El cementerio de los elefantes

9 octubre
2014
escrito por Flegetanis

 

 

La existencia de un misterioso y  gigantesco cementerio colectivo al que los elefantes, durante siglos, tal vez milenios, irían a morir tras una larga y tortuosa peregrinación, sigue siendo un mito aún perdurable.  A este lugar legendario se referían antiguos rumores en el África negra como un santuario al que se retiraban los viejos elefantes o los ejemplares enfermos, conocedores del fin de sus días, para sumar sus huesos a los de sus antepasados en alguna clase de singular ritual funerario, inconcebible y milagroso, más propio de los hombres que de una especie animal.  Se decía también que ese emplazamiento sagrado atraía por medio de alguna fuerza sobrenatural a los elefantes moribundos, algo que no podían explicar las leyes naturales o físicas al uso.   Algunos lo situaban en algún punto impreciso del desierto de Arabia, y allí lo buscaron otros muchos, en vano.  Incluso aquellos exploradores que alguna vez afirmaron haber encontrado el fabuloso enclave, providencialmente,  no fueron más tarde capaces de volver a hallarlo para probar la veracidad de la historia; otros perecieron o desaparecieron en su intento de alcanzar el extraño santuario.

 

 

El  mítico cementerio de los elefantes, según la mitología africana y el acervo popular, era entonces un lugar secreto ubicado en la inmensidad de África;  y allí se buscó con ahínco en el siglo XIX, persiguiendo el codiciado tesoro -toneladas de marfil- que se encontraba presumiblemente en el fantástico santuario: “Uno de los primeros viajeros que mencionó la existencia de un lugar semejante fue el célebre explorador escocés David Livingstone (1813-1893). Como misionero protestante, recorre incansablemente el continente y a él se deben numerosos estudios sobre las curiosidades geográficas africanas, como el famoso cementerio de elefantes. Sus relatos contribuyeron a crear una leyenda tras la que generaciones de aventureros se lanzaron a la raza durante un periodo que abarcó basta los primeros decenios del siglo veinte. ” (n) (0)

 

La leyenda, que como veremos podría estar fundamentada en hechos probables y ciertos, fue popularizada  por las viejas películas de Tarzán del no menos mítico Johnny Weissmuller -y así la conocimos nosotros-, aunque una de las primeras cintas que menciona el cementerio de los elefantes es Trader Horn.  En todas ellas, un grupo de fanáticos y ambiciosos exploradores occidentales intentan localizar  el marfil  del colosal cementerio  en las estribaciones del terrible Monte Mutia -recuerden: la patria chica del yuyu y  los  Gaboni, esos horríbles y pésimos anfitriones negros aficionadísimos al baile ridículo y al maltrato del hombre blanco -. Así ocurre por ejemplo en Tarzán de los Monos,  dirigida en , dirigida en 1932 por W.S. Van Dyke, que “establece toda su trama en la búsqueda por parte de exploradores blancos de un hipotético cementerio de elefantes, repleto de colmillos de marfil. Durante la expedición,  las tribus africanas presentes en la región explorada defienden que nadie que haya visto el cementerio de elefantes ha sobrevivido para contarlo.  Además sienten miedo y superstición por ese supuesto cementerio ya que en sus creencias y en su folclore lo consideran un lugar sagrado.”  De modo que,  como decimos, todos los componentes decisivos que configuran el mito del cementerio de los elefantes se establecen definitivamente en estas primeras películas de aventuras.

 

 

La imagen de esta legendaria tumba de los paquidermos también se enriquece con la iconografía de otras producciones más recientes, como la película de dibujos animados El Rey LEÓN( Disney  1994 ), así como la adaptación musical de la misma, que recogen varios aspectos relevantes de la leyenda.  La descripción gráfica del cementerio de los elefantes dada en estas últimas obras, con el permiso de las increíbles matte paintings de la película Tarzán y su Compañera (algunas de las cuales reproducimos en este post) es sencillamente soberbia, de atmósfera misteriosa y muy sugerente.

 

En algunas versiones del mito, este aura de misterio del lugar es potenciado por la aparición de una figura oracular o espiritual como Darian, que se erige en guardián del cementerio y saca partido de los restos de los elefantes muertos, motivo por el que es a la vez reverenciado y temido por los furtivos.  Como quiera que sea, la atmósfera que rodea al enclave es ominosa y la ruta hacia el mismo, una vez conocida su situación secreta, es dura y peligrosa, lo que convierte la aventura en una auténtica queste y al santuario buscado en un genuino destino sagrado, meta de un camino o peregrinación hacia el temenos o centro del mundo,  condición simbólica que conviene precisamente al cementerio de los elefantes, al que sólo los elegidos por sus cualidades espirituales pueden acceder efectivamente sin perder la vida.

