El gigante de Cardiff

30 noviembre
2011
escrito por Flegetanis

 

El Gigante de Cardiff  aglutina las miradas de una miríada de espectadores ávidos de milagros. Noten los ecos de Paul Delvaux y su Venus dormida en este singular grabado.

 

El Gigante de Cardiff, un colosal hombre de piedra de más de tres metros de longitud, vio la luz, emergiendo del subsuelo el 16 e octubre de 1869, cuando fue descubierto por un grupo de trabajadores que estaban cavando un pozo en la propiedad de  William C. “Stub”, en Nueva York.  El impresionante hallazgo causó de inmediato un tremendo revuelo, provocando que cientos de personas hicieran un largo viaje hasta el lugar para ver el gigante (2).  Sin embargo, a pesar de la expectación generada por el descubrimiento de los colosales restos, muy pronto se sabría que lo realmente gigantesco era el fraude perpetrado por George Hull, un fabricante de tabaco y ateo recalcitrante quien, tras largas discusiones con un sacerdote fundamentalista sobre arduas cuestiones teológicas, concibió burlarse de las creencias de su oponente. Recordando  las referencias bíblicas sobre  “gigantes en la tierra”, en los pasajes sobre los célebres nephilim del Genesis VI, 4, Hull pensó si gente como su rival teólogo podrían tomar por un auténtico “gigante petrificado”  una enorme estatua de piedra fabricada y desenterrada ex profeso. Y decidió ponerse manos a la obra.

Al parecer, según cuentan diversos relatos fidedignos, Hull talló una escultura sirviéndose de su propia efigie como modelo. Tenía alrededor de tres metros cuando la dio por terminada; entonces resolvió darle un baño de ácido sulfúrico y acribillarla con diversos objetos punzantes, para deteriorar su superficie y darle un aspecto más antiguo. Luego la enterró –suponemos que con la colaboración de algunos compinches bromistas– en el terreno de un amigo en Cardiff. El chiste costó a Hull más de dos mil dólares, pero pensó que gracias a la credulidad del público deseoso de admirar el increíble artefacto podría fácilmente recuperar su inversión.

 Y no se equivocó en absoluto, porque las ganancias que generó el espectáculo montado en torno al “descubrimiento” del gigante de Cardiff fueron ernormes: ” miles de personas acudían a ver el engendro, por lo que terminó vendiendolo por 37,500 dólares a un grupo de empresarios de Syracuse. Fue allí cuando un paleontólogo de Yale estudió al Gigante de Cardiff con detenimiento y lo declaró un fraude bastante burdo, pues según él, hasta se veían las marcas de los cinceles (1) 

Pero contínuemos con la narración cronológica de los acontecimientos. Tras el ocultamiento de la estatua, un año después, en 1869, varios obreros que estaban cavando un pozo en el mismo enclave “descubren” los restos y los desentierran. La estatua fue inmediatamente denunciada como un fraude, pero, a pesar de ello, como Hull adivinaba, su autenticidad fue fervientemente defendida por los cristianos fundamentalistas, que pronto la usaron como contundente prueba de la verosimilitud de las Sagradas Escrituras. El acalorado debate que generó el falso descubrimiento arqueológico reportó unos cuantiosos ingresos al artífice del engaño, a razón de cincuenta centavos por persona.

Transportando los restos del gigante a Syracuse, según un grabado de la época

 El espectáculo del gigante de Cardiff resultó un negocio tan lucrativo para sus creadores que incluso P.T. Barnum (el padre de la sirena de Fejee y otras singulares criaturas, y mago de los espectáculos circenses) creó su propio gigante esculpido –una copia fraudulenta del primer fraude– para exhibirlo en una tournée por varios lugares. Fue sólamente cuando los dos gigantes, original y réplica, coincidieron en Nueva York cuando se destapó el asunto y todo el mundo se percató del engaño. El “falso” gigante de Barnum puede verse, según se cree, en el bizarro Marvin Marvelous Mechanical Museum, en Farmintong Hills, Michigan.

Fotografía del “gigante” publicada en la revista Strand, en 1895, según reza el pie de la foto. El ataúd se apoya sobre un vagón de ferrocarril, para dar una idea de su escala.

 

Del descubrimiento arqueológico inicial, con ínfulas de trabajo científico, el gigante evoluciona rápidamente al freak show y de aquí a coger telarañas en una propiedad particular en Des Moines. Unos años más tarde, la New York Historical Association lo adquiere por treinta mil dólares a su último propietario y lo traslada a  Cooperstown, donde se halla, en el Museo de los Granjeros, desde entonces.

 

 

El coloso sigue durmiendo el sueño de los siglos, oculto bajo una carpa, en el lugar mencionado. Para admirarlo en todo su esplendor aún hay que pagar una entrada, a un precio módico.  George Hull estaría orgulloso. El gigante de Cardiff ha sido considerado recientemente una de las Siete Maravillas Forteanas de América. 

