”Así sucedió, que cuando en aquellos días se multiplicaron los hijos de los
hombres, les nacieron hijas hermosas y bonitas;
2 y los Vigilantes, hijos del cielo las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: “Vayamos y
escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos”.
(Génesis — 6:1-4)
3 Entonces Shemihaza que era su jefe, les dijo: “Temo que no
queráis cumplir con esta acción y sea yo el único responsable de un gran
pecado”.
4 Pero ellos le respondieron: “Hagamos todos un juramento y
comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este proyecto hasta
ejecutarlo realmente”.
5 Entonces todos juraron unidos y se
comprometieron al respecto los unos con los otros, bajo anatema.
6 Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron
Hermón“
Ésta es una película simpática, agradable y entretenida, pero también muy extraña. Tras la significación más evidente de la historia, aparentemente trivial, de unos adolescentes que son misteriosamente ”tele-transportados” --o arrojados, según un enfoque más sibilino-- a una jovial comunidad de ficción llamada Pleasantville, un lugar apacible y hermoso, paraíso en miniatura en el plató de una serie en blanco y negro de los años cincuenta-- adivinamos otros estratos de significación más profundos, que plantean una línea argumental paralela en clave simbólica y que una vez asimilada nos produce cierta sensación de deja vu. He aquí la interpretación sui generis que aventuramos sobre algunos de esos otros niveles de significación que sospechamos se perfilan aquí y allá en diversos momentos de esta curiosa y muy recomendable cinta.

Pleasantville es una producción de New Line Cinema film , dirigida por Gary Ross, estrenada en Canada en 1998, que cuenta con un maravilloso plantel de actores, como Tobey Maguire, Reese Witherspoon, William H. Macy, Joan Allen o Jeff Daniels. En la película se cuentan las peripecias de dos jóvenes modernos que, en el curso de una discusión por el mando de la televisión, son milagrosamente absorbidos por la pantalla y trasladados como por arte de magia al interior del tubo, donde se convierten en personajes de su serie favorita, Pleasantville, una telenovela al estilo de las comedias de los cincuenta, un mundo feliz y tranquilo, bien distinto de su mundo real en el presente, hostil, vacío y lleno de frustraciones. Los muchachos acuerdan no revelar su identidad ni alterar el equilibrio que reina en su nuevo mundo, pero pronto, su interacción con los habitantes del mismo comienza a causar dramáticos cambios.

En la película, Pleasantville es el título , como decimos, de una telenovela ambientada en la América de los años cincuenta, que goza de popularidad y casi de adoración entre algunos de los los telespectadores de un moderno canal por cable, entre los que se cuenta el protagonista de la cinta, David, que encarna un joven Tobey Maguire. Su hermana, sin embargo, no comparte su entusiasmo hacia el programa, lo que causa discusiones entre ambos jóvenes. Es precisamente en medio de una de éstas peleas, cuando un misterioso anciano técnico de televisores les regala un mando de control remoto, que accidentalmente les transporta al interior de la televisión, hasta el mundo de Pleasantville, donde han de vivir durante un tiempo, contra su voluntad. Se hallan entonces atrapados en esta realidad paralela donde todo aparece en blanco y negro, conformando un mundo dulce y feliz, sin asomo de violencia, un remanso de paz e inocencia, aunque carente de la pasión visceral, el entusiasmo o la fogosidad que caracterizan al mundo real.
Muchos ven en la película una sencilla crítica de los regímenes autoritarios u opresivos (la escena de la quema de libros es una alusión a la Alemania de Hitler, por ejemplo), un alegato antirracista, o una sátira de los tópicos obvios del american way of life promocionados por la programación televisiva de los cincuenta o los primeros sesenta en Estados Unidos y retratados eficazmente en Pleasantville. Otros han apuntado que el subtexto de la cinta es demasiado literal, lo cual es cierto para algunas de las lecturas que apuntamos más arriba. Sin embargo, a medida que avanza la trama vemos que hay aquí otra cosa y se adivina que el director no ha pretendido que Pleasantville sea simplemente una representación de la sociedad edulcorada que figuraban series como Ozzie y Harriet o Father Knows best. Pleasantville es, de hecho, un arquetipo de todas esas ciudades de ficción; y no sólo eso. Es también y sobre todo, en su inocente y frágil perfección, un trasunto simbólico del Paraíso. Y la historia de sus habitantes es una de las más antiguas historias que conoce la humanidad.

