El Lobo Feroz

1 noviembre
2014
escrito por Sr.Kaplan

Estamos en fechas donde al parecer se fomenta todo lo que tenga que ver con terrores estereotipados venidos de paises angloparlantes y que se materializan en las calabazas huecas y en la dicotomía entre el truco y el trato. Por ello, el viaje que le propongo hoy a la Tía es especial. Es un viaje introspectivo a la niñez,  trufado con todo un alarde de fantasmas y miedos.  Y, por supuesto, lleno de simbolismo . Para ello,  voy a utilizar la figura del “Lobo Feroz”, habitual de los cuentos que nos contaron y no nos explicaron, reflejada en  una excelente obra cinematográfica: “La Noche del Cazador” (1955) único largometraje como director del actor inglés Charles Laughton.

 

 

“Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con pieles de cordero pero que en su interior son fieros como lobos. Por sus frutos los conoceréis”.

 

Charles Laughton tenía 55 años cuando decidió ponerse tras las cámaras y dirigir su primer largometraje. Para ello eligió la novela del escritor Davis Grubb que contaba la historia, basada remotamente en hechos reales, de un falso predicador interpretado por Robert Mitchum  que vaga por los caminos asesinando a mujeres para quedarse después con su dinero.

 

 

Charles Laughton dotó al largometraje de una ambientación muy peculiar, jugando con las luces y las sombras de una manera magistral, obra del director de fotografía Stanley Cortez, que ya había trabajado con Orson Welles en El cuarto mandamiento. La película tiene un aire expresionista, como si el bien y el mal, la luz y la oscuridad, estuvieran siempre en conflicto, entrelazándose la una con la otra. Las influencias expresionistas son poderosos catalizadores de la fuerza y el talento que derrocha cada plano del film. Laughton buscó una luz que nos conectara con nuestros miedos más infantiles, con los terrores nocturnos de siluetas recortadas y sombras indefinidas. El mayor miedo para un niño es una silla en una oscura habitación, capaz de transformarse en una amenaza al acecho para las imaginaciones más desatadas. Cortez entendió perfectamente este principio, y lo plasmó en pantalla como nunca se había hecho antes.

 

La adaptación a la gran pantalla viene firmada por el novelista James Agee, responsable también del guión de La reina de África (1951). Sin embargo, Robert Micthum afirma en sus memorias que Laughton rechazó el guión y lo rescribió de arriba abajo. Pues bien, Mitchum faltó a la verdad. En 2004 se encontró una versión del guión original de Agee, que prueba hasta qué punto la película se mostró fiel a su trabajo. Lo que sí parece probado es que Laughton exigió recortes sobre la propuesta de guión, demostrando de paso que era un auténtico genio a la hora de pulir y agilizar las historias ajenas.

 

Además de Robert Mitchum, en la película aparecen Shelley Winters y Lillian Gish, la famosa estrella del cine mudo, la actriz favorita de Griffith, con la que este director trabajó en títulos míticos como El nacimiento de una nación o Intolerancia. En La noche del cazador Gish interpreta a una mujer, la señorita Cooper,  que acoge en su casa a niños perdidos o huérfanos, o sea, el polo opuesto a lo que representa el personaje interpretado por Mitchum.

 

 

Harry Powell, el asesino que interpreta Robert Mitchum, está basado en Herman Drenth, un granjero de origen holandés. Drenth se valió de sus poderes de seducción para conocer a dos viudas en la sección de contactos del periódico. Cuando ambas mujeres desaparecieron, la policía encontró un auténtico camposanto en el garaje del amante encantador: Drenth las había asesinado, así como a los tres hijos pequeños de una de ellas. Como el personaje de Powell, su única motivación era el dinero de las víctimas, y la crueldad de sus actos ponía los pelos de punta. Herman Drenth fue colgado en 1932.

 

El relato que adaptan Laughton y Agee presenta una galería de personajes que se apoyan sobre los arquetipos más conocidos del cuento infantil. Harry Powell hace las funciones de ogro incansable, que persigue a los niños para devorarlos.  John y Pearl son los protagonistas infantiles, que deben valerse de su propio instinto ante la incapacidad de los adultos para protegerlos. La señorita Cooper, por otra parte, encarna a la hada buena, la única adulta capaz de enfrentarse al monstruo. Y todo ello en el entorno de la Gran Depresión, tan parecido a las épocas de penurias medievales en que se enmarcan tantos cuentos clásicos.

 

 

A la Tía le he recomendado encarecidamente el visionado completo de este largometraje, a veces sórdido a veces lírico y siempre inquietante,  dejando que le atrape todo el simbolismo que rezuman sus fotogramas…pero mientras lo hace, como aperitivo, le he traído un elaborado resumen de Juan Antonio Vela donde se desgranan algunos de esos  símbolos:

 

 

VISITEN NUESTRO “JAZZBAR”

Hoy nos acompaña un magnífico violinista : Stephane Grappelli. Y nos visita junto a otro gran instrumentista David Grisman que toca la mandolina.

 

 

 

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2 comentarios to El Lobo Feroz

  1. Una película excepcional. El vídeo es muy acertado, pero me atrevería a recomendar a la tía que no lo vea hasta no haber visto primero la película, para que la poesía de estos fragmentos le sorprenda y le cautive.

    La escena del río y la de la noche en el pajar son pura poesía visual y auditiva. Naturalismo y nocturnidad de la mano, mis dos debilidades. Y además, esa habitación en forma de ataúd; ese niño en busca de un padre en el que confiar; esa navaja como símbolo fálico tristemente negativo (alguien debería reivindicar ese símbolo, ahí lo dejo como posible tema futuro), que cuando se excita quiere destruir el objeto de excitación; la ingenuidad de la inocencia, en peligro permanente; la sensatez y la indulgencia que dan la edad y la fortaleza; y esa señorita Cooper haciendo guardia toda la noche en la mecedora con la escopeta en la mano, origen de un icono norteamericano a la altura de la tarta de manzana.

  2. V. on noviembre 1st, 2014
  3. Gran película y gran entrada que nos recuerda la necesidad de repetir de brevas a higos el visionado (que dicen ahora los modernos) de los mejores ejemplos de ese cine que nos han dado horas de verdadero disfrute. Vimos esta fantástica cinta relativamente tarde, aunque habíamos oído numerosas críticas que nos avisaron proféticamente de la calidad de la misma. Nos entusiasmó, sobre todo, el aspecto visual y la carga simbólica que señala justamente el señor Kaplan, así como la ominosa y amenazante presencia del siniestro protagonista, un malvado pocas veces igualado en el cine. En suma, un auténtico hito de la cinematografía que merece ser saboreado en más de una ocasión, como todo lo bueno o lo excelente.

  4. Flegetanis on noviembre 4th, 2014

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