EL VIAJE DEL HÉROE

16 Junio
2010
escrito por Flegetanis
 
 
        

      

Quo vadis?…*    

Este asunto del  viaje celeste de las almas después de la muerte ha sido ya tratado sumariamente en algunas de nuestra entradas pretéritas, pero aún nos proponemos añadir a cuanto dijimos entonces algunos conceptos interesantes que desarrollaremos en esta ocasión con mayor detalle.                      

El arranque de una larga tradición literaria sobre el asunto del viaje sidéreo post mortem encuentra en Platón y en su herencia pitagórica, uno de sus más directos responsables. La creencia en la inmortalidad del alma humana y su relación estrecha con los astros permea la literatura babilonia e indo-irania, donde habría que buscar el origen último de esta tradición, así como la fuente de la idea de la categoría divina de los planetas y del zodiaco, y su influencia en los asuntos del hombre. (1)                        

             

La rueda del Zodíaco en un manuscrito islámico

El zodíaco o el Cielo, con el agujero o clave de la bóveda central,según la cultura china.

En esta escatología del zodíaco, el papel de la luna es fundamental, puesto que este astro representa el lugar de acceso y ascensión definitiva hacia la liberación o el regreso a la manifestación, hacia la tierra; de ahí su denominación de “Puerta del Cielo”.                        

El creciente lunar asociado a la Puerta del Cielo como advocación de la figura de la Virgen madre

Una de las advocaciones de la Virgen es la de Puerta del Cielo, Ianua Coeli

 (Una de las advocaciones de la Virgen es la de Puerta del Cielo)                  

Algo similar hallaremos en el mazdeísmo, cuyo discurso escatológico  establece que en su viaje hacia la liberación, las almas puras han de atravesar un puente llamado Cinvat –aquí el puente es una expresión simbólica similar al “acceso” o “puerta” representada anteriormente por la luna–  que se eleva sobre el abismo infernal; desde este lugar las almas suben a la región de las estrellas fijas para entrar desde aquí al círculo de la luna (que determina el regreso a la manifestación, la vuelta a la existencia terrena del individuo) o bien, según su grado de santidad, acceder al reino del Sol, morada de Ahura-Mazda, la luz infinita.                        

La más importante aportación de los babilonios a este sistema de creencias en torno al viaje sidéreo es la introducción del mito de las dos puertas celestes por las que ascienden y descienden las almas, así como la idea de la influencia de los planetas en el destino humano, que llegará a ser uno de los elementos clave en la doctrina de las religiones orientales, especialmente en los misterios de Mitra, donde el tema de las puertas celestes y su relación los solsticios será especialmente desarrollada.                          

Relieve con la escena de Mitra tauróctono. En los misterios de Mitra la rueda del Zodiaco tiene especial relevancia.

En los misterios de Mitra, los dadóforos Cautes y Cautopates representan las Puertas de acceso y salida de la caverna cósmica y los dos solsticios

Desde el inicio de esta tradición sobre el viaje de las almas se pone de manifiesto su carácter literario; ya el mismo Platón se ocupa de presentarnos en forma mitificada el asunto del viaje sidéreo. Más adelante, en Roma, Virgilio retoma parte de la escatología esbozada por Platón en algunos versos de su Eneida, donde describe el encuentro del héroe con Anquises, su padre. (3) Posteriormente, en el siglo V, encontramos de la mano de Macrobio una síntesis de las ideas fundamentales aportadas por los neoplatónicos, pitagóricos, gnósticos y primeros cristianos. En el cristianismo se amalgaman muchos de estos conceptos que van a formar parte de la doctrina cristiana de ultratumba.                       

              

La Comedia de Dante se hace eco de la tradición pitágorica del viaje celeste del alma

Este compendio de creencias tuvo su pervivencia en ambientes cultos hasta bien entrada la Edad Media, donde empiezan a mezlcarse con otros planteamientos del viaje del alma debidos a influencias diversas, desde la escatología musulmana a la tradición bíblica, como el episodio de la Escala de Jacob o la Escala de Mahoma, según la visión islámica del Infierno. Esta última tradición pudo tener un efecto notable en el diseño de la Divina Comedia de Dante, obra cumbre en el final del Medievo que recoge y cristaliza todas estas corrientes a propósito del viaje celeste del alma a través de las esferas planetarias.                        

              

La escala planetaria alcanza la primera de las esferas planetarias, la Luna, que marca el primer peldaño en el viaje celeste del alma

            

En el sueño o visión de Jacob, aparece una escala por la cual suben y bajan los ángeles: el lugar de la visión es llamado Puerta del Cielo 

              

En la larga tradición sobre el viaje sidéreo  se han descrito básicamente dos formas del mismo, uno que define un itinerario de cuatro etapas, y otro que describe un recorrido a través de las esferas planetarias.  En esta segunda forma  del viaje planetario, el alma se desprende –o se carga, según el sentido de ascenso o descenso hacia el mundo manifestado—de impurezas materiales, densas o “metálicas” (en el sentido que los alquimistas daban a los metales asociándolos a los planetas) a su paso por las diversas esferas;  finalmente, la unión con la divinidad o liberación tiene lugar en la Puerta del Paraíso celeste, que muchas tradiciones vinculan con la Vía Láctea ( n).                   

            

            

(El mundo en el nivel más interno, denso e inferior del sistema de esferas planetarias, según la visión gnóstica del verdadero infierno)           

                  

(El Camino de Santiago, también llamado Camino de las Estrellas, identificado con la Vía Láctea, participa del simbolismo del viaje sidéreo del alma. El papel de la Vía láctea en la escatología grecorromana y especialmente en los misterios de Mitra es especialmente relevante, identificándose casi siempre con la morada del reposo de los Justos. )            

La Vía Láctea, también llamada Camino de Santiago, es en esta tradición la meta del viaje sidéreo

La Vía láctea se hace coincidir con el mundo divino o no manifestado del que las almas de los hombres inician su viaje de descenso hacia el mundo terreno, según el relato que Macrobio realiza de este viaje de de las almas a través de los círculos planetarios y del Zodíaco. Las almas descenderán al Zodíaco por medio de uno de los puntos de contacto — o Puertas– entre ambos círculos siderales, fijado en Cáncer, para pasar luego a las siete esferas planetarias, que atraviesan hasta quedar encerradas en el cuerpo físico –la esfera de mayor densidad–. El viaje de ascenso participa del mismo itinerario, pero a la inversa, y la entrada en la Vía Láctea, empíreo o Paraiso, se efectúa a través de la Puerta de Capricornio.                        

                 

(El Pórtico de la Gloria, jalón del Camino de Santiago o Vía Láctea,  puede ser interpretado en parte a la luz de la doctrina de las Puertas del Solsticio)                 

                         

(En algunos lugares, como es arriba es abajo, algunos bienaventurados pueden comprobar en determinadas épocas del año la operatividad de las Puertas Solsticiales )

              

Por una de esas puertas, la de Cáncer,  explicita Macrobio, bajan las almas desde lo indivisible, experimentando simbólicamente lo que se ha dado en llamar “la caída del hombre” –al menos tal y como la interpretaban los gnósticos—cubriéndose de estas impurezas metálicas y entrando, por fin, en los que Pitágoras llamó el Reino  de Plutón, refiriéndose al sistema planetario, pero también al mundo manifestado, y por ende nuestro mundo; de ahí la doctrina gnóstica que piensa el mundo como una suerte de “infierno” o creación invertida o especular de de un mal demiurgo, una “prisión” para el alma que recuerda su naturaleza divina y ansía su regreso al empíreo, su lugar de origen y verdadera patria; éste también quizá es el sentido último de la idea del “peregrino” en su acepción de “extranjero” o “extraño”, en cuanto espíritu ajeno al mundo sensible.                        

               

               

   (  La estructura del infierno de Dante se adecua al itinerario de las esferas planetarias fijado para el viaje sidéreo )            

                           

              

  (En la escatología gnóstica, cada esfera planetaria –la primera de las cuales es la luna– está regida y custodiada por un arconte, que impide la salida del alma de la prisión en la que se halla confinada, el mundo sensible)     

Esta identificación de las Puertas del Cielo con los signos de Cáncer y Capricornio, y su vinculación con los soslticios de verano e invierno, respectivamente, se encuentra en diversos textos herméticos y principalmente en el Antro de las Ninfas, de Porfirio, que parte de la tradición de la gruta homérica de Itaca (n) para llegar a establecer definitivamente los elementos característicos y fundamentales de esta creencia. Sin embargo, las primeras noticias sobre la doctrina de la existencia de unas Puertas de paso de las almas a la Vía láctea son mucho más antiguas, y al menos habría que remontarlas a los pitagóricos, y existen además numerosos paralelismos más allá de la mera coincidencia con la tradición védica de las Puertas de los Hombres y las Puertas de los Dioses, Ptri Yana y Deva- Yana.( )                       

             

               

                 

Según Guénon, este Antro de las Nifas es el equivalente de la caverna “cósmica” , la cual podrá tener dos puertas “zodiacales”, opuestas (…) y por lo tanto correspondientes, respectivamente, a los dos puntos solsticiales, una de las cuales servirá de entrada y la otra de salida; en efecto, la noción de estas dos “puertas solsticiales” se encuentra explícita en la mayoría de las tradiciones, y se le atribuye por lo general una importancia simbólica considerable. La puerta de entrada se designa a veces como la “puerta de los hombres”, quienes entonces pueden ser iniciados en los “pequeños misterios” como simples profanos, puesto que no han sobrepasado aún el estado humano; y la puerta de salida se designa entonces, por oposición, como la “puerta de los dioses”, es decir, aquella por la cual pasan solamente los seres que tienen acceso a los estados supraindividuales. No queda ya sino determinar a cuál de los dos solsticios corresponde cada una de las dos puertas (…)                        

               

              

Yana es una palabra sánscrita con una gama de significados que incluye sustantivos como ‘vehículo’, ‘viaje’ o ‘camino’, y verbos como ‘ir, moverse, montar o marchar’; además de la correspondencia simbólica, fonéticamente se acerca a Ianua, latín para puerta y a Ianus, el dios de las puertas. (n) Efectivamente, estas dos puertas solsticiales están vinculadas al simbolismo de Jano, como hemos apuntado en otras ocasiones.  Jano es el ianitor (portero) que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos, la llave como simbolismo axial que lo conecta a Jano con la parte Suprema.                

