Archivo de octubre 26th, 2010

Brujas

  

 

John British Dixon según John Hamilton Mortimer
Un hechizo 20 July 1773
Mediatinta 610 x 486 mm
© Copyright the Trustees – The British Museum
 
 
(…) Mientras  que están en el aquelarre no pueden nombrar el santo nombre de Jesús, ni de la Virgen santa María, su madre, sino es para renegar, ni pueden persignarse ni santiguarse; y de ello los advierten luego que son admitidos a la seta de los brujos. Y si algunas veces se descuidan y los nombran, les suceden muy grandes daños, y al punto se deshacen los aquelarres, y castigan gravemente a las personas que los nombraron.”
 
Fragmento del Auto de Fe de Logroño (11)
  
  

Desde tiempo inmemorial ya se tiene constancia de individuos, hombres y mujeres, que practicaban las artes de la nigromancia y eran consumados maestros en las artes de la hechicería, el uso de filtros mágicos, pócimas y hechizos. Dice Umberto Eco que se les menciona ya en el Código de Hammurabi, en segundo milenio A.C, así como en la cultura egipcia –donde no han de ser confundidos con los sacerdotes, así como no conviene confundir la magia con la taumaturgia– y, por supuesto, en la Biblia, donde se les considera un amenaza y suelen ser condenados por sus abominables prácticas, entre las que se contaba la adivinación. 

 

Henry Fuseli
The Mandrake: A Charm - 1785
Óleo, 635 x 765 mm
Lent by the Paul Mellon Collection, Yale Center for British Art, New Haven
 
 
Henry Fuseli
Las tres Brujas (Die drei Hexen) 1783
Óleo/Lienzo, 650 x 915 mm
Lent by the Kunsthaus, Zürich (gift of the city of Zürich)
 

Entre los griegos, además de las sibilas, las hechiceras o magas eran bien conocidas –bastennos los ejemplos de Medea o Circe, que convierte en cerdos a los compañeros de Ulises en la Odisea– y la cultura romana también tuvo conocimiento de las brujas, a las que asímismo condenaba por sus abyectas actividades. 

Dice Eco en su Historia de la Fealdad (1) que aunque la brujería fue siempre asunto tanto de hombres como de mujeres, por “una especie de misoginia arraigada se identificaba preferentemente al ser maléfico con una mujer –esto quizás enlace también con el relato del Génesis, donde la serpiente se asocia de un modo particular con Eva, la primera mujer, y en otras versiones del mito del Edén donde el primer ser demoníaco —Lilith, una especie de lamia–  tiene rasgos inequívocamente femeninos– ; esta condenación se hizo aún más evidente en el mundo cristiano, donde se pensaba “que la unión con el diablo solo podía materializarse por medio de una mujer (…) De hecho, en la Edad Media se habla del aquelarre como una reunión diabólica en la que las brujas no sólo se dedican a los sortilegios y encantamientos sino que se entregaban a auténticas orgías” en las que algunos autores  (8) han querido ver en  la brujería practicada en la Edad Media los vestigios de antiguos cultos dionisíacos,  en tanto en cuanto los rasgos del dios Pan o los sátiros son idénticos a la representación convencional del demonio en Occidente.  El componente sexual está con frecuencia indisolublemente ligado a los relatos sobre las andanzas de las brujas, desde sus relaciones con el macho cabrío, “símbolo de la concupiscencia (…) hasta su imagen a lomos de una escoba, que representa –según Eco– una clara alusión fálica” (1) 

  

 (Los rasgos de Pan se confunden con los de la visión occidental del demonio. En la pintura un terrorífico fauno según Carlos Schwabe

Las brujas no consituyeron normalmente ninguna obsesión en el ámbito eclesiástico, siendo más comunes los procesos contra las brujas en la Edad Moderna, y no en la Edad Media, “como se cree comúnmente (…)hallamos una prueba de esto en la iconografía de la bruja, mucho más rica a partir de esta época, con los grabados alemanes de Baldung Grien o Durero, por ejemplo. 

