Archivo de abril 14th, 2010

El bueno, el feo y el malo

   

Los tripulantes de esta nave de los locos compartimos nuestra pasión por el cine lustroso y la buena música de películas; sin embargo, hay un género que se nos atragantaba ligeramente:  el cine del Oeste. Pensábamos que el principal asunto de la mayor parte del western clásico, eso de llevar las vacas de un lado para otro, no daba mucho juego; a nadie –que nosotros sepamos– se le ha ocurrido hacer una película sobre los bueyes de Gerión o, pongamos por caso, el niño yuntero –que cantara Miguel Hernández–. ésos bóvidos si que darían para alguna historia con enjundia. Pero hete aquí que llegaron los guardapolvos, el sudor y el barro al Oeste, de la mano inspìrada y diestra del gran Sergio Leone, a quien debemos la resurreción del género y nuestra reconciliación final con esta difícil mitología alrededor de la vaca, el desierto y sus misterios. Estos clásicos del ”Espaguetti Western” que queremos rememorar fugazmente hoy, además de contar con uno de nuestros actores y directores favoritos, Clint EastWood, y de promocionar la calidez y belleza de nuestra desértica Almeria, cuentan con la música fabulosa del genial Ennio Morricone.

 (Viajes con mi tía con el Espaguetti Western)

 

Música de la escena final de Per qualche dollaro in piu, de Sergio Leone. Órgano y trompeta sabiamente armonizados por Ennio Morricone.

 

(Por un puñado de Dólares, de Ennio Morricone, en una interpretación aseada, con su gamba correspondiente, seguida de cerca por nuestro Señor Jesucristo)

Miércoles, abril 14th, 2010 CELULOIDE RANCIO, MÚSICA RATONERA 4 comentarios

Cantos de sirena

 

(Sirena en un capitel . Imagen © Amigos del románico.com)

Tiempo ha prometimos una mención o tal vez un artículo sobre las enigmáticas sirenas, de terrible y hechizante canto, pues ésta es una figura que no podíamos obviar en nuestro largo periplo por las mitologías y los símbolos que jalonan la travesía del héroe, paradigma absoluto del viaje. Podríamos incluso atrevernos a erigir estos Cantos de Sirena como una nueva categoría de no escasa importancia, puesto que en ella daríamos cabida a todas esas metáforas – y no son pocas- de los obstáculos y funestas acechanzas que esperan al viajero o peregrino tratando de desviarlo de su destino. Toda literatura en torno a los viajes debe conceder un lugar de honor a este especial episodio de los peligros de la aventura, que forman parte indisoluble del camino mismo. El mito de la sirena viene a ser un compendio de estos peligros que, en el viaje de la vida, esperan al alma para servirles de tropezadero .

El simbolismo de la sirena es complejo. En primer lugar predomina una clara connotación negativa al hilo de lo que acabamos de exponer. La sirena  representa, entre otras cosas, esta atracción hacia la perdición, no en vano es una criatura que se vale del engaño para atraer a los navegantes a la costa y después devorarlos. En lenguaje coloquial, el dicho “oír cantos de sirena”, es sinónimo de embaucamiento.

John William Waterhouse, Ulises y las sirenas, 1891. © Artmagick.com

Creemos que su primera aparición tiene lugar en la Odisea, de Homero. Ulises se hace encadenar al mástil del barco para oír el canto de las sirenas costeras, después de ordenar a los tripulantes de su nave que no atiendan sus súplicas de desatarlo, si las hubiere. De este modo se presentan por vez primera este mito en la iconografía de un vaso griego: el héroe griego, encadenado al mástil del barco con tres sirenas a su alrededor.

