LA X MARCA EL LUGAR

Santa María a Nova

La romántica entrada al recinto sagrado del cementerio de Santa María a Nova, en Noia (Galicia)

Es evidente que las tradiciones de arribadas marineras postdiluvianas

son demasiado numerosas para no encubrir un fondo de verdad, por alterada que esté esa verdad.

Louis Charpentier, el Misterio de Compostela

 

 

Noia, la antigua Noela, en pleno Finis Terrae, rematando el Camino de Santiago

 

 

La lectura juvenil y apasionada  -en su momento- de un intrigante  librito  de Louis Charpentier ( ), El Misterio de Compostela (Plaza y Janés, 1979) nos empujó hasta las puertas del cementerio de Santa María a Nova, en Noia. Charpentier nos  cautivó con su visión misteriosa y profundamente romántica del Finis Terrae y la idea de una peregrinación iniciática hasta el Occidente como Tierra de los Muertos.  En aquel libro encontramos, como tantos otros buscadores, la primera referencia al asombroso cementerio gremial de Santa María a Nova, en la enigmática -en palabras del mencionado autor-  y pinturera población marinera de Noya, en Galicia. Aquellas líneas heterodoxas pero inspiradas de Charpentier --a quien algunos tildaron de cascadeur del esoterismo-- nos llevarían algunos años más tarde, en nuestra madurez,  por  los caminos del viejo Arco Iris de Lug (*) hasta el enclave citado,  propiciando un viaje que jamás habremos de olvidar.

 

Cubierta de El misterio de Compostela, de L. Charpentier (foto todocolección.net)

Advierte la banderola: “Significado y trascendencia del Camino de Santiago, con un análisis, serio y documentado --no tanto, según los eruditos-- de la toponimia de la ruata”

En un magnífico volumen de Álvaro de las Casas, O Cemiterio de Sta. María a Nova,  que adquirimos durante nuestra visita a Noya  (1),  describían el lugar en estos términos elogiosos, con los que coincidimos:   “Al fondo de la ría de Muros, inmediata a la desembocadura del Tambre, al pie de la agreste serranía del Barbanza, se asienta y se goza la ancestral villa de Noya, imprescindible en todo itinerario por Galicia. El viajero puede llegar a ella con sólo recorrer noventa kilómetros desde la Coruña, treinta y siete desde Santiago o veintiocho desde Padrón (…) Los encantos de la villa son realmente extraordinarios --por no hablar de sus delicias gastronómicas-- ;  disfruta de paisajes que no vacilamos en situar entre los más hermosos y cautivadores de España. (…) Una bella leyenda atribuye a Noé, despues del diluvio, su fundación. Por eso en su escudo aparece el arca salvadora, con el patriarca asomado y la bíblica paloma en vuelo (…) ” (1)

 

El escudo de Noia, fundada según el mito Por Noé, donde figura el arca y la paloma diluvianos.

 

Noia es una de las más hermosas localidades gallegas, junto con Muros, el mejor ejemplo de asentamiento marinero de Galicia. Su historia pretende comenzar con el Diluvio Universal, como figura en el escudo de la villa, que representa el arca de Noé. Una tradición observa que este pueblo fue fundado por una hija del patriarca bíblico, Noela: “Actualmente, y desde los últimos cambios  aprobados en 1991, las armas de Noia son: de plata el Arca de Noé sobre ondas de  azul y plata, con la cabeza del Patiarca asomada a su ventana, un cuervo posado  en su techo y una paloma volando, con un ramo de olivo en el pico, en el cantón diestro del jefe, todo en sus colores naturales. Va timbrado el escudo con la corona real española.”  (2)

 

Interior del museo de laudas gremiales de Santa María a Nova, en Noia

 

Nuestra excursión a Noya, nacida como decimos del ansia de misterio espoleada por la lectura de la obra de Charpentier,  tuvo el sabor inconfundible del viaje romántico, amplificado por  la belleza y la atmósfera especial del pueblecito en invierno. El párroco, a quien nos presentamos, nos ofreció  la llave del cementerio de Santa María a Nova --una vieja llave imponente,  de hierro, como la que ponen los artistas en manos de San Pedro--, y se ofreció gentilmente a guiarnos en nuestra visita al lugar. Allí nos dejó el cura y pudimos deambular a nuestro antojo durante horas, recorriendo cada piedra y escrutando cada uno de los enigmáticos y singulares rincones del camposanto --el baldaquino, las múltiples tumbas, inscripciones y relieves --  y del templo -hermosísimo-- ; concluído nuestro recorrido ritual y parsimonioso, devolvimos agradecidos  la llave a quien tan amablemente nos la brindara.

 

 

 

Tibi dabo claves…. etc. etc.

 

 

La necrópolis medieval de  Santa María a Nova de Noia, con sus laudas sepulcrales, es increíble. Algunos han querido ver en la muy singular iconografía de las losas vestigios de una tradición gremial  y masónica, como en el ensayo  “As laudas sepulcrais de San Francisco da Coruña“.  Más tarde encontramos nuevas alusiones al fantástico cementerio de Noya en alguna obra de Juan García Atienza, en sus acostumbradas disgresiones sobre rutas esotéricas y templarias de la geografía española, donde seguía con desigual fortuna la estela de Charpentier,  alimentando el mito en torno a las singulares lápidas gremiales de Noia y contribuyendo al aura de misterio del peculiar camposanto de Santa María a Nova. En el centro de este cementerio se alza, bellísima, la iglesia de Santa María la Nueva: “Cementerio e iglesia forman un solo monumento, coexistieron integrándose de la misma suerte desde un principio (1).

