El lápiz arqueológico

30 septiembre
2014
escrito por Flegetanis

 

Esbozamos una búsqueda de las singulares relaciones entre arte, documentación visual y arqueología, a partir de fragmentos  — traducidos más o menos caprichosamente —  del formidable texto que Theo De Feyter publica en el opúsculo “I took with me a painter”  Archaelogists, artists, draughtsmen and photographers in excavation” que citamos en nuestros enlaces, más abajo.  Además de los escritos de este autor, nos ha guiado en nuestra pequeña empresa el influjo que, desde jóvenes, han ejercido en nuestra imaginación las cientos de estampas de atmósfera  romántica que retratan con inefable misterio y dignidad las más peregrinas y lejanas ruinas del mundo antiguo, desde la América Precolombina hasta la Roma Imperial, imágenes inmortales que incitan al viaje y la meditación y a las que hemos dedicado, en otras ocasiones, más de una línea.

Dice De Feyter en sus artículos que ha sido su propio trabajo como dibujante vinculado con la arqueología el que le ha llevado a interesarse por la obra de quienes le antecedieron en esta labor a través de los siglos. Así, comenta, en una serie de dibujos que ilustraban el trabajo arqueológico de la antigua colina de Mungaba en Siria, trataba el autor de capturar la atmósfera y los momentos más característicos de este tipo de actividad. Buscando entonces referentes más antiguos para sus propios dibujos, encontró que la documentación visual realizada por dibujantes  de las actividades arqueológicas propiamente dichas -no así de los objetos o vestigios encontrados durante las mismas- eran infrecuentes. Hay ejemplos -nos refiere De Feyter- muy tempranos,  de la mitad del siglo XIX; entonces los artistas hacían dibujos de línea de los hallazgos arqueológicos o detalles arquitectónicos de los enclaves, así como apuntes y acuarelas de escenas de la excavación, de la gente en su labor o los paisajes del entorno.  Eran delineantes y artistas viajeros en uno. Este tipo de dibujante-artista, quizá pariente próximo del naturalista de siglos anteriores (como aquél que cuyo perfil burila admirablemente la película Master and Comander, The Far Side of the World, de Peter Weir , 2003) que formaba parte del equipo de numerosas expediciones, llegó prácticamente a desaparecer de los equipos de profesionales vinculados a la labor arqueológica.

 


Cabeza colosal en las ruinas de Copánl, dibujo de Frederik Catherwood; grabado de Gimber, Stephen Henry, 1843. Colección

 

Dicha desaparición no indica que la labor del dibujante no es importante en el campo de la arqueología. En una excavación, uno de los especialistas ha sido siempre un dibujante. Su tarea es, o ha sido siempre, dibujar detalles arquitectónicos, objetos o cerámica encontrados en los yacimientos, de un modo técnico y objetivo (usando para ello los modos y convenciones gráficas más apropiadas según el caso). Todos estos vestigios, además de dibujados con corrección, son debidamente fotografiados. Pero una documentación sistemática de las circunstancias o entorno del trabajo arqueológico no son un asunto prioritario  en una excavación. Se precisa para desarrollar esta tarea un profesional generalista que sea capaz de llevar a cabo estos enlaces entre diversos campos; alguien que, por encima de todo, tenga el tiempo y la capacidad necesarios para ocuparse tanto del dibujo como de la fotografía.

 

Pirámide de Uxmal,  una gran pirámide aislada surge, casi enterrada por la vegetación, coronada por un pequeño templo. Dos hombres la contemplan….  Grabado de Endicott, George y Endicott William, a partir de un dibujo de Benjamin Moore Norman, 1843. Colección Memorial Library, Universidad de Winconsin, Madison. (Prometemos ocuparnos de los fabulosos dibujos consagrados a las ruinas mexicanas en un futuro post. )

 

 

De Feyter, él mismo dibujante arqueológico, establece una serie de paralelos antiguos con sus propios trabajos, siendo aquellos obra no de artistas, sino  más bien de arqueólogos . Así cita al francés Jacques de Morgan  (1857 – 1924) -algunos de cuyos dibujos figuran en el artículo del propio De Feyter– o al alemán  German Walter Andrae (1875 – 1956) . Éste último fue  el arquitecto asistente en el antiguo emplazamiento arqueológico de Babilonia y posteriormente director de la excavación de Assur, ambas en Irak.  Uno de sus más célebres proyectos fue la restauración de los fragmentos de la llamada Puerta de Isthar * en Babilonia (ahora en Berlín, en el Museo de Pérgamo **) . Ambos, de Morgan y Andrae, fueron magníficos pintores y diestros dibujantes.