Jorge Luis Borges, en su memorable obra sobre Zoología Fantástica, recoge este episodio de la Odisea que y  refiere que “las sirenas atraían y perdían a los navegantes y que Ulises, para oir su canto y no perecer, tapó con cera los oídos de los remeros y ordenó que lo sujetaran al mástil. Para tentarlo, las sirenas le ofrecieron el conocimiento de todas las cosas del mundo:

Nadie ha pasado por aquí en su negro bajel, sin haber escuchado de nuestra boca la voz dulce como el panal, y haberse regocijado con ella y haber proseguido más sabio… Porque sabemos todas las cosas: cuántos afanes padecieron los argivos y troyanos en la ancha Tróada por determinación de los dioses, y sabemos cuanto sucederá en la tierra fecunda ( Odisea, XII .)” (4)

(Represntación del episodio de Ulises en un vaso griego)

Las representaciones de esta criatura fabulosa son diversas, siendo  la más corriente la que la presenta con el torso de un mujer, habitualmente hermosa y de largos cabellos, y el cuerpo fusiforme de un pez o criatura marina, a menudo de doble cola. Pero en los ejemplos más arcaicos no son muy diferentes de las arpías, con cabeza femenina y cuerpo de ave, siendo a menudo difícil diferenciarlas. En este parecido hemos de ver una de las claves profundas del simbolismo de la sirena, en su vertiente más negativa, que coincide con el de la primera mujer Eva, o aún mejor, Lilith, esto es, la visión de la feminidad como una manifestación de la perversidad y la tendencia hacia la disolución y el mundo material.

 

(La sirena es a menudo confundida con la arpía, de cuyo simbolismo participa) ©Flickr Image Archive

Más evidente en la sirena de doble cola es esta significación de lo peligros de la tentación carnal o material, puesto que “la figura se  abre en su mitad inferior de pescado, con dos extremidades que se curvan hacia arriba, como si ofreciera promisoriamente el arribo a un sexo del que precisamente carece.  Promesa falsa (…)”  que enlaza con el aspecto de ilusión o hechizo del que participa su canto. (…)  “Un antiguo comentarista medieval resumía así su simbología: “Las sirenas significan las mujeres que atraen a los hombres por sus caricias y por sus respuestas a sus palabras; y que ellas los conducen a la pobreza y a la muerte”. Metáfora similar a la interpretación más corriente del episodio de Adán y Eva en el Paraíso, que supuso la expulsión del Edén.”

(Sir Edward Burne Jones, The Sirens, estudio, 1875) ©Artmagick.com

Dice el Fisiólogo del siglo V, uno de los bestiarios más antiguos que ”son unas criaturas mortíferas constituidas como seres humanos desde la cabeza hasta el ombligo, mientras que su parte inferior, hasta los pies, es alada. Melodiosamente, interpretan cantos que resultan deliciosos; así, encantan los oídos de los marinos, y los atraen. Excitan el oído de estos pobres diablos merced a la  prodigiosa dulzura de su ritmo, y hacen que se duerman. Por último, cuando ven en que los marinos están profundamente dormidos, se arrojan sobre ellos y los despedazan.”

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La sirena del museo de Etnología de Leiden © Tejiendoelmundo.com

Y añade el Fisiólogo sobre su significación: ” El moralista enseña que las sirenas son crueles; que viven en el mar, que los acentos de sus voces son melodiosos, y que los viajeros quedan prendados de ellas hasta el punto de precipitarse en el mar, donde se pierden…

Puesto que en la Edad Media prevaleció esta interpretación del simbolismo maléfico de la sirena, era común exhibirlas como advertencia ”en las portadas de las iglesias románicas, en los capiteles de los claustros y ante cualquier otra visión pública. La iconografía servía una vez más para la representación de vicios y virtudes que se interpretaban según las necesidades de los que trataban de fustigarlas con los medios a su alcance.” (1)

Pierre de Beauvais las compara con “quienes, por embelesarse con las riquezas y los placeres de este mundo, son devorados por el demonio; el Bestiario de Cambridge como la figura de aquellos que se dejan seducir por la ostentación o el placer[16]; el de Oxford como la imagen del hombre que vive sólo para la pompa y la voluptuosidad terminando corrompido; Guillaume le Clerc ve en ellas la lujuria y los placeres de este mundo, símbolo de la acción demoníaca sobre el hombre (…)”

(The Siren, Sir Edward John Poynter, 1874) © Artmgick.com

Así, los seres humanos ignorantes e incautos se ven engañados por las hermosas voces, cuando los encantan las faltas de delicadeza, los rasgos de ostentación o los placeres, o cuando se vuelven licenciosos debido a comedias, tragedias y cancioncillas diversas. Pierden todo su vigor mental, como si estuviesen sumidos en profundo sueño, y, de pronto, el ataque arrebatador del Enemigo cae sobre ellos (134-135).