En Pleasantville se nos dan unas nociones de geografía elemental de este mundo perfecto: el final de la calle principal vuelve a ser su principio: la estructura circular, en forma de bucle perpetuo, pone de manifiesto naturaleza cíclica, en este sentido paradisíaca, del mundo representado. Pero también es una alusión a sus propias limitaciones y estrecheces.
La geografía “cíclica” de Pleasantville, así como su tranquilidad y orden, aunque ligeramente acartonados, son indicios de su naturaleza simbólica: el lugar es un trasunto del Paraíso terrenal, que en algunas representaciones tradicionales aparece también “amurallado” replegado sobre sí mismo y cerrado al Caos exterior.
Estamos ante una película aparentemente modesta, pero maravillosamente concebida. Además de su aspecto visual impecable y el uso brillante y coherente con el argumento de los efectos especiales, son especialmente destacables sus esmerados diálogos y, por fin, la soberbia actuación de sus intérpretes. No es de extrañar que después de pasar casi desapercibida y a pesar de tratarse --aparentemente-- de un mero producto de entretenimiento, hoy se revela casi como un film de culto. Si esta producción ha de ser recordada por algo, lo será posiblemetne por su uso brillante y expresivo del color, que juega aquí diferentes roles, en la mayoría de los casos para representar la iluminación o el despertar de los personajes. Esta gnosis figurada por el paso del blanco y negro al color se presenta vinculada, curiosamente, a un despertar sexual. Así, la protagonista, Jennifer, se pregunta si ha sido éste descubrimiento de la libido recién nacida el causante de los vivos colores, hasta entonces desconocidos, con los que resplandecen sus compañeros de clase. Pero David, su hermano, supone que debe haber algo más que eso. En realidad, parece que el color brota en la vida del personaje en cualquier momento en que sus ojos se abren a nuevas y profundas emociones, acercándonos al asunto del despertar de la conciencia, o más exactamente a una suerte de iluminación en el sentido gnóstico del término. Más adelante, en otro momento de la historia, el color se usa como alegoría de la segregación racial, en una de las aproximaciones -escasas y tangenciales- de la película hacia lo moralizante.

Hay muchos motivos en la película que provocan este cambio dramático del blanco y negro al color, pero el mayor agente que propicia estas variaciones es la influencia de los propios protagonistas, David y Jenifer (Bud y Mary Sue en el mundo de ficción) sobre los nativos de Pleasantville. Paralelamente, ellos mismos sufren profundas modificaciones que descubren facetas ocultas y maravillosas de su propia personalidad, con las que ni siquiera habían soñado. Al principio todo se reduce a pequeñas variaciones, como esos fantásticos globos de chicle de color rosa que parecen señalar a cuantos comienzan a ser conscientes de su propia sexualidad; luego es el chicle el que acaba por cambiar de color, primero tímidamente, luego como señal inequívoca de esta pequeña revolución sexual que sacude a los jóvenes del pueblecito. Poco a poco los cambios van haciéndose cada vez más patentes y aumentado su efecto caótico sobre el delicado equilibrio de Pleasantville, cuya calma perpetua comienza a desintegrarse paulatinamente.

