Ite, missa est

Una de las litografías más impactantes que el genial dibujante y grabador holandés Maurits Corneliis Escher concibió a lo largo de su viaje por el sur de Italia es la que representa un grupo de sacerdotes momificados, dispuestos en hornacinas y con la sentencia “Ite, missa est“ –Idos, la misa ha terminado– bajo sus pies. En esta imagen, además de un extraordinario y tradicional memento mori, algunos (1) han querido ver un indicio cristalino de la filiciación gnóstica y anticristiana del artista, patente en otros aspectos de su obra. Efectivamente, la leyenda sobre el final de la misa parece insinuar el fin de la religión católica. Esta sentencia, extraída de la liturgia traicional de la Santa Misa adquiere tintes aún más trágicos cuando consideramos la catastrófica situación de la religión católica en nuestros días…
ITE, MISSA EST

Escher tuvo probablemente a la vista al concebir esta litografía llamada Sacerdotes momificados en Gangi, Sicilia alguna horripilante escena similar a los innúmeros y escalofriantes cuadros que se ofrecen a la vista de los atónitos visitantes que se dejan caer por las Catacumbas del monasterio de los Capuchinos de Palermo, al sur de Italia, uno de los enclaves que el grabador quizá también pudo visitar a lo largo de un dilatado y apasionante viaje de estudios, realizado con ocasión de su luna de miel, en una suerte de tour de compagnonnage que perpetuaba la tradición de los artistas al norte de los Alpes, desde Durero a Rubens.

(La imagen de los sacerdotes momificados de Gangi, en Sicilia, que inspiró a Escher su litografía)
La villa siciliana de Palermo es un lugar que muchos no querrían visitar; un lugar oscuro, donde la pobreza es evidente. En esta atmósfera ominosa encuentra su lugar un monasterio de Capuchinos que alberga entre sus muros una de las colecciones más tétricas que soñarse puedan. Una serie de catacumbas se hallan bajo el monasterio, que han visto como crecía su macabra población de cadáveres embalsamados hasta bien entrado el siglo XIX. Las catacumbas datan de 1599 cuando los sacerdotes locales momificaron un monje muerto en olor de santidad para que todos los habitantes de Palermo pudiesen verlo. Eventualmente prohibida en 1881, esta forma de momificiación era practicada por los monjes de modo tradicional. Habida cuenta de la manipulación de numerosas generaciones de embalsamadores, con diferentes grado de habilidad, existe una gran variación en el estado de conservación de los cuerpos. Algunos son simples esqueletos, mientras que en otros parece percibirse aún un hálito de vida. La mayoría, sin embargo, parece salida de una película de Lucio Fulci.

(Sacerdotes momificados en las Catacumbas de los Capuchinos)
(La Parca no entiende de edades, sexo o situación social)
Los monjes Capuchinos llegaron a Palermo en torno a 1534. Cuando uno de los miembros de la orden murió, fue enterrado en una gruta adyacente al monasterio. Hacia 1599, la gruta estaba llena de cadáveres, haciéndose necesario una ampliación del lugar para los enterramientos. Cuando se procedió a la exhumación de los cadáveres de la gruta, pronto se admiraron del buen estado de conservación de algunos de los cuerpos, de modo que cuando se procedió a construir las catacumbas en las criptas junto al monasterio y la iglesia, los monjes sabían que con ciertos cuidados y manejos específicos, las condiciones del lugar harían el resto para preservar tras la muerte los cadáveres de otros monjes.


Posteriormente, la gente quiso que sus parientes fallecidos recibiesen un trato similar; de modo que pronto se acumularían cientos de momias en las catacumbas. Algunas personas describían en su última voluntad el atuendo con el que deseaban ser recordados. Otros demandaban que sus ropas fuesen cambiadas regularmente. Muchas de las momias están vestidas, y lo obsoleto de las vestiduras otorga al lugar algo de teatral, dando al ambiente una atmósfera onírica o surreal, algo así como un siniestro baile de máscaras. El suelo está literalmente sembrado de cera que cruje ruidosamente bajo las pisadas de los visitantes –aunque quizá no sea sólo cera lo que pisamos– . El aire del lugar es seco, para contribuir a la conservación de los cuerpos; en la cripta no hay ningún olor perceptible, aparte del polvo. Pulvis est, et in pulvis revertere.

