Plastilina, un juego de niños I

28 junio
2012
escrito por Flegetanis

Tödlein, cadáver tañendo un laúd. 2012. Super sculpey, madera, pintura acrílica.  19 cm.

 

Junto al dibujo de historietas, las lecturas y miles de juegos maravillosos (*) cuyo recuerdo sería ahora prolijo glosar, el modelado de figuritas en plastilina fue una de las aficiones que ocupó buena parte de nuestro tiempo libre en los calurosos -e inagotables -- veranos de nuestra infancia. En estos días mucho más cortos de nuestra madurez hemos rescatado del olvido esta actividad que teníamos abandonada prácticamente, salvo escasas e infructuosas incursiones durante la época de estudios universitarios.  Ha sido precisamente esta falta de luz natural de los cortísimos días invernales --que empiezan a mermar como cada año  desde la pasada noche de San Juan, como nos recuerda tan pertinaz y ritualmente la paciente mecánica de los ciclos cósmicos--  la que nos ha llevado en parte a resucitar esta vieja pasión por el modelado: pensamos que las escasas horas de luz aprovechables para la pintura y el dibujo a partir del otoño las podríamos dedicar a estos menesteres con aceptables resultados.

Después de un año de práctica intermitente, nos atrevemos a compartir con ustedes algunos aspectos del proceso de aprendizaje que hemos seguido --y en el que aún nos hallamos inmersos--  ilustrándolo con muestras de nuestro trabajo como principiantes y nuestros característicos e hiperbólicos preámbulos, giros y notas al pie. El propósito de este post, quizá pretencioso, es que nuestros tropiezos y aciertos sirvan de guía o de inspiración a otros que quieran animarse a hacer sus pinitos en este apasionante ejercicio. Aún poniendo freno a nuestra tendencia al enciclopedismo y la hipérbole, hemos querido incluir  en el apartado fuentes y vínculos  algunas direcciones y enlaces de interés, que esperamos ampliar y mejorar en el futuro, donde los más interesados en el tema podrán encontrar ventajosas recomendaciones y consejos.

En todos los casos, las figuras y diseños que se muestran son meros ejercicios de aprendizaje, donde explicamos algunos de los entresijos de la creación de aquéllas, así como los problemas más frecuentes que hemos encontrado durante la realización de cada pieza, características del material empleado y otras cuestiones más o menos relevantes. En la actualidad seguimos en esta línea de iniciación de técnicas básicas, consultando aquí y allá el material que podemos recabar, intentando mejorar los resultados y ensayar poco a poco con nuevos retos técnicos bien planificados, sin desmoralizarnos demasiado ante el buen hacer de los maestros consumados del género y desarrollando la paciencia y la perseverancia, dos cualidades que nunca han brillado en nuestra exigua panoplia de virtudes.

 

 

Caja de barritas de plastilina, años 70 (3) .

 

Puestos a buscar un arranque para esta historia,  aunque corramos el riesgo de convertirlo en un Tratado sobre la plastilina, podríamos remontarnos a los años 70 (también podríamos remontarnos al carbonífero, pero esto nos llevaría demasiado lejos) donde una singular caja de barritas de plastilina como ésta de arriba fue uno de los más queridos y entrañables juguetes de nuestra mocedad: “Contenía 20 barritas de plastilina de distintos colores, el envase era de plástico con tapa transparente. Se vendía en papelerías, quioscos y tiendas de juguetes. Todo un clásico de la época. La plastilina era uno de los mayores entretenimientos de los niños y niñas de los 70. Se podía hacer casi de todo con ella -dependiendo de las habilidades de quien la manejara--, dándoles color a todas nuestras creaciones.” (3) Aún recordamos, con cinco o seis años, el momento en que nuestros padres nos regalaron una como ésta, con un montón de troqueles y moldes de animales de colores. Desde entonces quedamos enganchados al invento.  Con el tiempo adquirimos cierta destreza en el modelado de figuritas, dinosaurios y otras inspiradas sobre todo en personajes de los tebeos, pero ya entonces nos disgustaba la fragilidad de la plastilina --aunque es un material con inmensas posibilidades, incluso a nivel profesional--  y echábamos de menos algún material más perdurable, que permitiese una mayor resistencia al tiempo de nuestras creaciones.  En la actualidad existen al alcance de cualquier bolsillo verdaderas maravillas en este sentido, pero en aquella época no eran muy asequibles. Nuestros experimentos con la escayola, primero, y con la arcilla, más tarde, fueron insatisfactorios y exasperantes, terminando por alejarnos del modelado, incluso como afición.