Junto a esta revolución sexual incipiente, fuente de los primeros cambios en Pleasantville, surgen otras formas y vehículos para la mutación de los individuos, sorprendidos por las maravillas del nuevo cosmos coloreado que parece revelarse ante ellos: “La magia de ver y, sobre todo, de existir, en Pleasantville la encontraremos en el descubrimiento casi infantil del mundo a través de unos ojos inocentes , gracias a las renovadas ganas de aprender a vivir, esta vez en Technicolor. La llegada de la lectura o del arte que se manifiestan entre cajas registradoras y hamburguesas; la llegada del amor, de la pasión, que se viven como si fuera la primera vez, nos recuerdan a años pasados, cuando todo era una novedad. Esa ilusión se ve reflejada en los rostros de adultos y jóvenes que, poco a poco, mutan su piel hacia un rosado delicioso y cuyos vestidos quedan salpicados, no solo de intensos colores si no también de una lluvia que los acaricia por primera vez en su vida (…)” En todo este proceso de mutación, que se presenta ante los individuos como una pequeña transformación o revelación personal que les ofrece un horizonte de libertad y posibilidades frente a la opresión de su encorsetada vida rutinaria, podemos entrever sin embargo una hábilmente edulcorada metáfora de la iluminación o gnosis promovidas por la filosofía de la Nueva Era — o el muy antiguo gnosticismo-- , que impregna este filme, y que preconizan una liberación del caduco sistema carcelario representado por el sector más “conservador” y tradicionalista de Pleasantville, reacio a cualquier evolución o variación mínima de los cánones o dogmas establecidos generación tras generación.


En el mejor de los casos, la película es una suerte de “
parábola“, aunque su mensaje no sea fácil de dilucidar. Por un lado, parece comunicarnos que la vida es un contínuo cambio, a veces para bien, otras parar mal; un tránsito para el que conviene estar preparado, así como una oportunidad de crecer, mejorar y sorprenderse. Pero también podemos contemplar la historia desde otra perspectiva más siniestra. En Pleasantville, como en algunos círculos ocultistas; el color está indisolublemente ligado a la iluminación, a la luz y --de modo harto misterioso-- al
arco iris; como explica el famoso esquema del prisma que descompone la luz en todo su espectro. Es el viejo discurso de la
Serpiente del Génesis, sobre el que se sustenta buena parte de la monserga gnóstica: “
Abrid vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. ” La iluminación os abrirá las puertas de las maravillas del mundo real, ceded a su fascinación. Despertad, dad rienda suelta a vuestros deseos y se abrirán nuevos caminos y posibilidades, hasta ahora latentes.” Como veremos seguidamente, esta interpretación en clave bíblica del subtexto de Pleasantville no es tan descabellada como pudiera parecer a primera vista.

De hecho, lo que más nos interesa aquí de esta cinta, al margen de sus cualidades como producto cinematográfico, es su dimensión simbólica. El simbolismo es contínuamente usado como recurso narrativo eficacísimo durante toda la película. Como muestra un botón: justo después de que Jennifer enseña a su noviete los rudimentos del sexo, una rosa cambia su color del blanco y negro al rojo sangre. Esto puede ser entendido de muchas formas, como un nuevo principio, un cambio, la pérdida --dolorosa-- de la viriginidad, el despertar de la pasión. En otro contexto, la rosa puede simbolizar el corazón humano o, en circunstancias determinadas, incluso el órgano sexual femenino. El color, la idea principal en la película, participa plenamente del simbolismo. Hemos visto que los cambios cromáticos de Pleasantville tienen su origen principal en David y su hemana Jennifer, iniciadores — y por tanto figuras prometeicas, como veremos-- de los ignorantes e inocentes habitantes del pequeño paraíso de ficción. La gente adquiere conocimiento o siente emociones embriagadoras o traumáticas y adquieren vibrantes colores. Un ejemplo es cuando David golpea con violencia a un acosador --un comportamiento ajeno a su personalidad usual-- o cuando Jennifer disfruta de la lectura de un libro, en un gesto desacostumbrado para ella.

Revolución --sexual, social, intelectual-- rebelión, iluminación: conceptos estrechamente ligados a la figura de Prometeo, y presentes en todo momento en Pleasantville, la historia de un pequeño paraíso cuyo frágil equilibrio se ve sacudido hasta los cimientos por la revelación del sexo, la pasión y sus epifenómenos.

