EL FISIÓLOGO

Cuadrúpedos de leyenda

 

 

Un dragón de los muchos ejemplares que campan a sus anchas por el libro de Edward Topsell, Historia de los Cuadrúpedos y Serpientes  (1658)

 

 Bestias y criaturas  de apariencia imposible y  milagrosas habilidades, custodios de secretos o griales,  son un asunto inexcusable de los más clásicos y recomendables relatos de viajes y aventuras,  así como fauna común de la cartografía antigua, cuando los mapas aún propiciaban el vuelo prodigioso de la imaginación.  El volumen The  History of Four-Footed Beasts and Serpents (1658) de Edward Topsell  está literalmente plagado de estas asombrosas criaturas. Describía mamíferos y reptiles, reales y fabulosos, conviviendo alegremente gracias a la magia de la xilografía.  Su autor publicaría originalmente una Historia Ilustrada de los Cuadrúpedos (Illustrated Historie of Foure-footed Beastes, Describing the True and Lively Figure of Every Beast ) en 1607; un año más tarde le seguiría su Historia de las Sierpes ( The Historie of Serpents; Or the Second Booke of Living Creatures)  Posteriormente, de modo póstumo, en 1658, veinte años tras su deceso, los tratados zoológicos de  Topsell fueron reimpresos juntos como parte de una obra en tres volúmenes llamado definitivamente  Historia de las Bestias cuadrúpedas y las serpientes.  

 Con 111 (*)  páginas consagradas a diversos especímenes zoológicos, la obra de Topsell recogía por enésima vez descripciones más o menos ajustadas sobre animales reales así como leyendas y fábulas de animales míticos o imaginarios. Como no era un auténtico naturalista, el autor apoyaba sus comentarios y observaciones en reputadas publicaciones de autoridades clásicas, especialmente el Historiae animalium del erudito suizo Conrad Gessner. La Historia de los Cuadrúpedos de Topsell se basaba sobre todo en este clásico de Gesner, un colosal estudio en latín en cinco volúmenes, publicado en Zurich en 1550. A pesar de inspirarse largamente en el trabajo sesudo de  expertos naturalistas del pasado, Topsell continúo haciéndose eco de leyendas y rumores antiquísimos, atribuyendo cualidades y atributos bizarros e imposibles a criaturas reales.

La fabulosa y sonriente manticora, según el libro de Edward Topsell (1658) Historia de los Cuadrúpedos y Serpientes

 

 

Una lamia, según las descripciones de Topsell

Arriba, tres láminas de la obra de Edward Topsell, donde conviven criaturas fabulosas y mitológicas con animales reales

 

 

-Fuentes y vínculos-

(1) Para una excelente muestra de las imágenes de las bestias -fabulosas, exóticas o reales, del libro de Edward Topsell, véase el sitio de la University of Houston Digital Libraries ; el menú desplegado aquí(2) Un artículo en wikipedia sobre el ingenuo naturalista que nos hizo soñar –aún– con la existencia de criaturas legendarias de configuración imposible

(3) Muchas de  las imágenes del fantástico libro de Topsell en  Marinni Live Journal

(4) Las Bestias fantásticas del libro de Topsell, aquí.

(*) 111, cifra que sincromística, curiosa y caprichosamente hemos asociado en ocasiones  al dragón, la bestia apocalíptica , el 666 y el mosntruo devorador de almas, Ammit, de la escena psicostasia egipcia.

Domingo, diciembre 11th, 2011 EL FISIÓLOGO, ICONOGRAPHIA CURIOSA No hay comentarios

El gigante de Cardiff

 

El Gigante de Cardiff  aglutina las miradas de una miríada de espectadores ávidos de milagros. Noten los ecos de Paul Delvaux y su Venus dormida en este singular grabado.

 

El Gigante de Cardiff, un colosal hombre de piedra de más de tres metros de longitud, vio la luz, emergiendo del subsuelo el 16 e octubre de 1869, cuando fue descubierto por un grupo de trabajadores que estaban cavando un pozo en la propiedad de  William C. “Stub”, en Nueva York.  El impresionante hallazgo causó de inmediato un tremendo revuelo, provocando que cientos de personas hicieran un largo viaje hasta el lugar para ver el gigante (2).  Sin embargo, a pesar de la expectación generada por el descubrimiento de los colosales restos, muy pronto se sabría que lo realmente gigantesco era el fraude perpetrado por George Hull, un fabricante de tabaco y ateo recalcitrante quien, tras largas discusiones con un sacerdote fundamentalista sobre arduas cuestiones teológicas, concibió burlarse de las creencias de su oponente. Recordando  las referencias bíblicas sobre  “gigantes en la tierra”, en los pasajes sobre los célebres nephilim del Genesis VI, 4, Hull pensó si gente como su rival teólogo podrían tomar por un auténtico “gigante petrificado”  una enorme estatua de piedra fabricada y desenterrada ex profeso. Y decidió ponerse manos a la obra.

Al parecer, según cuentan diversos relatos fidedignos, Hull talló una escultura sirviéndose de su propia efigie como modelo. Tenía alrededor de tres metros cuando la dio por terminada; entonces resolvió darle un baño de ácido sulfúrico y acribillarla con diversos objetos punzantes, para deteriorar su superficie y darle un aspecto más antiguo. Luego la enterró –suponemos que con la colaboración de algunos compinches bromistas– en el terreno de un amigo en Cardiff. El chiste costó a Hull más de dos mil dólares, pero pensó que gracias a la credulidad del público deseoso de admirar el increíble artefacto podría fácilmente recuperar su inversión.

 Y no se equivocó en absoluto, porque las ganancias que generó el espectáculo montado en torno al “descubrimiento” del gigante de Cardiff fueron ernormes: ” miles de personas acudían a ver el engendro, por lo que terminó vendiendolo por 37,500 dólares a un grupo de empresarios de Syracuse. Fue allí cuando un paleontólogo de Yale estudió al Gigante de Cardiff con detenimiento y lo declaró un fraude bastante burdo, pues según él, hasta se veían las marcas de los cinceles (1) 

Pero contínuemos con la narración cronológica de los acontecimientos. Tras el ocultamiento de la estatua, un año después, en 1869, varios obreros que estaban cavando un pozo en el mismo enclave “descubren” los restos y los desentierran. La estatua fue inmediatamente denunciada como un fraude, pero, a pesar de ello, como Hull adivinaba, su autenticidad fue fervientemente defendida por los cristianos fundamentalistas, que pronto la usaron como contundente prueba de la verosimilitud de las Sagradas Escrituras. El acalorado debate que generó el falso descubrimiento arqueológico reportó unos cuantiosos ingresos al artífice del engaño, a razón de cincuenta centavos por persona.

Transportando los restos del gigante a Syracuse, según un grabado de la época

 El espectáculo del gigante de Cardiff resultó un negocio tan lucrativo para sus creadores que incluso P.T. Barnum (el padre de la sirena de Fejee y otras singulares criaturas, y mago de los espectáculos circenses) creó su propio gigante esculpido –una copia fraudulenta del primer fraude– para exhibirlo en una tournée por varios lugares. Fue sólamente cuando los dos gigantes, original y réplica, coincidieron en Nueva York cuando se destapó el asunto y todo el mundo se percató del engaño. El “falso” gigante de Barnum puede verse, según se cree, en el bizarro Marvin Marvelous Mechanical Museum, en Farmintong Hills, Michigan.