 

 

Un montaje para uno de nuestros últimos dibujos: un libro de Gutierrez Solana sostiene una sonriente calaverita mexicana fabricada con pasta Das; junto a ella, una soberbia figura de papel maché del estilo de la familia Linares de nuestra pequeña colección de arte popular mejicano. Preparar modelettos para nuestros bodegones ha sido la excusa perfecta para volver a resucitar nuestra pasión por el  modelado.

 

Hoy, felizmente, al cabo de casi treinta años, hemos recuperado nuestro primer entusiasmo; llevados en parte por nuestra afición paralela por el dibujo y nuestro incipiente -y preocupante- afán por el coleccionismo. La necesidad de fabricar algunos modelettos con los que surtir algún que otro bodegón nos hizo plantearnos una vuelta a esta vieja práctica. Los estipendios imposibles  para el bolsillo humano que exigen por las piezas originales --especialmente joyas de arte popular mexicano (de precios impopulares) y antigüedades--  que nos entusiasman hicieron el resto: ¿por qué no hacer alguna réplica más asequible de estos y otros tesoros con nuestras propias manos?  Y en ello estamos. De momento, hemos conseguido renovar nuestro interés, sensiblidad y  aprecio por el arte de la escultura --que no es poco--; además nuestro pequeño wunderkammer crece exponencialmente, así como las joyas de nuestro futurible ajuar funerario. Todo un logro para un diletante, ¿no les parece? Aún hay más: desde que la emprendimos con el modelado de muñequitos, no gastamos un duro en la decoración -un tanto friqui- de casa.  ? No es pasión de padre, pero preferimos  contemplar nuestras deformes criaturas a una horrísona y carísima figurita --sin acritud-- de Ladró.  Como soñar es gratis, quizá próximamente, si logramos superar ciertas dificultades técnicas y aprender algo sobre moldes, podamos incluso vender alguno. Pero no hablábamos del cuento de la lechera, sino de modelado.

Arriba, varias tomas de nuestra última y más lograda pieza, colofón tras varias tentativas más o menos frustradas y pruebas con diversos materiales y técnicas. La figura está inspirada en un fragmento de las  Danzas Macabras de Berna ( ) y trata de imitar el estilo y las formas de un tipo de escultura tradicional llamada Tödlein -”cadáver”- una variante de la fórmula del memento mori propia del Renacimiento, desarrollada especialmente en Alemania (*), con ejemplos verdaderamente pasmosos en madera y marfil.   Justo es reconocer que las fotos no hacen justicia a la figurita, que es más delicada de lo que puede apreciarse en estas instantáneas. Sin embargo, no menos justo es evidenciar que hay multitud de torpezas y desaciertos en esta nuestra mejor --hasta el momento-- creación; las fotos, tomadas desde los ángulos más interesantes, tratan de escamotear algunos de estos defectos que les señalamos ahora honestamente y que hemos cometido -de manera obstinada y casi programática- en casi todos los proyectos emprendidos.

Aprovecharemos los pies de foto para destacar algunos de estos errores de principiante , comenzando por el más flagrante a nuestro parecer. Es un axioma en escultura de bulto redondo que, además de no moverse (lo mínimo que debe pedirse a una escultura, según Salvador Dalí) ésta debe presentar varios puntos de vista plásticamente interesantes, si no todos, en torno a su eje central. En nuestro caso concreto y en la mayoría de las piezas presentadas en este artículo, inspiradas por dibujos planos, las vistas estéticamente válidas de la pieza están muy limitadas, teniendo en muchos casos un único punto de vista, a lo sumo dos o tres, en los que la visión es óptima. La mejor forma de subsanar este error garrafal es partir de varios bocetos o apuntes de la figura (posterior, anterior, laterales, tres cuartos) que garanticen una perspectiva armoniosa y equilibrada de la pose y las formas de la figura. De igual modo, conviene durante el trabajo girar repetidamente la pieza para (con este propósito se utrilizan los tornos de modelado) ir dando un acabado global a la misma, sin enfatizar especialmente en ninguna perspectiva. Esto es aplicable sobre todo a los ejercicios de figura completa en poses más o menos dinámicas, según nos parece; los bustos o figuras hieráticas merecen otra consideración. Desde un punto de vista del aprendizaje, quizá sea conveniente comenzar con prácticas menos exigentes, como el relieve, donde al menos no hay que preocuparse en principio de estas cuestiones.