 

 

La principal razón para la ausencia en la obra de estos dos dibujantes de las convenciones típicas del estilo pintoresco , “impostado” en cierto sentido,  –heredado de la tradición idealista romántica– es que su trabajo fue hecho directamente del natural. Lo que todos esos dibujos tienen en común, precisamente, es que tienen el aroma inconfundible que da la observación directa. Esto es lo que los hace -en opinión de De Feyter-  reconocibles  -o cercanos- para nosotros incluso hoy día. Están definitivamente  muy alejados de ese típico tratamiento orientalizante y romántico de la pintura de la época, que lejos de todo verismo se perdía en meandros y laberintos brindándonos  una imagen  exótica y extraña de Oriente.

 

 

Jacques de Morgan es otra figura importante en el ámbito del dibujo arqueológico. Los dibujos y pinturas de De MOrgan tienen este mismo sabor de la observación directa y el trabajo in situ, del natural. Hay sobre todo, en su obra, paisajes y descripciones veristas del propio entorno del artista en los diversos lugares en los que excavó en Egipto, Malaca y Persia. Hizo largos viajes por el Africa norteña, Egipto, Próximo Oriente y Persia, entre 1894 y 1900. Dejó varios cuadernos de apuntes, dibujos, acuarelas y fotografías de sus viajes. A pesar del tiempo transcurrido, poco parece haber cambiado desde el final del XIX cuando uno compara aquellos dibujos con los más recientes, como algunos del autor del artículo que comentamos.

 

 

Se conocen muchos más “dibujos arqueológicos” en el siglo XIX en la forma de dibujos preparatorios para grabados publicados en libros sobre arqueología de la época. Estos esbozos preparatorios los hacían artistas o arquitectos en su papel de miembros de equipos de excavación. Uno de estos artistas fue Austen Henry Layard (1817 – 1894) que estuvo entre los primeros arqueólogos (desde 1845 hasta 1851)  de las ruinas de Nimrud *** y Nïnive *.  Layard era un fantástico dibujante e hizo muchos de los dibujos de línea de relieves y otras esculturas que se encontraron durante las excavaciones.  A partir de 1849 responsables del British Museum enviaron a los emplazamientos mencionados a numerosos artistas para ayudar en su labor a Layard.  Sus publicaciones científicas   (Monuments of Nineveh, London 1948  y  A second series of Monuments of Nineveh, London 1853) estaban magníficamente ilustradas con litografías, grabados ( o una combinación de ambos) “hechos in situ” como proclamaban enfáticamente los títulos de las páginas.


 

En el arranque del capítulo  XVII  del volumen Discoveries in the ruins of Nineveh and Babylon with travels in Armenia, Kurdistan and the desert (London 1853) -Descubrimientos en las ruinas de Nínive, Babilonia con viajes a Armenia, Kurdistán y el desierto-  Layard menciona numerosos visitantes, entre ellos el Rev. . Malan  con quien dice estar en débito por su contribución con algunos hermosos apuntes, que cedió generosamente para articular el trabajo de ilustración de la monumental obra.

 

Con el paso del tiempo y el desarrollo de las técnicas de revelado fotográfico primitivo, comienzan a surgir los primeros cambios en la historia del dibujo arqueológico como disciplina. En una lista de los materiales del arqueólogo  Cooper Bell figuran diversos materiales y herramientas y se menciona ya  un “talbotipo” -aparato de Talbot- : Éste es un artefacto fotográfico, seguramente una cámara y materiales para tomar negativos fotográficos  –llamados también calotipos-  que podían ser impresos, gracias a una invención de Henry FOX  TALBOT, patentada en   1841.

