Ficción y futuro
Tradicionalmente, la “ciencia ficción” se le antoja a la mayoría una cosa para adolescentes, algo así como el reino de la fantasía ociosa. Y esto ha sido precisamente lo que ha hecho de este género, a menudo denostado por su presunta inocuidad, un vehículo perfecto para el condicionamiento del público y la difusión soterrada de la ideología de la Criptocracia (1). A propósito de lo subliminal, apuntaba J.H. Towsen en Clowns, que sólo cuando la gente cree que no está comprando algo es cuando empieza realmente el negocio de las ventas. Aunque es cierto que con el éxito de los programas espaciales de la NASA Géminis y Apolo y los vuelos tripulados a la luna el público comenzó a manifestar un mayor respeto e interés por la ciencia ficción, el período seminal para este género empezaría mucho antes, a partir del siglo XIX y especialmente en los cincuenta, cuando el programa de condicionamiento conocido como “ciencia ficción” se dirigía especialmente a adultos marginales y jóvenes inconformistas.


De modo que la ciencia ficción es un medio de programar y condicionar a las masas para aceptar las visiones de un futuro que las élites pretenden hacer real y tangible. Hace cincuenta años, el presente actual de nuestra sociedad se perfilaba en los mundos que la ciencia ficción apenas mostraba en algunas de las producciones de la serie B. Este proceso de inoculación gradual de contenidos y conceptos — casi siempre a través del lenguaje de los símbolos y las metáforas visuales– es denominado preditive programming y funciona mediante la propagación de una visión fidedigna del aspecto que el mundo tendrá en el futuro. Predictive programming básicamente se basa en el uso de los productos de la indusrtria del entertainment como herramientas de manipulación y adoctrinamiento sutil: el espectador mientras está absorto en sus momentos de ocio -por ejemplo viendo una película, o escuchando música– baja la guardia y colapsa sus filtros racionales haciéndose más vulnerable a la sugestión y por ende a la influencia de contenidos a nivel inconsciente. También conocido como “sci-fi inevitabilism” por Hoffman, esta forma sutil de condicionamiento es análogo a un virus que infecta a su huesped haciéndole creer, entre otras, las siguientes premisas:
-
Que es inútil resistirse al control central establecido por la élite.
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Que toda oposición contracultural a este control es en realidad una forma encubierta de control emanada soterradamente de la misma fuente.
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Que la polución y la degradación del planeta son inevitables.
-
Que la extinción es una consecuencia de la evolución de las especies, y por tanto inevitable.
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Que la colonización del planeta por los Viejos Dioses (Genesis VI:4) es nuestro destino universal y un axioma científico.
Estas creencias implantadas recuerdan el concepto de los memes (una especie de ideas contagiosas) que son puestos en circulación con el aspecto de documentos atractivos para la masa bajo el barniz aparentente inofensivo de la literatura u otros productos de la ciencia ficción. Una vez alcanzan su objetivo a un nivel psicocognitivo, estos memes o creencias implantadas se convierten en auténticas profecías infalibles, que las masas acogen recompensando los esfuerzos de propagación de la élite.


La ciencia ficción ha sido, por ejemplo, uno de los vehículos que mejor se han adaptado a la difusión de las teorías de la evolución darwinistas, especialmente en el caso de Herbert George Wells. De acuerdo con algunos autores, en el género de ciencia ficción el concepto de evolución es una suerte de “mutación que resulta de la confrontación del ser humano con diferentes especies”. Se observa igualmente que “así como los héroes de las historias de ciencia ficción son normalemente humanos,el interés de estas historias se centra a menudo en sus encuentros con varias formas de “superhombres” de razas muy evolucionadas o avanzadas tecnológicamente, procedentes del futuro o de galaxias lejanas. La idea de la posibilidad de vida inteligente “super-evolucionada” en otros planetas ha llegado a formar parte de la mentalidad contemporánea que incluso la especulación científica (o semi científica) asume como una materia de estudio. Por otro lado, una popularísima serie de libros que iniciaron el género de la astroarquelogía (primero con las obras de Von Daniken, Chariots of the Gods y las otras, más tarde, en la actualidad, las de Zetchariah Sitchin y otros) pretenden encontrar supuestos indicios de la presencia de “dioses extraterrestres” en nuesta Historia Antigua, a los cuales hacen responsables de la aparición de las primeras razas inteligentes sobre la Tierra (una de las posibles interpretaciones de las primeras escenas de Dawn of Man, de 2001 A Space Odissey, de Kubrick, donde el monolito representaría la tutela de la inteligencia extraterrestre); supuestos que a duras penas armonizan con la clásica teoría evolutiva.