 

Iniciamos la visita al recinto sagrado encontrándonos de sopetón, de verjas adentro, con una piedra de armas empotrada en el alto muro que cierra el cementerio que muestra esculpida las figuras de un caballero y un dragón en combate --escena que, a jucio de algunos autores, nos indicaría a nivel simbólico la naturaleza iniciática del enclave-- , aunque hay quienes sólo ven en ella un blasón heráldico o, peor aún, ajenos del todo al lenguaje sagrado de los símbolos, un simple motivo ornamental. El tema parece relacionarse, por otro lado, con una leyenda local muy extendida sobre la presencia de cientos de culebras que rastreaban el camposanto, y en particular de un ejemplar de dimensiones colosales --esto es, en sentido simbólico, un dragón-- que defendía este lugar sagrado de las gentes. (1) En realidad, esta leyenda viene a subrayar el valor simbólico de la imagen, evidenciando el carácter trascendente que algunos quisieron atribuir al enclave.

 

Signos lapidarios en los muros de la iglesia de Santa María a Nova de Noia, A Coruña | © Javier García Blanco.

 

Son también bien visibles los signos lapidarios o marcas de cantero que, aquí y allá,  esparcidos por los muros de la iglesia, figuran un poco por todas partes.  Algunos de estos signos resultan casi idénticos a los que se ven en las laudas conservadas en el interior del museo de Santa María a Nova y aunque han sido debidamente  catalogados y estudiados por diferentes expertos en gliptografía, todavía conservan su halo de misterio.

 

 

Laudas sepulcrales amontonadas en los muros del cementerio de Santa María a Nova

 

Ya dentro del cementerio lo primero que llamaba poderosamente la atención era el estado lamentable — todavía en el año noventa, cuando lo visitamos-- de numerosísimas laudas apiladas de cualquier forma junto a los muros del recinto, en un deplorable estado de conservación, aun cuando la Escuela de Cantería de la localidad hacía ímprobos esfuerzos por rescatar de este injusto olvido los más valiosos ejemplares, contribuyendo desinteresadamente, de forma muy loable, a su cuidado y restauración. Sin embargo, aún en la actualidad estos esfuerzos no han dado resultados satisfactorios, según distintas fuentes, como La voz de Galicia:  ” La colección de laudas gremiales de Noia es la más importante existente en el mundo. A pesar de que desde hace tiempo se está intentando recuperar todo el material que hay en el templo de Santa María a Nova y en la necrópolis, todavía queda mucho por hacer y aún hay piezas abandonadas y arrinconadas que continúan  deteriorándose con el paso del tiempo.”

 

 

 

 

Diseminadas por todo el cementerio, siempre reutilizadas, se han documentado más de quinientas laudas sepulcrales de granito con marcas personales y signos gremiales y heráldicos que se remontan al siglo XIV. A pesar del aspecto enigmático e inquietante de algunas de las laudas, cuyo aura de misterio , insistimos, contribuyó a burilar poderosamente el libro de Charpentier  (*) y otras obras de Juan García Atienza, el significado y el propósito de las marcas que ostentan parece estar bien definido y ha sido objeto de numerosos estudios por parte de los expertos en gliptografía.

 

Un aspecto del intertior de Santa María la Nueva, con la soberbia colección de laudas gremiales

 

La célebre lauda del peregrino, con uno de los más espectaculares motivos compostelanos que a menudo figuran en las laudas

Tuvieron que pasar muchos años, incluso décadas, “para que las laudas gremiales de Noia que estaban apiladas a la intemperie, desprotegidas en el exterior de la igleisa, fueran rescatadas. En el interior del templo, ahora convertido en museo, están las mejoras lápidas que muestran distintas marcas gremiales, símbolos familiares y figuras humanas, pero curiosamente ningún nombre, fecha o letra (este último hecho hizo que se inflamara la imaginación de muchos autores, vinculando este anonimato al de una supuesta invisibilidad propia de ciertos rituales iníciáticos). Pdemos ver en las laudas grabadas formas de maza o pico de cantero, cuchillos de carnicero, tijeras de sastre,  compás de un carpintero de ribera o instrumentos de un zapatero, entre otros. Existe así un repertorio variado de signos y marcas en las laudas, de entre las que destacan varios grupos de estilo similar: las formas antropomorfas, sin epitafio, las  laudas profesionales  y gremiales, las  laudas con marcas familiares, que “señalan de modo más concreto al individio o a la  familia a la que se adscribía el fallecido laudas con motivos heráldicos y epigráficos con el blasón familiar del  representado; laudas con motivos marineros, etc. Conviene reseñar también que  el continuo reaprovechamiento que a lo largo del tiempo sufrieron estas piezas hace que sus motivos decorativos unas veces grabados y otras en relieve se encuentran mezclados, lo que complica sobremanera su datación cronológica (*)

 

 

 

La forma, dimensiones y materiales empleados en estas lápidas es parecido, adoptando usualmente la forma oblonga, en ocasiones trapezoidal, “de medidas antropométricas que van de los dos metros de longitud, setenta de anchura y veinte o treinta de espesor; fabricadas mayormente en piedra granítica, la más abundante en la zona (…). (1) . La importancia de Santa María a Nova reside en el número de laudas conservadas hasta nuestros días, ya que ejemplares similares se hallan en diferentes lugares de toda Europa, si bien en menor cantidad; junto a este hecho destacamos la variedad de motivos representados.

 

Se ha escrito mucho sobre el cementerio y las laudas, cada vez de manera más crítica y razonada; de cuantas opiniones hay en torno a la naturaleza y el propósito de las lápidas, las más destacables son las que consideran que el de Santa María a Nova es un cementerio gremial o artesanal, donde las laudas eran marcadas con signos profesionales o personales del difunto -aparte las marcas epigráficas o heráldicas-- , lo que explica la intrigante ausencia de cifras o nombres. Por otro lado, abundan las tesis más o menos fantásticas, como las que defendían Louis Charpentier y Juan García Atienza, sobre todo, que pretenden ver en estas piedras un vestigio de la existencia de un cementerio iniciático ubicado al final del Camino de Santiago, en el que ven una ruta mucho más antigua de origen precristiano ( ), donde los adeptos,  iniciados -o aprendices masónicos- sufrían una suerte de muerte y resurrección iniciáticas de la que dejaban constancia en las laudas. Los eruditos y expertos en gliptografía insisten en desmontar este tipo de teorías, argumentando que sus autores saben  muy poco o casi nada sobre el origen del cementerio y sus laudas, o sus análisis son a menudo incompletos y poco rigurosos en sus afirmaciones. Al margen de su aroma romántico y de algunos indicios simbólicos de dudosa interpertación, conviene señalar que no hay argumentos definitivos en favor de la existencia de tal cementerio iniciático en Santa María a Nova.

