Delirante taxidermia

Juan Cabana, Envidia
La combinación o yuxtaposición extravagante de diferentes esqueletos y restos animales para la fabricación de una criatura de pesadilla, bestia mítica o ejemplar bizarro, más propio de los delirios del Bosco, Füseli o Giger que de un tratado de zoología, ha sido un truco clásico de la taxidermia usado durante siglos. El artista Juan Cabana es un virtuoso en este aspecto; su singular obra da forma a fabulosos especímenes de justa fama en el pasado, como la sirena de Fidji, híbrido de pez, mono y ser humano. En tono claramente lovecraftiano, Cabana afirma “Siempre me atrajeron las criaturas extrañas. Más tarde me obsesioné con los relatos que informaban sobre sirenas y monstruos marinos, tal como los describen los marineros de todo el mundo. Creo que los seres humanos evolucionaron de un antepasado, aún por descubrir, que vivió en el mar. Hemos sido creados en un ambiente acuoso y nuestra sangre es como el agua salada” (n) . Mención aparte merece su serie de monstruos inspirados en los siete pecados capitales. Pueden verla aquí.

Juan Cabana, Gula

Juan Cabana, Ira

La famosa sirena de Fidji, una fuente de inspiración segura para los trabajos de Juan Cabana
-Fuentes y vínculos-
(1) Juan Cabana y sus curiosos bichos disecados, en Life After Death
(2) La serie completa sobre los pecados capitales de Juan Cabana, aquí
(3) La taxidermia gana protagonismo en el arte contemporáneo tras las contribuciones de Damien Hirst. Véase.
3 comentarios to Delirante taxidermia
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“Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará.” , Aristóteles |
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Qué curioso, pues sí, muy lovecraftiano.
Desde el Hombre de Piltdown a la sirena de Fidji, pasando por el hombre de hielo de Minessota -punto y aparte del que hablaremos algún otro día–, la historia de estos falsos monstruos merece ser leída con detenimiento. Es apasionante (para personas a las que estas cosas despierta el entusiasmo, of course).
Saludos.
Ya le he comentado, en más de una ocasión, cómo este tipo de engendros me recuerdan aquella exposición que, en la noche de los tiempos, según parece, tuvimos ambos la ocasión de visitar. Todo un placer para los sentidos.