Homo sylvaticus

13 octubre
2011
escrito por Flegetanis

 

El Hombre de los Bosques, tambiA�n llamado hombre salvaje,A�no es exactamente un clA?sico del Bestiario, pero es sin duda una de las formas mA?sA�extraordinariasA�y elocuentes de lo monstruoso, por cuanto, simbA?licamente,A�representaA�de modo casi cristalino la naturaleza animalA�del ser humano en su estado mA?s puro y excelente.A�Aunque histA?ricamente no sea posible establecerA�analogA�as semejantes,A�nada nos impide imaginarA�queA� el mito del hombre de los bosques compartiera ciertos aspectos conA�el hombre lobo --una vertiente mucho mA?s siniestra de la dimensiA?n bestial en el individuo-- , el simio, conA�algunos imposibles de la criptozoologA�a como el sasquatch o el yeti, en los que cabrA�a ver una actualizaciA?n del antiguoA� homo sylvaticus, aunque alguien piense queA�lo contrario, porque A?noA�podrA�a serA�nuestro hombre de los bosques una figuraciA?n mA�tica de unaA�realidad zoolA?gica desconocida?… Incluso, en un tour de force simbA?lico propioA�de esta casa, podrA�amosA�emparentar al hombre salvaje con los sA?tiros o los faunos, con el gran Dios Pan a la cabeza, como veremos. Estos A?ltimos, como la figura que nos ocupa, A�son todos ellosA�arquetipos que aprecen en la mitologA�a, el folckore y la literatura de diversos pueblos occidentales, pero tambiA�n de otras partes del mundo (asA� el mencionado Yeti, en la India y Nepal, el Yowie, en Australia y otros especA�menes similares, objeto de los desvelos de criptozoA?logos aplicados).

 

El asunto legendario del salvaje y su representaciA?n comienzan a aflorar sobre todo en la Europa medieval, en los A?mbitos de la literatura y el arte. El rasgo distintivo del hombre de los bosques, a menudo figurado como un hombre velludo — con variaciones queA�fijan similitudes con el oso, el lobo , el sA?tiro o el mico, segA?n las fuentes--A�A�es su animalidad, su semejanza con la bestia, su carA?cter indA?mito, su fiereza. En este sentido, en su vertiente mA?s oscura es comparable al hombre lobo, donde prima el instinto cazador y asesino, asA� como el matiz infrahumano --en su dimensiA?n mA?s peyorativa-- , cuando lo animal se asocia, por contraposiciA?n a lo humano, con lo demonA�aco o lo material, lo denso yA� lo sensual.

 

 

Como contrapartida a este aspecto oscuro, la dimensiA?n luminosa del simbolismo del hombre selvA?tico se refiere a lo “natural”, espontA?neo o instintivo, esto es, del hombre en estado puro --anterior a la “CaA�da”, por usar un simbolismo cristiano-- , libre de la contaminaciA?n que supone la civilizaciA?n.

 

Esta vertiente oscura del hombre salvaje es la que ilustra la figura bA�blica de Nabucodonosor, (libro de Daniel, II sigloA�AC); el profeta relata la humillaciA?n que Dios hace sufrir al rey babilonio, enloquecido y cubierto de vello por todo su cuerpo, viviendo como una bestia.A� (A�Abajo,A�A� Nabucodonosor de William Blake)

 

Las figuraciones clA?sicas del hombre salvaje lo asimilan, en algunos momentos, con otra criatura simbA?lica de gran complejidad, el Hombre Verde (Jack in the Green), cuyos rasgosA�iconogrA?ficos a veces, en motivos ornamentales y arquitectA?nicos, parecen confundirse. Una explicaciA?n somera de estos paralelismos habrA�a que buscarlos, simplemente, en la asociaciA?n directa del bosque o la selva con el elemento vegetal y suA� simbolismo, comA?n y equivalente, hasta cierto punto, en ambas figuraciones.

 

(hombre verde de Rosslynn)

 

La imagen del hombre selvA?tico fue tA�pica, especialmente en la Edad Media y el primer Renacimiento, en la herA?ldica sobre todo en Alemania; son especialmente destacables las representaciones de Albrecht DA?rer o Martin Schongauer (maestro del primero en las artes del grabado). En sus obras podemos encontrar con frecuencia hombres salvajes de ambos sexos, e inlcuso familias enteras, entregados a diversos quehaceres.

