CON EL OJO DE TU PADRE

Paranoia osiríaca

 

¡Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos!

Así que vosotros mucho erráis (…) *

 

 

” Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule
el número de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número es

XXX  ”

Apocalipsis, XIII, 18

 

 

 

 

Paranoia osiríaca

 

Una paranoia sottovoce como preludio para Sardinas. Picantes. Que .Rabian

 

 

 

En el antiguo Egipto, el cayado (heka) y el azote o látigo  (nekhakha, mayal o neheb), portados por el dios Osiris eran atributos reales, símbolos de poder y gobierno, con los que se figuraba también a los faraones como encarnaciones del aquél y como representantes terrenos de la autoridad espiritual y el poder temporal (1) .  En este cayado de Osiris y su papel de rey como “pastor de su propio pueblo”, así como en una serie de paralelismos ligados al episodio de la Resurrección del dios, se han apoyado numerosas teorías más o menos fundamentadas que pretenden una asociación entre Cristo  -el Buen Pastor- y el dios de los muertos egipcio.  También otros pueblos de la antigüedad, especialmente en Mesopotamia, se referían a sus reyes como los “Reyes Pastores“.  Nada nuevo bajo el implacable Ra.

 

 

 

Esta asociación, con propósitos poco claros, de la figura Cristo con Horus u Osiris  –o cualesquiera otros dioses del paganismo, como Mithra o Tammuz– no es precisamente nueva y, que nosotros sepamos, se apunta ya en diversas obras desde hace muchos años ( véase Jesús, 3000 años antes de Cristo, por ejemplo)  aunque en la actualidad recobra vigor, con el auge de la sospechosa espiritualidad new age.  Osiris  era llamado el “Príncipe de los dioses de la Duat” (el inframundo de la mitología egipcia) y era reconocido fundamentalmene como dios de la muerte y del Más Allá;  esto es, un dios de la muerte y de los  muertos. Aunque en un principio era un dios agrario, paulatinamente fue adoptando rasgos de otros  dioses; genio de los cereales, espíritu de la vegetación (de ahí su proximidad con jack in the green) y ante todo dios de la  Resurrección; los Textos de los Sarcófagos del Reino Medio lo identifican con el grano y con el trigo,  símbolo de la semilla que muere para renacer más tarde en forma de espiga –en este sentido también aparecían como objeto de meditación de importancia central en los misterios eleusinos, y aún en los Evangelios (…)

Como quiera que sea, no es precisamente esta vinculación de Cristo y Osiris la que más nos interesa señalar aquí, sino el papel de éste último como dios de los misterios, su vinculación con la idea de muerte y resurrección –conceptos ligados directamente a lo iniciático– y, sobre todo, las similitudes entre la distintiva pose osiríaca –esto es, los brazos portando los atributos de la realeza cruzados sobre el pecho, en forma de aspa –X–gesto que repite el del cadáver en el sarcófago y subraya su naturaleza de dios de muertos– y el emblema del Crismón (chi-ro).  Las implicaciones de la asociación de estos dos signos  nos parecen mucho más complejas y más siniestras que el mero hecho de establecer tal o cual  paralelismo más o menos bien traído entre las figuras de Jesús y el dios egipcio.

 

Sarcófago con la típica pose osiríaca. La idea de que la inmortalidad sería obtenida siguiendo a Osiris fue transformada, en tiempos helenísticos en los  misterios osiriacos.

 

 

Boris Karloff, caracterizado como momia en su típico gesto osiríaco, con los brazos cruzados en forma de X

 

 

El  celebérrimo e impenitente emblema de la calavera y las tibias cruzadas (skull and bones), vinculado en más de una ocasión al ocultismo, templarismo, masonería, hermetismo y diversas escuelas y formas iniciáticas, donde se pone de manifiesto de nuevo el paralelismo del gesto osiríaco X con la muerte y la tumba

 

 

 

La pose osiríaca en un manual de signos de reconocimiento masónicos

 

Freddy

 

Ozzy

 

Madonna

 

 

 

El maestro de todos ellos, Mr. Crowley, que se hacía llamar a sí mismo la Bestia 666, imponiendo moda, fue el pionero en adoptar la pose osiríaca como parte de una cuidada puesta en escena

 

 

 

 

Como dios de los muertos, a Osiris se le solía representar  con el cuerpo en  forma de momia, el rostro verde (el color de la vegetación, según algunos, en la vertiente más luminosa del simbolismo, o el de la putrefacción, más exactamente)  y con un sudario y llevando sus emblemas reales; el cayado y el azote en cada mano con sus brazos cruzados sobre el pecho; la misma posición en la que Tutankhamon y otros faraones han sido representados;  estos dos símbolos de poder se disponían de tal modo que formaban claramente una “X”, que en algunos casos, como en varios de los ejemplos que mostramos, constituían el signo distintivo del dios.

En varias fuentes, especialmente masónicas, encontramos esta vinculación expresa del gesto o emblema de Oriris con el Crismón; así lo manifiesta por ejemplo el ocultista, maestro masón grado 33 y filósofo de la masonería Manly P. Hall, que en algunos pasajes de sus obras revela los fundamentos de tal asociación.  En dichos textos se nos sugiere que el Crismón, revelado a Constantino el Grande –o escogido por él según otros procedimientos– y convertido en emblema del cristianismo, es un símbolo pagano que podría proceder del emblema de Osiris, o compartir buena parte de su simbolismo.