Otro problema, subsanado en este caso con una pequeña argucia. Durante la cocción de la figura, la dilatación del material hizo cambiar el centro de gravedad de la pieza que, finalmente, fue perdiendo su verticalidad con riesgo de romperse. El bloque marmoleado -hecho con pasta Das y pintado al acríclico- sirve de punto de apoyo a la figura y asegura su anclaje  a la peana y su verticalidad. Hay que aceptar las limitaciones: construir una figura sobre un solo pie era demasiado reto para nuestras actuales posibilidades y experiencia técnica. Son patentes también la falta de finura de detalle en pies y manos, debidos principalmente a nuestra poca paciencia --imprescindible en esta actividad-- y a un estilo un tanto “marrullero” propio de la casa. Intentamos compensar esta tendencia mejorando cada día la técnica y buscando entre nuestros modelos referencias más cercanas a la rusticidad del arte anónimo, naif y folclórico que a los acabados pulidos de los más virtuosos. Al margen de nuestra falta de pericia y pulcritud en la ejecución de los detalles, observamos que la falta de estabilidad de la estructura durante todo el proceso ha dificultado notablemente este aspecto de la realización (lo cual nos ha pasado también en otras figuras como veremos).

En esta toma más detallada de la pieza se pueden apreciar algunos otros fallos en el acabado que estimamos poco deseables: el aspecto rugoso y excesivamente texturado en algunas zonas no es del todo voluntario, antes bien un defecto de una técnica poco cuidadosa y de las prisas por ver terminada la figura . Como solución hemos optado por darle un aspecto de vieja talla en madera--el color no es apreciable del todo en la foto-- con ayuda del acrílico, trabajando en varias capas con procedimientos de color roto y  pincel seco, entre otras. El supersculpey permite un acabado liso como una peladilla o texturado, a voluntad, durante el período previo a la cocción del mismo.

Algunos de los errores que señalamos eran evidentes desde los primeros estadios de diseño de la figura y no por eso pudimos corregirlos, en principio por falta de destreza. En el último caso que señalamos, las manos no parecen sujetar realmente el arco y el pequeño laúd  (tampoco éste aparece muy bien construído y documentado en referentes reales, según es costumbre de los buenos aficionados al modelismo), habiéndose solucionado este problema con pegamento de contacto en varios puntos, cuando lo ideal habría sido diseñar los puntos de agarre para que anatómicamente fueran exactos, algo que aún está fuera de nuestro alcance, según parece. Para la cuerda del arco usamos, a falta de otra cosa, un trocito de alambre de florista; pocos días después descubrimos un tutorial fantástico para fabricar este tipo de adminículos con hilo de algodón. (7)

Con todo, y a pesar de las dificultades y problemas no resueltos, estamos bastante satisfechos del efecto final de la pieza, bastante digna a nuestro modo de ver, sobre todo trantádose de una de nuestras primers tentativas con un material que desconocíamos por completo, el supersculpey, pero que nos ha proporcionado unos excelentes resultados.

El principio de nuestro proceso de experimentación con diversos materiales para modelismo partía de dos premisas básicas: debía asegurar la durabilidad y firmeza de la figura y ser cómodo y relativamente fácil de trabajar. Descartamos rápidamente las plastilinas o la cera -incluso las mejores del mercado- por el primer motivo; la arcilla y otros materiales no los contemplamos por las dificultades que entraña --bajo nuestro punto de vista-- trabajar en un ambiente doméstico, se ocupa mucho espacio y es bastante sucio, con necesidad de un horno de cerámica para cocer las piezas y un lugar disponible para almacenaje.  También teníamos claro que aún no íbamos a entrar en fabricar moldes, sino en hacer piezas únicas. Nos decidimos finalmente por algunos de los materiales que vemos arriba: pastas de modelar de secado al aire, resinas epóxicas y resinas poliméricas que pueden endurecer en el horno de la cocina.

Hay mucha gente que trabaja habitualmente con masilla epoxi, que  seca al aire  (Milliput, Magic Sculp, Green Stuff y otras) aunque se hace necesario trabajar en un tiempo récord, “contrarreloj”, en lo que algunos ven un serio inconveniente. Los hay que prefieren las arcillas poliméricas (que fraguan en el horno de casa), hay gente que usa plastilina escolar y luego añade una piel de masilla epoxy; los procedimientos y técnicas son casi tan numerosos como la gente que se dedica a cultivarlos.  Otros materiales como la porcelana china, pasta de papel DAS o arcillas no las recomendamos  para hacer figuras: son complicadas e incómodas de manipular, suelen dar acabados muy malos, son  quebradizas y para más inri,  encogen al secarse y se suelen fracturar.