 

(Durero, vio asA� al hombre de los bosques)

 

EsteA�”monstruo delicado” (1) “extraA�o, peludo y agreste, que los europeos de la Edad Media (…) representaron a menudo en las palabras de sus cuentos, relatos y poemas, en los signos de sus diversas obras de artesanA�a y de arte, e incluso en los curiosos personajes de sus fiestas y escenografA�as, posee una enorme carga simbA?lica: en el seno de la civilizaciA?n y de la polis muestra lo que es el salvajismo occidental,A� o sea, lo que los occidentales entienden propiamente como salvaje en ellos mismos, desde ellos mismos y para ellos mismos. De ahA� la relevancia antropolA?gica de su estudio (…): los hombres salvajes de Europa guardan celosamente los secretos de la identidad occidental. Su presencia ha custodiado fielmente los avances de la civilizaciA?n.a�? (2)

Tras la Edad Media, en plena era de los descubrimientos, entre los pioneros de la colonizaciA?n, misioneros y conquistadores “el mito del buenA� salvaje estaba muy presente. La formulaciA?n del buen salvaje se produce en elA� siglo XVI, y es una mezcla entre la tradiciA?n medieval del homo sylvaticus, el hombre salvaje queA� se creA�a que habitaba en los bosques europeos, y el hombre de la Edad de OroA� ClA?sica (…) A partir de esta A�poca el mito del hombre salvaje o silvestre pierde algunos de sus aspectos simbA?licos mA?s arcaicos (que lo emparentan directamene con los faunos y silenos romanos) y adquieren una nueva significaciA?n de carA?cter mA?s emblemA?tico o “alegA?rico”, perfilando lasA� visiones del “salvaje” o “bA?rbaro” —opuesto al gentil hombre civilizador, culto y “romanizado”-- A�que perdurarA?n hasta bien entrado el siglo veinte; y porA�otro ladoA�el mito del “buen salvaje”, versiA?n mA?s positiva del mismo.

 

 

(El hombre de los bosques y los dioses cornudos, como Pan y Cernunnos, son primos hermanos)

AsA�A� , “elA�mito de la Edad de Oro confluye conflictivamente con el mito del homo sylvestris quizA? en aquellas creencias populares menos marcadas por la teologA�a catA?lica, por ejemplo, en cuentos populares y campesinos de tradiciA?n oral, como el que luego recogieron los hermanos Grimm con el nombre de Juan de Hierro (…) Dentro del cristianismo hay una tendencia que tambiA�n auspiciA? la versiA?n positiva del hombre salvaje, la ya antigua de la fuga mundi del monaquismo, la de los eremitas y santos de los cenobios del desierto, cultivada sobre todo en el Egipto del s. IV: recuA�rdense ejemplos como San Onofre, San Macario, San Pablo el ermitaA�o, San Antonio, Santa MarA�a EgipcA�aca, o la versiA?n penitente de Santa MarA�a Magdalena ” (todos ellos representados cubiertos de un espeso vello, que los hace en todo similares a nuestro hombre salvaje).

 

El hombre salvaje y el Gran dios Pan

Hemos mencionado tambiA�n que en su origen, el concepto medieval del hombre selvA?tico bebA�a de la tradiciA?n grecorromana, donde probablemente encuentre su fuente simbA?lica principal. Seres similares eran los faunos o silvanos romanos, deidades tutelaresA�de los bosques y espesuras. Muchas tradicionesA� sobre el hombre salvaje se corresponden con antiguas prA?cticas, ritos y costumbres. Por ejemplo, los nativos de Grisons hablaban de intentar capturar vivo a un hombre salvaje emborrachA?ndolo, con la esperanza de obtener de aquA�l sus conocimientos sobre plantas y otros arcanos. AquA� se pone de manifiesto del papel de iniciador que mantienen tradicionalmente estosA�seres (“espA�ritus elementales de la naturaleza” como gustan de llamarlos los teA?sofos), especialmente faunos, elfos y silvanos.

 

 

 

 

Es posible entonces establecer una conexiA?n directaA�entre los mitos medievales del hombre de los bosques y una antigua tradiciA?n --que parece remontarse a Jenofonte, en el siglo IV antes de Cristo--A�A�recogida en las obras de Ovidio o Pausanias, entre otros, en las cuales los pastores tambiA�n buscaban capturar a un ser de la espesura, aquA� llamado Sileno o Fauno (que eran, curiosamente, las mismas figuras que aparecA�an representadas en algunos aspectos de los misterios dionisA�acos).