Según otra perspectiva, el signo X (chi) se puede relacionar además, fácilmente, con el Crismón (o Chi-ro , XP),  identificado mayoritariamente con el monograma de Cristo (IX  Iesus Xristus)  inscrito en una circunferencia, que podría ser interpretada como una representación del mundo o la rueda cósmica o universal, en perpetuo y cíclico movimiento. Otros han visto aquí un antiquísimo símbolo solar, vinculado a la rueda. En cualquier caso, en el Crismón convergen los caracteres I y X, de modo que el trazo vertical de la I se curva en su extremo convirtiéndose en el signo P (Ro).  El carácter P (Rho) es de compleja interpretación, pero hay fuentes que sugieren que se relaciona con el vocablo “Pen”, que etimológicamente se vincula a las acepciones de “cabeza” o “cúspide”, lo cual permite asociar que la curva o extremo de la grafía P representa una cabeza, en el mismo lugar en que el cráneo aparece en el emblema de la calavera y los huesos, lo que nos devuelve a la idea inicial de la vinculación con Osiris, alias “X”, dios de los muertos.

 

Fragmento de una obra de Manly P. Hall donde se vincula el Crismón con diversos símbolos del paganismo, entre ellos del antiguo Egipto

 

 

Como advertimos previamente, son en muchos casos fuentes  masónicas las que nos ofrecen esta inquietante revelación, que finalmente identifica al dios del inframundo, Osiris, con el dios de los vivientes, Cristo, o al menos con uno de sus emblemas más conocidos el Chi – Ro –curiosamente, también el Pez era uno de las figuras emblemáticas de Osiris, así como luego lo sería, por razones diversas,  de los primeros cristianos–.  Tal asociación de  símbolos la proporciona también  el maestro masón Albert G. Mackey, en su obra más conocida (7),  donde afirma que ” el símbolo PX (chi-ro) es el cetro del dios Osiris y junto con el punto en el círculo (símbolo solar presente en algunas represenaciones del Crismón) representarían el órgano fálico. El círculo con el punto central es uno de los más importantes e interesantes símbolos de la masonería (…) es una alusión al antiguo culto solar y al culto al falo“.

Recordemos que en el mito de Osiris, muerto y despedazado por su hermano malvado, Seth, “tras años de búsqueda, su viuda, Isis, recuperaría todas las partes del cuerpo de su marido, excepto una: el falo de Osiris, que nunca fue recuperado.”  El falo juega un papel muy importante en el culto de osiris y en los antiguos misterios del dios. Según la leyenda de Osiris e Isis, los atributos del dios fueron engullidos por un pez. En ciertos círculos ocultistas, este falo momificado de Osiris se conoce como “el Talismán de Set” y su reaparición marcaría el final de los tiempos.

En otros lugares  (6) encontramos una curiosa confirmación de la aseveración masónica que pretende ver en el signo Ro del Crismón una representación del ”falo de Osiris” : “El falo erecto de Assur (Osiris)  es el número uno en el sistema numérico “árabe”.  Piruetas gráficas de este tipo no son asunto baladí, y pueden contener profundas enseñanzas simbólicas (vean si no las similitudes entre la representación tradicional del lingam hindú (falo y escroto) con el signo astrológico de marte; y aún hay otras similares que no hacen al caso)

 

 

 

 

El falo de Osiris, o talismán de Seth, que marcará según algunos ocultistas el final de los tiempos, equivalente gráficamente al signo Ro (p) (6) del Crismón

 

 

 

Osiris representado con el signo X característico en un dibujo que ilustra un antiguo ritual ( )

 

Osiris en un fotograma de Lucifer Rising, de Kenneth Anger (cuarenta años después, filmará Todo está iluminado)

Todas estas consideraciones, que no hacen más que apuntar, sotovocce, algunos compases de un misterio que indudablemente se oculta tras estas similitudes asombrosas y aparentemente casuales, nos traen a la memoria aquello que  René Guenon escribía en uno de sus memorables estudios sobre simbolismo (9): “Tenemos razones para pensar que el culto a Seth ha llegado  hasta nuestros días y algunos afirman que debe continuar hasta el fin del ciclo  actual”,  y esto nos hace pensar:  ¿en qué instituciones actuales sigue vivo este culto a Seth? …

 

-Fuentes, notas y vínculos-

(*) Marcos,. XII, 27, Biblia Reina Valera 1995

(1)En cierto sentido, la doble llave de la tiara pontificia y, sobre todo,  la pose clásica de algunas esculturas del aion mitraico (cronos leontocéfalo) parecen evocar este mismo asunto iconográfico del cayado y el látigo de Osiris, hasta el punto de permitirnos adivinar aquí alguna relación a nivel más profundo.

(1b) Sobre la asociación de Osiris y el Crismón, véase Manly P. Hall, The Secret Teachings of All Ages, p. 125 y ss.

(2) Texe Mars, Codex Mágica, para los indicios conspiranoicos sobre el uso del emblema de osiris en la industria del espectáculo y la política.

(3) Guénon, René, sobre el significado de las fiestas carnavalescas El mito solar de Osiris, tiene su contrapartida en la figura de Seth, su  acérrimo enemigo. Restos de una civilización de origen atlántico se  superpusieron al estrato negroide originario; la sociedad resultante se  estratificó en castas. De ahí que sea aceptable la opinión de René Guenon, según  la cual el mito de Seth evidencia la lucha de la casta guerrera contra las  castas superiores (…) (cita)

(4) Sobre la presencia del signo de osiris entre la chusma satanizante del mundo del espectáculo, véase Signos de Causalidad y conspiración, the X Factor

(5) La “fuente” principal de nuestra paranoia: Px, chi ro, labarum

(6) Curiosidades acerca del falo de Osiris y su peculiar grafía, en Resurrectisis

(7) A Manual of the Lodge ((New  York: Charles E. Merrill Company, 1870)

