Archivo de abril 19th, 2010

Historia de la sincera bebida blanca

      

         

 (Algunos de los drugos de Viajes con mi tía en plena degustación del brebaje de los dioses)         

 Se ha estipulado sobremanera sobre la naturaleza de este Soma o “Elixir de la Vida”, también conocido como Elixir de Inmortalidad, Agua de los Campeones o Aab-e-Hayaat , equiparado por algunos  a la Piedra Filosofal. Se trataría siempre de un bebedizo legendario, poción mágica o untuoso licor, que garantiza al bebedor eterna juventud, vida eterna o invulnerabilidad y, a menudo, el acceso inmediato a la gnosis o revelación reservada a los dioses. Nos refieren diversas tradiciones herméticas que muchos alquimistas buscaron con ahínco este elixir, y también es en en algunos casos el objeto de la búsqueda del héroe, confudiéndose a menudo con la meta final de su viaje: recordemos los mitos de Gilgamesh, la Queste del Graal, éste último sagrado recipiente de la bebida de inmortalidad. De este Graal se ha dicho también, como del propio Elixir, que era capaz no sólo de conservar la vida, sino de crearla; así se ha relacionado con los mitos de Enoch, Thoth, y Hermes Trismegisto, de los cuales se cuenta en diferentes historias que ingirieron el “oro líquido” logrando de este modo la inmortalidad.           

 A menudo este alimento de los dioses reviste en los relatos míticos la forma de un fruto o una planta. En su forma más conocida aparece en el Génesis (3,6) donde se habla de un árbol tabú de cuyo fruto no puede comerse, so pena de un gran castigo.  A pesar de la prohibición, «Eva tomó su fruto y comió, haciendo también partícipe a Adán. Abriéronse entonces los ojos de ambos.»           

      

 (Eva junto a la planta del fruto prohibido, con los rasgos de una amanita muscaria, en una pintura mural románica)      

  Uno de los enigmas clave de la historia de la cultura podría radicar en la identidad de esta planta, fruto  o raíz sagrada vinculada estrechamente a las ideas de inmortalidad y experiencia de lo divino o sagrado. Llamada Soma en los himnos del Rig Veda, pero conocida universalmente –como veremos–  bajo otras denominaciones, como el Haoma persa, el Amrita hindú, la ambrosía y el néctar griegos o la hidromiel de las culturas escandinavas. Se han establecido identificaciones de todo tipo, pero quizá la más llamativa es la que pretende la tesis del Doctor Robert Gordon Wasson (1) que presenta el Soma como una seta alucinógena, concretamente la Amanita Muscaria, que hasta tiempos recientes era el centro de los ritos chamánicos en Siberia y los Urales .     

      

(La amanita muscaria y el Santo gria, tête a tête -o más bien, tête au cul)     

Dentro del chamanismo siberiano se usa la Amanita muscaria de la misma manera en que algunos brujos sudamericanos utilizan el hongo teonanacatl (término azteca que significa “carne de los dioses”). Tanto en un caso como en el otro, el objetivo es claro: ponerse en contacto con realidades invisibles, con los espirutus de los muertos y con los dioses. (2)     

      

(Deméter y Ceres, centro de la adoración de los iniciados en los misterios eleusinos; a la derecha, la espiga de centeno con cornezuelo. Imagen drplanta.com) 

La presencia de este licor o brebaje de inmortalidad en los antiguos misterios nos proporciona una clave para su identificación, o al menos eso plantea la tesis que Gordon Wasson ha establecido en varios de sus trabajos. En su obra El Camino a Eleusis, trata sobre los misterios iniciáticos celebrados en el templo de Eleusis, en la Grecia clásica, y también sobre la trama que condujo a relacionarlos con el uso de enteógenos como el vehículo para alcanzar los estados extáticos y las experiencias visionarias que en ese emplazamiento se producían, y que eran el corazón mismo de dichos misterios. (3)      