 

 

 

 

(1) De las Casas, Álvaro : O Cemiterio de Sta. María a Nova. Edición Xepe Torres, Santiago, 1936

(2) Noia, una ruta urbana en Amigos do Arqueoloxico

(3) La voz de Galicia: restauran las laudas de Noya

(4) Cosas de la Galicia Mágica

(5) Una visita a Noya y sus monumentos más señeros

(6) Laudas gremiales de Noia, en Genealogía Historia y Antropología

(7) Un pequeño diaporama del interior de Santa María a Nova y su colección de laudas gremiales en Minube http://www.minube.com/fotos/rincon/531841/3180631

(8) Las laudas sepulcrales de Noya, (1) en Un viaje a Galicia

(*) El  misterio de Compostela. La tesis de Charpentier pretendía, grosso modo, que las laudas eran una especie de fórmula votiva que representaba físicamente la muerte iniciática de ciertos peregrinos a Compostela, adeptos o maestros de la masonería operativa, que coronaban su peregrinación con una muerte ritual en Finis Terrae  y eligieron este lugar para dar testimonio de su particular viaje, muerte  y resurrección. La interpretación ortodoxa de los signos de las laudas no admite esta lectura en clave esotérica, si bien el significado de algunas de las marcas aún no se conoce totalmente.

 

Persiguiendo fantasmas

El erudito y escritor Montague Rhodes James

Montague Rhodes James (Goodnestone, agosto de 1862 -- Eton, junio de  1936) cultivó con gran fortuna, quizá a su pesar, uno de los más difíciles géneros de la literatura, el relato de fantasmas.  Anticuario y medievalista reputado, hoy sin embargo es más conocido por su contribución a la literatura fantástica, ejercicio que practicaba exclusivamente como divertimento y que le proporcionaba un contrapunto excelente a su labor de erudito.

 

Ilustración de Paul Lowe’s Illustration para el relato de  James’ ‘The Uncommon Prayer Book’  (Un insólito libro de oraciones)

Fascinado por el horror y lo sobrenatural, fue un admirador sincero y defensor a ultranza de las historias de misterio del escritor irlandés Joseph T. Sheridan LeFanu --a quien Rhodes consideraba en el género superior al mismísimo Edgar Poe, como dijo en el prólogo de su prefacio de El fantasma de la señora Crowl, una compilación de las obras de este autor que se ocupó de rescatar y editar cuidadosamente, contribuyendo a rescatar de un injusto olvido a Le Fanu y darle la fama de la que goza aún hoy día. Los cuentos de Montague Rhodes James, por su parte,  fueron publicados  en revistas especializadas y magazines de la época, como la Cambridge  Review .

(Fotograma de La noche del demonio, de Jacques Tourneur, inspirada en el relato El Maleficio de las Runas, de M.r. James)

Buena parte de los aciertos de la obra de James radica en su atmósfera realista, de la que pronto surge, velada y amenazadoramente, el elemento inquietante o sobrenatural. Para dotar de este realismo y ambiente familiar a sus relatos, no dudó en cargarlos de elementos que extrajo de su propia experiencia vital. Así no es difícil encontrar a sus protagonistas en tareas de erudición y búsqueda arqueológica o paleográfica que no eran desconocidas en absolutos para Rhodes James, entre cuyos intereses y aficiones cabía mencionar desde la arqueología (llegó a ser miembro del departamento de arqueología del museo Fitzwilliam, como arqueólogo viajó hasta Chipre, para participar en excavaciones--  hasta la paleografía (catalogó muchas de las colecciones manuscritas de Cambridge, una tarea que le llevó 40 años completar. ” Asímismo, gustaba de ambientar sus relatos en lugares y entornos que conocía igualmente de primera mano: “Su infancia transcurrió entre altas y tupidas bibliotecas repletas de libros antiguos, en su mayoría textos religiosos, en el condado de Kent, donde nació en 1862. Su vida fue la de un anticuario preocupado por la continua investigación del pasado, entre viejos manuscritos, clases y reuniones docentes, visitas a antiguas ruinas, bibliotecas polvorientas e iglesias dejadas de la mano de Dios. No contrajo nunca matrimonio ni tuvo hijos. La universidad, Eton, y los libros constituyeron toda su existencia. Fue medievalista de prestigio contrastado, lingüista y estudioso bíblico.”  (2) Esta predilección por lugares y entornos relacionados con sus aficiones permean todos sus escritos, y  su entusiasmo al describirlos resulta contagioso y uno de los mayores encantos de la lectura de los mismos.

El autor enfrascado en una de sus pasiones: la lectura

“Su inquietud por descubrir textos y elementos de la antigüedad permitió que descubriera, en la capilla de Eton, un mural del siglo XV y que reconstruyera, con el mismo estilo que los originales, los vitrales del King’s College. Recuperó gran cantidad de manuscritos y documentos antiguos que fue publicando entre los a?os 1895 y 1932. En 1924 publicó Apócrifos Neotestamentarios, un material imprescindible para los investigadores de los orígenes del cristianismo. Su constante labor fue reconocida por los diferentes cargos que  ocupó como académico y docente (…) (1)

Sus cuentos de terror destacan por el desarrollo de efectos sutiles enmarcados en una atmósfera de inquietud y zozobra, a menudo en un contexto de trivialidad y sentido común que sirven de contrapunto y contraste. Nunca se echa en falta cierto escepticismo, la pincelada exacta de ironía y humor, así como el trasfondo de una gran cultura erudita. Fue, y sigue siendo, uno de los maestros del relato corto de fantasmas, único género no académico en el que ejerció la creación. (2)”

