Archivo de abril 29th, 2010

El largo camino a Shamballah

 

Nicholas Roërich, la Ruta a Shamballah, 1933.© Museum Roerich, New York

Apenas ha comenzado nuestra aventura polar y nuestros primeros pasos ya nos ha llevado muy lejos, hasta remotos paisajes plenos de fenomenales misterios. De la mano de Edgar Allan Poe y Julio Verne hemos llegado hasta la puerta misma de un reino subterráneo, donde adivinamos entre la bruma el perfil diamantino de  Agharta y Shamballah, las enigmáticas regiones del mundo intraterreno, en el que nos adentramos en esta ocasión guiados por Nicholas Roerich.

El sueño de Roerich, convertido en empresa y aventura personal, se gestaría – como casi todos los grandes sueños y propósitos- en la infancia. Cuando aún era un niño de nueve años, un amigo arqueólogo llevó al joven  Roerich consigo mientras realizaba unas  exploraciones en la región, excavando los túmulos locales. Esta aventura supuso una revelación para Roerich: el encuentro fascinante con  los misterios de las eras olvidadas, rescatados con sus propias manos, despertó un interés en la arqueología que habría de durarle el resto de su vida. Mediante otros contactos desarrolló interés por coleccionar su propio Wunderkamern:  artefactos prehistóricos, monedas, y minerales, y construyó su propio vivero para el estudio de plantas y árboles (…)

Roerich (Nikolai Rerikh, en ruso) generalmente conocido como pintor, dejó un legado de cerca de 7000 obras, siendo su faceta más popular la de decorador y diseñador de vestuarios para compositores de la talla de Serguei Diaguilev ,Mussorgsky, Rimsky-Korsakov, Borodin o Wagner. Pero a nosotros nos interesa profundamente y sobre todo  porque fue  un infatigable viajero y un aventurero de temple heroico  embarcado en una búsqueda espiritual sin par.

También fue un filósofo, arqueólogo, escritor y lider cultural de su tiempo. Estuvo involucrado en la construcción del primer templo budista en Rusia, en San Petersburgo. También se interesó profundamente por la cultura y la religión oriental, especialmente a través del tamiz teosófico, junto con otros entusiastas de la Teosofía como Mondrian, Kandisnky y, en realidad, cientos de pintores y artistas de comienzos del siglo XX. Esta curiosidad por la espiritualidad fue la guiaría los pasos de Roerich  hacia Shamballah.

La sagrada primavera, decorado para un ballet de Stravinsky, 1930 © Museum Roerich, New York

Motivado por su interés en la obra de Madame Helena Petrovna Blavatsky, traduciría por primera vez al ruso su Doctrina Secreta. Influenciado vivamente por la lectura de esta y otras obras teosóficas,  Roerich y su esposa se encaminarían hacia India; para finales de diciembre de 1923 ya estaban en Sikkim, en la ladera sur de los Himalayas, y es evidente por la rapidez con que llegaron a las montañas que los Himalayas era lo que realmente les interesaba. Allí comenzarían un viaje de exploración que los llevaría hasta el Turquestán chino, Altai, Mongolia y Tibet. Fue una expedición por regiones inexploradas, donde planeaban estudiar las costumbres religiosas de sus habitantes.

Sin embargo algunos sostienen que fue otro el motivo que llevaría al intrépido Roerich hasta el Tibet,  que en realidad iba  en busca nada menos que de la mítica Shamballah o Agharti, ese reino misterioso del que diría Ferndinand Ossendowski, en su Voyage en Assie, que se oculta en el interior de la tierra, pero tiene accesos distribuidos en el mundo entero; que allí no existen el crimen ni el mal; que existen una serie de ciudades que rodean el lugar central, y que allí mora el Rey del Mundo o Brahmatma, que dirige desde su trono en lo invisible el curso de la historia.

Tibet. Himalayas. Nicholas Roerich, 1933.© Museum Roerich, New York

La mirada sobre los Himalayas. 1925 © Copyright by Frank Perry 2004

Blanco y Celestial, Nicholas Roerich, 1924 © Museum Roerich, New York

Estrella de la Mañana (Lucifer) Nicholas Roerich, 1932. © Museum Roerich, New York

A pesar de los obstáculos, doquiera que fueron, la creencia de los Roerich en el bien esencial de la vida y en la espiritualidad del hombre se reforzaba. La serie de pinturas titulada Estandartes de Oriente de Roerich, compuesta de diecinueve cuadros representando los maestros religiosos del mundo, testimonia su búsqueda sincera de lo Eterno. Es en este conjunto de pinturas ejecutados en las laderas de los Himalayas donde podemos encontar bien patentes su distinción espiritual y el sentido visionario y heróico que rigió  su existencia. En estos cuadros, de gran efecto dramático, se percibe la urgencia del viaje, la imperiosidad de un mensaje a enviar, de una misión que realizar, de un camino por recorrer.

Más tarde Roerich escribiría sobre esta primera expedición en su libro El Corazón de Asia, creando para el lector un relato palpitante y sincero de las maravillas de la región y sus gentes.