De modo que el kykeon, la bebida que ritualmente era ingerida durante la celebración de los misterios eleusinos,  equivalente de nuestro Soma, estaría compuesta, según la tesis expuesta en el libro de Wasson, por sustancias derivadas de la Claviceps purpurea y -en menor medida-otros hongos del tipo  psilocybe. El co-autor del libro, A. Hofmann (descubridor del LSD), propone la hipótesis de los alcaloides del Cornezuelo del centeno, como embriagantes religiosos usados en los misterios.  (2)  Hace ya tiempo que se ha sospechado que esta bebida contenía una droga responsable de las visiones, pero su identificación resultaba muy problemática. Incluso desde el análisis filológico se ha señalado la evidencia del kykeon como una droga psicoactiva (9) Ya se había señalado que probablemente este líquido poseía  propiedades psicoactivas capaces de producir una experiencia homogénea en los que recibían la iniciación; tales propiedades residirían, según este autor, en uno de sus ingredientes (…)      

       

(Escena de  los misterios eleusinos,  alrededor de la muerte y la resurrección de las espigas)  Imagen Womanhistory.com 

Esta tesis dista de ser nueva, no obstante, porque ya Plinio el Viejo (s. I. d.C) llama a los hongos deorum cibus (“manjar de los dioses” ), una denominación parecida a la que le dan los griegos. Tal denominación podría corresponder al jugo del hongo Amanita muscaria, consumido en los festivales dionisíacos. El que su uso sólo estuviese reservado a los dioses –el sempiterno solis sacerdotibus– llenó de suspicacia a más de uno. ¿Qué poderosa sustancia contenían estas bebidas para que fueran tan sagradas y estuviesen vedadas al resto de los mortales?  (3)       

     

(Cristo es una seta, en el libro de Allegro; la amanita es la puerta a la eternidad, en la obrita de Puharich)     

Otros factores que ayudan a la identificación del hongo alucinógeno con, al menos, uno de los componentes de nuestra bebida de inmortalidad son, por ejemplo, el tabú alrededor del propio hongo: esta actitud reverencial o temerosa hacia  los hongos y, en concreto, hacia la Amanita muscaria, se presta a que se examine con atención, y más si se tiene en cuenta que la antigüedad se ha considerado “la comida de los dioses” , tal como se puede ver en los Himnos Védicos, en la mitología celta y en la griega.(3)      

También se hallan diversos paralelismos formales entre las características del hongo y las descripciones que se ofrecen de la ambrosía o el néctar: no sólo el extracto acuoso de la Amanita muscaria seca sabe dulce, tal como se dice del sabor de los manjares de los dioses; también tiene un característico color dorado o ambarino, como “oro líquido” (otra de las expresiones aplicadas a la bebida de inmortalidad, que algunos querido identificar con la miel, usada profusamente en algunos ritos mitraicos). En el proceso de “fermentación” para obtener a partir de la Amanita muscaria este “licor de inmortalidad” se opera una especie de “resurrección” , tal y como se menciona a propósito del Elixir de vida alquímico. (3)     

        

EL LICOR DE LOS DIOSES EN LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA      

 Ha recibido también diferentes nombres en distintas culturas. Son el “nectar” y “ambrosia“, que en general designan la bebida y la comida de los dioses, y que guardan una estrecha relación con la muerte. “Homero a veces utiliza la forma ambrosía para designar un aceite o ungüento (…) con el que se puede ungir a los cadáveres para evitar su descomposición” (2)      

 Estas dos palabras no parecían distinguirse originalmente, aunque en los poemas homéricos, el néctar y la ambrosía son la bebida y la comida de los dioses, respectivamente. En general parece que la ambrosía es sólida y que el néctar es calificado como el vino, líquido, aunque este rasgo parece desdibujarse según las fuentes en que aparecen uno y otro, creándose cierta confusión en este sentido, llegándose a admitir en ocasiones que la ambrosía es perfectamente indistinguible del néctar y que parece ser también algún tipo de líquido.            