Ilustración de Paul Lowe para el libro de James’ ‘The Uncommon Prayer Book’

 

Rhodes James se distanció ligeramente del estilo de la novela gótica tradicional para desarrollar una nueva tipología del relato de fantasmas, donde los espectros están más cerca a menudo de los horrores inefables de la fantasía de Lovecraft que de los aparecidos  y quejumbrosas almas en pena a las que nos acostumbraba el género. Parte del encanto indudable de sus creaciones radica en su portentosa capacidad de evocación, ya que el escritor era insuperable a la hora de sugerir lo terrorífico para invocarlo “partiendo sutilmente del centro mismo de la vida diaria” (3) ; para ello no dudaba en componer sus relatos, como hemos dicho, ambientándolos entre los oscuros anaqueles  de una biblioteca universitaria, o situándolos en la suave tiniebla de una iglesia centenaria o entre las ruinas de una emplazamiento templario, lugares donde pasó como erudito buena parte de sus días y que resultaban de una gran familiaridad, que lograba transmitir con eficacia a todos sus cuentos.

Sus protagonistas con frecuencia se enfrascan en la búsqueda de manuscritos en lúgubres bibliotecas o en diversas pesquisas arqueológicas, labores a las que el propio autor dedicó la mayor parte de su tiempo y que conocía a la perfección. Los personajes de sus relatos  eran investigadores, arqueólogos, bibliotecarios — como el propio autor--.  De igual modo, para contribuir eficazmente a la construcción de una atmósfera apropiada para el desarrollo de lo sobrenatural, Rhodes James se servía de escenarios reales como base para la ambientación de sus relatos de fantasmas.

Saint Bertrand de Comminges, encaramada en la colina,  en una postal de finales del siglo XIX

Por ejemplo, centró la acción de su cuento El manuscrito del canónigo Alberico en la iglesia de St. Bertrand de Comminges** ) en 1883, cuando este pueblecito parecía hundirse en el más completo abandono y mostraba una atmósfera lúgubre que lo hacían un lugar ideal para una de sus inquietantes historias.

El propio autor se manifestaba así , en el prefacio de una edicición de sus Cuentos completos de fantasmas, sobre esta singular evocación de ubicaciones reales como escenarios para sus fantásticas creaciones: “los lugares son de inspiración diversa; si alguien siente curiosidad por mis escenarios locales que tome nota de que St. Bertrand de Comminges y Viborg son localidades reales; en Silba y Acudiré tenía en el pensamiento el pueblo de Felistowe; en Una historia escolar, Temple Grove, en East Sheen; en El Tratato Middoth, la biblioteca de la Universidad de Cambridge; en El cercado de Martin, Sampord Courtenay -Devon-; que las catedrales de Barchester y Southmister son una mezcla de Canterbury, Salisbury y Hereford; que Herefordshire es el escenario imaginado de Panorama desde una colina; y el Seaburg de Un aviso a los Curiosos es Aldeburgh, Suffolk. ”

J.William Turner, ruinas de la catedral de Hereford

 

En estas palabras nos basamos para sugerirles una singular ruta de lo sobrenatural y lo espectral, de la mano proverbial e inspirada de Montague Rhodes James. Si disponen de unas semanas de asueto  en septiembre u octubre, pueden acercarse hasta estos lugares para pasear por las playas solitarias de remotos pueblos costeros, visitar ruinas y monumentos antiguos, refugiarse de las primeras lluvias del otoño en alguna vieja iglesia y, por qué no, perseguir fantasmas.

 

 

Saint Bertrand de Comminges, el órgano de la Catedral en una postal del siglo XIX

 

 

Varias estampas de Saint Bertrand de Comminges, otro de los emplazamientos reales que sirven de marco a los horrores imaginados por M.R. James

 

 

Viborg, a principios de siglo.

 

Viborg, otra de las localidades portuarias que sirvió de inspiración a M.R. James

 

 

 

La costa de Felistowe. Imagen de Matthew Fiddler

 

 

La costa de Felistowe sirve de marco a la historia titulada Silba y acudiré

 

 

 

Temple Grove School en un grabado antiguo

 

 

Temple Grove , East Sheen, escenario del inquietante relato “Una historia escolar” , que guarda no pocas similitudes con El Pozo, de W.W.Jacobs

 

 

 

Biblioteca de la Universidad de Cambridge, donde podría ambientarse la acción de El tratado Middoth tal y como la concebía M.R. James. Imagen de Vintage Postcards

 

 

 

Sampford Courtneay, Devon, en una foto de Sheepdog Rex

 

 

EL recuerdo de Sampford Courtenay, Devon, planea sobre algunos de más alucinantes relatos de M.R.James. Imagen de Yonderhill

 

 

 

Abbey Dore, en el entorno de Herefordshire

 

 

Largas caminatas por los campos de Herefordshire, entre ruinas y cementerios como éste, inspiraron Panorama desde una colina y otros relatos fantasmagóricos de M.R James

 

 

 

Seaburg, uno de los ficticios pueblos costeros de los relatos de M.R. James, se inspira en  (Aldeburgh, Suffolk), foto de James Fletcher

Aldeburgh, Suffolk, en una postal de principios de siglo.

 

 

 

 

Interior de la Catedral de Canterbury, en una vieja estampa.

 

 

Las catedrales de Canterbury Salisbury y Hereford sirvieron de base para las catedrales de Barchester y Southminster soñadas por M.R. James

 

 

Catedral de Hereford

 

Brass of John Stockton, mayor of Hereford, dated to 1480.

El final del viaje, Eton. Aquí  falleció el maestro en 1936,  el lugar donde había ejercido la mayoría de
sus actividades.

