La Virgen y el Dragón II

11 enero
2012
escrito por Flegetanis

 

Imagen del brněnský drak, el dragón de Brünn/Brno (Praga)

El studiolo de un alquimista, un brujo o un antiguo químico nunca estaría completo sin la presencia, magnífica y terrible, del cadáver momificado o convenientemente disecado de un formidable cocodrilo suspendido del techo, emblema del Ouroboros ,  Dragón Primoridal y símbolo de la Gran Obra alquímica. La imagen del saurio presidiendo el  oscuro rincón  de las transmutaciones, el taller o el laboratorio, está justificada por su sentido simbólico y encuentra quizá su origen en la representación clásica del viejo museo, wunderkammer  o “cámara de las maravillas” (  ), como se aprecia especialmente en un famoso grabado de 1655 que vemos más abajo. Pero no sólo eran exclusivos del antro hermético; los cocodrilos como trasunto del dragón también fueron frecuentes en nuestras iglesias. (2)

El cocodrilo preside, suspendido del techo,  la cámara de las maravillas y el antro hermético

 En su estupendo y muy recomendable estudio sobre Cocodrilos y Ballenas en las iglesias (1),  Joan de Deu Doménech analiza y explica esta reiterada presencia del lagarto en los templos españoles, considerando varias hipótesis, desde la dimensión votiva del reptil a la asociación del templo cristiano con el wunderkammern o cámara de las maravillas, que tuvimos ocasión de explorar detenidamente en nuestro anterior post sobre este asunto.  Aunque  fue una práctica extendida en buena parte de Europa –se hallan ejemplares de cocodrilos disecados en templos franceses, ingleses, checos e italianos– , resulta interesante destacar la especial relevancia del fenómeno en España: ” Es posible que en nuestro país se hayan dado más casos por nuestra conexión con las Américas y la proximidad a África,  además de un clíma más templado que permitiría la subsistencia de saurios. No obstante hay otros ejemplos, como el dragón de Sainkt-Gallén, que se dice que apareció en un lago suizo y que fué traido por un peregrino de Tierra Santa en el siglo XV o el XVI y que hoy se encuentra muy bien conservado en el Museo de Historia Natural de Saint-Gallén. (4)  .

Tan corriente llegaría a ser  antiguamente esta inclusión del cocodrilo en nuestras iglesias que el inspirado artífice del blog Poemas del río Wang habla de una auténtica “invasión”  de dragones ( 3 ) en Europa , de los cuales el más famoso sería el llamado Lagarto de la Malena, en Jaén, “cuya leyenda  refiere que este reptil viviría oculto en una poza o fuente en el barrio de la Magdalena (o Malena) en la capital jiennense, de la que surgía  a menudo para diezmar el ganado que acudía a abrevar o en ocasiones, devorar a los aterrorizados pastores. Finalmente, un audaz viajero conseguiría darle muerte, acabando con el reinado del terror de la criatura, aunque aquí las distintas fuentes aún no se ponen de acuerdo sobre el modo en que el caballero logró terminar con la formidable bestia, pues para algunos  fue un veneno mortífero – preparado de acuerdo con la misma receta de que fulminó al Dragón de Brno, en Praga– , mientras que otros opinan que el héroe cubrió su cuerpo de espejos que cegaron al monstruo facilitando su derrota.  Como quiera que sea, su piel, a modo de trofeo, fue conservada durante mucho tiempo en la Iglesia de San Ildefonso, en Jaén, donde aún hoy se recuerda bajo la efigie esculpida del lagarto en la Fuente de la Malena.

El lagarto de la Malena, en Jaén, custodiando la fuente primordial. Fuente: Ianua Caeli

 