La intención: probar diferentes materiales para ver cuál de ellos se adaptaba mejor a nuestra forma de trabajar, empezando por los que pensábamos más sencillos.  En la foto, los materiales que hemos probado, hasta ahora, de izquierda a derecha: paquete de Supersculpey firm (nuestro favorito, por el momento), resinas epóxicas de dos componentes Milliput y Magic Sculp -muy usadas en miniaturas y modelismo-, pastas de modelar escolar Das, Plus y Creative Paperclay; en el centro abajo, pastas poliméricas Fimo Soft y ClayColor; a la derecha, bolsa de papel maché.  Hay muchos lugares en internet donde se dan direcciones de las tiendas donde venden estos y otros materiales similares, y foros y sitios haciendo comparativas a fondo sobre las características de unos y otros. Algunas las facilitaremos en nuestros enlaces.

Los primeros tanteos los llevamos a cabo con varias pastas de modelar de tipo escolar. Éstos de arriba son réplicas de  calaveras mejicanas, para pintar posteriormente.  Están realizadas con una sencilla pasta de modelar de secado al aire que podemos encontrar en cualquier  papelería.  En los más grandes empezamos a usar una estructura de papel de periódico arrugado, para gastar menos material y darle consistencia a la pieza. Estos tempranos ejercicios los hicimos bien sencillos para evitar desde el principio entrar en grandes dificultades técnicas: se trataba de probar el material y ver cómo se comportaba. Las complicaciones se planterarían solas, más adelante.  La mayor parte del trabajo no debe hacerse con los dedos, pues se deforma el volumen general; es conveniente ayudarse de palillos de modelar e ir trabajando desde lo general a lo particular, insistiendo mucho en los planos o facetas para establecer dichos volúmenes. Este material, no obstante, es ideal para trabajos de poco detalle y formas sencillas y compactas. Con un poco de imaginación se le puede sacer partido. Aunque para motivos con mayor detalle no lo consideramos el más aconsejable. Como en todo, hay gente que es capaz de hacer maravillas con el papel maché. Nosotros no hemos sido capaces de momento.

Un segundo  o tercer intento con la pasta de modelar Das (con la que creemos no volver a repetir en un tiempo). La calaquita mejicana, inspirada en un diseño de Felipe Linares; la pasta tarda de cuatro a seis horas en comenzar a endurecer. Es más dúctil y maleable si disponemos de un pulverizador con el que ir humedeciendo de cuando en cuando la pasta, un poco pegajosa,  y las manos.   Importante no desesperar y, repetimos, no usar demasiado los dedos y  atenerse a formas y volúmenes sencillos y compactos (esferas, cilindros, sólidos simples). Acepta muy bien los acrílicos.

El “primo de Papúa” inspirado en un ejemplar exótico de madera,  fue el tercer intento --los dos anteriores no llegaron a buen puerto-- de hacer una figura completa de pie con pasta de modelar. Ésta concretamente Sio 2 Plus, nos dio mejor resultado que la pasta Jovi DAS y nos resultó más agradable y cómoda de manipular, en cierto sentido parecida a la arcilla. Empleamos una estructura de almabre y de papel de aluminio para sostener el conjunto, pero a medida que se acumula el material la gravedad se hace notar y comienzan las dificultades. Se puede prolongar el proceso de secado al aire humedeciendo la pieza y guardándola con un paño húmedo en el frigorífico. Fue necesario apuntalarla para ir añadiendo detalles, en un proceso cada vez más accidentado. Finalmente, hubimos de esperar a que secara para proceder a lijar y ensamblar las partes con pegamento de contacto (son visibles las juntas en la cadera, tronco y cuello.  El aspecto hierático de la figura --que parece haber hecho la mili en Toledo-- respondía al original que tratábamos de reproducir y además evitaba meternos en berenjenales con poses complejas en una etapa tan temprana.  El “primo de Papúa” es una réplica a partir de una fotografía de una escultura antigua que compramos por internet y que nunca llegó a su destino (cosa que casi agradecemos porque tenía aspecto de dar yuyu y mal fario).