La sirena, que canta tan bien que embruja a los hombres con su voz, da ejemplo para que se enmienden aquellos que han de navegar por este mundo. Nosotros, que cruzamos este mundo, somos engañados por un canto similar: por la gloria, por los placeres de este mundo, que nos dan la muerte, cuando amamos el placer: la lujuria, el bienestar del cuerpo, la gula y la embriaguez, el deleite del lecho y la riqueza, los palafrenes, los hermosos caballos y la hermosura de los tejidos suntuosos. Siempre tendemos hacia ellos, nos corre prisa alcanzarlos. Tanto nos demoramos en los placeres que por fuerza nos dormimos. Entonces nos mata la sirena: es el Demonio, que nos lleva al mal, que nos hace sumergirnos tan hondo en los vicios que nos encierra en sus redes (vv. 1053 y ss.).

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Sirena de Fidji de P.T. Barnum . ©Imagen Tejiendoelmundo.com

 Por otro lado, el simbolismo de la sirena procede del más amplio simbolismo del agua; en este sentido, comparte con las criaturas del medio acuático como ondinas, ninfas e hidras esta significación doble: a veces son criaturas afables, y otras repulsivas; en cualquier caso, su poder es ambiguo: por un lado, están llenas de vida, pero por otro impiden el progreso y enredan con sus encantos. Pudieran ser metáforas de la mente creativa, del lado más oscuro de la psique, de la mente imaginativa.

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Bocetos de una supuesta sirena,  de Kesuke Ito,siglo XIX ©Imagen Tejiendoelmundo.com

En este sentido, representan la búsqueda sin fruto, sin destino, el deseo inextinguible como causa de un periplo del que no hay retorno:” Ulises y Markandeya fueron dos navegantes involucrados en esta búsqueda sin fin, en la que exploraron los límites tanto del mundo real como de la mente racional. El agua es la puerta que conduce a la fantasía, es la forma de visitar a los que se encuentran más alejados de nosotros, ya sean cinocéfalos, sirenas o  hipogrifos (3) “

El mito de la sirena no es exclusivo del occidente clásico, antes bien ha estado ligado a todas las culturas vinculadas de un modo u otro al mar. En este fenomenal artículo de aquí, se ocupan de “las sirenas, dragones y otros seres mitológicos japoneses,  que durante el siglo XVIII, XIX y principios del XX eran exhibidos en ferias ambulantes y circos para el asombro, previo pago, de la muchedumbre que acudía en masa a contemplar a esas criaturas legendarias”

 

Sirena

Tengo la convicción de que no existes
y sin embargo te oigo cada noche

te invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra

del infinito mar viene tu asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo

tan convencido estoy de que no existes
que te aguardo en mi sueño para luego

Mario Benedetti (4)

 

 

–Fuentes y vínculos–

(1) Texto construído a partir de PiñeroMoral, Ricardo Piñero  “La mujer en el bestiario medieval: la virtualidad de las Sirenas”

(2) El fisiólogo. Bestiario Medieval. La Sirena

(3) Tomado de Morabito, Mauro, Una breve zambullida en la simbología del agua

(4) La canción de la Sirena y la sirena de Borges, una magnífica blog en torno a la literatura de la sirena.

(5) Todas las imágenes proceden de ArtMagick.com

 (6) Recomendamos especialmente este fenomenal artículo sobre las momias kappa, las sirenas y dragones japoneses, Criptozoología en el folclore japonés en Tejiendoelmundo.com , del que hemos extraído algunas de las imágenes para nuestro post.

 

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