Viaje al centro de la Tierra
Tened por bien que dé noticias al mundo de lo que el Centro de la Tierra esconde
Virgilio, ENEIDA, l. VI
Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la tierra, como he llegado yo. Arne Saknussemm.
Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra
Declaro que la tierra está hueca y que es habitable en su interior; que está formada por un cierto número de esferas concéntricas, cada una dentro de las otras, y que está abierta en los polos doce o quince grados; emplearé mi vida si es necesario en defender esta verdad, y estoy dispuesto a explorar el interior del globo, si el mundo quiere apoyarme y brindarme ayuda en el intento.
John C. Symmes (1780-1829) La Teoría de la Tierra Hueca
El capitán Symmes, autor de las líneas precedentes, fue un hombre de gran sencillez ; de espíritu elevado, honorable y honesto. Un hombre ejemplar en cada aspecto de su vida, venerado y respetado por todos cuantos le conocían. Tan firmemente grabada en su mente estaba la creencia en esta teoría que durante diez años, a pesar de trabajar en condiciones económicas difíciles y verse sometido a la burla y el ridículo de todo un mundo en su contra, perseveró en sus pesquisas hasta el punto de interesar a otros en el asunto, que buscaron comprobar la verdad de sus afirmaciones llevando a cabo una expedición al polo, que no alcanzaría sin embargo la ansiada meta.
FACILIS DESCENSUS AVERNI
El asunto del descenso al interior de la Tierra les ha sido puntualmente señalado en algunas notas sobre las expediciones al Artico, y en una breve semblanza sobre la vida y milagros del aventurero singular Nicolas Roërich. Abundamos sobre este affaire tan misterioso ahora que hemos conocido un sitio, llamado acertadamente Mundus Subterraneus , en el cual se nos presenta una bibliografía comentada muy completa de la literatura fundamental en torno al fascinante tema de la Tierra Hueca, los mundos subterráneos, las regiones más allá de los polos, Agartha y Samballah y otros misterios del mundo secreto intraterreno.

Un aspecto del supuesto agujero en el polo, acceso al inframundo
De todos los títulos recogidos, ninguno tan seminal y conocido como la obra de Jules Verne, Viaje al Centro de la Tierra (1828 – 1905); no se entiende una bibliografía sobre la Tierra Hueca sin citar esta popular novela, publicada por vez primera en 1864. El volumen ha conocido cientos de traduciones a otros idiomas y numerosísimas reediciones. La historia, recordémosla una vez más, narra las peripecias de un profesor y su discípulo, un sobrino del mismo (1) Axel, que recibe una verdadera iniciación, repitiendo el modelo de Dante y Virgilio en los Infiernos, que con la ayuda de un guía experto descienden al interior de la Tierra a través de un volcán en Islandia , lindando con las regiones polares. Allá se desarrollarán múltiples aventuras, incluyendo encuentros con animales prehistóricos, hasta que consiguen eventualmente acceder a la superficie de nuevo en el sur de Italia.

El mito de un inframundo habitado ha sido objeto de varias interpretaciones en el celuloide rancio. Fotograma de The Mole People
En realidad, el motivo del Viaje al Centro de la Tierra verniano es una prolongación, como ya apuntamos en alguno de nuestros breves artículos sobre la conquista del Polo, de su novela Las Aventuras del Capitán Hatteras, donde hallamos la misma historia con una combinación diferente de sus argumentos principales. Este gran poema subterráneo es la obra más fantástica de la saga de Julio Verne, y el más extremo de sus Viajes Extraordinarios, el único que puede sustraerse a la ecuación que toda la serie postula: imaginario igual a real, explicada por Verne de modo cauteloso al declarar que “todo lo que un hombre puede imaginar, otros hombres serán capaces de realizarlo”. Y así ha sucedido, con excepción de este Viaje al Centro de la Tierra. Hasta la fecha, nadie ha podido llevar a cabo tal viaje, aunque han sido numerosos los intentos de acometer semejante tarea, y hoy no se sabe mucho más del interior del globo que en la época de Verne. Al menos, fuera del terreno de las hipótesis.