 

La atracción y el influjo del cementerio de los elefantes es obvia. Cazadores sin escrúpulos y mercaderes ambiciosos sueñan con los ingentes montones de marfil y -quizá- otros tesoros de valor incalculable que se ocultan entre los colosales esqueletos del lugar. Los aventureros fantasean con el tamaño de los colmillos de los cientos de miles de majestuosas criaturas que han encontrado su lugar de reposo en tan fabuloso enclave, oscuro como la mítica caverna de los tesoros de todas las traidiciones, remoto e inaccesible como el mismo fin de la tierra. Otros, sin embargo, más nobles en sus propósitos, pretenden rescatar a los exploradores que les precedieron y que han desaparecido en su búsqueda de la tumba; pensando que han caído en las garras de los guardianes del cementerio como castigo por su osadía de perturbar la paz del lugar sagrado.  Se piensa que estos guardianes han podido matar a los exploradores, y son muchos los que buscan vengar su muerte.

Tradicionalmente, se ha referido que los que han vuelto de la búsqueda del cementerio de los elefantes siempre narraban historias confusas: así se ha llegado a decir, por ejemplo, que hubo quienes seguían a elefantes moribundos -buscando que el animal los condujese al emplazamiento secreto- sólo para descubrir que el paquidermo los había estado conduciendo en círculos, aparentemente para confundirlos y hacerles errar en su intento. Se cuenta también una historia sobre un libro que se hallaría en algún lugar del cementerio de los elefantes, una suerte de antiguo y poderoso grimorio que contendría hechizos o sortilegios que contribuyen aún más, si cabe, a engrandecer este aspecto numinoso del mito.

 

 

Pero, al margen de la vertiente más fantástica del asunto, ya advertimos que parecen existir circunstancias e indicios reales que han favorecido el desarrollo del mito del cementerio de los elefantes. En un opúsculo escrito por el especialista  Rupert Sheldrake se plantea la hipótesis de que tal vez parte de la leyenda sea verdad. Aquella surge , según este autor,  “a partir del hecho de que los esqueletos de elefantes se encuentran frecuentemente en grupos, cerca de fuentes de agua. Según Sheldrake, los elefantes con algún tipo de desnutrición buscan instintivamente este tipo de fuentes acuosas, con la esperanza de que el líquido les permita mejorar sus condiciones.” Este amontonamiento masivo de esqueletos junto a determinados enclaves podría haber inspirado la idea primigenia de un colosal y multidudinario cementerio de paquidermos.

 

 

Se han esgrimido diversas teorías para explicar el origen de la leyenda. Una de ellas incluye la mención de personas que dicen aseguran haber encontrado grupos de esqueletos de elefantes juntos, o han observado viejos elefantes y restos óseos compartiendo en el mismo hábitat. Otros autores sugieren que el arranque del mito está en vestigios de restos masivos de elefantes, como los hallados en las excavaciones de Saxony-Anhalt, donde los paleontólogos rescataron hasta veintisiete esqueletos de Palaexodon antiquus (un pariente lejano  y bastante más fondón del elefante actual, del Cuaternario). En este caso concreto, los colmillos de los esqueletos se habían perdido, lo que indica la presencia de cazadores que posiblemente justifica la aparición masiva de restos en el mismo lugar

 

http://blogs.dickinson.edu/romnat/2011/06/13/mammoths-and-mastodons/

 

Para muchas personas la cosa no admite duda: los elefantes lloran a sus muertos.  La primera prueba que demuestra que los elefantes, como los seres humanos, dan gran importancia a los restos de sus congéneres, fue publicada hace años en el estudio de Karen McComb y Lucy Baker  de la Univeridad de Sussex University  y en otro título de  Cynthia Moss de la sociedad  Amboseli Trust for Elephants ; en ambos análisis se aportan indicios que apuntan en favor de la tesis del “luto” de los elefantes: en muchas ocasiones se les ha grabado y fotografíado también en circunstancias donde se aprecia claramente cómo se ve atraídos por los huesos, se acercan a olisquearlos, tocarlos con sus patas e incluso volver en repetidas ocasiones a “visitar” los esqueletos y vestigios de elefantes muertos.

 

Que los elefantes -en este aspecto- son esencialmente “humanos” en sus emociones es un vieja idea, que ya comenzó a extenderse en los años cincuenta; no ha sido hasta hace poco que la ciencia ha probado a través del estudio de los componentes de la leche materna -humana y del elefante- que ambas especies contienen una sustancia común (oligosacáridos ) que propicia el crecimiento y desarrollo de las áreas más complejas del cerebro. Como nosotros, los elefantes “entierran” a sus muertos, cubriendo sus restos con ramas y hojas; parecen sufrir y plañir por sus seres queridos tan profundamente como los seres humanos, y se les ha visto regresar a las “tumbas” de sus amigos o familiares para -aparentemente- presentar sus respetos periódicamente, incluso durante grandes lapsos, años o lustros. Como nosotros, también, los elefantes quizá recuerden -gozan de una memoria prodigiosa, según se dice- a aquellos con los que han compartido un trecho de su dilatada vida.