Tras nuestra aventura polinesia decidimos embarcarnos en la experiencia de las resinas poliméricas: con la pasta Fimo Soft hicimos éste busto que, una vez terminado, nos dio más confianza y entusiasmo y nos reveló que en esto, como en otras cuestiones, los materiales y herramientas empleados suelen ser importantes, así como una buena adecuación de cada proyecto a su medio específico. La resina polimérica tiene muchas ventajas:  no se endurece mientras no la metamos en el horno, por lo que permanece inalterable durante semanas, pudiendo modelarla hasta conseguir el resultado que buscamos. Entre sus inconvenientes está el que se fije mal  a cualquier material, incluso a otras piezas fabricadas con el mismo material y que hay que manipular muy bien los tiempos de horneado. Ofrece cierta resistencia a los acrílicos, pero con varias capas se puede solucionar.

El fimo, una vez horneado, es como plástico duro, muy fuerte, y se puede volver a hornear en varias capas, controlando los tiempos, a menos que haya sido barnizado o pintado. Una vez seco --tarda al menos un día en fraguar totalmente y adquirir una consistencia dura-- puede lijarse, cortarse o pintarse, como hemos visto. Aunque se puede dejar tal cual, porque lo comercializan en una gran variedad de colores. Es una solución ideal para esculturas pequeñas o para lograr un efecto muy concreto.

Para todos estos proyectos vimos claro que debíamos utilizar algún tipo de estructura, para lo cual usamos alambre -fácilmente maleable con las manos y unos alicates-- y papel de aluminio bien apelmazado, con el que se puede establecer fácilmente casi todos los volúmenes, con lo cual se aligera la pieza y se ahorra en pasta de modelar. Bien importante, aunque se trate de una pieza pequeña, asegurar la estabilidad y solidez del armazón, para evitar más tarde complicaciones que impiden desarrollar un buen trabajo --en esta etapa aún no hemos conseguido superar nuestras limitaciones--.

Uuna vez modelada la figura, o parte de ella (porque se puede planificar el trabajo por capas, ensamblando en el horno las distintas partes) se introduce al horno.a 150º durante 15 minutos, aproximadamente. La pieza se cuece y en cuanto se enfrie adquiere la solidez deseada.  Conviene no sacar de golpe la figura porque puede quebrarse por el cambio de temperatura, sino dejarla enfriar un rato dentro del horno ya apagado.

Este esqueleto tocando un violín, basado en una escultura típica del Día de los Muertos de Oaxaca, fue nuestro primer ensayo de modelar una figura de medio tamaño (aproximadamente treinta cm. de alto) con arcilla polimérica Fimo Soft  y Claycolor, y la experiencia resultó un fiasco.  El tamaño y el peso de la cabeza comprometió el equilibrio de la pieza que terminó por caerse en varias ocasiones hasta romperse; tuvimos que someterla a varias intervenciones de restauración --casi como al monstruo de Frankenstein-- para finalmente abandonarla.  El principal problema surgió en el horno y en una mala gestión del tiempo de fraguado; el material, aún blando, comenzó a desinflarse y la figura cambió varias veces su centro de gravedad, terminando por caerse definitivamente. De donde concluimos que es muy importante dejar enfríar la pieza en el horno, tumbada y “calzada” convenientemente, para que al dilatar y encogerse no cambie radicalmente su postura.  A pesar de los desastrosos resultados del experimento, no descartamos volver a usar este material para intentar alguna otra figura de tamaño mediano.

Tras el batacazo previo decicimos continuar trabajando en la posición sedente, más fácil de manejar y que aseguraba una mayor estabilidad a la figura.  Volvimos a la carga con la resina Claycolor, que hasta ese momento fue la que nos dió mejores resultados. La encontramos más dúctil y agradable a la manipulación que el Fimo, siendo similares el resto de sus prestaciones.  Seguimos para definir  la figura la técnica del empastillado, usando pequeñas cantidades del material con forma de huso o “pastilla” y tratando de distribuirlo para configurar los volúmenes principales del motivo. Tras hornear, intentamos, sin mucho éxito, mejorar las irregularidades del volumen lijando con una lima y papel de lija. Los resultados nos animaron a continuar trabajando un poco más. El modelo está inspirado remotamente en varias figurillas de divinidades aztecas de la muerte de nombre impronunciable; como ven, cambiamos una y otra vez de materiales, pero somos fieles a nuestros asunto del memento mori.