(8) Definitivamente, nos superan ; para paranoia de Osiris y revelaciones apocalípticas, véase

(9) El simbolismo de la X en la masonería,entre otras cosas peliagudas,  en Pigs in the parlor ; más cosas sobre la triple X (XXX) en Textos alquimistas (divagaciones en torno a varios aspectos de la X, entre otros aquellos discutidos por Fulcanelli)

(10) Algunos aspectos del talismán de Seth y el culto al falo osiríaco, en Wikipedia, phallus cult

(11) Algunos vínculos de Osiris con la masonería, en Masonic Secrets

(12) El asunto de la resurrección, íntimamente vinculado  a los misterios de Osiris, también es tratado según una visión cristiana en diversos pasajes bíblicos de los que hemos extraído algunos textos inspiradores

 

Un souffle paranoico

 

 

 

Curiosa estampa que vimos por primera vez en el blog del cascadeur del simbolismo Jordan Maxwell; es un cartel de 1911 de propaganda izquierdista, firmado por Ediciones La Internacional. Enmarcado en la propaganda anticapitalista, es un producto típico de la corriente didáctica del izquierdismo y caricaturiza los diversos estratos sociales del sistema: en la cima, el Estado (We rule you, te gobernamos), más abajo, las doctrinas e instituciones religiosas -el opio del pueblo, ya saben- (we fool you: te idiotizamos, te enajenamos); le siguen el ejército, la policía y las fuerzas del orden (we shoot at you : te disparamos), para continuar con la burguesía, enfrascada en los excesos del bienestar y dulce holganza (we eat for you: nos comemos lo tuyo, o comemos por tí). Sosteniendo pastel --o la pirámide, según prefieran-- los miembros de la clase obrera (we work for all, we feed all: “hacemos todo el trabajo, alimentamos a todos”.) No se pierdan el acento emotivo-sentimental —gran golpe de efecto-- de la pobre niñita muerta de hambre, la víctima del sistema.   A pesar de su flagrante tono panfletario, con unos cuantos retoques aquí y allá (una hoz y un martillo entre los miembros de la falsa clase dirigente, un narcotizante y somnífiero televisor y abundosas  y  tentadoras mercaderías entre los gurúes, etc. etc.) el discurso sigue siendo absolutamente válido  nuestros días, no habiendo perdido ni un ápice de rabiosa y dolorosa actualidad.  We control you.

 

Fragmentos del documental The Century of the Self. Hace más de un año nos referíamos aquí al mismo, en otro contexto; pero creemos que la ocasión --11 M-- justifica el eco.

 

Martes, marzo 13th, 2012 LA PARANOIA SILENTE 3 comentarios

Omfalos, betilos y otras yerbas

 

Kaaba demotivational poster

 

Magnetita o piedra imán

 

Circunvalación ritual en la Kaaba

 

2001, el monolito(via)

 

-Fuentes, vínculos -

(1) “ (…) Cuando  se habla del «culto de las piedras», que fue común a tantos pueblos antiguos, hay que comprender que este culto no se dirigía a las piedras, sino a la divinidad de la que ellas eran la residencia.La piedra que representaba al Omfalos podía tener la forma de un pilar, como la piedra de Jacob; es muy probable que entre los pueblos celtas, algunos menhires tuvieran este significado (…) Omfalos y betilos, en un espléndido artículo de René Guénon, contenido en su obra El Rey del Mundo

(2) El magnetismo de la Kaaba, un artículo para despejar las dudas planteadas por esta paraoia silente, en Inside Planet Earth

(3) Hasta ahora los científicos occidentales, según parece, no han tenido acceso al interior de la Kaaba. Se supone que dentro del cubo de tela hay una piedra –negra– de origen meteórico. Usualmente, los meteoritos se componen de una mezcla de basalto (rocas ígneas) o, especialmente, magnetita.

(4) Más sobre piedras negras, piedras de fundación y misterios de síbaris próximamente.

 

Memento 911

Rancios pero elegantes carteles anunciadores para las películas de Godzilla, con los que rememoramos paranoica y sincromísticamente la catástrofe del WTC 911, de la que algunos encontraron ecos en la versión más moderna  (R.Emmerich 1998) del célebre dragón mutante, estrella del mejor cine de monstruos.  Para una aproximación a esta perspectiva de Godzilla como apocalítpica bestia surgida del mar, véanse algunos de nuestros vínculos.  Todas las películas de la factoría japonesa, en Godzilla Movie Database.

La estampa de un presagio: Un pariente de Godzilla atenta contra La luz del Mundo en esta admonición paranoica de colores descafeinadetes, como de álbum de cromos de Mazinger Z

 

 -Fuentes y vínculos-

(1) Doce curiosos posters  de Godzilla

(2) Godzilla y los antentados del 911 en Godzilla goes 911

(3) Salfate:  Vaticinios del 911 en Godzilla  y otras películas

(4) Más sobre Godzilla y la bestia que surgió del mar en nuestra venidera entrada Engineering the Antichrist II (próximamente en sus pantallas)

(5) Godzilla en castellano, acá

Miércoles, noviembre 9th, 2011 ICONOGRAPHIA CURIOSA, LA PARANOIA SILENTE 2 comentarios

Pleasantville, un lugar apacible

”Así sucedió, que cuando en aquellos días se multiplicaron los hijos de los
hombres, les nacieron hijas hermosas y bonitas;
2 y los Vigilantes, hijos del cielo las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: “Vayamos y
escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos”.
(Génesis — 6:1-4)