-Fuentes y vínculos-

(1) El gigante de Cardiff, el mayor engaño antropológico

(2) Más sobre el gigante de Cardiff en The Museum of Hoaxes

(3) La fascinante historia del gigante de Cardiff, en el artículo más completo que hemos encontrado (en inglés)  

(4) Algo más sobre el tema y otras extravangancias en Bizarre Bazaar

(4) El Hombre de hielo de Minnesota, un pariente lejano del gigante de Cardiff y, quizá, nuestro enigma favorito, sobre el que volveremos si la ocasión se tercia, para hablar “largo y tendido”.  Entretanto, véase el particular enfoque que los escépticos de Magonia dan a esta fascinante historia.

(5) Gigantes en la tierra, una perspectiva bíblica e inquietante, aunque improbable, del fenómeno del gigantismo, según Steve Quayle

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7 comentarios to El gigante de Cardiff

  1. Enhorabuena, querido, por retornar a estos artículos tan instructivos como entretenidos, al par que interesantes.

    Es curioso observar cómo un rumor puede convertirse en realidad y esto, sin duda, constituye la base de multitud de historias semejantes o no tan semejantes. Ya lo decía aquel, calumnia que algo queda. Recuerdo una película, mala por cierto, sobre el particular, pero no me viene el título.

    Por otra parte tengo una duda (producto no sé si de mi ignorancia mistérica o necedad bíblica), ¿por qué de Cardiff? ¿Qué tiene Gales que ver con todo esto?

  2. Dr. Tilla on noviembre 30th, 2011
  3. Su pregunta me deja estupefacto. Mi conocimiento de la geografía norteamericana deja bastante que desear. El artículo menciona una Siracusa, en Estados Unidos, y este Cardiff próximo, según parece, a Nueva York. Como siempre, la wiki nos saca de dudas. Aquí, el mapita.

    http://en.wikipedia.org/wiki/Cardiff,_New_York

    De cualquier modo, la joyita para nosotros es el enlace “semioculto” sobre Hombre de hielo de Minesota, sin duda uno de nuestros enigmas favoritos de todos los tiempos, que esperamos tratar con dedicación y devoción algún otro día.

  4. Flegetanis on noviembre 30th, 2011
  5. Para mi gusto, las historias con más encanto son aquellas con algún detalle que deja nuestra torpeza en el más vergonzante ridículo. «… creó su propio gigante esculpido –una copia fraudulenta del primer fraude– para exhibirlo en una tournée por varios lugares. Fue sólamente cuando los dos gigantes, original y réplica, coincidieron en Nueva York…».

    A la expectativa con el hombre de hielo. Me voy a leer a Gámez mientras ustedes no se pronuncian.

  6. V. on diciembre 1st, 2011
  7. Mea culpa. Sí, era de suponer que fuese un segundo Cardiff. Esto pasa por consultar rápidamente la wiki, se ve que quien escribió el artículo no vio conveniente -y está en todo su derecho- citar que existían otras localidades con tal nombre. Una mezcla entre flojera y despiste es la causa de mi consecuente pregunta. Disculpe usted.

  8. Dr. Tilla on diciembre 1st, 2011
  9. No se disculpe usted, antes bien piense que quizá el error no hay sido tal, sino un acierto involuntario, y puede que hasta haya algún otro gigante en el Cardiff original. Y si no lo hay, nosotros lo inventaremos –como decían los hermanos Marx en un diálogo sobre un tesoro enterrado en una película que no recuerdo ahora– , y que Bergier y Pauwells -en el Retorno de los Brujos– mencionan para hablar de los esoteristas: ” A ve­ces nos hemos servido de imágenes y alegorías, porque lo hemos considerado más eficaz, y no por afición al misterio, tan aguda entre los esoteristas que nos han hecho pensar en este diálogo de los Hermanos Marx:

    «—Oye, en la casa de al lado hay un tesoro.

    »—Pero si al lado no hay ninguna casa…

    »—Está bien, ¡construiremos una!»

    http://www.bibliotecapleyades.net/retorno_brujos/retorno_brujos01.htm

  10. Flegetanis on diciembre 1st, 2011
  11. Pues sí señor, esa es la filosofía a la que, no muy certeramente, la verdad, me refería con aquello de que calumnia que algo queda. Que deberíamos sustituir por inventa, que algo queda. Ah, la imaginación humana, esa potentísima herramienta con mil y un usos, unos mejores y otros peores.

  12. Dr. Tilla on diciembre 1st, 2011
  13. […] grandes rasgos, da la impresión de que asistimos, casi punto por punto, al curioso asunto del Gigante de Cardiff, un célebre “falso” cuyos artífices buscaban desatar profundas discusiones en torno […]

  14. El yeti de Bourganeuf | Viajes con mi tía on febrero 14th, 2012

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