

 

La necrópolis medieval de  Santa María a Nova de Noia, con sus laudas sepulcrales, es increíble. Algunos han querido ver en la muy singular iconografía de las losas vestigios de una tradición gremial  y masónica, como en el ensayo  “As laudas sepulcrais de San Francisco da Coruña“.  Más tarde encontramos nuevas alusiones al fantástico cementerio de Noya en alguna obra de Juan García Atienza, en sus acostumbradas disgresiones sobre rutas esotéricas y templarias de la geografía española, donde seguía con desigual fortuna la estela de Charpentier,  alimentando el mito en torno a las singulares lápidas gremiales de Noia y contribuyendo al aura de misterio del peculiar camposanto de Santa María a Nova. En el centro de este cementerio se alza, bellísima, la iglesia de Santa María la Nueva: “Cementerio e iglesia forman un solo monumento, coexistieron integrándose de la misma suerte desde un principio (1).

 

Iniciamos la visita al recinto sagrado encontrándonos de sopetón, de verjas adentro, con una piedra de armas empotrada en el alto muro que cierra el cementerio que muestra esculpida las figuras de un caballero y un dragón en combate --escena que, a jucio de algunos autores, nos indicaría a nivel simbólico la naturaleza iniciática del enclave-- , aunque hay quienes sólo ven en ella un blasón heráldico o, peor aún, ajenos del todo al lenguaje sagrado de los símbolos, un simple motivo ornamental. El tema parece relacionarse, por otro lado, con una leyenda local muy extendida sobre la presencia de cientos de culebras que rastreaban el camposanto, y en particular de un ejemplar de dimensiones colosales --esto es, en sentido simbólico, un dragón-- que defendía este lugar sagrado de las gentes. (1) En realidad, esta leyenda viene a subrayar el valor simbólico de la imagen, evidenciando el carácter trascendente que algunos quisieron atribuir al enclave.

 

Signos lapidarios en los muros de la iglesia de Santa María a Nova de Noia, A Coruña | © Javier García Blanco.

 

Son también bien visibles los signos lapidarios o marcas de cantero que, aquí y allá,  esparcidos por los muros de la iglesia, figuran un poco por todas partes.  Algunos de estos signos resultan casi idénticos a los que se ven en las laudas conservadas en el interior del museo de Santa María a Nova y aunque han sido debidamente  catalogados y estudiados por diferentes expertos en gliptografía, todavía conservan su halo de misterio.

 

 

Laudas sepulcrales amontonadas en los muros del cementerio de Santa María a Nova

 

Ya dentro del cementerio lo primero que llamaba poderosamente la atención era el estado lamentable — todavía en el año noventa, cuando lo visitamos-- de numerosísimas laudas apiladas de cualquier forma junto a los muros del recinto, en un deplorable estado de conservación, aun cuando la Escuela de Cantería de la localidad hacía ímprobos esfuerzos por rescatar de este injusto olvido los más valiosos ejemplares, contribuyendo desinteresadamente, de forma muy loable, a su cuidado y restauración. Sin embargo, aún en la actualidad estos esfuerzos no han dado resultados satisfactorios, según distintas fuentes, como La voz de Galicia:  ” La colección de laudas gremiales de Noia es la más importante existente en el mundo. A pesar de que desde hace tiempo se está intentando recuperar todo el material que hay en el templo de Santa María a Nova y en la necrópolis, todavía queda mucho por hacer y aún hay piezas abandonadas y arrinconadas que continúan  deteriorándose con el paso del tiempo.”

 

 

 

 

Diseminadas por todo el cementerio, siempre reutilizadas, se han documentado más de quinientas laudas sepulcrales de granito con marcas personales y signos gremiales y heráldicos que se remontan al siglo XIV. A pesar del aspecto enigmático e inquietante de algunas de las laudas, cuyo aura de misterio , insistimos, contribuyó a burilar poderosamente el libro de Charpentier  (*) y otras obras de Juan García Atienza, el significado y el propósito de las marcas que ostentan parece estar bien definido y ha sido objeto de numerosos estudios por parte de los expertos en gliptografía.