Centrémonos en otros ejemplos que usan claramente el simbolismo a través de la película. Algunos momentos especialmente significativos son la primera lluvia, el resplandor del trueno y el rayo durante una tormenta(instante equiparables a la iluminación o shamadi, despertar de la conciencia, revelación mística, comparados tradicionalmente al relámpago), la aparición del arco iris, el hallazgo clave del descubrimiento del fuego, en la escena memorable del árbol ardiendo. El color también refleja, en sentido negativo, la aparición de un cierto individualismo, el egoismo personal, contrapuesto al gris del espíritu colectivo, gregario, social, que primaba en el Pleasantville original. En una escena especialmente reveladora del subtexto de la cinta, los símbolos dejan de ser universales para ser estrictamente bíblicos: la manzana roja que, ofrecida por Lana a David, es reminiscente del fruto prohibido del Jardín del Edén. Este episodio, por sí mismo, justificaría una revisión en clave simbólica para la toda la historia, y vuelve a ponernos sobre aviso de la verdadera naturaleza de Pleasantivlle, la del Paraíso terrenal anterior a la Caída del Hombre, presentada aquí por los guionistas, en clave invertida, como una experiencia iniciática de iluminación y gnosis. En resumidas cuentas, se trata de la historia del Pecado original contada … por “los malos”.

¿Adán y Eva? No, Prometeo y Pandora, según el Greco.
Se han señalado también alusiones de varios tipos, como figuras literarias, como posibles recursos del subtexto en Pleasantville. Hay tres tipos de alusiones evidentes: historicas, bíblicas --se han apuntado algunas-- y mitológicas. El director, usando estos artificios, dota de un nuevo contexto significativo al argumento, aclarando o complicando la trama, añadiendo matices de complejidad. Por ejemplo, ya hemos citado la escena de la quema de libros, una alusión clarísima hacia el acontecimiento que, análogamente, se produjo durante el auge del nazismo en Alemania. Pero también podría recrear, de modo más genérico, la persecución del catarismo o, también, los procesos inquisitoriales en la Edad Media. En Pleasantville, la pira de libros representa la limpieza de la ciudad por aquellos ciudadanos fieles al antiguo régimen, que manifiestan su descontento hacia los cambios que se suceden. Durante éste y otros momentos similares, la visión del sector tradicionalista es deliberadamente sesgada: se pretende que, a los ojos del espectador, el pefil de estos personajes resulte impopular y directamente antipático.

Entre las alusiones bíblicas hemos mencionado ya la metáfora de la iluminación asociada al color y la visión, cercana al discurso gnóstico ofita según se explicita en el Génesis: “ Y la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; más sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal“.
Y también el episodio de la manzana del conocimiento en el Jardín del Edén. Pero aún hay otras no menos importantes, como la alusión al Diluvio Universal, como veremos seguidamente.


En otros sitios, especialmente americanos, donde se ha hecho algún que otro análisis en clave simbólica de la película, se ha advertido de las referencias bíblicas en Pleasantville. En el plano del árbol inflamado en llamas se ha querido ver un eco de la zarza ardiente; nosotros no vemos aquí una alusión bíblica, sino más bien mitológica, próxima al simbolismo de Prometeo y Pandora, vinculado a ciertos aspectos del subtexto argumental.Sí son citas bíblicas expresas la manzana del Jardín del Edén, las alusiones al Pecado Original, la escena de la lluvia, un guiño obvio al Diluvio, y la secuencia del Arco Iris sobre la ciudad (arriba). Sin embargo, aquí el manejo de los símbolos por parte de los artífices de la película deja entrever cual es su filosofía: la aparición del Arco Iris, tras el Diluvio representado por la primera lluvia en Pleasantville --que sigue inmediatamente a la secuencia del “fruto prohibido”-- , representa aquí el rechazo del Creador hacia el comportamiento de los habitantes de este paraíso de ficción; justo al contrario que en el pasaje bíblico original.