Existen otros muchos ejemplos de leyendas como ésta de la Malena en torno al cocodrilo, o su alter ego simbólico, el dragón, que tratan de explicar la presencia de algunos de estos saurios en el interior del templo o sus alrededores. Un caso muy curioso es el del dragón de Valencia, o el Lagarto del Viso, en Ciudad Real.  Similar al mismo es el ya mencionado Dragón de Brno, en la república checa “del cual se cuenta que llegó a la ciudad nadando por el río Svratka y aterrorizó a la población devorando todo lo que se ponía a su alcance. (…) Todo aquel que osara enfrentárse al monstruo fracasaba, hasta que un viajero logró hacer tragar al animal una bolsa con cal viva introducida en un trozo de carne de buey, que al reaccionar le causó la muerte. El cadaver fué recuperado , restaurado y colgado bajo la torre del reloj de la ciudad” (4) Estas y otras fórmulas parecidas constituyen una enésima variación, más o menos florida, del mito heróico del matador de dragones, cuyo origen habría que buscarlo en un trasfondo simbólico muy antiguo, asociado al más amplio de la serpiente y el monstruo como guardianes de tesoros (n) o custodios del lugar sagrado –fuente, árbol de la vida, cueva o gruta maravillosa–  del que se encuentran muchos testimonios en las más diversas culturas. A veces el núcleo del mito original –como el de Apolo y Pitón, por ejemplo– se reviste de símbolos o metáforas cristianos; en el caso del lagarto de la Malena y en otros muchos, el cocodrilo se ceba en las ovejas, erigiéndose así en enemigo directo del pastor, subrayando su asociación simbólica con el demonio  –el Adversario–, el dragón o la serpiente antigua, cercano también al lobo como eterno rival de Cristo, el buen Pastor, guardián del rebaño.  En otros casos el héroe matador del dragón es un Cruzado, esto es, un soldado de Cristo, redundando en la misma significación. En todos estos ejemplos y aún en otros, podrían establecerse paralelismos de las leyendas sobre cocodrilos  con un contexto cristiano, donde tendrían una intención moralizante.

  

El cocodrilo, estrella del wunderkammer o museo de las maravillas  

 

Hay también testimonios escritos que sugieren esta vinculación del cocodrilo y el dragón más allá de un mero contexto simbólico. Así, Domenech (1) dice que en marzo de 1786, al visitar la ermita de  Saint Agnés Francisco Zamora anota que «se guarda un grandísimo hueso que tiene la figura de una costilla y pretenden que era del referido dragón», refiriéndose al dragón Sant Llorenç del Munt.  La misma creencia se da en Ávila; en la ermita de Sonsoles hay un caimán que el caballeero Luis de Pacheco hizo traer desde las Indias. Junto al altar hay una pintura que recoge el momento en que el caballero mata a la bestia, representada como un dragón y no como la criatura que se expone en los muros de la iglesia. (…) De modo similar, en el monasterio de Wilten (Austria) decían tener a la vista de los fieles la lengua de un dragón que había asolado la región durante años; la lengua del monstruo que, pasado el tiempo, resultó ser la mandíluba de un pez espada.

  

 

El camino que recorrerían estos  especímenes de cocodrilos y ballenas, misteriosos y de una rara belleza,  antes de llegar al museo, según cuenta Domenech en su obra (3), era largo y tortuoso y a menudo empezaba en el lugar de culto ”abierto al público y que exponía joyas, pinturas, objetos extraños y maravillosos.  La primera etapa  de este recorrido eran las cámaras de maravillas y colecciones de arte del siglo XVI, antecedentes de nuestros modernos museos; allí se arrinconaban junto a conchas de tortuga, retortas y alambiques, serpientes y criaturas retorciéndose en formol. “Después vendrían otras etapas: la galería, las colecciones reales y aristocráticas (…) . Con el tiempo las pinturas y esculturas dejarán la iglesia; lo mismo habrá de suceder a las magníficas osamentas de ballena y pieles de cocodrilo, y en general a todas las mirabilia”  que durante siglos causaron el asombro y el temor reverencial de fieles, peregrinos y curiosos. Desprovistos de su función sagrada, de su significádo más profundo, estos vestigios perdieron todo su valor: “El museo no los quería, los estudiosos del arte no los reconocen como objetos dignos de su interés o sus disquisiciones. Por otra parte, las colecciones de historia natural poseían ejemplares mejor conservados.” El espectador interesado puede encontrarlos hoy, vivos, en un zoo. Para los escasos fieles que frecuentan el templo, ajenos al simbolismo de estos tesoros, no son sino despojos.  Es curioso –continúa diciendo este autor–“que las pocas pieles de caimanes que han ido a parar a museos, ha sido a museos de titularidad eclesiástica. En la diócesis de Palma está el del Dragón de Na Coca; en la de Solsona, un trozo de los hueos que había en Sant Llorenç del Munt. Los otros se han quedado donde estaban, en la iglesia, pero arrinconados”  y , como el arpa de Bécquer, silenciosos y cubiertos de polvo, olvidados de todos.

Algunos de los más destacables cocodrilos disecados en los templos de España que jalonan nuestra particular “Ruta del Dragón”  (Imagen by Flegetanis).

Con la inestimable colaboración de nuestros amigos lectores quizá podamos completar este itinerario.