                         

Estas dos puertas, de Cáncer y Capricornio, son identificadas por Platón con dos aberturas, por las que descienden (Cáncer) o ascienden (Capricornio) las almas en su viaje, según refiere Porfirio en el citado Antro de las Ninfas. También menciona Porfirio que existen otras opiniones que aseguran que el Sol y la Luna son las puertas que las almas atraviesan en su viaje; la polaridad de los astros equivale aquí a la dualidad que ofrecen igualmente las dos caras de Jano, el dios de los misterios y las iniciaciones, en cuya imagen hay que ver otra manifestación de esta tradición oculta sobre las Puertas Solsticiales. ( )                         

                         

          

 (n) La gruta o caverna cósmica, es aquí un símbolo del cosmos considerado como el mundo manifestado, “físico” o inteligible 

        

         (La salida del Cosmos) 

En cuanto a la primera versión del viaje del alma, considerado como un periplo en tres o cuatro fases, merece la pena destacar el papel clave del Sol y la Luna, que ya los pitagóricos identificaban con las Islas de los Bienaventurados.  En este modelo, del que los mitos platónicos fijaban los fundamentos para el Occidente grecorromano, el destino celeste de las almas está ligado a un lugar intermedio en el que hay dos simas por las que suben y bajan las almas, y otras dos más arriba en el cielo, simas perfectamente identificables con las Puertas solsticiales.                        

Con Plutarco, la geografía del más allá participa de la influencia platónica y se enriquece con la adaptación del Hades de los griegos, con sus agujeros , simas o Puertas al cielo y la tierra, y con la gruta o antro donde las almas esperan su destino.                        

A lo largo de los siglos esta corriente literaria del viaje sidéreo, que hemos visto remontarse a la antigüedad clásica y más allá, si tenemos en cuenta los paralelismos con las doctrinas védicas,  irá añadiendo paulatinamente elementos diversos a la geografía imaginaria de su recorrido ultraterreno, así como un sinfin de nuevos conceptos escatológicos tomados de otras tantas formas religiosas y tradicionales, de los cuales nos merece la pena destacar especialmente la figura del guía que, bajo la forma de un dios, daemon, ángel –en la versión cristiana ya vimos a San Miguel desempeñar tal función– , astro rey, Hermes, Mitra, el propio Cristo, o en la Comedia de Dante, Virgilio y Beatriz, ayuda al alma a superar las dificultades que habrá de encontrar en tan peligroso y difícil ascenso a traves de las esferas, hasta el noveno cielo, el Empíreo, meta de nuestro viaje.                        

 

       

Beatriz guía a Dante a través de las esferas en este dibujo de Boticelli

                        

                         

        

(Truman –True man– efectúa su particular salida de la caverna cósmica, bajo la atenta mirada del celoso arconte y guardián de la puerta,  Christoff –Christ OFF–)        

     -Fuentes, notas y vínculos-      

* Quo Vadis?     

Quo vadis?  es una frase en latín que significa ¿Dónde vas? o también, en nuestro caso, el pequeño matiz (¿dónde crees que vas?)  Su uso más frecuente se refiere a un episodio de la tradición cristiana recogido en los apócrifos Actas de Pedro (V.A.XXXV) en el cual San Pedro encuentra a Cristo cuando el primero escapa de una segura crucifixión en Roma. Pedro formula a Jesús la pregunta; a lo que el Salvador responde: “voy a Roma para ser crucificado de nuevo” (Eo Roman iterum crucifigi), lo cual espolea el valor de Pedro quien a raíz de este encuentro continuará con su ministerio y llegará a ser un mártir.    

La frase, por otro lado, aparece en otras ocasiones en la Vulgata, especialmente en el pasaje de Juan XIII:36  (Simón Pedro le dijo: Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: Adonde yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después)   

(1) Fragmentos tomados de  Pérez Jiménez, Aurelio.  Pérez Jiménez, Aurelio, El Viaje Sidéreo de las Almas: origen y fortuna de un tema clásico en Occidente. Universidad de Málaga.         

(3) Truman y la doctora Arroway, protagonistas de El Show de Truman y Contact, también buscan desesperadamente a sus padres, pero sólo logran encontrarse con una buena réplica       

- Desvelando (o casi) el gnosticismo galopante del Show de Truman, en este vídeo                                

(2) Homero, el Hades y la gruta de Itaca en Paradise Found                

Quo Vadis?… La doctrina del viaje celeste del alma en el paganismo en Astral Ascent        

Escatología musulmana y visión islámica del infierno en la Escala de Mahoma(           

(10) Para abundar en esta asociación con el simbolismo de Jano,  véase  Guénon, René, y también       http://www.euskalnet.net/graal/rgsajua.htm                  

Véase  sobre el tema del antro de las Ninfas, René Guénon, la salida de la Caverna               

                       

        

14 Junio
2010
escrito por Flegetanis

 

The Rime of the Ancient Mariner por Gustave Doré (Jonnard, grabador)

HIELO POR TODAS PARTES

 

Tiempo ha que se han reconocido y señalado  paralelismos entre las obras de Edgar Allan Poe y Samuel Taylor Coleridge, si bien las asombrosas concomitancias tanto en la temática como en numerosos aspectos puntuales de “Un Descenso al Maëlstrom” (A descent into the Maleström) de Poe, y La Balada del viejo marinero(Rime of the Ancient Mariner) de Coleridge, no han sido aún debidamente subrayadas.  Tal vez estas similitudes han sido obviadas porque el relato de Edgar Poe ha sido rápidamente catalogado como una sencilla ilustración de su doctrina del “efecto único“  o como un ejemplo elaborado de su proverbial habilidad para incorporar la temática científica a una historia de aventura y misterio. Como quiera que sea, el reconocimiento de los valores morales y espirituales del relato en cuestión no han sido justamente comprendidos. “Un descenso en el Maelström”, así como participa de idéntica atmósfera y argumento que “La balada del Viejo marinero”, así también coincide en la cuestión de la trascendencia espiritual. (1)

En el nivel más evidente, ambas composiciones, el Descenso y The Rime…, son historias sobre el mar y sobre el viaje; sobre un viaje en particular en el cual el horror y la fascinación exceden el de cualquier otra narración existente. Ambas son, de hecho, narraciones de un viaje arquetípico, cuyo significado para los participantes del mismo entronca con el sentido mismo de la existencia. Habiendo sobrevivido a tan catastrófica navegación, los marineros adquieren una extraordinaria habilidad para penetrar los misterios de la vida en cuanto ellos mismos han sufrido tan de cerca la experiencia de la muerte, llegando hasta la zona limítrofe de la disolución y el caos, y habiendo sobrevivido; llegando así a convertirse en profetas o videntes cuya misión será siempre llevar a los otros las verdades que les han sido reveladas por tan increíbles vivencias.

Ambas creaciones presentan también similitudes en su estilo narrativo, pues el relato de esas aventuras es contado de primera mano por el único superviviente de tan terrible viaje. Al igual que el viejo marino de Coleridge, el lobo de mar de Poe en el “Descenso en el Maelström” parece también obligado a contar su historia, como catársis individual y como intento –de afán evangelizador– de legar a otros la verdad que han descubierto.

Asímismo, en el cuento de Poe y el poema de Coleridge, los medios a través de los cuales los marinos logran la salvación final incluyen devolver a su curso natural las fuerzas que previamente habían sido invertidas. Los protagonistas alcanzarán la redención muy cerca de un estado límbico entre la vida y la muerte, donde percibirán la belleza en medio delambiente de degradación y  corrupción que los rodea.

Los seguidores de la doctrina de la Tierra Hueca encontrarán quizá en estos relatos ecos lejanos de la teoría del mundo interior, cuya entrada se fijaba en la proximidad de los Polos; en el caso del Descenso al Maelström, la imagen evocadora es la de un vórtice gigantesco que recuerda la entrada al mundo subterráneo, metáfora aquí del Abismo o quizá de algo peor; en el poema de Coleridge, el recuerdo de la dotrina del inframundo viene de la mano del viaje del navío a la  Antártida, donde comienzan las calamidades y los horrores para los tripulantes que se acercan a la ominosa frontera marcada por los hielos. Una vez más, el sempiterno símbolo del Polo como antesala de este tártaro, infierno glacial o mundo subterráneo.

Dadas estas y otras similitudes, no es descabellado pensar que diversos pasajes del poema de Coleridge sirvieron de germen para que el torturado genio de  Edgar Poe posteriormente pudiera concebir uno de sus más oscuros y complejos relatos.   

 

 (Ilustración de Harry Clarke para un Descenso al Maelström, de Poe)

 

(Bernie Wrigthson ilustra de este modo el relato de Poe)

The Rime of the Ancient Mariner es el poema más largo en lengua inglesa, escrito por  Samuel Taylor Coleridge en 1797-1799 .  Gustave Dore, uno de los mejores ilustradores de todos los tiempos, se ocuparía de traducir en imágenes la obra de Coleridge  con la serie de estampas a la que pertenecen las pocas que reproducimos bajo estas líneas.  

 

 

 (Grabados de Gustave Doré para The Rime of the Ancient Mariner, de S.T.Coleridge)

 

 

(Así nos cuentan los Iron Maiden la historia de Samuel Taylor Coleridge)

 

(1)  Traducción libérrima a partir de  J. YONCE, Margaret, The Spiritual Descent into the Maelström: a debt to the “Rime of the Ancient Mariner“, Univiersity of South Carolina

(2) Todas las ilustraciones de Gustave Dore para The Rime of the Ancient Mariner, de Coleridge

(3) Bernie Wrightson ilustra un Descenso al Maelström y otras grandes historias de Poe, en este blog del Cine de Terror  Clásico

 

 

3 Junio
2010
escrito por Flegetanis

  

Tened por bien que dé noticias al mundo de lo que el Centro de la Tierra esconde  

Virgilio, ENEIDA, l. VI  

   

  Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la tierra, como he llegado yo. Arne Saknussemm.  

Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra  

Declaro que la tierra está hueca y que es habitable en su interior; que está formada por un cierto número de esferas concéntricas, cada una dentro de las otras, y que está abierta en los polos doce o quince grados; emplearé mi vida si es necesario en defender esta verdad, y estoy dispuesto a explorar el interior del globo, si el mundo quiere apoyarme y  brindarme ayuda en el intento.  