Una perspectiva de las Catacumbas de los Capuchinos en Palermo, Sicilia
( Tutubo que muestra un aspecto de las Catacumbas de los Capuchinos en Palermo)
Dentro de las cataumbas hay cientos de ataúdes también; en la mayor parte de los casos, una de las caras de la caja está cortada para mostrar el cadáver en su interior. También hay niños. Dos están sentados juntos en una pequeña silla de piedra. El más célebre de todos es la momia de Rosalia Lombardo, uno de los últimos cadáveres enterrados en las catacumbas antes de que las autoridades locales terminaran con esta práctica. Fue embalsamada por Alfredo Salafia, y su estado de conservación es impactante.
(La momia de la niña Rosalia Lombardo)
Los monjes se enterraban con las ropas que llevaban en vida. Algunos llevan cuerdas, pendiendo de su cuello. Las cuerdas las portaban a modo de penitencia, en vida, y permanecieron con ellos en su muerte. El primer monje, y el cadáver más antiguo, es el del hermano Silvestro From Gubbio, muerto en el siglo XVI. El último monje enterrado aquí fue Riccardo de Palermo, que murió en 1871. Paradójicamente, la muerte también conoce aquí jerarquías, pues los cadávereres están dispuestos en categorías que van desde los hombres, a las mujeres, vírgenes, sacerdotes, monjes, y el resto del pueblo.

(Twist and Shout en Palermo)

(Un sacerdote continúa con su penitencia post mortem)
Las Catacumbas de los Capuchinos en Palermo constituyen, probablemente, el paradigma del memento mori por excelencia, un lugar inolvidable y extraordinario, un destino ideal para los viajeros de temple más acerado y una obligada cita -e inaplazable- para todos.

-Fuentes y vínculos-
(1) Sobre el gnosticismo en algunos aspectos de la obra de Maurits Corneliis ESCHER, véase Doctrine and Art
(2) Las momias de Palermo en la colección de Flickr
(3) La página de las catacumbas de Palermo
(4) Las momias de Palermo, en la página de excelentes fotografías de Cynthia Karalla.
(5) Varios tutubos de las catacumbas de Palermo enYoutube.
(6) Las catacumbas de los Capuchinos en Google Images
( 7) La camiseta serigrafiada con los curas momificados de Escher, en venta aquí.
(9) Más momias simpáticas, aquí.
8 comentarios to Ite, missa est
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“El amor sólo se da entre personas virtuosas” , Aristóteles |
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Una entrada que ya se hacia esperar, y un viaje que no se puede quedar en el tintero…Yo quiero ver esto y hacer unas cuantas de instantáneas.
Celebro que le haya gustado; siempre quisimos visitar este lugar, pero después de ver el vídeo casi se nos han quitado las ganas; creo que es la entrada más terrorífica que hemos colgado jamás. La música de Jocelyn (Joselín para los amigos) no deja tampoco indiferente y le va que ni pintada a las terribles imágenes. Así es la muerte, no hay vuelta de hoja.
En cuanto a las fotos,creo que la cosa está difícil, de ahí el aspecto clandestino del vídeo, que da más morbo aún a la cosa.
Los curas momificados de Gangi sí que han sido un pequeño hallazgo detrás del cual llevaba unos años; ha tenido que inventarse internet para dar con el testimonio fotográfico para comparar con el dibujo de Escher, gran entusiasta también del asunto del memento mori.
Espeluznante entrada tengo los vellos como escarpias. Bonito sito a visitar antes de espixarla. Un saludo maestro flegetanis
Amigo xarra, no me sorprende que le haya impactado; nosotros que nos creíamos acostumbrados a esto de las calaveras y los esqueletos, y que sabíamos del sitio, aún nos hemos quedado estupefactos después de ver el vídeo. A ver como superamos el efecto. Un abrazo, amigo. Y a vivir, que son dos días.
Precioso
Gracias, amigo. Aunque aún me acuerdo de su macabro envío sobre el hombre elefante, no vaya usted a creer.
Amigo Flegetanis, amigo Flegetanis.
Agradabilísima lectura para antes de ir a la cama, que es justamente lo que me dispongo a hacer.
El que no se convenza de lo que somos, allá él.
Amigo Asuranceturix, conociéndolo como lo conozco estoy seguro de que lo más lejos que ha leído es el segundo renglón. Vea usted el tutubo hombre, verá qué cosa más simpática.
Espero que nos leamos mañana.
[...] Ite, missa est. [...]