Fotografía del “gigante” publicada en la revista Strand, en 1895, según reza el pie de la foto. El ataúd se apoya sobre un vagón de ferrocarril, para dar una idea de su escala.

 

Del descubrimiento arqueológico inicial, con ínfulas de trabajo científico, el gigante evoluciona rápidamente al freak show y de aquí a coger telarañas en una propiedad particular en Des Moines. Unos años más tarde, la New York Historical Association lo adquiere por treinta mil dólares a su último propietario y lo traslada a  Cooperstown, donde se halla, en el Museo de los Granjeros, desde entonces.

 

 

El coloso sigue durmiendo el sueño de los siglos, oculto bajo una carpa, en el lugar mencionado. Para admirarlo en todo su esplendor aún hay que pagar una entrada, a un precio módico.  George Hull estaría orgulloso. El gigante de Cardiff ha sido considerado recientemente una de las Siete Maravillas Forteanas de América. 

-Fuentes y vínculos-

(1) El gigante de Cardiff, el mayor engaño antropológico

(2) Más sobre el gigante de Cardiff en The Museum of Hoaxes

(3) La fascinante historia del gigante de Cardiff, en el artículo más completo que hemos encontrado (en inglés)  

(4) Algo más sobre el tema y otras extravangancias en Bizarre Bazaar

(4) El Hombre de hielo de Minnesota, un pariente lejano del gigante de Cardiff y, quizá, nuestro enigma favorito, sobre el que volveremos si la ocasión se tercia, para hablar “largo y tendido”.  Entretanto, véase el particular enfoque que los escépticos de Magonia dan a esta fascinante historia.

(5) Gigantes en la tierra, una perspectiva bíblica e inquietante, aunque improbable, del fenómeno del gigantismo, según Steve Quayle

La Virgen y el Dragón (I)

 

El gigantesco saurio, cabeza abajo, sujeto al muro por dos grilletes de hierro, brillaba, casi refulgía, ante la luz eléctrica, pese a los siglos de humo.”

(Pág. 99 de Familias como la mía) via

 

La virgen y en Dragón I

 

Ejemplares de cocodrilos y caimanes preservados mediante momificación y otras técnicas eran relativamente frecuentes en los ajuares de antiguos templos y aún pueden verse algunos — como apuntábamos en nuestro pequeño artículo sobre exvotos (  )-- en nuestras iglesias, para asombro y maravilla del peregrino,  el viajero curioso o el turista ocasional.   De chicos, la visión de una de estas bestias, en el camarín de la Virgen de Consolación de Utrera, en medio de una impactante sala de exvotos, nos catapultó  a la experiencia del horror sagrado. La presencia de estas terribles criaturas en el interior del templo no ha sido nunca, sin embargo, totalmente explicada, aunque se han adelantado varias hipótesis  bien fundamentadas, algunas de las cuales pasamos a presentarles. Para nuestro viaje en busca de este misterio en torno a los cocodrilos que habitaban las iglesas antiguas nos hemos basado especialmente en el magnífico estudio de Juan de Dios Doménech Cocodrils i baleines a les egleises  (1) que recogemos en nuestros enlaces y a cuya lectura remitimos a los más curiosos y entusiastas de este particular asunto.

Santuario della Beata Vergine delle Grazie (Curtatone)

 

Un antiguo caso muy conocido de cocodrilo embalsamado es del lagarto de la Catedral de Sevilla, del que se dice que el Sultán de Egipto ofreció como presente como regalo al Rey Alfonso X el Sabio; una vez muerto el animal, fue disecado y colgado en el lugar que hoy se llama precisamente Puerta del Lagarto, que conduce directamente al Patio de los Naranjos de la Catedral. El reptil, viejo y desvencijado, se desintegró poco a poco y hubo de ser reemplazado por una réplica en madera, que aún se conserva, a la vista de todos, en su emplazamiento original.

Aunque en los muros de las iglesias del medievo usualmente se disponían especímenes de animales exóticos para evocar la magnificencia y esplendor de la Creación Divina, el cocodrilo, entre estas criaturas singulares, brillaba especialmente por su particular significado para los cristianos primitivos, pues de acuerdo con algunos relatos, es uno de los atributos iconográficos de San Teodoro.

San Todaro (Teodoro) de Amasea. Via Flickr

También se ha señalado un vínculo, real o imaginario, entre los reptiles actualmente conservados en las iglesias , de los cuales se solía decir que procedían de Egipto o Tierra Santa -- de donde  los traería un peregrino o un cruzado --  con el mito del héroe vencedor del Dragón,  el que inspira  leyendas como la del Gusano de Lambton .  Por ejemplo, el autor Peter Ackroyd cuenta en Thames : The Biography que Ricardo Corazón de León trajo un cocodrilo de vuelta de las Cruzadas y lo colocó en la Menagerie Tower, pero el animal escapó, sumergíendose en el río. (n2)  En este sentido, la dimensión simbólica del cocodrilo como transunto del Dragón o Leviatán, encarnación del mal o Demonio vencido,  podría constituir una explicación de su habitual disposición en los muros de los templos occidentales. Según diversos tetimonios entre los siglos XV al XVIII, las pieles de cocodrilo y huesos de ballena en las iglesias podrían ser vistos como los restos de un dragón; el monstruo primordial se colocaba en el templo como muestra del triunfo de la iglesia sobre el mal.

Desde otro punto de vista diferente, conviene reseñar que los cocodrilos, indistinguibles a primera vista de los caimanes, eran también un elemento indispensable entre los obetos de las cámaras de maravillas o wunderkammern del Renacimiento, así como una de sus piezas más grandes, provocativas y bizarras. Como se verá más adelante, esta otra perspectiva puede explicar también su sorprendente presencia en las iglesias occidentales. (n) Generalmente, la tradición de disponer cocodrilos disecados y huesos de ballena en las iglesias se ha considerado  como una vertiente más de la práctica del exvoto. También hay investigadores que han asegurado que era una forma de llenar el templo de mirabilia naturae , de objetos y animales sorprendentes y curiosos, equiparando la iglesia a una suerte de museo de historia natural, una gigantesca cámara de las maravillas.

El caimán del Pocito (Fuensanta)

Hace muchos años, el número de cocodrilos y restos de ballena en nuestros templos era más numeroso que en la actualidad. Desde siempre, la iglesia había custodiado los huesos y cadáveres embalsamados de estas criaturas. Los vestigios y restos corporales, litúrgicamente, son considerados a menudo objetos de veneración; en el cristianismo es muy relevante el culto de las reliquias. Son precisamente estos restos los que hacen sagrado un enclave particular (se podría evocar aquí  una relación entre el culto de las reliquias y la idea del sacrificio ritual, sacrum facere que se oculta, por ejemplo, tras el episodio masónico del asesinato de Hiram Abbiff, pero esto sí que nos llevaría muy lejos).  Por otra parte, para consagrar un ara, por ejemplo,  se hace necesario el concurso de una de estas reliquias. (17  ) Obviamente, los reptiles disecados de las iglesias no tienen, al menos en el occidente medieval, este aura de santidad, ni se les rindió culto, ni se le han atribuído milagros (otro tanto no podría decirse de culturas como la egipcia, con su culto al dios Sobek, el cocodrilo), aunque se nos ocurre que el sacrificio de la Bestia primordial (Tiamat, Pitón, Leviatán) es en muchas culturas un mito cosmogónico fundamental y  tal vez un concepto importante en los ritos de la fundación del templo.  Como quiera que sea, los cocodrilos y ballenas siempre han estado confinados en el ámbito del lugar sagrado, a la vista de los fieles, junto a los iconos y las imágenes de Cristo y de los Santos.