 John C. Symmes (1780-1829) La Teoría de la Tierra Hueca   

    

El capitán Symmes, autor de las líneas precedentes, fue un hombre de gran sencillez ; de espíritu elevado, honorable y honesto. Un hombre ejemplar en cada aspecto de su vida, venerado y respetado por todos cuantos le conocían. Tan firmemente grabada en su mente estaba  la creencia en esta teoría que durante diez años, a pesar de trabajar en condiciones  económicas difíciles y verse sometido a la burla y el ridículo de todo un mundo en su contra, perseveró en sus pesquisas hasta el punto de interesar a otros en el asunto, que buscaron comprobar la verdad de sus afirmaciones llevando a cabo una expedición al polo, que no alcanzaría sin embargo la ansiada meta.  

  

   

FACILIS DESCENSUS AVERNI
  

El asunto del descenso al interior de la Tierra les ha sido puntualmente señalado  en algunas notas sobre las expediciones al Artico, y en una breve semblanza sobre la vida y milagros del aventurero singular Nicolas Roërich. Abundamos sobre este affaire tan misterioso ahora que hemos conocido un sitio, llamado acertadamente Mundus Subterraneus , en el cual se nos presenta una bibliografía comentada muy completa de la literatura fundamental en torno al fascinante tema de la Tierra Hueca, los mundos subterráneos, las regiones más allá de los polos, Agartha y Samballah y otros misterios del  mundo secreto intraterreno.   

Un aspecto del supuesto agujero en el polo, acceso al inframundo

 

De todos los títulos recogidos, ninguno tan seminal y conocido como la obra de Jules Verne, Viaje al Centro de la Tierra (1828 – 1905); no se entiende una bibliografía sobre la Tierra Hueca sin citar esta popular novela, publicada por vez primera en 1864. El volumen ha conocido cientos de traduciones a otros idiomas y numerosísimas reediciones. La historia, recordémosla una vez más, narra las peripecias de un profesor y su discípulo, un sobrino del mismo (1) Axel, que recibe una verdadera iniciación, repitiendo el modelo de Dante y Virgilio en los Infiernos, que con la ayuda de un guía experto descienden al interior de la Tierra a través de un volcán en Islandia , lindando con las regiones polares. Allá se desarrollarán múltiples aventuras, incluyendo encuentros con animales prehistóricos, hasta que consiguen eventualmente acceder a la superficie de nuevo en el sur de Italia.  

El mito de un inframundo habitado ha sido objeto de varias interpretaciones en el celuloide rancio. Fotograma de The Mole People

 

 En realidad, el motivo del Viaje al Centro de la Tierra verniano es una prolongación, como ya apuntamos en alguno de nuestros breves artículos sobre la conquista del Polo, de su novela Las Aventuras del Capitán Hatteras, donde hallamos la misma historia con una combinación diferente de sus argumentos principales.  Este gran poema subterráneo es la obra más fantástica de la saga de Julio Verne, y el más extremo de sus Viajes Extraordinarios, el único que puede sustraerse a la ecuación que toda la serie postula: imaginario igual a real, explicada por Verne de modo cauteloso al declarar que “todo lo que un hombre puede imaginar, otros hombres serán capaces de realizarlo”. Y así ha sucedido, con excepción de este Viaje al Centro de la Tierra. Hasta la fecha, nadie ha podido llevar a cabo tal viaje, aunque han sido numerosos los intentos de acometer semejante tarea, y hoy no se sabe mucho más del interior del globo que en la época de Verne. Al menos, fuera del terreno de las hipótesis.  

            

Recordemos que el profesor Lidenbrock, principal protagonista de la novela de Verne, sigue las huellas de un alquimista, Arne Saknussem, remontando en su camino el pasado de la naturaleza, en un verdadero regreso a las fuentes. En esto también Viaje al Centro a la Tierra entronca con la tradición del descensus ad inferos, el descenso a los infiernos, en su vertiente de regresus ad uterum, la vuelta al seno de la Gran Madre Ctónica, paradigma de los ritos de paso; y es que la obra de Julio Verne reviste todos los elementos de un viaje iniciático, porque el pretexto de la aventura no ensombrece el núcleo verdadero de la historia, la  del viaje de descubrimiento o la búsqueda individual en pos de la sabiduría, de la gnosis y, en el caso de Axel, otro de los protagonistas de la novela, de la conquista de la madurez intelectual y espiritual.  

De este modo, mediante su conexión con la alquimia, se revela la verdadera naturaleza del relato de Verne como un auténtico descenso a los infiernos; un viaje de iniciación ritual. Según Simone Vierne, que ha consagrado un monumental estudio al carácter iniciático de la obra verniana (2), ésta tiene su raíz en la corriente de tradiciones esotéricas más arcaicas, como los misterios eleusinos, la queste griálica, el hermetismo y la masonería, por no hablar del ciclo de Gilgamesh y la eterna busca de la inmortalidad, así como el mito tibetano de Agartha y otras ciudades subterráneas. La constante presencia de los grandes temas míticos en la obra de Jules Verne incitan a algunos autores a ver en ella  una mitología bien estructurada, una planificada y consciente revisión de ritos esotéricos, o bien una recreación en filigrana de los mitos escogidos por las grandes obras literarias (3)  

En el interior de la Tierra suelen habitar criaturas antediluvianas; no en vano se considera el mito como un trasunto del Paraíso Perdido

 

Si puede ponerse en tela de juicio que todas las obras de Jules Verne participen de este carácter iniciático, no cabe dudarlo en lo que se refiere particularmente al Viaja al Centro de la Tierra, de simbolismo tan evidente y tan turbador el cortejo de elementos rituales y esotéricos que aparecen en esta obra. En este sentido, merece la pena recordar que el ritual de toda ceremonia de iniciación comporta tres secuencias fundamentales: la preparación del candidato –que tiene lugar a menudo en el antro, caverna o recinto sagrado– , el viaje, símbolo de muerte, tránsito o metamorfosis, y el renacimiento, resurreción o salida del antro iniciático.  En la novela de Verne, el comienzo del viaje está marcado por la aparición de un documento secreto, en forma de criptograma, escrito en carácteres rúnicos, esto es, sagrados –se atribuyen al mismísmo Odín– y transrito en latín por un alquimista, Arne Saknussem, cuyas obras habían sido destruídas al considerarlas heréticas. Este manuscrito investido de propiedades misteriosas y esotéricas equivale a una revelación que definitivamente marca el camino y señala el comienzo de la empresa iniciática. El hecho de que la ciencia de Lidenbrock, el científico, se revele impotente para descifrar el criptograma, y que sea el cándido Axel quien lo haga por azar o intuición, manifiestan que éste ha sido elegido por su inocencia (como en el célebre caso de Galaad en la queste griálica) para conquistar la cima.  

   

(El manuscrito en caracteres rúnicos que contiene la clave del acceso al Inframundo en la novela de Verne)  

Prosiguiendo con la lectura en clave simbólica de la obra de Verne, podría añadirse que el destino del viaje es el centro de la tierra, el punto supremo, imagen del Centro primordial, lugar sagrado por excelencia, inaccesible al profano. Y del mismo modo, el umbral o paso de entrada se halla en un volcán, puerta del infierno, en algún remoto lugar de Islandia,  región que participa del simbolismo polar, una vez más asociado a la imagen del Paraíso o Axis mundi. En la novela, este acceso al inframundo debe cumplirse en una fecha determinada, la del solsticio de verano, cuya significación en determinados rituales de la masonería y en el contexto de los misterios de la antigüedad hemos puesto de manifiesto en diversas ocasiones. Finalmente, el juramento del silencio es impuesto al neófito, como establecen los cánones de la inciación, especialmente en el caso de algunas religiones mistéricas y en la francmasonería.  Basten las pequeñas notas aquí apuntadas para poner de relieve el componente esotérico del Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, cuya vertiente simbólica admite una lectura de mayor profundidad a nivel iniciático que quizá podramos retomar en otra ocasión.  

       

(Cubiertas de The Hollow Earth y La Diosa de Atvatabar, dos obras clásicas en torno al motivo de la Tierra Hueca)  

Aunque la inmortal novela de Verne es la más popular de las ficciones en torno al motivo de la Tierra Hueca, existen  antecedentes a esta teoría y a su uso en la ficción, como la obra El viaje al inframundo de Niels Klim, de 1741,  Nicolai Klimii iter subterraneum (Niels Klim’s Journey Underground), dek escritor danés Ludwig Holberg (1684 – 1754) quien aprovechó  con fines fantásticos por vez primera la teoría del astrónomo Edmond Halley (quien dió su nombre al célebre cometa)  de la estructura de la Tierra y otros planetas como una serie de esferas concéntricas, en torno a un pequeño sol central,  con aberturas en sus polos, tesis que el científico presentó en el curso de una lectura sobre magnetismo y publicada por la Royal Society en 1692. (4)  

La estela de la novela de Verne fue seguida por una serie de obras que abundarían en detalles sobre el asunto de la Tierra Hueca. Entre ellas, destaca por su carácter seminal un exitoso libro titulado Etidorpha, de John Uri Lloyd, que aún puede ser hallado en la red, que conocería también varias reediciones. Esta edición concreta  que mostramos destaca poderosamene por los símbolos de apariencia egipcia de su cubierta, y difiere de las anteriores en que comprende capítulos adicionales que no fueron incluídos entonces.  (4)  

Ilustración de la novela Etidorpha

 

  

 Etidorpha, publicada por primera vez en 1895, es una de las más famosas y enigmáticas obritas sobre la Tierra Hueca; incluso Howard Philips Lovecraft  la leyó,  y notaría que el título es un anagrama de Aphrodita (5). Magníficamente ilustrada por J. Augustus Knapp, este libro fue tan bien acogido que rápidamente se tradujo a varios idiomas, entre ellos el sueco y el alemán, y aún hoy está en imprenta. Su autor, John Uri Lloyd, un farmaceútico, escribió también otras novelas. A propósito de esta oscura  Etidorpha se han sugerido igualmente conexiones con el mormonismo y la masonería; su propio autor diría sobre su creación que “Etidorpha no es una simple ficción; la misión de este libro está oculta para la mayoría de sus lectores (…)”  

 La doctrina concerniente a un globo terráqueo hueco en cuyo interior vivirían los humanos permeó en ciertos sectores de la sociedad alemana a través del piloto de guerra Peter Bender, quien, según se dice, mientras convalecía como prisionero en un hospital de sangre durante la Primera Guerra Mundial, cayó en sus manos un ejemplar de The Flaming Sword, la revista de Koresh, padre de la teoría de la Tierra Hueca. Bender encontraría a Johannes Lang, también interesado en el tema, y ambos visitaron a Karl Neupert entre 1925 y 1928. Mientras este último daba a la imprenta su Geokosmos, Lang publicaría varios opúsculos con su versión de la doctrina del Mundo intraterreno, ayudando a su difusión en Alemania, comenzando en 1935 con The New World View, que volvería a ser editado en varias ocasiones hasta los años sesenta. Johannes Lang, que moriría en 1967, conoció a su vez a U.G. Morrow, un estrecho colaborador de Koresh. Lang también fundaría la Sociedad para la Búsqueda del Mundo Terreno (Gesellschaft für Erd-Weltforschung) que mantuvo su actividad hasta 1975.  