Recordemos que el profesor Lidenbrock, principal protagonista de la novela de Verne, sigue las huellas de un alquimista, Arne Saknussem, remontando en su camino el pasado de la naturaleza, en un verdadero regreso a las fuentes. En esto también Viaje al Centro a la Tierra entronca con la tradición del descensus ad inferos, el descenso a los infiernos, en su vertiente de regresus ad uterum, la vuelta al seno de la Gran Madre Ctónica, paradigma de los ritos de paso; y es que la obra de Julio Verne reviste todos los elementos de un viaje iniciático, porque el pretexto de la aventura no ensombrece el núcleo verdadero de la historia, la del viaje de descubrimiento o la búsqueda individual en pos de la sabiduría, de la gnosis y, en el caso de Axel, otro de los protagonistas de la novela, de la conquista de la madurez intelectual y espiritual.
De este modo, mediante su conexión con la alquimia, se revela la verdadera naturaleza del relato de Verne como un auténtico descenso a los infiernos; un viaje de iniciación ritual. Según Simone Vierne, que ha consagrado un monumental estudio al carácter iniciático de la obra verniana (2), ésta tiene su raíz en la corriente de tradiciones esotéricas más arcaicas, como los misterios eleusinos, la queste griálica, el hermetismo y la masonería, por no hablar del ciclo de Gilgamesh y la eterna busca de la inmortalidad, así como el mito tibetano de Agartha y otras ciudades subterráneas. La constante presencia de los grandes temas míticos en la obra de Jules Verne incitan a algunos autores a ver en ella una mitología bien estructurada, una planificada y consciente revisión de ritos esotéricos, o bien una recreación en filigrana de los mitos escogidos por las grandes obras literarias (3)

En el interior de la Tierra suelen habitar criaturas antediluvianas; no en vano se considera el mito como un trasunto del Paraíso Perdido
Si puede ponerse en tela de juicio que todas las obras de Jules Verne participen de este carácter iniciático, no cabe dudarlo en lo que se refiere particularmente al Viaja al Centro de la Tierra, de simbolismo tan evidente y tan turbador el cortejo de elementos rituales y esotéricos que aparecen en esta obra. En este sentido, merece la pena recordar que el ritual de toda ceremonia de iniciación comporta tres secuencias fundamentales: la preparación del candidato –que tiene lugar a menudo en el antro, caverna o recinto sagrado– , el viaje, símbolo de muerte, tránsito o metamorfosis, y el renacimiento, resurreción o salida del antro iniciático. En la novela de Verne, el comienzo del viaje está marcado por la aparición de un documento secreto, en forma de criptograma, escrito en carácteres rúnicos, esto es, sagrados –se atribuyen al mismísmo Odín– y transrito en latín por un alquimista, Arne Saknussem, cuyas obras habían sido destruídas al considerarlas heréticas. Este manuscrito investido de propiedades misteriosas y esotéricas equivale a una revelación que definitivamente marca el camino y señala el comienzo de la empresa iniciática. El hecho de que la ciencia de Lidenbrock, el científico, se revele impotente para descifrar el criptograma, y que sea el cándido Axel quien lo haga por azar o intuición, manifiestan que éste ha sido elegido por su inocencia (como en el célebre caso de Galaad en la queste griálica) para conquistar la cima.
(El manuscrito en caracteres rúnicos que contiene la clave del acceso al Inframundo en la novela de Verne)
Prosiguiendo con la lectura en clave simbólica de la obra de Verne, podría añadirse que el destino del viaje es el centro de la tierra, el punto supremo, imagen del Centro primordial, lugar sagrado por excelencia, inaccesible al profano. Y del mismo modo, el umbral o paso de entrada se halla en un volcán, puerta del infierno, en algún remoto lugar de Islandia, región que participa del simbolismo polar, una vez más asociado a la imagen del Paraíso o Axis mundi. En la novela, este acceso al inframundo debe cumplirse en una fecha determinada, la del solsticio de verano, cuya significación en determinados rituales de la masonería y en el contexto de los misterios de la antigüedad hemos puesto de manifiesto en diversas ocasiones. Finalmente, el juramento del silencio es impuesto al neófito, como establecen los cánones de la inciación, especialmente en el caso de algunas religiones mistéricas y en la francmasonería. Basten las pequeñas notas aquí apuntadas para poner de relieve el componente esotérico del Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, cuya vertiente simbólica admite una lectura de mayor profundidad a nivel iniciático que quizá podramos retomar en otra ocasión.