3 Entonces Shemihaza que era su jefe, les dijo: “Temo que no
queráis cumplir con esta acción y sea yo el único responsable de un gran
pecado”.
4 Pero ellos le respondieron: “Hagamos todos un juramento y
comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este proyecto hasta
ejecutarlo realmente”.
5 Entonces todos juraron unidos y se
comprometieron al respecto los unos con los otros, bajo anatema.
6 Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron Hermón

Ésta es una película simpática, agradable y entretenida, pero también muy extraña. Tras la significación más evidente de la historia, aparentemente trivial, de unos adolescentes que son misteriosamente ”tele-transportados” --o arrojados, según un enfoque más sibilino-- a una jovial comunidad de ficción llamada Pleasantville, un lugar apacible y hermoso, paraíso en miniatura en el plató de una serie en blanco y negro de los años cincuenta-- adivinamos otros estratos de significación más profundos, que plantean una línea argumental paralela en clave simbólica y que una vez asimilada nos produce cierta sensación de deja vu. He aquí la  interpretación sui generis que aventuramos sobre algunos de esos otros niveles de significación que sospechamos  se perfilan aquí y allá  en diversos momentos de esta curiosa y muy recomendable cinta.
Pleasantville es una producción de New Line Cinema film , dirigida por Gary Ross, estrenada en Canada en 1998, que cuenta con un maravilloso plantel de actores, como Tobey Maguire, Reese Witherspoon, William H. Macy, Joan Allen o Jeff Daniels. En la película se cuentan las peripecias de dos jóvenes modernos que, en el curso de una discusión por el mando de la televisión,  son milagrosamente absorbidos por la pantalla y trasladados como por arte de magia al interior del tubo, donde se convierten en personajes de su serie favorita, Pleasantville,  una telenovela al estilo de las comedias de los cincuenta, un mundo feliz y tranquilo, bien distinto de su mundo real en el presente,  hostil, vacío  y lleno de frustraciones. Los muchachos acuerdan no revelar su identidad ni alterar el equilibrio que reina en su nuevo mundo, pero pronto, su  interacción con los habitantes del mismo comienza a causar dramáticos cambios.
En la película, Pleasantville es el título , como decimos, de una telenovela ambientada en la América de los años cincuenta, que goza de popularidad y casi de adoración entre algunos de los los telespectadores de un moderno canal por cable, entre los que se cuenta el protagonista de la cinta, David, que encarna un joven Tobey Maguire.  Su hermana, sin embargo, no comparte su entusiasmo hacia el programa, lo que causa discusiones entre ambos jóvenes. Es precisamente en medio de una de éstas peleas, cuando un misterioso anciano técnico de televisores les regala un mando de control remoto, que accidentalmente les transporta al interior de la televisión, hasta el mundo de Pleasantville, donde han de vivir durante un tiempo, contra su voluntad. Se hallan entonces atrapados en esta realidad paralela donde todo aparece en blanco y negro, conformando un mundo dulce y feliz, sin asomo de violencia, un remanso de paz e inocencia, aunque carente de la  pasión visceral, el  entusiasmo o la fogosidad que caracterizan al mundo real.
Muchos ven en la película una sencilla crítica de los regímenes autoritarios u opresivos  (la escena de la quema de libros es una alusión a la Alemania de Hitler, por ejemplo), un alegato antirracista, o una sátira de los tópicos obvios del american way of life promocionados  por la programación televisiva de los cincuenta o los primeros sesenta en Estados Unidos y retratados eficazmente en Pleasantville.  Otros han apuntado que el subtexto de la cinta es demasiado literal,  lo cual es cierto para algunas de las lecturas que apuntamos más arriba.  Sin embargo, a medida que avanza la trama vemos que hay aquí otra cosa y se adivina que el director no ha pretendido que Pleasantville sea simplemente una representación de la sociedad edulcorada que figuraban series como Ozzie y Harriet o  Father Knows best. Pleasantville es, de hecho, un arquetipo de todas esas ciudades de ficción; y no sólo eso. Es también y sobre todo, en su inocente y frágil perfección,  un trasunto simbólico del Paraíso. Y la historia de sus habitantes es una de las más antiguas historias que conoce la humanidad.
En Pleasantville se nos dan unas nociones de geografía elemental de este mundo perfecto: el final de la calle principal vuelve a ser su principio: la estructura circular, en forma de bucle perpetuo, pone de manifiesto naturaleza cíclica, en este sentido paradisíaca, del mundo representado. Pero también es una alusión a sus propias limitaciones y estrecheces.
La geografía “cíclica” de Pleasantville, así como su tranquilidad y orden, aunque ligeramente acartonados, son indicios de su naturaleza simbólica: el lugar es un trasunto del Paraíso terrenal, que en algunas representaciones tradicionales aparece también “amurallado”  replegado sobre sí mismo y cerrado al Caos exterior.