     

(Otras dos obras vetustas y fundamentales en la bibliografía de la Tierra Hueca: El Sello Divino y el Dios Humeante)  

Lo que quiera que sea que los alemanes de la época pensaron de todo aquello, se ha perdido desafortunadamente en las brumas del tiempo, así como la motivación del autor Walter Brenner-Kuckenberg para escribir y publicar su panfleto Leben Wir Auf Oder In Der Erde? Die Hohlwelt-theorie (¿Vivimos en el interior de la tierra? La Teoría de la Tierra Hueca) en 1949. Después de todo, esto sucedería apenas cuatro años tras la desvastadora guerra que destruyó a la Alemania Nazi y a medio mundo, transformándolo en una gigantesca escombrera, reduciendo ciudades enteras a cenizas y limitando la vida humana a la meras supervivencia diaria tras cinco años de amargura. Podríamos pensar que había muchas cosas de las que preocuparse, aunque  quizá este género de temas cercano a la ficción servía de evasión a una desesperada población que vivía en tan calamitosas circunstancias; la cuestión es que, como muestran diversos estudios, la publicación de este tipo de publicaciónes esotéricas raramente se han visto detenidas por asuntos tan mundanos como una guerra mundial. Especialmente en Alemania, donde la doctrina de la Tierra Hueca formulada por Koresh fue recogida durante la Primera Guerra y perpetuó su influencia hasta 1960.  

  

 Entre los más inusuales libros del mito de la Tierra Hueca destaca The Smoky God, o Un viaje al inframundo, escrito por Willis George Emerson (1856-18918), donde unos pescadores noruegos, encabezados por Olaf Jansen, son conducidos accidentalmente más allá de las regiones boreales por una tormenta. Entonces entran en un desconocido mundo interior cuya estructura recuerda la teoría de las esferas concéntricas del Capitán Symmes. Allí los expedicionarios encontrarán una avanzada raza de giagantes que han desarrollado una poderosa civilización que usa la energía del núcleo solar, al que llaman El Dios Humeante. Al final del relato, Jansen, el pescador, regresa a la superficie terrestre y, años más tarde, en su lecho de muerte, entrega el manuscrito de su historia a Emerson, quien lo publica, procurando así el marchamo de autenticidad a tan increíble experiencia.  

Algo más tarde, hacia 1820 verá la luz otra peculiar obra sobre el Mundo subterráneo, llamada Symzonia, o Un Viaje de Descubrimiento (Symzonia, A Voyage of Discovery ) (6)  cuya autoría y fecha de publicación exacta no están muy claras. El autor se oculta bajo el nomme de plume  Capitán Adam SeabornSymzonia describe un viaje al interior de la tierra hueca, basándose largamente en ideas de John Cleves Symmes, para descubir no sólo tierras fértiles, sino también a sus pobladores humanoides. Algunos mantienen que el autor de este libro es el mismo Symmes, pero hay quienes sostienen lo contrario aduciendo que la calidad literaria del Symzonia sobrepasa la capacidad de Symmes.  

Frederick Culmer (1822 – 1892) fue un autor mormón que publicaría El Mundo Interior: Una nueva teoría, en  1886. Sus  ideas a propósito de una tierra hueca habitada tienen varias fuentes de inspiración, que van desde sus propias ideas sobre la estructura de las esferas huecas, hasta los argumentos de John C. Symmes sobre la estructura interna de la tierra. En el argumento de la obra se relaciona, por  influencia del Libro de Mormón, la raza que habita el interior de la tierra con la tribu perdida de Israel.  

Internet y Google Earth han despertado el mito de la Tierra Hueca de su viejo letargo: aquí, una de las supuestas entradas polares al inframundo

 

   

     

(Cubiertas de Etidorpha y Die Hohlwelt-theorie)  

En 1892 el mito de la Tierra Hueca vuelve a enriquecerse con la aparición de La Diosa de Atvatabar, o la historia del descubrimiento del mundo interior(The Goddess of Atvatabar; being the history of the discovery of the interior world, and conquest of Atvatabar), de William Richard Bradshaw (1875-1927), quien concibe una ambiciosa novela alrededor de una raza perdida inspirada en la teoría de Symmes de las esferas concéntricas. En el libro, un grupo de exploradores navega a través del agujero del polo Sur, hasta encontar un vórtice en el mundo subterráneo –un recuerdo lejano de un Descenso al Maelstrom, del genial Edgar Poe– que les permite acceder al continente de Atvatabar, donde vive una civilización tecnológicamente superior a la humana. Esta novela es especialmente notable también por sus singulares y numerosas ilustraciones.  

  

Los nativos pobladores del inframundo de Phosphor: an Ischian Mystery, escrita por  Sherry J. Filmore, y publicada en Australia en  1888, son imaginados como criaturas antropoides prehistóricas que hablan en latín y tienen un brillo fosforescente. Esta novela ha sido considerada como la “historia australiana más grotesca jamás escrita“. En ella, un empobrecido joven, enterrado vivo tras ingerir veneno de serpiente para probar un antídoto de su propia invención, escapa a un reino subterráneo habitado por los extraños primates.  

Otro autor, en este caso una mujer, Enma Louise Orcutt, perpetra el siguiente episodio en la nutrida lista de obras que fundamentan el mito de la Tierra Hueca, publicando un no menos extraño El Sello Divino (The Divine Seal ) en  1909. La historia es una mezcla de ocultismo con una fantasía sobre la raza perdida, ambientada en un futuro lejano donde son recuperados los antiguos vestigios de la Atlántida (presumiblemente una parte de un antiguo continente) que conducen a una expedición al Ártico en busca de Zallallah –fonéticamente cercaco a Shamballah– un pueblo aún más antiguo qu los primera raza aria.  

   

En Thyra, una novela en el abismo polar  Thyra, A Romance of the Polar Pit de Robert Ames Bennet, publicada en  1901, cuatro exploradores que viajan en globo se estrellan en una región inexplorada del Ártico. Allí para su sorpresa se encontrarán con una tierra cálida colonizada por criaturas fantásticas, desde dinosaurios a mamíferos prehistóricos, una raza de monos antropoides y un pueblo descendiente de los antiguos navegantes y guerreros vikingos que descubrieron este mundo en una época pretérita.  

 Ya en 1906 se publica El Fantasma de los Polos (The Phantom of the Poles) de  William Reed , que presenta una colección de testimonios de exploradores polares sobre fenómenos extraños o inexplicados, desde vientos cálidos, depósitos de arena o polvo, rocas dentro de icebergs, vastas extensiones de tierra libres de hielo, zonas de agua dulce en pleno oceáno polar, y bizarras auroras boreales. Todo este material sustenta la imagen de  las áreas polares como una antecámara de la Tierra Hueca.   

La Tierra Hueca (Hollow Earth) es el contundente título que Franklin Titus Ives da a su obra sobre el tema publicada en  1904, que retoma una vez más la teoría de Symmes, por el que declara su admiración. El mismo año el mundo asiste a la presentación de otra obra relacionada, titulada El último descubirmiento del Señor Oseba (Mr. Oseba´s Last Discovery), y publicada en Nueva Zelanda en 1904 por Geroge W. Bell, que rubricaría este estraño libro que cuenta las experiencias de un habitante de un mundo subterráneo con entrada bajo el Polo Sur, deudor evidente de la teoría del capitán Symmes.  

En Mundus Subterraneus podrán continuar, si lo desean, su particular viaje de descubrimiento a través de la fascinante, abundosa y desconcertante literatura en torno al mito –hasta hoy– de la Tierra Hueca y sus complejos entresijos, que bien merecen una reflexiva y atenta revisión por parte del lector inquieto.  

   

-Fuentes y vínculos-  

(1) De modo que los Viajes al centro de la tierra constituyen una forma particular de los “Viajes con mi tía”, esto es, el “viaje con mi tío” –en realidad, una forma menor y menos avanzada de esta genial disciplina aventurera.  

(2) Vierne Simone, Jules Verne et le roman initiatique, Editions du Sirac, Paris, 1973  

(3) Lamy, Michel, Jules Verne, initié et initiateur, Paris, VVEE.  

(4) Textos traducidos libremente a partir der Theo Paijmans, Mundus Subterraneus  

(5) O también Venus, cuya significación está más próxima al simbolismo de la vertiente más oscura del mito de la Tierra Hueca, como dominio del Phosphoros, Lucifer o Rex Mundi.  

(6) Pueden acceder a Symzonia, la obra  completa en esta dirección http://olivercowdery.com/texts/1818symm.htm#item2  

(7) El texto completo de Etidorpha, en su versión original con ilustraciones.  

(8) Más sobre la tierra hueca, aquí.

6 Mayo
2010
escrito por Flegetanis

 

La conquista de las regiones boreales, y la idea del Polo como centro de la tierra e imagen del Paraíso nos llevan en este tramo de nuestro extraordinario viaje hasta las  regiónes de los Hiperbóreos, con quienes soñaban los pueblos céliticos, identificando el norte con esta Tierra de los Vivientes, simbología que fue lamentablemente mal entendida y explotada con fines más siniestros por la propaganda nazi, que adoptaría el signo del polo como emblema tristemente famoso.  La región de Hiperbórea, más allá de los vientos del norte, era la tierra de un pueblo mítico situado en el extremo más apartado del reino de Bóreas, donde se desconocían los rigores del invierno y las sombras de la noche; una versión –y las hay bien diversas– de la Tierra sin Mal o El Dorado, según las imágenes que las culturas sudamericanas y precolombinas han acuñado para el  Jardín del Edén.