 

 

Un tubo basado en una de las terroríficas historias de M.R.James

 

-Notas, fuentes y vínculos-

 

(**) Ya hablamos de Saint Bertrand de Comminges a propósito del cocodrilo disecado dispuesto en uno de los muros de su iglesia que jalonaba nuestra particular

(1) Biografía y algunas de las obras más célebres de Mr. Rhodes James online

(2) La biografía de Montague Rhodes James en wikipedia y en Lovecraftweb

(3) Ilustraciones de Paul Lowe para algunos de los cuentos de M. Rhodes James

(4) Colección de adaptaciones televisivas (en inglés) de algunas de las obras de Rhodes James en DVD.  Versión en formato televisivo de algunas de las obras de M.R.James   © Robert Lloyd Parry 2006-2012 http://www.nunkie.co.uk/dvd.html Más en A Warning to the curious

(5)  Una reseña de La Noche del Demonio, de Jacques Tourneur, inspirada libremente en el relato de M.R.James El maleficio de las runas

(6) Portadas de Ghost and scholars archive

(7)  Gothic Horror Stories, The Mezzotint, de M.R. James . Y otros lugares para lo sobrenatural y lo espectral.

(8)  Un autor sigue la pista de uno de los relatos del erudito Montague Rhodes James, ambientando precisamente en Saint Bertrand de Comminges.

* Los soberbios cuentos de fantasmas de Montague Rhodes james constituyen, año tras año y de modo casi ritual, una de nuestras citas inexcusables con la lectura veraniega.

(9)  A podcast to the curious . Temple Grove, la localización para la historia Sucedió en un pensionado.

 

Miércoles, septiembre 5th, 2012 LA X MARCA EL LUGAR, MIS FAVORES TERRORITOS 5 comentarios

Un destino

  

Un destino: Rarotonga. Pero observen: et in arcadia ego; los cocoteros forman claramente el jeroglífico fatídico: 11. ¿Osará la paranoia perseguirnos en el paraíso, tan lejos del mundo conocido?

RAROTONGA es el nombre de una de las quince islas que forman el archipiélgao de las Islas Cook, un paraíso --según nos cuentan los que hasta allá han viajado--  constituido por una pléyade  de pequeñas estrellas flotantes con nombres exóticos e impronunciables, como Aitutaki o Mangaia.   RAROTONGA es la mayor de estas islas y tiene casi 15 mil habitantes, entre los cuales desearíamos contarnos, pues en aquellos parajes  hay hartos atractivos turísticos y un sinfín de ocasiones para disfrutar del sagrado -o no tanto-  tiempo de ocio. En definitiva, un Valhala, lujoso y caro, lleno de bellas huríes (orondas y de batas floreadas),  cocoteros y alguna que otra iguana que toma el sol, displicente y ajena a los problemas del mundo (que son muchos).   El poblado principal se llama Avarua, capital del archipiélago Cook (un dato muy relevante  por cortesía de Wikipedia). También hay cerveza en Rarotonga.

(Dicen las fuentes que consultamos, muy poco de fiar por cierto, que en fecha tan señalada como la de hoy convendría pedir un deseo (otros hablan de Anticristos, terrores atávicos, cometas, demonios encendidos, vórtices cósmicos o infusorios) ; ¿dónde querríamos estar en 11 11 11?) Nosotros nos pedimos Rarotonga.

 

 

(No podían faltar tampoco, en fecha tan satánica y  señalada, los sinvergüenzas  de un solo ojo, como el incombustible y cataplasma de Mike Rivers, vendiendo la moto del 11-11-11)

 

Por si fuera poco atractivo, Rarotonga era también el nombre de un personaje de cómic (malísimo, todo hay que decirlo): ” la sacerdotisa de una isla situada en alguna parte del océano… Poseedora de un gran atractivo sexual, debi ausar sus favores para defender a su pueblo, pero tambien disfrutaba manipulando las viudas de los blancos incautos que se enamoraban de ella. La historia fue escrita por Guillermo de la Parra, esposo de Yolanda Vargas Dulché. Tuvo dos partes, con unos 100 capítulos cada una.” (1)

 Rarotonga, su majestad negra. Hágala suya (cada martes, todo con comedimiento y orden, por favor)

 Rarorotonga fue creada por el señor. Guillermo de la Parra Loya, viudo de Doña Yolanda Vargas Dulché, cuando estaban de vacaciones en un crucero por las islas del sur, y en ese viaje conocieron a una mujer bellísima que les inspiró al punto el personaje.

 
 
Tongolele, 1949, para hacer el cuerpo a los ritmos de Rarotonga y las islas Cook
 
 
 
 
 
Un vídeo con una música insufrible que narra -por así decir- las excelencias (por así decir también) de las islas Cook
 
 
Un último tutubo con musiquilla más insufrible aún, que nos presenta Bora Bora como el lugar ideal para renovar los sagrados votos del matrimonio (quizá por que está muy lejos)
 
 
 
 
 
 
(1) Tomado de un fragmento del foro ¿Alguien sabe algo de Rarotonga?…
(2) Más cosas de Rarotonga en este foro de aquí (entren sin llamar, por la puerta trasera)
(3) Pida un deseo en la fecha “mágica” del 111 111; más detalles en el blog de Ana Vázquez
 
 
Viernes, noviembre 11th, 2011 LA X MARCA EL LUGAR, TERRA INCOGNITA 4 comentarios

El Mapa de Riviére

 

La historia –o el mito– tras el célebre misterio de Rennes-le-Chateau es de una riqueza y complejidad fabulosas, y de una naturaleza alambicada como pocas. Es ésta una leyenda caleidoscópica y proteica, con infinidad de episodios subterráneos y tramas laberínticas, auténticos meandros de abtruso significado donde es fácil –y maravilloso– perderse.   Miríadas de autores y mistagogos, primero (más de quinientos libros y opúsculos sobre el tema) , y más tarde toda una generación de internautas adeptos al catarismo  y ávidos de enigmas, han convertido lo que en origen aparecía como un folletinesco y pinturero relato local en una de las más fabulosas y rocambolescas historias que darse puedan, con tantas facetas que sería interminable enumerarlas. Ya hemos hablado en  alguna ocasión del Razés y su geografía jeroglífica, y me temo que volveremos a hacerlo.