De acuerdo con otros autores, la representación tradicional del fenómeno religioso en la literatura de ciencia ficción evoca un futuro que presenta los inconfundibles rasgos de la nebulosa e indiferenciada espiritualidad de la Nueva Era:
“La religión, entedida tradicionalemnte, está –en la mayor parte de los textos de ciencia ficción– ausente o presente en un modo incidental o artificial. El universo de la ciencia ficción es totalmente secular, aunque a menudo presente matices ”místicos”, ocultos o esotéricos, a veces de raigambre extremo oriental. Dios, si alguna vez es mencionado, es un poder impersonal y vago (la Fuerza de Star Wars, una energía cósmica que contempla el bien y el mal en sí misma, remotamente similar al Tao de la tradición extremooriental, o a algunos conceptos cabalísticos). La creciente fascinación del hombre contemporáneo con los temas de la ciencia ficción está en relación directa con la pérdida de los valores religiosos tradicionales“.
Los límites de la línea mística de los temas de la ciencia ficción se expanden hasta penetrar claramente en los ámbitos del esoterismo y, más exactamente, del ocultismo, según explica el investigador Carl Raschke:
“La relación entre la fantasía y el ocultismo es bien patente a lo largo de la historia. Escritores como Lovecraft y Edgar Rice Burroughs, mantuvieron una especial vinculación con lo oculto“, más allá del mero interés del profano. Lo mismo cabe decir para otros representantes del género como C.S. Lewis, Yeats, Arthur Machen o Philip K. Dick, uno de los más relevantes y prolíficos maestros de la ciencia ficción contemporánea.
Raschke argumenta que la ciencia ficción presenta por lo general un futuro en el que las tradiciones ocultas son redescubiertas y rescatadas desde el pasado:
“De manera creciente, a ciencia ficción ofrece una perspectiva donde un futuro tecnológico se amalgama con elementos tomados del neopaganismo y lo medieval. La síntesis fue por vez primera cristalizada en la trilogía de George Lucas” pero fue anunciada en otras producciones anteriores.

Estos paralelismos entre ciencia ficción y ocultismo han sido incluso tenidos en cuenta, al parecer, por algunos sectores de la comunidad científica, por lo que, de acuerdo con algunos autores, la influencia de la ciencia ficción en el ámbito científico podría provocar profundos cambios en la mentalidad religiosa (…) de donde concluyen diciendo que este género “científico y no religioso” es, en realidad, el vehiculo principal de propagación (de forma secular) de la “nueva conciencia religiosa” que gradualmente está suplantando al cristianismo. Ayudada por un interés emergente en los últimos años por el ocultismo y las formas paganas de espiritualidad, la ciencia ficción podría estar facilitando un cambio paradigmático en el pensamiento religioso.
Uno de los primeros signos de este cambio en la experiencia de lo religioso es sin duda el fenómeno de la secularización. Normalmente ésta ha sido asociada al ateísmo. De hecho, en épocas pasadas de secularización se ha asistido al declive de la fe teísta y un rechazo generalicado de los conceptos tradicionales de lo divino. La publicación de El Origen de las Especies fue uno de estos momentos, y la subsiguiente propagación a nivel mundial del concepto de evolución tuvo un tremendo efecto en este sentido. De cualquier modo, los períodos de secularización no representan necesariamente la abolición de lo religioso, sino más bien la preparación de un caldo de cultivo para la aparición de un nuevo credo religioso. En resumen, secularización y ateísmo, su correlativo, actúan aquí sólo como catalizadores de una enorme revolución en el ámbito del fenómeno religioso.