 

En su formidable estudio (1) Domenech señala huesos de ballena en la catedral de Barcelona, en la parroquia de los Santos Justo y Pastor, en el santurario de Paret Delgada. Nuestras pocas pesquisas en la red no han dado resultado, y no sabemos a ciencia cierta si aún se conservan algunos de estos ejemplares en la actualidad. El autor cita también otros lugares donde se conservaban cocodrilos y caimanes disecados, más corrientes en el resto de España que en Cataluña: Montserrat, Ripoll, Valencia y Córdoba, por nombrar algunos de los que aún hoy se hallaban diseminados por toda la geografía española.  Quizá sea el momento de elaborar un mapa lo más completo posible donde se detalle la ubicación de estos ejemplares por todas las iglesias de la península ibérica; nos imaginamos que  un viaje en torno a estos enclaves sería una experiencia bien recomendable. (15)

Puerta con huesos de ballena en Whitby. Fotografía de John Wilkinson. Via

 

Las primeras referencias escritas sobre reptiles en las iglesias datan de finales del siglo XVIII y se atribuyen a Francisco de Zamora (1). En referencia a Montcada, el citado autor hace una mención fugaz al hecho de que la ermita tiene una “multitud de ofrendas, caimanes, costillas de animales marinos (…)”  Más adelante  refiere que se puede encontrar un cocodrio en la puerta de Sant Eudald, en Ripoll, donde asegura ser “de lo más normal entrar en una iglesia y toparse con la cola de un reptil al lado de la pila de agua bendita“.  Curiosamente, esta asociación del cocodrilo y la pila bautismal no es desdeñable, ya que   entronca con el tradicional símbolismo de la serpiente, asociada a las aguas, y al concepto de la resurrección --y por lo tanto al bautismo-- ; se han encontrado algunos ejemplos de serpientes y otros reptiles tallados cerca o incluso dentro de pilas bautismales, de los cuales son más famosos los ejemplares gallegos de Muros: “en el fondo de las pilas de agua bendita de la catedral de O Porto se ve una serpiente vencida y derrotada que se arrastra por el fondo de las pilas. Es la plasmación gráfica del dicho popular: “Le tienes más miedo (a alguna cosa concreta) que el diablo al agua bendita”. En este acaso, la serpiente es el diablo aterrorizado por el agua bendita. Existen imágenes parecidas en otras muchas iglesias”.  (n3 (Noya)

  La muda de piel de lagartos y serpientes se vincula tradicional y simbólicamente a la idea de la resurrección cristiana y, en clave esotérica, al concepto de renovación y transmutación. En la tradición céltica, un tipo especial de sierpe, llamada wouivre, se suele asociar a pozos y  corrientes de aguas subterráneas. Es curioso advertir que a menudo los cocodrilos de las iglesias occidentales también aparecen vinculados de algún modo a un pozo o manantial.

Cocodrilo disecado en los muros de la basílica de St-Bertrand-de-Comminges. Via

 

St Bertrand de Comminges. Su catedral, conocida popularmente como la Catedral de los Pirineos, es una atracción turística de primer orden.  Entre sus tesoros, un cocodrilo suspendido cabeza abajo en uno de sus muros. La creencia popular afirma que el animal remontó el río, asomando por sí mismo y asolando el lugar, hasta que  Saint Bertrand (del que la ciudad tomó su nombre) lo mató. Lo más probable es que se trate de un exvoto, traído por un peregrino o un caballero, y ofrecido como regalo a la iglesia.

Una de las razones que explica la presencia de estas bestias en el lugar sagrado estriba precisamente en su rareza, en su exotismo. Porque eran extraños e insólitos, cocodrilos y ballenas eran con frecuencia tratados con reverencia, puesto que eran dignos de admiración, y esta admiración suponía una forma germinal de veneración, de temor religioso. Forma parte del concepto mismo de las mirabilia naturae, que tanto auge alcanzarían en el primer Renacimiento,origen de los primeros escarceos de la Historia Natural, pero que desde la Edad Media eran fuente de verdadera sabiduría; la curiosidad y la capacidad de maravilla y fascinación por el mundo y sus criaturas, en las que el hombre religioso vería un reflejo del esplendor y la potencia del Sumo Hacedor. Con el paso del tiempo, sin embargo, esta curiosidad fue cambiando, hasta llegar a nuestros días; de la reliquia muerta de la iglesia a la claridad objetiva de la vitrina del museo y de aquí a la viveza y frescura del ejemplar zoológico.

Whitbey abbey, Whale bone Arch. Puerta de acceso al templo  con huesos de ballena. Crédito foto Sunrise. Via
 
 

Se han planteado algunos la forma en que estos restos llegaron hasta nuestros templos. Los huesos de ballena que había en las iglesias pertenecían posiblemente a ejemplares muertos, varados en las playas. Después de aprovechar la piel y el aceite en algunos casos, algunos de los huesos se trasnportaban respetuosamente a diferentes enclaves donde se aglutinarían los curiosos. Los huesos del Escorial llegaron desde Valencia. ” El día del Corpus de 1574 apareció una ballena muerte cerca de la Albufera; un año despues, los huesos llegaron al monasterio madrileño. “  (1) Habitualmente, el hallazgo de una ballena varada en la costa siempre ha provocado una gran expectación, porque en aquellos tiempos era la única oportunidad de la mayoría de los seres humanos de ver de cerca un animal de proporciones tan colosales, el más grande de cuantos conocían.  También, de algún modo, es una forma de acontecimiento milagroso, tal y como nos recuerda el hermoso episodio de Alberto Durero y su peregrinación en busca de una ballena varada en las costas de Bergeen Op Zoom, que acabaría costando la vida al artista.

El dragón dominado por el héroe o el Santo, pariente próximo del cocodrilo disecado de nuestras iglesias

Cuentan que Durero, en los últimos años de su existencia, aprovechando una estancia en los Países Bajos, oyó que había una ballena en una playa relativamente cercana, a unos días de camino. Entusiasta del dibujo de animales al natural,  --la liebre, el bogavante, el rinoceronte--  viajero impenitente  y hombre en extremo curioso, no quiso dejar pasar la oportunidad y se aventuró en busca del cetáceo, con tan mala fortuna que contrajo unas fiebres de las que moriría un tiempo más tarde. (n4)

Al margen de la curiosidad del encuentro, “la aparición de una ballena planteaba una pregunta que ahora podría parecer extravagante: ¿qué significa? Porque tradicionalmente, todos los fenómenos extraordinarios, eclipses, temporales, nacimientos monstruosos, señales en el cielo, cometas, ballenas, debían tener un significado. Eran avisos de que alguna cosa extraordinaria, sobrenatural o importante había de acontecer; así lo expresaba una de las acepciones de la palabra monstruo (“prodigio”), próximo etimológicamente a mostrar, indicar, advertir. La aparición de la ballena, de un monstruo, era, pues una advertencia”.(1) Todo cuanto superara los términos de lo ordinario, de lo normal, por lo grande, inusual o insólito; todo cuanto es un desorden de la naturaleza, se consideraba una señal del cielo: el jesuíta José de Acosta escribía en 1590 que Dios “ordena semejantes extrañezas y novedades en el cielo y elementos y animales, y otras criaturas suyas, para que en parte sean aviso a los hombres” (ibid) .