 

 

Por A?ltimo, podemos contemplar quizA? un A?ltimo eco de esta tradiciA?n arcaica en la figura folckA?ricaA� --para algunos, para otros realidad biolA?gica-- del bigfoot o yeti (diversos nombres y tipologA�as segA?n las formas locales, muy diversas y extendidas por todo el mundo) . Estos antiguos hombres salvajes, cubiertos de pelo hirsuto, de expresiA?n remotamente humana, son popularmente descritos como viviendo en las zonasA�limites A�y tierras mA?s alejadasA�, en la frontera con el mundoA�civilizadoA�—simbA?licamente, las zonas liminares, de trA?nsito-- y entre sus rasgos distintivos menos discutidos aparecen ciertos elementos de carA?cter sobrenatural o directamente paranormal que lo sitA?an en la misma categorA�a que faunos y otros seres mitolA?gicos (lo cual no quiere decir no existentes).

 

Los primeros testimonios escritos sobre estas critaturas se remontan a Herodoto, que los sitA?a en Libia (…) hacia el siglo V antes de Cristo. La India parece ser el lugar ideal de estos seres fantA?sticos, aunque tambiA�n son vistos en otros muchos lugares, desde AmA�rica (bigfoot, sasquatch), Siberia (Almas), el Pirineo catalA?n y aragonA�sA�o Australia (el yowie).A�A� Algunos criptozoA?logos, tentados de dar una explicaciA?n compatible con la teorA�a evolutiva, han apuntado la hA�pA?tesis de la pervivencia de especies como el Gigantopitecus o el tipo Neandertal hasta nuestros dA�as para justificar la presencia de estos seres en el imaginario popular.

 

 

Aunque la tipologA�a del hombre de los bosques es diversa, como hemos apuntado, en ocasiones se le relaciona con el mono, con el que comparte tambiA�n ciertos aspectos simbA?licos. AsA�, en algunas culturas, donde no se le ha demonizado directamente como en el Occidente cristiano --donde se le identifica directamente con el Diablo, como anteriormente se hiciera con el fauno o el sA?tiro--A� el mono cumple un papel de iniciador , claramente prometeico: es el caso de Hanuman, en Oriente, o “entre los aztecas o los nativos de CamerA?n, por ejemplo, en el caso del mono-herrero, para los que el mono es un avatar del herrero ladrA?n del fuego” (3).

 

En otros lugares, el mono, que “en su tiempo era un hombre, aparece como hA�roe civilizador”, inventado la tA�cnica del fuego por frotaciA?n”. (ibid) Este rol del mono comoA�guA�a iniciA?tico es comA?n, como se ha mencionado, a silenos y faunos, antecedentes del hombre de los bosques.

 

 

Basten estas pequeA�as disquisiciones sobre el homo sylvaticus para poner su manifiesto su gran relevancia simbA?lica, notable aA?n en nuestros dA�as en el A?mbito ocultista, donde, en su vertiente mA?s siniestra, la del mico de Dios, parece constituir para algunos fuente de sorprendentes y oscuras revelaciones que quizA? algA?n dA�a tengamos la ocasiA?n de someter a un examen mA?s pausado.

 

 

UnA�fragmento de la pelA�cula Tenacious D, en la que unA�bigfoot, trasunto de nuestro hombre salvaje, sirve de hierofante --como el viejo Dionisos-- A�al protagonista en una gesta iniciA?tica y extA?tica propiciada por el uso (o abuso) de sustancias psicotrA?picas encarnadas por el hongo alucinA?geno y graA?lico, la amanita muscaria.A�Ligero e hilarante, pero de gran carga simbA?lica. O lo que sea.

 

Un tutubo que recoge la leyenda de uno de los especA�menes mA?s A�nclitos de nuestro hombre de los bosques patrio, en Huesca

 

-Fuentes y vA�nculos-

(1) El mito del hombre salvaje en el barroco, en Delicate Monsters

(2) Diccionario de sA�mbolos, Dom Sterx y Gheerbrant, “simbolismo del mono”.

(3) Los hombres salvajes en la Edad Media

(3)A� Yetis y hombres de los bosques, primos hermanos

(4) El salvaje artificial, un libro de referenciaA� sobre el particular aquA�

(5) Monstruos del Barroco en la genial Res Obscura. Todo un hallazgo, sobrinos.

(6) Hombre salvaje del Pirineo aragonA�s

(7) El yeti vasco , un exA?tico hombre salvaje

CriptozoologA�a: monstruos y quimeras

El yeti de Huesca, acA?

MA?s hombres de los bosques, por acA?

Wildmen in medieval folcklore

El Hombre salvaje, en wikipedia

( ) El buen salvaje en la Edad de Oro, en http://personal.telefonica.terra.es/web/mleal/articles/tribuna/13.htm

 

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