    

Imagen Asífueronlascosas.com 

 Como quiera que sea, la relación de estas sustancias con las ideas de inmortalidad y eterna juventud es indiscutible, y existen numerosos ejemplos en este sentido. Porfirio relaciona el néctar con la juventud, afirmando que esta bebida hace jóvenes a quienes la beben; Apolonio el Sofista arguye que los dioses, que disfrutan del néctar,  son siempre jóvenes. Eustacio comenta que quien come –o bebe– néctar y ambrosía se hace inmortal, y que si Odiseo (Ulises) hubiera aceptado el néctar y la ambrosía que le ofrecía la ninfa Calipso habría sido inmortal. …. Los casos de Ifigenía, Tántalo, Aristeo y Berénice son otros tantos ejemplos de cómo un mortal puede alcanzar la inmortalidad gracias a la ingestión del néctar y la ambrosía. (2)       

EL SOMA O BEBIDA DE INMORTALIDAD EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO       

 Su aparición en la literatura, especialmente en la ciencia ficción contemporánea, es un asunto que merece mención aparte. Todos recordamos el Soma que ingieren los ciudadanos del mundo futuro en Brave New World (Un mundo feliz) de Aldous Huxley, donde el líquido era usado con fines alienantes por un gobierno totalitario –como algunas de nuestras modernas drogas–, pero este mismo autor, en otra de sus libros, se cuestiona  sobre la naturaleza del verdadero soma, identificándolo con la Asclepia ácida, gracias a la cual afirmaba que se podía entrar en relación directa con la supuesta divinidad.  Más recientemente, el soma asomará en las creaciones febriles de Philip K.Dick. El soma es multiforme, pero no nos engaña: el Moloko Vellocet en la Naranja Mecánica, de Nabokov, o las píldoras rojas y azules de The Matrix parecen ser algunas de sus últimas manifestaciones. Pero aún habrá otras.       

     

(Se abrirán vuestros ojos, y seréis como dioses; el equívoco discurso de la serpiente en torno al fruto de la inmortalidad)      

000000milkbar.jpg Moloko Vellocet image by Rev_Mardi     

(El antro del Moloko vellocet en la Naranja Mecánica de Kubrick)     

Soma es, en la novela de Huxley, la droga con la que una alienada población cura sus penas y sufrimiento de una forma aséptica, sin el lastre de la mala conciencia  ni el remordimiento que procuran,como efectos secundarios no deseables, los derivados opiáceos de la religión. Dice el autor de Un mundo feliz:  “Si por desgracia se abriera alguna rendija de tiempo en la sólida sustancia de sus distracciones –del pueblo– , siempre queda el soma: medio gramo para una hora de asueto, un gramo para fin de semana, dos gramos para viaje al bello Oriente , tres para una oscura eternidad en la luna”    

Tras su publicación en 1960,  las drogas iban a ser efectivamente, moneda corriente entre la población más joven. ¿Hemos de ver en esto, una vez más, una sombra anticipada de acontecimientos venideros? ¿Una feliz coincidencia? ¿O quizá conviene ver aquí algo más?   ¿Estaba gente como Huxley y otras mentes privilegiadas detrás del fenómeno de la “contracultura “del LSD en los años 60? ¿Son ciertos los rumores sobre  los oscuros manejos del Instituto Tavistock en relación con la llamada “revolución de los estudiantes”? (  ) La pléyade de individuos involucrados directamente en la gestación de la Revolución de las flores y otros fenómenos próximos nos proporciona una pista sobre el siniestro propósito de estas maquinaciones a gran escala:  Timothy Leary, el ubicuo y enigmático Ron L. Hubbard (fundador de la cienciología y seguidor de Crowley),Ken Kessey (autor de la célebre alguien voló sobre el nido del cuco) y sus secuaces del autobús, el movimiento pacifista, los hippies, el misticismo psiquedélico, woodstock… y todo lo demás. Antonio Escohotado, en su admirable Historia de las Drogas, explica magistralmente este episodio y desentraña sus turbios entresijos.  Una vez más, la realidad supera la ficción.   

    

(El hongo alucinógeno, actualización new-age del fruto prohibido, sobre la cruz caduca del cristianismo. Ilustración del libro de J. Allegro)   

Finalmente, para nosotros, este intrincado y complejo asunto del manjar de los dioses y su promesa de conocimiento y experiencia de la divinidad, aun sin dejar de interesarnos profundamente y atraer nuestra curiosidad, nos recuerda  sospechosamente el episodio de aquel discurso edénico que desde que se pronunció por vez primera ha traído al mundo de cabeza, y que la nueva secta neógnóstica del New Age se afanará por presentar como la revelación única hasta el fin de los tiempos. Por sus frutos -emponzoñados- los conoceréis. A ustedes compete continuar el estudio y decidir por sí mismos.   