 

Caímán y hueso de ballena en la Iglesiad de la Fuensanta,  Córdoba. Crédito

Situado “en un muro del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, el origen de este caimán es incierto debido a la diversidad de leyendas existentes al respecto, aunque Ramírez de Arellano declara que el caimán fue traído de América junto a una costilla de una ballena” (via) 

En las iglesias se encontraban la mayor parte de los huesos que tiene una ballena; su estructura ósea es una gran caja, limitada por las costillas y las vértebras; el cráneo y las barbas, o maxilares, las aletas y la cola. Los restos más habituales en las iglesias eran las costillas. La mayoría se disponían en “el exterior del templo, al lado de las puertas: unas estaban clavadas, otras fijadas por los extremos, como en Prats de Mol (…). ” (1)

(Este dibujo de un artista de la factoría Disney para la película Peter Pan ilustra perfectamente el simbolismo de las fauces del cocodrilo como rito de  iniciación o “paso peligroso” )

 La vinculación de los huesos de ballena a la puerta del templo no deja de evocar el pasaje de Jonás y la ballena, una vez más ligado al simbolismo de la puerta como boca o acceso al vientre del monstruo, en cuyo vientre se opera la lenta resurrección o iniciación del profano, como ha mostrado ampliamente Mircea Elíade en Iniciaciones Místicas a propósito de ciertos rituales de inicación en diversas culturas primitivas. La puerta del templo, asociado simbólicamente a la boca de la ballena y, en cierto sentido, a las fauces de la Muerte, son aquí indicios de la figura del makara o monstruo andrófago de la tradición primordial. En esta asociación, que no nos parece casual, encontramos una de las razones más profundas para explicar la presencia tradicional de los restos de ballena en nuestras iglesias.

En el Monasterio de Santa María del Puig así como en Toledo, los cocodrilos disecados se econtraban en la entrada, junto a la puerta. “Si la boca estaba abierta, la entrada en el templo pasando por debajo de aquellas fauces debía ser un momento terrorífico” (1). De nuevo, en este último episodio, vemos un eco del simbolismo del dragón o leviatán, ahora en su aspecto más maléfico, vinculado a las puertas del templo como fauces mortíferas, en la vertiente más oscura y sombría del makara o monstruo devorador, que también encarnaría la figura de Ammit, el cocodrilo devorador de almas en la escena de la psicostasia egipcia.

Por otro lado, las fauces del cocodrilo y del monstruo en general operan a nivel simbólico del mismo modo que en el asunto del “paso peligroso” ilustrado por el mito de las Simplégades: ” El tema de la entrada bloqueada y peligrosa, que tiene innúmeras variantes, (…) como una puerta que se abre y cierra rápidamente según su propio criterio, comparable a aquellas rocas aterradoras, las Simplégades, por las que tuvieron que pasar los Argonautas” --prototipos de la iniciación heróica o viajera-- “y que cada vez quede intentaba atravesarlas una nave, se juntaban y la aplastaban; puede que la guarden animales peligrosos (leones, dragones, esfinges, grifos) o también, puede darse el simbolismo de gigantescos bivalvos que aplastan a cualquier que quede atrapado en su interior” (n7) El simbolismo de las Simplégades, como paso peligroso y fauces mortíferas, ha sido puesto en relación por Mircea Elíade y otros, con mayor o menor fortuna, con la freudiana vagina dentata; desde el punto de vista cristiano, sin embargo, responde al simbolo de la Puerta Estrecha. Esta figura del “paso peligroso” “es uno de los elementos característicos de la aventura del héroe en los ciclos épicos. Formulaciones muy parecidas a las Simplégades aparecen en muchos ejemplos de la ciencia ficción contemporánea” (Star Wars, la Historia Interminable, Hook)

  

A la entrada en la catedral de Sevilla, desde el patio de los naranjos, se puede observar un caimán disecado y colgado de cadenas. Se dice  que fue este saurio traído por Colón en su regreso del primer viaje, desde entonces saluda amenazadoramente, lleno de polvo, a los visitantes y turistas

Más frecuentemente  que  cocodrilos, en el interior de la iglesia se encontraban caminanes, oriundos de América: “más pequeño qeu su periente africano, el caimán era una bestia tan singular en estos pagos que no había ni un nombre para definirlo. Se optaba comúnmente por llamarlo “lagarto” o se usaban expresiones similares ( “llangardaix” , en catalán). Cuando los primeros exploradores y conquistadores llegaron a las Indias, los denominaron así, por su remoto parecido con las lagartijas comunes, del que eran una versión aumentada. No será hasta fines del siglo XVIII, cuando los viajeros empezaron a comentar las maravillas de las iglesias, que al ver estas bestias comenzaran a servirse dela palabra caimán para definirlas.(…) Los viajeros franceses que visitaban que visitaban las iglesias de España se servían de la palabra correspondiente en su lengua --lezard--  para nombrar a estas criaturas : “nous avons vu, elevee en l´air la peau d´un lezard remplie de paille” --hemos visto suspendia en el aire la piel de un lagarto relleno de paja-- contaban en 1726 unos viajeros que vieron un cocodrilo en Santo Domingo de la Calzada. (1)

El gran momento de la llegada de cocodrilos a las iglesias, según Doménech, “fue entre los siglos XVI y XVIII y vendrían desde América. Los más antiguos descritos son africanos, los habrían traído los portugueses; ambos parecen haber sido ejemplares muertos, disecados” más fáciles de transportar y manipular.

Lagarto del Viso del Marqués (Ciudad Real)

El Lagarto de Viso (en la Iglesia Ntra. Sra. de la Asunción). “Así se le llama popularmente a ese impresionante cocodrilo de 4 a 5 metros tan conocido en toda la región, es según creencia generalizada un exvoto que en su momento ofreció D. Álvaro de Bazán por algún bien o beneficio recibido. Al parecer era costumbre en el siglo XVI ofrecer este tipo de exvotos a las Iglesias. Que se sepa hay muy pocos en España. Se tiene conocimiento de cuatro.(sic) “

 

Al contrario que las ballenas, los cocodrilos y caimanes solían estar bajo techo (la piel se deterioraba más fácilmente que los huesos de ballena). Cerca del coro, como en los capuchinos de Cervera y los franciscanos de Lisboa, por ejemplo. Muchas veces la presencia del caimán era tan potente como para dar nombre al lugar  en que se encontraba (la nave del lagarto, en la catedral de Sevilla; en el claustro del monasterio de Monsterrat se acuñó el Claustre dels llangardaixos).  También se solían clavar a la pared o suspenderlos del techo, mediante cuerdas, en paralelo al suelo o cabeza abajo. En la ermita de Sonsoles, lo tenían pendiendo de una cadena (subrayando su aspecto de dragón antiguo y temible, quizás). En Calzadilla, “los dos que había estaban guardados en una vitrina”.  

El lagarto de Berlanga de Duero, o Lagarto de Fray Tomás, ” un caimán de más de tres metros que llegó a a Soria hace cuatrocientos años y cuyos restos se visitan y aún se veneran en Berlanga de Duero, donde se conservan la piel y la espléndida calavera.” (via)

Para comer, lagartos de Fray Tomás, típicos de Berlanga, en Patrimonio gastronómico

 

Siguiendo a Domenech en su estudio sobre cocodrilos en las iglesias (1) encontramos con que hay una gran escasez de ejemplares de estos animales en Cataluña en contraposición al resto de España, lo cual atribuye el autor a la prohibición de comercio directo con las Indias en tierras catalanas. Menciona luego el cocodrilo de Cervera, datándolo de 1657,  y advierte que algunos de estos reptiles no fuersen americanos, sino del Nilo o del Niger, ya que los documentos que los inventarian los llaman cocodrilos, y no caimanes. Sobre la procedencia de estas bestias, finalmente asegura el autor citado que “conviene recordar que había boticas, lugares donde los peregrinos podrían adquirir la piel de estos animales” para ofrendarlas como exvotos a la iglesia, donde se los  han encontrado finalmente.

