Archivo de febrero 28th, 2011

La dama de Corinto

 

(Jean Delville, Idolo de Perversidad,carbón sobre papel, 1891. via)

  

De la tumba yo me he levantado
a buscar mi prometido bien,
para hallar al hombre al que amar
y beber la sangre de su corazón.

J.W. Goehte

(fragmento de La novia de Corinto)

 

Durante esta semana, de modo azaroso y podía decirse que casi sincromístico, nuestras uvas de Zeuxis se nos han aparecido de modo insistente y  metamorfoseadas –tal vez– en pasas de Corinto. Sendas excursiones breves pero intensas, a Madrid y Segovia, nos han puesto sobre la pista de esta enigmática dama de Corinto, a ratos mujer, a ratos esfinge,  lamia o incluso sombra fantasmagórica, de rasgos hermosos y sensualidad mórbida; imagen siempre del lado más oscuro y siniestro de la feminidad, de la femme fatale.

Nuestro primer encuentro con la misteriosa dama de Corinto sucedió, inesperadamente, durante nuestra visita a la Exposición sobre Jean Leon Gêrome que actualmente se desarrolla en el museo Thyssen, en Madrid.  Entre las magníficas pinturas del artista figuraba esta escultura de acabado naturalista, que bajo el título Corinthe, consituye uno de los últimos trabajos de Gêrome. La figura, fechada entre 1903-1904, representa en cierto modo el canon de belleza que más tarde sería adoptado por los Simbolistas, y a pesar de su escala presenta un impactante realismo, alejado del clasicismo de la academia y reminiscente de tallas de culturas primitivas o modelos orientalizantes. Paralelamente, su pose afectada así como el uso de joyas refinadas y el tono de la mirada transforman la pieza en una imagen de la “femme fatale“, enigmática y sibilina, tan del gusto de los artífices del Simbolismo.

(La dama de Corinto, de Jean Leon Gêrome, en el Thyssen, hasta más allá de marzo)

Por otro lado, volvimos a toparnos con el nombre y la misteriosa figura de Corinto en Segovia, donde la cartelería al uso nos permitió saber que  próximamente “abrirá  sus puertas en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia La Dama de Corinto,un “esbozo cinematográfico” de José Luis Guerín (Barcelona, 1960) realizado para las salas de un museo que se ubica no muy lejos del lugar donde el cineasta rodó hace 35 años su primera película (…) La muestra consiste en una instalación audiovisual que gira en torno a la relación entre el cine y la pintura (5) El título remite al origen mítico de la pintura referido por Plinio “el Viejo” en su Historia Natural:  En él se cuenta que, ante la inminente partida de un muchacho a la guerra, su amada decide trazar el contorno de su sombra proyectada en la pared por la luz de una vela ” (   )

 

(El pintor Josep Wright vio así el mito de la Dama de Corinto)

(Guillermo Pérez Villalta, la sombra dibujada. La fantasmagoría, un origen mítico para el arte de la pintura)

Y de nuevo en Segovia, mientras  deambulábamos por las concurridas calles de la ciudad siguiendo nuestra eterna y eficaz divisa transire videndo, reparamos en las esfinges de rostro femenino que flanquean la estatua de Juan Bravo ( junto a la imponente y bellísima iglesia románica de San Martín)  las cuales nos devolvieron a nuestra antigua idea de la dama de Corinto como personificación de lo monstruoso femenino.

(Esfinge o Quimera neoclásica situada a la entrada de la Plaza de Medina del Campo en Segovia. Foto Gisleno)

 

Esta imaginería de la mujer pérfida y cruel, que tiene en la dama de Corinto de Jean Leon Gêrome uno de sus más notables exponentes, ha permeado durante siglos las producciones  literarias y artíticas, pero no sería hasta el siglo XIX, con el advenimiento de la estética simbolista, donde hallaría campo abonado; entonces es cuando la imagen  la mujer fatal comenzó a configurarse y a definirse completamente.  Corinth, uno de las últimas piezas de Gêrome como escultor, fue adquirida por  Orsay  directamente de los herederos del artista.  La figura de mármol, inacabada, fue terminada por su ayudante Emile Decorchement y fue expuesta por primera vez en el Salon en 1904, encima de un capitel …corintio, por supuesto.

Corinth, 1903-1904
de  Jean-Léon Gérôme (1824-1904)
Resina policromada, encáustica y metal

47.5 x 33 x 30 cm
Paris, Musée d’Orsay

(Pieza actualmente en exposición temporal en el Museo Thyssen, en Madrid)

 

Gérôme, como puede deducirse fácilmente de la contemplación de las obras expuestas en esta muestra que se  inauguró en el madrileño museo Thyssen el pasado mes de febrero, fue un virtuoso del pincel académico y un talentoso escultor, que gustaba de usar la policromía en sus trabajos, como queda patente en su busto de Sarah Bernhard, de 1895, y otras creaciones, donde buscaba alejarse voluntariamente de la frialdad y el silencio marmóreos de la estatuaria neoclásica, encontrando en el color a la manera antigua y en su uso de joyas reales  –no en vano fue hijo de un profesional de la orfebería– la musicalidad y el exotismo justo para sus obras, más cerca de la estética simbolista que de los rigores de la Academia.