Estamos  ante una película aparentemente modesta, pero maravillosamente concebida. Además de su aspecto visual impecable y el uso brillante  y  coherente con el argumento de los efectos especiales, son especialmente destacables sus esmerados diálogos y, por fin, la soberbia actuación de sus intérpretes. No es de extrañar que después de pasar casi desapercibida y a pesar de tratarse --aparentemente-- de un mero producto de entretenimiento, hoy se revela casi como un film de culto. Si esta producción ha de ser recordada por algo, lo será posiblemetne por su uso brillante y expresivo del color, que juega aquí diferentes roles, en la mayoría de los casos para representar la iluminación o el despertar de los personajes. Esta gnosis figurada por el paso del blanco y negro al color se presenta vinculada, curiosamente, a un despertar sexual. Así, la protagonista, Jennifer, se pregunta si ha sido éste descubrimiento de la libido recién nacida el causante de los vivos colores, hasta entonces desconocidos, con los que resplandecen sus compañeros de clase. Pero David, su hermano, supone que debe haber algo más que eso. En realidad, parece que el color brota en la vida del personaje en cualquier momento en que sus ojos se abren a nuevas y profundas emociones, acercándonos al asunto del despertar  de la conciencia, o más exactamente  a una suerte de iluminación en el sentido gnóstico del término. Más adelante, en otro momento de la historia, el color se usa como alegoría de la segregación racial, en una de las aproximaciones -escasas y tangenciales- de la película hacia lo moralizante.
Hay muchos motivos  en la película que provocan este cambio dramático del blanco y negro al color, pero  el mayor agente que propicia estas variaciones es la influencia de los propios protagonistas, David y Jenifer (Bud y Mary Sue en el mundo de ficción) sobre los nativos de Pleasantville. Paralelamente, ellos mismos sufren profundas modificaciones que descubren facetas ocultas y maravillosas de su propia personalidad, con las que ni siquiera habían soñado. Al principio todo se reduce a pequeñas variaciones, como esos fantásticos globos de chicle de color rosa que parecen señalar a cuantos comienzan a ser conscientes de su propia sexualidad; luego es el chicle el que acaba por cambiar de color, primero tímidamente, luego como señal inequívoca de esta pequeña revolución sexual que sacude a los jóvenes del pueblecito. Poco a poco los cambios van haciéndose cada vez más patentes y aumentado su efecto caótico sobre el delicado equilibrio de Pleasantville, cuya calma perpetua comienza a desintegrarse paulatinamente.
Junto a esta revolución sexual incipiente, fuente de los primeros cambios en Pleasantville, surgen otras formas y vehículos para la mutación de los individuos, sorprendidos por las maravillas del nuevo cosmos coloreado que parece revelarse ante ellos: “La magia de ver y, sobre todo, de existir, en Pleasantville la encontraremos en el descubrimiento casi infantil del mundo a través de unos ojos inocentes , gracias a las renovadas ganas de aprender a vivir, esta vez  en Technicolor. La llegada de la lectura o del arte que se manifiestan entre cajas registradoras y hamburguesas; la llegada del amor, de la pasión, que se viven como si fuera la primera vez, nos recuerdan a años pasados, cuando todo era una novedad. Esa ilusión se ve reflejada en los rostros de adultos y jóvenes que, poco a poco, mutan su piel hacia un rosado delicioso y cuyos vestidos quedan salpicados, no solo de intensos colores si no también de una lluvia que los acaricia por primera vez en su vida (…)” En todo este proceso de mutación, que se presenta ante los individuos como una pequeña transformación o revelación personal que les ofrece un horizonte de libertad y posibilidades frente a la opresión de su encorsetada vida rutinaria, podemos entrever sin embargo una hábilmente edulcorada metáfora de la iluminación o gnosis promovidas por la filosofía de la Nueva Era — o el muy antiguo gnosticismo-- , que impregna este filme, y que preconizan una liberación del caduco sistema carcelario representado por el sector más “conservador” y tradicionalista de Pleasantville, reacio a cualquier evolución o variación mínima de los cánones o dogmas establecidos generación tras generación.
En el mejor de los casos, la película es una suerte de “parábola“, aunque su mensaje no sea fácil de dilucidar. Por un lado, parece comunicarnos que la vida es un contínuo cambio, a veces para bien, otras parar mal; un  tránsito  para el que conviene estar preparado, así como una oportunidad de crecer,  mejorar y sorprenderse. Pero también podemos contemplar la historia desde otra perspectiva más siniestra. En Pleasantville, como en algunos círculos ocultistas; el color está indisolublemente ligado a la iluminación, a la luz  y --de modo harto misterioso-- al arco iris; como explica el famoso esquema del prisma que descompone la luz en todo su espectro. Es el viejo discurso de la Serpiente del Génesis, sobre el que se sustenta buena parte de la monserga gnóstica: “Abrid vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. ” La iluminación os abrirá las puertas de las maravillas del mundo real, ceded a su fascinación. Despertad, dad rienda suelta a vuestros deseos y se abrirán nuevos caminos y posibilidades, hasta ahora latentes.”  Como veremos seguidamente, esta interpretación en clave bíblica del subtexto de Pleasantville no es tan descabellada como pudiera parecer a primera vista.
De hecho, lo que más nos interesa aquí de esta cinta, al margen de sus cualidades como producto cinematográfico, es su dimensión simbólica.  El simbolismo es contínuamente usado como recurso narrativo eficacísimo durante toda la película.  Como muestra un botón: justo después de que Jennifer enseña a su noviete los rudimentos del sexo, una rosa cambia su color del blanco y negro al rojo sangre. Esto puede ser entendido de muchas formas, como un nuevo principio, un cambio, la pérdida --dolorosa-- de la viriginidad, el despertar de la pasión. En otro contexto, la rosa puede simbolizar el corazón humano o, en circunstancias determinadas, incluso el órgano sexual femenino. El color, la idea principal en la película,  participa plenamente del simbolismo.  Hemos visto que los cambios cromáticos de Pleasantville tienen su origen principal en David y su hemana Jennifer, iniciadores — y por tanto figuras prometeicas, como veremos-- de los ignorantes e inocentes habitantes del pequeño paraíso de ficción. La gente adquiere conocimiento o siente emociones embriagadoras o traumáticas y adquieren vibrantes colores. Un ejemplo es cuando David golpea con violencia a un acosador --un comportamiento ajeno a su personalidad usual-- o cuando Jennifer disfruta de la lectura de un libro, en un gesto desacostumbrado para ella.