Es a partir del siglo XVI cuando se impone el cocodrilo como elemento ornamental ”obligado”  en las iglesias católicas. Además de algunas de las que se han mencionado, en Italia se sigue la misma costumbre, con ejemplares expuestos en Santa María de Gracia, cerca de Módena, en el santuario  de la Madonna de Campagna, en Verona, en Saint Giorgio Alemenno (Bergamo), y otros lugares  (que  no se citan en nuestras fuentes y que, por el momento, desconocemos).  ”Se hallan tantos y en tantos lugares --sigue diciendo Doménech en su obra, que se podría pensar en una moda. Los cocodrilos eran una novedad, el modo más estiloso  y en boga para decorar las paredes de las iglesias, según el gusto de la época. La zoología convertida en una suerte de arte ornamental.”

Pero son muchos los se resisten a pensar en la vacuidad de un exorno y buscan una significación más profunda para las osamentas y restos de animales en el interior de los templos. Se conocen ejemplos antiquísimos de la presencia de serpientes gigantescas, ballenas y supuestos dragones --tal vez fósiles de animales antediluvianos--  en templos grecorromanos, donde fueron venerados y  de los que hablaremos más adelante.  De los huesos de ballena clavados en los muros de los templos, sedecía que eran ofrendas  de los marineros por haber sobrevivido a un naufragio o un temporal: “así explicaban el origen de las costillas de cetáceo de Prats de Molló o de San Sebastián en la ermita de Palafrugell. Huesos que se ofrecían en reconocimiento de un beneficio obtenido por la intercesión divina.(…) Es decir, se supone que estos huesos serían un exvoto.

En cambio, “de los caimanes se dan dos explicaciones; una, siguiendo el modelo de Sonsoles, Madrid o Monserrat, donde se habla de viajeros en tierras lejanas y mares remotos que, en un mal paso, se encontraron con la bestia. Rezaron y, por intercesión de alguna potencia celestial, el monstruo cayó fulminado. Agradecidos, los fieles enviarían el animal hasta el santuario.”  Casi todas las leyendas que justifican la presencia de reptiles en las iglesias son una variante básica de este modelo.  Tras todas ellas, se adivina la influencia de la leyenda de la Tarasca. ( )

  

La Tarasca,  resucitada en Tudela; un mito que reúne los símbolos de la Virgen y el Dragón

  

La virgen y el dragón, en un soberbio marfil  de 1650 que representa la Inmaculada Concepción, descrita en términos apocalípticos. Crédito

  

Ahora bien, a la hora de considerar a los cocodrilos de nuestras iglesias como exvotos, según opina Domenech, --convendría preguntarse cómo es que estos animales son los que predominan en el interior de los templos, y no lobos u osos, bestias autóctonas con las que sería más lógico tropezarse”   y no lagartos terribles, ajenos a nuestra geografía.  Incluso el lobo podría revestirse del simbolismo generalmente atriuído al dragón, como encarnación del demonio, el enemigo de las ovejas, custodiadas por el Buen Pastor. Aún así, no encontramos pieles de lobo en las iglesias, sino de caimanes y cocodrilos. Este hecho hace que la teoría del exvoto parezca no sostenerse. De modo que, después de todo, quizá no fueran ofrendas votivas, sino otra cosa: “También se ha dicho (1) que los animales llegaron al templo como un regalo a la autoridad (lo vimos por ejemplo  en el caso del regalo del Sultán de Egipto a Alfonso X , en 1260, citado más arriba). Esto nos haría regresar a la idea de la iglesia como gigantesco wunderkammer, y al origen de las colecciones zoológicas históricas qeu tenían los reyes como signo de distinción y de poder. Recuérden a título anecdótico,  el famoso episodio del “rinoceronte de Durero”, un regalo del rey de Portugal que nunca llegó a las costas de Italia. Pero, ya fuesen regalos, exvotos o lo que sea, el caso es que los cocodrilos y las ballenas estaban bien presentes en las iglesias. Eran  una parte importante de la ornamentación; “una ornamentación acumulativa de todo aquello que se consideraba excepcional, extraño o valioso.” (1)

 

El cocodrilo, pasó de los muros de las iglesias a ser la estrella del wunderkammer o Cámara de las Maravillas

 

Aun cuando nuestro recorrido se centra en restos de animales documentados entre los siglos XV y XVIII, conservados en las iglesias, ya hemos referido que en templos de la antigüedad, “erigidos en honor de las más diversas divinidades, en casi cualquier época, se encuentran ejemplos de veneración de estos reptiles. “ Domenech (1) sugiere que siempre hubo lugar en el templo para los huesos y la piel de las bestias, porque en el templo hay un sitio de honor para el Monstruo, y cita a Plinio el viejo (Historia Naturalis, VIII, 14) que “explica que en uno de lo templos de Roma se conservaba la piel y las mandíbulas de una serpiente gigante (….) ; también refiere que en un templo de la antigua Joppe, actual Jaffa, se exponía el esqueleto de una ballena. Se decía que era el Leviatán que mató Perseo.  Todo lo cual redunda en el mito del héroe vencedor del dragón y su arquetipo celeste, San Miguel; o la serpiente antigua, de los que el cocodrilo vendría a ser un trasunto simbólico.

 

Cocodrilo momificado en una vitrina de un museo con arfefactos egipcios

Sobek el dios cocodrilo. Relieve del templo de Kon- Ombo

En este sentido es de obligada mención la referncia al Antiguo Egipto, donde los cocodrilos ya fueron objeto de reverencia y culto” e incluso eran momificados y dispuestos en altares y lugares sagrados. Los egipcios rendían culto a Sobek, el dios cocodrilo, asociado con la fertilidad, la protección y el poder del faraón.. La relación de los egipcios con Sobek era ambivalente: en ocasiones dieron caza a los cocodrilos, e injuriaron al dios, y otras veces lo vieron como el protector del faraón y origen de su poder. Sobek era representado como un cocodrilo, o como hombre con cabeza de cocodrilo” (wiki) Esta vertiente simbólica de Sobek el cocodrilo, no se emparenta con el aspecto más maléfico del dragón occidental, que en la mitología egipcia equivaldría a Set-Tifón  y a la dimensión más oscura  de Ammit, la diosa cocodrilo de la psicostasia o juicio de los muertos egipcio (16). Pero en general, el dios cocodrilo se asimilaba ente los egipcios a un aspecto más bien benéfico y protector. Al contrario que en su versión europea, el cocodrilo colgado sobre las puertas egipcias --aún se pueden ver hoy día en algunos poblados-- a modo de talismán ejerce, según la creencia popular, una protección mágica contra los malos espíritus.

