Archivo de junio 27th, 2011

Cuando yo era rica

Hasta la llegada de los marcianitos, la calle y el cuerpo propio –y el ajeno– eran los vehículos y escenarios suficientes para todo tipo de juegos extraordinarios. En la imagen, los chavales jugando a “mosca” (así se llamaba por nuestros pagos).

 

Cuando el mundo del adulto nos amenaza con su fragor monótono, su discurso machacón y profundamente vulgar, de hipotecas y pasteleo hipócrita, minando con el consabido tedium vitae nuestra vida diaria, aún es posible para el ánimo imperturbable  navegar mar adentro, hasta esa isla llamada infancia, refugio de tormentas y lugar para el solaz y el recreo. Sorteados hábilmente los escollos de la nostalgia –sígno inequívoco del memento mori– y la inevitable reflexión sobre el inexorable paso del tiempo, subiremos en esta prodigiosa máquina del tiempo en pos de aquel paraíso en miniatura  de la mano de pequeños recuerdos e imágenes fugaces, ahora prístinos y cercanos gracias a la magia de la red y los desvelos de espléndidos internautas. La visión de estos objetos y estampas añejas es una acitividad recomendable a ratos; empañará los ojos de algunos, inflamará el corazón de otros con  el aroma inconfundible de la ilusión recobrada.  Hasta aquí he traído–como muestra un botón–  algunos tesoros de nuestro viaje a ese tiempo extraordinario, los tesoros de cuando yo era rica; quizá ustedes encuentren entre ellos el mismo instante  pasado que fue un día el único presente, el mismo juguete que sirvió en su día para ayudarnos a coronar la cima de esa esquiva montaña llamada felicidad.

 

 

 

La llave roja de arranque del Autocross. Un vehículo como pocos para un viaje inolvidable

El autocross, la mejor forma de aprender a deambular ritualmente alrededor de un centro de gravedad permanente. Vueltas y más vueltas alrededor del núcleo, donde esperaba pacientemente un surtidor (de gasolina).

 

 

Las pistolitas de “mistos”.  Esta Luger, con llavero incorporado en algunos modelos, hacía furor en el barrio

 

Menos sofisticada, tecnológicamente precaria, pero no por ello menos divertida: la pistola de corcho (también en versión rifle).

 

La estrella del armamento casero: la pistola-globo. Para tirar piedrecitas y granos de maíz. Tecnología precaria, pero eficacísima. El diseño conocería varias fases de sofisticación de las más rudimentarias a las manieristas

 

A veces, hasta ir a la escuela era divertido. Bolígrafos de Mortadelo y Filemón

 

 

(Monta-man, menudo superhombre por cinco duros)

 

El módulo lunar de Montaplex.

 

 

Los ejércitos de Montaplex. Fantásticos sobres de soldaditos, de los que llegábamos a tener suficientes efectivos como para invadir Polonia.

 

” El mecanismo del Montaplex era muy sencillo, un sobre sorpresa magnificamente  ilustrado que contenía generalmente lo que decía el sobre, salvo los sobres  sorpresa “Monstruos”  y desde luego que  resultaron ser sorpresa… Los juguetes incluidos en los Montaplex de  Terror solían ser el antifaz de Drácula, un par de sendos esqueletos sin  demasiada sofisticación, unos colmillos postizos y un híbrido monstruoso entre  Frankenstein y un gorila con cuerpo rojo y cabeza verde, todo ello de  plástico. (…) ” (n)

 

 

Cultivando adicciones y compulsiones varias: los legendarios pastelitos de Cropán y sus fabulosos regalos. Nuestro favorito, el Megatón.

 

 

Las míticas gafas 3d de Cropán (imagen de Todocolección.net)

 

Un librillo obsequio  de Cropán con las imágenes en tintas rojo y azul,  para ver con las gafas especiales 3d, que  dotaban de “movimiento” y tridimensionalidad  a la escena (una vez más, los monstruos asoman por doquier)

 

El álbum de cromos de Mazinger Z. Los empezamos todos, pero no conseguimos completar ni uno solo, ni el de la Abeja Maya. Eso sí, pegábamos con pegamento o goma arábiga, nada de harina y agua, el método de los más heterodoxos que convertía el álbum en un auténtico “incunable”.

 

Nuestros primeros pasos como adictos al chocolate, de la mano de nuestro dulce preferido: el Tigretón. Se cree que el relleno de crema del pastelito  era posiblemente un invento del profesor Franz de Copenhage, porque aún no ha sido superado

 

Las figuritas de los pastelitos. Todo un clásico que propiciaba horas de juego y diversión garantizados.

Éste monstruo de Dunkin, basado en la criatura de La noche del Demonio, de Jacques Tourneur, era uno de nuestros más preciados muñequitos de plástico. Han pasado treinta y cinco años desde que los perdimos de vista, pero la fascinación que sentimos al volver a contemplarlos permanece.

Los monstruos de los chicles Dunkin (primero) y las patatas Matutano (más tarde, hacia los ochenta).  Vean, arriba, un impagable híbrido entre el Abominable Snowman y el Hombre Lobo de la Universal. Abajo, la colección completa de muñequitos.

Los muñequitos de Matutano. Pastelitos, chicles y  bolsas de patatas fritas eran ávidamente engullidos en busca del mirífico regalo sorpresa.

 

El banco de Exin West, con algunos de sus muñequitos;  junto con Exin Castillos, dos de los grandes de los juegos de construcción. Por cortesía de El cuartín del juguete

 

 

Los inventos del TBO, el profesor Franz de Copenhage, Josechu el Vasco, la Familia Ulises y los extraordinarios dibujos de Coll, miembros queridísimos, junto a otros muchos, de nuestra entrañable familia.