Con ánimo renovado retomamos el ejercicio de figura de cuerpo entero con ésta interpretación de un personaje de un cuadro de Otto DIX, que decidimos realizar íntegramente con Claycolor, con puntuales intervenciones en masilla epoxi en los  zapatos y los dedos. Nos aseguramos de que en ningún modo la estructura de alambre de base se tambaleara ni se despegara de la peana, lo cual facilitó enormemente el trabajo, aún cuando había que presionar en algunas ocasiones el material para poder trabajar los detalles (cuanto más compacto y firme la resina, más adecuado para un trabajo de detalle).

Entre las masillas epoxi disponibles en el mercado optamos por  MilliputMagic Sculpt; se trabajan muy bien y se pueden suavizar con un poco de agua. Luego en frío --empiezan a fraguar en cuanto se unen los dos componentes que la consituyen  y que hay mezclar a partes iguales-- se pueden lijar y cortar con herramientas especiales, aunque son muy duras.  Como son materiales caros los hemos reservado para aplicaciones puntuales y detalles,  y para soldar algunos puntos de nuestras estructuras o armazones de alambre. No las recomendamos para figuras completas, a menos que se trate de miniaturas.

En la ejecución de esta figura volvimos a cometer varios errores de bulto. El primero de los cuales ya lo mencionamos, con respecto a los puntos de vista múltiples de la escultura; aquí, al partir nuevamente de una imagen plana, no teníeamos referencias suficientes para acometer la tarea, y el resultado es que los perfiles de la pieza apenas tienen interés visual alguno. Otro tema son las desproporciones, hasta cierto punto respetuosas con el original de la pintura de Otto Dix, casi caricaturesca, pero en otros casos -manos- debidas a un tamaño excesivo de los volúmenes de la estructura de alambre, y nuestra evidente dificultad con los detalles pequeños.  La parte del pintado de la figura, con la recreación de un buen puñado de tatuajes en el cuerpo de la rolliza muchacha, fue todo un placer que no nos importaría repetir.  Ésta es una pieza que nos gustaría abordar de nuevo intentando solucionar algunos de los errores mencionados.

En vista de los resultados obtenidos, volvimos a retomar el Claycolor para usarlo en otra figura, en este caso un Tödlein con reloj de arena,  basado en un ejemplar de madera tallada visto en un sitio de antigüedades de la red que nos cautivó inmediatamente y del que quisimos hacer una interpretación.  La pieza, de tamaño medio -unos dieciseis cm. de alzada-- apoyada sobre ambos pies, la empezamos insistiendo en la solidez del armazón y su fijación a la peana antes de comenzar a aplicar el material. Nos aseguramos también (aunque partíamos sólo de tres fotografías de mala calidad para realizar la figurilla) de que todos los puntos de vista de la figura fueran interesantes. El mejor momento de hacer esto es sobre el armazón de alambre y aluminio, antes de aplicar la pasta; aunque gracias precisamente a este armazón podemos corregir ligeramente la pose de la figura durante la ejecución (nunca una vez horneada, obviamente).  Tras rematar la obrita, nos percatamos una vez más de nuestra escasa pulcritud en los detalles, especialmente en las manos; en cualquier caso, aprendimos bastante durante su realización.

Todas los ejercicios anteriores, independientemente de la validez de los resultados, los entendimos como meras pruebas realizadas para “hacer mano” y superar los obstáculos más inmediatos antes de empezar con nuestra primera pieza realizada íntegramente en Supersculpey Firm, basándonos en un personaje de lienzo del artista tarifeño Guillermo Pérez Villatahombre bailando una danza macabra” que nos hubiese gustado rubricar.  Definitivamente, la espera había merecido la pena: este matrerial es sencillamente magnífico, especialmente para los detalles; la diferencia es abismal. En todos los sentidos, una auténtica experiencia. Hasta el momento, el mejor de los medios con el que hemos trabajado. Con una buena planificación y paciencia, al margen de la destreza de cada uno, se puede hacer casi cualquier cosa.

El material tiene numerosas ventajas: no seca con el aire, con lo cual podemos demorarnos en el trabajo cuanto queramos, sin prisas ni presiones por el secado. Usando aceite de bebé para humedecer ligeramente la superficie, se pueden conseguir acabados lisos como una peladilla (éste es uno de los pequeños retos técnicos que nos propusimos para esta figura en particular, que parece llevar un traje de malla ajustado). Ilusionados con las posibilidades del nuevo y mirífico material, nos detuvimos más de lo habitual en los detalles anatómicos y arriesgamos con la pose más dinámica de la figura, manteniendo un equilibrio inestable sobre un solo pie, firmemente atornillado a la peana.

