
La portada del templo románico es, simbólicamente, un elemento de mayor importancia, en tanto es el punto de acceso al recinto sagrado (1). Así también sucede en la masonería, donde aparece vinculada a la noción de umbral o tránsito. Por esa razón la iconografía de su ornamentación con frecuencia es tan profusa, detallada y compleja, como en algunos ejemplos del románico y del primer gótico.
Ya hemos tenido ocasión de comentar algunas cuestiones sobre la representación de las escenas de la psicostasia, juicio o pesada de almas en las portadas del templo románico y su relación con el simbolismo de las Puertas Solsticiales. Ante el Juez de vivos y muertos, Cristo, quien se presenta a sí mismo como la puerta –”Yo soy la puerta. El que por mí entrare será salvo…” (Juan, X, 7 y 9)”– se despliegan condenados y justos. Generalmente, a la derecha de Cristo –por tanto a la izquierda de quien observa (2)– está el Paraíso; a la izquierda, por contra, se abren las fauces del Infierno, con sus representaciones características donde “un hormigueo alucinante de afanosos diablillos se apoderan de los pecadores y los arrastran para atrormentarlos, doblados por la cintura, cabeza abajo, irreconocibles. Con frecuencia vemos la balanza que pesa las almas (…) cuyo encargado es, de ordinario, San Miguel, quien vigila uno de los platillos, mientras e diablo en persona mira de forma inquietante el otro. (3)

(Las fauces del Infierno en un detalle del pórtico de la Iglesia de la Magdalena en Vezélay)
A menudo hallamos también en la portada del templo románico a Cristo rodeado por la rueda del Zodíaco, ocupando su centro como Cronocrator o señor del tiempo. En estos ejemplos, “es habitual que el zodiaco aparezca separado en dos mitades, representando el ciclo anual. Así, los signos ascienden desde el solsticio de invierno hasta el de verano, y luego descienden desde éste hasta el de invierno. En ocasiones, estos puntos de «cambio» aparecen simbolizados en la puerta mediante la representación de los dos «san Juan». No es extraño ver a san Juan Bautista y san Juan Evangelista, cuyas festividades coinciden, «casualmente», con las de los respectivos solsticios (…)” (4)

(Cristo señor del Tiempo en Vezélay)
Para concluir elegantemente, señalaremos estos artículos de mayor hondura a los lectores interesados especialmente en este tema.
La Puerta del Templo como Puerta del Cielo en el Románico Navarro Aragonés
(1) Temenos, o recinto sagrado, segreagado –sagrado– del mundo exterior por el umbral o puerta.
(2) Estas “confusiones” entre izquierda y derecha según el punto de vista del observador y su efecto en la percepción de los símbolos resultan muy reveladoras en una segunda lectura.
(3) G.De Champeaux/Dom Sebastian Sterckx. Introducción a los símbolos. Europa Románica, v.7. Ediciones Encuentro. 1989
(4) Tomado del Zodíaco de Cristo