En el siglo XIII surgiría el Santo Oficio, la Inquisición, cuya primera ocupación fueron –sin embargo– los herejes. Posteriormente, a partir de la bula Summis desiderantibus affectibus, contra la brujería, y la aparición del libro Malleus Maleficarum (el martillo de las brujas), de Kramer y Jacob Sprenger, comenzaría la triste caza sin tregua hacia las brujas, dando lugar a los terribles episodios de interminables interrogatorios y torturas sin fin que la historia ha constatado: 

“Durante los siglos XVI, XVII y XVIII en muchos lugares de Europa y Norteamérica se produjeron las “cazas de brujas” que acabaron con miles de mujeres (los brujos fueron minoría) en la hoguera o degolladas, siendo especialmente diligentes en este aspecto los calvinistas y los luteranos [Lutero llegó a afirmar que los diablos habitaban en "los loros y en las cotorras, en los monos y macacos, para que ellos puedan así imitar a los hombres"]. En España, en ninguno de los territorios que conformaban la monarquía hispánica, se dio este fenómeno con la virulencia que tuvo en estos lugares, donde algunos autores hablan de centenares de miles de condenados a muerte (11)” Una mención aparte merece el Auto de Fe de Logroño, donde varias personas fueron acusadas de brujería: pueden consultar aquí el texto completo del proceso a las brujas de Zagarramundi.  

   

 

(Witches Sabbath, 1977, el aquelarre en una pintura del genial Johfra . Más cosas suyas en Visionary Revue) 

 

(La adoración de Pan, de Johfra, tríptico  inspirado en la Caída de los Ángeles Rebeldes, de Pieter Paul Rubens) 

   

” El estereotipo de brujería aparecido por primera vez en los juicios de las décadas de 1420 y 1430 duró más de dos siglos, aunque con versiones diferentes, por ejemplo la marca que el diablo grababa en la bruja no surgió con claridad hasta el siglo XVI, y fue desarrollada sobre todo por los demonologos protestantes; y el aquelarre tomó diversos detalles y descripciones según el país en que se juzgaba a la bruja. Pero aunque los cargos específicos diferían de un lugar a otro, seguían compartiendo varios rasgos comunes, esto hace “pensar seriamente en que las nociones eruditas sobre brujería se transmitieron de región en región y de una generación a la siguiente” . (f) 

Con el Romanticismo, en pleno auge de la razón y el primer espíritu científico, la imagen de la bruja se vuelve a resucitar, inflamando la imaginación de los artistas (Blake, Fusëli, Goya) que quizá buscaban un retorno -voluntario  o inconsciente -  a los motivos y atmósferas de la imaginería tardomedieval. 

  

  

 William Blake
Hecate , 1795
Aguafuerte a color iluminado con tinta y acuarela, sobre papel 439 x 581 mm
 W. Graham Robertson 1939 

 

Henry Fuseli
La mandrágora: 1812
Lápiz y sanguina sobre papel , 426 x 545 mm
Lent by the Ashmolean Museum, Oxford, Bequeathed by Francis Douce, 1834. 

  

Las brujas, en opinión de Eco (1) no fueron quizá sino simples ancianas hechiceras que decían conocer hierbas medicinales y otros filtros –como algunos curanderos actuales– y probablemente así lo hicieran; en Europa hay abundantes testimonios, bien documentados, de la existencia de una magia campesina muy antigua; en otros casos no eran más que desgraciadas intrigantes o incluso celestinas que “vivían a costa de la credulidad popular“(…) en todo caso, no representaban más que una forma de subcultura popular. Sin embargo, un estudio  profundo de las  historia de la hechicería en las culturas primitivas y en las formas  sincréticas de nuestros días demuestra que estamos ante un fenómeno de rasgos bien definidos y de cierta importancia: 

Julio Caro Baroja, “influenciado por las explicaciones psicosociales de Jules Michelet, pensaba que las brujas eran mujeres viejas que vivían al margen de la sociedad,  en un entorno rural, despreciadas por sus vecinos, vivían aisladas y tenían unos conocimientos de curanderismo que ejercían mediante el empleo de plantas medicinales. Estas viejas  no gozaban de compañía masculina, ni del amor de unos hijos, es decir, carecían de una familia, por lo que buscaban consuelo a su soledad en los paraísos artificiales que la flora europea les podía suministrar, como las solanáceas, entre las cuales destaca la belladona, el beleño y el estramonio, sin olvidar la mandrágora en la parte mediterránea”. (7) 