Himalayas, 1933. Nicholas Roerich.© Museum Roerich, New York

La Montaña de los cinco tesoros, de la Serie Montañas Sagradas. 1933© Museum Roerich, New York

 Cuando Nicholas Roerich recorría el Tibet y Mongolia constantemente oía voces entre los monjes budistas clamando “Este es el tiempo de Shambhala“; según los monjes, el Rey del Mundo vendría al mundo desde su reino en Shambhala con un gigantesco ejército para borrar el mal de la faz de la tierra, antes de erigirse a sí mismo como el eterno gobernante del planeta.

Nicholas Roerich sabía que  Shambhala se consideraba el puente entre la Tierra y el Cielo y que se extendía a lo largo y ancho de un valle secreto en algún lugar en las profundidades de los Himalayas. Allí los grandes maestros, los Mahatmas de todas las eras, tenían su real residencia, y allí guardaban sus antiguos misterios hasta que llegase el día en que Rigden Djapo, el legedario gobernante de Shambhala, reuniese a su ejército invencible para liderarlos en la última batalla contra las fuerzas del mal. Aniquilado el enemigo, llegaría  la era de Shambhala , donde la paz, la belleza y la verdad prevalecerían por siempre.

La estrella del Héroe. 1932© Museum Roerich, New York

Enfrentado al Mahakala, 19255 © Copyright by Frank Perry 2004

 

(Nicholas Roerich, Incendiando las tinieblas) © Museum Roerich, New York

El mandato de Ridgen Djapo, 1933 © Museum Roerich, New York

Nicholas Roerich, el tesoro del mundo (Chintamani) 1932 Roerich Museum, New York.

Guardián del Cáliz, Mongolia, 1935 © Museum Roerich, New York

Nicholas Roerich, prodigioso viajero, sentado en un camello, el primero a la derecha.  Enero de 1925 en Port Said, Egipto.

 

Nicholas Roerich, 1945. Imagen  Roerich Museum. Un autorretrato del propio Roerich. © Museum Roerich, New York

-Fuentes y vínculos-

(1) Todas las imágenes ©  Museo de Nicholas Roerich  en New York, un importante centro para la exposición de la obra de Nicholas Roerich.

(2) EL Museo de Nicholas Roerich, en español

(2) Nicholas Roerich and the Chintamani Stone

(3) Fragmentos tomados de- The Life and Art of a Russian Masterby Jacqueline Decter and the Nicholas Roerich Museum

(4) Nicholas Roerich, enviado de Shamballah,en Crónica subterránea

(5) Breve biogrfía de Nicholas Roerich http://www.roerich.org/sp/NicholasRoerich_sp.html

(6) Shamballah resplandece, el Viaje a Asia de Nicholas Roerich contado por él mismo.

Memento Hichtcock

Hoy que se cumplen treinta años de la muerte de uno de los grandes genios del cine, el director Alfred Hitchcock, es un momento propicio para revisar alguna de las joyas de su filmografía, o repetir por enésima vez–¿por qué no? alguna de las que ya hemos visto.  Seguro que todos nos reconocemos profundos admiradores de su obra, de su lenguaje visual inimitable, su pasmosa habilidad para el ritmo narrativo y el suspense; seguro también que hemos jugado alguna vez a cazarle en una de sus fugaces y esperadísimas apariciones en las secuencias más insospechadas de sus propias películas. ¿Quién no recuerda siquiera una de sus inolvidables escenas?  Pero…¿qué sabemos realmente de su cine?

Afortunadamente, para quienes gustamos del séptimo arte, eso tiene solución. El disfrute a la hora de abordar la obra de Hitchcock es doble desde el momento en que podemos contar con la inestimable ayuda de otro gran maestro, François Truffaut, quien se declararía entusiasta de su cine, al que consagraría un libro, EL CINE SEGÚN HITCHCOCK, imprescindible para todo buen aficionado, en el que plasma el contenido de unas sesiones de larga conversación  entre ambos, donde el director francés cuestiona al genio londinense más de quinientas preguntas sobre el lenguaje cinematográfico, anécdotas de rodaje, técnicas sobre el guión, o aspectos particulares de su  filmografía. La elección del repertorio de preguntas, digna de un maestro del cine como Truffaut, es insuperable y logra su objetivo: exponer la alquimia de la obra de Hitchcock, desvelar sus trucos, descubrir  las maravillas de su legado cinematográfico.

El contenido de las conversaciones originales entre Hitchcok y Truffaut, aquí, tal y como fueron transcritas para componer El Cine según Hitchcock, este baluarte de la bibliografía sobre el cine del que hablamos; aunque la calidad del audio es aceptable, se necesita cierto dominio del inglés para poder sacarles partido;a pesar de ello, bien merecen una escucha atenta. Si su nivel de idiomas  es como el nuestro, les recomendamos que se hagan con un ejemplar del libro.  Y si no les gusta leer, cosa que lamentamos, podrían hacerse con esta camiseta que los chicos de Pampling ponen a su disposición.

Camisetas A. Hitchcock Presents

Camisetas de Hitchcock, en Pampling

 El cine según Hitchcock

 

François Truffaut: El cine según Hitchcock (Reseña)

Más libros imprescindibles sobre cine, aquí.

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