 

M atte painting – C

Como humanos, contemplamos con gravedad el trauma de la muerte, y muchos de nosotros estamos familiarizados con el luto, el sentimiento de pérdida de un ser querido o próximo. Imaginemos entonces el sufrimiento de estos animales, expuestos a una contínua convivencia con los vestigios de sus congéneres y amenazados por la presencia constante de la muerte -en su propio entorno- ; en este sentido, para algunos es inaceptable considerar que sólo nosotros los seres humanos somos los únicos capaces de experimentar compasión o empatía.

 

 

http://www.digilibraries.com/html_ebooks/111117/19550/www.digilibraries.com@19550@19550-h@19550-h-8.htm

 

Hay disidentes, como de costumbre, para estas teorías sobre un supuesto “luto” de los elefantes. La experiencia ha demostrado que estos animales tienen un interés particular por los restos de sus congéneres, pero no es exclusivo; también les llaman la atención otros vestigios  (árboles, plantas, otras especies), sin mostrar una clara preferencia por alguno. La talla de objetos, su complejidad o su rareza no es precisamente algo que capte su atención; antes bien entran en juego elementos olfativos o táctiles que no podemos explicar totalmente. También se observa que el marfil, más que los huesos, les atrae particularmente (se les ve en algunos vídeos manipulando -o inspeccionando cuidadosamente-  fragmentos de marfil  con las patas). Quienes han estudiado este comportamiento de los elefantes suponen que este interés particular pudiera proceder del papel que los colmillos tienen en el juego de interacciones sociales durante la vida de los individuos. Como quiera que sea, se cree que el grado de parentesco con el ejemplar fallecido- como algunos han supuesto- no parece  un dato relevante en este fenómeno.

 

 

 

Cazadores de elefantes como Walter “Karamojo” Bell, que conoce profundamente el comportamiento de estos animales, también descartan la teoría del “luto” entre estos animales e igualmente niegan la existencia de un hipotético cementerio de elefantes. Afirman que los huesos y restos que se encuentran permanecen en el mismo lugar, durante años, entre los matorrales donde se los ha visto por vez primera, inalterables. Estas evidencias entran en franca oposición con otros testimonios en los que los elefantes parecen interactuar de modo inteligente con los vestigios de otros ejemplares muertos, especialmente con los colmillos y cráneos.

Hasta el momento, lo que sabemos es que los huesos de elefantes pueden ser encontrados en grandes cantidades en diversos lugares, casi siempre cerca de fuentes de agua, lo que parece haber dado lugar a las primeras narraciones sobre un supuesto cementerio de colosales proporciones. También se sabe que los elefantes enfermos o muy viejos a menudo deambulan buscando una zona fresca, junto al agua, para permanecer en ella el mayor tiempo posible -quizá para paliar su enfermedad  o debilidad– y que muchos acaban encontrando aquí la muerte. Tal vez, finalmente, el cementerio de elefantes sea un lugar real y físico, pero no de rasgos tan épicos, sobrenaturales o románticos como nos sugieren la ficción o el mito.

O puede que, simplemente, aún no haya habido un aguerrido o inspirado buscador que haya alcanzado el fabuloso enclave , que haya vuelto con el ánimo y la generosidad suficientes para contarlo y para burilar con esmero una precisa equis en un mapa que marque el camino  a otros más incrédulos y menos audaces.

 

 

Fuentes, vínculos y notas

 

(0I (Laroussehttp://www.librosmaravillosos.com/losgrandesenigmas/capitulo06.html#_19._El_cementerio)

(1) Le cimetiere des elephants

(2) Tarzán matte paintings

(3) Cemeterio de elefantes en wiki

(4) El debate sobre el elefante  , ¿elefantes de luto.?

(5) Mistery of th eelephants graveyard

(6) Elephant graveyards

(7) Elephants never forget their dead by Roger Highfield

(8) Tarzán y su compañera

(9)Misterios del mundo: cementerio de los elefantes

(10)  Tales of the elephant bones

 

 

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4 comentarios to El cementerio de los elefantes

  1. ¿Voy preparando el petate? No hago buen Passepartout (no soy ingeniosa ni ocurrente ni un saltimbanqui), salvo en la fidelidad.

  2. V. on octubre 9th, 2014
  3. La fidelidad, también una de nuestras virtudes, no es moneda corriente, antes bien un privilegio al alcance de muy pocos. Tampoco a mí me importaría hacer el petate si es para buscar un lugar como el descrito. Mientras tanto, nos queda la lectura. Por cierto, olvidé citar -una vez más- aquel maravilloso volumen de Mangüel y Guadalupi Guía de los lugares imaginarios; quizá aquí también glosen sobre el cementerio de los elefantes. Lo incluiremos en las “addendas et corrigendas”. Un saludo, sobrina.

  4. flegetanis on octubre 10th, 2014
  5. flegetanis on octubre 10th, 2014
  6. Más notitas y apuntes sobre el asunto; cuesta encontrar algo más que pinceladas, sobre todo en español. http://nosinmicamara.blogspot.com.es/2012/04/cementerio-de-elefantes.html

  7. flegetanis on octubre 10th, 2014

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