En la época de Schliemann y el descubrimiento de Troya, la técnica del papel negativo fue especialmente usada para llevar a cabo la documentación gráfica en circunstancias o entornos especialmente adversos, como el viaje y la exploración, desde el momento en que el papel podía ser preparado con antelación  y revelado más tarde.   La invención del papel negativo y más tarde el cristal negativo ve (1841 y 1851 respectivamente) hizo posible tomar fotografías en el exterior y reproducirlas posteriormente mediante técnicas de impresión. Las fotografías que ilustran el Atlas Trojanischer Alterthümerare son un ejemplo primitivo y pionero del uso de la fotografía en publicaciones arqueológicas. Las tomas de los dibujos de restos cerámicos y ornamentación estaban muy bien reproducidas, ya en aquella época; sin embargo, las instantáneas de paisajes y lugares de la excavación son  oscuras, borrosas y en general de escasa calidad.

En las décadas posteriores a la invención de estos artilugios y el desarrollo de la fotografía, las diferencias entre los dibujos y estas primitivas instantáneas fueron bien conocidas y motivo de discusión constante entre historiadores y arqueólogos. Para algunos profesionales del momento la fotografía tenía indudables ventajas, como la de ser más objetiva y fiel al motivo que el trabajo del artista o el dibujante. Al margen de las dificultades iniciales con el empleo de la fotografía en el ámbito arqueológico, casi inmediatamente después de su descubrimiento la técnica fue ampliamente usada para registrar y documentar los vestigios arqueológicos de todo el mundo.

En 1851 , Victor Place, cónsul francés en Bagdad y arqueólogo, afirmó en una carta al Departamento del Interior: “Desde ahora ya no necesitaremos nunca más enviar un dibujante -a los emplazamientos arqueologicos- porque la fotografía puede producir imágenes más exactas que las artísticas”  Su pronóstico,  sin embargo, no se cumplió exactamente, pero marcó el inminente final de una era romántica de viaje y aventura.

 

-Fuentes, notas y vínculos-

 

(1)  De Feyter, Theo, “I took with me a painter”  Archaelogists, artists, draughtsmen and photographers in excavation

http://www.meltonpriorinstitut.org/pages/textarchive.php5?view=text&ID=97&language=English

(2) http://www.meltonpriorinstitut.org/pages/textarchive.php5?view=print&ID=97&language=English

(3) Expedición a las Costas Mexicanas

(4) Dibujos arqueológicos en el Yucatán, proyecto de digitalización de dibujos arqueológicos de la emplazamientos mejicanos  http://lincoln.lib.niu.edu/cgi-bin/philologic/getobject.pl?c.2175:7:1.lincoln

(5) Imagen “gigantic head from Copán from”  Romantic Circles

** Los asteriscos constituyen, como de costumbre en esta casa, un pequeño guiño apocalíptico ad hoc. Para los más curiosos, remitimos la búsqueda a Google : Isthar Gate – Babylon / Irak Stargate / o ” Alexander the Great / Pergamon Altar”  / Apollyon / Abbadon .  Buena caza.

 

 

 

 

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3 comentarios to El lápiz arqueológico

  1. Esto se esta animando… bonitos grabados y traen a mi mente gratos momento en nuestro periplo por el nilo…
    Gracias

  2. Dr.Venturi on octubre 2nd, 2014
  3. Excelente.

    Últimamente ando dándole vueltas a cuál será el motivo por el que una ilustración ‘pin up’ nos parece más sexy de lo que nos lo parecería la misma mujer en fotografía. Debe ser la misma dinámica por la que ese dibujo a vuelapluma de los colosos de Memnón me ha calado más hondo de lo que pueda hacerlo cualquier foto.

  4. V. on octubre 2nd, 2014
  5. Sí señor, sí señor.
    Este es su puro estilo Viajes con mi tía, del que hacía tiempo que servidor no cataba. Muy evocador, maese, muy evocador. Y pienso lo mismo que el Dr. Venturi y nuestra querida V, traen a mi mente fantásticos momentos de aventura y fantasía.
    Ahora, que digo yo que esto es más bien ya pesca de altura, ¿no? Pasa que a usted alguna vez se le va el boli… o el lápiz en este caso.

  6. Dr. Refacto on octubre 4th, 2014

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