012- Bahia Smeeremberg- Spitsbergen 1839

 Hiperbórea, también llamada Thule o Última Thule es otra expresión o imagen simbólica del Centro o Paraíso Primordial. Una región misteriosa  y mítica cuya  a localización geográfica se apuntaba  universalmente en el extremo norte, bien en el área más septentrional del continente asiático, en Groenlandia o más allá, bajo las aguas heladas del Océano ártico.Por esta y otras razones su significación simbólica está definitivamente ligada a la del Polo, y a la idea de inmortalidad. Así, la leyenda hiperbórea que ha llegado hasta nosotros tiene su origen entre los griegos, que hablan de esta tierra “más allá del viento del norte” como un paraíso septentrional poblado por inmortales, donde no existe el invierno (1) 

North Pole.

(La conquista de Hiperbórea, otra imagen próxima al simbolismo del Polo)

Las fábulas del país de los Hiperbóreos están asociadas al mito de Apolo y sus leyendas. Según la tradición, el dios regresaría periódicamente a esta región y cada primavera llegaba a Delfos; algunos de los rituales vinculados al culto de Apolo tendrían su origen en Hiperbórea. Se contaba también que en su país habia nacido Leto, madre de Apolo. Los utensilios y objetos sagrados apolíneos venerados en la isla de Delfos parecían tener también filiación hiperbórea. Las leyendas de los delios hablaban de las ofrendas rituales enviadas por los hiperbóreos a la isla de Apolo por manos de las doncellas Hipéroque y Laódice.

Sin embargo, sin pruebas arqueológicas concluyentes como argumentos en favor de la existencia de Hiperbórea, esta cultura mítica, como la Atlántida (2)  ha poblado los sueños de visionarios y enfebrecidos escritores y ha sido objeto de numerosos opúsculos y volúmenes que giran en torno a su existencia, así como del misticismo más dudoso o la revelación personal, como en el caso del  Libro de Eibon y su lenguaje “hiperbóreo”, reminiscente del lenguaje angélico del Doctor John Dee, o de  la polémica  obra The True Secret History of The World canalizado mediante escritura automática por la medium Amelia Dunn, donde nos cuenta la decadencia y destrucción de Hiperbórea.

(Thangka Kalachakra)

Todos los viajes al norte representan, de algún modo, la  búsqueda de Hiperbórea; así como todos los viajes tienen algo de heróico y son un trasunto del viaje final. Como en la Expedición al Gran Norte, objeto de este fenomenal post en Odisea 2008 , donde nos cuentan que “el 13 de Junio de 1838 la corbeta francesa “La Recherche” zarpaba del Havre.  A bordo de la misma se encuentraba un cierto número de científicos y de artistas franceses que en compañía de científicos escandinavos invitados, iban a estudiar durante casi tres años las costas nórdicas y las zonas marítimas que las bordean”. Una segunda expedición llamada Recherche II se organizaría para recoger datos que fueron publicados entre 1842 y 1855 en el “Atlas Pittoresque”, bajo el titulo “Voyages de la Commission scientifique du Nord: en Scandinavie, en Laponie, au Spitzberg et aux Féroé, pendant les années 1838, 1839 et 1840 sur la corvette La Recherche” (3), de donde hemos extraído estas fabulosas y evocadoras ilustraciones.

Las imágenes de esta Expedición al Gran Norte,  al margen de las consideraciones geográficas y científicas incuestionables, ilustran extraordiariamente la fascinación por la búsqueda de inexploradas regiones –plenas de tesoros como nuestra ansiada inmortalidad– que esperan, más allá de los vientos fríos del confín de la tierra y del invierno de la vejez y la muerte, a ser descubiertas y conquistadas.

011-Anclaje de La Recherche cerca de la montaña Isbre- Spitsbergen 1838

010-Vista de Beerenøyen 1838-Spitsbergen

008-parte de un gran glaciar en una montaña (4 de agosto de 1838)-Spitsbergen

 

-Fuentes y vínculos-

(1) Más sobre Hiperbórea en Aventuras Extraordinarias, un pariente lejano de Viajes con mi tía.

(2) A menudo se ha especulado con la conexión entre Thule y el mítico continente perdido de la  Atlántida

(3) Los grabados y el texto en cursiva pertenecen al post  Expedición al Gran Norte,  de la genial Odisea 2008.

3 Mayo
2010
escrito por Flegetanis

La alquimia prometeica de nuestra última entrada sobre Frankenstein nos ha hecho recordar que, en tanto buscador de la inmortalidad, el doctor Frankestein también pertenece a la larga línea de buscadores del Grial. Ya hemos visto, a propósito de la Fuente de Juventa, cómo en algunas tradiciones este Grial portador de vida eterna, adquiría indistintamente la forma de un vaso y una piedra concepción que constituye la base alquímica de la creación; en este sentido afirma Carl Gustav Jung (1) que el vaso corresponde al Unun vas de la alquimia y su contenido, a la mezcla semiorgánica de la cual debía nacer el cuerpo vivo del lapis (la piedra), o bien esa extraña figura de la segunda parte del Fausto de Goethe: el homúnculo (equivalente, en cierto modo, al Golem de los cabalistas).

En diversas tradiciones que quizá tengamos ocasión de analizar someramente en futuras entradas, la inmortalidad se vincula a una piedra conspicua, de singulares características, que a menudo se identifica con la “piedra de Saturno”  (3)y ésta con el lapis philosophorum, la piedra de los filósofos o piedra filosofal de la alquimia. Una de las primeras y más significativas apariciones de este piedra singular se produce de la mano de Wolfram Von Eschenbach en la novela Parzival del siglo XIII, con la que arranca buena parte del ciclo del Grial. En ella, el autor incorpora una nueva forma de Grial, con idéntico valor simbólico pero diferentes connotaciones; el Grial aquí es el lapsit exillas, o lapis exillis según la denominación que el alquimista Arnau de Vilanova le otorga en su Rosarium Philosophorum; para algunos, como Guénon, esta piedra representa el sentido de eternidad porque, según cuenta el relato, se trataría de una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer en el momento de su Caída. Del mismo modo, en el caso de la Novela de Alejandro, la piedra de inmortalidad también se asocia al estado primordial anterior a la Caída, pues allí se dice que Adán la conservó tras su expulsión del Edén, anécdota que participa de idéntico simbolismo al del relato griálico.

Photobucket

(La piedra negra caída del cielo, adorada y reverenciada por los antiguos romanos)

Cibeles entrega a Saturno una piedra envuelta en un paño para engañarle pensando que se trata de su hijo Júpiter

(Cibeles entrega a Saturno la piedra conspicua envuelta en un paño)

 Según se dice, la piedra que Saturno devoró creyendo que era su hijo Júpiter fue puesta en el Helicón como recuerdo para los mortales. Así cantan a esta piedra conspicua en el opúsculo hermético Atalanta Fugiens: ¿Queréis saber la razón de que tantos poetas canten al Helicón y de que haya quien intente escalar su cumbre? En su cima está la Piedra, Monumento en el vértice, que su padre vomitó en lugar de Júpiter. Si tomáis estas palabras al pie de la letra es que vuestra mente está enferma, pues aquella es la piedra química de Saturno. (5)

 

(Saturno arroja la piedra negra, la piedra de los filósofos. Epigrama XII alquímico de Atalanta Fugiens)

El Saturno de los alquimistas, según Klosowsky de Rola (4) es la piedra de los filósofos, de color oscuro, que evoca los versos del Cantar de los Cantares “negra soy, pero hermosa” (nigra sum sed formosa); corresponde a la Nigredo, la fase de la Gran Obra hermética que se identifica con la negrura de la putrefacción, en la cual ven los primeros indicios del éxito que coronará la empresa alquímica.

(Un grabado alquímico presenta los símbolos de la Nigredo)

 Igualmente importante es la faceta que relaciona la Piedra Negra de Cibeles con este Lapis exillis, piedra en el exilio, según Guénon, en tanto es lapis ex caelis, “piedra caída de los cielos” que por razón de su origen (el cielo, la frente de Lucifer) está “exilidada”, como el propio Ángel Caído. Este lapis exillis como piedra de inmortaliad ha sido vinculada simbólicamente con el Grial  y este a su vez, en  su dimensión de copa oracular (Génesis XLIV, 5) a la Piedra negra del culto de Cibeles, que cumple del mismo modo esta función de oráculo. De modo que, desde la perspectiva simbólica, la Piedra Negra es también una “piedra caída del cielo” –de ahí la naturaleza meteórica de muchos ejemplares de los omphalos o betilos o piedras de fundación, como el de la piedra negra de la Kaaba y la propia piedra negra de Cibeles– representando el “descenso” de la Unidad  al mundo manifestado (6).

 

(En árabe la piedra celestial de la Kaaba es llamada ”Hadjera el-Assouad ” (piedra negra) es un aerolito de tamaño que según las creencias musulmanas fue presentado al patriarca Abraham por el arcángel Gabriel. En esta foto nos llama además poderosamente la atención la curiosa presencia del parasol, que independientemente de su función concreta,  es uno de los símbolos o atributos de la realeza sagrada)

 

      

(Varios aspectos del lapis niger, según diversas manifestaciones culturales del símbolo)

Por último, conviene destacar la analogía entre la piedra negra y la montaña del mundo, símbolo del centro, como tuvimos ocasión de vislumbrar a propósito del mapa de las regiones polares de Bertius (s.XVIII); la piedra se ha considerado como una montaña en miniatura, esto es, un símbolo de la Montaña Cósmica o Centro dle mundo, morada de la divinidad en muchas culturas tradicionales, conectada en tanto que Eje del Mundo con el mundo subterráneo y la caverna, en su vertiente simbólica complementaria o descendente. Tanto la piedra como la montaña simbolizan este Axis mundi que, según hemos visto en otras ocasiones, es verdaderamente La Puerta del Cielo (bethel), y el puente que conecta los tres mundos. Su forma habitulamente cónica responde entre otras cosas, a esta asociación con la montaña sagrada. (7)

Sirvan hasta aquí todas estas consideraciones para poner de manifiesto la increíble complejidad de significados que se ocultan en torno a esta piedra conspicua que ha sido objeto de innúmeros estudios a los que les remitimos para continuar su particular viaje, como hiciera Alejandro Magno, en pos de este tesoro que anida en su interior, la preciosa e inaccesible -para casi todos- inmortalidad.

 

-Fuentes y vínculos-

(1) Jung, Psicología y Alquimia

(2) González Moreno, Beatriz, Lo sublime, lo gótico y lo romántico: la experiencia estética en el Romanticismo inglés

(3) La piedra que según la mitología, Saturno devora pensando que es su hijo Júpiter, y que luego vomita al percatarse del engaño.

(4) Klosowsky de Rola, El Juego Aúreo

(5) La lengua de los pájaros, estupenda blog sobre alquimia, con una mención sobre la piedra de Saturno.