(Cubiertas de The Hollow Earth y La Diosa de Atvatabar, dos obras clásicas en torno al motivo de la Tierra Hueca)
Aunque la inmortal novela de Verne es la más popular de las ficciones en torno al motivo de la Tierra Hueca, existen antecedentes a esta teoría y a su uso en la ficción, como la obra El viaje al inframundo de Niels Klim, de 1741, Nicolai Klimii iter subterraneum (Niels Klim’s Journey Underground), dek escritor danés Ludwig Holberg (1684 – 1754) quien aprovechó con fines fantásticos por vez primera la teoría del astrónomo Edmond Halley (quien dió su nombre al célebre cometa) de la estructura de la Tierra y otros planetas como una serie de esferas concéntricas, en torno a un pequeño sol central, con aberturas en sus polos, tesis que el científico presentó en el curso de una lectura sobre magnetismo y publicada por la Royal Society en 1692. (4)
La estela de la novela de Verne fue seguida por una serie de obras que abundarían en detalles sobre el asunto de la Tierra Hueca. Entre ellas, destaca por su carácter seminal un exitoso libro titulado Etidorpha, de John Uri Lloyd, que aún puede ser hallado en la red, que conocería también varias reediciones. Esta edición concreta que mostramos destaca poderosamene por los símbolos de apariencia egipcia de su cubierta, y difiere de las anteriores en que comprende capítulos adicionales que no fueron incluídos entonces. (4)

Ilustración de la novela Etidorpha
Etidorpha, publicada por primera vez en 1895, es una de las más famosas y enigmáticas obritas sobre la Tierra Hueca; incluso Howard Philips Lovecraft la leyó, y notaría que el título es un anagrama de Aphrodita (5). Magníficamente ilustrada por J. Augustus Knapp, este libro fue tan bien acogido que rápidamente se tradujo a varios idiomas, entre ellos el sueco y el alemán, y aún hoy está en imprenta. Su autor, John Uri Lloyd, un farmaceútico, escribió también otras novelas. A propósito de esta oscura Etidorpha se han sugerido igualmente conexiones con el mormonismo y la masonería; su propio autor diría sobre su creación que “Etidorpha no es una simple ficción; la misión de este libro está oculta para la mayoría de sus lectores (…)”
La doctrina concerniente a un globo terráqueo hueco en cuyo interior vivirían los humanos permeó en ciertos sectores de la sociedad alemana a través del piloto de guerra Peter Bender, quien, según se dice, mientras convalecía como prisionero en un hospital de sangre durante la Primera Guerra Mundial, cayó en sus manos un ejemplar de The Flaming Sword, la revista de Koresh, padre de la teoría de la Tierra Hueca. Bender encontraría a Johannes Lang, también interesado en el tema, y ambos visitaron a Karl Neupert entre 1925 y 1928. Mientras este último daba a la imprenta su Geokosmos, Lang publicaría varios opúsculos con su versión de la doctrina del Mundo intraterreno, ayudando a su difusión en Alemania, comenzando en 1935 con The New World View, que volvería a ser editado en varias ocasiones hasta los años sesenta. Johannes Lang, que moriría en 1967, conoció a su vez a U.G. Morrow, un estrecho colaborador de Koresh. Lang también fundaría la Sociedad para la Búsqueda del Mundo Terreno (Gesellschaft für Erd-Weltforschung) que mantuvo su actividad hasta 1975.