En una pequeña sala del Museo del Cairo y otros museos egipcios ”se encuentran reunidas figuritas votivas y objetos cultuales de bronce que ilustran las creencias de la religiosidad popular egipcia. Hay secciones dedicadas a figuritas de animales sagrados ofrecidas como exvotos; en algunos casos, la base de las estatuillas contenía el cuerpo del animal representado: figuritas de peces (inv. 37448, 37394, 37231); el cocodrilo del dios Sobek (inv. 37378)”

 

Cocodrilo de la ermita  de Sonsoles (Ávila)
 
Ya hemos visto algunas de las hipótesis que justificarían la presencia insólita de estos animales en nuestros templos. Nos resta enumerar algunos de los enclaves, no muy numerosos en nuestros días, en los que aún se conservan vestigios de esta maravillosa tradición que, según nos sugieren diversas fuentes, es muy antigua, aunque tuvo un gran auge en la época del comercio con las Américas. A la espera de elaborar un mapa detallado de la situación de estos increíbles hitos cuya visita sería bien recomendable,  nos conformamos con citar algunos de los más populares o conocidos, al margen de los ya mencionados a lo largo de nuestro artículo.  Los primeros destinos, la ermita de Consolación de Utrera y la Catedral de Sevilla, con su Puerta del Lagarto, bien próximos (a escasos viente kilómetros) de distancia, albergan dos soberbios ejemplares --no muy bien conservado uno de ellos, el otro, antiquísimo, hoy una réplica de madera que data del siglo XVI-- .  De aquí podríamos pasar a Córdoba, para rendir homenaje al caimán del Pocito, en Fuensanta.   Desde estos enclaves podríamos viajar hasta Santiago de la Puebla, en Salamanca, para conocer de cerca la leyenda del Lagarto del Licenciado y  luego alcanzar a pasar por la Colegiata de Berlanga de Duero, en Soria, para admirar su cocodrilo disecado, y de allá a la Ermita de Sonsoles, en Ávila.
  
 Pero aún sugerimos otros probables destinos para el moderno cazador de dragones rellenos de paja. Entre  ellos,  “la hermosa localidad segoviana de  Santa María la Real de Nieva. En el fantástico monasterio de esta localidad,  -declarado acertadamente monumento nacional-, podemos encontrar la piel disecada  de una enorme anaconda que, rellena de paja y colgada en vertical en el interior  del templo, junto a la puerta principal, despierta la atención de visitantes y  curiosos. Su naturaleza es incierta, aunque lo más probable es que la  trajeran los monjes dominicos cuando vivían en el monasterio, procedente de las  misiones en las que participaban, (…) . Para explicar su extraña procedencia, los lugareños cuentan diversas  leyendas.  Que, en ocasiones se repiten casi punto por punto en otras localidades donde podemos  encontrar estos insólitos motivos de decoración, como sucede en la ermita de la  Virgen del Camino, en Zamora capital. “ (n5)
  
 Podríamos continuar nuestra ruta hacia la  Iglesia DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN, en El Viso del Marqués, en Ciudad Real. En sus paredesse halla “El lagarto del Viso“, un cocodrilo disecado de 4 o 5 metros de longitud procedente del río Nilo, que fue traido a la localidad por el Maqués de Santa Cruz, Don Álvaro de Bazán, en una de sus expediciones. El “lagarto del Viso”, se halla colgado en esta iglesia de estilo gótico, algo descentrada respecto al presbiterio por estar construida sobre otra iglesia más antigua. Se encuentra junto al Camino Real, trayecto obligado desde la Corte hacia Andalucía (V)”   .
  
Desde aquí, tomaremos impulso para dar un gran salto y plantarnos en Mallorca, donde nos espera el Drac de na Coca (19) cuya leyenda, que amablemente nos remite nuestra sobrina Sonjia, bebe de las mismas fuentes míticas de las que en su día alimentaron las de San Jorge o la Tarasca.  Y a estos destinos maravillosos, en pos de nuestros fascinantes dragones de medio pelo,  confiamos añadir otros muchos, a lo largo y ancho de la geografía española o europea, si nuestros amigos internautas se ofrecieran gentilmente a señalárlosnos a la menor oportunidad.
  
 

Santa Margarita y el Dragón. Alabastro.(Crédito Wikimedia)

La leyenda de la Tarasca o Santa Margarita nos retrotrae al núcleo mismo del asunto del cocodrilo en la Iglesia. La asociación cercana de la dama y el reptil, como una enésima revisión de los mitos de Lilith, o los pasaje bíblico de la Serpiente y la Primera Mujer, Eva, o más singularmente, el misterioso episodio de la Virgen y el Dragón del Apocalpisis:  ” ¿Qué hay entre el caimán y la Virgen? A nuestro juicio, para tratar de entender esta sociedad existen dos alternativas, no del todo inconexas; digamos dos caminos en último término confluyentes. Joaquín  Albaicín ha intuido detrás de nuestro cocodrilo la figura del Ammit egipcio ―el Guardián de la Puerta, el Vigilante del Umbral―, presente en la psicostasia o pesada de las almas a la que todos estamos obligados tras nuestro apocalipsis particular, y cuya función es devorar a quienes no superen la prueba con solvencia. En todo correspondiente al Makara de la tradición histindú (que, en palabras de Guénon, «representa la vía única por la cual todo ser ha de pasar necesariamente», y cuya boca será, «según el estado al cual ha llegado el ser que se presenta ante él», ya «Puerta de la Liberación», ya «Fauces de la Muerte»), (n)

 

 La mujer y el dragón, como la iglesia y el cocodrilo, simbólica y misteriosamente unidos

 

Virgo y Draco, el Evangelio en las Estrellas.  Otros asocian al dragón con la constelación de Escorpión (SPQR), también próxima a Virgo, así como la Cabeza de la Serpiente “Serpens Caput”. Pero estas raras asociaciones astronómicas y bíblicas de la Virgen y el Dragón, nos aguardan otro día. Para más inri, véase la fuente.

 

 

 

-Fuentes y vínculos-
 
 (1) Traducción libérrima pero no irrervente del recomendabilísimo, ameno y  ejemplar artículo de  Cocodrilos y ballenas en las iglesias, en DOMEMECH, Joan de Déu ,Cocodrils i baleines a les egleises (en edición bilingüe, Whales and crocodiles at churches) LOCUS AMOENUS, Bellaterra : Servei de Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona. También aquí.
ddd.uab.cat/pub/locus/11359722n5p253.pdf 
 (2) Riquer, Jeneze, La virgen y la bestia, en el Bestiario ejemplar, excelente punto de partida sobre el asunto.
(3) Killing the Dragon, en Viajes con mi tía ; aquí tampoco somos mancos y habíamos abordado algún que otro aspecto del tema.
(4) Sobek, el cocodrilo momificado, un dios egipcio con malas pulgas
(5) Cocodrilos en Ciudad Real
(6) Excursión a Ciudad Real, el lagarto del Viso
(7) El cocodrilo de Rosslyn
(8) Cocodrilos y exvotos, en Viajes con mi tía
(9) Leyendas en torno a los exvotos y cocodrilos, el lagarto de la Catedral de Sevilla y otros parientes cercanos
(10) Magníficas estampas antiguas de Ballenas Varadas, uno de nuestros temas pictóricos favoritos, plenos de romanticismo, acá.
(11) El lagarto de Rioseco y su leyenda.
(12) La Tarasca, en la sinpar  Monster Brains
(13) Santa Margarita (?) o laVirgen y el Dragón, fuente de alguna de nuestras imágenes del post
(14) Reptiles de leyenda en los iglesias
(16) En la escena de la psicostasia o pesada de almas egipcia,  la diosa Ammit , diosa con cabeza de cocodrilo y cuerpo formado por dos animales: mitad delantera por un león (o leopardo) y mitad trasera por un hipopótamo. Recibe los títulos de “Devoradora de los Muertos”, “Comedora de Corazones”, “La Grande de la Muerte” (fuente)
(17) ” Todas las iglesias consagradas cuentan con reliquias en el altar mayor. Hoy en día el ritual prevé que el altar es consagrado por el obispo. Y en el lugar donde sobre el altar descansan generalmente los signos eucarísticos del cuerpo y la sangre de Cristo se ha abre una cavidad donde el obispo deposita las reliquias que luego son cubiertas con una piedra lisa de manera que forma un nivel plano con la mesa del altar. Esta piedra es fijada con argamasa”. (fuente) .
(18) Nuestra sobrina (iSonjia) nos sugiere también desplazarnos hasta Mallorca, donde podremos contemplar al Drac de Na Coca, un lagarto de piedra más cercano al ejemplar de Jaén o  la mítica Tarasca que a nuestro cocodrilo acartonado, pero el destino bien merece tal desplazamiento. Sea pues, Mallorca. Gracias, Sonjia.