(6) Josep M. Gracia, la Ciudad de Gerión, sobre el papel de la piedra en los ritos de fundación tradicional de las ciudades .

(7) Negra, pero hermosa. La piedra, excelente artículo sobre el simbolismo de la Piedra negra , de Fernando Trejos.

(8) Una infinidad de magíficos grabados en The Alchemy Website

2 Mayo
2010
escrito por Flegetanis

  

Lucas Cranach, La fuente de la Juventud  

    

“…Estos buscaban la fuente de la eterna juventud en la península de la Florida; la ciudad de El Dorado en la Guyana y en Nueva Granada; el país de la canela en las selvas del Amazonas… Pero eran sueños destructivos: muchos perecieron ahogados en los torrentes, murieron de tifus o viruelas, fueron comidos por las fieras o se vieron obligados a comerse a sí mismos; y porque los guiaba la ambiciosa imaginación, nombraron a los territorios que iban pisando, o trataban de encontrar, con los nombres que llevaban en sus cabezas: la Florida, El Dorado, California, Amazonas, Patagonia, una geografía ya definida en los libros de caballería o inspirada en ellos.” ( 1)  

“…Y cómo los exploradores se maravillaban del número de años que vivían los etiopes, alrededor de ciento veinte años, y algunos aún superaban este término; los condujo (el rey) a una fuente tal que quienes se bañaban en ella salían más relucientes, como si fuese de aceite, y que exhalaba aroma como de violetas. Decían que el agua de esta fuente era tan sutil que nada podía sobrenadar en ella (…) y si en verdad tienen esa agua y es cual dicen, quizá por ella, usándola siempre, gocen de larga vida (“2)  

“—Señor Dios —inquirió Alejandro Magno—. ¿Cuántos años viviré? Pero no hubo respuesta del dios. Después, Senusert, cuyo nombre egipcio significaba «El de Orígenes Vivos», intentó consolar a Alejandro, pues el silencio del dios hablaba por sí mismo (…) Desilusionado, Alejandro dejó las cuevas y «prosiguió el viaje que tenía que hacer»: buscando el consejo de otros sabios, buscando un escape a su destino mortal (…) ” (3)  

Las leyendas en torno a las fuentes naturales de las que brota el agua milagrosa que algunos identifican con el Elixir de larga vida son muy numerosas. La más célebre quizá sea la del conquistador Ponce de León, que habría encontrado, según una leyenda apócrifa, una de estas fuentes en las Bahamas, en la isla de Bimini. Famoso por su infatibable búsqueda fue el conquistador Juan Ponce de León, descubridor de La Florida, caminó sin descanso buscando un lugar mítico llamado Bimini, pleno de prosperidad y riqueza, en el que según las leyendas estaría la Fuente de la Eterna Juventud. En la época de los descubrimientos (desde el siglo XV hasta inicios del XVII) las historias sobre manantiales con poderes curativos y regenerativos eran muy difundidas entre los indígenas de las tierras recién conquistadas en el Caribe.  

Ponce de León oyó hablar a unos indios del Caribe de una fuente en cuyas aguas se remozaban los viejos tornándose mancebos, y dispuso una expedición en su busca. Era ya un viejo invento del Preste Juan que aparecía en el Roman d’Alexandre. Y hombres y carabelas anduvieron perdidos por más de seis meses, cuenta Fernández de Oviedo, quien se queja de que fue muy gran burla decirlo los indios y mayor desvarío creerlo los cristianos. (4)  

  

(Ponde de León, descubridor de la Florida y buscador incansable de la Fuente de la Juventud)  

La fuente de la juventud, símbolo de la inmortalidad, es una fuente legendaria cuyas aguas tienen propiedades curativas y devuelven la juventud a quienquiera que las beba o se bañe en ellas.  El  de la Fuente de Juventa era un tema bien conocido en la Edad Media:  se hallan menciones en el Libro de las Maravillas del mundo de Juan de Mandávila, y en diversas obras sobre el enigmático Preste Juan, al que algunos identifican con el Rey del Mundo. Pero su origen es más antiguo, y puede relacionarse con el mito del Jardín del Edén, como veremos.  

  

Recordemos que en la imagen del Paraíso terrenal, cuatro ríos parten del centro, es decir, del pie mismo del Árbol de la Vida, y se separan según las cuatro direcciones principales señaladas por los puntos cardinales. Entonces, se desprende que surgen de una misma fuente, que deviene simbólica del Centro y del origen de la manifestación. Según la tradición, esta Fuente de la Vida es la Fons Iuventutis cuyas aguas pueden asimilarse a la bebida de inmortalidad (néctar, amrita). Por eso se considera que su significado, en tanto agua que brota, simboliza la fuerza vital del hombre y todas sus sustancias (así en el kundalini yoga, la alquimia y otras formas del tantrismo).  

  

Fotograma promocional de la película The Fountain, sobre el mito de la búsqueda de la inmortalidad y la liberación del Samsara)  

  

(Cartel promocional de Cocoon, otro filme que retoma el antiguo mito de la Fuente de la eterna juventud)  

Las leyendas e historias sobre la Fuente de Juventa, de aguas milagrosas, se remontan al tiempo de las Novelas de Alejandro y fueron un tema corriente hasta la Era de los Descubrimientos en Europa. Una versión más tardía del mito tiene su origen en la historia del “agua de la vida” de las Novelas de Alejandro, donde Alejandro Magno y su siervo cruzan las tierras de la oscuridad para encontrar la fuente de aguas curativas.  Algunos elementos de esta historia, como el personaje del sirviente de Alejandro, proceden a su vez de de una saga recogida en el Corán y de las  leyendas de Al-Khidr, de Oriente Medio.Existen además incontables fuentes indirectas para el mito de la Fuente de la Vida. Una de ellas podía haber sido tomada del relato evangélico en el que Cristo sana a un hombre en la piscina probatoria en Jerusalén, el estanque de Betesda. En general, muchos enclaves sagrados relacionados con manantiales o fuentes naturales se asocian a esta capacidad milagrosa de las aguas.  

  

(Cristo en el estanque de Bethesda)  

A menudo la inmortalidad como don precioso es objeto de muchas leyendas, historias y mitos, donde se se manifiesta a través de objetos o utensilios maravillosos, que en ocasiones representan el fin del viaje o la gesta del héroe (grial, manzana de Conn). La piedra filosofal alquímica, la panacea universal y el elixir de la vida participan del mismo simbolismo de la aguas de esta Fuente de la Juventud. A veces el agua milagrosa aparece vinculada a una piedra o una roca, de la que brota, o con la que directamente se confunde: en la tradición hermética, el elixir de la vida guarda una íntima relación con la piedra filosofal. Así en la leyenda de Alejandro Magno en busca de la piedra conspicua, que Adán llevaba consigo cuando abandonó el Paraíso, y que emitiendo una luz señala la presencia de un manantial de aguas que confieren la inmortalidad. También en las diversas versiones del ciclo del Grial, éste puede adoptar la forma de una piedra (Wolfram Von Esenbach) y sus propiedades curativas se asocian tanto al continente –el vaso, el grial– como al contenido –la sangre preciosa de Cristo–.  

  

(Relieve de la Catedral de Amiens. Abraham y Melchitsedec junto al pozo.)  

En realidad el tema de la Fuente de la Vida bien pudiera tener su punto de partida en la “Fons Iuventutis (fuente de la juventud)” al pie del Árbol de la Vida, centro del Paraíso Terrenal, de donde brota el agua de la inmortalidad.  El tema es familiar también para la cultura hindú y el mitraismo. En Europa es conocida la “Fuente de la Juventud” del Códide de Sphaera, en Florencia, relacionada como el símbolo del  ”Jardín” donde suele haber una fuente central (signo de la intimidad y del reposo –también símbolo del Sí mismo, o Atmá– )como en el ejemplo del Jardín de las Delicias, del Bosco, en el Museo del Prado, o algunas representaciones en el centro de los tableros del popular Juego de la Oca. En una escena de la pintura mural del Castillo de la Manta (Saluzzo, Piemonte) de la primera mitad del siglo XV, todos los personajes representados junto a esta Fuente de la Vida experimentan una mejoría física al contacto con el agua milagrosa. Lo mismo sucede en la xilografía de Jungbrunenn, de 1520, donde los viejos, enfermos y lisiados llegan hasta la fuente esperanzados. (source)  

  

Por otro lado,  el simbolismo alquímico del tema de La Fuente de la Juventud ha sido señalado en numerosas ocasiones:  ”El Jardín de las delicias”  del Bosco presenta en su centro un alto alambique; su cuello emerge de una media luna. Del cuello del alambique emergen dos fuentes de agua mágica que cae sobre el lago que está en la base. Un personaje traga con placer el agua que sale de la fuente. El mismo motivo de la fuente nos presenta el Bosco en “El Paraíso terrenal”, donde se ve a Adán y Eva en el Paraíso. En el centro de un estanque se alza otra elegante fuente con múltiples salidas de agua.    

Recordemos la asociación entre estas fuentes que vivifican y los baños que hacen las delicias de la humanidad. Fuentes y baños se encuentran constantemente en los tratados alquímicos. En el Rosarium Philosophorum de Arnaldo de Vilanova, se nos muestra al Rey y la Reina sentados en un estanque lleno de agua, donde realizan la hierogamia bajo los augurios del Sol y de la Luna . Parece haber aquí alguna relación con el tema de los Jardines de Venus, o Jardines de Amor, en cuyo centro a menudo se representaba un estanque o fuente alrededor de la cual los amantes se entregaban a los placeres del mundo.  (5)  

  

   

   

   

   

  Virtutum fons. Emblemata Amoris divini Emblemata 

  

  -Fuentes y vínculos-  

(1) Ramírez, Sergio: Atajos de la Verdad  

(2) Tomado de Heródoto, los Nueve Libros de Historia, lib. III, 23  

(3) Xentinel; Alejandro Magno, el Hijo de Zeus  

(4) La búsqueda de la inmortalidad, en el El último cazador de Monstruos  

(5) La alquimia en el Bosco, Durero y el Renacimiento, Symbolos.