(Corinthe, 1903-04. La personificación de la ciudad de Corinto como una mujer enigmática de ojos penetrantes, muy al gusto de los simbolistas del cambio de siglo) (via)

Con su cuerpo perfectamente modelado y la delicadeza de los tonos de las carnaciones que potencian la desnudez de la figura, la dama de Corinto es un preclaro ejemplar de nuestras Uvas de Zeuxis, dando la firme impresión de una persona viva. Los ojos de la mujer, debidamente pintados para subrayar su forma, miran a lontananza, dando un aire entre enigmático y lánguido al rostro; los labios, iluminados con rojo, aportan el punto necesario de sensualidad. La pose, que recuerda las figuras de budas o deidades orientales, generan pliegues en el abdomen femenino que contribuyen aún más si cabe al naturalismo de la escultura. Las virtudes de orfebre de Gêrome se aprecian en el cuidado y la atención con que dispone las opulentas joyas que exornan el cuello y la cabeza de la joven cortesana.

Corinth, de Jean Leon Gerôme. Via

 

En esta pieza (recientemente (2008)  adquirida por  el Museo de Orsay de París en subasta de Sotheby’s por 456.750) euros, cristaliza toda una trayectoria escultórica que para Jean Leon Gêrome comienza a partir de 1890, cuando el artista “dio la espalda al dogma dominante en la escultura moderna y utilizó el color en sus obras en mármol, como se hacía en la Antigüedad clásica. De estos momentos data el busto de Sarah Bernhardt, (1895) o nuestra  inquietante Corinthe (1903-04),  su último trabajo antes de morir.”  

(Lo desconocido, una visión monolítica y luciferina de la mujer, óleo de John Charles Dollman)

Esta dama de Corinto de Gêrome coincide estilística e iconográficamente con uno de los motivos más recurrentes del Simbolismo de finales del XIX, la representación de la femme fatale. Uno de los iconos de este singular tipo de figuraciones, muy extendidas y de una variedad riquísima, es el Idolo de Perversidad de Jean Delville (1891) –arriba, como preludio visual de este post–, aun cuando Elle, de Adolf Mossa  (1905) no se queda atrás como paradigma de la iconografía de la mujer terrible.  Toda una miríada de obras crepusculares se ocuparan de explorar la dimensión más oscura de la feminidad en el siglo pasado, legándonos todo un corpus mítico contemporáneo del que aún quedan huellas importantes en la cultura popular.

 

(Elle, de Adolf Mossa; ¿dama de Corinto o Puta de Babilonia?)

En el mundo anglosajón, según la insomne wiki, la mujer fatal, herencia directa de las quimeras y esfinges decimonónicas, es con frecuencia de origen extranjero (la mujer extraña o de raza extranjera es también una de las formas tabuadas más recurrentes del Antiguo Testamento). “A menudo se la retrata como una especie de vampiro sexual, cuyos oscuros apetitos se creía que eran capaces de arrebatar la virilidad y la independencia de sus amantes, convirtiéndolos en una máscara vacía de sí mismos. Sólo escapando de sus abrazos podía rescatarse al héroe. En este sentido, en la  jerga estadounidense antigua se  solía llamar a las mujeres fatales vamps”( )

 

(La selección de relatos de terror sobre mujeres vampiro de la recomendable colección Valdemar, con portada de Bolesgas  Biegas)

Curiosa y significativamente, este matiz vampírico y demoníaco que parece emanar de la representación de la escultura de Gêrome, es patente también en La novia de Corinto,  uno de los episodios de la Vida de Apolonio de Tiana , obra  atribuida al autor griego Filóstrato: No en vano, “este episodio tuvo una gran influencia en la literatura vampírica de los siglos XVIII y XIX, determinando la figura de la mujer vampiro que utiliza su seducción para devorar a sus presas (3)  A su vez, J. W. Goethe se inspiró para su “Novia de Corinto” en “una vieja leyenda de Turquía que seguro, él mismo escuchó aquel año de 1797 cuando creó su famoso poema.  La historia original se basaba en la tradición oral de una obra de un liberto de Roma, que escribió sobre un matrimonio con una hija alrededor del año 336 antes de Cristo, llamada Filinon a la que casan, aunque está enamorada de otro, Macates.  La chica muerta no se resigna a la pérdida de su amor terrenal y vuelve cada noche a su lado, hasta que descubierto su espectro muere definitivamente y con ella su amado,  que se suicida” (via)

(La pintura del expresionista Edward Munch abundaría en el horror psicológico de la lamia o mujer vampiro)

Parece que  las primeras referencias a las mujeres lascivas y sexualmente insaciables que se alimentan de sangre humana hay que buscarlas más lejos, en la tradición clásica griega. ” Emparentadas con las arpías, mujeres con cuerpo de ave y garras afiladas que raptan a recién nacidos, de las que nos hablan entre otros Homero, Petronio y Apuleyo, hallamosa  las estriges.”  También hay  algunos relatos que  escriben que en el antiguo Egipto se encontraron Momias enterradas con un ladrillo en la boca, en lo que algunos han querido ver indicios de creencia en los muertos recalcitrantes, lo que no sería de extrañar en el puueblo con la más desarrollada e importante cultura funeraria. 