Estas escenas de Pleasantville recogidas arriba recuerdan otros tantos pasajes bíblicos. Aparecen como réplicas, con cambios significativos, en clave de inversión, de varios asuntos del Génesis, como la historia del Jardín del Edén. El árbol con la manzana representa obviamente el “Arbol del conocimiento del Bien y del Mal”. Y tal como recoge el pasaje bíblico, Margaret (Eva) toma la manzana del árbol y se la offrece a Adan (David, Tobie Macguire), que la muerde. Entonces, siguiendo a esta secuencia, llueve y tuena --por vez primera-- sobre Pleasantville. El momento parece reflejar la ira del Creador y su furioso juicio contra las pecaminosas y heréticas actividades que prosperan ahora en el pueblecito.


En una sección de un gran mural pintado por uno de los personajes más carismáticos de la película, el heladero Mr. Johnson, que tras su personal “revelación” descubre su verdadera vocación como pintor, encontramos de nuevo referencias bíblicas, como la manzana rodeada por la serpiente (izquierda) . Hay aún otra alusión menos explícita, pero especialmente relevante, sobre el asunto del Génesis, vinculada a este mismo personaje. Sucede en una escena especialmente bien traída donde Mr. Johnson, el heladero y artista en ciernes, tras abrir sus ojos y descubrir el color, hojea fascinado un libro de arte, que siempre había visto en blanco y negro. La primera lámina que aparece, en primerísimo primer plano, es curiosamente una reproducción del famoso fresco de Masaccio que representa la Expulsión del Paraíso de Adán y Eva (abajo). La intención del discurso de los artífices de Pleasantville no podía ser más patente.
Masaccio, Adán y Eva arrojados del Paraíso
Pero quizá la alusión mitológica más notable tiene que ver con el descubrimiento del fuego, episodio de reminiscencias claramente prometeicas. Esta es una bien conocida referencia clásica y ofrece nuevos matices a la identidad de los personajes principales de la historia y su misión salvífica en la misma. También se han apuntando paralelismos entre el mito de Apolo y Artemisa, una leyenda griega que puede compararse en ciertos términos con la de David y Jennifer, figuras centrales en Pleasantville. Artemisa, como Jennifer, es mayor que Apolo --David-- ; de su experiencia y su atractivo, al igual que el personaje mitológico, sabrá sacar ventaja sobre su hermano.
Del mismo modo podrían verse en Jennifer algunos rasgos de la figura de Pandora, lo que nos remite de nuevo al mito de Prometeo, con el que finalmente parece encajar mejor el personaje de David (Macguire). .
Esta es una perspectiva más interesante y ajustada, la que nos la proporciona la asociación simbólica con Prometeo — muy típica por otra parte de cierto tipo de cine hollywoodiense que gusta de construir sus personajes a partir del perfil del “Cristo cinemático” -- ; como el célebre titán griego, David revela el fuego y otras cosas escondidas y secretas a los hombres --los habitantes de Pleasantville, con los que acaba por identificarse, aún si compartir con ellos su “mortalidad”--. Promoverá con espíritu prometeico la rebelión y dará a los seres humanos las claves del descubrimiento y el conocimiento a través de la lectura, el arte y las ciencias. Al mismo tiempo, su hermana --como Pandora-- será responsable de sembrar el caos y la destrucción entre los humanos.

Prometheus y David, ambos quieren hacer a los seres humanos más sabios, iniciándoles e introduciéndoles en el conocimiento -gnosis-, representado por el fuego, de nuevas experiencias. En Pleaasantville, a modo de ironía, se introduce esta alusión mitológica. Ni siquiera el departamento de bomberos sabe qué es el fuego.

El simbolismo del fuego prometeico, asociado a la revelación y la iluminación intelectual, está también en la película sutilmente asociado al despertar sexual y tangencialmente a la historia del Pecado Original, en la que el rol de Prometeo es el de la Serpiente Antigua. En la escena de la bañera, la madre --en la ficción-- de David, explora y descubre fascinada su propia sexualidad, hasta entonces oscura y tenazmente reprimida. El momento del clímax se hace coincidir, plano a plano, con la secuencia del árbol inflamado en llamas, por efecto de un rayo, subrayando la conexíón simbólica de ambos acontecimientos. David, moderno Prometeo, asiste a los bomberos durante su primera aproximación, entre el asombro y la reverencia, al fuego. El hábil encadenamiento de imágenes, así como algunos de los diálogos (el bombero que sujetando la manguera mientras “apaga” o “extingue” el fuego --aquí furor uterino-- diciendo “entonces para ésto servían estas cosas”) pueden ser interpretados también en clave puramente satírica, alrededor del asunto del sexo.