La marca Sculpey cuenta con diversos medios como  Super Sculpey, Super Sculpey Firm, Super Sculpey Doll, y algunos más; se pueden mezclar entre ellos perfectametne para alterar su consistencia y hacerlos más adecuados a nuestra forma de trabajar.  La masilla Sculpey Firm no es la más cómoda y dúctil, por lo dura que es, pero permite un trabajo muchísimo más detallado, precisamente por eso. En las últimas figuras hemos mezlcado a partes iguales el Super sculpey normal con el Firm, logrando una pasta un poco más maleable.

Las instrucciones del Super Sculpey  recomiendan cocerlo en el horno a 130 grados centígrados sobre 15 minutos por centímetro de grosor (normalmente una figura con armazón lleva una película más fina) , y no hornearlo jamás en el microondas. A veces conviene jugar con el tiempo de horneado cociendo piezas pequeñas y haciendo diferentes testeos para probar. En nuestro caso, últimamente probamos a hacer varias cocciones de la misma pieza, intentando trabajarla por partes  (de dentro a afuera, por ejemplo, según su complejidad) y horneando en varias sesiones. El material suelda perfectamente en diversas capas. A veces puede ocurrir que se fracture en los puntos más fragiles, pero ese tipo de problemas tienen fácil solución.

El Supersculpey admite bastante bien los acrílicos y se pueden conseguir desde efectos esmaltados a la apariencia de diversos materiales, desde la madera al mármol. Habíamos leído mucho en diversos foros antes de atrevernos a probar este material, pero reconocemos que es de lo mejor que podemos conseguir en el mercado para este tipo de trabajos.

Arriba, en esta otra pieza podemos apreciar el aspecto una vez horneado del Super Sculpey Firm, con su característico gris medio que hace resaltar a propósito todas las imperfecciones de la pieza.  Una vez cocido,, el material se puede lijar sin problemas. En esta figura, que quedó inconclusa por problemas de planificación, pretendemos probar un sistema de trabajo por capas para probar a realizaer un drapeado con telas hechas con láminas de sculpey o similar.  Aún hay muchas cosas por aprender y experimentar.

Los grados del oficio: vean a un consumado maestro manejarse con uno de los clásicos de la escultura, el ecorché -desollado- (figura anatómica), fabricado en Super sculpey Firm.

 

En una próxima entrada nos extenderemos un poco más sobre algunos de los materiales y herramientas específicos para el modelado, basándonos en nuestra propia experiencia como aprendices y aprovecharemos para brindarles algunos consejos y trucos que hemos encontrado aquí y allá y nos han servido para avanzar ligeramente en esta difícil pero maravillosa empresa. De momento, para ir abriendo boca a los más impacientes y curiosos, les señalamos arriba el equipo mínimo del principiante, que aún puede ser reducido a un nivel mínimo: nuestras manos, un poco de pasta de modelar, entusiasmo e imaginación.

Memento Mori. Figura de  bronce. Nuestra referencia y próxima meta (como artífices, quiero decir).

 

-Fuentes y vínculos-

Para abrir boca:

(1) Ejemplos de figuras con Supersculpey firm y otras resinas

(2) Modelando con Supersculpey, un tutorial básico muy sencillo pero eficaz.

(3) La ”plastiquina” y otros juegos de la infancia, acá

(4) http://casemodgod.com/ModGuides/SculptCompounds/sculpting_compunds.htm

(5) http://www.conceptart.org/forums/showthread.php?t=188373 Ecorché Male Super Sculpey

(6) Spanish Team, foro de modelismo y escultura

(7) Modelado paso a paso, Peter Pan Miles de trucos muy útiles de modelismo y pintura de dioramas

(8) Master Blaster, foro  especializado en modelado de figuras (es necesario registrarse para acceder al contenido)

(9) Tutorial paso a paso para novatos en el manejo del Super Sculpey (inglés)

(10) Statueforum, con trucos y muchos ejemplos

(11) Modelado virtual con Zbrush y otros paquetes de software, para los que no quieren mancharse las manos

(12) Modelado en pasta goma, tutorial en youtube, para principantes (voz de la locutora con efectos terapeúticos y somníferos)

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11 comentarios to Plastilina, un juego de niños I

  1. No sé de qué me sorprendo, pero la verdad es que me he quedado pasmada con estas muestras de esa vertiente artística que ya ha quedado reflejada en muchos posts de este blog.