30 Abril
2010
escrito por Flegetanis

Peregrinos hacia Santiago. Imagen Unpaseoporlatierra.com

Gerardo Diego (1896-1987) (2)

¿A donde vas, romero,
por la calzada?
Que no soy romero,
Soy santiaguero.
A Roma van por tierra.
Yo miro al cielo.
Va la luna conmigo
Descalza. Y sigo.
¿A dónde vas, hormiga,
por la cañada,
hormiga en el sendero
del hormiguero?
Voy al final del mundo
que ya se acaba:
canjilón de la noria
y alba de gloria.
¿a dónde vas cantando,
el peregrino,
cantando en lengua extraña
por la montaña?
Voy a la piedra madre
y al agua meiga
y al ángel avutarda
que ya no guarda.
¿A dónde vas, de dónde
soñando vienes?
Cerré anoche los ojos.
Dormí en los tojos.
No me acuerdo de donde
soñando vine.
Pero aunque no me acuerdo
ya no me pierdo.
Voy al más duro croque,
Beso más blando.
Piedra y agua salvando,
resucitando.

 

 

(1) El Camino de las Estrellas

(2) Guía del Camino de Santiago. Un camino para todos.

30 Abril
2010
escrito por Flegetanis

Imagen Fench book covers

Los obstáculos y las pruebas que encuentra Ulises en su interminable regreso a Itaca -trasunto del viaje sidéreo del alma hasta el Empíreo- son numerosos. Después de enfrentar a las sirenas, uno de los más terribles encuentros de su viaje es el representan Escila y Caribdis,  dos monstruos que acechan a los navegantes, uno devorando a los hombres después de atraparlos con sus múltiples brazos, el otro sorbiendo y vomitando el agua del mar. Se trata de una imagen perfecta de esa “estrecha senda”, de  ese camino entre dos abismos que todas las enseñanzas realmente tradicionales plantean como paso inevitable (…)” (1)

Odiseo entre Escila y Caridbis, de J.H. Fuseli (2)

(1) Claves esotéricas de las grandes obras literarias, según Hermógenes Bastarrica

(2) Más obras de Henry Fuseli aquí.

29 Abril
2010
escrito por Flegetanis

 

Nicholas Roërich, la Ruta a Shamballah, 1933.© Museum Roerich, New York

Apenas ha comenzado nuestra aventura polar y nuestros primeros pasos ya nos ha llevado muy lejos, hasta remotos paisajes plenos de fenomenales misterios. De la mano de Edgar Allan Poe y Julio Verne hemos llegado hasta la puerta misma de un reino subterráneo, donde adivinamos entre la bruma el perfil diamantino de  Agharta y Shamballah, las enigmáticas regiones del mundo intraterreno, en el que nos adentramos en esta ocasión guiados por Nicholas Roerich.

El sueño de Roerich, convertido en empresa y aventura personal, se gestaría - como casi todos los grandes sueños y propósitos- en la infancia. Cuando aún era un niño de nueve años, un amigo arqueólogo llevó al joven  Roerich consigo mientras realizaba unas  exploraciones en la región, excavando los túmulos locales. Esta aventura supuso una revelación para Roerich: el encuentro fascinante con  los misterios de las eras olvidadas, rescatados con sus propias manos, despertó un interés en la arqueología que habría de durarle el resto de su vida. Mediante otros contactos desarrolló interés por coleccionar su propio Wunderkamern:  artefactos prehistóricos, monedas, y minerales, y construyó su propio vivero para el estudio de plantas y árboles (…)

Roerich (Nikolai Rerikh, en ruso) generalmente conocido como pintor, dejó un legado de cerca de 7000 obras, siendo su faceta más popular la de decorador y diseñador de vestuarios para compositores de la talla de Serguei Diaguilev ,Mussorgsky, Rimsky-Korsakov, Borodin o Wagner. Pero a nosotros nos interesa profundamente y sobre todo  porque fue  un infatigable viajero y un aventurero de temple heroico  embarcado en una búsqueda espiritual sin par.

También fue un filósofo, arqueólogo, escritor y lider cultural de su tiempo. Estuvo involucrado en la construcción del primer templo budista en Rusia, en San Petersburgo. También se interesó profundamente por la cultura y la religión oriental, especialmente a través del tamiz teosófico, junto con otros entusiastas de la Teosofía como Mondrian, Kandisnky y, en realidad, cientos de pintores y artistas de comienzos del siglo XX. Esta curiosidad por la espiritualidad fue la guiaría los pasos de Roerich  hacia Shamballah.

La sagrada primavera, decorado para un ballet de Stravinsky, 1930 © Museum Roerich, New York

Motivado por su interés en la obra de Madame Helena Petrovna Blavatsky, traduciría por primera vez al ruso su Doctrina Secreta. Influenciado vivamente por la lectura de esta y otras obras teosóficas,  Roerich y su esposa se encaminarían hacia India; para finales de diciembre de 1923 ya estaban en Sikkim, en la ladera sur de los Himalayas, y es evidente por la rapidez con que llegaron a las montañas que los Himalayas era lo que realmente les interesaba. Allí comenzarían un viaje de exploración que los llevaría hasta el Turquestán chino, Altai, Mongolia y Tibet. Fue una expedición por regiones inexploradas, donde planeaban estudiar las costumbres religiosas de sus habitantes.

Sin embargo algunos sostienen que fue otro el motivo que llevaría al intrépido Roerich hasta el Tibet,  que en realidad iba  en busca nada menos que de la mítica Shamballah o Agharti, ese reino misterioso del que diría Ferndinand Ossendowski, en su Voyage en Assie, que se oculta en el interior de la tierra, pero tiene accesos distribuidos en el mundo entero; que allí no existen el crimen ni el mal; que existen una serie de ciudades que rodean el lugar central, y que allí mora el Rey del Mundo o Brahmatma, que dirige desde su trono en lo invisible el curso de la historia.

Tibet. Himalayas. Nicholas Roerich, 1933.© Museum Roerich, New York

La mirada sobre los Himalayas. 1925 © Copyright by Frank Perry 2004

Blanco y Celestial, Nicholas Roerich, 1924 © Museum Roerich, New York

Estrella de la Mañana (Lucifer) Nicholas Roerich, 1932. © Museum Roerich, New York

A pesar de los obstáculos, doquiera que fueron, la creencia de los Roerich en el bien esencial de la vida y en la espiritualidad del hombre se reforzaba. La serie de pinturas titulada Estandartes de Oriente de Roerich, compuesta de diecinueve cuadros representando los maestros religiosos del mundo, testimonia su búsqueda sincera de lo Eterno. Es en este conjunto de pinturas ejecutados en las laderas de los Himalayas donde podemos encontar bien patentes su distinción espiritual y el sentido visionario y heróico que rigió  su existencia. En estos cuadros, de gran efecto dramático, se percibe la urgencia del viaje, la imperiosidad de un mensaje a enviar, de una misión que realizar, de un camino por recorrer.

Más tarde Roerich escribiría sobre esta primera expedición en su libro El Corazón de Asia, creando para el lector un relato palpitante y sincero de las maravillas de la región y sus gentes.

Himalayas, 1933. Nicholas Roerich.© Museum Roerich, New York

La Montaña de los cinco tesoros, de la Serie Montañas Sagradas. 1933© Museum Roerich, New York

 Cuando Nicholas Roerich recorría el Tibet y Mongolia constantemente oía voces entre los monjes budistas clamando “Este es el tiempo de Shambhala“; según los monjes, el Rey del Mundo vendría al mundo desde su reino en Shambhala con un gigantesco ejército para borrar el mal de la faz de la tierra, antes de erigirse a sí mismo como el eterno gobernante del planeta.

Nicholas Roerich sabía que  Shambhala se consideraba el puente entre la Tierra y el Cielo y que se extendía a lo largo y ancho de un valle secreto en algún lugar en las profundidades de los Himalayas. Allí los grandes maestros, los Mahatmas de todas las eras, tenían su real residencia, y allí guardaban sus antiguos misterios hasta que llegase el día en que Rigden Djapo, el legedario gobernante de Shambhala, reuniese a su ejército invencible para liderarlos en la última batalla contra las fuerzas del mal. Aniquilado el enemigo, llegaría  la era de Shambhala , donde la paz, la belleza y la verdad prevalecerían por siempre.

La estrella del Héroe. 1932© Museum Roerich, New York

Enfrentado al Mahakala, 19255 © Copyright by Frank Perry 2004

 

(Nicholas Roerich, Incendiando las tinieblas) © Museum Roerich, New York

El mandato de Ridgen Djapo, 1933 © Museum Roerich, New York

Nicholas Roerich, el tesoro del mundo (Chintamani) 1932 Roerich Museum, New York.

Guardián del Cáliz, Mongolia, 1935 © Museum Roerich, New York

Nicholas Roerich, prodigioso viajero, sentado en un camello, el primero a la derecha.  Enero de 1925 en Port Said, Egipto.

 

Nicholas Roerich, 1945. Imagen  Roerich Museum. Un autorretrato del propio Roerich. © Museum Roerich, New York

-Fuentes y vínculos-

(1) Todas las imágenes ©  Museo de Nicholas Roerich  en New York, un importante centro para la exposición de la obra de Nicholas Roerich.

(2) EL Museo de Nicholas Roerich, en español

(2) Nicholas Roerich and the Chintamani Stone

(3) Fragmentos tomados de- The Life and Art of a Russian Masterby Jacqueline Decter and the Nicholas Roerich Museum

(4) Nicholas Roerich, enviado de Shamballah,en Crónica subterránea

(5) Breve biogrfía de Nicholas Roerich http://www.roerich.org/sp/NicholasRoerich_sp.html

(6) Shamballah resplandece, el Viaje a Asia de Nicholas Roerich contado por él mismo.

28 Abril
2010
escrito por Flegetanis

(Ilustración  para la NAVIGATIO SANCTI BRENDANI)

Finalmente, los navegantes desembarcaron, hacia el Sur, en el paraíso de las delicias, la eterna luz y la eterna primavera, entre fragancia, cantos, aguas suaves, animales espléndidos y mansos, y frutos preciosos y deliciosos. En el centro de la Isla del Paraíso se alzaba una gran columna en torno a la cual ascendía una escalera que llegaba hasta el cielo

De La navigatio Sancti Brandani (1)

 

El hombre imagina muchas cosas, pero sobre todo islas (2)

 

Un mapa es una metáfora. No es el mundo, sólo una representación del mundo, e inevitablemente muestra sólo uno de los muchos aspectos de lo representado. Si lo quieres ver desde otra perspectiva necesitas otro mapa.