Una de las facetas más hermosas y poéticas de ese inmenso poliedro –o monumental queso de Gruyére — que constituye el fenomenal misterio de Rennes le Chateau es la que presenta la teoría más sólida y hermosa sobre el enigma de cuantas presentó en su vida el investigador francés Jacques Riviére. Es un ejemplo notable de la belleza que  resplandece  en cualquiera de los rincones de este apasionante asunto del Razés. La hipótesis de Riviére, si bien no explica todos los pormenores del affaire –incluso suscita más preguntas que respuestas– es un magnífico ejemplar de historia con “mapa del tesoro” , cuyo desarrollo no nos resistimos a desvelarles aquí.

El escritor Jacques Rivière, uno de los pioneros de la investigación en el área de Rennes le Chateau, fallecido en el pasado 2006,  y que nos dejó “una de las obras más serias sobre el misterio de Rennes -Le-Chateau  (…) ” (2) afirmaba en su singular e intrigante teoría que “si uno alinea todos la cimas de las colinas de la región del Aude (3), resulta un dibujo que representa la figura de María Magdalena, arrodillada,  tal y como figura en el bajorrelieve del altar de la Iglesia de la Magdalena de Rennes-le-Chateau, diseñado y modificado por el Abbé Sauniére” , a quien se adjudica, entre otras hazañas, el descubrimiento de una tumba y de un fabuloso tesoro de origen nebuloso  –quizá un ajuar funerario de considerables proporciones– que algunas tradiciones locales aseguraban estar bajo la custodia del mismísimo Asmodeo, el diablo cojuelo.

(La imagen de la Magdalena penitente sobre un mapa con que aúna las elevaciones del terreno del Aude, según el diseño de Jacques Riviere. Foto ©2007-2011 rlcresearch.com  Rennes le chateu Research)

 

 (Magdalena penitente, bajorrelieve del altar mayor de la Iglesia de la Magdalena de Rennes le Chateau. Las similitudes con el diseño trazado en el mapa son evidentes)

 

Otros destacados investigadores franceses del misterio,como Pierre Jarcac, han llevado a cabo el ejercicio propuesto por Riviére sobre un mapa de la zona, confirmando la exactitud de las afirmaciones de este último. Si este trazado asombrosamente coindicente con el bajorrelieve del altar resulta ser también un mapa, entonces en la intersección que señala  la cruz en la que la Magdalena posa sus ojos se hallaría la localidad de Puichéric.  Esto, a decir de algunos, resulta una tremenda coincidencia, desde el punto y hora en que en la iglesia de Puichéric hay una vidriera que representa exactamente la misma escena. Riviére creía que el secreto descubierto por el Abbe Sauniére y sus -escasos- confidentes, era la localización exacta de antiguas minas muy ricas, comunes  en toda la comarca, algunas de las cuales ya fueron explotadas en tiempos de los romanos. Una vez más, la x marca el lugar, según dice la vieja fórmula.

 

(Un detalle del bajorrelieve de la Magdalena penitente, en la Iglesia de RLC. En el gesto peculiar de cruzar las manos algunos han querido ver también una significación oculta)

( El guardián del supuesto tesoro de Rennes le Château, Asmodeo, bajo la pila bautismal de la Iglesia de la Magdalena, bajo las iniciales B.S. Como la esfinge de los antiguos misterios, el diablo guarda celosamente la clave del enigma)

 

-Fuentes y vínculos-

(*) Redhae, el portal sobre Rennes le Chateau, el Razés y sus inextricables misterios.

(1)  Jacques Riviere y su obra sobre Rennes le Chateau

(2) Hemos tomado la mayor parte del texto en cursiva y las imágenes de Rennes le  Chateau, research and resource, una de las mejores páginas sobre el tema (en francés e inglés) aquí

(3) La región o comarca del Midi francés en la que se enclava el pueblo de Rennes-le-Chateau, cuyo nombre procede del Río que la atraviesa (wiki)

(4) Algunos aspectos del insondable misterio de Rennes le Chateau, para neofitos, aquí.

(5) Una de las mejores –aunque no actualizadas– revisiones del misterio (en portugués).

Finis gloriae mundi

(La apocalíptica Cruz de Hendaya, entre los legajos de Julien de Champagne. via)

 

“La Edad de Hierro no tiene otra marca sino la de la Muerte. Su jeroglífico es un esqueleto, portando los atributos de SATURNO: la guadaña,  el reloj de arena vacío, símbolo del tiempo que pasa inexorable”

Fulcanelli

 

La reciente catástrofe que vive Japón y los rumores insistentes acerca de los efectos a escala planetaria del terremoto del pasado 11 M han despertado los antiguos fantasmas del milenarismo y  los artículos  sobre un improbable cambio en la inclinación del eje de la Tierra ( ), de inconfudible aroma apocalíptico,  nos han hecho recordar la vieja e intrigante historia sobre la Cruz de Hendaya, que encontramos por vez primera en un oscuro opúsculo sobre alquimia y hermetismo firmado por un supuesto alquimista de identidad desconocida, que bajo el nom de plume de Fulcanelli incluiría este episodio  en su críptica  obra El Misterio de las Catedrales, en un capítulo final titulado Finis gloriae Mundi (7)

Más tarde  otros autores retomarían el asunto,  reelaborándolo con menor fortuna  en otros volúmenes, como ocurriría en El Testamento de Noé, de Paul Poësson (3 ), donde se recoge una antigua tesis ocultista la cual propone que, en un pasado remotísimo, un formidable cataclismo de proporciones gigantescas ocasionaría una terrible desviación del eje del planeta, originando la aparición de las estaciones,  aniquilando a la humanidad pretérita –origen de diversos mitos sobre civilaciones desaparecidas, como Lemuria y Mu– y dando fin a una larga  época de esplendor que sería denominada en algunas tradiciones la Edad de Oro. La revelación apocalíptica ligada a la Cruz de Hendaya, propugnada por Fulcanelli, se fundamenta en aquella tesis, y encuentra en el singular monumento, considerado por el artista una de sus “moradas filosofales” — esto es, un depósito de las fórmulas o doctrinas tradicionales cabalísticas y herméticas– una ilustración de la antiquísima doctrina de los ciclos. : ” En conexión con esto, quedaría por resolver si ése es también el origen de todos los otros mitos en que la noción de cuatro edades es igualmente prominente, como ocurre en las tradiciones maya e incaica y en muchas otras; e incluso de todos los demás “mitos de retorno” en los que —independientemente del número de edades— sobresale la creencia universal y antiquísima en la “caída” del hombre, tradición ésta que evoca el descenso y alienación del hombre desde una situación paradisíaca, dorada, hasta una etapa de total degradación de la humanidad —habitualmente terminada en un diluvio catastrófico—” (9)