    En el texto hay demasiada dureza hacia la primera figura. Conozco a un virtuoso de la miga de pan que ha ido haciendo unos progresos asombrosos según se ha familiarizado tanto con el material como con la técnica. Puede que ni las manos ni los pies estén detallados, pero las clavículas, la calavera y la zona del vientre son asombrosas.

    El hombre de la danza macabra me ha parecido excepcional. Por la postura, el equilibrio y la ejecución, pero sobre todo, sobre todo, por los ojos.

    Yo tenía un talento especial para la escritura, para el dibujo y para la música. Todo lo he dejado a medias. Por eso admiro a quienes encuentran tiempo y tesón para desarrollar su lado creativo.

    Muy bien, Flegetanis.

    V., a la que no apetece hoy tratar de usted pero tampoco pasarse al tú.

  2. V. on junio 29th, 2012
  3. Una pequeña broma, que con tanto asombro se me quedó antes en el tintero: ¿cuántas piezas de oro se cobró el sacamantecas por el aceite de bebé?

  4. V. on junio 29th, 2012
  5. Nuestras disculpas por la tardanza en la respuesta a sus elogiosos comentarios por los que les damos las gracias una vez más. Aunque no hemos inaugurado oficialmente aún la temporada de baños, el estío empieza a hacer sus estragos y nuestros “días sin pantallas” van en aumento, tememos.
    Efectivamente, tesón y perseverancia, además de tiempo libre, son dos claves fundamentales para cultivar cualquier afición. Además de ganas de pasarlo bien.
    Ya sabe, nule dia sine linea -ni un día sin una línea- o al menos hay que intentarlo.
    El verano es buen momento para retomar viejas aficiones y proyectos. Ánimo.
    Gracias de nuevo y saludos cordiales.
    .

  6. Doctor Quemada on julio 3rd, 2012
  7. Estimados amigos, tanto me habéis entusiasmado con la redacción de este artículo, con las explicaciones y pruebas del material así como con los resultados obtenidos, magníficas todas las esculturas, que sin darme cuenta y transportado a aquellos días de mi infancia, cuando me lo pasaba teta mezclando madelmanes y monstruos imposibles, he acabado sobando un trozo del mágico material plastinoide, que siempre tengo guardado en algun cajón. Espero ansioso próximas entregas.

    Un saludo.

  8. Manuel Martínez on julio 3rd, 2012
  9. Gracias a usted, Manuel, por sus también ensusiasmantes comentarios, y ánimo con el trabajo, independientemente de los resultados. Esperamos no demorarnos demasiado con la siguiente entrega del post sobre el modelado, que trataremos de ilustrar con ejemplos que hemos encontrado en la red y nos han llamado la atención.

  10. Flegetanis on julio 3rd, 2012
  11. Propongo formalmente la creación de una comunidad social de “Viajes con mi tía”, para que los sobrinos/lectores como Manuel Martínez también puedan mostrar sus obras.

  12. V. on julio 3rd, 2012
  13. Imagino que ya lo saben, pero entre ayer y el 21 de octubre, habrá una exposición gratuita de William Blake en el Caixaforum de Madrid.

  14. V. on julio 5th, 2012
  15. No, no lo sabíamos, así que nuevamente le damos las gracias por esta valiosa información. Ya tenemos pendiente Piranesi, Edward Hopper y ahora, William Blake. Urge una escapada a Madrid.

  16. Flegetanis on julio 5th, 2012
  17. Vi a Hopper hace un par de semanas y, cómo no, se lo recomiendo mucho. Por suerte, fui en buena compañía, que me hizo comprender mejor lo que veía. Él me hizo notar las verticalidades que se pierden en lo alto y yo, el omnipresente color teja y la falta de interacción entre los personajes, cuando son más de uno.

    Por cierto: en el Prado, Rafael. Y en la Biblioteca Nacional, dibujos de da Vinci. Está interesante el verano en Madrid, sí.

    ¿Y conocen a Martine Emdur?

  18. V. on julio 6th, 2012
  19. [...] pasa el tiempo, ¿verdad? * –  desde que compartimos con nuestros amigos viajeros un post  (1) sobre nuestras peripecias con el modelado de figuras, un pasatiempo que, decíamos entonces, [...]

  20. Plastilina, un juego de niños (II) | Viajes con mi tía on noviembre 30th, 2012
  21. Qué orgulloso estaría Don Manuel de los progresos de su niño, si los viere.
    Enhorabuena, querido. Tal vez le vuelva a hacer de ocasional mecenas.

  22. Dr. Cuato on enero 27th, 2013

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“viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo” , Séneca
 
 

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