 

Un aspecto del intertior de Santa María la Nueva, con la soberbia colección de laudas gremiales

 

La célebre lauda del peregrino, con uno de los más espectaculares motivos compostelanos que a menudo figuran en las laudas

Tuvieron que pasar muchos años, incluso décadas, “para que las laudas gremiales de Noia que estaban apiladas a la intemperie, desprotegidas en el exterior de la igleisa, fueran rescatadas. En el interior del templo, ahora convertido en museo, están las mejoras lápidas que muestran distintas marcas gremiales, símbolos familiares y figuras humanas, pero curiosamente ningún nombre, fecha o letra (este último hecho hizo que se inflamara la imaginación de muchos autores, vinculando este anonimato al de una supuesta invisibilidad propia de ciertos rituales iníciáticos). Pdemos ver en las laudas grabadas formas de maza o pico de cantero, cuchillos de carnicero, tijeras de sastre,  compás de un carpintero de ribera o instrumentos de un zapatero, entre otros. Existe así un repertorio variado de signos y marcas en las laudas, de entre las que destacan varios grupos de estilo similar: las formas antropomorfas, sin epitafio, las  laudas profesionales  y gremiales, las  laudas con marcas familiares, que “señalan de modo más concreto al individio o a la  familia a la que se adscribía el fallecido laudas con motivos heráldicos y epigráficos con el blasón familiar del  representado; laudas con motivos marineros, etc. Conviene reseñar también que  el continuo reaprovechamiento que a lo largo del tiempo sufrieron estas piezas hace que sus motivos decorativos unas veces grabados y otras en relieve se encuentran mezclados, lo que complica sobremanera su datación cronológica (*)

 

 

 

La forma, dimensiones y materiales empleados en estas lápidas es parecido, adoptando usualmente la forma oblonga, en ocasiones trapezoidal, “de medidas antropométricas que van de los dos metros de longitud, setenta de anchura y veinte o treinta de espesor; fabricadas mayormente en piedra granítica, la más abundante en la zona (…). (1) . La importancia de Santa María a Nova reside en el número de laudas conservadas hasta nuestros días, ya que ejemplares similares se hallan en diferentes lugares de toda Europa, si bien en menor cantidad; junto a este hecho destacamos la variedad de motivos representados.

 

Se ha escrito mucho sobre el cementerio y las laudas, cada vez de manera más crítica y razonada; de cuantas opiniones hay en torno a la naturaleza y el propósito de las lápidas, las más destacables son las que consideran que el de Santa María a Nova es un cementerio gremial o artesanal, donde las laudas eran marcadas con signos profesionales o personales del difunto -aparte las marcas epigráficas o heráldicas-- , lo que explica la intrigante ausencia de cifras o nombres. Por otro lado, abundan las tesis más o menos fantásticas, como las que defendían Louis Charpentier y Juan García Atienza, sobre todo, que pretenden ver en estas piedras un vestigio de la existencia de un cementerio iniciático ubicado al final del Camino de Santiago, en el que ven una ruta mucho más antigua de origen precristiano ( ), donde los adeptos,  iniciados -o aprendices masónicos- sufrían una suerte de muerte y resurrección iniciáticas de la que dejaban constancia en las laudas. Los eruditos y expertos en gliptografía insisten en desmontar este tipo de teorías, argumentando que sus autores saben  muy poco o casi nada sobre el origen del cementerio y sus laudas, o sus análisis son a menudo incompletos y poco rigurosos en sus afirmaciones. Al margen de su aroma romántico y de algunos indicios simbólicos de dudosa interpertación, conviene señalar que no hay argumentos definitivos en favor de la existencia de tal cementerio iniciático en Santa María a Nova.

 

 

 

 

(1) De las Casas, Álvaro : O Cemiterio de Sta. María a Nova. Edición Xepe Torres, Santiago, 1936

(2) Noia, una ruta urbana en Amigos do Arqueoloxico

(3) La voz de Galicia: restauran las laudas de Noya

(4) Cosas de la Galicia Mágica

(5) Una visita a Noya y sus monumentos más señeros

(6) Laudas gremiales de Noia, en Genealogía Historia y Antropología

(7) Un pequeño diaporama del interior de Santa María a Nova y su colección de laudas gremiales en Minube http://www.minube.com/fotos/rincon/531841/3180631

(8) Las laudas sepulcrales de Noya, (1) en Un viaje a Galicia

(*) El  misterio de Compostela. La tesis de Charpentier pretendía, grosso modo, que las laudas eran una especie de fórmula votiva que representaba físicamente la muerte iniciática de ciertos peregrinos a Compostela, adeptos o maestros de la masonería operativa, que coronaban su peregrinación con una muerte ritual en Finis Terrae  y eligieron este lugar para dar testimonio de su particular viaje, muerte  y resurrección. La interpretación ortodoxa de los signos de las laudas no admite esta lectura en clave esotérica, si bien el significado de algunas de las marcas aún no se conoce totalmente.

 

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