 

 

(La Cruz de Hendaya, tal y como aparecía en una edición del libro de Fulcanelli El Misterio de las Catedrales)

 

El anodino monumento de un pueblo escondido en el sur de Francia (*), conocido casi exclusivamente  por el bizarro encuentro de dos célebres políticos durante  la Segunda Guerra Mundial, oculta, a decir de Fulcanelli, uno de los mayores secretos de todos los tiempos: la fecha final de la destrucción de nuestra civilización, con precisión astronómica: 21 de diciembre de 2012.

 

(El célebre hola-que-hay en Hendaya, patria chica de la Gran Cruz del Apocalipsis hermético de Fulcanelli)

 

Et voilá un fragmento del texto en cuestión, que ha sido objeto de una gran controversia durante años:

” La cara anterior de la cruz – aquella en que los tres horribles clavos fijaron en la madera maldita el cuerpo del dolorido Redentor – aparece definida por la inscripción INRI, grabada en su brazo transversal. Corresponde a la imagen esquemática del ciclo que vemos en la base. Tenemos, pues, aquí, dos cruces simbólicas, instrumentos del mismo suplicio: arriba, la cruz divina, ejemplo del medio escogido para la expiación; abajo, la cruz del globo, determinando el polo del hemisferio boreal y situando en el tiempo la época fatal de esta expiación. Dios Padre tiene en su mano este globo rematado por el signo ígneo, y los cuatro grandes siglos – figuras históricas de las cuatro edades del mundo – representan con el mismo atributo a sus soberanos: Alejandro, Augusto, Carlomagno, y Luis XVI . Esto es lo que enseña el epígrafe INRI, traducido esotéricamente por Iesus Nazarenus Rex Iudeorum, pero que toma prestada de la cruz su significación secreta: Igne Natura Renovatur Integra (la naturaleza será renovada completamente por el fuego) Porque es por medio del fuego y en el fuego mismo que pronto será puesto a prueba nuestro hemisferio. Y, de la misma manera en que, por medio del fuego, se separa el oro de los metales impuros, nos dice la Escritura que serán separados los buenos de los malos en el día grande del Juicio Final.”  (4)

(Otra imagen del monumento tal y como aparecía en la obra de Fulcanelli)

 

(La Cruz de Hendaya en la actualidad. Foto Los Viajeros)

Si el monumento es un aviso de algún tipo de catástrofe futura, habría que preguntarse de qué modo se decodifica su mensaje, y aún más importante, si nos dice cuándo habrá de producirse tan funesto evento. A primera vista, el monumento se divide en tres elementos fundamentales: la cruz superior, la columna o pilar que la sustenta y el pedestal de la base. La cruz tiene a su vez tres componentes simbólicos, el pilar tiene su propio emblema y la base cuenta con cuatro relieves que asímismo admiten una interpretación, lo cual hace un total de ocho imágenes susceptibles de contener algún tipo de clave o mensaje codificado.  Una posible decodificación completa de los símbolos del monumento pueden encontrarse en este curioso artículo de Jay Weidner

(Cruz de Hendaya: los símbolos del pedestal)

“(…) Este mensaje fatalista se encuentra codificado en el pedestal de la columna y la propia cruz. En cada una de las cuatro caras del zócalo, existen distintos símbolos: en el primer frontal aparece la imagen del sol con rostro humano con 16 rayos, rodeado de cuatro estrellas con tres puntas; en el siguiente, se representa a la luna menguante con rostro humano; la tercera cara muestra una estrella de ocho puntas, que podría significar la regeneración o Venus; y en la última, está grabado un círculo ovalado, dividido perfectamente en cuatro, donde en cada espacio aparece una letra A, representando las cuatro eras de la humanidad: Oro; Plata; Bronce; y la de Hierro, es nuestra actualidad. ”

En el brazo transversal de la cruz, están esculpidas en relieve y en dos líneas paralelas, la siguiente inscripción:

 

O CRUXAVES

PESUNICA

(Salve, oh cruz, esperanza única)

 

El texto es en todo similar a una sentencia típica de su tiempo: “O crux ave spes unica”, que significa “La cruz es la única esperanza”. Pero la inscripción hace una separación notable en la grafía de los vocablos  y Fulcanelli ve en ello una intención oculta por parte del artífice del monumento, que buscaría voluntariamente el error para poner de manifiesto la existencia de una segunda lectura. Así, “por ejemplo la letra S, se considera el rastro helicoidal del sol llegando al punto culminante en su curva a través del espacio, al producirse la catástrofe cíclica. Además la S, adopta la forma de una serpiente, lo que se atribuye a un simbolismo que representa a la bestia del Apocalipsis: un dragón que vomita, en los días del Juicio Final, fuego y azufre sobre la creación macrocósmica. Gracias al valor simbólico de la letra S, desplazada a propósito, comprendemos que la inscripción debía intrepretarse siguiendo otros criterios que los de la lengua habitual.” (via)

El extraño relieve de las cuatro “Aes” en la Cruz de Hendaya (abajo) es un “jeroglífico del universo” según Fulcanelli. Comprende los signos convencionales del Cielo y al tierra, lo espiritual y lo temporal, el macrocosmo y el microcosmo, cuyos emblemas fundamentales serían la  asociación de la cruz de la redención y el círculo, que representa al mundo -el cosmos-”

(Uno de los relieves de la Gran Cruz de Hendaya)

El escritor Jay Weidnerha dedicado mucho tiempo al estudio de los trabajos de Fulcanelli, especialmente a su  capítulo  sobre el complejo simbolismo de la Cruz de Hendaya,  insertado artificiosamente en su libro, que ha sido objeto de un gran controversia durante años.  Finalmente, despojado de toda su ganga, del núcleo duro de las revelaciones del enigmático alquimista francés se infiere que “la Gran Cruz de Hendaya parece describir no sólo el fin de las Cuatro Edades –llamadas Yugas, en la doctrina de los ciclos hindú–  (4 ) sino también las cuatro eras del sistema cronológico alquímico. De acuerdo con los símbolos del monumento, la Edad de Hierro, o Kali Yuga, llegará a su fin coincidiendo con el alineamiento galáctico que se espera para el solsticio de invierno del próximo  21 de Diciembre de 2012.”