(Otras dos obras vetustas y fundamentales en la bibliografía de la Tierra Hueca: El Sello Divino y el Dios Humeante)
Lo que quiera que sea que los alemanes de la época pensaron de todo aquello, se ha perdido desafortunadamente en las brumas del tiempo, así como la motivación del autor Walter Brenner-Kuckenberg para escribir y publicar su panfleto Leben Wir Auf Oder In Der Erde? Die Hohlwelt-theorie (¿Vivimos en el interior de la tierra? La Teoría de la Tierra Hueca) en 1949. Después de todo, esto sucedería apenas cuatro años tras la desvastadora guerra que destruyó a la Alemania Nazi y a medio mundo, transformándolo en una gigantesca escombrera, reduciendo ciudades enteras a cenizas y limitando la vida humana a la meras supervivencia diaria tras cinco años de amargura. Podríamos pensar que había muchas cosas de las que preocuparse, aunque quizá este género de temas cercano a la ficción servía de evasión a una desesperada población que vivía en tan calamitosas circunstancias; la cuestión es que, como muestran diversos estudios, la publicación de este tipo de publicaciónes esotéricas raramente se han visto detenidas por asuntos tan mundanos como una guerra mundial. Especialmente en Alemania, donde la doctrina de la Tierra Hueca formulada por Koresh fue recogida durante la Primera Guerra y perpetuó su influencia hasta 1960.
Entre los más inusuales libros del mito de la Tierra Hueca destaca The Smoky God, o Un viaje al inframundo, escrito por Willis George Emerson (1856-18918), donde unos pescadores noruegos, encabezados por Olaf Jansen, son conducidos accidentalmente más allá de las regiones boreales por una tormenta. Entonces entran en un desconocido mundo interior cuya estructura recuerda la teoría de las esferas concéntricas del Capitán Symmes. Allí los expedicionarios encontrarán una avanzada raza de giagantes que han desarrollado una poderosa civilización que usa la energía del núcleo solar, al que llaman El Dios Humeante. Al final del relato, Jansen, el pescador, regresa a la superficie terrestre y, años más tarde, en su lecho de muerte, entrega el manuscrito de su historia a Emerson, quien lo publica, procurando así el marchamo de autenticidad a tan increíble experiencia.
Algo más tarde, hacia 1820 verá la luz otra peculiar obra sobre el Mundo subterráneo, llamada Symzonia, o Un Viaje de Descubrimiento (Symzonia, A Voyage of Discovery ) (6) cuya autoría y fecha de publicación exacta no están muy claras. El autor se oculta bajo el nomme de plume Capitán Adam Seaborn. Symzonia describe un viaje al interior de la tierra hueca, basándose largamente en ideas de John Cleves Symmes, para descubir no sólo tierras fértiles, sino también a sus pobladores humanoides. Algunos mantienen que el autor de este libro es el mismo Symmes, pero hay quienes sostienen lo contrario aduciendo que la calidad literaria del Symzonia sobrepasa la capacidad de Symmes.
Frederick Culmer (1822 – 1892) fue un autor mormón que publicaría El Mundo Interior: Una nueva teoría, en 1886. Sus ideas a propósito de una tierra hueca habitada tienen varias fuentes de inspiración, que van desde sus propias ideas sobre la estructura de las esferas huecas, hasta los argumentos de John C. Symmes sobre la estructura interna de la tierra. En el argumento de la obra se relaciona, por influencia del Libro de Mormón, la raza que habita el interior de la tierra con la tribu perdida de Israel.

Internet y Google Earth han despertado el mito de la Tierra Hueca de su viejo letargo: aquí, una de las supuestas entradas polares al inframundo
(Cubiertas de Etidorpha y Die Hohlwelt-theorie)
En 1892 el mito de la Tierra Hueca vuelve a enriquecerse con la aparición de La Diosa de Atvatabar, o la historia del descubrimiento del mundo interior(The Goddess of Atvatabar; being the history of the discovery of the interior world, and conquest of Atvatabar), de William Richard Bradshaw (1875-1927), quien concibe una ambiciosa novela alrededor de una raza perdida inspirada en la teoría de Symmes de las esferas concéntricas. En el libro, un grupo de exploradores navega a través del agujero del polo Sur, hasta encontar un vórtice en el mundo subterráneo –un recuerdo lejano de un Descenso al Maelstrom, del genial Edgar Poe– que les permite acceder al continente de Atvatabar, donde vive una civilización tecnológicamente superior a la humana. Esta novela es especialmente notable también por sus singulares y numerosas ilustraciones.