En muchos casos, el condicionamiento a través de la ciencia ficción tiene entre sus conceptos paradigmáticos el humanismo y la autodeificación: todo hombre es un dios, todo hombre es Dios (“Todo hombre y toda mujer son una Estrella, según el credo del satanista Aleister Crowley); la filiación gnóstica y masónica de este discurso es evidente, y apunta directamente a los artífices del programa: “Seréis como dioses”, un lema tan antiguo como la humanidad misma. De hecho, humanismo y masonería han compartido una larga y fructífera relación a lo largo de la historia. (…) No es de extrañar entonces observar la proliferación de símbolos masónicos en numerosas producciones cinematográficas de ciencia ficción y fantasía, rastreables prácticamente desde la aparición de este género a mediados de los cuarenta, si no mucho antes.
Con frecuencia algunos de estos conceptos humanísticos y masónicos aparecen plasmados en el género de la ciencia ficción, no sólo a nivel visual; uno de los ejemplos más flagrantes es Star Trek, que presenta un gobierto tecnocrático mundial llamado la Federeación. Cuestionado sobre el particular, el creador de la serie Gene Roddenberry comentaba a propósito de su idea de lo divino que “lo que puedo decir hoy por hoy sobre esta cuestión es que creo que yo soy Dios, creo que usted lo es, y creo que todos los seres inteligentes de este planeta son parte de Dios, hacen a Dios“

(Apenas camuflada, la estrella flamígera o blazing star de filiación masónica figura en el logo renovado de Star Trek)
Al mismo tiempo que la ciencia ficción efectúa de modo vigoroso su campaña de proselitismo masónico y humanista, el vacío espiritual dejado por la secularización creciente empieza a ser llenado con productos previamente diseñados a propósito (…) a partir de elementos ocultistas y paganos que reemplazarán al discuros de las autoridades ortodoxas y eclesiásticas.
Hoy día ya existe un precedente de esta nueva forma de credo religioso de corte universal que se avecina: nos referimos obviamente a la Iglesia de la Cienciología. Ésta es, según el promotor de la Church of God Galactic, la más alta y efectiva forma religiosa procedente de la ciencia ficción. El artífice de la controvertida secta conocida como Cienciología, L. Ron Hubbard (ocultista a ratos y adepto de la doctrina de Aleister Crowley) decidió abierta y conscientemente convertir su trabajo de ciencia ficción en un sistema de creencias perfectamente viable sobre el que se “edificó” su iglesia. Como heredera del género, la Cienciología acogió una de las ideas nucleares de la ciencia ficción: el Darwinismo. En Dianetics, el sumo sacerdote Ron Hubbard declara la adhesión del movimiento al credo evolucionista.
(Para que no se tomen demasiado en serio la cosa, Salfate nos desentraña los misterios de la Cienciología haciéndolos comprensibles para espectadores “con un dedo de frente”)
En algunas formas extremas de la Cienciología, como la escindida Iglesia del Proceso -abiertamente satánica- aparece la idea del conflicto o lucha entre el organismo y la naturaleza, al hilo del concepto de la supervivencia del más diestro derivado de la doctrina darwinista; esta conflicto dialéctico evoca el lema masónico Ordo Ab Chao (orden del Caos). El proceso dialéctico asegura la evolución, que comienza con la doctrina masónica de la iniciación. La meta final de un nuevo mundo paganizado (novus ordo seculorum) armoniza con el pensamiento masónico, y con el nuevo credo religioso promovido por la ciencia ficción. Este es el futuro que poco a poco se está presentando a las masas para su aceptación mediante la mecánica del predictive programming.
Para entrever qué clase de fé está siendo promovida por los “ingenieros religiosos” y tecnócratas responsables de este engaño, sólo nos basta echar un vistazo a la Iglesia de la Cienciología y la Process Church, entre otras. Ambos son cultos de corte pseudo-científico; ambos fundamentados en el darwinismo, el humanismo y la apoteosis del hombre; los dos son microcosmos de esta próxima religión mundial cuya orquestada gestación durá varios siglos.