Existen también indicios que apuntan hacia una naturaleza sobrenatural, semidivina o angélica de los protagonistas de nuestra historia, lo que redunda en la clave simbólica de toda la historia. Aquí cabría preguntarse por el modo “misterioso” en que ambos jóvenes rebeldes viajan hasta Plesantville. Es obvio que se trata de figuras de algún modo celestiales, puesto que pertenecen de hecho a una dimensión “real” diferente del mundo de ficción en el que se ven sumergidos o atrapados, primero contra su voluntad, mas en el que luego piensan quedarse para siempre. Es curioso que este mismo episodio del viaje de dos seres sobrenaturales hacia el mundo terrenal nos resulta muy familiar, y aunque la película no trata expresamente el viaje en el tiempo en su forma usual, podemos contemplar el pasaje a través de la pantalla de televisión “mágica” como una suerte de viaje a lo largo de un agujero de gusano o túnel del tiempo --asunto recurrente en muchas historias de ficción-- con ayuda de un singular mando a distancia que un enigmático técnico de televisiores proporciona a los jóvenes. Al finalizar su “viajes”, ambos se encuentran en un mundo que recrea el suyo propio cuarenta años antes, lo que en cierto sentido puede ser considerado como un auténtico viaje en el tiempo o, al menos, a otra dimensión.

pas
.
Este episodio del viaje a través del “túnel o pantalla mágica” nos recuerda poderosamente otras películas, con las que Pleasantville comparte más de un elemento dentro del subtexto argumental. Finalmente, estos
pequeños paralelismos nos proporcionan un indicio bastante sólido de la historia o historias que podrían sustentar el código simbólico de esta cinta.
Diversas analogías y parecidos se han encontrado entre Pleasantivlle y películas como El Show de Truman, Matrix, o --en su vertiente de alegato antirracista, Matar a un Ruiseñor--. Aun cuando en las dos primeras se manifiesta también la existencia de un mundo irreal que sigue un ritmo cíclico y rutinario, y que al final es totalmente desintegrado al par que sus personajes alcanzan la liberación o revelación de la naturaleza íntima de la realidad, no son éstas las que nos interesa destacar, sino otros títulos como Stargate, The Road to El Dorado y El Hombre que pudo reinar, cintas donde algunos han visto ecos de la vieja leyenda de ángeles caídos tal y como se describe en el Libro de Enoch.
La dura travesía, a través de la puerta estelar o agujero de gusano, hasta el mundo real de los ángeles rebeldes; un tema recurrente, aunque oculto, en muchas películas de ficción modernas
En esta oscura historia, que se solapa en algunos aspectos con diversos pasajes de la Biblia, especialmene el célebre Génesis VI,4, encontramos el relato de la caída de los ángeles y el origen del mal en el mundo anterior al Diluvio. Una leyenda apócrifa sobre ángeles que, llevados por el deseo y contraviniendo las leyes celestiales, descienden --o son arrojados-- al mundo donde cohabitan con mujeres mortales, trayendo con ellos conocimientos, arcanos y revelaciones --el fuego celeste-- pero también la calamidad, la desolación y el caos.
“Y Azazel enseñó a los hombres a fabricar las espadas y los cuchillos, el escudo y la coraza para el pecho, y él les mostró los espejos y el arte de trabajados y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio y de embellecerse los párpados y las más bellas y más preciosas piedras y todos los tintes de color y la revolución del mundo.
En El Hombre que pudo reinar, los elementos de la historia contada por el Libro de Enoch son fácilmente reconocibles: dos granujas viajan hasta un país remoto con la intención de erigirse en reyezuelos, tomando por la fuerza o con artimañas a los habitantes de esas tierras. Los s nativos creen que son dioses y, cayendo a sus pies, se postran para adorarlos; consideranr a Dravot como a un dios por sobrevivir al ataque de una flecha. Los dos británicos aprovechan entonces esta nueva situación para ir más allá en sus ambiciosas pretensiones.” (wiki) Similares situaciones encontramos en Pleasantville, donde nuestros protagonistas destacan de forma casi “sobrenatural” por sus conocimientos del mundo real, frente a la ignorancia de los habitantes del pueblecito, a los que terminan “iniciando” en estos arcanos secretos y prohibidos.