Revolución --sexual, social, intelectual--  rebelión, iluminación: conceptos estrechamente ligados a la figura de Prometeo, y presentes en todo momento en Pleasantville, la historia de un pequeño paraíso cuyo frágil equilibrio se ve sacudido hasta los cimientos por la revelación del sexo, la pasión  y sus epifenómenos.
Centrémonos en otros ejemplos que usan claramente el simbolismo  a través de la película. Algunos momentos especialmente significativos son la primera lluvia, el resplandor del trueno y el rayo durante una tormenta(instante equiparables a la iluminación o shamadi, despertar de la conciencia, revelación mística, comparados  tradicionalmente al relámpago), la aparición del arco iris,  el hallazgo clave del descubrimiento del fuego, en la escena memorable del árbol ardiendo. El color también refleja, en sentido negativo, la aparición de un cierto individualismo, el egoismo personal, contrapuesto al gris del espíritu colectivo, gregario, social, que primaba en el Pleasantville original.  En una escena especialmente reveladora del subtexto de la cinta, los símbolos dejan de ser universales para ser estrictamente bíblicos: la manzana roja que, ofrecida por Lana a David, es reminiscente del fruto prohibido del Jardín del Edén. Este episodio, por sí mismo, justificaría una revisión en clave simbólica para la toda la historia, y vuelve a ponernos sobre aviso de la verdadera naturaleza de Pleasantivlle, la del Paraíso terrenal anterior a la Caída del Hombre, presentada aquí por los guionistas, en clave invertida, como una experiencia iniciática de iluminación y gnosis. En resumidas cuentas, se trata de la historia del Pecado original contada … por “los  malos”.
¿Adán y Eva? No, Prometeo y Pandora, según el Greco.
Se han señalado también  alusiones de varios tipos, como figuras literarias, como posibles recursos del subtexto en Pleasantville.  Hay tres tipos de alusiones evidentes: historicas, bíblicas --se han apuntado algunas-- y mitológicas. El director, usando estos artificios, dota de un nuevo contexto significativo al argumento, aclarando o complicando la trama, añadiendo matices de complejidad. Por ejemplo, ya hemos citado la escena de la quema de libros, una alusión clarísima hacia el acontecimiento que, análogamente, se produjo durante el auge del nazismo en  Alemania. Pero también podría recrear, de modo más genérico, la persecución del catarismo o, también, los procesos inquisitoriales en la Edad Media.  En Pleasantville, la pira de libros representa la limpieza de la ciudad por aquellos ciudadanos fieles al antiguo régimen, que manifiestan su descontento hacia los cambios que se suceden.  Durante éste y otros momentos similares, la visión del sector tradicionalista es deliberadamente sesgada: se pretende que, a los ojos del espectador, el pefil de estos personajes resulte impopular y directamente antipático.
Entre las alusiones bíblicas hemos mencionado ya la metáfora de la iluminación asociada al color y la visión, cercana al discurso gnóstico ofita según se explicita en el Génesis: “ Y la serpiente dijo a la   mujer: No moriréis; más sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos   vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal“.
Y también el episodio de la manzana del conocimiento en el Jardín del Edén. Pero aún hay otras no menos importantes, como la alusión al Diluvio Universal, como veremos seguidamente.
En otros sitios, especialmente americanos, donde se ha hecho algún que otro análisis en clave simbólica de la película, se ha advertido  de las referencias bíblicas en Pleasantville. En el plano del árbol inflamado en llamas se ha querido ver un eco de la zarza ardiente; nosotros no vemos aquí una alusión bíblica, sino más bien mitológica, próxima al simbolismo de Prometeo y Pandora, vinculado a ciertos aspectos del subtexto argumental.Sí son citas bíblicas expresas la manzana del Jardín del Edén, las alusiones al Pecado Original, la escena de la lluvia, un guiño obvio al Diluvio, y la secuencia del Arco Iris sobre la ciudad (arriba). Sin embargo, aquí el manejo de los símbolos por parte de los artífices de la película deja entrever cual es su filosofía:  la aparición del Arco Iris, tras el Diluvio representado por la primera lluvia en Pleasantville --que sigue inmediatamente a la secuencia del “fruto prohibido”--  , representa aquí el rechazo del Creador hacia el comportamiento de los habitantes de este paraíso de ficción; justo al contrario que en el pasaje bíblico original.
Estas escenas de Pleasantville recogidas arriba recuerdan otros tantos pasajes bíblicos. Aparecen como réplicas, con cambios significativos, en clave de inversión, de varios asuntos del Génesis, como la historia del Jardín del Edén. El árbol con la manzana representa obviamente el “Arbol del conocimiento del Bien y del Mal”. Y tal como recoge el pasaje bíblico, Margaret (Eva) toma la manzana del árbol y se la offrece a Adan (David, Tobie Macguire), que la muerde. Entonces, siguiendo a esta secuencia, llueve y tuena --por vez primera-- sobre Pleasantville. El momento parece reflejar la ira del Creador y su furioso juicio contra las pecaminosas y heréticas actividades que prosperan ahora en el pueblecito.