   

   

(Vuelo de brujas, de Goya) 

 

  

 

(El Aquelarre, de Goya; abajo, un fragmento) 

 

(Los Viejos comiendo sopa de nuestra entrada sobre la Inmortalidad nos trajeron a la memoria estas brujas de Goya) 

Goya, como miembro de la Sociedad de alcalófilos, amantes de lo feo, como su amigo Fernández de Moratín, se interesó profundamente por la figura de la bruja, a la que consagró no pocas de sus más fantásticas obras; en su época fue célebre un estudio sobre el llamado Proceso de Logroño, que despertó entre algunos intelectuales la pasión por el tema de la caza de brujas (10) 

En nuestros días, con el imparable desarrollo de las formas más siniestras de la llamada Nueva Era, son muchos los que pretenden una burda resurrección del druidismo y la brujería –la denominada wicca en su modo más extremo– que no son sino modos delirantes de esa caricaturesca espiritualidad al revés que René Guénon denunciaría en muchos de sus preclaros textos y que Mircea Elíade también anunció de modo brillante en su Brujería, ocultismo y modas culturales, de obligada lectura para quienes pretendan un acercamiento serio al asunto del resurgir del interés por el ocultismo y  la hechicería en nuestro tiempo. 

   

  Un aquelarre visto por Hans Baldung Griën 

 

  

  

 (Brujas en ambiguas prácticas de índole sexual, vistas por Baldung Grien) 

   

(El enigmático grabado de Las Cuatro Brujas, enfrascadas en una oscura ceremonia, de Albretch Dürer) 

  

 

(Las brujas entregan niños al Diablo en esta xilografía de 1720. La vimos en Mostrer Brains

 

(Xilografía de 1720 que muestra a un grupo de brujas danzando en el Sabbath con los demonios. Imagen de Monster Brains

  

 

(Los indicios que permiten descubrir a una bruja o practicante de la magia negra, en el panfleto  Discovery of Witches de Matthew Hopkins,  1647) 

 

 (Un fragmento de Häxan, la brujería a través de los tiempos, un clásico del celuloide rancio de género fantástico, de 1922) 

 

(¿Qué tal un poco de música para terminar?…Ozzy Osbourne, al frente de Black Sabbath interpreta, precisamente, el tema que da nombre a la mítica banda.) 

 

  

  

 -Fuentes y vínculos- 

  

(1) Eco, Umberto, Historia de la Fealdad.Capítulo VIII. Brujería, satanismo y sadismo. Lumen, 2007. 

(2) Buena parte de las imágenes mostradas aquí pertenecen a la exposición sobre Blake y Fuseli en la Tate Gallery

(2) (3) Un tema sobre el que volveremos —probablemente, Dm— en alguna otra ocasión. 

(4) El libro de las Brujas, de Julio Caro Baroja, una fantástica publicación reseñada en esta blog de un entusiasta de la Wicca. 

(5) Una apasionante lectura del grabado Las Cuatro Brujas, de Durero, aquí en Sexy Witch

(6) Miles de brujas y criaturas grotescas y pesadillescas en la inigualable  Monster Brains 

(7) Una completa historia de la brujería, con algunas recomendaciones bibliográficas, en La Velleta Verda 

(8) Murray, Margaret, The Witch Cult in Western Europe, en Sacred Texts 

(9) Häxan, la brujería a través de los tiempos, una película sobre el tema que no pueden dejar de ver, y un clásico absoluto del cine fantástico. 

(10) “Como ejemplo de la influencia de las ideas francesas en España durante los años 1790 es la formación de un grupo llamado los Alcalófilos o amigos de la fealdad. Esos escritores y críticos, entre los cuales se hallaba el amigo de Goya, Leandro Fernández de Moratín (quien efectuó un estudio de las caricaturas inglesas, afectaba interés por lo horroroso con el fin de criticar un orden político basado en la armonía. Presumiblemente los Caprichos Caprichos fueron consecuencia de ese grupo (fuente)”  

(11) Las Brujas de Zagarramundi y el Proceso de Logroño: una breve historia de la Brujería en España.

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