Stargate es, con diferencia, la más parecida --hasta en detalles mínimos como el amuleto con el célebre Ojo de Horus-- en el simbolismo del subtexto a el Hombre que pudo reinar. En todas estas cintas, los visitantes son confundidos y confunden a su vez a los nativos en virtud de supuestos poderes “sobrenaturales”.
Del mismo modo, en The Road to el Dorado (el camino a El Dorado) cuando los españoles Tulio y Miguel, por cosas del destino, llegan a El Dorado (como Pleasantville, otra imagen del Paraíso Terrenal) donde
van a ser confundidos con unos dioses. Aprovechando la confusión, y viendo que de ella pueden hacerse ricos, los dos hombres deciden interpretar a dos deideades durante un tiempo. Su amor --ilícito y escandaloso-- hacia las nativas hará que las cosas se compliquen, provocando el caos. Grosso modo, de nuevo los mismos elementos que encontramos en el Hombre que pudo reinar o Pleasantville. La vieja historia de Semiaza y sus secuaces, los nephilim o ángeles caídos del Libro de Enoch. Aquí, resumidos, algunos de los puntos fundamentales de esta historia que, de modo aproximado, conforman una estructura narrativa coherente que solapadamente se imbrica en los argumentos de todas las películas analizadas:
Un acuerdo, juramento o contrato antes de emprender un viaje
un duro viaje a través de un portal, pasaje o acceso tortuoso y difícil
dos ángeles, seres sobrenaturales, granujas, impostores o falsos dioses
Una relación jerárquica entre ambos seres
La iniciación en formas de guerra o artes diversas, la revelación de arcanos; la iluminación o conocimiento
la cohabitación --a menudo prohibida-- con la mujeres nativas; el pecado original.
Una rebelión, guerra, caos o tumulto
Un líder castigado o reprendido de algún modo
Una discusión sobre la partida o el retorno al lugar de origen (usualmente uno quiere permanecer y el otro se marcha)
Esta es la línea argumental que muestra la historia de la rebelión o motín de «
los hijos del cielo». Y lo que sucedió, según el Libro de Enoch, que guarda ciertos paralelismos interesntes con Génesis VI, 4, fue lo siguiente: “
Todos ellos se tomaron esposas. Después empezaron a tener acceso con ellas y a hacer actos impuros con ellas. Y les enseñaron las artes de la magia y de las hierbas, y les enseñaron el conocimiento de las plantas (…) , en resumen, todas las formas de iniciación, condensadas en el mito de Prometeo. The road to El Dorado,
Stargate,
El Hombre que pudo reinar, Dogma (1999) o Pleasantville, entre otras, mantienen curiosas coincicencias argumentales o, si quieren, a nivel simbólico. En todas ellas, de forma más o menos solapada, encontramos ecos de la historia de la
rebelión de los Hijos de Dios, la caída de los ángeles rebeldes, según se cuenta en el apócrifo Libro de Enoch, sutilmente transformados, por arte de birli birloque, en salvíficos ángeles de luz. Pero, ¿quién y por qué ha introducido estos oscuros relatos esotéricos en la trama de modernas producciones cinematográficas?
…
-Fuentes,vínculos y notas-
La Biblia en Pleasantville,
aquí
Zuck, Jon. Pleasantville:
The Garden of Eden Revisited. 9 Jan. 2004