En una sección de un gran mural pintado por uno de los  personajes más carismáticos de la película, el heladero Mr. Johnson, que tras su personal “revelación”  descubre su verdadera vocación como pintor, encontramos de nuevo referencias bíblicas, como la manzana rodeada por la serpiente (izquierda) .  Hay aún otra alusión menos explícita, pero especialmente relevante, sobre el asunto del Génesis, vinculada a este mismo personaje. Sucede en una escena especialmente bien traída donde Mr. Johnson, el heladero y artista en ciernes, tras abrir sus ojos y descubrir el color, hojea fascinado un libro de arte, que siempre había visto en blanco y negro. La primera lámina que aparece,  en primerísimo primer plano, es curiosamente una reproducción del famoso fresco de Masaccio que representa la Expulsión del Paraíso de Adán y Eva (abajo). La intención del discurso de los artífices de Pleasantville no podía ser más patente.
Masaccio, Adán y Eva arrojados del Paraíso
Pero quizá la alusión mitológica más notable tiene que ver con el descubrimiento del fuego, episodio de reminiscencias claramente prometeicas. Esta es una bien conocida referencia clásica y ofrece nuevos matices a la identidad de los personajes principales de la historia y su misión salvífica en la misma. También se han apuntando paralelismos entre el mito de Apolo y Artemisa, una leyenda griega que puede compararse en ciertos términos con la de David y Jennifer, figuras centrales en Pleasantville. Artemisa, como Jennifer, es mayor que Apolo --David-- ; de su experiencia y su atractivo, al igual que el personaje mitológico, sabrá sacar ventaja sobre su hermano.
Del mismo modo podrían verse en Jennifer algunos rasgos de la figura de Pandora, lo que nos remite de nuevo al mito de Prometeo, con el que finalmente parece encajar mejor el personaje de David (Macguire). .
Esta es una perspectiva más interesante y ajustada, la que nos la proporciona la asociación simbólica con Prometeo — muy típica por otra parte de cierto tipo de  cine  hollywoodiense que gusta de construir sus personajes a partir del perfil del “Cristo cinemático” -- ; como el célebre titán griego, David revela el fuego y otras cosas escondidas y secretas a los hombres --los habitantes de Pleasantville, con los que acaba por identificarse, aún si compartir con ellos su “mortalidad”--. Promoverá con espíritu  prometeico la rebelión y dará a los seres humanos las claves del descubrimiento y el conocimiento a través de la lectura, el arte y las ciencias.  Al mismo tiempo, su hermana --como Pandora--  será responsable de sembrar el caos y la destrucción entre los humanos.
Prometheus y David, ambos quieren hacer a los seres humanos más sabios, iniciándoles e introduciéndoles en el conocimiento -gnosis-, representado por el fuego, de nuevas experiencias.  En Pleaasantville, a modo de ironía, se introduce esta alusión mitológica. Ni siquiera el departamento de bomberos sabe qué es el fuego.
El simbolismo del fuego prometeico, asociado a la revelación y la iluminación intelectual, está también en la película sutilmente asociado al despertar sexual y tangencialmente a la historia del Pecado Original, en la que el rol de Prometeo es el de la Serpiente Antigua.  En la escena de la bañera,  la madre --en la ficción-- de David, explora y descubre fascinada su propia sexualidad, hasta entonces oscura y tenazmente reprimida. El momento del clímax se hace coincidir, plano a plano,  con la secuencia del árbol inflamado en llamas, por efecto de un rayo, subrayando la conexíón simbólica de ambos acontecimientos.  David, moderno Prometeo, asiste a los bomberos durante su primera aproximación, entre el asombro y la reverencia, al fuego. El hábil encadenamiento de imágenes, así como algunos de los diálogos (el bombero que sujetando la manguera mientras “apaga” o “extingue” el fuego --aquí furor uterino-- diciendo “entonces para ésto servían estas cosas”) pueden ser interpretados también en clave puramente satírica, alrededor del asunto del sexo.
Existen también indicios que apuntan hacia una naturaleza sobrenatural,  semidivina o angélica de los protagonistas de nuestra historia, lo que redunda en la clave simbólica de toda la historia. Aquí cabría preguntarse por el modo “misterioso” en que ambos jóvenes rebeldes viajan hasta Plesantville. Es obvio que se trata de figuras de algún modo celestiales, puesto que pertenecen de hecho a una dimensión “real” diferente del mundo de ficción en el que se ven sumergidos o atrapados, primero contra su voluntad, mas en el que luego piensan quedarse para siempre. Es curioso que este mismo episodio del viaje de dos seres sobrenaturales hacia el mundo terrenal nos resulta muy familiar, y aunque la película no trata expresamente el viaje en el tiempo en su forma usual, podemos contemplar el pasaje a través de la pantalla de televisión “mágica” como una suerte de viaje a lo largo de un agujero de gusano o túnel del tiempo --asunto recurrente en muchas historias de ficción-- con ayuda de un singular mando a distancia que un enigmático técnico de televisiores proporciona a los jóvenes. Al finalizar su “viajes”, ambos se encuentran en un mundo que recrea el suyo propio cuarenta años antes, lo que en cierto sentido puede ser considerado como un auténtico viaje en el tiempo o, al menos, a otra dimensión.
pas
.
Este episodio del viaje a través del “túnel o pantalla mágica” nos recuerda poderosamente otras películas, con las que Pleasantville comparte más de un elemento dentro del subtexto argumental. Finalmente, estos
pequeños paralelismos nos proporcionan un indicio bastante sólido de la historia o historias que podrían sustentar el código simbólico de esta cinta.
Diversas analogías y parecidos se han encontrado entre Pleasantivlle y películas como El Show de Truman, Matrix, o --en su vertiente de alegato antirracista, Matar a un Ruiseñor--.  Aun cuando en las dos primeras se manifiesta también la existencia de un mundo irreal que sigue un ritmo cíclico y rutinario, y que al final es totalmente desintegrado al par que sus personajes alcanzan la liberación o revelación de la naturaleza íntima de la realidad,  no son éstas las que nos interesa destacar, sino otros títulos como Stargate, The Road to El Dorado y El Hombre que pudo reinar, cintas donde algunos han visto ecos de la vieja leyenda de ángeles caídos tal y como se describe en el Libro de Enoch.