 

Portada del antiguo DDT, con una aventura de Zipi y Zape.

Ah, qué tardes fabulosas, con los tebeos. Pulgarcito, Tio Vivo, DDT, Super Mortadelo… Nos gustaba especialmente la línea cafre y gamberra de Segura o Vázquez.: “los señores de Alcorcón, y el holgazán de Pepón”, “Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte”, etc. etc.  De aquellos tebeos procede sin duda nuestra predilección por el ripio.

 

A los calquitos, con los que pasábamos –ensimismados– las interminables horas de la siesta en los calurosos veranos , debemos quizá nuestra afición por el dibujo abigarrado y las composiciones tipo pastiche, con predominio del horror vacui. Uno de los juegos que he recordado siempre con más cariño

 

Teleskech; el arte de la ortogonalidad. Por primera vez experimentamos el misterio sacrosanto del sacrificio y destrucción de lo creado.  Al agitar se borraba la pizarra mágica) Gracias al desesperante teleskech, nuestra temprana afición por el dibujo estuvo a punto de ser condenada. Diagonales, líneas orgánicas y espontaneidad eran los tropezaderos en este terrible juguete.

 

 

El tragabolas, un engendro que fue  regalo estrella de unos Reyes del pleistoceno. Mi madre y sus amigas, ya talluditas,  echaron más de una sobremesa de risas con el escandaloso juguetito.

 

Antes que Garci, antes que el ciclo de Harold Lloyd y Buster Keaton, era el tiempo del cine sin fin : el mítico Cineexin, la literna mágica de color imposible

 

Desde siempre, los monstruos han formado parte indisoluble de nuestra personalidad. Éstos de arriba, de colores psicodélicos e ingenioso diseño basado libremente en los caracteres de la Universal,  eran los reyes de nuestra cámara de las maravillas infantil: todos se recogían parsimoniosamente en un bombo de detergente “Colón” y se desparramaban entusiásticamente a la hora de jugar, sobre una manta dispuesta con elegancia ritual en el suelo de la cocina o el salón de la casa).

Una crisis de paperas nos llevó a la cama durante unos días, y hasta allí llegó un ejemplar de Famous Monsters,  exactamente como éste (!) A esta doble página con un imaginativo horóscopo debemos buena parte de nuestra pasión obsesiva por los monstruos.

Monstruos y prodigios, por primera vez asociados en uno de nuestros más codiciados tesoros de la infancia.  La lectura apasionada y repetida de estos libritos contribuyó no poco a perfilar nuestra personalidad y a burilar nuestra quasi obsesiva fijación con lo maravilloso y lo fantástico. La colección completa incluía dos volúmenes más, sobre Fantasmas y Platillos Volantes. Véanlos escaneados, completos, aquí.  (Gracias, Liliana, por facilitarnos este enlace.)

 

Gorilas, dinosaurios, monstruos  y tiburones, las criaturas dilectas de nuestra infancia. Aquí, el gorila de Big Jim, de Mattel (Congost),uno de los reyes del cuarto de los juguetes

 

Un Pluto como éste ocupó un lugar de honor en la mesita de noche de un servidor un buen puñado de años, hasta que hubo de ser jubilado. Pobrecito

Mucho antes del Jurasico de Spierlberg, los inefables e imposibles dinosaurios de goma campaban  como estrellas indistcutibles de nuestras aventuras  infantiles. Placer y orgullo inenarrables el aprender aquellos nombres misteriosos y a menudo impronuncialbles, como un mantra tibetano: parasaurolophus, ramphorynchus, archaeopterix, dimetrodon. Ahora hacen furor en el genial blog del Paleofreak.

 

(Nuestro favorito de entre los artículos de coña: los dientes de monstruo. Atención al Drácula patrio, más propio de un personaje de los Santos Inocentes de Delibes que de las remotas regiones de Transilvania)

 

Tarzán,protagonista absoluto de la siempre exttraordinaria Sesión de Tarde de cine y también estrella de los sobres de soldaditos de a duro

 

Los singles del pick-up de  papá, que siempre fue un moderno, amenizaban algunas de las eternas sobremesas del verano, poniendo banda sonora –acordes pianísimos, of course– al sacrosanto y caluroso momento de la siesta.

 

El walkman revolucionaría nuestro modo de acercarnos a la música. Nuestro primer walkman, un Sanyo que aún conservamos. Para calibrar su sonido, un par de cintas memorables: Magnetic Fields, de Jean Michel Jarre, y Eye in the Sky, de Alan Parsons Project. Oro molido.

Jean Michel Jarre. Una cinta original de Los Campos magnéticos. La prueba de fuego para un walkman recién adquirido

 

No todo eran juguetes y cachivaches.  A veces eran las canciones las que dejaban un recuerdo imborrable. Como muestra un botón. Este Paseando por la Mezquita, de Medina Azahara, sonaba una lejana tarde noche de 1979 en la terraza de albero de un cine de verano de cuyo nombre no puedo acordarme. Pero pudo haber sido ayer mismo.

 

-Fuentes y vínculos-

 

(1) Más objetos maravillosos y  recuerdos impagables de la infancia en El Kioskero del antitaz

(2) Papel y plástico 3, revisado  en Aquella Maravillosa infancia

(3) Los payasos de la tele y otros momentos estelares en Días de viejo color

(4) La llegada del walkman y otros eventos gloriosos en Cuando era chamo

(5) Pistolas de juguete, petardos, bombas fétidas  y muchas más cosas en el blog de Ernestoide

(6) Más juguetes de los setenta y ochenta en Por el poder de Grayskull.com

/7) Tebeos antiguos a cascoporro, por aquí.

(n) Más juguetes, juegos y fantasías animadas de cuando yo era rica en futuras entradas, DM.

 

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