 

 La presencia del cocodrilo ya no sorprende hoy día, dice Doménech, “ni a fieles ni a infieles. Hace muchos años que dejaron de ser una maravilla ( *), esto es, objetos dignos de admiración. No es el momento de ponerse a pontificar sobre el concepto de lo sagrado y la pérdida de los valores y el sentido de lo maravilloso –y lo simbólico–  en el tránsito de una sociedad civil a una industrial (…) ; todo lo que había sido -tradicionalmente- considerado digno de atención y contemplación (…) ha quedado en simple curiosidad. El cocodrilo de Ripoll, ya en los años treinta del siglo XIX, no estaba expuesto, sino retirado en los fondos de la Iglesia de San Eudald. Lo mismo sucedió con el caimán de los capuchinos de Sarria, en Barcelona. En 1929 hacía ya muchos años que los cocodrilos habían dejado de representar cualquier idea de lo sagrado y lo maravilloso.

Se nos plantea esta reflexión final: Cocodrilos y ballenas, ¿qué son ahora? Apenas una curiosidad local; vestigios con sabor entre lo exótico, lo lengendario y lo misterioso. Han pasado a engordar, en el mejor de los casos, el conjunto de tradiciones y costumbres folclóricas de una u otra población, para “hacer las delicias de guías turísticas especializadas en rutas por lugares insólitos (8) y supuetamente mágicos. Encontraremos al cocodrilo allá donde se den cita los “prodigios voladores, luces misteriosas, gente que camina sobre las brasas (…) ” (1) o improbables enigmas templarios.  Antaño monstruo sagrado de primera magnitud, el cocodrilo de la iglesia  ha quedado en nada; literalmente un pellejo, una cáscara, vacía de todo contenido espiritual; un jeroglífico ajado e ininteligible, que parece no tener interés sino para agencias de turismo que promueven la búsqueda del exotismo, tergiversando el espíritu de todo cuanto era presagio y maravilla , manera de vivir y de creer.

-Fuentes y vínculos-

(1) Fragmentos de texto traducidos libre y reverencialmente de  LOCVS AMOENVS 5,  2000-2001 Joan de Déu Domènech, Cocodrilos y ballenas en las iglesias

(2) La Virgen y el Dragón I, en Viajes con mi tía

(3)  Dragon invasion, en Poemas del río Wang

(4) Dragones de andar por casa, en las Cosas de Jaime

(5) En la singular boutique de nuestra tía,  a la venta un formidable cocodrilo disecado, en excelentes condiciones, extraído de algún viejo wunderkammer.

(6) Otro ejemplar de cocodrilo disecado en San Ginés, aunque generalmente no está a la vista de los fieles, sino oculto bajo el altar, según parece.

(8) Véase como ejemplo, sin ánimo de ofender, nuestra exótica -pero respetuosísima- Ruta del Dragón.

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4 comentarios to La Virgen y el Dragón II

  1. Fascinante

  2. Sonja on enero 13th, 2012
  3. Bienvenida de nuevo a bordo Sonja; a nosotros también nos parece un tema de lo más interesante. No se pierda usted la lectura del libro de Domenech que recomendamos en el primer post, pues al autor corresponde todo el mérito de la entrada, de tener alguno. Quizá nos de para una tercera parte si para entonces encontramos algún ejemplar más de cocodrilo que colocar en nuestro mapa.
    Gracias de nuevo por sus comentarios y sus generosas contribuciones, como las del lagarto de Na Coca.

  4. Dr.Ocón de Oro on enero 13th, 2012
  5. Gracias a usted por tratar temas tan interesantes, ¿y todo esto puede guardar alguna relación con el mito de San Jorge?

  6. Sonja on enero 14th, 2012
  7. Los más ortodoxos dirán que quizá puedan establecerse estas relaciones; para nosotros no hay la menor duda. Y la leyenda de San Jorge se inspira en el modelo simbólico –anterior y de orden superior, San Miguel y el Dragón (que a su vez participa, según algunos, de la misma materia simbólica que el episodio de Horus y Seth (Tifón) –más cerca en sus rasgos del hipopótamo que del cocodrilo, lo cual no impide igualar ambas fórmulas–. Un buen diccionario de símbolos y una enciclopedia mitológica nos permitirían además ver otras conexiones bien curiosas en este fantástico mito del combate del héroe con el monstruo.
    Salud y buena caza.

  8. Dr.Ocón de Oro on enero 15th, 2012

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