Obviamente, una nueva religión mundial requiere un nuevo mesías a la altura de las circunstancias. Hay incluso un legado mesiánico dentro del acervo mitológico de la masonería. Para el ideal masónico, el mesías no es el Creador encarnado en el Cristo; es el hombre mismo, con mayúsculas, entronizado, divinizado. Paradójicamente, este concepto oculto de la auto-deificación, considera que la divinidad interna del ser humano necesita de un catalizador externo para lograr su manifestación. Y hete aquí que nuevamente la ciencia ficción ha jugado un papel fundamental preparando a las masas para la tal eventualidad. Una de las más brillantes muestras de este condicionamiento de contenido mesiánico es la película de Steven Spielberg ET, el extraterrestre. El tema central de la misma está en perfectamente condensado en la célebre imagen promocional mostrada en numerosos carteles, donde se muestra el dedo del niño protagonista de la película tocando el índice luminoso y brillante de un alienígena. El discurso implícito en esta imagen se hace evidente al compararla con la Creación de Adán, de la serie de frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Angel; el paralelismo entre ambas representaciones es obvio y necesita pocas explicaciones: ambas parecen estar fundamentadas en el tema de Dios en comunión con su propia creación, el ser humano.
Por si fuera poco, la película de Spielberg retrata una figura mesiánica que reproduce muchos de los “milagros” de Jesús, incluyendo el más glorioso, el de su propia resurrección y ascensión a lo s cielos (durante las escenas finales, además, el aspecto de ET está basado ampliamente en la iconografía del Sagrado Corazón de Jesús). A pesar de estas y otras similitudes, no obstante, la película no puede ser contemplada como una “alegoría cristiana”; y así los motivos de la resurrección y la ascensión del alienígena protagonista son explicados según un enfoque naturalista.

Al igual que la soberbia pintura de Miguel Angel, el ET de Spielberg intenta reflexionar sobre el concepto de la relación del hombre con lo divino. La acción se desarrolla en la era moderna de la ciencia, una época en la que la cosmología mística del pasado ha sido superada por la razón humana. Este ambiente cultural contemporáneo está dominado por el cientifismo. En este contexto, el protagonista humano de ET representa el adepto o, mejor, como lo denominan en los círculos esotéricos, el iluminado. (…) En este sentido, el visitante extraterrestre es una representación antropomórfica de Prometeo, que trae el fuego de la iluminación y la gnosis al ser humano.
Y en relación con el argumento de la película de Spielberg podemos anotar una de las más escabrosas y difícilmente digeribles facetas del predictive programming de la ciencia ficción contemporánea: el asunto de los platillos volantes. Pocos saben que buena parte de la mitología platillista contemporánea se “gestó” en el medio de la ciencia ficción y la literatura pulp (Amazing Stories, y revistas similares) décadas antes de la “inesperada aparición” de los primeros platillos volantes, en los años cuarenta. Las películas de la serie B sobre marcianos y motivos similares hicieron el resto, preparando el camino para las primeras oleadas de avistamientos y contactos. ¿Tratamos aquí de una puesta en escena de toda una mitología prêt- a- porter adecuada para la era espacial? Si, como algunos piensan, una parte del fenómeno ovni es una campaña de manipulación perpetrada por la CIA y grupúsculos parecidos –y se dan han dado diversos casos para tener en consideración esta hipótesis– figúrense las proporciones de semejante engaño: la ciencia ficción proporciona la imaginería, el “evolucionismo” la ideología que sustenta el entramado, y la tecnología de la era espacial establece el contexto plausible para el desarrollo óptimo del mito.
A través del condicionamiento de la ciencia ficción, los artistas visuales como Spielberg pueden servir como “ingenieros religiosos” al servicio de la construcción de un nuevo sistema de creencias promovido en secreto por los jerarcas de la Criptocracia.
(Alan Watt, al que algunos conspiranoicos tampoco ven como una fuente fidedigna, nos explica algunas cuestiones sobre el Predictive programming)

(Invasión alienígena o ataque terrorista: los trucos de la ciencia ficción predictiva)

Pero los temas de la ciencia ficción no se agotan con la exploración del fenómeno religioso. Los motivos favoritos del predictive programming, especialmente en el cine, pasan por el retrato de la sociedad, el gobierno y las relaciones humanas. Tomemos, para finalizar, un ejemplo que nos ilustra cómo funciona este asunto del predictive programming analizando someramente una produción típica de la ciencia ficción contemporánea (americana, por supuesto) titulada 28 días después, para discernir algunos de los tópicos relacionados con el condicionamiento.