Pero seguramente el antecedente más obvio para la representación de la femme fatale  decimonónica es la Lilith bíblica: ”la  demoníaca Lilith aparece, de un modo u otro, en la tradición asirio-babilónica, grecorromana, judaica y medieval (cuando abandonaría un tanto el imaginario religioso, para instalarse en la superstición con la encarnación en las figuras de las Lamias ) (9)

 

(Ishtar, arquetipo de la mujer vampiro, la Ramera de Babilonia y nuestra dama de Corinto)

Siglos más tarde, la imaginería medieval se ocuparía de  fundir a Eva, tentada por el reptil, y Lilith, la mujer rebelde. Así, en diversas imágenes, como las miniaturas de los Hermanos Limbourg, que representan El Paraíso Terrenal en el manuscrito iluminado del sigloXV Les très riches heures du Duc de Brry una forma zoomórfica, mitad mujer, mitad serpiente, se enrosca en el árbol y ofrece a Eva la manzana (9) “

 

Podríamos coincidir entonces con la mayoría en afirmar que el primer vampiro del que se tiene constancia en la mitología es, seguramente, Lilith, La primera esposa de Adán. En  Isaias 34.14 lee:  “Los chacales se encontrarán con las hienas y el macho cabrío llamará a su compañero. Lilith morará allí tranquila y encontrará su lugar de reposo”. Pero “¿cómo se produce la transformación iconográfica de la Lilith sumeria a la Lilith hebrea y cristiana concebida como un ser demoníaco? Las influencias asirias durante la segunda mitad del II milenio a.C. ya alteraron la iconografía de la Lilith sumeria, obviando su vinculación con los ritos sexuales asociados al culto a la diosa Ishtar.” (10) A estas y otras preguntas tratan de responder en el artículo que bajo el título La Estirpe de Liliht les presentamos aquí.

(Lamia de Bolesgas Biegas)

A partir de la representación de Lilith y posiblemente tomando prestados elementos diversos de personajes mitológicos como las sirenas, las ninfas o las ya mencionadas quimeras, las diferentes versiones de la mujer vampiro comenzaron a perfilarse hasta llegar a su completa definición en el siglo XIX,donde el mito alcanza sus cotas más altas y su más sofisticada y perversa revisión con Carmilla,  de Joseph Sheridan Le Fanu, que introduciría el lesbianismo en el género vamípirico. 

En la pantalla grande, aunque esa es otra historia, el mito encarnado por la dama de Corinto ha dado mucho juego, incluida la interpretación lésbica del vampirismo en la muy sugerente El Ansia (1983) ; mención aparte merece  la denostada y olvidada Lifeforce (Tobe Hopper, 1985)que planteaba de modo original y novedoso la relación entre el vampirismo, la amenaza del espacio exterior y, por fin, presentaba de modo directo y evidente –quizá banal para algunos–la asociación entre la Fuerza Vital y la energía sexual, siendo el ejemplo cinematográfico más cercano de la relación de la mujer vampiro con la hembra de apetito sexual insaciable.

 

 

 El mito de la dama de Corinto, mujer fatal,vampiro o lamia,  fiel a su morbosa costumbre, encuentra en nuestros días un momento ideal para rejuvenecer; lejos de palidecer, nuestra sociedad asiste a su inesperada resurrección.

 

 

 (Del licor de la inmortalidad a la pasa de Corinto. ¿Imagen del destino fatal del incauto que cae en manos de la mujer insaciable, nuestra dama de Corinto?)

 

 (El genial Franz Von Stuck vio así de claro el paralelismo entre quimeras, mujeres y vampiros)

 

-Fuentes y vínculos-

(1)Idolos de perversidad, una reseña de uno de los mejores trabajos sobre el mito de lo femenino-monstruoso en el siglo XIX.

(2) Leon Gêrome en el museo Thyssen

Galéría Leon Gêrome  –  Diaporama de Gêrome

–Gêrome en Madrid , estupendo artículo comentando la exposición en el Thyssen.

(3) Apolonio de Tiana, wiki, la novia de Corinto

(4) The corintian maid,  or the origin of painting, in Phantasmagoria. The corintian maid, pintando sombras, acá.

(5) La dama de Corinto, un esbozo cinematográfico, en el museo Esteban Vicente

(6) El poema de W.Goethe la novia de Corinto, en Vamphyros 

(7 Historias de Vampiros, en me gusta leer.

(8 Empusas, lamias y éstriges, en El Jergón de John Silver el Largo

((9)  Golrokh EETESSAM, Lilith en el arte decimonónico. Estudio del mito de la Femme fatale.  Un  interesantísimo estudio del mito que nos ocupa,  aquí.

(10) Liliht y la lamia griega, en La Estirpe de Liliht

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