Las criaturas de M. Aparici

 

 

Miquel Aparici, golondrina

 

 

Uno de los “habituales” de viajes con mi tía: el rinoceronte, visto por el genio de Miquel Aparici

 

Elefante indio, de Aparici

 

Pájaro II, Miquel Aparici

 

Cerca de la magia del object trouvé surrealista, próximas también a la brillantez de algunas de las creaciones escultóricas más espontáneas del mejor Pablo Picasso (la famosa mona cuya cabeza es un cochecito de juguete reciclado, la  cabeza del toro con el sillín de una bicicleta vieja)  , estas criaturas fabulosas concebidas por el genial Miquel Aparici , dignas del más extravagante Fisiólogo, nos evocan, como el dodo, el rinoceronte o el ave Rock,  mundos de fantasía poblados por toda suerte de seres imaginarios y delirantes.  Fabricados a partir de la asociación caprichosa, imaginativa y simpática de los más insospechados objetos y cachivaches, sus estrambóticos –a veces– y poéticos animalillos son todo un derroche de inventiva e ilustran a la perfección las cualidades innegables de su autor para el diseño y la escultura, amén de poner de manifiesto su sentido del humor. Todo un hallazgo que queremos compartir con ustedes.

Aparici, “dibujante y director de arte en revistas de humor, empezó a representar insectos como distracción veraniega, (…) estableciendo una mínima fauna. El procedimiento le atrajo y, a través del mismo, despertó una intención creativa que estaba latente en él y que se apartaba de lo entomológico. Y es ahora cuando (…) con alambre y objetos diversos, completa sus dibujos con interesantes esculturas”  (2)

 

 

 

(1) La página personal del artista

(2) De una reseña en El País sobre el trabajo inicial de M. Aparici. Más reseñas sobre su obra, aquí.

(3) La cosa haciendo garabatos mientras tomaba café. Vean.

Homo sylvaticus

 

El Hombre de los Bosques, también llamado hombre salvaje, no es exactamente un clásico del Bestiario, pero es sin duda una de las formas más extraordinarias y elocuentes de lo monstruoso, por cuanto, simbólicamente, representa de modo casi cristalino la naturaleza animal del ser humano en su estado más puro y excelente. Aunque históricamente no sea posible establecer analogías semejantes, nada nos impide imaginar que  el mito del hombre de los bosques compartiera ciertos aspectos con el hombre lobo --una vertiente mucho más siniestra de la dimensión bestial en el individuo-- , el simio, con algunos imposibles de la criptozoología como el sasquatch o el yeti, en los que cabría ver una actualización del antiguo  homo sylvaticus, aunque alguien piense que lo contrario, porque ¿no podría ser nuestro hombre de los bosques una figuración mítica de una realidad zoológica desconocida?… Incluso, en un tour de force simbólico propio de esta casa, podríamos emparentar al hombre salvaje con los sátiros o los faunos, con el gran Dios Pan a la cabeza, como veremos. Estos últimos, como la figura que nos ocupa,  son todos ellos arquetipos que aprecen en la mitología, el folckore y la literatura de diversos pueblos occidentales, pero también de otras partes del mundo (así el mencionado Yeti, en la India y Nepal, el Yowie, en Australia y otros especímenes similares, objeto de los desvelos de criptozoólogos aplicados).

 

El asunto legendario del salvaje y su representación comienzan a aflorar sobre todo en la Europa medieval, en los ámbitos de la literatura y el arte. El rasgo distintivo del hombre de los bosques, a menudo figurado como un hombre velludo — con variaciones que fijan similitudes con el oso, el lobo , el sátiro o el mico, según las fuentes--  es su animalidad, su semejanza con la bestia, su carácter indómito, su fiereza. En este sentido, en su vertiente más oscura es comparable al hombre lobo, donde prima el instinto cazador y asesino, así como el matiz infrahumano --en su dimensión más peyorativa-- , cuando lo animal se asocia, por contraposición a lo humano, con lo demoníaco o lo material, lo denso y  lo sensual.

 

 

Como contrapartida a este aspecto oscuro, la dimensión luminosa del simbolismo del hombre selvático se refiere a lo “natural”, espontáneo o instintivo, esto es, del hombre en estado puro --anterior a la “Caída”, por usar un simbolismo cristiano-- , libre de la contaminación que supone la civilización.

 

Esta vertiente oscura del hombre salvaje es la que ilustra la figura bíblica de Nabucodonosor, (libro de Daniel, II siglo AC); el profeta relata la humillación que Dios hace sufrir al rey babilonio, enloquecido y cubierto de vello por todo su cuerpo, viviendo como una bestia.  ( Abajo,   Nabucodonosor de William Blake)

 

Las figuraciones clásicas del hombre salvaje lo asimilan, en algunos momentos, con otra criatura simbólica de gran complejidad, el Hombre Verde (Jack in the Green), cuyos rasgos iconográficos a veces, en motivos ornamentales y arquitectónicos, parecen confundirse. Una explicación somera de estos paralelismos habría que buscarlos, simplemente, en la asociación directa del bosque o la selva con el elemento vegetal y su  simbolismo, común y equivalente, hasta cierto punto, en ambas figuraciones.

 

(hombre verde de Rosslynn)

 

La imagen del hombre selvático fue típica, especialmente en la Edad Media y el primer Renacimiento, en la heráldica sobre todo en Alemania; son especialmente destacables las representaciones de Albrecht Dürer o Martin Schongauer (maestro del primero en las artes del grabado). En sus obras podemos encontrar con frecuencia hombres salvajes de ambos sexos, e inlcuso familias enteras, entregados a diversos quehaceres.