Así, algunos de los conceptos relativos al predictive programming en este film de tono apocalíptico serían:
- Se observan cámaras de vigilancia por todas partes (al menos en las zonas de la periferia de las ciudades) con puestos militares como puntos extras de vigilancia. Estos elementos condicionan al público para aceptar la presencia de cámaras en su entorno habitual así como la presencia de militares, policía o cuerpos de seguridad.
- En la película se menciona la existencia de un campo de refugiados y de las llamadas “áreas contaminadas” o en cuarentena. Este episodio sirve para programar al público para aceptar la posibilidad de la vida en campos similares o ser confinados en espacios limitados en casos de emergencia, bajo la estrecha vigilancia de los cuerpos de seguridad del estado.
- Las calles están desiertas, las tiendas abandonadas, se ven montones de basura, una falta total de higiene y la ciudad se representa en un estado general de caos social (esto último no es exclusivo de esta cinta, se podrían citar cientos de ejemplos similares). Imágenes de un desorden y malestar como éstos generan sensaciones de miedo en el público en caso de que, por ejemplo, una epidemia pudiera manifestarse.


(Fotograma de V de Vendetta. Las epidemias de gripes y el moderno resurgir del fantasma de la Peste Negra son moneda corriente de la ciencia ficción americana. El eterno dilema del huevo y gallina. ¿El arte imita a la realidad o hay aquí otra cosa?)

Cientos de ejemplos como éste se pueden encontrar en la filmografía norteamericana de los últimos cuarenta años, al menos, aun cuando el fenómeno ha sufrido una escalada en las últimas décadas. Cada vez con más frecuencia aparecen los motivos entrevistos en esta película; los mismos escenarios futuribles, con sociedades fuertemente militarizadas gobernadas por regímenes de tipo dictatorial, amplia marginación social, campos de refugiados o zonas en cuarentena, ambientes más o menos apocalípticos y una restricción sin precedentes de las libertades civiles.
(Fotograma de Terminator, de J.Cameron. Peligro: 9-11; los syncros alrededor del evento fatídico merecen una entrada aparte)
Paralelamente a los temas planteados, susceptibles de ser interpretados a la luz del predictive programming, cada vez es más corriente el despliegue de símbolos, iconos y metáforas visuales de raigambre esotérica, oculta y , especialmente, filomasónica en las películas de Hollywood, no sólo en el género de la ciencia ficción. Quizá algunos de estos motivos, argumentos y metáforas visuales sean introducidos a propósito en las producciones de Hollywood (hasta ahora el fenómeno parece exclusivo de la cinematografía americana, y éste origen puede ser una de las claves de su correcta interpretación); tal vez no sean sino un juego de tono humorístico o una broma dirigida hacia los conspiranoicos que pretenden -como nosotros- la existencia de un gran misterio o un maquiavélico plan maestro en torno a todo este asunto del entertainment. Como quiera que sea, la frecuencia -cada vez mayor y más preocupante- con que estas imágenes y temas aparecen, ya no sólo en el cine, también en la música contemporánea, y el modo subrepticio y subliminal en que suelen hacerlo, hacen pensar que bien pudiera tratarse de otra cosa que de una simple charada.
Desde hace años, cientos de películas procedentes de Hollywood presentan temas, motivos y figuras que sugieren que algo siniestro y de proporciones descomunales está en marcha y funcionando a la perfección, y el panorama del futuro que se nos ofrece a la vista dista de ser alentador.
(1) Traducción libérrima, notas y comentarios más o menos inspirados a partir de Phillip D. Collins Fiction as a Precursor to Fact: Sci-fi “Predictive Programming” and the Emergent World Religion (©, Feb. 6th, 2005 )
(2) The Revelation of the Method (más sobre la ciencia ficción y el predictive programming)
(3) Predictive programing in movies; con diversos ejemplos que ilustran la mecánica de esta deleznable forma de manipulación. Algunas de las películas sometidas a análisis en esta excelente página sobre el tema: La Semilla del Diablo ( Rosemary’s Baby) Lucifer Rising, El exorcista , El corazón del ángel ( Angel Heart), Invader’s from Mars, The Prisoner (TV serie), Dune, HG Wells -War of Worlds ”The Yellow Peril”, 1984, Brave New World, They Live, Star Trek, Star Wars, The Omega Man, Flash Gordon, The Shape of Things to Come,The Day After Tomorrow ,Starship Troopers.