   

-Fuentes y vínculos–    

(1) R. Gordon Wasson, Soma, the divine mushroom of inmortality     

 (3) Robert Gordon Wasson, El camino a Eleusis o la solución al enigma de los misterios.      

 (2) Manjares de los Dioses      

(4)Muñoz Lamosas, Virginia: Néctar y ambrosía: atravesar la muerte, Universidad de Oviedo, un estudio sobre arduas consideraciones etimológicas y uso de los términos néctar y ambosía en la literatura griega.       

  (5) The Ambrosia Society. The forbidden Fruit.  http://www.ambrosiasociety.org/ambrosia__nectar.html           

(6)The sacred mushroom and Atlantis, Jake Kotze         

(7) El soma y otras sustancias en la literatura de ficción   

(9) Pharmaka y enteógena: las drogas sagradas de la antigüedad, Carlos G. Wagner.     

(10) Los secretos psicodélicos de Santa Claus, aquí.   

(11) El instituto Tavistock y el uso del LSD con fines políticos y de ingeniería social , aquí.  

 

Lunes, abril 19th, 2010 GENERALIS, MISTERIOS DE SÍBARIS 1 comentario

Larga exposición

 

Long Exposure Pictures

© Laura  Dyszynski

 Long Exposure Pictures

© Paul Corica

Long Exposure Pictures

© David Herreman

Estos instantes perfectos que nos ofrecen las fotografías que mostramos pertenecen a una serie de treinta capturas de larga exposición que hemos encontrado en Abducted by Design. Vean el resto de la serie, si gustan.

La infinitud de lo pequeño

 

El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man) dirigida por  Jack Arnold para la Universal en 1957, es un ejemplo magistral de buen cine llevado a cabo con escasos medios, una de las marcas de la casa del genial Arnold, que  este modo consiguió ejecutar auténticas obras maestras del cine fantástico.  El año pasado, la memorable cinta fue seleccionada por la Biblioteca del Congreso de EEUU para formar parte del National Film Registry por considerarse significativamente un interés “cultural, histórica y estéticamente” digno de ser conservado y legado a las generaciones futuras. Ni qué decir tiene que estamos totalmente de acuerdo.

Esta  película es tan grande como los gigantescos problemas a los que se enfrenta el protagonista de la misma, un hombre pequeño, Scott Carey (Grant Williams) que durante sus apacibles vacaciones de verano, mientras descansa sobre la cubierta de un barco, es sometido al efecto nocivo de una nube radiactiva y, como consecuencia de este fatídico incidente, sufre una rara enfermedad que reduce su tamaño paulatinamente. Después de diversas pruebas médicas sin éxito, el proceso resulta irreversible, y el hombre menguante tiene que vérselas con innúmeras situaciones de peligros paradójicamente crecientes, hasta su lucha final con una araña de dimensiones ciclópeas con la que combate denodadamente con un alfiler en una de las escenas más escalofriantes e inolvidables del cine fantástico. 

(Secuencias del Increíble hombre menguante. Image Vintagestills.com)

File:Incredibleshrinkingman3.jpg

Tras combatir al monstruo, el protagonista acepta por fin su trágico destino y asume su nueva condición, en una de las secuencias de mayor impacto de la cinta, de un tono metafísico o místico, el momento en que, mirando al inmenso cielo estrellado nocturno, comprende la inversa infinitud de lo pequeño y resuelve emprender su nuevo camino hacia ese nuevo mundo de lo minúsculo que se abre ante sí, pleno de misterios como el universo mismo. 

En definitiva, una joya del celuloide rancio que les sugerimos vean alguna vez, si no lo hicieron en su momento; el trabajo de cámara y los efectos especiales, quizá inocentes en nuestros días, pero que en su época fueron todo un logro, y el ritmo de la historia hacen de esta imaginativa película un espectáculo realmente digno de mención.

 (Una escena de la pelicula)

(1) Artículo de wikipedia sobre El Increíble Hombre Menguante , con más detalles sobre esta gran película

(2) El increíble hombre menguante, en un artículo de Inspector Dan

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