Los nativos pobladores del inframundo de Phosphor: an Ischian Mystery, escrita por Sherry J. Filmore, y publicada en Australia en 1888, son imaginados como criaturas antropoides prehistóricas que hablan en latín y tienen un brillo fosforescente. Esta novela ha sido considerada como la “historia australiana más grotesca jamás escrita“. En ella, un empobrecido joven, enterrado vivo tras ingerir veneno de serpiente para probar un antídoto de su propia invención, escapa a un reino subterráneo habitado por los extraños primates.
Otro autor, en este caso una mujer, Enma Louise Orcutt, perpetra el siguiente episodio en la nutrida lista de obras que fundamentan el mito de la Tierra Hueca, publicando un no menos extraño El Sello Divino (The Divine Seal ) en 1909. La historia es una mezcla de ocultismo con una fantasía sobre la raza perdida, ambientada en un futuro lejano donde son recuperados los antiguos vestigios de la Atlántida (presumiblemente una parte de un antiguo continente) que conducen a una expedición al Ártico en busca de Zallallah –fonéticamente cercaco a Shamballah– un pueblo aún más antiguo qu los primera raza aria.
En Thyra, una novela en el abismo polar Thyra, A Romance of the Polar Pit de Robert Ames Bennet, publicada en 1901, cuatro exploradores que viajan en globo se estrellan en una región inexplorada del Ártico. Allí para su sorpresa se encontrarán con una tierra cálida colonizada por criaturas fantásticas, desde dinosaurios a mamíferos prehistóricos, una raza de monos antropoides y un pueblo descendiente de los antiguos navegantes y guerreros vikingos que descubrieron este mundo en una época pretérita.
Ya en 1906 se publica El Fantasma de los Polos (The Phantom of the Poles) de William Reed , que presenta una colección de testimonios de exploradores polares sobre fenómenos extraños o inexplicados, desde vientos cálidos, depósitos de arena o polvo, rocas dentro de icebergs, vastas extensiones de tierra libres de hielo, zonas de agua dulce en pleno oceáno polar, y bizarras auroras boreales. Todo este material sustenta la imagen de las áreas polares como una antecámara de la Tierra Hueca.
La Tierra Hueca (Hollow Earth) es el contundente título que Franklin Titus Ives da a su obra sobre el tema publicada en 1904, que retoma una vez más la teoría de Symmes, por el que declara su admiración. El mismo año el mundo asiste a la presentación de otra obra relacionada, titulada El último descubirmiento del Señor Oseba (Mr. Oseba´s Last Discovery), y publicada en Nueva Zelanda en 1904 por Geroge W. Bell, que rubricaría este estraño libro que cuenta las experiencias de un habitante de un mundo subterráneo con entrada bajo el Polo Sur, deudor evidente de la teoría del capitán Symmes.
En Mundus Subterraneus podrán continuar, si lo desean, su particular viaje de descubrimiento a través de la fascinante, abundosa y desconcertante literatura en torno al mito –hasta hoy– de la Tierra Hueca y sus complejos entresijos, que bien merecen una reflexiva y atenta revisión por parte del lector inquieto.
-Fuentes y vínculos-
(1) De modo que los Viajes al centro de la tierra constituyen una forma particular de los “Viajes con mi tía”, esto es, el “viaje con mi tío” –en realidad, una forma menor y menos avanzada de esta genial disciplina aventurera.
(2) Vierne Simone, Jules Verne et le roman initiatique, Editions du Sirac, Paris, 1973
(3) Lamy, Michel, Jules Verne, initié et initiateur, Paris, VVEE.
(4) Textos traducidos libremente a partir der Theo Paijmans, Mundus Subterraneus
(5) O también Venus, cuya significación está más próxima al simbolismo de la vertiente más oscura del mito de la Tierra Hueca, como dominio del Phosphoros, Lucifer o Rex Mundi.
(6) Pueden acceder a Symzonia, la obra completa en esta dirección http://olivercowdery.com/texts/1818symm.htm#item2
(7) El texto completo de Etidorpha, en su versión original con ilustraciones.
(8) Más sobre la tierra hueca, aquí.
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[...] aquí. Publicado: 18.08.2010 Tags: cartografías, miscelánea Deja un comentario nombre: [...]
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