 

(Durero, vio así al hombre de los bosques)

 

Este ”monstruo delicado” (1) “extraño, peludo y agreste, que los europeos de la Edad Media (…) representaron a menudo en las palabras de sus cuentos, relatos y poemas, en los signos de sus diversas obras de artesanía y de arte, e incluso en los curiosos personajes de sus fiestas y escenografías, posee una enorme carga simbólica: en el seno de la civilización y de la polis muestra lo que es el salvajismo occidental,  o sea, lo que los occidentales entienden propiamente como salvaje en ellos mismos, desde ellos mismos y para ellos mismos. De ahí la relevancia antropológica de su estudio (…): los hombres salvajes de Europa guardan celosamente los secretos de la identidad occidental. Su presencia ha custodiado fielmente los avances de la civilización.” (2)

Tras la Edad Media, en plena era de los descubrimientos, entre los pioneros de la colonización, misioneros y conquistadores “el mito del buen  salvaje estaba muy presente. La formulación del buen salvaje se produce en el  siglo XVI, y es una mezcla entre la tradición medieval del homo sylvaticus, el hombre salvaje que  se creía que habitaba en los bosques europeos, y el hombre de la Edad de Oro  Clásica (…) A partir de esta época el mito del hombre salvaje o silvestre pierde algunos de sus aspectos simbólicos más arcaicos (que lo emparentan directamene con los faunos y silenos romanos) y adquieren una nueva significación de carácter más emblemático o “alegórico”, perfilando las  visiones del “salvaje” o “bárbaro” —opuesto al gentil hombre civilizador, culto y “romanizado”--  que perdurarán hasta bien entrado el siglo veinte; y por otro lado el mito del “buen salvaje”, versión más positiva del mismo.

 

 

(El hombre de los bosques y los dioses cornudos, como Pan y Cernunnos, son primos hermanos)

Así  , “el mito de la Edad de Oro confluye conflictivamente con el mito del homo sylvestris quizá en aquellas creencias populares menos marcadas por la teología católica, por ejemplo, en cuentos populares y campesinos de tradición oral, como el que luego recogieron los hermanos Grimm con el nombre de Juan de Hierro (…) Dentro del cristianismo hay una tendencia que también auspició la versión positiva del hombre salvaje, la ya antigua de la fuga mundi del monaquismo, la de los eremitas y santos de los cenobios del desierto, cultivada sobre todo en el Egipto del s. IV: recuérdense ejemplos como San Onofre, San Macario, San Pablo el ermitaño, San Antonio, Santa María Egipcíaca, o la versión penitente de Santa María Magdalena ” (todos ellos representados cubiertos de un espeso vello, que los hace en todo similares a nuestro hombre salvaje).

 

El hombre salvaje y el Gran dios Pan

Hemos mencionado también que en su origen, el concepto medieval del hombre selvático bebía de la tradición grecorromana, donde probablemente encuentre su fuente simbólica principal. Seres similares eran los faunos o silvanos romanos, deidades tutelares de los bosques y espesuras. Muchas tradiciones  sobre el hombre salvaje se corresponden con antiguas prácticas, ritos y costumbres. Por ejemplo, los nativos de Grisons hablaban de intentar capturar vivo a un hombre salvaje emborrachándolo, con la esperanza de obtener de aquél sus conocimientos sobre plantas y otros arcanos. Aquí se pone de manifiesto del papel de iniciador que mantienen tradicionalmente estos seres (“espíritus elementales de la naturaleza” como gustan de llamarlos los teósofos), especialmente faunos, elfos y silvanos.

 

 

 

 

Es posible entonces establecer una conexión directa entre los mitos medievales del hombre de los bosques y una antigua tradición --que parece remontarse a Jenofonte, en el siglo IV antes de Cristo--  recogida en las obras de Ovidio o Pausanias, entre otros, en las cuales los pastores también buscaban capturar a un ser de la espesura, aquí llamado Sileno o Fauno (que eran, curiosamente, las mismas figuras que aparecían representadas en algunos aspectos de los misterios dionisíacos).

 

 

Por último, podemos contemplar quizá un último eco de esta tradición arcaica en la figura folckórica  --para algunos, para otros realidad biológica-- del bigfoot o yeti (diversos nombres y tipologías según las formas locales, muy diversas y extendidas por todo el mundo) . Estos antiguos hombres salvajes, cubiertos de pelo hirsuto, de expresión remotamente humana, son popularmente descritos como viviendo en las zonas limites  y tierras más alejadas , en la frontera con el mundo civilizado —simbólicamente, las zonas liminares, de tránsito-- y entre sus rasgos distintivos menos discutidos aparecen ciertos elementos de carácter sobrenatural o directamente paranormal que lo sitúan en la misma categoría que faunos y otros seres mitológicos (lo cual no quiere decir no existentes).

 

Los primeros testimonios escritos sobre estas critaturas se remontan a Herodoto, que los sitúa en Libia (…) hacia el siglo V antes de Cristo. La India parece ser el lugar ideal de estos seres fantásticos, aunque también son vistos en otros muchos lugares, desde América (bigfoot, sasquatch), Siberia (Almas), el Pirineo catalán y aragonés o Australia (el yowie).   Algunos criptozoólogos, tentados de dar una explicación compatible con la teoría evolutiva, han apuntado la hípótesis de la pervivencia de especies como el Gigantopitecus o el tipo Neandertal hasta nuestros días para justificar la presencia de estos seres en el imaginario popular.

 

 

Aunque la tipología del hombre de los bosques es diversa, como hemos apuntado, en ocasiones se le relaciona con el mono, con el que comparte también ciertos aspectos simbólicos. Así, en algunas culturas, donde no se le ha demonizado directamente como en el Occidente cristiano --donde se le identifica directamente con el Diablo, como anteriormente se hiciera con el fauno o el sátiro--  el mono cumple un papel de iniciador , claramente prometeico: es el caso de Hanuman, en Oriente, o “entre los aztecas o los nativos de Camerún, por ejemplo, en el caso del mono-herrero, para los que el mono es un avatar del herrero ladrón del fuego” (3).

 

En otros lugares, el mono, que “en su tiempo era un hombre, aparece como héroe civilizador”, inventado la técnica del fuego por frotación”. (ibid) Este rol del mono como guía iniciático es común, como se ha mencionado, a silenos y faunos, antecedentes del hombre de los bosques.

 

 

Basten estas pequeñas disquisiciones sobre el homo sylvaticus para poner su manifiesto su gran relevancia simbólica, notable aún en nuestros días en el ámbito ocultista, donde, en su vertiente más siniestra, la del mico de Dios, parece constituir para algunos fuente de sorprendentes y oscuras revelaciones que quizá algún día tengamos la ocasión de someter a un examen más pausado.

 

 

Un fragmento de la película Tenacious D, en la que un bigfoot, trasunto de nuestro hombre salvaje, sirve de hierofante --como el viejo Dionisos--  al protagonista en una gesta iniciática y extática propiciada por el uso (o abuso) de sustancias psicotrópicas encarnadas por el hongo alucinógeno y graálico, la amanita muscaria. Ligero e hilarante, pero de gran carga simbólica. O lo que sea.

 

Un tutubo que recoge la leyenda de uno de los especímenes más ínclitos de nuestro hombre de los bosques patrio, en Huesca

 

-Fuentes y vínculos-

(1) El mito del hombre salvaje en el barroco, en Delicate Monsters

(2) Diccionario de símbolos, Dom Sterx y Gheerbrant, “simbolismo del mono”.

(3) Los hombres salvajes en la Edad Media

(3)  Yetis y hombres de los bosques, primos hermanos

(4) El salvaje artificial, un libro de referencia  sobre el particular aquí

(5) Monstruos del Barroco en la genial Res Obscura. Todo un hallazgo, sobrinos.

(6) Hombre salvaje del Pirineo aragonés

(7) El yeti vasco , un exótico hombre salvaje

Criptozoología: monstruos y quimeras

El yeti de Huesca, acá

Más hombres de los bosques, por acá

Wildmen in medieval folcklore

El Hombre salvaje, en wikipedia

( ) El buen salvaje en la Edad de Oro, en http://personal.telefonica.terra.es/web/mleal/articles/tribuna/13.htm

 

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