Sergio Régules, sobre el mapa de Mercator (3)

 

La búsqueda del Paraíso perdido es, sin duda, el paradigma del viaje. La visión del mapa de Mercator y ciertas consideraciones sobre los misterios del Polo inflaman la imaginación y hacen pensar necesariamente en aquéllos  como metáforas visuales de ese centro primordial, encarnado en Islas de los Inmortales, Islas Afortunadas e Hiperbóreas,  Tir-nam-beos o Thules,  que ha constituído la meta final -inalcanzable, casi siempre– del viaje o gesta heróica de innumerables sagas y leyendas. 

(La región ártica en un fragmento del mapa de Bertius, s. XVII)

Durante el medievo se creía que el Jardín del Edén estaba en algún lugar del extremo oriental del mundo, y que era posible alcanzar aquél lugar.  Se pensaba que el Edén era un lugar real y muchos mapas trataban de fijar su localización, generalmente en el Este. En la Edad Media, el espacio físico representado en los mapas aparecía organizado de acuerdo con símbolos y valores y podía dividirse arbitrariamente con el fin de representar, por ejemplo, las siete virtudes o los diez mandamientos.Esta interpretación religiosa y moral del universo creaba insospechadas relaciones espaciales en el plano terrestre y permitía la yuxtaposición de dos mundos, el terrestre y el más allá (4).

 

Conforme avanzaba la ciencia de la navegación, la cartografía y el conocimiento sensible de la geografía terrestre, la imagen del Paraíso parece desplazarse paulatinamente hacia el Norte, hasta desaparecer prácticamente, o quizá ocultarse, con la aparición del mundo moderno. Este desplazamiento hacia el Norte del Paraíso en los mapas, sin embargo, podría ser interpretado a la luz del simbolismo en otro sentido, conforme a la naturaleza solar o polar del Centro del mundo.

 En un mapa diseñado por Bertius en 1618, basado en una versión más antigua de Mercator, aparecen representadas, en el espacio reservado al Polo Norte, las cuatro islas polares, con Groenlandia en el margen izquierdo, abajo, y la “Rupes Nigra”  duplicada, una vez en el Polo y de nuevo en la zona superior del mapa. El texto a la derecha, bajo el Polo, indica que “allí habitan Pigmeos“, esto es, una enésima versión de la clásica sentencia “Hic sunt Draconis” que se solía estampar en las regiones inexploradas, aduciendo la existencia de monstruos y señalando la ominosa frontera con lo desconocido.

La referencia más segura para esta curiosa configuración de las regiones polares es una obra desaparecida  llamada Inventio Fortunata, responsable en buena medida de la concepción que hasta 1300 se tenía respecto del Ártico, formado por cuatro grandes islas con un mar helado en el centro. En en libro se añadía que el agua era engullida hacia el interior de la Tierra (5) en el Polo Norte, y se mencionaba además la presencia de una inmensa roca negra, llamada “Rupes Nigra” (6) gigantesca roca de magnetita hacia la que apuntaban las brújulas, señalando el norte magnético.

    

(La región polar en el mapa de Bertius, basado en el de Mercator, con la Roca Negra en el centro)

Para nosotros, esta estructura cruciforme, reminiscente del ciclo cuaternario, es  deudora de las representaciones mucho más antiguas del Paraíso Terrenal, incluidas en buena parte de la cartografía medieval, y responde a su estructura conforme al relato bíblico (7):

“En su centro se halla el Árbol de la Vida y junto a él una fuente de donde manan los cuatro ríos del Paraíso: Tigris, Éufrates, Pisón y Guijón. La entrada al Paraíso se halla protegida por un querubín que blande una espada de fuego (…) Génesis II:10

   

(La montaña y el Arbol del Mundo en este esquema cosmogónico tradicional; a la derecha, mapa medieval con Jerusalén como Centro del Mundo)

Esta estructura no es exclusiva del occidente medieval, sino que la encontramos en otras partes del mundo, como en la China tradicional, donde la imagen del Paraíso también responde en ocasiones  a esta división cuaternaria de simbolismo central: así, se refieren a un  lugar enclavado en el Asia central, jardín habitado por los «dragones de sabiduría». Describen el lugar y muestran los cuatro ríos esenciales del mundo: Oxus, Indus, Ganges, Nilo, brotando de una fuente común.(8)

 

(Izquierda: visión medieval de los cuatro ríos del Paríso. A la derecha,ilustración de la Navigation Sancti Brendani, de Leonid Korablev, mostrando el navío frente al Árbol del Paraíso)

Existen además antecedentes en el la Roma antigua para esta distribución peculiar de la que la región polar del mapa de Bertius es un vestigio:  el mapa del mundo de Agrippa es una representación simbólica del “Nuevo Mundo” de Augusto, (y una herramienta de propaganda imperial); no es un mapa técnico (…) sino que el documento se basa en otras consideraciones de carácter simbólico y religioso.  Agrippa, como Augur y conocedor de los ritos sagrados antiguos, debe trazar la “nueva cosmogonía” sobre su mapa y en él las direcciones de los ejes principales del Cosmos: el “Cardo” y el “Decumanus” acordes con el curso del sol. (…) El rito realizado por Agrippa debe establecer primero el trazado de un círculo entorno al “Centro del Mundo” (9)

El Mapa de Agrippa, con la estructura central y cruciforme conformada por el trazado del Cardus y el Decumanus.

De modo que en el mapa de Bertius, las cuatro islas Polares son una representación acorde con la imagen del Paraíso o, más exactamente, con la idea tradicional del Centro u ombligo del mundo, participando de su simbolismo. La sola presencia de la Piedra Negra en su centro es suficientemente explícita en este sentido, puesto que ésta no es sino un Omphalos,  Betilo o Piedra sagrada (10), equivalente a la montaña del mundo y símbolo del Axis Mundi, el Eje del Mundo. En muchas tradiciones, la erección de un pilar o piedra sagrada, marca uno de los momentos fundamentales de los ritos de fundación de ciudades y culturas, esto es, de todo centro constituído a imagen y semejanza del Centro Primordial.

 

(La Pîedra negra, betilo o Lapis Niger, de Cibeles; derecha, Cibeles llega a Roma en una barca)

Por otro lado, el carácter magnético de la Ruper Nigra  no se refiere tanto a una cualidad física sino espiritual, referida aquí a  la fuerza centrípeta de atracción hacia el Centro del Mundo. La complementariedad de este  simbolismo la hallamos en la idea de expansión desde la fuente central de la que manan los cuatro ríos, que desde ahí recorren toda la tierra. No se trata solo de una representación del centro geográfico, sino del origen y fuente de la creación, de la manifestación. La curiosa distribución de las cuatro islas en la región polar del Mapa de Bertius es evocadora de los cuatro corrientes fluviales paradisíacos. Todos estos elementos vienen a redundar en la idea de una geografía celeste, de una imagen del Centro representada en dicho documento.

(Evolución de las distintas manifestaciones gráficas del signo del Polo y del Centro) (source)

Finalmente, la mención –conforme a la Inventio Fortunata– de un agujero o sima a través del cual las aguas serían engullidas hacia el interior de la tierra coincide plenamente con el simbolismo del Axis Mundi, lugar donde efectivamente se opera el paso entre los tres mundos, Cielo, tierra e infierno, sirviendo de puente entre ellos. La inclusión de la geografía intraterrena en los mapas antiguos, especialmente en el medievo, no era una cuestión baladí: si señalában las Puertas del Cielo, también habría que localizar las Puertas del Infierno. El hombre medieval necesitaba  conocer el lugar preciso en el que se abrían las puertas del otro mundo. (…)  En el universo había agujeros que conducían al infierno, como se revela en el Purgatorio de San Patricio. Lo que nos interesa señalar, en definitiva, es que a través del espacio, tal y como se nos representa en estos mapas, se podía llegar al otro mundo. (4)

  

(Un diagrama del Infierno de Dante, con la abertura Polar como acceso al interior de la Tierra. La portada de Viaje al Centro de la tierra de Verne)

 

(La danza en torno al “Polo”, otro misterioso asunto relacionado con el simbolismo central y axial, objeto de futuras disgresiones)

 

-Fuentes y vínculos-

(1)  Fragmento de la Sancta Navigatio Brandani, s.XIII, trad. de Rojas Penalva, Ángel, Islas y Paisajes Misteriosos

(2) Juan Villoro, De eso se trata. Anagrama 2008

(3) El mundo no es como lo pintan, verdades y mentiras de un mapa. Sergio de Régules

(4) Literatura de Visiones en la Edad Media románica: una imagen del otro mundo. Rubio Tovar, José.

(5) Marcando un acceso al Centro de la Tierra, a través de una abertura, como manifiestas numerosas leyendas, ficciones y teorías ocultistas a propósito de la Tierra Hueca.

(6) Hay muchas historias de viaje sobre islas o montañas magnéticas. Ptolomeno habla de ellas, así como Sir John Mandeville afirmaba haberlas visto en el Océano Indico. En las leyendas, los navíos construidos con clavos de hierro eran atraídos fatalmente hacia estas islas.

(7) A menudo, esta representación del Paraíso Terrenal confunde sus rasgos con los de la Jerusalén como ombligo del mundo u omphalos. En la Divina Comedia, además, Dante inicia su viaje a los infiernos desde el subsuelo de esta ciudad.

(8) Juan Eduardo Cirlot.- Diccionario de símbolos. Lábor. Barcelona, 1991. Pág.  355

(9) Orbis Terrarum, El círculo de la Tierra, enVitrum.

(10) Uno de los símbolos más característicos de Cibeles, quizás el que mayor carga simbólica y metafísica conlleva, es la Piedra negra que, como dice la tradición, es una piedra “caída del cielo” (lapis ex caeli, lapis exilis) Casi siempre se ha representado la Piedra negra disforme, dispuesta sobre un altar o columna (IMG 10), en el centro o en la pared opuesta a la entrada del templo de Cibeles (con posterioridad, fue la imagen de la diosa la que se situó encima del pilar); sin embargo, simbólicamente, la Piedra negra se la representa de forma cónica o, más raramente, como una pirámide de base cuadrada, que es un símbolo de la Montaña, lo que está en perfecta correspondencia con Cibeles en tanto que “diosa de la Montaña”. En tanto que símbolo axial, la Montaña es una representación del Eje del Mundo. (source)

(11) Para mayor profundización en el Simbolismo del Centro, véase Guénon, René. La idea del Centro en las tradiciones antiguas.

(12) Las imágenes del mapa de Bertius están tomadas de Rupes Nigra and the 4 islands of  North Pole

 ( ) Un breve recorrido por la historia de la cartografía, con algunos ejemplos e ilustraciones, aquí.

 

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