8 comentarios to Ficción y futuro
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“El acueducto de Segovia es de piedra” , Un turista preclaro |
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Querido Flegetanis, muy interesante, como siempre. Estoy de acuerdo con usted en ciertas ideas generales. ¿Qué pasó con la gripe A? ¿Qué dicen que vendían? ¿Por qué en esos futuros generalmente hay pérdida de libertad individual?
Es obvio que “algunos” intentan aprovecharse de la común catetez científica para perpetrar las mayores barrabasadas.
Pero permítame(como campeones de la tolerancia que somos) que discrepe con algunos de los puntos que manifiesta, a saber:
- La extinción, natural, no puede sino debe ser inevitable y es muy conveniente. Intervenir en eso es aberrante.
- No entendemos igual el concepto de meme; yo lo considero algo más general, no circunscrito a lo que se expresa arriba.
- La intervención del monolito no está en todos los casos en desacuerdo con la teoría de la evolución, serían cosas independientes. De hecho, la teoría de la panspermia es una de las hipótesis (no necesariamente disparatada) sobre el origen de la vida en la Tierra.
- La existencia de vida extrasolar es probable. El problema es que el contacto con ella es altamente improbable por cuestiones espacio-temporales; siendo vida tecnológica, lo cual tampoco es así necesariamente ni mucho menos.
- A veces la Iglesia ha estado en contra de ciertas teorías científicas. Demostrada su validez, con el tiempo, no ha tenido inconveniente en aceptarlas e integrarlas. La interpretación de las Sagradas Escrituras no es algo tan monolítico como los que quieren echar a pelea Ciencia y Religión creen.
- Quien entienda el darwinismo como encaminado a la colocación del hombre por encima de todo no tiene ni la más remota idea de lo que va el asunto. El problema es que se tienen en cuenta, en igualdad de credibilidad, las opiniones de cualquiera, cuando esto, de por sí, es estúpido.
- Permítame usted que al tema UFO no le de demasiada cancha, estando de acuerdo en que puede ser utilizado por “ellos”.
Formidable réplica, amigo Cataplasma. Del todo de acuerdo con usted,exceptuando algunos pequeños matices con respecto al darwinismo. Como quiera que sea, lo interesante de este post, en el que prácticamnte no hay nada de nuestra cosecha propia, es la cuestión de que en el cine de Hollywood -y no sólo en el género de ciencia ficción- existen indudables indicios de un adoctrinamiento o manipulacion sutiles de las creencias del público. La discusión sobre el contenido de dichas creencias o su validez,o quiénes sean sus artífices o los que las difunden, y con QUÉ PROPÓSITO son realmente aquí los asuntos más importantes a dilucidar. No será nuestra última palabra sobre el Hollywood iluminita.
Maravillosos viajes los de esta sobrina.
Por si no conocieran la página, aquí les dejo al ciudadano vigilante. Pone numerosos ejemplos (exhaustivamente explicados) sobre las peculiaridades de la industria musical americana que menciona la tía en el último párrafo.
http://vigilantcitizen.com/
Recíproca, como las señora que vio el ovni, me dejas, peluqui.
GRACIAS, AMIGO V, POR LA RECOMENDACION DE TAN EXCELENTE PAGINA, http://vigilantcitizen.com/ QUE YA CONOCIAMOS –COMO TODO BUEN CONSPIRANOICO QUE SE PRECIE DE SERLO– PERO QUE BIEN MERECE LA PENA UNA NUEVA VISITA. EFECTIVAMENTE, EN EL NEGOCIO DE LA MÚSICA TAMBIÉN HAY NUMEROSOS EJEMPLOS DE ESTA “AMENAZA FANTASMA” QUE SE CIERNE LENTA PERO INEXORABLEMENTE SOBRE EL ORBE.
Estupefacto yo también por desentrañar el misterio que se esconde tras el nom de plume sheela na gig; ¿quién es éste que se oculta y parece conocer tan bien mis eternos problemas con los peinados?
[...] Ficción y futuro. [...]
T.·.A.·.F.·.