La dura travesía, a través de la puerta estelar o agujero de gusano, hasta el mundo real de los ángeles rebeldes; un tema recurrente, aunque oculto, en muchas películas de ficción modernas
En esta oscura historia,  que se solapa en algunos aspectos con diversos pasajes de la Biblia, especialmene el célebre Génesis VI,4, encontramos el relato de la caída de los ángeles y el origen del mal en el mundo anterior al Diluvio. Una leyenda apócrifa sobre ángeles que, llevados por el deseo y contraviniendo las leyes celestiales, descienden --o son arrojados--  al mundo donde cohabitan con mujeres mortales, trayendo con ellos conocimientos, arcanos y revelaciones --el fuego celeste-- pero también la calamidad,  la desolación y el caos.
“Y Azazel enseñó a los hombres a fabricar las espadas y los cuchillos, el escudo y la coraza para el pecho, y él les mostró los espejos y el arte de trabajados y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio y de embellecerse los párpados y las más bellas y más preciosas piedras y todos los tintes de color y la revolución del mundo.
(Libro de Enoch)” (*)
En El Hombre que pudo reinar, los elementos de la historia contada por el Libro de Enoch son fácilmente reconocibles: dos granujas viajan hasta un país remoto con la intención de erigirse en reyezuelos, tomando por la fuerza o con artimañas a los habitantes de esas tierras. Los s nativos creen que son dioses y, cayendo a sus pies, se postran para adorarlos; consideranr a Dravot como a un dios por sobrevivir al ataque de una flecha. Los dos británicos aprovechan entonces esta nueva situación para ir más allá en sus ambiciosas pretensiones.” (wiki) Similares situaciones encontramos en Pleasantville, donde nuestros protagonistas destacan de forma casi “sobrenatural” por sus conocimientos del mundo real, frente a la ignorancia de los habitantes del pueblecito, a los que terminan “iniciando” en estos arcanos secretos y prohibidos.
Stargate es, con diferencia, la más parecida --hasta en detalles mínimos como el amuleto con el célebre Ojo de Horus-- en el simbolismo del subtexto a el Hombre que pudo reinar. En todas estas cintas, los visitantes son confundidos y confunden a su vez a los nativos en virtud de supuestos poderes “sobrenaturales”.
Del mismo modo, en The Road to el Dorado (el camino a El Dorado) cuando  los españoles Tulio y Miguel, por cosas del destino, llegan a El Dorado (como Pleasantville, otra imagen del Paraíso Terrenal) donde
van a ser confundidos con unos dioses. Aprovechando la confusión, y viendo que de ella pueden hacerse ricos, los dos hombres deciden interpretar a dos deideades durante un tiempo. Su amor --ilícito y escandaloso-- hacia  las nativas hará que las cosas se compliquen, provocando el caos. Grosso modo, de nuevo los mismos elementos que encontramos en el Hombre que pudo reinar o Pleasantville. La vieja historia de Semiaza y sus secuaces, los nephilim o ángeles caídos del Libro de Enoch. Aquí, resumidos, algunos de los puntos fundamentales de esta historia que, de modo aproximado, conforman una estructura narrativa coherente que  solapadamente se imbrica en los argumentos de todas las películas analizadas:
Un acuerdo, juramento o contrato antes de emprender un viaje
un duro viaje a través de un portal, pasaje o acceso tortuoso y difícil
dos ángeles, seres sobrenaturales, granujas, impostores o falsos dioses
Una relación jerárquica entre ambos seres
La iniciación en formas de guerra o artes diversas, la revelación de arcanos; la iluminación o conocimiento
la cohabitación --a menudo prohibida-- con la mujeres nativas; el pecado original.
Una rebelión, guerra, caos o tumulto
Un líder castigado o reprendido de algún modo
Una discusión sobre la partida o el retorno al lugar de origen (usualmente uno quiere permanecer y el otro se marcha)
Esta es la línea argumental que muestra la historia de la rebelión o  motín de «los hijos del cielo». Y lo que sucedió, según el Libro de Enoch, que guarda ciertos paralelismos interesntes con Génesis VI, 4, fue lo siguiente: “Todos ellos se tomaron esposas. Después empezaron a tener acceso con ellas y a hacer actos impuros con ellas. Y les enseñaron las artes de la magia y de las hierbas, y les enseñaron el conocimiento de las plantas (…) , en resumen, todas las formas de iniciación, condensadas en el mito de Prometeo. The road to El Dorado, Stargate, El Hombre que pudo reinar, Dogma (1999) o Pleasantville, entre otras, mantienen curiosas coincicencias argumentales o, si quieren, a nivel simbólico. En todas ellas, de forma más o menos solapada, encontramos ecos de la historia de la rebelión de los Hijos de Dios, la caída de los ángeles rebeldes, según se cuenta en el apócrifo Libro de Enoch, sutilmente transformados, por arte de birli birloque, en salvíficos ángeles de luz. Pero, ¿quién y por qué ha introducido estos oscuros relatos esotéricos en la trama de modernas producciones cinematográficas?
-Fuentes,vínculos y notas-
Pleasantville, ficha técnica, argumento y personajes, en The Film Studies Web Site
Pleasantville, en el Impostor
La Biblia en Pleasantville, aquí
Un análisis en clave simbólica de la dimensión bíblica de Pleasantville, enfatizando su vertiente antirracista
Zuck, Jon. Pleasantville:
The Garden of Eden Revisited. 9 Jan. 2004
Pleasantville, pelo a pelo en Clyde´s Movie Palace
Plano por plano, un análisis de Pleasantville
El hombre que pudo reinar, en wikipedia
http://www.imdb.com/title/tt0073341/plotsummary
Semiaza, en la enciclopedia de la demonología
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