(Un detalle del extremo superior de la  Cruz de Hendaya, donde figura la “X” que definitivamente, marca el lugar)

(Un diagrama de la precesión de los equinoccios)

Según la interpretación que Fulcanelli hace del simbolismo de la Cruz de Hendaya, las cuatro eras alquímicas comprenden los cuatro ciclos  de 25920 años de duración (cercanos al llamado Gran Año por los  pitagóricos (10) ) que definen la precesión de los equinoccios. (  ) Lo que parece decir Fulcanelli es que el mecanismo de precesión de los equinoccios puede ser dividido en cuatro edades distintas, de 6480 años cada una (25920 / 4,  redondeando). Esto es relevante desde el momento en que el Ciclo Zodiacal, que dura 25920 años, tiene cuatro signos fijos: Acuario, Tauro, Leo y Escorpión. Esos cuatro signos –curiosamente evocadores de los cuatro evangelistas del Tetramorfos– están separados por 65oo años cada uno. En diversas partes de la Biblia (Ezequiel, Apocalipsis) hay también referencias a estos cuatro pilares que sustentan el Gran Año. Según los astrólogos, actualmente nos adentramos en la Era de Acuario; la Cruz de Hendaya y Fulcanelli nos sugieren que se avecinan tremendos cambios que afectaran a la Tierra cuando entremos en alguno de los cuatro signos fijos. Aparentemente, algunos de esos “cambios” podrían ser catástrofes naturales de algún tipo.

(Algunos de los miembros de este foro ven similitudes entre el Sol de la Cruz de Hendaya y  la máscara de la Piedra del Sol mexica *)

(El calendario azteca y su simbolismo, en el que algunos ven un presagio de grandes catástrofes para el año venidero, 2012)

(La Piedra del Sol mexica: “En el centro del monolito se encuentra el rostro del dios solar Tonatiuh, cuyas garras apresan un corazón humano, y su lengua está representada como un cuchillo de pedernal, expresando la necesidad de sacrificios para la continuidad del movimiento solar (wiki )” .

 

(Nuestra modesta contribución al misterio: la cabeza de Medusa, que establece nuevas e insospechadas conexiones con el zodíaco y la cara más siniestra del Tiempo Devorador)

 

O  Crux  ave Spes Unica

 

Fuentes y vínculos

(1) Traducido libérrima y generosamente por Flegetanis  a partir de  El Monumento de Hendaya decodificado, Copyright 2005 Jay Weidner

(2) http://goaraya.blogspot.com/2009/06/la-cruz-de-hendaye.html

(3) Donde se pondría en relación directa con la doctrina de los ciclos hindú y el Gran Año pitagórico.

(4) Fulcanelli, El Misterio de las Catedrales, Finis Gloriae Mundi.

(5) Según la dotrina de los ciclos hindú, el tiempo estaría dividido, en su magnitud más “pequeña” –a escala cósmica– en cuatro Yugas, cercanos a las Eras de la mitología grecorromana; la primera sería Satya Yuga o Edad de Oro, según Fulcanelli. Los textos hindúes le dan una duración de 1.728.000 años; fue un era de esplendor, donde los seres humanos eran prácticamente inmortales y no existían guerras, hambre o calamidades. Una suerte de existencia paradisíaca. La segunda es la Edad de Plata, o Treta Yuga. En ella, las cosas empezaron a torcerse y todo en la Tierra comenzó su decrepitud y deterioro. Durante esta era el mal y la corrupción comenzaron su larga andadura. Los Vedas otorgan una duración de 1.296.000 años a este perídodo. Tras él llegaría el Dvapara Yuga, o Edad de Bronce, con el que coincide el momento de la “Caída” de la humanidad, en los términos bíblicos. Finalmente, la última época, en la que nos encontramos, es la Edad de Hierro o Kali Yuga.

(5) Imágenes de la cruz de Hendaia en Mercurio Radiante

(6) La política del secreto: Fulcanelli y el Secreto  del Fin de los Tiempos

(7) Texto completo de Finis Gloriae Mundi, en inglés, y El Misterio de las Catedrales, en pdf., por cortesía de Patapalo. En Eye of the Cyclone.

(8) Finis Gloriae Mundi, el volumen con los escritos originales de Fulcanelli sobre la Cruz de Hendaya

(.)  (10) “Cicerón (…) admite la dificultad de calcular este vasto período celeste, le asigna una duración de 12,954 años comunes, si bien la cifra precisa sería 12,960 años (180 x 72), como parecen indicarlo ciertos datos concordantes. Y en efecto, este último período, también llamado “gran año” tanto por griegos como por persas, es la mitad exacta del gran ciclo astronómico conocido como precesión de los equinoccios, o Año Zodiacal, cuya duración ha sido calculada tradicionalmente en 25,920 años comunes” (ibid.)

(9) y (10) Goytisolo, LUis MIguel, La Rueda del Tiempo: el mito de las Cuatro Edades

(11) La cruz de Hendaya y Nostradamus, en las Guerras Mesiánicas, para los viciosillos de los vaticinios y profecías.

(*) –Addenda et corrigenda por cortesía de Teresa — (véanse comentarios al pie)

 
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